viernes, 28 de diciembre de 2012

El gran bulo de la Luna


    La Luna y sus maravillas (incluídos sus hombres murciélago)


El martes 25 de agosto de 1835 el periódico neoyorquino New York Sun publicaba la primera de una serie de artículos que causaron sensación en la opinión pública. Nada menos que una crónica detallada sobre la Luna y sus habitantes...
La historia que el Sun contaba era, más o menos la siguiente: el prestigioso astrónomo inglés sir John Herschel (hijo de sir William Herschel, el descubridor de Urano) se había desplazado a finales de 1833 a Sudáfrica para llevar a cabo una serie de observaciones del tránsito de Mercurio frente al Sol. Para ello, Herschel disponía del telescopio más grande y moderno del  mundo, construído cerca de Ciudad del Cabo y financiado por la familia real inglesa. No entraba en sus planes observar la Luna, pero "accidentalmente" había apuntado hacia allí el telescopio... y se quedó fascinado con lo que allí veía. Inmediatamente, elaboró un detallado informe que entregó a su ayudante, el doctor Andrew Grant, con la misión de hacérselo llegar a la Royal Society en Londres. Pero Grant había hecho llegar una copia al Edimburgh Journal of Science, del que el Sun había obtenido a su vez la información. Una auténtica sucesión de maravillas.
Porque lo que los artículos del Sun describían era un mundo lleno de paisajes y seres extraordinarios. En la Luna había océanos con playas de suave arena blanca, espesos bosques, extensas praderas cubiertas de flores rojas, colinas de piedras preciosas... Y toda una fauna fantástica de bisontes, ciervos, monstruos anfibios de forma esférica (¡), castores bípedos que construían chozas y conocían el fuego (¡¡¡) e incluso... ¡unicornios azules!
Pero lo que más sorprendió a los lectores del Sun era la existencia de una civilización de hombres-murciélago. Estos Vespertilia-homo, como los llamaba Herschel, parecían ser una especie de costumbres pacíficas e inocentes, y notablemente inteligente. Habían sido capaces de construir lo que parecía ser un gran templo con columnas de zafiro y techos de oro.
El Sun publicó en total seis artículos, el último de los cuales se publicó el lunes 31. En él el doctor Grant anunciaba que no se publicarían nuevas informaciones sobre los habitantes de la Luna hasta que el doctor Herschel publicara en un libro su informe completo. Además, desgraciadamente, no habría más observaciones por el momento... ¡ya que el telescopio, en un descuido, había quedado orientado hacia el Este, de modo que, al salir el Sol, sus rayos, concentrados por las lentes, habían destruído el telescopio e incendiado el observatorio donde se encontraba!
Lo cierto es que las "crónicas lunares" causaron sensación en Nueva York. La tirada del Sun pasó de 8000 a 20000 ejemplares diarios, superando al mismísimo The Times londinense, que "sólo" alcanzaba 17000. La gente estaba asombrada por aquella noticia y demandaba impaciente más información. Los periódicos rivales del Sun estaban divididos: algunos recibieron la noticia con escepticismo o denunciaron desde el principio su falsedad, pero otros la aceptaron y hubo alguno que quiso incluso aprovecharse y reimprimió por su cuenta los artículos del Sun. Claro que a nadie pareció extrañarle que desde Europa, donde teóricamente se había dado a conocer también la historia, no llegaran noticias sobre ella...
Se tardó semanas en comprobar que todo había sido un engaño. Lo único cierto era que Herschel estaba en Sudáfrica. De hecho llevaba allí varios años, pero no para observar Mercurio, sino para observar y clasificar las estrellas y constelaciones australes y así completar el catálogo de objetos celestes iniciado por su padre. El tal doctor Grant no existía, y el Edimburgh Journal of Science, que supuestamente también había publicado la historia... había dejado de publicarse varios años antes. Aún así, hubo gente que no acabó de creerse que todo fuera falso. Cuando a Herschel le informaron de todo, cuentan que se echó a reir de buena gana, pero acabaría más que harto del asunto, porque durante años siguió recibiendo cartas de personas que le pedían detalles de sus supuestas observaciones. Como dato curioso, unos de los primeros en contactar con él fueron un grupo de clérigos que le pedían consejo acerca de cómo ponerse en contacto con los habitantes de la Luna y predicarles el Evangelio a distancia.
El Sun jamás reconoció que se tratase de un engaño. Sólo publicó una ambigua nota unos días después de terminada la serie de artículos, pero sin admitir nada concreto. Edgar Allan Poe se inspiró en la historia para escribir un relato, The Balloon-Hoax, que, curiosamente, publicó el Sun el 13 de abril de 1844.
Y a todo esto, ¿quién escribió realmente los famosos artículos lunares? Richard Adams Locke, un escritor y periodista británico que vivía en EEUU desde hacía tres años y por aquel entonces trabajaba para el Sun. El propio Locke habría admitido su autoría a otro periodista durante una borrachera. Se apunta (aunque no hay pruebas sólidas) que pudo haber tenido ayuda de los astrónomos franceses Jean-Nicolas Nicollet y Nicolas de la Caille, y del editor Lewis Gaylord Clark. En una entrevista datada en 1840, Locke admitía su autoría y apunta a que su motivación era hacer una sátira sobre la influencia de la religión sobre la ciencia.
Hoy en día, se considera a esta narración como el primer caso de "fenómeno mediático" de la historia del periodismo. Quien quiera conocer el caso con mucho más detalle, que mire en http://www.museumofhoaxes.com/hoax/archive/permalink/the_great_moon_hoax

