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| El Golfo de Lava |
La historia del tesoro de Lava comienza en torno a 1956. En ese año se vendió en una casa de subastas francesa una insólita colección de 41 monedas romanas de oro, áureos y medallones, datadas en un periodo muy concreto de la segunda mitad del siglo III, cubriendo los reinados de los emperadores Galieno, Claudio II el Gótico, Quintilo y Aureliano. Eran unas monedas tan poco comunes que incluso Jean Lafaurie, director de estudios numismáticos romanos de la École Pratique des Hautes Etudes y más tarde presidente de la Sociedad Francesa de Numismática, publicó en 1958 un artículo académico sobre ellas.
Durante las siguientes décadas, más monedas de similares características fueron apareciendo en los mercados numismáticos. Todas de oro, todas de la misma época, y todas con un origen poco claro. Sin embargo, las autoridades francesas no se dieron por enteradas hasta que en 1986 la policía incautó un lote de esas monedas que tres buceadores corsos que se dedicaban a la pesca de erizos de mar, los hermanos Felix y Ange Biancamaria y su amigo Marc Cotoni, trataban de vender en el mercado negro. Fue entonces cuando los detenidos admitieron que habían hallado aquellas monedas en el Golfo de Lava, en la costa occidental de la isla de Córcega. Durante muchos años se habían estado sacando objetos de la zona que, dado que la ley francesa establece que todos los hallazgos arqueológicos subacuáticos son propiedad del estado, se habían mantenido en secreto y habían acabado vendidos de manera ilegal.
Según se sabría más tarde, los hallazgos en la zona se venían produciendo al menos desde la década de 1950, aunque una investigación de Jean Lafaurie sugería que los primeros descubrimientos se podían haber producido ya en el siglo XIX por parte de pescadores de coral. Los objetos del que sería conocido como Tesoro de Lava se encontraban dispersos por una amplia zona, a unas profundidades de entre 20 centímetros y seis metros, e incluían no solo monedas, sino también objetos como anillos y otras joyas, e incluso una estatua de oro representando a un niño alado que sostenía una ostra, y que supuestamente habría sido fundida para vender el oro del que estaba hecha. Algunos objetos se encontraban adheridos a las rocas de la costa; otros, enterrados bajo la arena o bajo rocas que fueron levantadas usando equipos hidráulicos.
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| Medallón o "múltiple sólido" de Claudio II el Gótico (268 d. C.) |
Resulta difícil calcular la cantidad de monedas y otros objetos extraídos sin permiso de la zona, pero se calcula que al menos 1400 monedas y otros muchos objetos, valorados en decenas de millones de euros (algunas de las monedas más raras, como un medallón de Galieno del que solo se conocen tres ejemplares, pueden alcanzar valores de hasta 250000 euros), fueron rescatados y vendidos a espaldas de las autoridades francesas. Según los hermanos Biancamaria, las monedas habían sido vendidas a coleccionistas de toda Europa y Norteamérica, mientras que los objetos de oro y las monedas rotas, que no interesaban a los coleccionistas, fueron fundidas por el valor de su oro.
Las monedas del tesoro presentan un rango de acuñación muy estrecho, que va desde las Decenales (la conmemoración de los diez años de reinado) de Galieno en el 262 d. C. hasta el 272 d. C. ya durante el reinado de Aureliano. Este corto espacio de tiempo hace que los arqueólogos sospechen que las monedas fueron embarcadas poco después de su acuñación. La hipótesis principal es que el tesoro pertenecía a un alto dignatario romano que viajaba en una galera, quizá huyendo de una revuelta, y que el barco se incendió y hundió cuando viajaba frente a la costa corsa. No se han hallado restos de la embarcación, por lo que se cree que pudieron ser sepultados por un deslizamiento de rocas o desperdigados por la actividad de las corrientes.
La revelación de la existencia del tesoro puso a las autoridades francesas sobre la pista de sus saqueadores. En noviembre de 1986 la aduana incautó otro lote de monedas del tesoro que iban a ser subastadas en Mónaco. En 1994, tras ocho años de investigación y más de 500 personas interrogadas, los Biancamaria y Cotoni fueron condenados a dieciocho meses de cárcel por tráfico de antigüedades. También fueron condenados dos numismáticos que habían actuado como cómplices. En 2010 Felix Biancamaria fue detenido de nuevo en el aeropuerto Charles de Gaulle cuando regresaba de Bélgica. En su equipaje se halló un excepcional plato de oro, de casi un kilo de peso, perteneciente al tesoro y que supuestamente había tratado de vender en Bruselas. El plato de oro está valorado en cerca de dos millones de euros, y cuando fue hallado tenía incrustada una medalla del emperador Galieno que fue retirada por un orfebre para ser vendida por separado, y cuyo paradero se desconoce. Biancamaria fue condenado a un año de cárcel por receptación de bienes robados, y uno de sus cómplices a ocho meses de prisión.
El 10 de marzo de 2017 la policía francesa detuvo a cuatro pequeños delincuentes corsos, Pierre-François Sabiani, Simon Giuntini, Olivier Birgi y Marie-Emmanuelle Rossi, por comercio ilegal de objetos históricos y tráfico de armas. Giuntini y Sabiani fueron arrestados cuando estaban a punto de embarcar en el puerto de Bastia, para dirigirse a Milan y de ahí a Hong Kong. En su equipaje se encontraron ocultas 16 monedas romanas de oro procedentes del tesoro, supuestamente destinadas a ser vendidas a coleccionistas asiáticos. Los arrestados habían planeado usar los beneficios para comprar armas que luego revenderían a miembros del crimen organizado. Otra moneda del tesoro, un áureo del emperador Quintilo, fue devuelta a los franceses por las autoridades noruegas en septiembre de 2025, tras ser incautada por haber sido introducida de manera ilegal en el país.
En la actualidad, el tesoro de Lava se encuentra disperso por multitud de museos y colecciones particulares de todo el mundo. Las circunstancias de su hallazgo han levantado sospechas sobre las monedas de oro romanas del periodo entre el 260 y el 275 d. C. De hecho, se cree que todos o casi todos los medallones de Galieno y los múltiplos de Claudio II y Aureliano que se conocen proceden de este tesoro. El gobierno francés apenas ha conseguido recuperar 80 monedas, que se conservan repartidas entre la Bibliothèque National de Paris y el Museo Arqueológico de Córcega en Sàrtene. Teóricamente, el gobierno francés tiene derecho a reclamar la devolución de las piezas del tesoro, por considerarlas objetos robados de un yacimiento arqueológico; sin embargo, la dificultad de probar el origen de piezas vendidas en transacciones fuera de los cauces legales hace que este derecho sea en buena parte hipotético.

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