Verba volant, scripta manent

domingo, 15 de febrero de 2026

Williamina Fleming y las Calculadoras de Harvard

Williamina Paton Stevens Fleming (1857-1911)

Un día de 1881 el astrónomo Edward Charles Pickering, director del Observatorio Astronómico de la Universidad de Harvard, se encontraba en plena discusión con su ayudante, con cuyo trabajo Pickering estaba bastante descontento. Y en un momento de la bronca, Pickering le dijo algo así como "Hasta mi criada escocesa podría hacer este trabajo mejor que tú". Dicho y hecho, unos días más tarde Pickering propuso a su criada trabajar con él en el Observatorio. Lo que en principio pudo ser una decisión impulsiva fruto de un enfado, se acabó revelando como uno de los grandes aciertos de su carrera.

Williamina Paton Stevens nació en la ciudad escocesa de Dundee el 15 de mayo de 1857. Desde muy niña mostró una notable inteligencia y un extraordinario talento para las matemáticas. Con apenas 14 años pasó a formar parte del llamado programa pupilo-profesor: un programa de formación para futuros profesores en el que alumnos adolescentes enseñaban a niños más pequeños que ellos a la vez que completaban su propia instrucción. A los veinte años se casó con un hombre llamado James Orr Fleming y al año siguiente la pareja emigró a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. En 1879 Williamina se quedó embarazada y poco después su marido la abandonó. Sola y con un hijo en camino, tuvo que buscar trabajo para mantener a ambos, y acabó como criada en casa de Pickering.

Nebulosa Cabeza de Caballo

En un principio, las tareas de Williamina en el Observatorio eran bastante sencillas: limpiar y ordenar las instalaciones, trabajos corrientes de oficina y algunos cálculos matemáticos sencillos. No obstante, muy pronto Pickering se dio cuenta del talento de Fleming y fue dándole cada vez más responsabilidades. Ella apenas sabía de astronomía, pero fue completando sus carencias de manera autodidacta gracias a la biblioteca de Pickering hasta convertirse en una experta. Durante tres décadas, Williamina Fleming trabajó en el Observatorio dejando una larga lista de logros y hallazgos.

Para empezar, fue la responsable de revisar y corregir las publicaciones del Observatorio durante años. Desarrolló un sistema de clasificación de estrellas según la cantidad de hidrógeno que mostrara su espectro, asignando a cada tipo una letra desde la A (las que mayor cantidad de hidrógeno contenían) hasta la Q (las que menos), y que irónicamente acabó siendo llamado sistema Pickering-Fleming. Clasificó y catalogó más de 10000 estrellas para el Catálogo Henry Draper (un catálogo de estrellas editado por primera vez en 1890). Descubrió 59 nebulosas gaseosas, incluida la célebre Nebulosa Cabeza de Caballo en 1888, aunque el astrónomo John Dreyer, autor del Catálogo Índice (un catálogo de objetos estelares difusos, tales como nebulosas y galaxias), atribuyó en un primer momento todos sus hallazgos a Pickering y no reconoció sus méritos hasta 1908. También descubrió 310 estrellas variables y 10 novas. En 1910 descubrió la primera enana blanca, 40 Eridani B, parte del sistema estelar triple 40 Eridani. Y también dirigió con mano de hierro durante décadas la labor de las Calculadoras de Harward.

Las Calculadoras de Harvard (c. 1890). En la foto están Henrietta Swan Leavitt (sentada, tercera desde la izquierda), Annie Jump Cannon, Williamina Fleming (de pie en el centro) y Antonia Maury.

En 1882 el Observatorio recibió una importante donación: Henry Draper, un conocido médico y astrónomo aficionado (y amigo personal de Pickering) legó a Harvard al morir una importante cantidad de dinero para financiar la confección del catálogo que llevaría su nombre y su colección de fotografías de objetos estelares (se le considera el pionero de la astrofotografía). Pickering se dio cuenta de que las fotografías del cielo nocturno podían convertirse en una herramienta extraordinaria para el estudio astronómico. Durante siglos las observaciones se hacían de la misma manera, observando de manera directa y tomando notas en el momento; solo habían cambiado los telescopios, que se habían hecho más y más precisos. Sin embargo, el estudio del cielo a través de fotografías tenía numerosas ventajas: permitían un estudio más cuidadoso, captaban objetos de brillo escaso que escapaban al ojo humano, posibilitaban comparar imágenes de un mismo cuadrante para ver si algún objeto se había movido o había variado su brillo, y hacían posible revisar los resultados tantas veces como fuera necesario. Pickering incluso desarrolló un sistema para fotografiar el espectro de múltiples objetos a la vez colocando un prisma delante de la placa fotográfica.

El problema era que esa nueva aproximación al estudio del espacio suponía una ingente cantidad de trabajo. A las placas fotográficas de la colección de Draper se le sumaron otras muchas fruto del trabajo de Pickering y sus colaboradores (el archivo del Observatorio llegó a tener alrededor de medio millón de placas). Cada placa era estudiada individualmente; a veces, se estudiaban series de placas del mismo cuadrante para comprobar posibles variaciones. Había que calcular órbitas, espectros, el brillo y la posición de cada objeto. Una tarea laboriosa y repetitiva que necesitaba mucha mano de obra. Fue entonces cuando Maria Mitchell, una de las grandes pioneras de la presencia femenina en el campo de la astronomía, investigadora y profesora en el Vassar College, sugirió a Pickering que contratara a mujeres matemáticas para que llevaran a cabo la ardua labor de extraer una suma de datos coherentes de aquellas fotografías.

Edward Charles Pickering (1846-1919)

Mitchell creía que las mujeres eran más capaces que los hombres cuando se trataba de trabajos como aquel, tediosos y repetitivos. Pickering acabó haciéndole caso, pero por otro motivo. El Observatorio recibía una aportación más bien escasa de la Universidad; la mayor parte de su presupuesto provenía de donaciones como la de Draper. Y contratar a mujeres matemáticas resultaba más barato que contratar a hombres. Por lo general, la mayoría cobraba entre 25 y 35 centavos por hora de trabajo (aproximadamente la mitad que un matemático varón), más de lo que cobraban las trabajadoras de las fábricas pero menos, por ejemplo, que una secretaria. Algunas incluso lo hacían voluntariamente, con la intención de conseguir experiencia en un campo tradicionalmente cerrado y masculinizado como la astronomía. Y Williamina Fleming las dirigía con disciplina espartana.

Lo cierto es que ya había mujeres trabajando en el Observatorio desde hacía años. La primera, Anna Winlock, llevaba allí desde 1876, antes incluso de que Pickering fuera nombrado director. Pero fue Pickering el que, a pesar de las reticencias y los prejuicios de otros profesores, que dudaban de la capacidad de las mujeres para la investigación científica, decidió formar un equipo exclusivamente femenino que con el tiempo acabaría siendo conocido como "Las Calculadoras de Harvard" (otros las llamaban burlonamente "El harén de Pickering"). Algunas, como Winlock o la propia Fleming, eran brillantes autodidactas. Otras se habían graduado en universidades femeninas de prestigio como el Radcliffe College o el Wellesley College. Pero todas compartían un talento especial para las matemáticas, y en numerosos casos su aportación a la astronomía fue más allá de los simples cálculos rutinarios que se esperaban de ellas.