martes, 25 de diciembre de 2012

Discursos más cortos, por favor


                          William Henry Harrison (1773-1841)

William Henry Harrison fué elegido en diciembre de 1840 como el 9º presidente de los Estados Unidos. Candidato del partido whig, era un político muy popular por sus méritos militares durante las Guerras Indias y la guerra anglonorteamericana de 1812-1815. Unos méritos que contribuían a disimular su avanzada edad: con 68 años, fué el último presidente nacido antes de la Declaración de Independencia (1776) y el de más edad hasta aquel momento (aún hoy sería el primero si Ronald Reagan no hubiera sido elegido en 1981 para su primer mandato con 69).
Harrison asumió el cargo el 4 de marzo de 1841. Un día, según las crónicas, extremadamente frío y húmedo. Aún así Harrison pronunció su discurso de investidura al aire libre. Y lo hizo sin llevar abrigo, guantes ni sombrero. Si al menos hubiese sido un discurso breve... Pero Harrison no destacaba por su concisión, precisamente. Su alocución se convirtió en el discurso de aceptación más largo jamás pronunciado por presidente alguno: un total de 8445 palabras, con citas clásicas y referencias al Imperio Romano. Le llevó una hora y tres cuartos terminarlo. Y eso gracias a que su amigo el senador Daniel Webster, al que nombró secretario de estado, lo había revisado y aligerado notablemente.
Por si no fuera poco, Harrison disfrutó además del correspondiente desfile por las calles de Washington y asistió a tres bailes esa misma noche. Su salud quedó bastante debilitada y el 26 de marzo se le diagnosticaba un fuerte resfriado que se fué agravando y desembocó en neumonía, muriendo el 4 de abril. Otros dos records para su historial: ser el primer presidente que fallecía ostentando el cargo y la presidencia más breve de la historia, un mes exacto.
Así que ya sabeis: si teneis que dar un discurso, que sea breve y, a poder ser, cerca de una estufa.



           Веселое рождество все

sábado, 22 de diciembre de 2012

La captura de Adolf Eichmann

                        Karl Adolf Eichmann (1906-1962)

