Verba volant, scripta manent

sábado, 29 de noviembre de 2014

La batalla de Little Big Horn

"Call of the Bugle" (James Kenneth Ralston)

Durante el siglo XIX, la continua expansión territorial hacia el oeste de los Estados Unidos acabó por arrinconar a los nativos americanos, que vieron cómo las tierras en las que habían vivido desde hacía siglos iban siendo ocupadas por los blancos, siendo obligados a renunciar a su estilo de vida y quedando recluidos en las reservas, a menudo territorios áridos y estériles que nadie más quería. Pero los indios no aceptaban esta situación y se defendieron, generando una serie de conflictos que se denominan, de manera genérica, las Guerras Indias.
En 1868 se firmó en Fort Laramie (Wyoming) el llamado Tratado de Fort Laramie o Tratado Sioux de 1868, que ponía final a uno de aquellos episodios bélicos, la llamada Guerra de Nube Roja (así llamada por el jefe sioux que la desencadenó). En él, el gobierno garantizaba a las tribus sublevadas (lakota y arapahoe) la posesión de las Black Hills (considerado por los indios un lugar sagrado) y la cuenca del río Powder (que había sido el desencadenante original del conflicto), así como el derecho a cazar en territorios de Dakota, Montana y Wyoming. Un tratado cuya vigencia no iba a durar mucho.
Poco después de la firma del tratado, se corrió el rumor de que se había hallado oro en las Black Hills, rumor que se confirmaría en 1874. El anuncio despertó la codicia de centenares de buscadores de oro que se dirigieron a territorio indio sin hacer caso del tratado. Los indios respondieron atacando a los intrusos y el gobierno les ordenó cesar los ataques y reunirse ante las Agencias de Asuntos Indígenas, a lo que los indios se negaron esgrimiendo el tratado de 1868. El gobierno entonces ordenó al ejército someterlos por la fuerza y los indios respondieron declarándoles la guerra.
En mayo de 1876, el teniente general Sheridan envió un ejército a la zona bajo el mando del general George Crook para someter a los levantiscos y obligar a volver a la reserva a los que habían huido de ella. El ejército, compuesto de unos 3000 hombres, estaba dividido en tres columnas. De la tercera columna, que partió del Fuerte Lincoln en Dakota mandada por el general Terry, formaba parte el regimiento del 7º de Caballería, a las órdenes del teniente coronel George Armstrong Custer.

George Armstrong Custer (1839-1876)
Pocos personajes habrá en la historia norteamericana que despierten tanta controversia como Custer. Nacido en una familia humilde, fue un estudiante mediocre (fue el último de su promoción en la academia militar de West Point) pero ascendió rápidamente gracias a su participación en la Guerra de Secesión. Heroico para unos, temerario y sanguinario para otros, acabó el conflicto como general de brigada, pero fue un ascenso temporal; tras la guerra, recuperó su rango oficial de capitán. Tenía gran ascendiente sobre sus tropas, aunque sus críticos le achacaban buscar sólo su propia gloria. Intrépido, valeroso, a veces algo indisciplinado (fue sometido a consejo de guerra y expulsado del ejército durante un año por abandonar su puesto para ir a ver a su esposa) y bastante excéntrico (era muy maniático con lo referente a su aspecto y lucía un llamativo atuendo, que él mismo había diseñado, con botas altas, chaqueta con flecos y bordados y pañuelo rojo al cuello), no fue sin embargo el asesino despiadado de indios que algunos le achacaron ser. Más de una vez levantó su voz criticando la reclusión de las tribus en las reservas, protestó por el nulo interés del ejército en impedir la entrada de aventureros en territorio nativo e incluso se dice que se casó con una joven india llamada Mo-nah-se-tah (a pesar de que ya estaba casado con Elizabeth Clift Bacon), con la que incluso habría tenido un hijo.










                                    La enseña estándar de los regimientos de caballería de finales 
                      del siglo XIX (izquierda) y la personal de Custer (derecha)

El 7º de Caballería partió en busca de partidas de indios renegados. Lo formaban 566 soldados y 31 oficiales, además de un grupo de exploradores indios y varios civiles. Custer tenía prisa por entrar en combate y había decidido viajar lo más ligero posible; por eso, había decidido no esperar por el resto de la columna de Terry (en torno a 700 hombres), ni aceptar los refuerzos que el general le ofrecía, ni cargar con las pesadas ametralladoras Gatling, que a la postre podrían haber resultado vitales para el regimiento. El 25 de junio, sus exploradores le informaron de la presencia de un gran campamento indio en las proximidades del río Little Big Horn. A pesar de que los indios hablaban de miles de hombres, Custer no les creyó; los informes de los agentes indios hablaban de unos 800 a 1000 indios escapados de la reserva, de los cuales apenas un tercio serían guerreros. No sabía que varios miles de indios más habían dejado inadvertidamente la reserva para unirse a una gran coalición forjada por dos de los grandes jefes indios de todos los tiempos: el lakota Tatanka Iyotanka (Toro Sentado) y el sioux oglala Tasunka Witko (Caballo Loco).

Tatanka Iyotanka (1831-1890)
Tasunka Witko (1840-1877)





















Ante las amenazas del gobierno norteamericano, algunos jefes indios como Nube Roja o Cola Manchada habían decidido acceder a las peticiones de los blancos y recluirse en las reservas, pero Toro Sentado había decidido defender sus derechos, y convocó una gran alianza de tribus, de los lakota sioux (oglala, sans arc, brule, hunkpapa), los dakota sioux, los cheyennes del norte y los arapahoes. Toro Sentado era el líder espiritual de la confederación, mientras que Caballo Loco, cuyo valor y su habilidad eran conocidos, era el líder militar.
Aquella gran coalición era la que había encontrado Custer en su camino. En aquel momento, había en el campamento ocho o nueve mil personas, de las que al menos tres mil eran guerreros. Pero Custer no sólo subestimó su número; también su capacidad. Creía que los indios no se arriesgarían a un combate abierto y huirían después de su acometida, como habían hecho en otras ocasiones. Sin embargo, lo que no sabía es que una semana antes un grupo de aquellos indios había derrotado a las tropas de Crook en Rosebud Creek, obligándolas a retirarse. Los indios no sólo eran más numerosos, estaban decididos a defender sus tierras y además tenían muy alta la moral.
Custer decidió atacar dividiendo a sus hombres en tres grupos. Uno, bajo el mando del mayor Marcus Reno, con 142 soldados, rodearía el campamento indio y atacaría desde el sur. El segundo, con 208 hombres bajo el mando del propio Custer, atacaría desde el norte, para atrapar a los indios entre dos fuegos. El tercero, de algo más de un centenar de hombres, guiado por el capitán Frederick Benteen, iría hacia el suroeste para cortarle la retirada a los indios que tratasen de huir en esa dirección. El capitán Thomas McDougall quedaba en retaguardia con medio centenar de jinetes, y la Compañía B (84 soldados) guardando los pertrechos a las órdenes del teniente Edward Mathey.
Como estaba previsto, Reno lanzó el primer ataque sobre las tres de la tarde. Sin embargo, al darse cuenta de la verdadera magnitud del campamento, se detuvo antes de llegar, hizo desmontar a sus hombres y formar una línea de fuego; una estrategia equivocada, ya que pronto la caballería india cayó sobre ellos obligándolos a huir con elevadas pérdidas. Custer atacó entonces desde el norte, pero sus tropas fueron rechazadas cuando trataban de vadear el río y el propio Custer resultó herido. Al parecer, al verse sin su líder sus soldados se desorganizaron y emprendieron una retirada apresurada hacia el norte, perseguidos por cientos de indios.
Los restos del grupo de Reno se reunieron con Benteen. Mientras discutían qué hacer, les llegó un mensajero con una nota urgente de Custer que pedía refuerzos. No obstante, Benteen decidió retroceder, reunir sus tropas y los supervivientes de las de Reno con las de McDougall y Mathey y formar un perímetro defensivo. Una decisión que más tarde llevaría a algunos a acusarle de haber desobedecido las órdenes de Custer y haberle abandonado a su suerte.
Durante algún tiempo, los soldados continuaron escuchando disparos al norte. A eso de las cinco de la tarde, la compañía D, al mando del capitán Thomas Weir avanzó tratando de averiguar dónde estaba Custer. A cierta distancia, pudo ver a los indios rematando a los heridos y registrando los cadáveres, tras lo cual volvió con el resto de la tropa. Los supervivientes del regimiento permanecieron allí, resistiendo algunos ataques aislados de los indios, hasta que el día 27 llegó la columna del general Terry. Para aquel entonces, los indios ya habían levantado el campamento y se habían dispersado.

