Verba volant, scripta manent

domingo, 1 de agosto de 2021

Pequeñas historias (XXV)

Cuentan que en cierta ocasión Genghis Khan, mientras cazaba en las cercanías de la montaña de Burkhan Khaldun, no lejos de donde había nacido, quedó tan impresionado por la belleza del paisaje que declaró aquel área (de unos 240 km2) como sagrada, prohibiendo la entrada en ella a nadie que no fuera de su familia, y encargando a los darkhad, un clan de guerreros de élite, su custodia para que nadie incumpliera esa orden, bajo pena de muerte. Los darkhad y sus descendientes cumplieron su misión y custodiaron el lugar (que sería conocido como Ikh Khorig o Gran Tabú, y donde según algunos estaría la tumba del propio Genghis Khan y de muchos de sus sucesores) durante casi 700 años, desde la muerte de Genghis Khan en 1227 hasta que en 1924 las autoridades de la recién creada República Popular de Mongolia decretaron la región como "Área altamente restringida", prohibiendo el acceso no solo a ella sino a las áreas circundantes, por miedo a que la memoria histórica de las hazañas del Khan incitara al nacionalismo mongol.

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Moe Berg fue un personaje peculiar. Licenciado en la Universidad de Princeton, con una inteligencia por encima de la media, hablaba ocho idiomas y además fue jugador profesional de béisbol durante 16 años, en equipos como los Cleveland Indians o los Boston Red Sox. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó como espía en Europa para el gobierno norteamericano. Una de sus misiones consistió en asistir a una conferencia que el físico alemán Werner Heisenberg (ganador del Nobel de física en 1932) dio en Zürich a finales de 1944. Sus órdenes eran que si algo de lo que el físico decía en su conferencia le llevaba a pensar que los alemanes estaban cerca de construir una bomba atómica, debía asesinar a Heisenberg de inmediato. Berg concluyó que los alemanes aún estaban lejos de lograrlo y por ello no atentó contra la vida del físico.

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Después de la sangrienta batalla de Shiloh (6-7 de abril de 1862), durante la Guerra Civil norteamericana, numerosos soldados quedaron heridos sobre el campo de batalla, y algunos tardaron hasta dos días en ser socorridos. En algunos de esos soldados se describió un extraño fenómeno por el que sus heridas brillaban levemente en la oscuridad, un fenómeno que acabó siendo conocido como "Angel's glow" ("El resplandor de los ángeles"). Algunos médicos militares como el confederado James Dinwiddie notaron que aquellas heridas que presentaban el "Angel's glow" se infectaban menos y curaban más rápido que las heridas normales. En la actualidad se cree que las condiciones de humedad y temperatura del campo favorecieron la proliferación de una bacteria bioluminiscente, la Photorhabdus luminescens, que además produce sustancias de acción antibiótica, lo que explicaría por qué las heridas donde se encontraba se infectaban menos.

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Lord Cuthbert Collingwood, almirante de la Royal Navy y estrecho colaborador de lord Nelson, solía llevar sus bolsillos llenos de bellotas durante sus paseos por el campo, plantándolas allí donde le parecía que podía ser un buen lugar para que creciera un roble. Su objetivo era "asegurarse de que a la Marina nunca le faltaran robles con los que construir los navíos de guerra de los que dependía la seguridad del país".

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Khnumhotep y Niankhkhnum fueron dos manicuristas de la corte del faraón Nyuserre Ini (siglo 25 antes de Cristo) que fueron encontrados enterrados juntos en Saqqara en una tumba compartida, similar a la de muchas parejas casadas. En su tumba se encontró la inscripción "Unidos en la vida y unidos en la muerte" por lo que muchos creen que se trata de la primera pareja homosexual de la que se tiene noticia.

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En los años 60 el ejército norteamericano llevó a cabo un experimento donde dos personas sin ningún tipo de experiencia ni instrucción en temas relacionados con la energía nuclear tenían que diseñar una bomba atómica únicamente con la información disponible al público en general. Tuvieron éxito.

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Charondas fue un legislador de la ciudad siciliana de Catania que vivió en torno al siglo VI a. C. y que, entre otras leyes, prohibió bajo pena de muerte que nadie entrara armado a la Asamblea de la ciudad. Un día Charondas llegó a la Asamblea tras haber estado cazando llevando todavía un cuchillo en su cinturón. Para hacer cumplir su propia ley, Charondas cometió suicidio.

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Un día de 1888 el inventor sueco Alfred Nobel se sorprendió al encontrar su propia esquela en los periódicos. En realidad, el que había muerto era su hermano Ludvig, pero a Nobel le impactó que la mayoría de los obituarios destacasen únicamente su faceta como fabricante de explosivos (uno de ellos le llamaba incluso "el mercader de la muerte"). No queriendo ser recordado de esa forma, Nobel redactó un nuevo testamento donde legaba la mayor parte de su fortuna para la creación de los Premios Nobel.


martes, 27 de julio de 2021

Un millón de páginas

Pues bueno, pues ha llegado el momento que nunca creí que llegaría cuando empecé este blog hace once años ya. En algún momento de estas últimas 24 horas este humilde blog ha alcanzado el millón de páginas vistas. Algo que jamás imaginé cuando comencé con lo que no era más que una especie de diario de historias curiosas o sorprendentes a las que soy  muy aficionado.

Gracias, de verdad, infinitas gracias a todos aquellos los que lo habéis hecho posible. A todos los que se siguen fielmente mis publicaciones (aunque a veces mi falta de tiempo las haga aparecer con menor frecuencia de lo deseado), a todos los que se pasan ocasionalmente, a todos los que visitaron el blog puntualmente por cualquier motivo, gracias a todos.

Un abrazo.

Anécdotas de cine

Jack Nicholson rechazó el papel de Michael Corleone en El padrino (1972) por dos motivos: por agotamiento (había rodado 26 películas en 13 años) y porque creía que el papel (que luego interpretaría Al Pacino) debía ser para un actor de origen italiano. Por la misma época Nicholson también rechazó protagonizar, entre otras películas, El exorcista, El golpe y Chacal.

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Durante el rodaje de Doble sacrificio (A bill of divorcement, 1932), sus dos protagonistas, Katherine Hepburn y John Barrymore, se llevaron fatal y tuvieron numerosas discusiones. Tras finalizar el rodaje de la última escena de la película, Hepburn exclamó "¡Gracias a Dios ya no tengo que actuar más contigo!", a lo que Barrymore tranquilamente respondió: "No me había dado cuenta de que lo habías estado haciendo, querida".

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En cierta ocasión el director Guillermo del Toro olvidó en el asiento trasero de un taxi todas las notas, documentos, escenas escritas, diseños, etc. para la película El laberinto del fauno, un material que le había costado años reunir. El mismo reconoció que si el taxista no se hubiese dado cuenta de su importancia y posteriormente buscado para devolvérselo, probablemente el filme nunca se habría rodado.

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En una entrevista, el director de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Robert Zemeckis, admitió que tanto él como Steven Spielberg, productor de la película, querían a Bill Murray como protagonista, pero como nadie sabía donde encontrarlo ni como ponerse en contacto con él, el papel lo acabó interpretando Bob Hoskins. Cuando Murray leyó la entrevista sufrió un ataque de ira y se puso a gritar en público, porque era un papel que le habría encantado interpretar.