Los principales cargos del Tercer Reich murieron en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial o poco después. Algunos se suicidaron, como el propio Hitler, Himmler o Goebbels. Otros fueron ejecutados tras los juicios de Nuremberg, como Göring o von Ribbentrop. Pero muchos criminales de guerra nazis lograron eludir sus responsabilidades en los hechos precedentes. Unos huyeron al extranjero, preferentemente a Sudamérica. Otros volvieron a la vida civil, como tantos otros soldados y oficiales alemanes que se reintegraban a sus vidas previas. De entre los altos cargos nazis que lograron huir, acaso el de mayor peso era Adolf Eichmann.
Eichmann, miembro de las SS, donde alcanzó el rango de Obersturmbanführer (equivalente al de teniente coronel), estaba al frente de la Sección IVB4 de la Gestapo, encargada de identificar y deportar a los judíos en los territorios ocupados por el ejército alemán. Y fué él el encargado de organizar toda la logística relativa a la "Solución final", el minucioso plan para el exterminio de los judíos de toda Europa. Un encargo que Eichmann llevó a cabo con notable eficacia. Con notables habilidades para la organización y la intendencia, se ocupó de todos  los detalles del plan, todo lo relativo a la captura y transporte de los judíos hasta los siniestros campos de exterminio.
Caído el régimen nazi, Eichmann logró ocultarse con la identidad falsa de Otto Eckmann, fingiendo ser un oficial corriente del ejército alemán. Estuvo prisionero de los norteamericanos, quienes no le reconocieron, y luego escapó a principios de 1946, manteniéndose oculto gracias a la ayuda de simpatizantes nazis. En 1950 logra, con la intermediación de un fraile franciscano, un pasaporte de la Cruz Roja a nombre de Ricardo Klement, ciudadano italiano natural de Trieste. Con él embarca en el barco Giovanna C rumbo a Argentina, donde, con la identidad de Klement, tiene diversos trabajos hasta que acaba como electricista en la fábrica de Mercedes Benz Argentina. Poco después, logra reunirse con su familia, su esposa Veronika y sus hijos, Klaus, Horst y Dieter (el pequeño Ricardo nacería ya en Argentina en 1955). Se instala con ellos en una humilde casa de la calle Garibaldi de San Fernando, una localidad del área metropolitana de Buenos Aires, sin electricidad ni agua corriente y en una calle sin asfaltar. Y continúa llevando una vida discreta y poco llamativa.
Pero mientras tanto, había gente que seguía buscándolo. El primero en tener pistas sobre su paradero fué Simon Wiesenthal. Wiesenthal, un joven arquitecto que había pasado varios años en campos de concentración, se había dedicado desde el fin de la guerra a buscar pruebas de los crímenes cometidos por los nazis y a sacar de sus escondites a nazis huídos. Una carta recibida por un amigo suyo le hizo saber que Eichmann había sido reconocido en Buenos Aires. Wiesenthal informó inmediatamente a las autoridades israelíes. Pero éstas no actuaron hasta que recibieron nueva información. Klaus, el primogénito de Eichmann, había comenzado una relación con una joven de origen alemán, sin saber que su padre, Lothar Hermann, era judío, había sido encarcelado por los nazis y había perdido a buena parte de su familia en los campos de exterminio. Al joven Klaus se le escapó, durante una visita a la casa de su novia, que su padre había sido un alto cargo de las SS. Como el joven utilizaba el apellido Eichmann, la familia de la joven sospechó de quién podía tratarse y avisó al gobierno israelí.
Los israelíes enviaron en 1959 a un agente para confirmar la identidad del sospechoso, pero éste no dió credibilidad a la historia. Pero Isser Harel, director del Mossad, el servicio secreto israelí, no estaba conforme y envió a un nuevo equipo. Estos recurrieron a una novedosa técnica: lograron sacar fotografías de Ricardo Klement y compararon la morfología de sus orejas con la de las orejas de las fotografías de Adolf Eichmann. El resultado: una coincidencia superior al 90%. Lo suficiente para continuar la operación de vigilancia.