El río Little Big Horn
Por lo que se pudo reconstruir más tarde, según lo que pudieron ver los soldados y los relatos de algunos de los indios que participaron en el combate, los hombres de Custer habían retrocedido mientras los indios les daban caza hasta una colina a unos seis kilómetros al norte del campamento. En aquella posición, que más tarde se conocería como "La última defensa de Custer" o Custer Hill, los soldados de caballería habían resistido los embates de los indios, mandados por Caballo Loco (Toro Sentado no participó en el combate; se había quedado en el campamento, organizando la evacuación de las mujeres y los niños), usando los cuerpos de sus caballos como parapetos, hasta que agotaron la munición. En ese punto, habían quedado indefensos, ya que ni siquiera llevaban sus sables de caballería (que estaban todavía guardados con el resto de los pertrechos) y los indios los habían exterminado. Algunos de los cuerpos estaban a cientos de metros de la colina, lo que mostraba que el combate no se había limitado sólo a la posición de Custer.


Terry y sus hombres se encontraron un espectáculo terrible al llegar al lugar de la última lucha de Custer. Docenas de cuerpos esparcidos por doquier, despojados de sus armas y sus ropas, la mayoría mutilados y con las cabelleras arrancadas. El cadáver de Custer, sin embargo, no había sido ultrajado, dicen que como muestra de respeto. Aunque según algunas fuentes un joven guerrero le cortó la falange de un dedo y una anciana le perforó los tímpanos con un cuchillo "para que no pudiera oir nada en la otra vida". Tenía un disparo en el pecho y otro en la sien; se cree que el del pecho lo mató y el de la sien fue un tiro de gracia.
Las tropas norteamericanas sufrieron en Little Big Horn 268 muertos (242 soldados, 16 oficiales y 10 civiles y exploradores) y 52 heridos. Las cinco compañías que formaban el escuadrón de Custer (las C, E, F, I y L) fueron completamente aniquiladas. Además de Custer, también murieron allí sus hermanos menores Thomas (capitán de la Compañía C) y Boston (a cargo del ganado del regimiento), su cuñado James Calhoun (teniente de la Compañía L) y su sobrino Henry Armstrong Reed (también cuidador del ganado). El único superviviente del grupo de Custer fue un caballo, de nombre Comanche, propiedad del capitán Myles Keogh, comandante de la Compañía I. Los indios perdieron en torno a 200 guerreros.

Comanche
La Batalla de Little Big Horn fue la mayor y más dolorosa derrota de las tropas norteamericanas en las Guerras Indias. El ejército trató de echar tierra sobre el tema y olvidarlo lo antes posible. Pese a que muchos criticaron a Reno y a Benteen, tachándolos de cobardes y acusándolos de haber desobedecido las órdenes de Custer, en los juicios a los que ambos fueron sometidos no se halló motivo alguno de sanción y se procuró hacer recaer las culpas de lo sucedido sobre Custer.
La guerra duró poco tiempo. Los soldados no tardaron en derrotar a los indios y obligarlos a volver a la reserva y a firmar un nuevo tratado, en el que cedían una franja de cincuenta millas en la frontera de la reserva, que incluía las Black Hills, lo que permitió legalizar las minas y pueblos mineros que allí se habían establecido. Caballo Loco fue confinado en Fort Robertson, donde moriría asesinado por un soldado en septiembre de 1877. Toro Sentado huyó a Canadá, aunque volvería en 1881 para entregarse a las autoridades. Fue confinado en una reserva, y más tarde participó en el espectáculo del famoso Búfalo Bill. Moriría en 1890, en la reserva de Standing Rock, en una pelea con policías tribales en la que también murió su hijo, Pie de Cuervo.

martes, 25 de noviembre de 2014

Principio y fin de la Primeira República Portuguesa


El final del siglo XIX y el principio del XX son tiempos de gran inestabilidad política y social en Portugal. La crisis económica, la gran influencia de la iglesia católica, la subordinación de la política portuguesa a los intereses de sus aliados británicos y la alternancia en el poder de los partidos Progressista y Regenerador (de la misma manera que en España pasaba con conservadores y liberales) provocaban un profundo descontento entre el pueblo portugués. El prestigio de la monarquía se va desgastando día tras día y sus súbditos la consideran cada vez más una institución anacrónica y anquilosada, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, mientras sus miembros despilfarran el dinero con su fastuoso estilo de vida.
Toda esta inquietud, atizada por los activos grupos antimonárquicos, estalla el 1 de febrero de 1908, cuando el rey Carlos I y su hijo y heredero, el príncipe Luis Felipe, son asesinados a tiros por un comando carbonario en la lisboeta Praça do Comercio. El hijo menor del rey, el infante Manuel, que ha resultado herido, sube al trono como Manuel II.

El regicidio de Carlos I y el príncipe Luis Felipe
Pero la situación está lejos de mejorar. Manuel, que tiene sólo 18 años, es un joven inexperto y dubitativo, que jamás ha tenido responsabilidades políticas y ha estado enfrascado desde muy joven en sus estudios de literatura. Pese a que es de lejos el miembro de la familia real que mejor imagen tiene entre el pueblo y que toma decisiones necesarias, como forzar la dimisión del autoritario e impopular primer ministro, João Franco, y convocar elecciones, el curso de los acontecimientos hacía tiempo que había pasado el punto de no retorno. En dos años se suceden hasta siete gobiernos, salpicados por huelgas y protestas, hasta que finalmente el 3 de octubre de 1910 se produce un levantamiento republicano en Lisboa. Un levantamiento modesto, de unas pocas unidades del ejército y la armada, pero que finalmente triunfa gracias a los escasos defensores que encuentra la monarquía. Manuel II, refugiado en Mafra, marcha al exilio con el resto de su familia, primero a Gibraltar y luego a Londres, donde sería recibido por su pariente Jorge V, y donde pasaría el resto de su vida, hasta su temprana muerte en 1932, dedicado a sus estudios (publicó una guía, unánimemente elogiada, sobre la literatura medieval portuguesa). El 5 de octubre de 1910 se proclama oficialmente la República de Portugal.
El gobierno provisional de la República, presidido por Teófilo Braga, empieza a tomar medidas modernizadoras intentando sacar al país del atolladero en el que se encuentra. Muchas de ellas están encaminadas a reducir la influencia de la iglesia católica, que se resiste con uñas y dientes a aceptar la separación de iglesia y estado. También se instaura el matrimonio civil y el divorcio, se reconoce la igualdad de derechos matrimoniales de hombres y mujeres, se declara la libertad de prensa y el derecho a la huelga, se eliminan los títulos nobiliarios y se concede mayor autonomía a las colonias. Además, se toman algunas medidas "cosméticas" de esas que tanto gustan a los regímenes de nuevo cuño: nueva bandera, nuevo himno nacional, nueva moneda...
A pesar de todo, la inestabilidad persiste, llevada si cabe a un nuevo nivel. A las disensiones entre monárquicos y republicanos se suman las diferencias entre los distintos grupos que conforman el movimiento republicano (republicanos, conservadores, masones, carbonarios, socialistas...). El gobierno provisional presenta su dimisión el 3 de septiembre de 1911, tras la celebración de elecciones el 28 de mayo y la aprobación de la Constitución de 1911. A partir de ahí, hay un carrusel de cambios de gobierno, marcados por las convulsiones sociales, las protestas y también, demasiado a menudo, los crímenes, levantamientos y actos violentos de carácter político. Las transiciones fueron a veces pacíficas y otras violentas, como en el caso del comandante Sidónio Pais, que llega al poder tras una sublevación militar en diciembre de 1917 (aunque luego su mandato sería refrendado en las urnas). Hombre severo y tajante, suspendió algunos de los artículos de la Constitución y gobernó con tal autoritarismo que se ganó el apodo de Presidente-Rey. Para hacerse una idea de los vaivenes de la República, basta con repasar los números de sus gobiernos: en los 16 años que estuvo vigente, hubo siete parlamentos, ocho presidentes, 39 gobiernos y 40 primeros ministros (con mandatos que van de uno, dos o cinco días, hasta los casi dos años que estuvo António Maria da Silva entre 1922 y 1923).
Nos situamos ahora en el año 1926. El presidente de la república es Bernardino Machado y el primer ministro (de nuevo) António da Silva. La agitación alcanza límites insospechados. En abril de 1925 se ha producido un levantamiento nacionalista (claramente inspirado por el dirigido en España por Primo de Rivera) que es sofocado, pero no ha hecho sino incendiar más todavía (si eso era posible) la situación. Las intrigas se suceden y los enemigos de la República aumentan y se asocian: conservadores, monárquicos, movimientos católicos, militares desafectos... Muchos de ellos suspiran por un "gobierno fuerte" e incluso flirtean con el fascismo. Incluso muchos republicanos fervientes admiten el fracaso de la República, ineficaz e inestable, y anhelan un gobierno firme que restaure la calma en Portugal; de nuevo se observa el ejemplo español, donde Primo de Rivera parece haber dado mayor estabilidad al país.