El Observatorio Astronómico de Harvard (1900)

Annie Jump Cannon (1863-1941) fue contratada en 1896 para clasificar las estrellas del Hemisferio Sur. También creó el llamado Sistema de Clasificación de Harvard, que atribuye a cada estrella una letra de una serie de 7 (O, B, A, F, G, K, M) según su temperatura (siendo las O las más calientes y M las más frías) y que aún se utiliza hoy en día. Fue la primera mujer en recibir un doctorado honorífico en matemáticas y astronomía de una universidad europea, en 1922, por parte de la Universidad de Groningen. Recibió la misma distinción en 1925 por parte de la Universidad de Oxford. En 1938 fue nombrada profesora de astronomía en Harvard, algo que le habían negado durante décadas, pese a sus innumerables méritos.

Antonia Maury (1866-1952), sobrina de Henry Draper, trabajó para Pickering desde 1888. Perfeccionó el sistema de clasificación de Annie Cannon y se convirtió en una de las primeras astrónomas en investigar los sistemas de estrellas binarias. Sin embargo, el hecho de que buena parte de su trabajo fuera atribuido a Pickering la llevó a dejar el Observatorio en 1891. Tras dos años dando clase regresó en 1893 para completar sus trabajos y publicar su propio catálogo de observaciones, esta vez bajo su nombre. Su trabajo resultó fundamental para la creación del llamado Diagrama de Hertzsprung-Russell, que compara el brillo de cada estrella con su temperatura. Nuevos roces con Pickering le llevaron a abandonar el Observatorio de nuevo en 1896, dedicándose a la enseñanza, y regresó en 1918, poco antes de la muerte de Pickering, como profesora adjunta, permaneciendo en Harvard hasta su retiro en 1948.

Henrietta Swan Leavitt (1868-1921), miembro de las Calculadoras como voluntaria desde 1893, aunque no se la contrató de manera oficial hasta 1902, se especializó en el estudio de las estrellas variables. Aunque muchos de sus hallazgos se atribuyeron a otros investigadores como Pickering o Edwin Hubble, descubrió más de 2400 estrellas de ese tipo, y determinó el patrón de variación de las Cefeidas, un tipo particular de estrellas variables, lo que permitió el cálculo de numerosas distancias relativas y absolutas entre estrellas; aún hoy en día se utilizan los datos y fórmulas de Leavitt para el cálculo de distancias estelares. Su trabajo fue tan impresionante que en 1925 el matemático sueco Gösta Mittag-Leffler le escribió para proponer su candidatura al Premio Nobel de Física... solo para descubrir que había muerto cuatro años antes, a causa de un cáncer de estómago.

Anna Jump Cannon y Henrietta Swan Leavitt (1913)

Florence Cushman (1860-1940) trabajó para el Observatorio durante casi 50 años, entre 1888 y 1937. Fue la responsable de estudiar y clasificar decenas de miles de estrellas que se añadieron a la edición de 1918 del Catálogo Henry Draper.

Margaret Harwood (1885-1979) empezó a trabajar en el Observatorio de Harvard en 1912 y durante años lo simultaneó con la enseñanza y el trabajo en el Observatorio Maria Mitchell de Nantucket. En 1917 descubrió el asteroide (886) Washingtonia. Profesores de Harvard le aconsejaron no hacer público su hallazgo, ya que no era bien visto que las mujeres reclamaran ese tipo de reconocimientos. Harwood envió sus fotografías a otro astrónomo, George Henry Peters, el cual aprovechó para atribuirse el hallazgo.

Evelyn Leland (1867-1931) trabajó en el Observatorio entre 1889 y 1925. Se dedicó al estudio de estrellas variables y espectros estelares y publicó numerosos trabajos con otros miembros del Observatorio.

Cecilia Payne-Gaposchkin (1900-1979) aplicó las leyes de la Física atómica al estudio de la densidad de los cuerpos celestes y concluyó que hidrógeno y helio eran los dos elementos más abundantes del Universo. Su tesis doctoral sobre la naturaleza de las estrellas variables llegó a ser descrita como "la tesis doctoral más brillante jamás escrita sobre astronomía". En 1956 se convirtió en la primera catedrática de la historia de Harvard, y poco después en la primera directora de un departamento.

Las Calculadoras de Harvard en 1913

Estas son solo algunas de las más brillantes entre las Calculadoras. Otras muchas pasaron por el Observatorio sin tanta fama, pero llevando igualmente a cabo un esforzado trabajo para el avance desu disciplina: Mary H. Vann, Alta Carpenter, Dorothy Black, Marion Whyte, Grace Brooks, Johanna Mackie (hermana menor de Williamina Fleming), Arville D. Walker, Edith F. Gill, Mabel A. Gill, Lillian L. Hodgdon, Ida E. Woods, Agnes M. Hoovens, Louisa Winlock (hermana menor de Anna Winlock), Mary B. Howe, Harvia H. Wilson y Margaret Walton fueron algunas de ellas. En total, más de 80 mujeres formaron parte de las Calculadoras, y las últimas permanecieron en el Observatorio hasta la década de 1940.

En cuanto a Williamina Fleming, siguió al pie del cañón hasta prácticamente el día de su muerte. En 1899 fue nombrada Conservadora del Archivo de Fotografías Astronómicas, el primer cargo que Harvard otorgaba a una mujer en toda su historia; cargo que tras su muerte heredó Anna Jump Cannon. En 1906 la Royal Astronomical Society de Londres la nombró miembro honoraria, la primera mujer en recibir tal distinción. En mayo de 1911, tras algún tiempo sintiéndose enferma, se le diagnosticó neumonía y murió el domingo 21. Su hijo Edward, que por aquel entonces estaba en Chile trabajando como ingeniero para una empresa minera, no pudo llegar a tiempo para su entierro.

domingo, 8 de febrero de 2026

90 años después

James "Jim" Hunter (1891-1977) y John "Jack" Hunter (1889-1917)

En septiembre de 2006 un grupo de trabajadores que instalaba unas tuberías en la región belga de Westhoek dio por casualidad con las tumbas de cinco soldados de la Primera Guerra Mundial. Un entusiasta local de la Primera Guerra Mundial y arqueólogo aficionado llamado Johan Vandervalle avisó a las autoridades para que el enterramiento fuera convenientemente protegido y excavado. Uno de los cuerpos parecía haber sido enterrado con mayor cuidado y atención que los otros: tenía los brazos cuidadosamente cruzados sobre el pecho, había sido envuelto en una tela impermeable y amarrado con alambre. 

Este esmero despertó la curiosidad de Vandervalle, que quiso averiguar la identidad de aquel soldado. Sin embargo, aquellos hombres habían sido enterrados sin ninguna identificación ni objetos personales. Por las insignias de sus uniformes se pudo saber que eran soldados australianos de la 4ª División de la Australian Imperial Force (AIF), pero nada más, así que Vandervalle se puso en contacto con la Australian Army History Unit, el departamento oficial encargado de recopilar, conservar y difundir la información relativa a las fuerzas armadas australianas. Tras una larga búsqueda en sus archivos, la AAHU dio con los nombres de siete soldados que podían corresponder a los cuerpos de aquella tumba; entre ellos, el del soldado John Hunter. Los medios australianos publicaron la lista de nombres en 2007, y entonces una mujer llamada Mollie Mills vio la lista y pensó que aquel John Hunter podía tratarse del "tío Jack" cuya historia conocía toda su familia.

John "Jack" Hunter era el mayor de los siete hijos de un granjero viudo de la localidad australiana de Nanango, en el estado de Queensland. Trabajaba con su padre y no era un hombre muy dado a las aventuras, pero cuando su hermano Jim (dos años menor) se alistó en el ejército australiano para combatir en Europa, en contra de los deseos de su padre, Jack decidió alistarse también, prometiéndole a su padre que cuidaría de su hermano. Jack se alistó el 25 de octubre de 1916, dos días después de que lo hiciera su hermano. De Nanango fueron por carretera a Brisbane, luego en tren hasta Sydney, y en Sydney se embarcaron en el HMAS Ayrshire el 24 de enero de 1917, llegando a Gran Bretaña el 12 de abril.