La vigilancia de Ricardo Klement no dió demasiados frutos al principio. Era un hombre gris y aburrido, con una vida absolutamente rutinaria. Salía de casa siempre a la misma hora, recorría la misma ruta, tomaba el mismo autobús, salía de trabajar a la misma hora, volvía a su casa. Además, lo humilde de su casa, la aparente pobreza en la que vivía, hicieron dudar a sus vigilantes. Hasta que llegó el 21 de marzo de 1960. Ese día, de vuelta a casa, Klement compró un ramo de flores a su esposa. Más tarde, los agentes israelíes vieron que en el hogar de los Klement había una fiesta o celebración familiar. Estaban presentes sus hijos, había comida, música... La fecha no era relevante para Ricardo Klement... pero era el 25 aniversario de la boda de Adolf y Vera Eichmann. Esa noche, los agentes envían un mensaje en clave a sus superiores: "Nuestro hombre es El Hombre".
Una vez confirmada la identidad del perseguido, surgió la duda de qué hacer con él. La idea de solicitar su extradición se descartó. Era poco probable que fuera concedida, teniendo en cuenta que el gobierno argentino había tenido cierta afinidad con el regimen nazi y que incluso en su ejército había numerosos elementos filonazis; de hecho, el año anterior habían rechazado la petición de la República Federal Alemana de extraditar al doctor Josef Mengele, otro de los criminales nazis más buscados. Podían haberlo hecho asesinar, pero no era suficiente. Isser Harel defendió desde el principio la opción de secuestrarlo y llevarlo a Israel. Quería interrogarlo para saber si conocía el paradero de otros nazis fugados. Pero quería algo más: quería un juicio público, quería que los nazis escondidos supieran que nunca estarían a salvo, que ellos podían ser los siguientes. Se pasó a preparar la que se llamaría "Operación Garibaldi".
Un equipo del Mossad es enviado a Argentina, donde llega el 1 de mayo de 1960. Está dirigido por Rafael Eitan y Peter Malkin, bajo la supervisión directa de Harel. Se alquilan varias casas y locales para crear una base operativa. La propia previsibilidad de las costumbres de Eichmann juega a favor de sus perseguidores. El 11 de mayo, como solía ser habitual, Eichmann vuelve a casa, cruzando un paraje bastante solitario de los arrabales boanerenses. Allí le espera el comando israelí, con dos automóviles, fingiendo haber sufrido un accidente de tráfico. Aprovechando la oscuridad y la ausencia de testigos, Eichmann es secuestrado y conducido a una de las casas de seguridad, donde le interrogan. Al principio dice llamarse Ricardo Klement, pero no tarda en venirse abajo y admitir que es Adolf Eichmann, mostrándose dócil y colaborador. Incluso, a petición de sus captores, escribe y firma una breve nota que dice Yo, Adolf Eichmann, por medio de esta carta declaro que voy a Israel por mi propia voluntad a limpiar mi conciencia. 
Lo complicado era sacarlo de incógnito del país. El 18 de mayo, un avión de la aerolínea israelí El Al llegó al aeropuerto de Ezeiza llevando a una delegación israelí con el propósito de participar en la ceremonia del 150 aniversario de la Revolución de Mayo (que condujo a la independencia de Argentina). El 20, varios agentes israelíes embarcan a Eichmann, con documentación falsa y convenientemente drogado, en el avión, haciéndolo pasar por un mecánico en estado de ebriedad. Con el pasajero a bordo, el avión israelí solicita permiso inmediato para despegar, rumbo a Haifa. Días después, con gran despliegue de publicidad, el gobierno israelí anunciaba la captura del nazi y su próximo juicio. Obviamente, se produjo un serio incidente diplomático con Argentina, que protestó ante la ONU el secuestro cometido en su territorio. Israel argumentó que Eichmann se había entregado voluntariamente, para lo que esgrimió la confesión escrita por el preso duratne su cautiverio... Hasta 2005, no se reconoció oficialmente la intervención del Mossad en todo el asunto.
El juicio de Eichmann comenzó en agosto de 1961. Eichmann, encerrado en una jaula de cristal antibalas, argumentó que lo único que había hecho él era obedecer órdenes, pero no había participado en la toma de decisiones; la muy manida tesis de la "obediencia debida". Durante los cuatro meses que duró el juicio, se mostró distante y poco interesado en el proceso (la filósofa Hannah Arendt publicaría más tarde un famoso estudio sobre la figura de Eichmann y lo que ella llamó "la banalidad del mal"). El 15 de diciembre es declarado culpable de delitos contra la humanidad y condenado a muerte. Fué ahorcado en la madrugada del 31 de mayo al 1 de junio de 1962 en la prisión de Ramla. Su cadáver fué incinerado y las cenizas, esparcidas en el Mediterráneo (fuera de las aguas territoriales israelíes) por un barco de la Armada, en presencia de familiares de víctimas del Holocausto.