            
António Óscar de Fragoso Carmona (1869-1951)


Manuel de Oliveira Gomes da Costa (1863-1929)
A finales de mayo de 1926, un grupo de destacados dirigentes conservadores. civiles y militares, se reúne en Braga, tradicional feudo derechista y monárquico, con la excusa de la asistencia a un congreso mariano. Se ultiman los preparativos y se elige como cabecilla de la sublevación al general Manuel Gomes da Costa, aunque son otros los que de verdad mueven los hilos de la asonada; principalmente, destaca la figura del general Óscar de Fragoso Carmona, antiguo ministro de Guerra. Con la adhesión de las tropas de Braga y el norte del país prácticamente asegurada, esperan extenderse a continuación al resto del país. Lo cierto es que todo iba a ir mejor incluso de lo que habían planeado.
La mañana del 28 de mayo de 1926 se hace oficial el levantamiento de Braga. En pocas horas, las guarniciones de Oporto (un feudo tradicionalmente republicano), Coímbra y Évora se les han unido. En Lisboa, el almirante José Mendes Cabeçadas, republicano desencantado, forma una Junta de Salvación Pública y exige la dimisión del gobierno. Dimisión que se produce al día siguiente, cuando la guarnición lisboeta y la policía de la capital se unen al golpe. El día 30 también dimite el presidente Machado. Si la llegada de la República se había visto facilitada por la inacción de los monárquicos, ahora son los republicanos los que renuncian a prolongar la agonía de un gobierno al que todos ven como un fracaso. Ningún partido está dispuesto a defender la República, ni siquiera los socialistas y los comunistas. Todos parecen dispuestos a aceptar un gobierno militar si con ello se logra estabilidad. Varios de los más destacados líderes republicanos marchan al exilio. No hay apenas lucha. Por fin Portugal tiene la paz por la que suspiraba. Una paz sombría, fruto más del agotamiento que de la ilusión, una paz impuesta, una paz autoritaria y vigilante, pero paz al fin y al cabo.

 
José Mendes Cabeçadas Júnior (1883-1965)
Mendes Cabeçadas es nombrado presidente y primer ministro. Sus primeras medidas son disolver el parlamento, prohibir los partidos políticos y censurar la prensa. Pero su gobierno es fugaz; los demás conspiradores no confían en él por su pasado republicano y por su carácter, que juzgan demasiado débil. Un nuevo levantamiento (un golpe de estado dentro de un golpe de estado) el 17 de junio desaloja a Mendes del poder (se convertiría, hasta el final de sus días, en un notorio detractor del régimen militar), siendo sustituido por el general Gomes da Costa... quien igualmente será un gobernante visto y no visto: el 9 de julio, como si de una matrioska rusa se tratase, se produce una nueva asonada dentro del nuevo régimen que depone a Gomes da Costa y coloca como cabeza visible del nuevo gobierno a Carmona, el cual envía a Costa al destierro en las Azores (eso si, tras nombrarlo mariscal; una pequeña compensación para el ego de Gomes da Costa). Carmona asumiría el cargo de presidente del Gobierno, que no dejaría hasta su muerte, en 1951. Los militares portugueses, poco dados a los eufemismos, denominarían a su nuevo régimen Ditadura Militar, primero, y Ditadura Nacional, a partir de 1928.

António de Oliveira Salazar (1889-1970)
En el primer gobierno de Carmona fue nombrado Ministro de Finanzas António de Oliveira Salazar, catedrático de Economía en la Universidad de Coímbra. Salazar consiguió poner orden en las caóticas finanzas del estado, corrigiendo el desequilibrio económico, lo que le valió ganar un enorme prestigio e influencia, que le sirvieron para auparse al cargo de primer ministro en 1932. Desde esa posición promulgaría en 1933 una nueva Constitución, de talante autoritario y que concentraba buena parte del poder gubernamental en la figura del primer ministro, en detrimento del presidente. Terminaba así, después de siete años, la Ditadura, y empezaba su andadura el Estado Novo, que, regido por la mano de hierro de Oliveira Salazar y su sucesor, Marcelo Caetano, perviviría hasta que en abril de 1974 la Revolución de los Claveles acabó con él, dando paso a la Terceira República.

viernes, 21 de noviembre de 2014

El Graf Zeppelin, el único portaaviones de la Kriegsmarine


En 1935, el gobierno británico firmaba con el alemán un acuerdo en materia naval que autorizaba a los germanos para la creación de una marina de guerra, la Kriegsmarine, dentro de unos ciertos límites (sólo podía alcanzar el 35% del tonelaje de la británica, el 60% en el caso de los submarinos).
A partir de ese momento los alemanes se pusieron manos a la obra para formar una flota moderna y poderosa. Dentro de la propia Kriegsmarine había dos corrientes opuestas sobre el rumbo que dar a esta flota. Una, cuya cabeza visible era el almirante Karl Dönitz, proponía la construcción masiva de submarinos, junto a algunos buques de superficie para la defensa costera. La otra, defendida por la máxima autoridad de la Armada, el almirante Erich Raeder, defendía la formación de una flota más equilibrada en cuanto al número de buques de superficie y submarinos, similar a la británica. Aunque al final se impuso la primera, Adolf Hitler accedió a algunas de las peticiones de Raeder, entre ellas la construcción de un portaaviones, pese a que él no estaba demasiado convencido de su utilidad práctica. Los primeros pasos se dieron ese mismo año de 1935, cuando una comisión viajó a Japón para visitar el portaaviones Akagi.

Construcción del Graf Zeppelin en Kiel (marzo de 1937)
Oficialmente, la construcción del primer portaaviones alemán comenzó el 28 de diciembre de 1936, cuando se puso su quilla en los astilleros Deutsche Werke en Kiel, con el nombre provisional de Flugzeugträger A (Portaaviones A); la costumbre de la marina alemana era no asignar un nombre a un barco hasta su botadura. Cuando esto sucedió, el 8 de diciembre de 1938, fue llamado Graf Zeppelin, en homenaje al conde Ferdinand von Zeppelin. Medía 262'5 metros de eslora y sus cuatro turbinas Brown, Boveri & Cie. generaban un empuje de más de 200000 Cv que hacían que el buque alcanzara los 35 nudos.

Botadura del Graf Zeppelin
En 1937, Raeder había presentado a Hitler un ambicioso plan, conocido como Plan Z, que preveía la construcción de varios centenares de buques de guerra de distintas clases, incluidos cuatro portaaviones (que luego se reducirían a dos). Sin embargo, los problemas presupuestarios y el estallido de la Segunda Guerra Mundial dieron al traste con el plan. La construcción del segundo portaaviones proyectado, el Flugzeugträger B, que había comenzado en otoño de 1938 en el astillero Friedrich Krupp Germaniawerft, también en Kiel, se paralizó el 19 de septiembre de 1939, apenas 18 días después del comienzo de la guerra, y posteriormente su casco sería desguazado para emplear sus piezas en la construcción de submarinos. No llegó a recibir un nombre de manera oficial, pero se cree que se iba a llamar Peter Strasser, en homenaje al que había sido comandante en jefe de la flota de zepelines de la Armada Imperial alemana durante la Primera Guerra Mundial.
La construcción del Graf Zeppelin fue lenta y dificultosa, por las numerosas trabas que tuvo que superar. A la escasez de recursos y el poco interés del alto mando nazi se sumaba el rechazo que el proyecto generaba dentro de la propia Kriegsmarine y a la oposición frontal y nada disimulada de Hermann Göring, comandante supremo de la Luftwaffe, obsesionado con mantener bajo su control a toda la fuerza aérea de Alemania, al que disgustaba profundamente que la Marina pudiera disponer de potencial aéreo. El proyecto además adolecía de errores de diseño que obligaron a hacer cambios en el proyecto inicial.
- Raeder pensaba en utilizarlo para dar cobertura a otras unidades navales, pero muchos opinaban que previsiblemente tendría que combatir con otros buques, así que se lo dotó de abundante armamento de superficie: ocho cañones de 203 mm, ocho cañones dobles de 150 mm, doce cañones de 105 mm, además de varias piezas de menor calibre. Todo este armamento restaba una cantidad enorme de espacio en la cubierta, además de que con tanto peso hubo que modificar los planos para reforzar la estructura del buque.
- En su diseño se optó por un doble hangar cerrado y blindado. Esto hacía que las aeronaves estuvieran más protegidas, pero limitaba mucho el número de aviones que podía embarcar y añadía más peso a la estructura del buque.
- Aunque la pista de aterrizaje del Graf Zeppelin debería haber permitido despegar a los aviones sin problemas, se decidió que se utilizasen unas catapultas que funcionaban con aire comprimido. Teóricamente, estas catapultas deberían permitir lanzar 18 aviones en cinco minutos, pero en la realidad, dado el proceso de sacar el avión del hangar, llevarlo a su posición y colocarlo en la catapulta, se consumían 2 o 3 minutos en cada lanzamiento. Además, después de esos 18 lanzamientos las catapultas necesitaban volver a cargarse, lo que hacía que estuviesen casi una hora inactivas.
- Los depósitos para el combustible de los aviones eran bastante reducidos, con una capacidad de unos 61000 galones (aproximadamente 250000 litros). Para una dotación estimada de 42 aviones, corrían el riesgo de agotarse en periodos de actividad intensa, un problema que sufrieron los portaaviones británicos.
El plan original era que el portaaviones llevara 42 aeroplanos (un número muy inferior al que transportaban, por ejemplo, los portaaviones norteamericanos de la clase Essex o los japoneses de la Unryū). Se dispuso que fuesen 12 bombarderos Junkers Ju-87 C-0 Stuka para bombardeos en picado, 10 cazas Messerschmitt Bf-109T y veinte biplanos Fieseler Fi-167 para misiones de reconocimiento y ataque con torpedos. Los dos primeros eran aviones comunes adaptados para su uso naval, mientras que los Fi-167 habían sido diseñados específicamente para ser empleados en portaaviones, ganándole la partida a otros prototipos diseñados para el mismo fin, como los Arado Ar-195 y Ar-197.

