domingo, 10 de mayo de 2026

El último viaje del Bom Jesus

Excavación del pecio del Bom Jesus


La ciudad namibia de Oranjemund es una población singular. Situada en pleno desierto, al norte del río Orange, en la frontera entre Namibia y Sudáfrica, sus en torno a 8000 habitantes son casi exclusivamente trabajadores de la industria del diamante y sus familias. La ciudad se fundó en la década de 1930, tras el hallazgo de yacimientos diamantíferos en las cercanías del Orange, y hasta 2017 estuvo administrada por la Namdeb, una sociedad participada conjuntamente por el gobierno namibio y la gran dominadora del mercado mundial de diamantes, la compañía sudafricana De Beers, que se encarga de la explotación de numerosos yacimientos diamantíferos de Namibia. Durante ese tiempo, el acceso a Oranjemund estuvo fuertemente restringido, resultando casi imposible para cualquiera que no estuviera relacionado con la actividad minera.

Precisamente en las cercanías de Oranjemund se encontraba el 1 de abril de 2008 Kaapanda Shadika, un empleado de De Beers, excavando con un bulldozer en busca de nuevos yacimientos, cuando su sondeo sacó a la luz algo inesperado: una gran cantidad de lingotes de cobre, colmillos de elefante, y lo que parecían ser los restos de un barco antiguo. Shadika avisó inmediatamente a Dieter Noli, un arqueólogo contratado por la De Beers, el cual, tras concluir que se trataba de un navío muy antiguo, solicitó la ayuda de Bruce Werz, un especialista en arqueología marina del Instituto Sudafricano de Arqueología Marina. 

Oranjemund

Los restos del barco estaban divididos en tres partes y cubiertos de una gruesa capa de concreción que se había depositado sobre ellos mientras estaban sumergidos. Se cree que el barco navegaba frente a la costa cuando una tempestad lo arrojó contra las rocas, abriendo el casco y desperdigando su contenido, que fue en buena parte encontrado entre los fragmentos del barco. El barco habría permanecido bajo el agua durante mucho tiempo, dando lugar a que se formara la capa de concreción que, si bien dificultaba el rescate del contenido del pecio, lo había protegido del paso del tiempo. Y más tarde, el retroceso de la línea de costa había hecho que el pecio acabara en pleno desierto namibio. Los trabajos de excavación sacaron a la luz miles de objetos: armas, cañones,utensilios de cocina, instrumentos de navegación. Y también la carga del buque: más de 1800 lingotes de cobre, hasta un peso total de unas 16 toneladas; un centenar de colmillos de elefante; y dos mil monedas de oro y plata, fundamentalmente españolas, aunque también bastantes portuguesas, y otras de más exóticos orígenes como Hungría, Venecia, Marruecos o la isla griega de Rodas. No se encontraron restos humanos, aparte de varios pequeños fragmentos de hueso, lo que parece indicar que la mayor parte de la tripulación se perdió en el mar. La fecha de acuñación de las monedas permitió fechar el hundimiento del barco en torno a la década de 1530.

Una de las monedas del tesoro del Bom Jesus

La abundancia de monedas españolas (fundamentalmente excelentes y doblas de oro acuñadas durante el reinado de los Reyes Católicos) hizo pensar en un primer momento que podía tratarse de un barco español. Sin embargo, el lugar del hundimiento, inusual para un barco español, y la presencia de algunos cruzados portugueses muy poco comunes entre las monedas halladas llevaron a sospechar que mas bien se trataba de un mercante portugués camino de Extremo Oriente, hipótesis luego confirmada por la intervención de arqueólogos portugueses en la excavación. El examen de la carga confirmó las sospechas. Los lingotes de cobre llevaban la marca del comerciante y banquero alemán Anton Fugger (1493-1560), una de las mayores fortunas de Europa de su época y socio comercial de numerosos comerciantes portugueses (el análisis químico del cobre confirmó que procedía de las minas que la compañía Fugger explotaba en los Montes Metálicos eslovacos). El análisis genético de los colmillos confirmó que procedían de manadas de elefantes de África Occidental, coincidentes con la situación de los puestos comerciales portugueses en África en la época, donde importantes cantidades de marfil eran embarcados cada año rumbo a Cabo Verde y São Tomé, desde donde viajaban a Lisboa y de allí eran a menudo reenviados hacia Asia.

