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| El incidente de Namamugi (Shozan Hayakawa, 1877) |
En el año 1862 buena parte del territorio japonés seguía estando vedado a los extranjeros. A pesar de que el shogunato Tokugawa había permitido cierto aperturismo, autorizando los intercambios comerciales y la presencia de un limitado número de foráneos en suelo japonés, estos estaban obligados a residir en barrios determinados, como el distrito de Kannai en la ciudad de Yokohama, por cuyo puerto se producía la mayor parte del intercambio comercial con el extranjero. Además, los extranjeros tenían limitada su movilidad; por lo general no tenían permitido desplazarse a más de unos 40 kilómetros de su lugar de residencia. De este modo, el shogunato pretendía limitar la influencia externa sobre la sociedad japonesa.
Precisamente del barrio de Kannai partieron el 14 de septiembre de 1862 cuatro ciudadanos británicos con la intención de visitar el Kawasaki Daishi, un célebre templo budista situado en la ciudad de Kawasaki, a unos 15 kilómetros de Yokohama. Se trataba de Charles Lennox Richardson, un comerciante residente en la ciudad china de Shanghai que había hecho una escala en Yokohama en su viaje de regreso a Inglaterra; Woodthorpe Charles Clark (un viejo amigo de Richardson) y William Marshall, también comerciantes y residentes en Kannai; y Margaret Watson Borradaile, cuñada de Marshall. El grupo partió a eso de las dos y media de la tarde, cruzando en un bote la bahía de Yokohama hasta el pueblo de Kanagawa, donde les esperaban unos caballos que habían alquilado de antemano, y luego se dirigieron al norte siguiendo la llamada Carretera Tōkaidō, que conectaba la capital, Edo, con la ciudad de Kioto siguiendo la costa de la isla de Honshu.
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| Charles Lennox Richardson (1833-1862) |
Habían recorrido unos kilómetros cuando, al llegar a la altura de la villa de Namamugi, los británicos se encontraron con la comitiva de Hisamitsu Shimazu. Hisamitsu era el líder del poderoso clan Shimazu, y era el padre y regente de Tadayoshi Shimazu, el daimyo (señor) del dominio de Satsuma, uno de los feudos más grandes y poderosos de Japón, que el clan Shimazu venía gobernando ininterrumpidamente desde finales del siglo XII. Hisamitsu viajaba acompañado de un nutrido séquito de un millar de personas, muchas de las cuales eran samurais armados que formaban parte de su guardia. A pesar de que los miembros de la comitiva les indicaban por gestos que se apartaran del camino y desmontaran, como muestra de respeto hacia Hisamitsu, los británicos siguieron avanzando hasta llegar al centro del grupo, que ocupaba todo el ancho de la carretera.
Lejos de detenerse, siguieron marchando por entre los miembros de la comitiva. Aunque hay distintas versiones sobre lo ocurrido, la más fiable dice que, pese a las reticencias de Clark y Marshall, Richardson, cuyo desdén hacia los orientales era más que notorio, les animó a seguir adelante, llegando a decir que "Yo se como tratar con esta gente". Y siguió avanzando hasta llegar prácticamente al lado de la litera en la que viajaba Hisamitsu. Eso fue ya una provocación demasiado grande para uno de los samurais de Shimazu, quien, presa de la ira, atacó a Richardson hiriéndolo de gravedad. En ese momento varios guardias más se sumaron al ataque. Clark y Marshall, gravemente heridos, lograron huir al galope (a la señora Borradaile no le hicieron nada por ser mujer); sin embargo Richardson cayó de su caballo al intentar escapar y, ya en el suelo, varios samurais, por una orden directa de Hisamitsu, le propinaron el todome (golpe de gracia) apuñalándolo con sus espadas y lanzas (el examen post morten de su cuerpo reveló diez heridas mortales). Richardson sería posteriormente enterrado en el Cementerio General para Extranjeros del barrio de Yamate, en Yokohama.