Fieseler Fi-167
La construcción del portaaviones avanzaba con lentitud, sobre todo tras el estallido de la guerra, que hizo necesario desviar buena parte de los recursos destinados a él a otras cuestiones. En abril de 1940, tras la invasión de Noruega, se necesitaba abundante artillería para defender sus costas de la marina británica por lo que Raeder, con la aprobación de Hitler, ordenó detener los trabajos en el Graf Zeppelin y desmontar sus cañones, que fueron emplazados en la costa noruega (tras el final de la guerra, quedaron en manos del ejército noruego y varios de ellos siguieron en funcionamiento hasta la década de los 90). Mientras, el portaaviones, completo en un 85%, fue trasladado en junio al puerto de Gotenhafen (la actual Gdynia polaca), donde fue empleado como almacén de madera. Justo un año después, al iniciarse la invasión de la URSS, el barco fue de nuevo trasladado, esta vez a Stettin (Szczecin), por precaución ante los posibles ataques aéreos soviéticos; allí permaneció hasta noviembre de 1941, en que volvió a Gotenhafen.

El Graf Zeppelin en Gotenhafen (verano de 1940)
En abril de 1942, Raeder convenció a Hitler de la necesidad de completar la construcción y equipamiento del buque. Por aquel entonces, los portaaviones habían demostrado su utilidad en combate fuera de toda duda: en la batalla naval de Taranto entre británicos e italianos, en los ataques británicos contra los acorazados Bismarck y Tirpitz, en el ataque a Pearl Harbour... En mayo de 1942, con el permiso de Hitler, se reanudaron los trabajos en el Graf Zeppelin. Además, también se inició la conversión de tres buques de pasajeros (el Europa, el Potsdam y el Gneisenau) y dos cruceros (el alemán Seydlitz y el francés De Grasse) en portaaviones auxiliares.

Proyecto de conversión del Europa en un portaaviones auxiliar
Pero de nuevo se acumularon los retrasos. Göring, que no perdía ocasión para sabotear el proyecto, anunció que la industria aeronáutica alemana no podría diseñar, probar y fabricar aviones específicos para portaaviones hasta, por lo menos, 1946, por lo que volvió a ofrecer Stukas y Bf 109 (más tarde, se decidió sustituir los Bf 109 por Me-155), modelos que ya estaban algo obsoletos y habían comenzado a ser retirados de la primera línea de combate. Se cambió entonces el plan original y se proyectó que el buque llevase 30 Stukas y doce Messerschmitt; los Fi-167 quedaron excluidos (sólo habían llegado a construirse catorce unidades). Además, hubo que introducir numerosos cambios y actualizaciones en los planos: mejoras en las catapultas, cambios en el blindaje, instalación de un nuevo sistema de radio y artillería antiaérea, un sistema de radar...

El proyecto del Graf Zeppelin tras las modificaciones (septiembre de 1942)
Pese a todo, los ingenieros esperaban que el buque estuviera operativo en abril de 1943 y entrara en combate el invierno del 43 al 44. Sin embargo, en enero del 43 Hitler, decepcionado con los reveses sufridos por la flota, ordenó retirar del servicio a los grandes buques de superficie y centrar los esfuerzos en la guerra submarina. Raeder, disconforme con la decisión (llegó a decirle al Führer por carta que se trataba "de la victoria naval más sencilla de la historia de Inglaterra"), presentó su dimisión y fue sustituido por Dönitz, comandante de la flota submarina, quien más tarde lograría que Hitler reconsiderara (en parte) su decisión. Aún así, se detuvo la construcción de nuevos buques de superficie, incluidos los que estaban casi terminados, como el Graf Zeppelin, que había sido trasladado a Kiel en diciembre del 42. En enero del 43, cuando la construcción estaba completa en un 95%, los trabajos principales cesaron, aunque algunas reparaciones menores continuaron hasta marzo. Hasta aquel momento, se habían gastado unos 90 millones de Reichsmarks en su construcción; mucho menos de lo que habían costado el Bismarck y el Tirpitz (que habían superado los 180 millones cada uno) pero mucho más de lo que costaba un U-boot (cuyo coste no llegaba a los cinco millones).

El Graf Zeppelin sale del puerto de Kiel rumbo a Gotenhafen (21 de abril de 1943)
A partir de ese momento, el inconcluso portaaviones, convertido en poco menos que un estorbo, comenzó un lento peregrinar por distintos puertos. En abril fue llevado a Gotenhafen, luego a Swinemünde (Świnoujście) y por último fue anclado en el rio Parnitz, a tres millas de Stettin, donde languideció hasta casi el final de la guerra con una tripulación mínima para su mantenimiento. En ese tiempo, su única labor fue servir como estación de repostaje de algunos aviones de combate que se dirigían a realizar misiones en el frente oriental.
En abril de 1945, con las tropas soviéticas ya muy cerca de la ciudad, los alemanes hundieron el buque en el fondo fangoso del río y volaron partes esenciales de su maquinaria, para evitar que fuera empleado por el enemigo. Más tarde, los soviéticos lo reflotarían y se lo llevarían a Leningrado. Al parecer fue usado como nave de transporte y base flotante durante algún tiempo, hasta que el 16 de agosto de 1947 fue utilizado como blanco en unas prácticas de tiro de la fuerza aérea y la marina soviéticas (supuestamente, se trató de una prueba para el caso de que entraran en combate contra los portaaviones norteamericanos y británicos). En 2006 se hallaron los que se creen que son sus restos, a unos ochenta metros de profundidad, 55 kilómetros al norte del puerto polaco de Władysławowo.

La última fotografía conocida del Graf Zeppelin, tomada el 26 de julio de 1947

lunes, 17 de noviembre de 2014

Francis "Dos Pistolas" Crowley

Francis "Dos Pistolas" Crowley (1911-1932)