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Por sorprendente que parezca, la película ET el extraterrestre fue estrenada con restricciones de edad en los países nórdicos: en Suecia se prohibió para los menores de 11 años, en Noruega para los menores de 12 y en Finlandia a los menores de ocho. ¿El motivo? La supuestamente "aterradora y amenazante" atmósfera del filme.

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Fidel Castro dijo de Tiburón (1972) que era "una devastadora crítica marxista del capitalismo norteamericano".

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Durante el rodaje de la película Skippy (1931) el director Norman Taurog necesitaba que el actor infantil Jackie Cooper llorara para una escena. Para hacerlo llorar, Taurog hizo creer a Cooper (que además era su sobrino) que la policía se había llevado a su perro y le había pegado un tiro.

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Durante el rodaje de Aguirre, la cólera de Dios (1972) el actor Klaus Kinski causó tantos problemas que, cuando intentó abandonar el rodaje de una escena especialmente complicada, el director Werner Herzog lo amenazó con dispararle si lo hacía, y cuando el jefe de una tribu local (el filme se rodó en la selva amazónica) le ofreció asesinarlo por él, Herzog rechazó la idea "solo porque necesitaba que Kinski acabara el rodaje".

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Quentin Tarantino se gastó todo el presupuesto para la banda sonora de Reservoir dogs en conseguir los derechos de una única canción, Stuck in the middle with you, de Stealers Wheel. Los derechos del resto de las canciones los consiguieron los productores del filme gracias a un acuerdo con varias discográficas para la edición de la banda sonora.

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El actor chino Jackie Chan sufrió un grave accidente en 1986 mientras rodaba la película La armadura de Dios, al golpearse la cabeza con una piedra. Desde entonces tiene un agujero en el cráneo, cubierto con un implante de plástico, lo que no le ha impedido rodar docenas de películas de acción hasta hoy.

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El mítico final de la película Con faldas y a lo loco (1959), en el que Jack Lemmon le dice a su pretendiente "No me comprendes, Osgood... ¡soy un hombre!" y él responde "Bueno, nadie es perfecto" no estaba en el guión original de la película, y no se añadió hasta la noche previa al último día de rodaje.

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Durante el rodaje de Abyss (1989) el actor Ed Harris estuvo a punto de ahogarse mientras filmaba una escena en la que su personaje desciende al fondo del océano. La intervención de un cámara evitó males mayores. Posteriormente, Harris le pegaría un puñetazo en la cara al director James Cameron por haber seguido filmando mientras casi se ahogaba.

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Ramiro Alanis, un habitante de Florida, entró en el Libro Guinness de los Records  después de haber visto la película Avengers: Endgame en el cine 191 veces, lo que equivale a 576 horas, 24 días completos.

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En una ocasión le preguntaron al actor Michael Caine sobre su actuación en la película Tiburón, la venganza (1987). Caine, con mucha ironía, respondió: "Nunca la he visto, y según todas las referencias es terrible. Pero si he visto la casa que me compré con el dinero que me pagaron por ella, y es estupenda".


domingo, 18 de julio de 2021

 El robo del Retrato del duque de Wellington

Retrato del Duque de Wellington (Francisco de Goya, 1812)

Francisco de Goya pintó su célebre Retrato del duque de Wellington en 1812, coincidiendo con la entrada del militar británico en Madrid al frente de sus tropas, tras haber derrotado a los franceses en Arapiles. El retrato, pintado al óleo sobre una tabla de caoba, muestra al duque de medio cuerpo, con su uniforme cargado de medallas, y fue un encargo privado del propio Wellington, quien llegó a posar para el pintor. El propio Goya retocó en 1814 el cuadro, a petición de Wellington, para añadirle varias condecoraciones que el general había recibido en esos dos años por sus méritos combatiendo a las tropas de Napoleón. Goya también hizo un retrato a tiza del duque, que a día de hoy se encuentra en el Museo Británico, y un Retrato ecuestre del duque de Wellington, de gran tamaño, que se conserva en Apsley House, la residencia londinense de los duques de Wellington. Un estudio de este Retrato ecuestre con rayos X llevado a cabo en 1960 reveló que Goya había pintado el rostro de Wellington sobre un cuerpo pintado con anterioridad, y que se cree que correspondía al político Manuel Godoy o bien al rey José I Bonaparte.

El cuadro permaneció en poder de Wellington hasta su muerte en 1852. Después de eso, pasó a manos de Louisa Catherine Caton, cuñada de su hermano mayor Richard, marqués de Wellesley (casado con la hermana de Louisa, Marianne), viuda de Felton Hervey-Bathurst, hombre de confianza y amigo personal de Wellington (hasta el punto de que el duque había sido uno de los testigos de su boda) y entonces casada en segundas nupcias con Francis D'Arcy-Osborne, 7º duque de Leeds. El cuadro perteneció durante más de un siglo a los duques de Leeds hasta que en 1961 John Francis Osborne, 11º duque, reconocido manirroto, decidió venderlo para saldar algunas de sus muchas deudas. La subasta tuvo lugar en la célebre casa Sotheby's y el cuadro acabó siendo adjudicado al magnate petrolero y coleccionista de arte norteamericano Charles Wrightsman por la elevadísima suma de 140000 libras. Wrightsman no tuvo problema en anunciar que su intención era llevarse el cuadro a EEUU para donarlo al célebre Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Este anuncio provocó una conmoción entre los británicos. La idea de que una de sus obras de arte más notorias estuviese a punto de salir del país, probablemente para siempre, causó un enorme revuelo y numerosas peticiones se elevaron para que el gobierno impidiera la marcha de una obra de tanta importancia artística e histórica. Ante tantas presiones, Wrightsman accedió a vender la obra por la misma suma que había pagado. Finalmente, una organización benéfica, la Wolfson Foundation, aportó cien mil libras mientras el gobierno británico ponía las otras 40000, y el cuadro acabó yendo a parar a la National Gallery de Londres, donde se exhibió desde el 2 de agosto de 1961. Y justo diecinueve días después, el 21 de agosto... el cuadro era robado.

Los británicos se levantaron aquel día con la noticia del robo en todos los medios. El cuadro se había literalmente desvanecido sin dejar rastro; el ladrón había logrando eludir el sofisticado sistema de seguridad de la National Gallery sin dejar huellas, indicios ni testigos. Fue un golpe tan limpio que la policía de inmediato pensó que era obra de algún experto ladrón de arte. Tratándose de un cuadro tan famoso, que en modo alguno podía ser vendido de forma convencional, se manejaron dos opciones: que se tratara de un robo por encargo, por orden de algún coleccionista caprichoso que quería poseer el retrato aun cuando no pudiera enseñárselo a nadie; o bien que los autores solicitasen un rescate por su devolución.