Durante tres meses y medio permanecieron en un campo de entrenamiento en la llanura de Salisbury, aprendiendo tácticas para la guerra de trincheras y el uso de las máscaras de gas. Y finalmente, el 25 de agosto se incorporaron como refuerzos al 49º Batallón de la 4º División, acampado en la región belga de Flandes Occidental. Con el resto de la unidad marcharían más tarde hacia la ciudad de Ypres, en cuyas proximidades se libraba desde junio la llamada Batalla de Passchendaele, siendo testigos por el camino de la devastación que cuatro años de combates habían dejado.

Soldados australianos en las trincheras durante la Batalla de Polygon Wood el 26 de septiembre de 1917, el mismo día que murió Jack Hunter

El 49º no fue llamado al frente hasta finales de septiembre, como parte de una ofensiva para desalojar las posiciones alemanas en el bosque de Polygon Wood. Aquella acción, que pasaría a ser conocida como la batalla de Polygon Wood, se prolongó durante una semana entera, del 26 de septiembre al 3 de octubre. La mañana del 26 de septiembre, justo antes del primer ataque, al soldado Jack Hunter se le ordenó internarse en tierra de nadie para retirar un trozo de hojalata que al parecer molestaba la visión de los francotiradores australianos al reflejar la luz del sol. Cuando regresaba a sus líneas un mortero alemán cayó muy cerca de él, hiriéndolo con su metralla. Su hermano Jim estaba cerca, y cuando lo vio tambalearse y caer dentro de la trinchera corrió en su auxilio. Con la ayuda de otro soldado australiano lo colocó en una camilla y lo cargaron durante un kilómetro, mientras a su alrededor los disparos y el estallido de los morteros marcaban el inicio del ataque aliado, hasta el hospital de campaña más cercano. Pero las heridas de Jack eran muy graves y para cuando llegaron al hospital ya había muerto. Cerca de allí fue cavada una tumba para enterrar a varios soldados, incluido a Jack. Su hermano Jim preparó cuidadosamente su cadáver, con la intención de regresar una vez terminada la guerra, recuperarlo y llevárselo de vuelta a Australia.

Los avatares de la guerra llevaron a Jim lejos de allí. Sobrevivió a heridas de bala y al envenenamiento por gas mostaza, pero no pudo regresar a Polygon Wood hasta marzo de 1919, y para entonces el paisaje del lugar había cambiado notablemente. Se había construido una carretera en el lugar y Jim no pudo encontrar las referencias que había memorizado y que marcaban el lugar de la tumba. Tuvo que regresar a Australia, a donde llegó el 8 de junio, con las manos vacías. Jim Hunter tuvo una vida larga y fructífera, se casó, tuvo seis hijos y murió en 1977, a los 86 años de edad, aunque nunca pudo superar la pérdida de su hermano e incluso en su lecho de muerte seguía llamándolo.

La tumba de Jack Hunter, junto a las de los otros soldados que fueron enterrados con él

Mollie Mills se puso en contacto con la AAHU para comunicarle sus sospechas de que uno de aquellos cuerpos era del de su tío Jack. Un análisis de ADN confirmó que aquel cadáver que había sido tan cuidadosamente sepultado era el de John Hunter. Finalmente, en octubre de 2017, noventa años después de su muerte, los restos de John Hunter recibían sepultura en el Buttes New British Cemetery, un cementerio que alberga las tumbas de más de 2000 soldados, muchos de ellos sin identificar, muertos en la Primera Guerra Mundial y originarios de países de la Commonwealth, y situado en el extremo noroeste de Polygon Wood. A su entierro, celebrado con todos los honores militares, asistieron Mollie Mills y su primo James Hunter, hijo de Jim Hunter. En su lápida figura la leyenda "Descansa después de haber estado perdido durante 90 años" y su nombre fue tachado de manera oficial de la lista de soldados desaparecidos en combate que figura en la Puerta de Menin, un monumento en Ypres dedicado a los soldados de la Commonwealth cuyos cuerpos nunca fueron oficialmente identificados.

domingo, 25 de enero de 2026

El hundimiento del Blanche-Nef

El hundimiento del Blanche-Nef

Corría el año de 1115 cuando el rey de Inglaterra, Enrique I, desembarcó en Normandía con su ejército para sofocar una rebelión que había estallado apoyada por el rey Luis VI de Francia y los condes Balduino VI de Flandes y Fulco V de Anjou. Enrique se había proclamado duque de Normandía en 1106 tras derrotar a su hermano Roberto en la batalla de Tinchebray (Roberto pasaría el resto de su vida como prisionero). Ahora, los rivales de Enrique se habían unido para apoyar las aspiraciones al trono normando de Guillermo Clito, hijo de Roberto.

La guerra fue larga y agotadora, y obligó a Enrique a permanecer varios años sin volver a Inglaterra, ni siquiera para asistir al entierro de su esposa Matilde de Escocia en 1118. Finalmente, las tropas de Enrique lograron una gran victoria sobre el ejército rebelde, formado fundamentalmente por soldados franceses, en la batalla de Brémule, el 20 de agosto de 1119. Tras la batalla ambos reyes abrieron negociaciones y finalmente en junio de 1120 alcanzaron un acuerdo de paz que zanjó las disputas: el rey Luis reconocía al hijo y heredero de Enrique, Guillermo Adelin, como legítimo heredero del ducado, a cambio de que Guillermo le rindiera homenaje como gesto de pleitesía. 

Guillermo Adelin o Ætheling (1103-1120)

Tras permanecer unos meses más en el continente, resolviendo algunos asuntos y "disciplinando" a los nobles normandos rebeldes, Enrique decidió que ya era hora de regresar con los suyos a Inglaterra, y a finales de noviembre de 1120 se dispuso a embarcarse. Entre los barcos que tenía a su disposición estaba el Blanche-Nef (Barco Blanco), uno de los navíos más modernos, rápidos y elegantes de la flota inglesa. Era un barco de tipo vikingo, impulsado a vela y a remo, con una tripulación de unos cincuenta marineros y una capacidad de alrededor de trescientas personas. Era propiedad de Thomas FitzStephen, un experimentado marino que también ejercía como capitán. FitzStephen era hijo de Stephen FitzAirard, que había sido capitán del Mora, el buque insignia de la flota con la que el padre de Enrique I, Guillermo I el Conquistador, había trasladado a su ejército desde Normandía hasta Inglaterra para hacerse con el trono inglés.

El plan original era que el rey embarcara en el Blanche-Nef; pero finalmente decidió utilizar otro barco y ceder el buque de FitzStephen a su hijo Guillermo, quien pese a tener solo diecisiete años se había distinguido durante la campaña. Con él se embarcó también su séquito, del que formaban parte entre otros dos de sus hermanastros, dos de los muchos hijos ilegítimos que el rey Enrique había tenido con sus numerosas amantes: Ricardo de Lincoln, que había luchado brillantemente a las órdenes de su padre, y Matilda FitzRoy, condesa de Perche. Y también lo hicieron numerosos nobles ingleses que quisieron viajar con el príncipe. La guerra había sido larga, muchos llevaban años fuera de sus hogares y ansiaban regresar cuanto antes a casa. Además, hacer el viaje en un barco famoso como el Blanche-Nef y en compañía del heredero era cuestión de honor y prestigio.