Francis Crowley nació en Nueva York el día de Halloween de 1911. Era hijo de una inmigrante alemana soltera, que trabajaba como criada y que al poco de nacer lo dio en adopción. Siempre fue un chico de apariencia enclenque, bajito (nunca sobrepasó el 1'50 de estatura), muy delgado y de carácter introvertido, un mal estudiante que dejó los estudios a los 12 años para ponerse a trabajar en una fábrica. Por aquel entonces no llevaba una mala vida, no se metía en líos ni frecuentaba malas compañías. Pero eso empezó a cambiar cuando comenzó a relacionarse con otros chicos del barrio quienes lo introdujeron en el mundo del hampa. Además, su hermano mayor, John, ejercía una poderosa influencia sobre él. John Crowley, once años mayor que Francis, poseía una larga lista de antecedentes e incluso había sido sospechoso de un homicidio. Siempre había protegido y cuidado de Francis y éste lo adoraba y ansiaba parecerse a él.
Francis nunca mostró demasiadas simpatías por los agentes de la ley. Su padre biológico, que nunca se había preocupado por él, era según algunos rumores un policía, lo que podría explicar cierta animadversión contra los uniformados. Pero lo que sin duda marcó el desarrollo vital de Crowley fue la muerte de su hermano mayor. El 21 de febrero de 1925 John se vio envuelto en un tiroteo con un agente de policía llamado Maurice Harlow, con el que ya había tenido previamente algún enfrentamiento. Harlow murió y John Crowley, gravemente herido, acabaría muriendo en un hospital el 10 de marzo. Francis desarrolló a partir de entonces un profundo odio hacia los policías que le precipitó en el mundo del crimen. De los hurtos pasó al robo de coches y al asalto a mano armada. No tardó en ganarse cierta fama por su sangre fría y su carácter violento. También empezó a ser conocido con el apodo de "Two Gun" ("Dos Pistolas") porque siempre llevaba encima dos armas.
El 21 de febrero de 1931 Francis y dos de sus compinches se colaron en un baile que la Legión Americana celebraba en el Bronx. Cuando trataron de echarlos se inició una discusión y Crowley sacó un arma e hirió a tres personas antes de darse a la fuga. Convertido en un criminal perseguido, el 13 de marzo estuvo a punto de ser capturado, pero huyó tras herir a un detective. Sólo dos días después, participó junto a cuatro cómplices en el robo a un banco de New Rochelle (Nueva York), después de lo cual Crowley dio esquinazo a la policía y volvió a esconderse. Apenas unos días más tarde, robó en la casa de un agente inmobiliario de Manhattan, acompañado de dos personas, y al ser descubierto por el propietario le disparó en cinco ocasiones, aunque sin llegar a alcanzarle. Pero su escalada criminal no había hecho más que comenzar.
El 27 de abril de 1931 fue encontrado oculto tras un pequeño muro del Seminario Católico de Saint Joseph, en la localidad de Yonkers, el cuerpo sin vida de Virginia Brannen, que trabajaba como bailarina en un club de Manhattan. La investigación policial la situó poco antes de su muerte en un coche junto a Crowley y uno de sus socios, un tal Rudolph "Fats" Duringer, que al parecer llevaba tiempo rondando a Brannen. Según se sabría más tarde, Duringer había intentado aprovecharse de Brannen y, cuando ésta se resistió, le había disparado, deshaciéndose luego del cuerpo con ayuda de Crowley. Dos días después, el 29, una patrulla localizó a Crowley conduciendo por el Bronx, pero, tras una espectacular persecución a toda velocidad, con intercambio de disparos incluido, el delincuente logró escapar.
La noche del 6 de mayo, una pareja de policías que patrullaba las calles de North Merrick, en el condado de Nassau (Nueva York), vio un coche aparcado en una zona apartada y discreta conocida por ser lugar de encuentro de parejas jóvenes, y quiso identificar a sus ocupantes, que resultaron ser Crowley y su novia, una adolescente de 16 años llamada Helen Walsh. Cuando le pidieron su documentación, Crowley fingió buscarla y sacó un arma, abriendo fuego y acabando con la vida del agente Fred Hirsch Jr. e hiriendo a su compañero, Peter Eudyce, antes de darse a la fuga. Irónicamente, al revisar los efectos personales de Hirsch descubrieron que llevaba un cartel de "Se busca" con la fotografía de Crowley cuidadosamente doblado en un bolsillo.
Al día siguiente, Crowley se había convertido en el criminal más buscado de Nueva York. Docenas de policías lo buscaban por la ciudad, interrogando a sus amigos y registrando los lugares que frecuentaba. Los periódicos publicaron amplios artículos sobre él y se repartieron cientos de fotografías de Crowley y de Duringer. Éstos, acompañados por Helen Walsh, habían decidido esconderse hasta que las cosas se calmaran, y buscaron refugio en casa de Vera Dunn, una antigua novia de Crowley. Sin embargo, Dunn, al ver a Crowley con su nueva novia, fue presa de los celos, hasta el punto de que reveló su escondite a un periodista quien a su vez alertó a la policía.


Una vez comprobada la presencia de los fugitivos en casa de Dunn (en un quinto piso de un edificio de apartamentos, en el número 303 de la calle 90 Oeste, en Manhattan) la policía desplegó un amplio operativo para capturarlos. Más de 300 agentes, armados con rifles, escopetas, armas automáticas y granadas de gas lacrimógeno, rodearon el edificio, iniciándose enseguida un violento tiroteo. Crowley y Duringer disparaban con sus pistolas contra los policías y estos respondían acribillando el apartamento, destrozando los cristales y arrancando pedazos de hormigón de la fachada. Crowley, iracundo y como poseído, gritaba una y otra vez a los agentes que fueran a buscarlo, que los estaba esperando y que no lo atraparían con vida. Mientras, a una distancia prudencial, miles de curiosos (hasta 15000, según las crónicas) se arremolinaban intentando no perderse ni un solo detalle de lo que sucedía. Varios agentes lograron abrir un agujero en el techo del apartamento, por el que arrojaron varias granadas de gas, que Crowley a su vez lanzó a la calle. En una momentánea pausa del tiroteo, escribió una nota a modo de despedida:
Cuando muera, poned un lirio en mi mano y dejad que los chicos sepan el aspecto que tendrán... No tenía nada que hacer, por eso salí a dar una vuelta para pelearme con los polis. Tomad ejemplo de mi para no dejar nunca que un poli se tome confianzas con vosotros...en cuanto os deis la vuelta os aporreará y dirá de vosotros cualquier cosa. ¡Estoy detrás de la puerta con tres treinta y ochos!
Finalmente, tras dos horas de lucha, la policía logró capturar a Crowley, aunque sólo después de que hubiera recibido cuatro heridas de bala. Aún así, al registrarlo le encontraron dos pistolas escondidas en sus zapatos, con las que pensaba intentar la fuga durante su traslado. Se calcula que durante el tiroteo la policía disparó en no menos de 700 ocasiones contra el edificio.

Crowley, herido tras su captura
Crowley fue ingresado en el hospital de Bellevue, y en cuanto se recuperó fue llevado a juicio acusado de la muerte del agente Hirsch, mientras que Duringer era juzgado por el asesinato de Virginia Brannen. Walsh, siendo menor de edad, no fue acusada de ningún delito y aceptó testificar contra Crowley.
El juicio de Francis Crowley comenzó el 25 de mayo en Nassau. Crowley se mostró frío y despectivo durante todo el proceso, sin mostrar el menor signo de arrepentimiento. Admitió su culpabilidad sin problemas, aunque alegó que había disparado en defensa propia; argumentó que odiaba a los policías porque habían abusado de él toda su vida, y que por eso iba armado: porque así se sentía más fuerte que cualquier policía y no tenía miedo a nadie. Su confesión, junto a los testimonios de Helen Walsh y el agente Peter Eudyce, fue determinante. El 29 de mayo, tras deliberar menos de media hora, el jurado lo declaró culpable de asesinato. Crowley recibió el veredicto impasible y sin decir una palabra; sólo reaccionó cuando los agentes que lo custodiaban le impidieron abrazar a su madre adoptiva, Anne Crowley, presente en la sala. Entonces sufrió un violento acceso de ira y atacó a sus escoltas; pese a su escaso porte, hicieron falta varios hombres para reducirlo. El 1 de junio, el juez dictó sentencia: pena de muerte. El mismo día, Duringer era por su parte sentenciado a muerte por el asesinato de Virginia Brannen.

Las dos pistolas que solía llevar Crowley, expuestas durante su juicio
Crowley fue en su día el preso más joven en el corredor de la muerte de la prisión de Sing Sing, donde entró cuando tenía 19 años, aunque aparentaba tener menos. Su número de preso fue el 84567. En sus primeros días en la prisión se mostró sumamente hostil y agresivo: destrozó el mobiliario de su celda, provocó un incendio, atascó con su ropa el retrete causando una inundación, se le encontraron varias armas caseras... Ante su comportamiento, fue recluido desnudo en una celda de aislamiento totalmente vacía; por la noche le daban un jergón que le retiraban por la mañana, hacía sus comidas en la celda y no tenía contacto alguno con los demás presos. Su actitud cambió tras adoptar como mascota a un pájaro extraviado que había entrado en su celda. Lo cuidó, lo alimentó, y finalmente aceptó comportarse con normalidad y volver a su celda si le permitían quedarse el pájaro. Durante el resto de su estancia su comportamiento fue ejemplar; pasaba el tiempo dibujando y construyendo maquetas de edificios.

Francis Crowley en Sing Sing
Hay que decir que Crowley despertó un gran interés entre el público femenino, por su atractivo físico y su aire de "chico malo". Muchas mujeres le escribieron a Sing Sing e incluso Helen Walsh fue a visitarlo en varias ocasiones (aunque Crowley no quiso saber nada de ella). Incluso, mientras estaba convaleciente en Bellevue, era habitual recibir llamadas de mujeres que se interesaban por su estado.
El 21 de diciembre de 1931 Fats Duringer, que también estaba en Sing Sing, fue ejecutado en la silla eléctrica (se dijo que era el hombre más gordo jamás ejecutado en aquella prisión), lo que ensombreció el ánimo de Francis. El 21 de enero de 1932, poco antes de la medianoche, Crowley fue llevado a su vez a la silla. Hizo su último viaje con aplomo y tranquilidad, mostrando incluso una sonrisa algo forzada. Dicen que sus últimas palabras antes de ser ejecutado fueron You, sons of bitches, give my love to mother (Vosotros, hijos de perra, enviadle mi amor a mi madre). Sus restos recibieron sepultura en el Calvary Cementery (Nueva York).
Los crímenes de Crowley le hicieron muy popular entre el público, rodeando su figura con un halo de rebeldía e inconformismo. No obstante, la prensa y las autoridades coincidieron en menospreciarlo llamándolo, entre otras lindezas, "el enano Crowley", "el asesino escuchimizado" o "un malo de pacotilla con el alma de una rata".

