Verba volant, scripta manent

domingo, 10 de mayo de 2026

El último viaje del Bom Jesus

Excavación del pecio del Bom Jesus


La ciudad namibia de Oranjemund es una población singular. Situada en pleno desierto, al norte del río Orange, en la frontera entre Namibia y Sudáfrica, sus en torno a 8000 habitantes son casi exclusivamente trabajadores de la industria del diamante y sus familias. La ciudad se fundó en la década de 1930, tras el hallazgo de yacimientos diamantíferos en las cercanías del Orange, y hasta 2017 estuvo administrada por la Namdeb, una sociedad participada conjuntamente por el gobierno namibio y la gran dominadora del mercado mundial de diamantes, la compañía sudafricana De Beers, que se encarga de la explotación de numerosos yacimientos diamantíferos de Namibia. Durante ese tiempo, el acceso a Oranjemund estuvo fuertemente restringido, resultando casi imposible para cualquiera que no estuviera relacionado con la actividad minera.

Precisamente en las cercanías de Oranjemund se encontraba el 1 de abril de 2008 Kaapanda Shadika, un empleado de De Beers, excavando con un bulldozer en busca de nuevos yacimientos, cuando su sondeo sacó a la luz algo inesperado: una gran cantidad de lingotes de cobre, colmillos de elefante, y lo que parecían ser los restos de un barco antiguo. Shadika avisó inmediatamente a Dieter Noli, un arqueólogo contratado por la De Beers, el cual, tras concluir que se trataba de un navío muy antiguo, solicitó la ayuda de Bruce Werz, un especialista en arqueología marina del Instituto Sudafricano de Arqueología Marina. 

Oranjemund

Los restos del barco estaban divididos en tres partes y cubiertos de una gruesa capa de concreción que se había depositado sobre ellos mientras estaban sumergidos. Se cree que el barco navegaba frente a la costa cuando una tempestad lo arrojó contra las rocas, abriendo el casco y desperdigando su contenido, que fue en buena parte encontrado entre los fragmentos del barco. El barco habría permanecido bajo el agua durante mucho tiempo, dando lugar a que se formara la capa de concreción que, si bien dificultaba el rescate del contenido del pecio, lo había protegido del paso del tiempo. Y más tarde, el retroceso de la línea de costa había hecho que el pecio acabara en pleno desierto namibio. Los trabajos de excavación sacaron a la luz miles de objetos: armas, cañones,utensilios de cocina, instrumentos de navegación. Y también la carga del buque: más de 1800 lingotes de cobre, hasta un peso total de unas 16 toneladas; un centenar de colmillos de elefante; y dos mil monedas de oro y plata, fundamentalmente españolas, aunque también bastantes portuguesas, y otras de más exóticos orígenes como Hungría, Venecia, Marruecos o la isla griega de Rodas. No se encontraron restos humanos, aparte de varios pequeños fragmentos de hueso, lo que parece indicar que la mayor parte de la tripulación se perdió en el mar. La fecha de acuñación de las monedas permitió fechar el hundimiento del barco en torno a la década de 1530.

Una de las monedas del tesoro del Bom Jesus

La abundancia de monedas españolas (fundamentalmente excelentes y doblas de oro acuñadas durante el reinado de los Reyes Católicos) hizo pensar en un primer momento que podía tratarse de un barco español. Sin embargo, el lugar del hundimiento, inusual para un barco español, y la presencia de algunos cruzados portugueses muy poco comunes entre las monedas halladas llevaron a sospechar que mas bien se trataba de un mercante portugués camino de Extremo Oriente, hipótesis luego confirmada por la intervención de arqueólogos portugueses en la excavación. El examen de la carga confirmó las sospechas. Los lingotes de cobre llevaban la marca del comerciante y banquero alemán Anton Fugger (1493-1560), una de las mayores fortunas de Europa de su época y socio comercial de numerosos comerciantes portugueses (el análisis químico del cobre confirmó que procedía de las minas que la compañía Fugger explotaba en los Montes Metálicos eslovacos). El análisis genético de los colmillos confirmó que procedían de manadas de elefantes de África Occidental, coincidentes con la situación de los puestos comerciales portugueses en África en la época, donde importantes cantidades de marfil eran embarcados cada año rumbo a Cabo Verde y São Tomé, desde donde viajaban a Lisboa y de allí eran a menudo reenviados hacia Asia.