Al final el número de aspirantes a viajar en el Blanche-Nef era tan elevado que no todos pudieron conseguir un sitio a bordo. Algunos fueron desembarcados a la fuerza, como Esteban de Blois, conde de Boulougne y sobrino del rey Enrique (dependiendo de las fuentes, unos dicen que porque estaba completamente borracho y otros porque sufría de diarrea). Una decisión que luego tendría una notoria influencia en la historia de Inglaterra. Otros, como Rabel II de Mauduit, hijo del chambelán del rey Roberto I de Mauduit (que si iba a bordo), lo hicieron porque temían por la seguridad del barco, que a su juicio iba demasiado cargado. Tampoco iba a bordo la esposa del príncipe Guillermo, Matilde de Anjou, hija de Fulco V, con la que se había casado el año anterior en Lisieux, y que viajó en otro barco. De este modo, finalmente, cuando el Blanche-Nef partió del puerto de Barfleur la tarde del 24 de noviembre de 1120, iban a bordo más de 300 personas, entre marineros y pasajeros, incluidos al menos 140 nobles de algunas de las más distinguidas familias de la aristocracia inglesa.

El Blanche-Nef

El barco partió entre risas y celebraciones. Los pasajeros, felices por regresar a su patria, festejaban y brindaban por tan gozoso viaje. La bebida corría en abundancia, y el príncipe Guillermo, pese a las reticencias de Thomas FitzStephen, ordenó que también se repartiera vino a los marineros para animarlos, una decisión quizá no demasiado acertada. Aquellos nobles ruidosos animaban también a FitzStephen y a su tripulación a navegar lo más rápido posible, con la intención de tratar de adelantar al navío en el que viajaba Enrique I, que había partido algo antes que ellos. Quizá fue por eso por lo que el capitán eligió bordear la Punta de Barfleur, el cabo que constituye el extremo noroccidental de la península de Cotentin, una zona cuyas traicioneras corrientes y afloramientos rocosos convertían la navegación por aquellas aguas en un riesgo. La oscuridad de la noche, que caía con rapidez en aquellas fechas, las prisas y la falta de atención se conjuntaron para provocar una tragedia que pasaría a la historia.

Enrique I de Inglaterra (1068-1135)

Apenas habían recorrido unas millas tras salir del puerto cuando el costado de babor del barco chocó con un afloramiento rocoso conocido como Quillebœuf, que provocó el rápido hundimiento del barco. Decenas de personas fueron a parar a las frías aguas del Atlántico, en una época en la que pocos eran, incluso entre los marineros, los que sabían nadar. Guillermo Adelin logró subirse a un pequeño bote y pudo haberse salvado si se hubiera alejado hacia la costa, pero en medio del caos oyó a su hermanastra Matilda pidiendo auxilio y trató de salvarla. Decenas de náufragos desesperados trataron de subirse al bote y acabaron por hacerlo volcar, ahogándose todos. Thomas FitzStephen, que si sabía nadar, dicen que cuando supo que el príncipe había perecido prefirió ahogarse antes que enfrentarse a la cólera del rey. Al final hubo un único superviviente: un carnicero de Rouen llamado Beroldo, que se encontraba a bordo para tratar de cobrar el dinero que le debían varios de los pasajeros, y que logró permanecer agarrado a una roca hasta que a la mañana siguiente lo rescataron unos pescadores.

El hundimiento supuso una tragedia inédita para la nobleza inglesa. Además del príncipe heredero y sus dos hermanastros, perecieron en el naufragio docenas de nobles, la flor y nata de la aristocracia anglonormanda. Fallecieron por ejemplo Ricardo d'Avranches, conde de Chester; su esposa Lucia-Mahaut de Blois (sobrina de Enrique I); su hermanastro Ottuel; y su cuñado Geoffrey Ridel, barón de Whiteringe. Gilberto d'Aigle, vizconde de Exmes, y sus hijos Geoffroy y Engenulfo. William Bigod, hijo del conde de Norfolk y mayordomo real. Rafael de Pont-Echanfrey, conocido como "Rafael el Rojo", un caballero de fortuna que había salvado a Ricardo de Lincoln de ser capturado en los recientes combates. Ivo II de Grandmesnil y su hermano William, miembros del séquito real e hijos de Ivo de Grandmesnil, sheriff de Leicester. Dos de los hijos de Roger, obispo de Coutances. Y también Teodorico, sobrino nieto del emperador Enrique V del Sacro Imperio Romano Germánico. La esposa de Guillermo, Matilde de Anjou, que iba en otro barco, permaneció varios años en Inglaterra, tratada por el rey como si fuera su propia hija, hasta que decidió regresar a Anjou con su familia. En 1128 ingresó como monja en la Abadía de Fontevrault, de la que llegaría a ser abadesa, donde permanecería hasta su muerte en 1154.

Quillebœuf

Los cuerpos de la mayoría de los muertos en el naufragio nunca se recuperaron. Aunque tiempo después si se pudo rescatar el tesoro que el barco llevaba a bordo, solo se pudo dar sepultura a los pocos cadáveres que el mar arrojó a tierra, entre los cuales no estaba el de Guillermo Adelin.

No faltaron quienes vieron en la tragedia un castigo divino, una teoría muy acorde con las creencias de la época. Se dijo que la algarabía de aquellos disolutos nobles, que su soberbia tratando de adelantar al barco del mismo rey, había hecho caer la desgracia sobre ellos. Se dijo también que dos monjes habían tratado de bendecir el barco y sus pasajeros, deseosos de partir lo antes posible, se lo habían impedido. Incluso el monje e historiador Guillaume de Nangis, que vivió un siglo más tarde, escribió en su Chronicon que el hundimiento había sido un castigo divino porque los hombres que iban a bordo eran sodomitas.

Enrique I se lamenta de la muerte de su hijo Guillermo (autor desconocido, c.1320)

La noticia de la muerte de su heredero fue devastadora para Enrique I. Según cuentan, cuando fue informado de la tragedia se desmayó de la impresión, y dicen que después de aquel día no volvió a sonreir. Pero además la muerte de Guillermo suponía un problema sucesorio ya que era su único hijo varón legítimo. Por eso apenas unos meses más tarde, en enero de 1121, el rey volvió a casarse, tomando por esposa a Adela de Lovaina, con el objetivo de buscar un nuevo heredero que nunca llegó. Al final de sus días Enrique se vio obligado a buscar un heredero alternativo. Tras considerar a sus sobrinos Teobaldo y Esteban de Blois, y a su hijo ilegítimo Roberto de Gloucester, acabó por nombrar heredera a su hija Matilde, casada con el conde Godofredo V de Anjou.

El problema era que ni Matilde ni Godofredo tenían demasiados partidarios ni en Inglaterra ni en Normandía. Además, Anjou era un territorio tradicionalmente rival de Normandía, así que los nobles normandos no se fiaban de Godofredo. Enrique I trató de obligar a los nobles a jurar lealtad a su hija, pero pocos lo hicieron y la mayoría se retractó más tarde. Ante el temor de perder sus derechos sucesorios, Matilde y Godofredo trataron de hacer que el rey les entregase las posesiones reales en Normandía antes de su muerte, pero Enrique I se negó. Y en 1135 estalló una nueva rebelión entre los normandos, que contaba con el apoyo explícito del matrimonio. Pero antes de que Enrique pudiera intervenir, el rey enfermó y murió.