Se había completado una imagen general bastante precisa del buque y su itinerario: se trataba de un mercante portugués que se dirigía a Asia (China, India o Japón, probablemente) doblando el Cabo de Buena Esperanza (la ruta habitual de los barcos portugueses) donde esperaba intercambiar su carga por exóticas y valiosas mercancías de Oriente (fundamentalmente, especias y sedas) para traer de vuelta a Europa. Quedaba, pues, la tarea de poner nombre al pecio; algo bastante complejo debido a la falta de documentación de la época. Mientras por ejemplo España posee el monumental Archivo de Indias de Sevilla, que alberga millones de documentos relativos al comercio de España con sus territorios de ultramar durante siglos, Portugal conserva muy poca documentación de su comercio previo al siglo XVIII debido a que la mayor parte de los archivos resultaron destruidos en 1755 durante el terremoto que asoló Lisboa en aquel año.

Lingotes de cobre hallados en el pecio

Finalmente, tras revisar numerosas fuentes y crónicas de la época, apareció el candidato más probable: de los 21 barcos portugueses perdidos entre 1525 y 1600 rumbo a las Indias, solo uno desapareció cerca de lo que hoy es Namibia. Se trataba del Bom Jesus, una nau o carraca que partió de Lisboa el viernes 7 de marzo de 1533, capitaneado por Dom Francisco de Noronha y con unos 300 tripulantes a bordo, y del que no volvió a saberse nada hasta que casi cinco siglos después sus restos emergieron del desierto de Namibia. Las carracas eran los mayores buques europeos de su época, construidos para el traslado de grandes cargas durante travesías largas, y usados habitualmente por portugueses, venecianos y genoveses.

El Bom Jesus es considerado el pecio más antiguo y valioso jamás encontrado en las costas atlánticas del África subsahariana. En la actualidad el pecio y su contenido permanecen en Oranjemund. Aunque teóricamente Portugal podía haber reclamado su propiedad por tratarse de un mercante que navegaba bajo los auspicios del rey portugués Juan III el Piadoso, las buenas relaciones con el gobierno namibio hicieron que los portugueses renunciaran a sus derechos sobre el hallazgo. Desde hace tiempo se habla de construir un museo in situ, con la colaboración y asesoramiento de instituciones portuguesas, para exhibir el Bom Jesus y su carga.

domingo, 3 de mayo de 2026

La desaparición de Ray Gricar

Ray Gricar y el coche que conducía cuando desapareció

A eso de las once y media de la mañana del 15 de abril de 2005 Ray Gricar, fiscal de distrito del condado de Centre (Pennsylvania), telefoneó a su novia Patty Fornicola, con la que convivía desde el 2002. Gricar regresaba de una visita al juzgado de Centre y en aquel momento circulaba por la autopista 192, y llamaba para avisarla de que no llegaría a su casa en Bellefonte a tiempo para alimentar y pasear al perro. Gricar nunca llegó a su casa; esa noche, al ver que no llegaba y no respondía al teléfono, Fornicola denunció su desaparición a la policía.

El coche de Gricar, un Mini Cooper rojo, apareció al día siguiente en el aparcamiento de una tienda de antigüedades en Lewisburg, a unos 50 kilómetros de donde estaba cuando llamó a su novia. No había señales de lucha, ni nada que hiciera sospechar juego sucio. El coche estaba cerrado con llave, y en su interior estaba el teléfono de Gricar, pero no su ordenador portátil, sus llaves, sus gafas de sol ni su cartera. La policía registró la zona, y dieron una extensa batida por las orillas del cercano río Susquehanna, sin éxito. 

Ray Gricar había nacido en Cleveland (Ohio) en 1945. Había ejercido la abogacía y había sido fiscal en el condado de Cuyahoga antes de trasladarse a Pennsylvania a principios de los 80. En 1980 obtuvo un puesto como ayudante del fiscal de distrito de Centre, y cuando este decidió no presentarse a la reelección en 1985 (el cargo de fiscal de distrito es electivo en los Estados Unidos) Gricar se presentó como candidato y fue elegido. Sería reelegido en 1989, 1993, 1997 y 2001, pero en el momento de su desaparición ya había anunciado que no se iba a presentar a las elecciones de 2005 y planeaba retirarse a finales de año.