Se inició, por supuesto, una operación de búsqueda a gran escala. Se interrogó a numerosos sospechosos, se escudriñó el mercado ilegal de arte, se dio aviso a la Interpol por si el cuadro ya había salido de Gran Bretaña, se ofreció una recompensa de 5000 £ e incluso el director de la National Gallery, abochornado, renunció a su puesto. Pero todo fue inútil. No se encontró ni el más mínimo indicio sólido del paradero del cuadro. Mientras, en la agencia de noticias Reuters se había recibido una carta de alguien que decía ser el ladrón del cuadro y que pedía por su devolución la cantidad de 140000 libras (la misma cantidad que se había pagado por él) para obras de caridad y la amnistía para el ladrón. Nadie tomó demasiado en serio esta petición, por más que el anónimo remitente enviase más cartas a aquel y a otros destinatarios, reiterando su ofrecimiento y señalando que su intención era emplear el dinero en pagar las licencias de televisión (el impuesto obligatorio que pagan todos los habitantes del Reino Unido que poseen una televisión, y que se dedica a financiar la BBC) de "los ancianos y los pobres olvidados por una sociedad opulenta", y que su intención era "recaudar dinero de los bolsillos de los que aman más el arte que la caridad".

007 contra el Doctor No (1962)

La investigación policial acabó en un punto muerto. Sin ningún indicio del paradero del cuadro, su destino acabó siendo parte de la cultura popular. Un ejemplo de ello es la película 007 contra el Doctor No (1962), la primera de la saga Bond, que incluye un divertido guiño al caso: James Bond se infiltra en la guarida secreta de su enemigo, el villano Doctor Julius No, y allí aparece el retrato de Wellington, sobre un caballete, Bond lo mira durante un momento y murmura irónicamente "Así que aquí estaba".

Así hasta que en mayo de 1965 el periódico sensacionalista Daily Mirror recibía un mensaje anónimo que indicaba que el cuadro desaparecido se encontraba en el interior de una taquilla de la estación de tren de New Street, en Birmingham. La policía acudió al lugar y, efectivamente, allí estaba el cuadro, sin su marco, pero en un aparente buen estado de conservación. Tras un breve estudio que confirmó que se trataba del cuadro original y no de una copia, fue devuelto a la National Gallery, de donde no ha vuelto a salir.

Esto no hizo más que añadir nuevos interrogantes al caso. ¿Por qué habían devuelto el cuadro de repente, después de casi cuatro años? ¿Por qué, si no habían conseguido nada a cambio? La investigación se reactivó pero de nuevo los policías se encontraron sin pistas que seguir. Hasta que dos meses después de la aparición del Goya, un hombre llamado Kempton Bunton se entregaba en una comisaría de Londres afirmando haber sido el autor del robo. 

Kempton Bunton era justo lo opuesto que esperaba encontrar la Policía. En lugar del sofisticado ladrón de arte que habían imaginado, Bunton era un conductor de autobuses retirado de 61 años, miope, con sobrepeso y numerosos achaques, y que vivía con su esposa cobrando una pequeña pensión. Tan diferente era de lo que esperaban, que en un primer momento no lo creyeron, y lo tomaron por un chiflado que buscaba notoriedad. Solo después de los detalles que Bunton les dio en su declaración, muchos de los cuales no se habían hecho públicos, se convencieron de que, efectivamente, había sido él el autor del robo.

Kempton Cannon Bunton (1904-1976)

Bunton era un hombre testarudo y cabezota, siempre dispuesto a defender sus ideas a cualquier coste; a lo largo de su vida, había sido despedido en varias ocasiones por sus discusiones con sus jefes o compañeros de trabajo, empeñado en hacer prevalecer sus puntos de vista. Precisamente, el pago de la licencia de televisión era una de sus grandes obsesiones. Bunton lo consideraba un impuesto injusto y arbitrario, y se había negado a pagarlo durante años; eso le había costado varias multas e incluso pasar 13 días en la cárcel, lo que había aumentado aún más su resentimiento contra el gobierno. Por eso, cuando supo lo que ese gobierno había gastado en el cuadro, mientras seguía cobrando la licencia de televisión a personas como él, que a duras penas llegaba a fin de mes con su exigua pensión, se enfureció de tal manera, que decidió que era hora de mostrar de alguna manera esa indignación. Y fue entonces cuando germinó en su mente la idea de robar el retrato.

El robo en si había sido ridículamente sencillo. Charlando con uno de los vigilantes de la National Gallery, este, confiado por el aspecto inofensivo de Bunton, le había contado con una monstruosa ingenuidad que cada mañana, a primera hora, el complejo sistema de alarma del museo se desconectaba por completo para que las mujeres de la limpieza pudieran trabajar con libertad. A Bunton le bastó con dejar entreabierta la ventada de uno de los baños y, a la mañana siguiente, con las alarmas apagadas, se coló por ella y se llevó el cuadro tranquilamente, sin que nadie le viera. Durante cuatro años, mientras todo el país se preguntaba donde estaba el retrato de Wellington, el cuadro había permanecido en el dormitorio de Bunton, escondido detrás de un armario para que su mujer no lo viese.

¿Por qué había decidido devolverlo? Porque después de cuatro años se había dado cuenta de que no iba a obtener lo que quería y estaba harto de vivir con miedo a ser descubierto. No obstante, unas semanas más tarde, tras haber bebido demasiado en un pub, había hablado demasiado y, temiendo ser delatado, había decidido entregarse. En ningún momento se mostró arrepentido de lo que había hecho, e incluso durante su declaración bromeó diciendo que si no hubiese devuelto el cuadro los agentes no lo habrían encontrado "ni en 800 años".

El juicio de Kempton Bunton se celebró poco después, levantando gran expectación. Aquel anciano gruñón y cascarrabias, al que la prensa había apodado el nuevo Robin Hood, se había ganado la simpatía de los británicos que, si bien no justificaban sus actos, si comprendían sus motivaciones. La defensa de Bunton fue llevada de manera desinteresada por Jeremy Hutchinson, un reconocido abogado de la época, quien consiguió que el jurado desestimara la mayoría de los cargos contra él, incluido el principal, el del robo del cuadro, alegando que Bunton nunca había querido quedarse con la pintura ni obtener un beneficio económico (esta resolución obligó a cambiar las leyes sobre robo de Inglaterra y Gales, pasando a considerarse delito el retirar sin permiso un objeto expuesto en un edificio público). Al final Bunton fue condenado a tres meses de cárcel por el robo... del marco del cuadro, que no había sido devuelto. Cumplió su pena y regresó a su vida anónima hasta su muerte en 1976.

Hubo quien puso en duda que Kempton Bunton hubiese sido el autor material del robo. Dadas sus condiciones físicas, su edad, sus problemas de salud y su notorio sobrepeso (medía 1'82 metros y pesaba más de 110 kilos) a algunos les pareció poco menos que imposible que se las hubiera arreglado para trepar hasta la ventana por la que el ladrón entró en el museo, por lo que pensaron que había tenido un cómplice que habría sido el verdadero autor del robo. Las sospechas se dirigieron hacia los dos hijos de Bunton, John y Kenneth. En 2012 se hizo público un informe oficial según el cual John Bunton habría confesado ser el autor del robo en 1969, tras ser detenido por un delito menor. No obstante, la Fiscalía consideró que John no era un testigo fiable y que su declaración no era prueba suficiente para reabrir el caso, por lo que no se tomó ninguna medida.

domingo, 11 de julio de 2021

La historia de Kenny y Betty Anne Waters

Kenny Waters y su hermana Betty Anne

El 21 de mayo de 1980 la pequeña localidad de Ayer, en el estado norteamericano de Massachusetts, quedó conmocionada tras descubrirse el cadáver de una de sus vecinas. Katherina Reitz Brown, de 48 años, había sido brutalmente apuñalada en su propia casa no mucho antes de las 10:45 de la mañana, cuando su nuera encontró su cuerpo. Se echaron en falta joyas y otros objetos de valor, así como cierta cantidad de dinero en efectivo que guardaba en un sobre, por lo que se concluyó que el móvil del crimen había sido el robo.