                          Imagen del juicio de Adolf Eichmann

No se ha terminado el mundo

Bien, finalmente, en contra de lo que habían dicho tantos agoreros, no se ha terminado el mundo. Pongamos fin al estado de pánico y volvamos de una vez a nuestras vidas, a pagar nuestros impuestos, facturas e hipotecas. Yupi!

domingo, 16 de diciembre de 2012

Jaroslav Drobný

                                    Jaroslav Drobný

Jaroslav Drobný nació en Praga en 1921. Su padre era gerente de las pistas de tenis de Stvanice, por lo que desde niño empezó a practicar ese deporte. Pero durante los crudos inviernos checos las pistas de tenis se convertían en pistas de hockey sobre hielo, así que el pequeño Jaroslav compatibilizaba ambos deportes. Destacaba mucho en los dos, y aunque muchos le aconsejaron que se decidiera por uno o por otro, a Drobný le gustaban tanto que siguió con ambos. En 1938, con apenas 16 años, participó por primera vez en el torneo de Wimbledon, y muchos creyeron que iba a elegir el tenis... pero entonces estalló la Segunda Guerra Mundial. En 1939 volvió a participar en Wimbledon, pero ya no como checoslovaco, sino representando al "Protectorado de Bohemia y Moravia" (ocupado por los alemanes). Después, hasta 1945 no disputó ningún torneo tenístico, y su actividad se limitó al hockey. Ya en 1946 volvió a la competición disputando el Campeonato de Francia (actual Roland Garrós), del que acabó subcampeón. A la vez, se consolidó como uno de los mejores jugadores de hockey del mundo: en 1947 fue campeón del mundo con la selección checoslovaca, siendo máximo goleador (catorce goles en siete partidos) y en 1948 obtuvo la medalla de plata en las Olimpiadas de Saint-Moritz. Ese mismo año, volvía a ser subcampeón en París y en 1949, cuando ya había decidido dedicarse preferentemente al tenis, perdía la final de Wimbledon.
Pero la situación de Checoslovaquia había cambiado. En 1948 los comunistas habían llegado al poder y el nuevo gobierno impuso un severo control de las actividades de sus ciudadanos. Obtener permiso para viajar al extranjero se volvió extremadamente dificultoso y por encima, el gobierno ordenó a Drobný no participar en torneos con tenistas alemanes y españoles. Así que Drobný comenzó a pensar en dejar el país. En julio de 1949, Drobný estaba en Gstaad (Suiza) disputando un torneo, e iba a enfrentarse a un rival español. Un empleado del ministerio checo de Asuntos Exteriores acudió a su hotel para advertirle que no disputase el partido, Drobný se negó y acabaron a golpes. El tenista se dio cuenta de que no le quedaba otra que irse. Y desertó, junto a su amigo Vladimír Černík, que también participaba en el torneo. Según sus propias palabras, sólo llevaba "un par de camisas, un cepillo de dientes y cincuenta dólares"
Pidió asilo en Suiza, pero no le fué concedido. Estuvo a punto de instalarse en Australia, pero desistió porque estaba demasiado lejos de Europa. Intentó luego obtener la residencia en el Reino Unido, pero de camino paró en Egipto, donde conoció al rey Faruq I, aficionado al tenis, que le ofreció la nacionalidad egipcia. Así, defendiendo el pabellón egipcio obtuvo sus mayores éxitos deportivos: campeón en París en 1951 y 52, y en Wimbledon en 1954. De paso obtuvo varios records históricos: el único tenista egipcio en ganar un Gran Slam, el primer africano en conseguirlo (y el único hasta que el sudafricano Johan Kriek ganó el Open de Australia en 1981) y el único ganador individual masculino de Wimbledon que usaba gafas (llevó gafas casi toda su carrera por una lesión sufrida jugando al hockey).
En 1955 se casó con la ex-tenista Rita Anderson Jarvis y adquirió la nacionalidad británica (la cuarta bandera que defendía a lo largo de su carrera). Se retiró a los 35 años, aunque siguió disputando torneos de veteranos hasta los 55. También fué entrenador de los equipos de Copa Davis de Italia, Suecia y Sudáfrica. En 1955 publicó su autobiografía: Un campeón en el exilio. No volvió a su país hasta 1985, aunque tras la caída del régimen comunista en 1989 viajaba allí con cierta frecuencia: Murió en su casa del distrito londinense de Tooting en 2001.
Como tenista destacó en tierra batida. Elegante, pero fuerte y tenaz. Algo parecido decían de él como jugador de hockey: fuerte pero con un gran toque, una técnica exquisita y un excelente patinador. Jugó de 1938 a 1949 en la liga checoslovaca con el Cesky Lawn Tennis Klub, y en 1949 recibió una sustanciosa oferta desde EEUU: 20000 $ anuales por jugar con los Boston Bruins de la NHL. Pero la rechazó porque prefirió centrarse en el tenis como profesional y dejar el hockey como amateur para los inviernos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El secuestro de Pepito Mendoza