Se había completado una imagen general bastante precisa del buque y su itinerario: se trataba de un mercante portugués que se dirigía a Asia (China, India o Japón, probablemente) doblando el Cabo de Buena Esperanza (la ruta habitual de los barcos portugueses) donde esperaba intercambiar su carga por exóticas y valiosas mercancías de Oriente (fundamentalmente, especias y sedas) para traer de vuelta a Europa. Quedaba, pues, la tarea de poner nombre al pecio; algo bastante complejo debido a la falta de documentación de la época. Mientras por ejemplo España posee el monumental Archivo de Indias de Sevilla, que alberga millones de documentos relativos al comercio de España con sus territorios de ultramar durante siglos, Portugal conserva muy poca documentación de su comercio previo al siglo XVIII debido a que la mayor parte de los archivos resultaron destruidos en 1755 durante el terremoto que asoló Lisboa en aquel año.

Lingotes de cobre hallados en el pecio

Finalmente, tras revisar numerosas fuentes y crónicas de la época, apareció el candidato más probable: de los 21 barcos portugueses perdidos entre 1525 y 1600 rumbo a las Indias, solo uno desapareció cerca de lo que hoy es Namibia. Se trataba del Bom Jesus, una nau o carraca que partió de Lisboa el viernes 7 de marzo de 1533, capitaneado por Dom Francisco de Noronha y con unos 300 tripulantes a bordo, y del que no volvió a saberse nada hasta que casi cinco siglos después sus restos emergieron del desierto de Namibia. Las carracas eran los mayores buques europeos de su época, construidos para el traslado de grandes cargas durante travesías largas, y usados habitualmente por portugueses, venecianos y genoveses.

El Bom Jesus es considerado el pecio más antiguo y valioso jamás encontrado en las costas atlánticas del África subsahariana. En la actualidad el pecio y su contenido permanecen en Oranjemund. Aunque teóricamente Portugal podía haber reclamado su propiedad por tratarse de un mercante que navegaba bajo los auspicios del rey portugués Juan III el Piadoso, las buenas relaciones con el gobierno namibio hicieron que los portugueses renunciaran a sus derechos sobre el hallazgo. Desde hace tiempo se habla de construir un museo in situ, con la colaboración y asesoramiento de instituciones portuguesas, para exhibir el Bom Jesus y su carga.

domingo, 3 de mayo de 2026

La desaparición de Ray Gricar

Ray Gricar y el coche que conducía cuando desapareció

A eso de las once y media de la mañana del 15 de abril de 2005 Ray Gricar, fiscal de distrito del condado de Centre (Pennsylvania), telefoneó a su novia Patty Fornicola, con la que convivía desde el 2002. Gricar regresaba de una visita al juzgado de Centre y en aquel momento circulaba por la autopista 192, y llamaba para avisarla de que no llegaría a su casa en Bellefonte a tiempo para alimentar y pasear al perro. Gricar nunca llegó a su casa; esa noche, al ver que no llegaba y no respondía al teléfono, Fornicola denunció su desaparición a la policía.

El coche de Gricar, un Mini Cooper rojo, apareció al día siguiente en el aparcamiento de una tienda de antigüedades en Lewisburg, a unos 50 kilómetros de donde estaba cuando llamó a su novia. No había señales de lucha, ni nada que hiciera sospechar juego sucio. El coche estaba cerrado con llave, y en su interior estaba el teléfono de Gricar, pero no su ordenador portátil, sus llaves, sus gafas de sol ni su cartera. La policía registró la zona, y dieron una extensa batida por las orillas del cercano río Susquehanna, sin éxito. 

Ray Gricar había nacido en Cleveland (Ohio) en 1945. Había ejercido la abogacía y había sido fiscal en el condado de Cuyahoga antes de trasladarse a Pennsylvania a principios de los 80. En 1980 obtuvo un puesto como ayudante del fiscal de distrito de Centre, y cuando este decidió no presentarse a la reelección en 1985 (el cargo de fiscal de distrito es electivo en los Estados Unidos) Gricar se presentó como candidato y fue elegido. Sería reelegido en 1989, 1993, 1997 y 2001, pero en el momento de su desaparición ya había anunciado que no se iba a presentar a las elecciones de 2005 y planeaba retirarse a finales de año.

La policía y el FBI llevaron a cabo una intensa investigación durante semanas. Se revisaron con atención las cuentas bancarias de Gricar, los movimientos de sus tarjetas de crédito y las llamadas de su teléfono, sin encontrar nada sospechoso, ni tampoco ningún movimiento posterior a su desaparición. El 30 de julio unos pescadores encontraban el portátil de Gricar bajo un puente del Susquehanna, pero se descubrió que le faltaba el disco duro. El área donde se halló el ordenador fue revisada concienzudamente por buceadores durante varios días, sin encontrar nada más. Sin embargo, dos meses después un paseante encontró un disco duro en la orilla del río, a apenas 100 metros de donde había aparecido el portátil; se supone que era el del ordenador de Gricar, pero estaba tan dañado que ni el FBI, ni el Servicio Secreto, ni una empresa de recuperación de datos contratada por las autoridades pudieron obtener información alguna sobre él.