El examen de la escena reveló huellas y cabellos que no pertenecían a la víctima. También se halló el arma del crimen: un cuchillo ensangrentado que el asesino había tirado a la basura, y en el que se encontraron dos tipos de sangre, probablemente de la víctima y del asesino, que se habría herido durante el apuñalamiento.

La policía de Ayer interrogó a varios sospechosos, pero no encontró pruebas para acusar a nadie. Uno de los que fueron interrogados fue Kenny Waters, un joven de 26 años que tenía algunos antecedentes por peleas y delitos menores. Eso, y el hecho de que viviera con su novia Brenda Marsh cerca de la casa de Katherina y trabajara en un restaurante al que ella solía acudir, bastaron para que fuera considerado sospechoso. Pero no se encontraron pruebas que lo incriminaran. Es más, Kenny tenía una coartada aparentemente sólida: ese día había trabajado hasta las nueve de la mañana, hora en la que un compañero le había llevado a casa para que pudiera cambiarse de ropa y acudir al juzgado para encontrarse con su abogado con motivo de un juicio que tenía pendiente. Había permanecido en el juzgado hasta las once de la mañana (después de haberse hallado el cuerpo de Katherina), donde incluso lo había visto uno de los policías que lo interrogaron, y luego había vuelto al trabajo. Sus huellas no coincidían con las halladas en el escenario y no presentaba heridas, por lo que fue puesto en libertad. Meses más tarde fue llamado de nuevo para someterse a una prueba de estrés de voz (una técnica similar a un detector de mentiras, pero cuya validez ha sido cuestionada en numerosas ocasiones), que pasó sin problemas.

Casi dos años y medio más tarde, en octubre de 1982, con el crimen aún sin resolver, un hombre llamado Robert Osborne, pareja entonces de Brenda Marsh, acudió a la policía de Ayer, donde ofreció a una agente llamada Nancy Taylor información sobre el asesinato a cambio de dinero. Esto bastó para que Kenny Waters fuera arrestado y acusado formalmente del asesinato. En el juicio, Brenda Marsh y otra ex-novia de Waters, Roseanna Perry, afirmaron haber oído a Kenny confesar el robo y el asesinato. Con estas declaraciones y algún hecho circunstancial (como el que la sangre del asesino era 0+, el mismo grupo que la de Kenny), bastaron para que fuera condenado a cadena perpetua en mayo de 1983 (Massachusetts no tiene pena de muerte).

Kenny Waters en la foto de su ficha policial

La sentencia supuso un shock para Kenny y su familia. Todos estaban convencidos de que el terrible error del que era víctima se resolvería durante el juicio. Ninguno pensaba ni por un momento en una sentencia condenatoria. El propio Kenny se había negado a contratar un abogado (temía gastarse todo su dinero) y confió en el de oficio, un abogado con poca experiencia y saturado de casos. 

Kenny fue enviado a una prisión de máxima seguridad. Él y su familia contrataron a varios abogados, presentaron recursos, apelaciones, sin éxito. Y con cada revés, con cada puerta que se le cerraba, su esperanza se apagaba y su ánimo decaía.

Kenny tenía ocho hermanos y hermanas, pero de todos ellos con quien mejor se entendía era con su hermana pequeña Betty Anne. Se llevaban apenas dos años y habían sido inseparables desde pequeños. Ella le conocía mejor que nadie, y cada vez que lo visitaba en la cárcel, lo encontraba peor, hasta que se dio cuenta de que se había convertido en un suicida en potencia. En una de sus visitas Betty Anne trató de levantarle el ánimo, anunciándole que iban a contratar nuevos abogados y presentar más recursos, Pero eso no pareció consolar a Kenny, hasta que éste de repente le dijo a su hermana ¿Por qué no te conviertes tú en mi abogada?.

Betty Anne Waters era una mujer divorciada y con dos hijos, que trabajaba como camarera en un bar y que ni siquiera había terminado el instituto. La idea de convertirse en abogada le parecía una locura, y así trató de hacérselo entender a su hermano. Incluso en el caso de que lo consiguiera, podía llevarle muchos años. Pero a Kenny no le importaba. Estaba convencido de que nadie que no estuviera realmente implicado con él pondría el empeño y el esfuerzo necesario para demostrar su inocencia. Finalmente, Betty Anne y él llegaron a un acuerdo: Yo voy a la universidad y tú te mantienes vivo.

Tal y como había dicho, fue un proceso largo y agotador. A la vez que trabajaba y cuidaba de su familia, Betty Anne se las arregló para graduarse en el instituto, primero, y más tarde estudiar leyes en la Universidad Roger Williams. Le llevó años pero, una vez hubo conseguido su título y pasado el reglamentario examen para colegiarse, se puso de inmediato manos a la obra con el caso de su hermano. Mientras era aún una estudiante, Betty Anne había entrado en contacto con The Innocence Project, una asociación sin ánimo de lucro dedicada a exonerar a personas que afirman haber sido condenadas erróneamente, utilizando fundamentalmente las pruebas de ADN. Estas pruebas aún no existían cuando Kenny había sido condenado, pero Betty Anne se convenció de que era la mejor opción para sacar a su hermano de la cárcel.

Sin embargo, había pasado más de una década, y las pruebas del caso se habían perdido en el laberinto judicial norteamericano. Pese a que en varias ocasiones le dijeron que lo más probable es que hubieran sido destruidas, nunca se dio por vencida, y finalmente, casi de manera milagrosa, logró encontrar las pruebas, olvidadas en un almacén del juzgado. Con la ayuda de The Innocence Project Betty Anne logró que se autorizara un análisis de ADN de la sangre del asesino, que demostró que no era la de Kenny Waters. Posteriormente, Brenda Marsh y Roseanna Perry admitirían que habían mentido en su declaración llevadas por su deseo de vengarse de Kenny tras el final de sus noviazgos, y que la policía de Ayer les había amenazado con procesarlas si no mantenían su declaración en el juicio. Ante la absoluta falta de pruebas incriminatorias, Kenny Waters fue declarado inocente y puesto en libertad el 15 de marzo de 2001, tras haber permanecido 18 años, 5 meses y 3 días en prisión.

Desgraciadamente, Kenny Waters murió el 19 de septiembre de 2001, apenas seis meses después de su liberación, tras golpearse la cabeza en una caída accidental. Su hermana diría más tarde que Kenny había sido realmente feliz durante aquellos seis meses, en los que había recibido el apoyo y el cariño de multitud de personas que habían conocido su caso, y en los que había retomado el contacto con la hija que había tenido con Brenda, a la que llevaba años sin ver. Posteriormente, Betty Anne Waters presentó una demanda contra el cuerpo de policía de Ayer y los agentes que habían llevado el caso de su hermano, acusándolos de haber manipulado las pruebas para acusar falsamente a Kenny. En septiembre de 2009 un tribunal concedió a la familia de Kenny Waters una indemnización de más de 10 millones de dólares por el tiempo que había estado encarcelado y por los daños físicos y morales que había sufrido. 