Aunque no es del todo seguro, se cree que los restos de Crowley fueron enterrados en el espacio vacío entre estas dos tumbas
La figura de Francis Crowley fue la principal inspiración del personaje protagonista de la película Al rojo vivo (White Heat, Raoul Walsh, 1949): Cody Jarrett (interpretado por el gran James Cagney), el jefe de una banda de criminales, violento y sádico, rozando la psicopatía, y con un fuerte complejo de dependencia de su autoritaria y controladora madre.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El moa



Las dos especies de los llamados moas gigantes ostentan el récord de ser las aves de mayor tamaño que hayan existido sobre la faz de la tierra. Estos asombrosos animales superaban los tres metros y medio de altura y los 250 kilogramos de peso. No fueron las más pesadas, eso si; tal honor les cupo a las aves elefante (familia Aepyornithidae) de Madagascar, que llegaban a alcanzar la media tonelada, aunque "sólo" medían tres metros de altura. Fueron el fruto de millones de años de evolución... que se fueron al traste cuando en su camino se cruzó ese insaciable depredador llamado hombre.
La familia Dinornithidae estaba compuesta por seis géneros (Megalapteryx, Anomalopteryx, Euryapteryx, Emeus, Pachyornis y Dinornis), de los que se conocen un total de once especies, todas ellas endémicas de Nueva Zelanda y, lamentablemente, extintas ya. Algunas eran del tamaño de gallinas y otras superaban el metro y medio de altura. pero entre todas destacaba el género Dinornis, cuyas dos especies eran llamadas con toda propiedad moas gigantes. Cada una de estas dos especies se encontraba exclusivamente en una de las islas principales del archipiélago de Nueva Zelanda: la Dinornis novaezealandiae o moa gigante de la isla Norte y la Dinornis robustus o moa gigante de la isla Sur. El moa de la isla Norte era algo menor que el de la isla Sur, ya que alcanzaba alrededor de los tres metros de altura, frente a los más de 3'5 que alcanzaba su pariente sureño. Por lo demás, sus características eran muy parecidas; se trataba de aves que habitaban en zonas de bosque o matorral, vegetarianas (se alimentaban de frutas y semillas, principalmente) y que presentaban un notable dimorfismo sexual: las hembras eran bastante mayores que los machos, hasta el punto de que se creyó que eran especies diferentes hasta hace relativamente poco tiempo, cuando se pudieron hacer estudios genéticos de los restos que se conservan.

Tamaño comparado de un ser humano con respecto a 1) Dinornis novaezealandiae 2) Emeus crassus [moa oriental] 3) Anomalopteryx didiformis [moa de los arbustos] 4) Dinornis robustus
Los moas descendían de aves voladoras de tamaño medio o pequeño que llegaron a Nueva Zelanda y se adaptaron a la vida terrestre, perdiendo completamente tanto las alas (algo insólito, ya que incluso aves no voladoras como los avestruces o los emús conservan alas vestigiales) como la quilla (esa prolongación ósea del esternón que sirve de anclaje a los músculos del vuelo). Además, como les pasa a otras especies en situación de aislamiento, sufrieron el llamado gigantismo insular, un proceso de adaptación que les llevó a aumentar de tamaño de manera espectacular hasta alcanzar las enormes proporciones que las caracterizaban. En las islas, además, no había mamíferos, ni otros predadores que pusieran en peligro sus puestas, con lo que construían sus nidos sin apenas protección entre la maleza que habitaban. Sus principales depredadores eran las grandes aves rapaces, entre ellas el águila de Haast (Harpagornis moorei), la mayor ave rapaz de que se tiene noticia, que llegaba a superar los tres metros de envergadura.

Águila de Haast
Esta perfecta adaptación al medio, que les había permitido mantener una población estable durante miles de años, se vino abajo cuando a partir del siglo XIII empezaron a llegar los primeros colonizadores polinesios a las islas. Estos pronto empezaron a cazar a los moas como alimento y a comerse sus enormes huevos. Desgraciadamente, como muchas otras especies de gran tamaño, su tasa reproductiva era muy baja; ponían pocos huevos a lo largo de su vida y alcanzaban su madurez sexual a una edad avanzada, en torno a los diez años. La caza intensiva y la destrucción de sus hábitats naturales para aprovecharlos como tierra de cultivo redujeron sus poblaciones hasta provocar su extinción en torno al año 1400. Privada de sus principales presas, el águila de Haast desapareció mas o menos por la misma época. No obstante, se especula con que pudieron quedar poblaciones aisladas que sobrevivieron durante varios siglos más. El excelente estado de conservación de algunos restos encontrados y los testimonios de algunos de los marineros de la tripulación del capitán inglés James Cook (que exploró Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico Sur en varios viajes en la segunda mitad del siglo XVIII), que mencionan el avistamiento de aves de gran tamaño que muy bien pudieron ser moas, parecen respaldar dicha hipótesis. El mismo destino corrieron las aves elefante: la caza intensiva y la deforestación de sus hábitats provocaron su extinción en torno al siglo XVIII.

Ave elefante (Aepyornis maximus)
Hoy en día, los parientes vivos más cercanos de los moas son los tinamúes (familia Tinamidae) que viven en América, si bien se trata de aves corredoras de pequeño tamaño.

Tinamú cejudo (Crypturellus transfasciatus)

martes, 11 de noviembre de 2014

El viaje de la Aguja de Cleopatra


En 1820 el gobernador de Egipto y Sudán, el turco Mehmet Alí, quiso conmemorar las victorias del almirante Nelson en la batalla del Nilo y de sir Ralph Abercrombie en la batalla de Alejandría, sobre las tropas francesas que habían ocupado Egipto. Por ello (y también para mejorar las relaciones diplomáticas con el Imperio británico) obsequió al Reino Unido nada menos que con un obelisco.
Dicho obelisco formaba parte de una pareja conocida como las Agujas de Cleopatra. Son dos imponentes moles de más de veinte metros de altura, con un peso estimado de unas 200 toneladas cada una, esculpidas en granito rojo y cubiertas de jeroglíficos. Fueron talladas en la ciudad de Heliópolis durante el reinado de Tutmosis III, en el siglo XV a. C., pero en el año 12 a. C. los romanos las trasladaron al Caesareum, el templo erigido en Alejandría por la reina Cleopatra en honor a Julio César. Con la decadencia del templo, ambas columnas fueron derribadas y quedaron durante siglos cubiertas por la arena, hasta que fueron redescubiertas.

La construcción del "Cleopatra" en torno al obelisco
El gobierno británico no mostró demasiado entusiasmo por el regalo, dado el elevado coste económico que supondría su traslado, y la Aguja se quedó donde estaba durante décadas. Hasta que en 1877 apareció la figura del cirujano, dermatólogo y filántropo William James Erasmus Wilson, que se ofreció a pagar 10000 libras para costear el traslado (gracias a éste y a otros actos de generosidad, y a sus méritos como médico, la reina Victoria le nombraría Sir en 1881). El obelisco fue desenterrado y trasladado al puerto de Alejandría, donde fue embarcado en un peculiar medio de transporte. Alrededor del obelisco se construyó un cilindro de hierro de 28 metros de largo y cinco de diámetro, al que se dotó de dos quillas, timón, mástil y puente, y que recibió el nombre de Cleopatra. El responsable de su diseño y construcción fue el capitán Henry Carter, quien también se encargaría de gobernarlo, con una tripulación de cinco hombres. Como sus condiciones para la navegación no eran demasiadas, el Cleopatra iría remolcado hasta Londres por el vapor Olga, mandado por el capitán Booth. El extraño convoy partió de Alejandría el 21 de septiembre de 1877 y tuvo una plácida travesía hasta llegar al golfo de Vizcaya, donde fue sorprendido por una violenta tempestad el 14 de octubre. El Cleopatra se volvió ingobernable y Booth, temiendo que se hundiese y arrastrase con él al Olga, decidió soltar las amarras que los unían y envió un bote a por Carter y su tripulación. Desgraciadamente, el bote se hundió y los seis marineros que iban en él se ahogaron. Un posterior intento si logró rescatar a los hombres del Cleopatra, pero el extraño barco se perdió en la tormenta y Booth lo dio por hundido. Sin embargo, cuatro días después, varios barcos de pescadores procedentes del puerto de Ferrol encontraron el extraño artefacto a la deriva frente a las costas gallegas. Poco después un vapor, el Fitzmaurice, procedente de Glasgow, remolcó al Cleopatra hasta el puerto ferrolano para ser reparado. No obstante, su estancia en Galicia se prolongó más de lo esperado, ya que el propietario del Fitzmaurice reclamó al gobierno británico 5000 £ por el rescate, cifra que las autoridades encontraron desorbitada. Finalmente, tras mucho negociar, el asunto se zanjó con 2000 £ y el 21 de enero de 1878 el Cleopatra llegaba al puerto de Gravesend, en el Támesis, conducido por el remolcador Anglia, de la armadora londinense William Watkins Ltd.