La policía y el FBI llevaron a cabo una intensa investigación durante semanas. Se revisaron con atención las cuentas bancarias de Gricar, los movimientos de sus tarjetas de crédito y las llamadas de su teléfono, sin encontrar nada sospechoso, ni tampoco ningún movimiento posterior a su desaparición. El 30 de julio unos pescadores encontraban el portátil de Gricar bajo un puente del Susquehanna, pero se descubrió que le faltaba el disco duro. El área donde se halló el ordenador fue revisada concienzudamente por buceadores durante varios días, sin encontrar nada más. Sin embargo, dos meses después un paseante encontró un disco duro en la orilla del río, a apenas 100 metros de donde había aparecido el portátil; se supone que era el del ordenador de Gricar, pero estaba tan dañado que ni el FBI, ni el Servicio Secreto, ni una empresa de recuperación de datos contratada por las autoridades pudieron obtener información alguna sobre él.

El ordenador portátil de Ray Gricar, rescatado del río Susquehanna 

El 25 de julio de 2011 el juzgado del condado de Centre lo declaró "presumiblemente muerto" a petición de su hija, Laura. Curiosamente, al día siguiente la policía de Utah arrestaba a un hombre que guardaba un gran parecido físico con Gricar y que no portaba ninguna documentación; sin embargo, tras comparar sus huellas dactilares se determinó no era él. Veinte años después de su desaparición, las autoridades siguen sin tener indicios claros de lo que le pasó. No ha habido movimientos ni en sus cuentas bancarias, ni en sus tarjetas de crédito, ni en su correo electrónico.

Desde un primer momento los investigadores manejaron tres hipótesis para explicar su desaparición. La primera, que se tratara de un suicidio. El hermano mayor de Ray Gricar, Roy, se había suicidado en 1996, y la policía no pudo menos que notar el parecido de la desaparición de Ray con las circunstancias del suicidio de su hermano: Roy había aparcado su coche en un lugar público, cerca de un puente sobre un rio, desde el cual se había tirado. Sin embargo su familia siempre ha rechazado esa posibilidad: Ray nunca había mostrado síntomas de depresión o de pensamientos suicidas, y todos afirman que estaba ilusionado y haciendo planes con vistas a su próximo retiro.

Frente a esta tienda de Lewisburg fue encontrado el coche de Ray Gricar

La segunda posibilidad era que Gricar hubiera preparado su desaparición para iniciar una nueva vida bajo otro nombre. Años atrás también había desaparecido durante varios días, según él porque había ido a ver un partido de béisbol. Algunos de sus compañeros de trabajo recordaron que había mostrado mucho interés en el caso de un jefe de policía de Cleveland que había desaparecido para empezar una nueva vida. Al revisar su ordenador la policía descubrió que alguien había hecho búsquedas tales como "Como dañar un disco duro", "Como freir un disco duro" o "Daños por agua en un ordenador personal". Además, tras su desaparición las autoridades recibieron numerosas denuncias de gente que decía haberlo visto; la más notable, la de un barman y un policía fuera de servicio que afirmaban haberlo visto en un bar de la localidad de Wilkes-Barre, viendo un partido de béisbol. Algunos creyeron que podía haber huido a Europa; Gricar, hijo de inmigrantes eslovenos, hablaba esloveno y ruso y tenía parientes en Eslovenia, así que por si acaso se contactó con la Interpol para que lo investigara.

La tercera posibilidad es que se tratara de un homicidio. Un detalle del caso que nunca se llegó a esclarecer es que cuando el coche de Gricar fue hallado, había ceniza en el cenicero y olor a tabaco en su interior; era bien sabido que Gricar odiaba el tabaco y no permitía que nadie fumara cerca de él, lo que hacía pensar que alguien más había estado en ese coche aquel día. Gricar no había llevado grandes casos criminales durante su carrera como fiscal de distrito, pero aún así se examinaron sus casos pasados para ver si alguien podía tenerle tanto rencor como para intentar algo contra él. Un par de años antes había procesado a una banda de traficantes de heroína, pero la policía no halló conexiones con su desaparición. Y en 1998 había rechazado presentar cargos contra Jerry Sandusky, un conocido entrenador de fútbol de la universidad de Pennsylvania State, al que varios jóvenes habían acusado de abuso sexual; Gricar consideró que no había pruebas suficientes. Sandusky sería finalmente procesado y condenado en 2012 por múltiples cargos de abuso sexual a menores. Pero tampoco se hallaron conexiones entre este caso y la desaparición de Gricar. Las sospechas de la policía se extendieron incluso a su familia; su novia Patty y su hijastra fueron sometidas a la prueba del polígrafo, que ambas pasaron.

Veinte años después, el misterio continúa. El caso sigue oficialmente abierto y la policía de Penssylvania sigue recibiendo de cuando en cuando llamadas de personas que creen tener información sobre el caso. Todas las denuncias se investigan, pero ninguna ha dado fruto hasta el momento.