Betty Anne Waters no volvió a ejercer la abogacía y regresó a su trabajo como camarera. Su historia fue llevada al cine en una película de 2010 titulada Conviction, dirigida por Tony Goldwin y con Hillary Swank (Million dollar baby) y Sam Rockwell (Tres anuncios en las afueras) en los papeles protagonistas.

El asesino de Katherina Reitz Brown sigue sin ser identificado.

domingo, 4 de julio de 2021

 Atuk, el guión maldito que nadie quiere rodar


En 1963 el escritor canadiense Mordecai Richler publicó The Incomparable Atuk (El incomparable Atuk), una novela satírica que contaba las peripecias de Atuk, un poeta esquimal que desde su hogar en la bahía de Baffin viajaba a Toronto, donde poco a poco abandonaba sus costumbres tradicionales para ir asumiendo el estilo de vida de la gran ciudad. Richler aprovechaba para burlarse de las élites culturales canadienses, varios de cuyos miembros (escritores, críticos, políticos) aparecían en la novela caricaturizados bajo otros nombres.

La novela tuvo cierto éxito y a principios de la década de 1970 el productor y director Norman Jewison (El violinista en el tejado) compró los derechos para el cine. Su plan era empezar a rodarla en cuanto hubiera terminado el rodaje del musical Jesucristo Superstar (1973), pero por diversas circunstancias la producción no comenzó hasta principios de la siguiente década. El guión, obra del escritor Tod Carroll, estuvo listo a principios de 1982 e incluía sustanciales cambios con respecto a la novela original. Atuk pasaba a ser un habitante de Alaska, hijo de un misionero y una mujer esquimal, que, deseoso de ver el mundo fuera de su pueblo natal, aterrizaba en Nueva York tras colarse como polizón en el avión de un equipo de televisión que se encontraba en la zona rodando un documental. El argumento pasaba a ser más una sucesión de malentendidos debido a las diferencias culturales entre Atuk y sus nuevos amigos que una auténtica sátira, como era la intención de Richler en su novela.

John Adam Belushi (1949-1982)

Carroll había escrito su guión teniendo en mente desde un principio a un único candidato para el papel protagonista: John Belushi. Belushi (The Blues Brothers), actor, cómico y músico, encajaba perfectamente en el personaje, tanto por su constitución física como por su talento cómico, y en cuanto leyó el guión aceptó el papel principal. Lamentablemente, en aquel momento Belushi había caído en una espiral autodestructiva de adicciones al alcohol y las drogas. El 5 de marzo de 1982, apenas unas semanas después de aceptar el papel, Belushi era encontrado muerto en un bungalow del hotel Chateau Marmont en West Hollywood, a causa de una sobredosis de speedball, una peligrosa combinación de cocaína y heroína. Su muerte no solo dejaba pendiente de rodar Atuk, sino también otros proyectos como Cazafantasmas (donde Bill Murray acabó interpretando el papel que Belushi tenía destinado).

Samuel Burl Kinison (1953-1992)

Unos años después de la muerte de Belushi, la productora United Artists, ya sin la presencia de Jewison, volvió a reactivar el proyecto contratando como protagonista al que muchos veían como uno de los sucesores de Belushi: Sam Kinison. Kinison, nacido en el seno de una familia muy religiosa de cristianos pentecostales e hijo de un predicador, había sido él mismo predicador antes de descubrir su gusto por la interpretación. Tras dejar su labor religiosa y dedicarse a la comedia, logró una gran popularidad con sus monólogos, muchos de los cuales estaban dedicados a ridiculizar a los predicadores, y con sus apariciones en programas de televisión, incluido el legendario Saturday Night Live, del que Belushi había sido uno de sus fundadores. Tras algunos pequeños papeles en el cine, esta era la primera oportunidad de Kinison como protagonista.

El rodaje comenzó en febrero de 1988 en Toronto. Pero este proyecto duró apenas una semana para Kinison. Argumentando que su agente le había prometido el control artístico absoluto sobre el proyecto (algo que la productora jamás había aceptado) Kinison se empeñó en reescribir el guión. La United Artists se negó; Kinison los amenazó con interpretar mal a propósito su papel y no participar en su promoción, y la productora acabó despidiéndolo (tras haberse gastado 4'5 millones de dólares y haber rodado una única escena) y llevándolo ante los tribunales por incumplimiento de contrato. El caso seguía en litigio cuando el 10 de abril de 1992 Kinison, que viajaba en su coche camino de una actuación en Lauglin (Nevada), chocó contra una furgoneta conducida por un joven de 17 años en estado de embriaguez. Kinison sobrevivió al impacto pero murió en el mismo lugar del accidente antes de poder ser llevado a un hospital.

John Franklin Candy (1950-1994)

Tras el despido de Kinison, el proyecto quedó paralizado durante un tiempo, antes de que la productora preparara un nuevo intento para materializarlo de una vez por todas. El nuevo protagonista elegido parecía tan adecuado para el papel que muchos se preguntaron cómo no le habían ofrecido el papel hasta entonces: John Candy. Uno de los cómicos más populares de la década de los 80 por películas como La loca historia de las galaxias (1987) y Solos con nuestro tío (1989) parecía perfecto para interpretar a Atuk y además era un seguro en taquilla. Lamentablemente, también él arrastraba una adicción; no al alcohol y las drogas, sino a los dulces. Llegó a pesar 150 kilos y una de sus exigencias habituales cuando aceptaba un papel era que en el set de rodaje hubiera neveras enteras llenas de chocolate y golosinas para servirse cuando le apeteciera. El 4 de marzo de 1994, mientras se encontraba en México rodando Caravana al Este, sufrió un fulminante ataque al corazón que acabó con su vida cuando contaba apenas 43 años.

Christopher Crosby "Chris" Farley (1964-1997)

Por aquel entonces ya circulaba por Hollywood la leyenda de que el guión de Atuk estaba maldito; los tres actores que habían aceptado protagonizar la película habían muerto trágica y prematuramente sin poder rodarla. Pero aún habría un nuevo intento de materializarla, con el protagonismo de un cómico al que señalaban como el heredero de Belushi, por su estilo y su presencia física: Chris Farley. Farley, que al igual que Belushi y Kinison procedía de la inagotable cantera del Saturday Night Live (también Candy había pasado brevemente por el programa) ya había tenido éxitos en el cine como Tommy Boy (1995) y La salchicha peleona (1997) antes de mostrar interés en Atuk. Pero por cuarta vez la tragedia frustró el rodaje de la película: el 18 de diciembre de 1997, con solo 33 años, Farley era encontrado muerto en su apartamento a causa de un ataque al corazón provocado por una sobredosis de cocaína y morfina, agravada por el notable sobrepeso del actor.