El ordenador portátil de Ray Gricar, rescatado del río Susquehanna 

El 25 de julio de 2011 el juzgado del condado de Centre lo declaró "presumiblemente muerto" a petición de su hija, Laura. Curiosamente, al día siguiente la policía de Utah arrestaba a un hombre que guardaba un gran parecido físico con Gricar y que no portaba ninguna documentación; sin embargo, tras comparar sus huellas dactilares se determinó no era él. Veinte años después de su desaparición, las autoridades siguen sin tener indicios claros de lo que le pasó. No ha habido movimientos ni en sus cuentas bancarias, ni en sus tarjetas de crédito, ni en su correo electrónico.

Desde un primer momento los investigadores manejaron tres hipótesis para explicar su desaparición. La primera, que se tratara de un suicidio. El hermano mayor de Ray Gricar, Roy, se había suicidado en 1996, y la policía no pudo menos que notar el parecido de la desaparición de Ray con las circunstancias del suicidio de su hermano: Roy había aparcado su coche en un lugar público, cerca de un puente sobre un rio, desde el cual se había tirado. Sin embargo su familia siempre ha rechazado esa posibilidad: Ray nunca había mostrado síntomas de depresión o de pensamientos suicidas, y todos afirman que estaba ilusionado y haciendo planes con vistas a su próximo retiro.

Frente a esta tienda de Lewisburg fue encontrado el coche de Ray Gricar

La segunda posibilidad era que Gricar hubiera preparado su desaparición para iniciar una nueva vida bajo otro nombre. Años atrás también había desaparecido durante varios días, según él porque había ido a ver un partido de béisbol. Algunos de sus compañeros de trabajo recordaron que había mostrado mucho interés en el caso de un jefe de policía de Cleveland que había desaparecido para empezar una nueva vida. Al revisar su ordenador la policía descubrió que alguien había hecho búsquedas tales como "Como dañar un disco duro", "Como freir un disco duro" o "Daños por agua en un ordenador personal". Además, tras su desaparición las autoridades recibieron numerosas denuncias de gente que decía haberlo visto; la más notable, la de un barman y un policía fuera de servicio que afirmaban haberlo visto en un bar de la localidad de Wilkes-Barre, viendo un partido de béisbol. Algunos creyeron que podía haber huido a Europa; Gricar, hijo de inmigrantes eslovenos, hablaba esloveno y ruso y tenía parientes en Eslovenia, así que por si acaso se contactó con la Interpol para que lo investigara.

La tercera posibilidad es que se tratara de un homicidio. Un detalle del caso que nunca se llegó a esclarecer es que cuando el coche de Gricar fue hallado, había ceniza en el cenicero y olor a tabaco en su interior; era bien sabido que Gricar odiaba el tabaco y no permitía que nadie fumara cerca de él, lo que hacía pensar que alguien más había estado en ese coche aquel día. Gricar no había llevado grandes casos criminales durante su carrera como fiscal de distrito, pero aún así se examinaron sus casos pasados para ver si alguien podía tenerle tanto rencor como para intentar algo contra él. Un par de años antes había procesado a una banda de traficantes de heroína, pero la policía no halló conexiones con su desaparición. Y en 1998 había rechazado presentar cargos contra Jerry Sandusky, un conocido entrenador de fútbol de la universidad de Pennsylvania State, al que varios jóvenes habían acusado de abuso sexual; Gricar consideró que no había pruebas suficientes. Sandusky sería finalmente procesado y condenado en 2012 por múltiples cargos de abuso sexual a menores. Pero tampoco se hallaron conexiones entre este caso y la desaparición de Gricar. Las sospechas de la policía se extendieron incluso a su familia; su novia Patty y su hijastra fueron sometidas a la prueba del polígrafo, que ambas pasaron.

Veinte años después, el misterio continúa. El caso sigue oficialmente abierto y la policía de Penssylvania sigue recibiendo de cuando en cuando llamadas de personas que creen tener información sobre el caso. Todas las denuncias se investigan, pero ninguna ha dado fruto hasta el momento. 

domingo, 26 de abril de 2026

El incidente de las nueces

Nueces de Macadamia

El vuelo 086 de Korean Air tenía su salida prevista a las 00:50 horas del viernes 5 de diciembre de 2014 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York con destino al Aeropuerto Internacional de Incheon, en Corea del Sur. A bordo iban 250 pasajeros y 23 tripulantes.