Esteban de Blois, rey de Inglaterra (1092-1154)

La muerte de Enrique I dio lugar a un conflicto civil que se prolongó durante diecisiete años y que los ingleses conocen como La Anarquía. Esteban de Blois, aquel al que habían desembarcado del Blanche-Nef, se proclamó rey con el apoyo de sus hermanos Teobaldo, conde de Blois y Champaña, y Enrique, obispo de Winchester, así como del pueblo de Londres y de la mayoría de la nobleza inglesa. Mientras, Matilda y Godofredo, con el apoyo del hermanastro de ella, Roberto de Gloucester, del condado de Anjou y de David I de Escocia, invadieron con su ejército el sur de Inglaterra, a la vez que estallaba una rebelión entre los siempre insumisos galeses. Los enfrentamientos, con periodos de mayor y menor intensidad, se prolongaron hasta 1153, año en el que ambas partes firmaban la paz con el Tratado de Wallingford: Esteban de Blois era reconocido como rey de Inglaterra, a cambio de reconocer como heredero a Enrique FitzEmpress, el primogénito de Matilde y Godofredo. A la muerte de Esteban en 1154, Enrique subió al trono como Enrique II, el primer rey de la dinastía de los Plantagenet, que permanecería en el trono hasta finales del siglo XV.

domingo, 18 de enero de 2026

Bessie Coleman

Elizabeth “Bessie” Coleman (1892-1926)


Elizabeth Coleman, a la que desde muy niña todos llamaban Bessie, nació el 26 de enero de 1892 en Atlanta (Texas), aunque con apenas dos años su familia se mudó a Waxahachie, también en Texas. Décima de los trece hijos de un humilde matrimonio de aparceros afroamericanos (su padre tenía también ascendencia cherokee), empezó a asistir a la escuela con seis años: una modestísima escuela para negros de una sola habitación, para llegar a la cual debía caminar más de seis kilómetros todos los días. Allí Bessie descubrió su pasión por la lectura y su gran talento para las matemáticas, a la vez que seguía ayudando a sus padres en las labores del campo, como la recolección del algodón. Con doce años fue aceptada en la escuela de la Iglesia Misionera Baptista y con dieciocho se matriculó en la Oklahoma Colored Agricultural and Normal University, uno de los pocos centros en los que las personas de color podían recibir educación superior, aunque solo pudo permanecer un año antes de que se le acabara el dinero y tuviera que regresar a casa de su familia.

En 1915 Bessie se marchó a Chicago con varios de sus hermanos buscando mejores oportunidades y consiguió un empleo como manicurista en un local llamado White Sox Barber Shop, donde rápidamente se hizo popular. Allí comenzó a interesarse por la aviación; varios de sus clientes habituales eran pilotos veteranos de la Primera Guerra Mundial a los que les gustaba contar historias de su tiempo en la guerra. Dos de los hermanos de Bessie también habían servido en la guerra, en las filas del 370º Regimiento de Infantería de la Guardia Nacional de Illinois (la única unidad del ejército norteamericano formada exclusivamente por afroamericanos, incluidos los oficiales); uno de ellos, John, solía contarle como en Francia era habitual ver a mujeres pilotando aviones. Decidida a aprender a pilotar, Bessie envió solicitudes a numerosas escuelas de aviación de todos los Estados Unidos, pero solo encontró negativas: por ser mujer y por ser negra. Pero sin darse por vencida, buscó consejo en Robert S. Abbott, una de las personalidades más destacadas de la comunidad afroamericana de Chicago: abogado, editor y fundador del Chicago Defender, uno de los periódicos para afroamericanos más vendidos del país, el cual la animó a viajar a Francia para aprender a pilotar, y dio publicidad a su caso, consiguiendo el apoyo de numerosas personas, como Jesse Binga, banquero y propietario del mayor banco afroamericano de Chicago. Bessie buscó un segundo empleo para ahorrar dinero, tomó clases de francés y finalmente el 20 de noviembre de 1920 partía en barco desde Nueva York rumbo a Francia.

Fotografía grupal de varios estudiantes de la escuela de vuelo de los hermanos Caudron. Bessie Coleman está a la izquierda, sentada en la cola del avión.

Ya en Europa Bessie fue aceptada en la escuela de pilotos de los hermanos Caudron en Le Crotoy, una de las más reconocidas de Francia. Tras siete meses de entrenamiento, mayormente a los mandos de un vetusto Nieuport 82 (la versión de entrenamiento del avión militar Nieuport 14) Bessie Coleman obtuvo el 15 de junio de 1921 la licencia de piloto de la Federation Aeronautique Internationale (FAI), en aquel momento la organización aeronáutica más prestigiosa del mundo y la única cuyas licencias eran aceptadas prácticamente en todo el mundo. Bessie fue la primera americana de cualquier raza y sexo en obtenerla, además de ser la primera mujer negra y la primera persona de ascendencia nativo americana en conseguir una licencia de piloto. Después de dos meses adicionales de entrenamiento, en septiembre de 1921 Bessie regresó a Estados Unidos, donde fue recibida con gran expectación, sobre todo por parte de los medios afroamericanos.

Sin embargo, las alternativas para los pilotos civiles no eran demasiadas en aquellos tiempos. Los vuelos comerciales tardarían años en ser habituales y las rutas de transporte de correo eran escasas, así que la única alternativa para Bessie eran las exhibiciones aéreas, un entretenimiento muy popular por entonces, en las que los pilotos llevaban a cabo toda clase de acrobacias y cabriolas para delicia del público. Sabiendo que necesitaba mayor experiencia en vuelo, en febrero de 1922 Bessie regresó a Europa, recibiendo dos meses más de entrenamiento intensivo en Francia y viajando luego a Alemania para recibir clases de uno de los más experimentados pilotos de la compañía aeronáutica Fokker, con cuyo presidente y fundador, el holandés Anthony Fokker, llegó a entrevistarse.

De vuelta en EEUU, Bessie debutó como piloto acrobático el 3 de septiembre de 1922, cerca de Nueva York, en un homenaje a los veteranos del 369º Regimiento (formado íntegramente por soldados afroamericanos). Seis semanas después participaba en Chicago en un homenaje similar dedicado a los veteranos del 370º. Fue el inicio de una carrera que la haría rápidamente popular por su habilidad y su arriesgado estilo de vuelo. A finales de 1922 se compró un avión, un Curtiss JN-4D "Jenny" excedente del ejército, pero el 4 de febrero de 1923, mientras entrenaba para una exhibición en Los Angeles, el motor del avión se paró de repente y se estrelló, rompiéndose una pierna y tres costillas, lo que la obligó a estar parada durante siete meses.

Poco después Bessie se instaló en Orlando (Florida), donde fue muy bien acogida por la comunidad afroamericana local y abrió un salón de belleza con el que aumentar sus ingresos, mientras seguía dando exhibiciones por todo el país. Nunca olvidó su compromiso con su raza: daba discursos animando a los afroamericanos a interesarse por la aviación y a defender sus derechos, rechazaba actuar en espectáculos que no permitiesen la entrada a personas negras y siempre mantuvo su sueño de fundar una academia de pilotos en la que los afroamericanos pudieran aprender a volar. Su popularidad era tal que incluso le ofrecieron un papel en una película titulada Shadow and Sunshine, pero tras conocer que en su primera escena iba a aparecer vestida con harapos rechazó el papel; se negaba a seguir perpetuando los mismos estereotipos ofensivos que retrataban a las personas de color como pobres y sin educación. 

Bessie Coleman subida en un Curtiss JN-4D "Jenny" (c. 1924)

En abril de 1926 Bessie compró en Dallas un avión, otro Jenny, con el que pensaba ofrecer una exhibición en Jacksonville (Florida) en mayo. Su mecánico y agente publicitario William Willis se encargó de trasladar el avión desde Dallas hasta Florida, pero diversos problemas mecánicos le obligaron a aterrizar de emergencia hasta en tres ocasiones durante el viaje, un signo inequívoco de que el avión había tenido un pésimo mantenimiento. La familia y los amigos de Bessie le rogaron que no volara con aquel avión, pero ella estaba decidida a hacerlo de todas formas.