Tras la muerte de los cuatro actores que en uno u otro momento habían aspirado a protagonizar la película, la leyenda de la maldición de Atuk alcanzó una gran difusión y, según dicen, hizo que la productora desistiera definitivamente de llevarla a la pantalla, ya que ningún otro actor habría aceptado el papel. Muchos señalaron que no era más que una desafortunada coincidencia; los cuatro actores elegidos llevaban estilos de vida claramente perjudiciales para su salud, con sobrepeso y abuso de alcohol y drogas, y que otros actores que en algún momento fueron relacionados con el proyecto (Will Ferrell, John Goodman, Jack Black) no han tenido el mismo destino que ellos. El propio Carroll desmintió la supuesta leyenda en una entrevista concedida al periódico Los Angeles Times en 1999: "No me importa lo que piensen, creo que es una coincidencia y tiene una explicación práctica, no soy una persona supersticiosa".

domingo, 27 de junio de 2021

La batalla de Palmdale

Avión no tripulado Grumman F6F-5K Hellcat 


El día 16 de agosto de 1956, exactamente a las 11:34 de la mañana, un avión no tripulado Grunman F6F-5K Hellcat controlado por radio, pintado de un llamativo color rojo para hacerlo perfectamente visible, partía del aeropuerto de la base aeronaval de Point Mugu (en el condado de Ventura, California). Los 5K eran Hellcats (un modelo de hélice ya vetusto y apenas utilizado) que habían sido modificados para convertirlos en aviones dirigidos por control remoto. Y aunque algunos habían sido utilizados durante la Guerra de Corea en misiones de bombardeo selectivo, el destino de la mayor parte de ellos era servir como blancos móviles para probar nuevos modelos de cazas y nuevo armamento. Aquella misión en concreto tenía como objetivo poner a prueba algunos de los últimos modelos de misiles aire-aire de las fuerzas aéreas norteamericanas.

O al menos eso era lo previsto. Porque al poco de despegar, cuando era dirigido a un área de pruebas sobre el Océano Pacífico, súbitamente el avión dejó de responder a las órdenes y, tras efectuar un giro hacia el sudoeste, se dirigió directamente hacia la ciudad de Los Angeles. Ante el riesgo que suponía tener un avión sin control sobrevolando áreas densamente pobladas, las autoridades de Point Mugu decidieron que lo mejor era derribar cuanto antes el aparato, y solicitaron ayuda a la cercana base de la Fuerza Aérea de Oxnard, a pocos kilómetros de allí. De Oxnard despegaron inmediatamente dos reactores F-89D Scorpion del 473º Escuadrón de Cazas con órdenes de abatir al Hellcat en cuanto pudieran.

Northrop F-89 Scorpion

Los Scorpion eran uno de los modelos más avanzados de las Fuerzas Aéreas norteamericanas por aquel entonces. Se trataba de cazas interceptores biplaza a reacción, armados cada uno con 104 misiles no guiados FFAR Mk4 Mighty Mouse que portaban en dos contenedores en la punta de las alas. Además, aquellos dos aviones, tripulado uno por los tenientes Hans Einstein y C. D. Murray y el otro por los tenientes Richard Hurliman y Walter Hale, poseían un novedoso sistema de control de disparo Hughes E-6 con un radar AN/APG-40 y controlado por ordenador, enormemente sofisticado para la época. En teoría, era una misión sencilla derribar a aquel Hellcat sin piloto y mucho más lento que los reactores que lo perseguían. En teoría.

Los Scorpions se encontraron con el Hellcat sobrevolando la ciudad de Santa Paula, a unas 50 millas al noroeste de Los Angeles, lo que obligó a los pilotos a esperar a que el avión se dirigiera a una zona deshabitada para abatirlo. La ocasión llegó poco después cuando, tras sobrevolar las localidades de Fillmore y Frazier Park, el Hellcat se internó en el Antelope Valley, una región sin apenas habitantes en el extremo oriental del desierto de Mojave. Pero al accionar el sistema de disparo automático, nada ocurrió. Un error en el diseño del sistema E-6, que hasta aquel momento nadie había notado, hizo que fuera imposible disparar los cohetes de ambos aviones. En esas circunstancias, los pilotos se vieron obligados a desconectar el sistema de disparo automático y utilizar el manual. Y entonces se encontraron con otro contratiempo: los visores del sistema manual habían sido retirados para poder instalar el sistema automático, lo que los obligaba a calcular y disparar sin ayudas, fiándose solamente de su vista.

Northrop F-89D Scorpion con cohetes Mighty Mouse

Mientras las tripulaciones de los Scorpions seguían discutiendo sus posibilidades, súbitamente el Hellcat volvió a variar de rumbo, dirigiéndose directamente hacia Los Angeles, lo que forzó a los cazas a apresurarse. Los 104 cohetes que portaban los aviones podían ser disparados todos a la vez, en una única ráfaga, o bien en dos (62 y 42) o tres (42, 32 y 30) ráfagas. Esta última opción fue la elegida por los pilotos. La primera ráfaga de 42 falló por completo. El segundo avión lo intentó a continuación con una ráfaga similar, fallando igualmente. Las siguientes ráfagas de 32 y 30 proyectiles tampoco alcanzaron su objetivo. Un solo impacto habría bastado para derribar al Hellcat, pero increíblemente NI UNO SOLO de los 208 misiles que los Scorpions dispararon contra él lo alcanzó. Solo algunos pasaron rozando su fuselaje, pero sin llegar a explotar. 

Sin nada más que poder disparar contra el avión fuera de control, y escasos ya de combustible, los dos Scorpions se vieron obligados a regresar a su base. Las autoridades militares, juzgando que al Hellcat le quedaba ya poco combustible, desistieron de enviar más aviones en su persecución, esperando a que se estrellara por si solo y lo hiciera donde no provocara daños. Lo hizo algo más tarde, en una zona desértica a unos trece kilómetros al este del aeropuerto de la ciudad de Palmdale. El único daño que provocó fue el corte de tres líneas eléctricas de la compañía Southern California Edison. Sus restos no serían encontrados hasta 1997.

Los que si provocaron serios daños en tierra fueron los misiles que los Scorpions habían disparado infructuosamente contra el Hellcat. Los Mighty Mouse estaban diseñados para desarmarse y no explotar si fallaban el blanco, pero únicamente 15 de los 208 fueron recuperados intactos. Los demás explotaron en tierra causando numerosos problemas. Los proyectiles de la primera andanada provocaron un incendio forestal cerca de la ciudad de Castaic que quemó 61 hectáreas. Los de la segunda andanada provocaron un incendio en un parque cercano a la ciudad de Newhall, otro que quemó 140 hectáreas en el Soledad Canyon y otro en unos depósitos de petróleo de la Indian Oil Co. que pudo ser extinguido a menos de 100 metros de una fábrica de explosivos. Mientras, varios de los de la tercera andanada alcanzaron Palmdale, dañando con su metralla varias casas e incluso destruyendo varios vehículos, además de provocar un elevado número de pequeños incendios en los alrededores de Palmdale y Santa Clarita. Más de 500 bomberos estuvieron trabajando durante dos días seguidos para sofocar todos los incendios causados por los misiles, que en total consumieron más de 400 hectáreas de bosque y monte bajo. Afortunadamente, no hubo daños personales.

Nunca se aclaró completamente el motivo por el que el Hellcat quedó fuera de control. Se especuló como la causa más probable una avería del receptor del avión, pero nunca se llegó a confirmar. Todo el incidente acabaría siendo conocido de manera un tanto irónica como "la batalla de Palmdale".

domingo, 20 de junio de 2021

Los escudos de los wahgi

Guerrero wahgi

Los wahgi son una de las muchas tribus que habitan el interior de la isla de Nueva Guinea. Esta tribu, que permaneció aislada y sin contacto con los europeos hasta 1933, habla un idioma de la familia chimbu-wahgi y buena parte de su cultura gira en torno a la guerra, algo comprensible dado el estado endémico de conflicto que durante siglos enfrentó a las tribus papúes unas con otras.