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| Hisamitsu Shimazu (1817-1887) |
El llamado Incidente de Namamugi indignó profundamente tanto a los japoneses, que justificaron el asesinato de Richardson, como a los extranjeros, que lo condenaban, y provocó una crisis diplomática entre el shogunato y las potencias occidentales, especialmente el Reino Unido. Los japoneses justificaban la muerte de Richardson en virtud del llamado Kiri-sute gomen ("Perdón por cortar y abandonar"), una ley tradicional por la cual un samurái tenía derecho a castigar, o incluso a matar, a una persona de casta inferior si sentía que había sido insultado o le habían faltado al respeto, aunque con algunas condiciones: el ofendido tenía que actuar inmediatamente después de la ofensa, y solo podía dar un golpe; después de atacar, el agresor debía notificarlo al oficial gubernamental más cercano para que se juzgara si había actuado correctamente, entregar su espada y pasar 20 días recluido en su casa, esperando el veredicto; si se consideraba que había actuado incorrectamente, podía recibir graves sanciones o incluso ser condenado a muerte; y determinados profesionales, como los médicos o las parteras, estaban excluidos durante el ejercicio de su labor, porque se consideraba que debían actuar con rapidez y por ello podían ofender inadvertidamente a algún samurai con el que se cruzaran. Los extranjeros residentes en Japón alegaban que, en virtud de los tratados del shogunato con sus respectivos países, ellos no estaban sujetos a las leyes japonesas, y pidieron a sus gobiernos una actuación firme para evitar que se repitiera algo parecido.
El gobierno británico exigió a los japoneses una compensación por la muerte de Richardson. En un primer momento se negaron, atribuyendo la responsabilidad de lo ocurrido a la soberbia de los británicos, a su desconocimiento del idioma y las costumbres locales y a su falta de respeto hacia los ciudadanos japoneses. Contraponían el ejemplo de Eugene Van Reed, un comerciante norteamericano que, en una situación similar, había desmontado y se había inclinado para mostrar su respeto al paso de la comitiva de un daimyo. Hay que decir que Richardson no gozaba de demasiadas simpatías ni siquiera entre sus compatriotas; sir Frederick Wright-Bruce, enviado especial del gobierno británico en China, lo describió como "un aventurero arrogante" y su propio tío llegó a decir que no le sorprendía cómo había muerto, culpando a su "terquedad e imprudencia". Pero los británicos no aceptaron las justificaciones japonesas y reclamaron la apertura de negociaciones.
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| Negociaciones a bordo del Sémiramis entre representantes del shogun y de los gobiernos del Reino Unido y Francia (Le Monde Illustré, 26 de septiembre de 1863) |
Ausentes tanto el shogun Iemochi Tokugawa (que se encontraba en Kioto) como el embajador británico sir John Rutheford Alcock (de vacaciones), las negociaciones se llevaron a cabo entre un alto funcionario del shogunato, el wakadoshiyori Nagamichi Ogasawara, y el encargado de negocios de la embajada británica, el teniente coronel Edward St. John Neale, a bordo del buque de la Armada francesa Sémiramis. Neale exigió una disculpa oficial, cien mil libras de indemnización para las víctimas y que los autores materiales de la muerte de Richardson fueran apresados y juzgados, amenazando con bombardear Edo si sus condiciones no eran aceptadas. Temeroso, Ogasawara aceptó su parte del trato; pero el señorío de Satsuma, al que correspondía la detención de los implicados, se negó, confiado en su propia fuerza y en la debilidad del shogun. No dieron su brazo a torcer ni siquiera cuando los británicos trataron de negociar directamente con ellos.