                       Pepito Mendoza es devuelto a su familia

El secuestro del pequeño Pepito Mendoza fué uno de los casos más famosos de la crónica criminal de la ciudad de A Coruña. No sólo conmocionó a toda una pequeña ciudad de provincias, sino que mantuvo en vilo durante días a toda la opinión pública española, angustiada por el destino del niño.
Todo comenzó el lunes 23 de septiembre de 1957, por la tarde. Ese día, como tantos otros, los cinco hijos del comandante de Infantería Luís Mendoza Goñi jugaban en los jardines de Méndez Núñez, próximos a su casa, bajo la atenta mirada de Maruja, la criada de la familia. Hasta que en un momento dado, Maruja se dió cuenta de que faltaba el menor, José María, a quien todos llamaban Pepito, de dos años y medio. Tras buscarlo desesperadamente, dió la voz de alarma y se llamó a la Policía.
Lo primero que se hizo fué vaciar un pequeño estanque cercano; se temía que, en sus juegos, el pequeño se hubiera caído dentro y se hubiera ahogado. Pero Pepito no estaba allí, y los agentes pasaron a la teoría del secuestro.
No tardaron en descubrir las primeras pistas. Poco después de hacerse pública la desaparición, la propietaria de una mercería de la calle Hércules, cercana al lugar de los hechos, identificaba al niño desaparecido como el mismo que, a la misma hora que se daba la alarma, una misteriosa mujer compró un jersey en su establecimiento. Asimismo, un barbero de la misma calle, llamado Lucrecio Mañanes, afirmaba haberle cortado el pelo al pequeño. Las pistas se iban sucediendo y el cerco sobre los sospechosos se cerraba... y el jueves 26 aparecía el infante. Esa noche el niño era entregado por sus captores, bajo secreto de confesión, al superior de la orden de los jesuitas en la ciudad, en las proximidades de la iglesia de Santo Tomás. El religioso inmediatamente llevó al niño a su casa, y a las diez de la noche Pepito se reunía con su familia. El rumor de la aparición del pequeño pronto se extendió por toda la ciudad y varios miles de personas se reunieron frente a la casa del comandante Mendoza, en el número 34 de la céntrica Avenida de la Marina, que queda colapsada. Y cuando el niño hizo su aparición en el balcón de la casa, sostenido por su padre, fué recibido con una atronadora salva de aplausos. La ciudad, y más tarde todo el país, respiraban aliviados tras la vuelta del pequeño.
La aparición de Pepito no detuvo las investigaciones. Apenas unos días después lograban arrestar a la responsable y entonces se conoció su tragicómica historia.
La secuestradora se llamaba Sara Vázquez, tenía 42 años y era natural de la localidad de Melide. Sara trabajaba como maestra en un pequeño pueblo de Teruel, era viuda de un teniente de Artillería y tenía cuatro hijos. Llevaba tiempo en relaciones con un sargento de Intendencia llamado Juan Rodríguez, destinado en Madrid y del que estaba locamente enamorada. Tanto que, para lograr que se casara con ella, le dijo que fruto de sus relaciones habían tenido un hijo, al que había dejado en casa de unos amigos para evitar habladurías. Su novio quiso conocer a su supuesto hijo y entonces Sara salió del paso con el bebé de una vecina, al que llegó a bautizar e inscribir como hijo suyo y de Juan, para prolongar la ficción. Pero llegó el momento en el que se celebró la tan ansiada boda, y el sargento se empeñó en que el niño fuera a vivir con ellos, aunque fuera haciéndolo pasar por su sobrino. La pobre Sara, entre la espada y la pared, temía que su marido la abandonase si se enteraba de su mentira. Necesitaba un niño como fuera... y optó por secuestrar a Pepito Mendoza. Sólo el miedo al sentirse acosada por la Policía le llevó a confesar la verdad y a devolver al infante, tratando quizá de que todo se olvidara.
Los jueces no fueron demasiado severos con Sara, atendiendo a su delicado estado emocional. Tres años de prisión menor por sustracción de un menor, cuatro meses de arresto por suposición de parto y otros ocho por dos delitos de falsedad por bautizar e inscribir como propio al otro bebé.
En cuanto a Pepito Mendoza, el suceso no le dejó trauma alguno. Tiempo después, la familia dejó A Coruña, siguiendo al comandante Mendoza en sus cambios de destino. Finalmente, se asentó en Valencia, donde Pepito residió hasta su muerte, en mayo de 2009.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La muerte de Stonewall Jackson