Una de las peculiaridades de su cultura son sus escudos de combate o kumbe reipe: grandes escudos de madera, fabricados a partir de troncos enteros de árboles, y profusamente decorados con plumas y dibujos. Unos escudos tan pesados que algunos guerreros wahgi decían que necesitaban la ayuda de los espíritus de sus antepasados solo para poder levantarlos. A pesar de que estos escudos dejaron de tener utilidad después de que las autoridades pusieran fin a las continuas guerras tribales (y también por la introducción de armas de fuego) los wahgi han continuado fabricándolos como forma de conservar parte de su legado cultural.

Tradicionalmente, los wahgi decoraban sus escudos con motivos geométricos o representaciones de animales cuyas cualidades admiraban los guerreros wahgi. No obstante, hay otro motivo decorativo habitual en los escudos de esta tribu que resulta cuando menos sorprendente.

Curiosa imagen, ¿verdad?, la de este hombre enmascarado decorando este escudo tribal. En la siguiente imagen se ve otro escudo con el mismo dibujo, más claro.

Puede que a muchos os resulte familiar este personaje. Es más, seguro que algún aficionado a los comics ya lo ha identificado. Resulta meridianamente claro en los siguientes escudos.

Pues si: se trata ni más ni menos de The Phantom, el personaje de comic creado en 1936 por el guionista Lee Falk. La siguiente pregunta es obligada: ¿como ha llegado un personaje de comic, que vivió su época de mayor esplendor hace décadas y nunca tuvo demasiada repercusión fuera de EEUU, a convertirse en un personaje tan popular en el seno de una remota tribu de Nueva Guinea?

Como he dicho antes, los wahgi se mantuvieron prácticamente en total aislamiento y sin contacto con los occidentales hasta 1933. No obstante, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla estuvo ocupada por las tropas aliadas, fundamentalmente australianos y estadounidenses, esos contactos se hicieron frecuentes. Los jóvenes soldados llevaban con ellos en sus petates sus comics favoritos, de personajes como Flash Gordon o Mandrake el mago, que no dudaron en compartir con los wahgi, admirados por ese tipo de arte que nunca antes habían visto. Pero de entre todos aquellos personajes, The Phantom les fascinó especialmente.

¿Por qué esa curiosa atracción de los wahgi hacia The Phantom? Por varios motivos. Primero, porque The Phantom, al igual que ellos, era un poderoso guerrero que vivía en la jungla y defendía su tierra. Iba enmascarado, como los wahgi en muchos de sus rituales. No tenía ningún poder especial; derrotaba a sus enemigos con su fuerza, su habilidad y su inteligencia, cualidades que los wahgi admiraban en un guerrero. Y además, The Phantom era el heredero de una larga saga de guerreros que habían heredado uno tras otro su deber, lo cual para los wahgi, que como la mayoría de las tribus papúes rinden culto a sus antepasados, era algo digno de admiración,

Así que el personaje muy pronto se convirtió en un ídolo de los wahgi. Sus comics se convirtieron en valiosas posesiones para los miembros de la tribu, y aquellos que habían aprendido inglés tras su contacto con los soldados les narraban sus aventuras a los demás, sosteniendo los comics en alto para que todos pudieran verlos. The Phantom se había convertido ya en un referente para los wahgi y la admiración que sentían por el personaje les llevó a incluirlo en sus tradiciones en un curioso caso de sincretismo cultural.

domingo, 6 de junio de 2021

El libro que provocó una ola de suicidios



El escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe publicó en 1774 su novela Die Leiden des jungen Werthers (traducida al español como Las penas del joven Werther o Las desventuras del joven Werther), que con el tiempo se convertiría en una de sus obras más célebres. El libro cuenta la historia de Werther, un joven artista de carácter sentimental que se enamora perdidamente de Lotte, una joven comprometida con otro hombre. Después de que la joven lo rechace y de que sus intentos por olvidarla fracasen, Werther pone fin a su sufrimiento suicidándose de un disparo.

Aunque Goethe afirmó en varias ocasiones que la novela era puramente ficción, se sabe que la trama se inspira en dos acontecimientos de la vida del propio autor. Por un lado, su enamoramiento en 1772 de una mujer casada llamada Charlotte Buff, que no le correspondió. Por otro, el suicidio el 30 de octubre de 1772 de su gran amigo Carl Wilhelm Jerusalem, un joven funcionario de apenas 23 años que se quitó la vida tras saber que la mujer de la que estaba enamorado se había comprometido con otro hombre. La muerte de Jerusalem le afectó profundamente; no solo Werther se suicida de la misma forma que Jerusalem (sentado en su escritorio, disparándose en la cabeza con una pistola prestada, tras haber escrito varias cartas de despedida) sino que incluso la ropa que lleva el personaje al morir (casaca azul, chaleco amarillo y botas altas) es la misma que llevaba Jerusalem.

El libro obtuvo un éxito inmediato; antes de que hubiera terminado 1775 se habían impreso tres ediciones más y se había traducido al francés, y luego lo sería al inglés, holandés, sueco, ruso y español (1803). Se convirtió en un libro de culto, sobre todo entre los jóvenes. Muchos imitaban a Werther: se vestían como él, hablaban como él. Además de los libros, se vendían con gran éxito multitud de objetos inspirados en la novela: ilustraciones, figuras de porcelana, perfumes. Figuras célebres se convirtieron en notorios admiradores de la obra, como el mismo Napoleón Bonaparte, quien siempre llevaba un ejemplar consigo en sus campañas militares. Pero la admiración hacia la novela y la identificación de algunos lectores con su personaje principal provocó que las acciones de Werther fueran imitadas hasta sus últimas consecuencias.

Johann Wolfgang von Goethe (1749-1932)

El primer caso de un suicidio aparentemente inspirado por la novela de Goethe se menciona en una carta del escritor Friedrich Nicolai fechada en enero de 1775; se trataba de una joven inglesa que se había envenenado por un desengaño amoroso, y que antes de morir había confesado a su familia que se había inspirado en el libro para ello. Más casos fueron saliendo a la luz: un joven apellidado Von Lütichow en mayo de ese mismo año (que se pegó un tiro con el libro a su lado), un joven apellidado Karstens que se pegó un tiro con el libro abierto a su lado y que en sus últimas voluntades pidió ser enterrado como Werther (vestido con su traje y enterrado entre dos árboles), una joven llamada Christel von Lassberg que tras un desengaño amoroso se ahogó en el río Ilm llevando un ejemplar de Werther en el bolsillo, un militar llamado Gottlieb von Arenswald que se suicidó dejando una carta de despedida en la que cita las mismas palabras que Werther escribe en la suya (¡La hora decisiva ha llegado! Las pistolas están cargadas)... Los casos se sucedían allí donde se publicaba el libro. En una época de exaltación de los sentimientos, donde la llegada del Romanticismo era inminente, los suicidios por amor eran vistos con interés más que con censura, destacando más la pasión de los suicidas que el drama que suponían. Muchos jóvenes con el corazón roto veían sus penas reflejadas en las de Werther y acababan por seguir sus mismos pasos.