El 30 de abril Bessie Coleman y William Willis levaron a cabo un vuelo de reconocimiento para estudiar el terreno sobre el que se iba a llevar a cabo el espectáculo, puesto que Bessie planeaba concluir su exhibición con un salto en paracaídas y necesitaba elegir el lugar más adecuado para aterrizar. Willis pilotaba el avión mientras ella examinaba el suelo bajo ellos; no llevaba puesto el cinturón de seguridad, ya que le impedía asomarse sobre el borde de la cabina. Llevaban apenas diez minutos en el aire cuando de súbito el avión hizo un movimiento extraño y comenzó a caer en picado girando sobre si mismo. Bessie salió despedida del avión a unos 600 metros de altura y murió instantáneamente al caer al suelo. Willis fue incapaz de recuperar el control del avión, que se estrelló y explotó; el piloto murió en el acto. A pesar de lo dañados que estaban los restos, la investigación concluyó que una llave inglesa utilizada en las reparaciones se había soltado accidentalmente en la cabina y había trabado los mandos del avión.

La muerte de Bessie Coleman fue ampliamente tratada en la prensa afroamericana; no así en los medios mayoritariamente blancos, que apenas mencionaron la noticia. El Florida Times-Union de Jacksonville apenas publicó una breve nota sobre "dos muertos en un accidente de aviación" y el New York Times no publicó el obituario de Bessie Coleman hasta 2019, como parte de una serie llamada Overlooked dedicada a personalidades que, por uno u otro motivo, no habían recibido un obituario en el Times en el momento de su muerte.

El 2 de mayo se celebró su funeral en Jacksonville, al que asistieron más de cinco mil personas. Tres días más tarde sus restos llegaron a Orlando, donde se celebró un nuevo funeral, igualmente multitudinario, antes de que su cadáver fuera enviado a Chicago. Allí se celebró una tercera ceremonia, en la que participaron más de diez mil personas, incluidas relevantes personalidades, antes de su entierro definitivo en el Cementerio Lincoln.

Bessie Coleman tenía solo 34 años cuando murió, pero dejó una huella profundísima en el seno de la comunidad afroamericana y su ejemplo sirvió de estímulo y de guía a aquellos que estaban dispuestos a pelear por sus derechos en un país donde todavía eran ciudadanos de segunda clase. En los años siguientes a su muerte se crearon varias escuelas de pilotaje y clubes de pilotos para afroamericanos directamente inspirados por su figura. A día de hoy llevan su nombre calles, escuelas, bibliotecas, pistas de aterrizaje, no solo en Estados Unidos, sino también en ciudades europeas como París, Bruselas o Frankfurt. En 1995 el servicio de Correos estadounidense le dedicó un sello y en 2023 se acuñó una moneda conmemorativa de 25 centavos dedicada a ella.

En 1992 Mae Jemison, ingeniera y médico, se convirtió en la primera mujer afroamericana en viajar al espacio en una misión de la NASA. Ella misma contó como de niña cuando le dijo a una profesora que quería ser científica, ella le preguntó si quería ser enfermera. Y siempre señaló a Bessie Coleman como una de las grandes inspiraciones para sobreponerse a aquellos prejuicios y luchar por alcanzar sus sueños. Por eso, cuando salió al espacio, llevaba con ella, entre otros objetos, una fotografía de Bessie.

domingo, 11 de enero de 2026

Curiosidades (con fotografías)


El 17 de febrero de 1994 científicos de la NASA que estudiaban las fotografías que la sonda espacial Galileo había tomado seis meses antes del asteroide (243) Ida I hicieron un sorprendente descubrimiento: el asteroide tenía un pequeñísimo satélite, de apenas kilómetro y medio de diámetro, al que llamaron Dáctilo (los dáctilos eran, según la mitología griega, una raza de hombrecillos sobrenaturales que habitaban en el monte Ida de Creta, y que según algunos mitos habían sido los que enseñaron a los hombres la metalurgia, las matemáticas y el alfabeto). Dáctilo fue el primer satélite de un asteroide que se descubrió, y su hallazgo puso fin a una larga controversia astronómica acerca de si los asteroides podían o no tener lunas. Sobre su origen, hay dos teorías: que se formó a la vez que Ida y luego quedó atrapado en su campo gravitatorio, o bien que es una parte del asteroide desprendida a causa de un impacto.



En agosto de 2024 un grupo de pescadores capturó en la costa de Costa Rica un tiburón de un insólito color naranja brillante y ojos completamente blancos. El tiburón, un tiburón nodriza (Ginglymostoma cirratum), no parecía tener ninguna otra característica peculiar aparte de su color, y fue liberado poco después. Tras examinar las fotografías que los pescadores tomaron del tiburón, los expertos han concluido que sus peculiaridades podrían deberse a la coincidencia de dos defectos genéticos muy poco corrientes: el albinismo (carencia de la pigmentación habitual) y el xantismo (acumulación de pigmentos amarillos o anaranjados). Para ellos ha sido una sorpresa no solo encontrar esas dos características tan raras en un mismo individuo (es el primer caso conocido) sino que ese tiburón haya conseguido llegar a la edad adulta, ya que su llamativa coloración supone una desventaja a la hora de esconderse de los depredadores.


En 2015 y 2016 los ciudadanos de Nueva Zelanda sometieron a referendum la posibilidad de cambiar su bandera, que tiene la Union Jack británica y la constelación de la Cruz del Sur sobre un fondo azul marino. Muchos creían que la presencia de la bandera británica era un anacronismo heredado de su pasado colonial, y que la bandera en sí era demasiado parecida a la de Australia, lo que creaba no pocas confusiones. La primera fase del referendum, celebrada entre el 20 de noviembre y el 11 de diciembre de 2015, sirvió para elegir un diseño alternativo entre las propuestas presentadas; el ganador resultó ser un diseño propuesto por un arquitecto llamado Kyle Lockwood, que conservaba la Cruz del Sur sobre un fondo azul y negro en el que también figuraba una hoja de helecho plateado (Cyathea dealbata), una planta emblemática de Nueva Zelanda. En la segunda fase, entre el 3 y el 24 de marzo de 2016, los votantes decidieron si mantener la bandera original o adoptaban la versión alternativa; ganó la opción de mantener la bandera actual con un 56'74% de los votos.


El 31 de octubre de 2017, día de Halloween, el doctor Paul Locus, obstetra en el Henry County Medical Center de Paris (Tennessee), se encontraba en una fiesta, disfrazado del Joker, cuando le llamaron para asistir de manera urgente a un parto. Sin tiempo para cambiarse de ropa, el doctor atendió el parto vestido todavía con su disfraz.


Las lámparas destructoras de gas de cloaca, conocidas vulgarmente como "fart lamps", eran lámparas diseñadas para extraer y quemar el exceso de gases inflamables, fundamentalmente metano, producidos en las alcantarillas, previniendo así posibles explosiones. Se empezaron a instalar en la década de 1890 y llegaron a ser bastante habituales en muchas ciudades de Gran Bretaña y Estados Unidos. En la actualidad se conservan solo unas pocas, por su interés histórico. En la ciudad de Londres se conserva solo una en Carting Lane, una callejuela al lado del Hotel Savoy.