              Thomas Jonathan "Stonewall" Jackson (1824-1863)

Thomas "Stonewall" Jackson fué uno de los mejores estrategas de la Guerra de Secesión norteamericana (1861-65). Licenciado en la academia de West Point, veterano de la guerra contra México, el inicio de la Guerra Civil le sorprendió con el grado de coronel siendo profesor del Virginia Military Institute y se puso de inmediato bajo las órdenes del gobierno confederado, que le encomendó el mando de cinco regimientos de infantería y le ascendió a general.
Se ganó su apodo de "Stonewall" (Muro de Piedra) durante la Primera batalla de Bull Run (21/7/1861) donde sus regimientos resistieron heroicamente los ataques de las tropas del Norte, demostrando un extraordinario valor y disciplina. Allí, el general Barnard Elliott Bee jr. pronunció una famosa arenga a sus tropas en la que dijo "allí está Jackson como un muro de piedra. Si estamos dispuestos a morir aquí, venceremos. ¡Agrúpense tras los virginianos!" Algunos han querido ver una crítica a Jackson por no querer avanzar contra el enemigo, pero como Bee murió durante la batalla, nunca pudo aclarar el sentido de la frase.
Jackson se convirtió enseguida en uno de los generales más importantes de la Confederación y en el hombre de confianza del general Robert E. Lee, comandante en jefe de las tropas sureñas. Tuvo una destacada actuación en campañas como la del Valle (entre agosto y septiembre de 1862, contra el ejército unionista del norte de Virginia). Inteligente, disciplinado, con gran talento para la táctica militar, admirado y estimado por las tropas a sus órdenes, pudo haber rendido grandes servicios a la causa confederada, de no haber sido por su temprana (y evitable) muerte.
La batalla de Chancellorsville (Virginia), que duró del 30 de abril al 6 de mayo de 1863, fué una de las grandes victorias de los confederados. En ella, las tropas de Lee, pese a estar en desventaja de 2 a 1, derrotaron brillantemente al ejército de la Unión comandado por el general Joseph Hooker. Y Jackson jugó un papel destacado: al frente del Segundo Cuerpo del ejército, lanzó un ataque devastador la tarde del 2 de mayo contra el desprotegido flanco derecho de los unionistas, capturando a más de 4000 enemigos sin apenas bajas.
Esa misma noche, Jackson, acompañado de varios de sus oficiales, abandonó su campamento para examinar de cerca la situación de las tropas enemigas, ya que tenía  la intención de lanzar, al día siguiente, un  nuevo ataque contra el mismo flanco, aprovechando el caos que todavía reinaba entre los del Norte. Desgraciadamente para él, de vuelta al campamento su comitiva se tropezó con el  18º Regimiento de Infantería de Carolina del Norte quienes, tomándolos por soldados enemigos, abrieron fuego contra ellos. Trataron de identificarse pero los de Carolina, creyendo que se trataba de un engaño, siguieron disparando. Varios de los acompañantes de Jackson murieron, y el general recibió tres balazos, dos en el brazo izquierdo y uno en la mano derecha. Evacuado de urgencia, tuvieron que amputarle el brazo pero durante su convalecencia contrajo una neumonía que lo llevó a la tumba el 10 de mayo. Murió en una hacienda cercana al campo de batalla y sus últimas palabras, víctima de los delirios febriles, fueron "Let us cross over the river and rest under the shade of the trees(Crucemos el río y descansemos bajo los árboles).
Su muerte fué una sensible pérdida, en lo moral y en lo militar para el Sur. El mismo Lee llegó a decir al enterarse de lo sucedido "él ha perdido su brazo izquierdo, pero yo he perdido mi mano derecha". Fué sepultado en Lexington (Virginia), aunque curiosamente, sin su brazo izquierdo, que ya había sido enterrado previamente cerca del campo de batalla. A su segunda esposa, Anna, se la conoció como "la viuda de la Confederación" hasta su muerte, en 1915.