El "Cleopatra"
El gobierno británico decidió que el obelisco fuera erigido en el Victoria Embankment, en un lugar privilegiado cercano al Parlamento y al Big Ben, un proceso que se culminó el 12 de septiembre de 1878. En el pedestal del monumento se guardó una cápsula del tiempo que contenía, entre otros objetos, un retrato de la reina Victoria, monedas, periódicos del día, una reproducción en bronce del obelisco, juguetes, herramientas, varios ejemplares de la Biblia en diferentes idiomas... En 1881, el monumento fue flanqueado por dos grandes esfinges de bronce, salidas de la fundición Ecclestone Iron Works, en el barrio londinense de Pimlico. En cuanto al Cleopatra, una vez cumplida con éxito su misión y extraído el obelisco de su interior, fue desmantelado.
El 4 de septiembre de 1917 el obelisco resultó afectado por un bombardeo alemán que causó daños en el pedestal y las esfinges que todavía hoy se pueden apreciar, aunque no afectó al monolito.

"Las cicatrices que desfiguran el pedestal del obelisco, las bases de las esfinges y la esfinge de la derecha, fueron causadas por fragmentos de una bomba lanzada en la calzada cercana a este lugar, en el primer ataque aéreo a Londres por aviones alemanes algunos minutos antes de la medianoche del jueves 4 de septiembre de 1917"
Curiosamente, la otra Aguja de Cleopatra también saldría de Egipto por las mismas fechas. En 1877, el khedive (virrey) de Egipto, Ismail Pashá, la ofreció como obsequio a los Estados Unidos y, gracias a la generosa donación de 100000 $ por parte del magnate ferroviario William H. Vanderbilt, el obelisco fue trasladado a bordo del vapor Dessoug hasta Nueva York, donde fue instalado en el Central Park.

La otra Aguja de Cleopatra, en el neoyorkino Central Park

sábado, 8 de noviembre de 2014

Rimbaud en Etiopía

Jean Nicolas Arthur Rimbaud (1854-1891)

Arthur Rimbaud pasó la primera parte de su vida de forma un tanto turbulenta. Precoz aspirante a poeta, huido de casa de su estricta madre en varias ocasiones, deslizándose por la vida bohemia de bares y burdeles, entre vasos de absenta y humo de hachís, marcado por su tormentosa relación con el poeta Paul Verlaine, era prácticamente un adolescente cuando escribió sus dos obras cumbres, dos poemarios de importancia capital en la literatura del siglo XIX: Una temporada en el infierno (1873) y Las Iluminaciones (que no sería publicada hasta 1886). Y después, repentinamente, dejó de escribir, cuando contaba apenas veinte años.
¿Estaba cansado de su desordenada vida llena de excesos y quería estabilidad?¿Se había aburrido y deseaba ver mundo?¿O, como afirman algunos, quería hacerse rico para luego dedicarse a escribir sin ningún tipo de ataduras ni preocupaciones? Difícil es de saber. Durante algún tiempo, viajó por Europa, fundamentalmente a pie y sobreviviendo como podía. Fue preceptor en Stuttgart, luego visitó Suiza, Italia, Austria, Baviera, Bélgica... Incluso se alistó como mercenario en las huestes carlistas que iban a tomar parte en la tercera guerra carlista, aunque desertó antes de llegar a España. En 1876
se alistó en el ejército colonial holandés y viajó a las Indias Orientales, pero no tardó en desertar y volver a Francia, via Londres. Llegó a Chipre en 1878 para trabajar como capataz de una cantera, pero tuvo que volver a Francia en 1879 al enfermar de tifus; retornaría en 1880, pero una vez mas se iría del país, esta vez huyendo de su responsabilidad en un accidente laboral que costó la vida a un obrero. Finalmente, tras solicitar empleo en los puertos árabes del mar Rojo  (Djeddah, Massaouah, Hodeidah, Souakim) se estableció en Adén (Yemen), trabajando en la compañía de importación-exportación Viannay, Bardey et Cie. hasta que en 1884 fue enviado a la ciudad etíope de Harar como representante comercial.

Rimbaud (de pie a la izaquierda) en Adén (1880)
Por aquel entonces, Harar era una ciudad desconocida para los europeos. Situada en una de las regiones más recónditas e inaccesibles de Etiopía, cercada por abruptas montañas y desiertos abrasadores, apenas habían pasado treinta años desde la primera vez que había sido visitada por un europeo, el legendario explorador sir Richard Francis Burton, en 1855. Por lo demás, era una ciudad como otras del África oriental, una caótica y bulliciosa amalgama de edificios de todo tipo, populosos mercados, callejones intrincados y numerosas mezquitas. El propio Burton escribió sobre ella que hay pocos árboles en la ciudad y no tiene ninguno de esos jardines que dan a las villas orientales esa placentera vista del poblado y el campo combinados. Las calles son estrechos pasadizos y la ciudad abunda en mezquitas, edificios de una planta sin minaretes y sus patios repletos de tumbas.

Rimbaud en Harar
A esta ciudad sin apenas atractivos llegó Rimbaud, tras cruzar el desierto somalí, con un pequeño salario, alojamiento y comida, y una comisión del 2% sobre los beneficios que obtuviera del comercio de mercancías: café, marfil, pieles, caucho, almizcle. No obstante, no tuvo demasiado éxito y vivió de manera muy humilde, aunque si forjó cierta amistad con el gobernador local, Ras Makonnen (padre del futuro emperador Haile Selassie). De su vida en Harar escribió: Este clima atroz... Vivo de la manera más aburrida y sin provecho; no cabe imaginar una vida más aburrida que esta. Aunque alguna que otra distracción si que ofrecía la ciudad: en 1885, enfermo de sífilis, tuvo que volver a Adén para recibir tratamiento. En su convalecencia, barajó varias opciones para no tener que regresar: buscó otros trabajos, pensó en irse a Panamá, incluso envió a la Société de Géographie de Paris un "Informe de Ogaden" sobre la región etíope a la que pertenecía Harar. Pero todas sus opciones se frustraron y Rimbaud tuvo que volver a Harar con un contrato de dos años.
Las cosas siguieron sin irle bien, pese a que recorrió aquella inhóspita región en busca de proveedores. Caminos terribles -escribió- que recuerdan el horror que se supone a los paisajes lunares. No tardó mucho en romper su contrato y establecerse como comerciante independiente, buscando un mayor beneficio. Intentó conseguirlo con el tráfico de armas: con sus escasos ahorros y el dinero que pudo conseguir prestado, compró más de dos mil fusiles Remington y numerosas municiones y se los ofreció a Menelik II, el belicoso y pendenciero gobernador de la región de Shewa, quien poco a poco se iba anexionando territorios y acabaría por convertirse en emperador de Etiopía. Pero Menelik era un negociador duro y regateó el precio de las armas todo lo que pudo, con lo que Rimbaud apenas obtuvo ganancias. En 1887, arruinado, probó suerte en su última aventura: el tráfico de esclavos. Pero tampoco le sonrió la fortuna esta vez.
Sus últimos años en Harar los pasó prácticamente en la miseria. En 1889 recayó de la sífilis y en febrero de 1891 empezó a sentir dolores muy fuertes en su rodilla derecha, que en un principio le fueron diagnosticados en Adén como artritis o sinovitis. El dolor se volvió tan intenso que decidió volver a Francia en el vapor L'Amazone, cruzando el mar Rojo y el Canal de Suez, hasta llegar a Marsella en mayo. Allí, en el Hôpital de la Conception le tuvo que ser amputada la pierna, diagnosticándole un agresivo cáncer óseo, probablemente un osteosarcoma. En agosto trató de embarcarse de vuelta para África, pero su salud estaba tan deteriorada que tuvo que ser ingresado de nuevo, hasta su muerte, el 10 de noviembre de 1891. Extrañamente, él, que tanto había abominado de Etiopía en sus cartas, confesó poco antes de morir a su hermana Isabelle, quien le cuidó en su convalecencia, que su único deseo era poder volver a Harar.
Hoy en día, la casa-museo de Rimbaud es uno de los principales atractivos turísticos de Harar. Un hermoso edificio de estilo indio de dos plantas, hermosamente amueblado y con bellas cristaleras, con una exposición permanente sobre el poeta... pero que Rimbaud posiblemente nunca pisó. No hay registros que indiquen donde vivió mientras estuvo allí (posiblemente, en más de un lugar) pero dadas las estrecheces económicas que padeció, resulta muy poco probable que hubiera podido permitirse ese alojamiento.