En 1952 en plena Guerra de Corea el sargento Frank Praytor del cuerpo de Marines adoptó una gatita huérfana después de que su madre muriera en un bombardeo. Praytor llamó a la gata "Miss Hap" (un juego de palabras; en inglés "misshap" significa "accidente") porque según él "había nacido en el lugar equivocado en el momento equivocado". Esta fotografía de Praytor alimentando a la gata con una jeringa se hizo muy popular cuando se publicó en Estados Unidos. Praytor logró criar a la gata con leche y carne de sus raciones; y cuando regresó a casa, la gata quedó al cuidado de su unidad. Posteriormente otro Marine, el cabo Conrad Fisher, la adoptó y la llevó con él a los Estados Unidos.


En 1877 un buscador de fósiles llamado Oramel Lucas, que trabajaba para el célebre paleontólogo Edward Cope, descubrió en un yacimiento en Garden Park (Colorado) una enorme vértebra fósil de dinosaurio de una especie nueva a la que Cope llamó Amphicoelias fragillimus (en la actualidad renombrada como Maraapunisaurus fragillimus). La vértebra destacaba por su tamaño: pese a estar incompleta, medía metro y medio de longitud, con lo que se calcula que podía llegar a medir 2'7 metros estando entera. Esto supondría, comparándola con los restos de otros saurópodos, que se trataría del animal terrestre más grande conocido, con unos 60 metros de longitud y unas 120 toneladas de peso. El problema es que dicha vértebra está en paradero desconocido desde hace décadas (se cree que pudo romperse por su fragilidad o bien catalogarse de manera errónea cuando la colección de Cope fue vendida en 1897 al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York) por lo que solo conservamos los dibujos que hizo de ella Cope. Algunos expertos han mostrado su escepticismo acerca de este hallazgo, mostrando dudas de que pudiera existir un animal de semejante tamaño, y creen que Cope pudo cometer un error a la hora de anotar las dimensiones del fósil.



La primera página de la partitura original de la Tercera Sinfonía de Beethoven, la "Heroica", en la que se aprecia el rasgón provocado por el propio compositor cuando tachó el nombre de Bonaparte, al que estaba dedicada originalmente, enfadado porque el líder francés acababa de proclamarse emperador.


Los "casteddi" son construcciones fortificadas típicas de la isla de Córcega. Construidas en posiciones elevadas como la cima de colinas, están datadas en la Edad de Bronce (en torno al segundo milenio antes de Cristo) y aún no está claro si se trataba de fortalezas defensivas, depósitos de excedentes de la producción agrícola o centros de poder político.


Cuando el célebre violinista genovés Niccolò Paganini falleció en la ciudad de Niza en 1840 el obispo local prohibió que fuera enterrado en suelo consagrado debido a que había muerto repentinamente sin recibir la extremaunción, era masón y estaba muy extendido el rumor de que su maestría musical se debía a un pacto con el diablo. Su cuerpo fue embalsamado y guardado en el sótano de la casa en la que había muerto. En 1853 se obtuvo por fin permiso para trasladarlo al cementerio de Gaione, cerca de Parma, pero no fue hasta 1876 que el Papa Pío IX permitió que fuera enterrado definitivamente en el parmesano Cementerio de la Villetta.


La Thismia rodwayi o "Linterna de hadas" es una curiosa planta endémica de algunas regiones de Australia y Nueva Zelanda. Esta planta carece totalmente de clorofila, por lo que para obtener alimento depende de su simbiosis con un hongo. La planta adulta consta apenas de unas raíces y un pedúnculo del que surge su flor, de un brillante color naranja y menos de dos centímetros de altura, que es la única parte de la planta que sobresale del suelo. Apenas se conoce nada sobre su ciclo vital.


Una de las fronteras más curiosas que existen es la que divide en dos la isla de Märket, en el mar Báltico, que discurre en zigzag separando la parte sueca de la isla de la finlandesa. La frontera original, delimitada en 1809 por el Tratado de Fredrikshamn entre Suecia y el Imperio Ruso, discurría por el medio de la isla dividiéndola en dos mitades. En 1885 el Gran Ducado de Finlandia (una región autónoma del Imperio Ruso) construyó en la isla un faro; pero, creyendo que la isla era tierra de nadie, lo construyó en la parte sueca. El problema se resolvió en 1981: para que los finlandeses pudieran seguir operando el faro, ambos países acordaron intercambiar porciones iguales de territorio.

domingo, 4 de enero de 2026

 El crimen de Níjar y las Bodas de Sangre

Francisca Cañadas Morales (1908-1987), la novia


A Francisca Cañadas Morales la llamaban "Frasquita" porque a su padre, Francisco Cañadas, lo apodaban "el tío Frasco". Otros, despectivamente, la llamaban "Paca la Coja", porque tenía tal defecto. Su familia decía que era a causa de haber padecido poliomielitis de niña; en realidad, había sido su padre el que, cuando todavía era una niña de cuna, la había azotado violentamente para que dejara de llorar, causándole un daño irreparable en una cadera. 

Imposibilitada para las labores del campo, Francisca había aprendido a coser y a bordar, y a gobernar la casa. Su padre, el Frasco, llevado por el sentimiento de culpa por haber dejado lisiada a su hija, la crió con mimo y condescendencia. Y cuando llegó a la edad en la que había que ir pensando en casarla, ofreció una muy generosa dote al hombre que la quisiera como esposa: 3500 pesetas de la época, tierras de cultivo y un pequeño cortijo llamado El Hualix. Una cantidad elevada para una familia humilde como la del Frasco, pero necesaria porque, como solía decir la madre de Francisca, muerta cuando la niña tenía ocho años, "¿Quién se va a casar con una coja?".

Aún así, no aparecieron candidatos a la mano de Francisca, y eso lo aprovechó su hermana mayor, Carmen, para arreglar el compromiso con su cuñado Casimiro. Casimiro Pérez, hermano del marido de Carmen, José, era un par de años mayor que Francisca, y todos lo describen como un hombre honrado, trabajador y algo ingenuo. No es que le entusiasmara Francisca (que era delgada, desgarbada y con la dentadura prominente) pero no le hacía ascos a la buena dote. Y ambas familias cerraron el trato, que aparentemente beneficiaba a todos: Casimiro se quedaba a vivir con su familia política en su cortijo, el dinero seguía dentro de la familia, y Francisca... bueno, Francisca conseguía por fin un marido.

Casimiro Pérez Pino (1906-1990), el novio engañado

La fecha de la boda queda fijada para la noche del 22 al 23 de julio de 1928. Francisca tiene veinte años; Casimiro, veintidós. El banquete se celebraría de madrugada, y la boda con las primeras luces del alba; de ese modo, los hombres podrían irse a trabajar después de la ceremonia y no perderían un día de trabajo. El lugar, el Cortijo del Fraile, en Níjar (Almería), propiedad de la acaudalada familia Acosta, que el Frasco y su familia tienen arrendado. En el banquete, como es tradición, hay buñuelos, garbanzos tostados, vino en abundancia y dos borregos que el Frasco ha hecho sacrificar para la ocasión. Todos parecen contentos. Todos... salvo la novia, que lleva tiempo de un humor sombrío. Ella nunca ha estado conforme con casarse con Casimiro; ha aceptado por la influencia de su familia, pero hay otro hombre que ocupa sus pensamientos y su corazón: su primo Curro Montes.

Francisco Montes Cañadas es cuatro años mayor que Francisca. Es guapo, simpático y tiene fama de mujeriego. Dicen que él y Francisca habían tenido un coqueteo unos años atrás; algo inocente, un tonteo de adolescentes que no había llegado a más. Pero ella nunca había dejado de estar prendada de su atractivo primo.