Esta sucesión de muertes no tardó en provocar la reacción  de las autoridades. Las primeras, las de la ciudad alemana de Lepizig, quienes ya en 1775 prohibieron la venta del libro por ser "una incitación al suicidio" que podía "impresionar a las personas débiles y a las mujeres". Los 28 libreros de la ciudad aceptaron la prohibición bajo la amenaza de una multa de 10 táleros. En 1776 Austria y Dinamarca también prohibieron la circulación del libro, y a ellos se sumarían otros países y regiones. Incluso en España la Iglesia católica incluyó el libro en su tristemente célebre Índice de Libros Prohibidos, aunque curiosamente no por incitar al suicidio sino por ser una "licenciosa elegía del adulterio y el erotismo".

Hubo también quien trató de "arreglar" por su cuenta la novela. Friedrich Nicolai escribió un nuevo final para la novela, que pasaría a titularse Die Freuden des jungen Werther (Las alegrías del joven Werther), en el cual Albert, el marido de Lotte, impide el suicidio del joven y acepta divorciarse de su esposa para que ella y Werther puedan estar juntos. A Goethe le indignó el atrevimiento de Nicolai y convirtió a Nicolai en su enemigo literario, un enfrentamiento que duraría toda su vida. El propio Goethe, preocupado por los acontecimientos, publicó una nueva versión de la obra en 1787, en la que atribuía el suicidio de Werther a una enfermedad nerviosa y no al rechazo de Lotte, y hacía esta explícita advertencia al lector: "Sé un hombre y no sigas mi ejemplo".

Con el tiempo, el número de muertes aparentemente inspiradas en Werther fue disminuyendo y las prohibiciones se fueron levantando. El último país en hacerlo fue Noruega, que la mantuvo hasta la década de 1820. No hay un estudio fiable sobre el número de muertes atribuibles a la influencia del libro, pero las distintas fuentes hablan de entre 40 y 2000.

El fenómeno atribuido a esta novela dio nombre a lo que en psicología se conoce como efecto Werther: el efecto imitativo de la conducta suicida, que provoca que el número de suicidios se incremente cada vez que en los medios de comunicación se difunde alguna noticia relacionada con un suicidio.

viernes, 4 de junio de 2021

Curiosidades (con fotografías)

 

A la izquierda, el Hiroshima Prefectural Industrial Promotion Hall, uno de los escasos edificios que resistió la fuerza de la bomba atómica que arrasó Hiroshima. A la derecha, un silo de grano que resistió la explosión que devastó el puerto de Beirut. Ambos edificios fueron construidos por los checos.


La empresa Wrigley's se dedicaba originariamente a fabricar jabón y regalaba levadura a los que lo compraban. Su levadura rápidamente se hizo más popular que su jabón, así que la compañía pasó a fabricar levadura y a regalar chicles con ella. Y cuando sus chicles se hicieron más populares que la levadura, Wrigley's pasó a fabricar y vender chicles.


En el Parque Nacional Morne Trois Pitons, en la isla caribeña de Dominica, existe un lago, el Boiling Lake, cuyas aguas se mantienen en ebullición a una temperatura constante de entre 82º y 92º. Es el segundo lago de agua caliente mas grande del mundo, después del Frying Pan Lake (Nueva Zelanda), aunque la temperatura de este es sensiblemente inferior.


En 1903 un prisionero llamado Will West fue trasladado a la prisión de Leavenworth (Kansas), donde las autoridades no tardaron en darse cuenta de que ya tenían a otro preso llamado William West, con el que el recién llegado guardaba un asombroso parecido físico (a pesar del parecido y de la coincidencia de nombres, ambos no estaban emparentados). Poder distinguirlos sin lugar a duda fue uno de los motivos por los que el alcaide de la prisión solicitó permiso para instalar un sistema de identificación mediante huellas dactilares, convirtiendo a Leavenworth en una de las primeras instituciones de los EEUU en adoptar dicho sistema.


En la ciudad de Durham (Carolina del Norte) se encuentra uno de los pasos elevados más famosos del mundo: el paso elevado del ferrocarril Norfolk Southern sobre la calle Gregson, también llamado el 11-foot-8 por su altura (11 pies y ocho pulgadas, unos 3'56 metros) o, más gráficamente, La Guillotina de Gregson Street o El Abrelatas. Su fama se debe a la gran cantidad de accidentes que se producen en él a pesar de las numerosas señales de aviso, ya que numerosos vehículos de gran porte (camiones o autobuses) impactan con el puente a gran velocidad al no darse cuenta de su escasa altura. Se calcula que en el lugar se han producido unos 150 accidentes solo en la última década, y su popularidad es tal que incluso tiene un canal propio en YouTube.


El pomato es una planta injertada resultado de injertar una planta de tomate y una de patata (ambas del género Solanum). La planta resultante produce tomates en su parte aérea y patatas en la subterránea.


Dado que se rodó en blanco y negro, mucha gente desconoce que la aparatosa peluca que lucía la actriz Elsa Lanchester en la película La novia de Frankenstein era en realidad pelirroja.


Esta consola Game Boy, propiedad de un médico militar llamado Stephan Scoggins, sobrevivió a un bombardeo durante la Guerra del Golfo (1990-91) y, treinta años después, todavía funciona. En la actualidad se exhibe en la Nintendo Store de Nueva York.


Las llamadas "piedras de tsunami" se encuentran con cierta frecuencia en las costas del Japón. Estas losas, algunas de hasta seiscientos años de antigüedad, tienen mensajes grabados que advierten a los habitantes locales de que no construyan sus casas más cerca del mar que ese punto, para evitar el riesgo de ser alcanzadas por un tsunami. Después del terremoto de 2011 y el subsiguiente tsunami, se comprobó que las casas que habían respetado estas advertencias apenas habían sufrido daños.



El estreno en 1999 de la película Dogma causó un profundo rechazo entre algunas asociaciones católicas, que la tacharon de "blasfema". Delante de algunos de los cines que proyectaban la película llegaron a organizarse concentraciones de protesta contra el filme. Su director y guionista, Kevin Smith, haciendo gala de un peculiar sentido del humor, llegó a unirse de incógnito a una de esas protestas e incluso fue entrevistado por un canal local de noticias, criticando duramente la película.


La puerta de la cocina del monasterio portugués de Alcobaça mide tan solo 32 Centímetros de ancho. ¿El motivo? Un abad del siglo XVIII quiso evitar que los monjes engordaran demasiado, permitiendo el acceso a la cocina solo a los delgados.


En 1904, un marinero sueco llamado Carl Emil Pettersson naufragó en las costas de la isla de Tabar, en Nueva Guinea, habitada por una tribu de costumbres caníbales. Llevado ante el rey local, Lamy, la hija de este, la princesa Singdo, se enamoró de él nada más verlo. Más tarde se casaría con ella, crearía una plantación de cocoteros para exportar copra, y al morir su suegro lo sucedió como rey de la tribu. Su figura inspiró a la escritora Astrid Lindgren para crear al capitán Ephraim Calzaslargas, el aventurero padre de Pippi Calzaslargas, pirata y rey de los congoleños.