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| Edward St. John Neale (1812-1866) |
Mientras tanto, toda la situación había provocado en Japón un resurgimiento del sentimiento nacionalista y anti-extranjero que había desembocado en la aparición de un movimiento político, el Sonnō jōi (Reverenciar al emperador, expulsar a los bárbaros) que propugnaba la expulsión de los extranjeros de Japón y el cierre de sus fronteras. Este movimiento provocó numerosos incidentes, el más grave de los cuales fue el bombardeo de la ciudad de Shimonoseki por parte de buques de guerra europeos, después de que Takachika Mori, líder del clan Mori, hubiera ordenado atacar a los barcos occidentales que pasasen frente a las costas de sus dominios.
En el verano de 1863, harto de esperar, Neale ordenó a la Royal Navy una expedición de castigo contra la ciudad de Kagoshima, la capital de Satsuma. Una flota bajo el mando del vicealmirante sir Augustus Kuper, formada por la fragata HMS Euryalus, las corbetas HMS Pearl, HMS Perseus y HMS Argus, y las cañoneras HMS Racehorse, HMS Coquette y HMS Havock, partió de Yokohama el 6 de agosto y se plantó cinco días después en la bahía de Kinko, exigiendo nuevamente compensaciones, pero los enviados de Satsuma rechazaron el ultimátum de Kuper. Este procedió entonces a capturar tres pequeños buques a vapor pertenecientes a Satsuma, para usarlos como moneda de cambio en las negociaciones. Como respuesta, después de una breve pausa impuesta por el paso de un tifón, las pequeñas baterías costeras que protegían el puerto abrieron fuego contra los británicos quienes, cogidos de improviso, procedieron a hundir los tres barcos que habían capturado y a devolver el fuego con su artillería contra los cañones japoneses y la propia ciudad (que ya había sido evacuada).
| Mapa del Bombardeo de Kagoshima (Ilustración de John Dower para The Illustrated London News) |
El combate se prolongó durante varias horas, hasta que los británicos, que no habían previsto un enfrentamiento como aquel, se quedaron sin municiones y Kuper dio la orden de retirada. Habían quedado destruidas 500 casas de Kagoshima, así como buena parte de las baterías costeras. También habían resultado hundidos varios juncos pertenecientes al reino de Ryūkyū (un pequeño reino semi-autónomo del sur, formado por los archipiélagos de Ryūkyū, Amami, Yaeyama y Miyako), cuya embajada también resultó seriamente dañada. Por parte japonesa habían tenido cinco muertos y seis heridos; los británicos perdieron trece hombres, incluido al capitán de la Euryalus, John J. S. Josling, y su segundo al mando, el comandante Edward Wilmot, ambos decapitados por un afortunado cañonazo japonés que alcanzó el puente de la fragata, y tuvieron 69 heridos. Además, la Racehorse había quedado seriamente dañada. Los japoneses, que pasaron a llamar al incidente "Guerra Anglo-Satsuma", se consideraron los vencedores del conflicto, lo mismo que la comunidad europea de Japón, que además lamentó que Kuper hubiera dañado bienes de una parte neutral. Por su parte, el alto mando británico (pese a las discusiones que el ataque había causado en el Parlamento británico) lo consideró un éxito e incluso condecoró a Kuper nombrándolo caballero de la Orden de Bath por su actuación en Kagoshima.
Sin embargo, al final los de Satsuma, temiendo un nuevo ataque aún más devastador, acabaron cediendo. Aunque nunca llegaron a juzgar a los responsables de la muerte de Richardson, si aceptaron pagar las 25000 libras que pedían los británicos como indemnización; dinero que tuvieron que pedir prestado al gobierno del shogun y que nunca devolvieron, porque en 1868 la llamada Restauración Meiji acabó con el shogunato y retornó sus poderes al emperador. En cuanto a Hisamitsu Shimizu, nunca fue acusado ni tuvo que responder por lo sucedido. Se convirtió en uno de los principales apoyos del emperador durante la Restauración, y después de ella recibió el título de Kōshaku (Príncipe) e incluso ejerció como Sadaijin (Ministro de la Izquierda), uno de los cargos más relevantes dentro del gabinete del emperador.




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