La noche de la boda Curro acude a la fiesta, como muchos otros. Francisca y Casimiro, vestidos con sus trajes de boda, reciben a los invitados. En un momento dado, Casimiro se siente indispuesto; los nervios, quizá, o el vino. Francisca le dice que se acueste en una de las habitaciones del cortijo. Y cuando se queda a solas, Curro pasa a la acción. A él no le atraía su prima de la misma manera que él a ella, pero la dote era un gran tentación. Empieza a hablarle a Francisca para convencerla de que no continúe con la boda, de que Casimiro no es hombre para ella, de que nunca la hará feliz. Le pide que se vaya con él, que se fugue y deje plantado a su novio, para que los dos puedan casarse. Y le pinta un hermoso futuro para ambos: la familia de Curro tiene propiedades, y con las tierras que él va a heredar y la dote de ella, pueden tener su propio cortijo y vivir cómodamente, sin necesitar nada de nadie. Francisca al principio se resiste, pero no tarda en ceder: "Llévame contigo. Ahora o nunca".

A toda prisa Francisca recoge algunas prendas y las envuelve en un hatillo, y vestida todavía de novia, se va con Curro en su caballo, sin que nadie se de cuenta, rumbo a Los Pipaces, el cortijo de la familia de él, donde piensan que estarán a salvo. Pero su ausencia no tarda en ser descubierta. Es Carmen, la hermana de la novia, la que da la voz de alarma, tras buscarla y no encontrarla en el cortijo. Consuelo, la hermana pequeña de ambas, pide que miren en el pozo, temerosa de que Francisca haya hecho alguna locura. Carmen se burla de ella y le responde que miren también en la chimenea, por si está escondida allí. Pero no tarda en descubrir que falta otra persona: Curro Montes. De inmediato comprende lo que ha pasado, y una furia incontenible se apodera de ella. Lo que ha hecho Francisca es una deshonra imperdonable para ambas familias. Llevada por la ira (y también, quizá, por el resquemor porque su padre haya ofrecido por Francisca una dote muy superior a la suya) corre en busca de su marido, al que le explica lo que le ha pasado y le insta a salir en persecución de los fugitivos. José coge su revólver, y, a caballo y con Carmen sentada a la grupa, sale del cortijo.

José Pérez Pino, el asesino

Curro y Francisca llevan cierta ventaja, pero viajan con calma, creyendo que aún nadie sabe de su huida. José y Carmen, por su parte, espoleados por el afán de venganza, azuzan a su caballo para que corra lo más que pueda. A unos ocho kilómetros del cortijo, en un lugar llamado Cañada Honda, en el camino de la Serrata, los perseguidores dan alcance a la pareja. No hay discusiones ni avisos: al llegar a su altura, José tira de revólver y dispara tres veces contra Curro, matándolo en el acto. Mientras, Carmen se abalanza sobre su hermana, echándole las manos al cuello y estrangulándola hasta que queda inerte. Y entonces ambos, creyendo cumplida su justificada venganza, regresan al cortijo.

Al lugar del suceso llegan poco después dos viajeros. Hay dos versiones: una dice que se trata del hermano de Curro y de su esposa; según la otra, son su padre y una hermana menor. Como sea, los recién llegados ven que Curro está muerto, pero que Francisca solo está desmayada. Cuando logran revivirla, Francisca sufre un ataque de histeria, se niega a responder sus preguntas y pide que la maten a ella también.

La Guardia Civil es alertada y no tarda en llegar al lugar. Su primera decisión es arrestar a Francisca. A continuación, se van hasta el cortijo y arrestan a Casimiro, que no se había enterado de nada. Sin embargo, nadie quiere hablar con las autoridades de lo sucedido. Todos lo saben, pero lo consideran un crimen por honor, un asunto familiar, y se callan. La propia Francisca en un primer momento alega que ha sido un grupo de hombres enmascarados los que los han atacado. No es hasta que es llevada a declarar ante un juez cuando se derrumba y confiesa la implicación de su hermana y su cuñado.

José Pérez admite su culpabilidad y es sentenciado a ocho años de cárcel, por homicidio con los atenuantes de ofuscación y arrebato. Cumplirá solo tres, ya que en 1931 se beneficiará de la amnistía decretada tras la proclamación de la Segunda República, aunque morirá de tifus poco después de quedar en libertad. Contra su mujer Carmen no se llegan a presentar cargos; tiene dos hijos pequeños que quedarán desamparados si ambos progenitores van a la cárcel. Ni la propia Francisca la acusa. Casimiro se va de Níjar y se instala en San José, a unos 20 kilómetros. Se casará y tendrá dos hijos, y morirá en 1990, sin volver a ver a Francisca ni querer hablar de lo sucedido. En cuanto al Frasco, él y su familia dejarán el Cortijo del Fraile, huyendo de los malos recuerdos. El Frasco se casará más adelante con una joven de 22 años, con la que tendrá otros dos hijos. 

¿Y qué pasó con Francisca? Señalada como la culpable de la tragedia, soportará una brutal campaña de injurias por parte de la prensa de la época, que ha convertido el crimen en noticia de portada, despertando el interés en toda España e incluso más allá de sus fronteras. Fea, dentuda, veleidosa, voluble, promiscua, son algunos de los epítetos que le dedicarán los periódicos. Se instala sola en el Hualix, donde pasará el resto de su vida, sin apenas salir de su casa más que para ir a la iglesia, vistiendo de luto (la Pena Negra) como recuerdo de la muerte de Curro. Nunca se casará, ni tendrá relación alguna con otro hombre. Vivirá en completa soledad, salvo en sus últimos años cuando, ya enferma, una sobrina suya también llamada Francisca se irá a vivir con ella para cuidarla. Tampoco tendrá casi ninguna relación con el resto de su familia. Con su padre apenas volverá a hablar. Con su hermana Carmen, a pesar de que esta vive a poca distancia de ella, solo volverá a hablar en una ocasión: estando Francisca en cama, enferma, su hermana llega a su casa y, pese a la oposición de su sobrina, se encuentra con Francisca para pedirle perdón. Ella la perdonó, pero no quiso volver a verla nunca más. Convertida en un personaje esquivo y huraño, negándose a conceder entrevistas a periódicos y revistas que cada cierto tiempo revivían la memoria de aquel crimen, murió en 1987.


Aún quedan puntos oscuros en todo lo sucedido, que ni los implicados ni sus familias quisieron jamás aclarar, deseosos de que todo el asunto se olvidara. Se dice que Curro actuó incitado por su madre, a la que estaba muy apegado, y que según contaban algunos le dijo a una vecina el día de la boda que no iba a asistir porque "a lo mejor la boda se celebra en mi casa". También se rumoreaba que el Frasco estaba al tanto de la fuga y había dado su consentimiento, sabiendo que Francisca estaba enamorada de Curro.

Convertido en uno de los crímenes más famosos de su época, el crimen de Níjar no solo fue ampliamente tratado en la prensa, sino que sirvió de inspiración para una de las obras más famosas de la literatura española de principios del siglo XX. El poeta Federico García Lorca supo del caso como muchos otros por los periódicos y quedó desde un primer momento fascinado con la historia: cuentan que dijo "Que prodigios trae la prensa. Es una historia difícil de inventar" y acto seguido llamó a su amiga la actriz Margarita Xirgú para anunciarle que ya tenía argumento para su siguiente obra. Aunque en realidad no la escribiría hasta 1931 y no la estrenaría hasta 1933: una obra de teatro llamada Bodas de Sangre, que Xirgú protagonizaría en su estreno en Barcelona, y en 1938 cuando fue llevada al cine. La escritora Carmen de Burgos también escribió su propia versión del crimen: una novela titulada Puñal de Claveles, publicada en 1931.