Casa Museo de Rimbaud en Harar

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Goliath



Entre el botín de guerra que los alemanes capturaron tras la caída de Francia en 1940 había un peculiar artefacto, un prototipo de vehículo oruga en miniatura guiado a distancia, diseñado por el ingeniero militar Adolphe Kégresse. La Wehrmacht, intrigada, encargó a la compañía automovilística Borgward de Bremen (que ya había fabricado dos modelos de vehículos guiados por radiocontrol para la demolición de objetivos y la limpieza de minas, conocidos como BI y BII) el desarrollo de una versión militar del invento. El resultado fue el Sonderkraftfahrzeug (vehículo de uso especial) 302, conocido como Leichter Ladungsträger (transportador de carga ligera) o, más comúnmente, el Goliath.
Este mini-vehículo tenía unas dimensiones de unos 1'5 metros de largo, 80 centímetros de ancho y 50 de altura, con un peso que variaba, según la versión, entre 365 y 430 kilogramos, con capacidad para transportar entre 60 y 100 kilogramos de explosivos (TNT o RDX). Se controlaba desde un panel de mandos conectado al vehículo por un triple cable telefónico (dos cables para dirigirlo y el tercero, para detonarlo) de hasta 650 metros de longitud, que permitía al controlador manejarlo desde una distancia prudencial. Su autonomía era de entre 1500 y 1800 metros y era capaz de superar pendientes de hasta el 70%. Las primeras unidades que se fabricaron poseían dos motores eléctricos Bosch MM/RQL 2500/24 RL2, pero por su elevado coste (mas de 3000 Reichsmarks) y lo complicadas que resultaban las reparaciones durante el combate no tardaron en ser sustituidos por un motor de gasolina Zündapp SZ7 de dos tiempos; el nuevo modelo pasó a denominarse oficialmente Sd.Kfz. 303, del que hubo dos versiones, el Sd.Kfz. 303a y el Sd.Kfz. 303b (con mayor capacidad de carga).


El Goliath se construyó para demoler objetivos a los que la infantería no tenía un acceso seguro: trincheras, nidos de ametralladoras, puentes... aunque también se utilizó ocasionalmente como arma antitanque. Se cargaba de explosivos, se guiaba hacia el blanco y se hacía explotar destruyéndolo. Pero pese a que se fabricaron más de 7500 unidades de ambos modelos el Goliath nunca respondió a las expectativas y pronto quedaron expuestos sus numerosos puntos débiles. Era muy lento (no alcanzaba ni 10 km/h), lo que lo convertía en un blanco fácil. Su blindaje era demasiado ligero, por lo que era vulnerable al impacto de prácticamente cualquier arma de gran calibre. Además, los cables de control eran fácilmente cortados por la artillería, por el fuego enemigo e incluso por un simple soldado con un cuchillo. Todo ello, unido al elevado coste económico de cada unidad, hizo que el rendimiento final de los Goliath quedara lejos de lo esperado.


Las primeras unidades comenzaron a desplegarse a principios de 1942 y fueron utilizados en todos los frentes de la guerra, generalmente por las unidades Panzer y los cuerpos de ingenieros y zapadores. Así, en 1943, fueron empleados para limpiar un gran campo de minas tras la batalla de Kursk. En el desembarco de Anzio (abril de 1944) se usaron contra las tropas aliadas. También intervinieron en Normandía, pero sin apenas repercusión; el pésimo mantenimiento, la falta de pericia de los que los manejaban y su propia debilidad frente al fuego enemigo hicieron que la mayoría fueran inutilizados o destruidos; por ejemplo, en Utah Beach sólo uno llegó a ser detonado con éxito. Se emplearon igualmente en tratar de entorpecer el avance de las tropas aliadas por Francia: hay constancia de que un Goliath destruyó en agosto de 1944 un vehículo del 509º Regimiento de Infantería Aerotransportada. Y en el Alzamiento de Varsovia (octubre del 44) fue usado contra los polacos, que apenas disponían de armamento antitanque, pero que no tardaron en aprender cómo dejarlo en evidencia: bastaba con que un soldado se situase detrás de él y cortase los cables de control con un cuchillo o incluso con una pala.
A pesar de su escasa relevancia en combate, hoy en día se considera al Goliath como el precursor de la tecnología de vehículos controlados a distancia. Se conservan un buen número de unidades del Goliath en museos militares de toda Europa y de Norteamérica.

Panzer Museum (Münster)

domingo, 2 de noviembre de 2014

La Jura de Santa Gadea

Fernando I de León, el Grande (1016-1065)
Fernando I el Grande, rey de León y conde de Castilla, está en Valencia a finales de 1065, guerreando contra el rey moro de la ciudad, Abd al-Malik ben Abd al-Aziz al-Muzaffar, cuando se siente enfermo y decide regresar a León, a donde llega el día de Nochebuena. Consciente de que su tiempo se acaba, hace penitencia y prepara su alma, que entrega el día 27. A su muerte, siguiendo sus deseos, sus tierras se reparten entre sus hijos según el derecho navarro (el leonés establecía que las posesiones reales fuesen a parar a un único heredero), igual que había hecho su padre, Sancho Garcés III de Pamplona, con él y sus hermanos. Así, Sancho II el Fuerte se convierte en rey de Castilla; Alfonso pasa a ser Alfonso VI de León; Don García hereda Galicia, a la que añadiría el condado de Portucale; y sus hijas, Urraca y Elvira, las plazas fuertes de Zamora y Toro, respectivamente, amén del señorío sobre todos los monasterios de los tres reinos, lo que suponía una muy jugosa fuente de ingresos.

Sancho II de Castilla, el Fuerte (1038-1072)
Este reparto no agradó a todos los herederos, especialmente a Sancho (quien siendo el mayor de los hijos varones se consideraba con derecho a recibir todo el legado), que es también el primero en actuar. Tras la muerte de su madre, la reina Sancha, en 1067, el rey de Castilla intenta que Alfonso le ceda su trono, sin éxito. Luego se alía con él para derrocar a García, desterrándolo a Sevilla y repartiéndose su reino. Pero una vez destronado García, no tarda en volver a intentar hacerse con el trono leonés, esta vez por la fuerza: sus tropas, comandadas por su lugarteniente y hombre de confianza Rodrigo Díaz de Vivar El Cid, derrotan a las de Alfonso en Golpejera (1072) y se hace con el trono, encarcelando a su hermano, que acabaría huyendo y refugiándose en la corte de la taifa de Toledo. El cambio de rey no es bien visto por buena parte de la nobleza leonesa, muchos de los cuales se refugian en Zamora, donde Urraca, aliada de Alfonso, les da cobijo. Ante esto, Sancho intenta conquistar la ciudad, pero moriría durante el sitio, el 7 de octubre de 1072, en circunstancias no del todo claras. La tradición atribuye su muerte a un caballero zamorano llamado Vellido Dolfos, el cual habría fingido cambiar de bando para ganarse la confianza del rey, aprovechando un momento en el que ambos estaban a solas para apuñalarlo. No hay pruebas de que esta historia sea cierta; aparece citada por primera vez en la Crónica najerense, un siglo posterior, y la mayoría de los expertos creen que se trata de una invención literaria.

Alfonso VI de León, el Bravo (1047-1109)
Tras la muerte de Sancho, Alfonso VI volvió de su exilio y recuperó su trono; y como Sancho había muerto sin herederos, reclamó también Castilla y Galicia (para ello, encarceló a García, que también trataba de recuperar su reino, y lo mantuvo prisionero hasta su muerte). Es en este momento cuando la tradición sitúa la conocida como Jura de Santa Gadea. El Cid, uno de los caballeros más respetados de Castilla y representante de los intereses de la nobleza castellana, obliga a Alfonso a jurar, en unos términos durísimos y hasta humillantes para el rey, no haber tenido arte ni parte en la conspiración que llevó a la muerte de su hermano, si quiere su apoyo para subir al trono. Un juramento que habría tenido lugar en la burgalesa iglesia de Santa Gadea. Alfonso, mortificado por tal imposición, nunca perdonaría al Cid aquella afrenta y acabaría forzándolo al destierro.

Rodrigo Díaz de Vivar (1048-1099)
¿Cuanto hay de cierto en esta historia? Muy probablemente, nada. La mayoría de historiadores contemporáneos dudan de la historicidad de este suceso y lo consideran una leyenda o mito surgido con posterioridad; de hecho, no es hasta mediados del siglo XIII que aparece por primera vez mencionado. Muy al contrario, El Cid fue un valioso y leal colaborador de Alfonso VI durante los primeros años de su reinado, al que le fueron encomendadas misiones importantes como el cobro de los tributos de la taifa de Sevilla, e incluso le fue concedida la mano de doña Jimena Díaz, pariente del propio Alfonso. Fue muy posiblemente una incursión del Cid en territorio de la taifa de Toledo, aliada y amiga de Alfonso, la que enturbió sus relaciones e hizo que Rodrigo acabase convertido en un soldado de fortuna al servicio del rey árabe de Zaragoza, primero; y (tras una breve reconciliación con Alfonso que se truncaría con un nuevo destierro) posteriormente como caudillo independiente y conquistador de Valencia.
Pese a su falta de base histórica, la leyenda de la Jura de Santa Gadea alcanzó un enorme renombre, siendo durante siglos considerada como verídica y apareciendo en numerosas crónicas y romances. Uno de los más conocidos es, precisamente, el "Romance de Santa Gadea":

En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. --Villanos te maten, rey, villanos, que no fidalgos; de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos; mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo. Traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos. Las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado. ¡Sáquente el corazón vivo, por el siniestro costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado! Si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: --Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fué rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey, que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: --Mucho me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. --Aquesto será. buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. --¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas desde este día en un año! --Que me place --dijo el Cid--, que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno, yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados. Las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con él iban los trescientos caballeros hijosdalgo. Los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con bordas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.