martes, 4 de diciembre de 2012

La fuga del 337

            El pingüino 337 retozando libre en la bahía de Tokyo

Rompió el cascarón el pasado 27 de enero de 2011. Tenía una vida cómoda y apacible, comida abundante, todos los cuidados imaginables... Pero cuando eres un pingüino de Humboldt con espíritu aventurero y ansias de conocer mundo, las paredes del Tokyo Sea Life Park sólo pueden detenerte por poco tiempo.
Este pequeño pingüino, conocido por su número, 337 (es todavía demasiado joven para poder distinguir si es macho o hembra) no se sentía feliz, pese a estar acompañado por otros 135 ejemplares de su especie, amén de bastantes ejemplares de otras especies de pingüinos. Así que un día no determinado de marzo de este año escaló una pared de piedra que en su punto más bajo tiene 1'2 metros de altura, luego logró colarse por un agujero en la valla exterior del acuario y alcanzar la libertad de la bahía de Tokyo, distante apenas unos metros. Toda una hazaña para un animalillo de apenas 60 centímetros de altura.
En el acuario no descubrieron su audaz fuga hasta unos días después, cuando los encargados recibieron un correo electrónico del director de un parque zoológico cercano, que lo había visto en libertad, con una fotografía del pájaro, donde era visible su anilla identificadora, nadando tranquilamente en aguas de la bahía. Inmediatamente, lanzaron una operación de búsqueda por tierra y mar, tratando de recuperarlo. Sentían gran preocupación por el animal, ya que la bahía de Tokyo está muy contaminada, soporta un notable tráfico de embarcaciones e incluso presenta trazas elevadas de radiactividad tras las fugas radiactivas en la central de Fukushima. Además, temían que no fuera capaz de alimentarse en libertad. La búsqueda no dió frutos y acabó por suspenderse.
Pero el 337 seguía libre y su historia no tardó en hacerse popular gracias a las redes sociales y al interés de los medios de comunicación. No tardó en convertirse en un personaje popular cuya historia estaba en boca de todos. Empezaron a sucederse por docenas los avistamientos del ave, la mayoría procedentes de los alrededores de Tokyo. El simpático pingüino no parecía estar hambriento ni enfermo, al contrario, se mostraba en perfectas condiciones e, incluso, en cierta ocasión, logró dar esquinazo a dos embarcaciones de la Guardia Costera japonesa que trataban de capturarlo, tras más de una hora de persecución.
Así, hasta el 24 de mayo, en el que una llamada alertó a los trabajadores del acuario que el ave había sido vista en el río Edo. Inmediatamente, dos empleados se trasladaron al lugar y lograron capturar al pingüino bajo un puente de la localidad de Ichikawa, a ocho kilómetros del acuario del que había huído hacía casi tres meses. La enorme expectación hizo que la dirección del acuario a dar una multitudinaria rueda de prensa en la que el pingüino, aparentemente sano e ileso fué la estrella. En la actualidad, el 337 sigue en su antiguo recinto con sus compañeros, adaptado de nuevo a la vida en cautividad... o quizá sólo planeando su nueva fuga.