Entre los pasajeros de primera clase estaba Heather Cho (occidentalización de su nombre coreano, Cho Hyun-ah), vicepresidenta de la aerolínea, hija de Cho Yang-Ho, presidente de la compañía y del Grupo Hanjin (el conglomerado de empresas del que Korean Air era solo una de sus muchas ramas), y nieta de Cho Choong-hoon, fundador del grupo. Heather tenía fama de ser una persona difícil de tratar: arrogante, caprichosa y temperamental, no soportaba que le llevaran la contraria y exigía que sus órdenes se cumplieran al pie de la letra. Y en aquel vuelo iba a verse uno de sus estallidos de furia, desencadenado por un motivo aparentemente tan nimio como un paquete de nueces.

Cho Hyun-ah, Heather Cho (n. 1974)

A Heather, como al resto de pasajeros de primera clase, se le entregó justo antes de despegar una bolsita de nueces de Macadamia, como gesto de cortesía. Heather Cho llamó inmediatamente a Kim Do-hee, la azafata que se las había entregado, para saber por qué se las habían dado en su bolsa de plástico y no en un plato. La azafata le explicó que esas eran las normas de la empresa: por seguridad y comodidad los frutos secos se servían en sus envases. Pero Heather exigía que se las sirvieran en un plato, y no aceptó las explicaciones de la azafata. Cada vez más irritada, comenzó a recriminar a Kim y exigió la presencia del supervisor de la tripulación, Park Chang-jin. Park trató de hacerle ver que Kim había seguido las normas de la compañía; pero lejos de aplacar a Heather Cho, ésta se enfureció todavía más y comenzó a reprender a voces a ambos empleados, llegando a golpear a Park en varias ocasiones en los nudillos con una tablet, y obligando a los dos a pedirle perdón de rodillas. Todo ello, ante la estupefacta mirada del resto de pasajeros de primera clase.

Finalmente, Heather anunció a Park que estaba despedido y debía abandonar inmediatamente el avión. Como este ya estaba en la pista, esperando la autorización para despegar, Heather ordenó al piloto regresar a la puerta de embarque para que Park pudiera salir del avión. Todo ello causó un retraso de unos treinta minutos en el horario previsto. Una de las pasajeras, disgustada con el trato recibido por Kim y Park, presentó una queja a la compañía; como respuesta, la compañía le envió por correo un calendario y una maqueta de un avión de la aerolínea, a modo de disculpa.

En un primer momento, Park aceptó su despido y acordó con los ejecutivos de la compañía mantener en secreto todo el incidente. Pero ocurrió algo que le hizo cambiar de idea: le llegó el rumor de que Heather Cho había dicho que los había sorprendido, a él y a la azafata, manteniendo relaciones sexuales en el avión. Indignado, Park decidió entonces presentar una queja oficial ante el Ministerio de Transportes surcoreano. Como era de esperar, Korean Air negó en un principio cualquier irregularidad y excusó a Heather Cho diciendo que entraba dentro de sus responsabilidades como vicepresidenta comprobar la calidad del servicio y la seguridad del avión. Park también relató más tarde haber recibido más de una docena de llamadas presionándole para retirar su queja y declarar a las autoridades que no había sido despedido, sino que había renunciado voluntariamente. Finalmente, el ministro de transporte Suh Seoung-hwan decidió que una comisión de la Junta de Investigación de Accidentes de Tren y Aviación investigase el caso. Pero Park no se fiaba; conocía la influencia de Korean Air en las altas esferas del ministerio, hasta el punto de que dos de los miembros de la comisión investigadora eran ex-empleados de la aerolínea. Así que, temiendo que trataran ocultar el caso, decidió acudir a la prensa. Y el escándalo estalló en toda su intensidad.

Lo cierto es que el incidente tocaba de lleno un tema polémico y de candente actualidad para la sociedad surcoreana: los abusos y malos comportamientos cometidos por los miembros de los chaebol, los conglomerados de empresas controlados por una única familia tan típicos de Corea del Sur. Especialmente, por parte de sus generaciones más jóvenes, no los fundadores, sino sus herederos, criados con todo tipo de privilegios, y que ya habían protagonizado otros sucesos parecidos abusando de su poder y su dinero. La indignación se desató de inmediato entre los coreanos y Korean Air y el Grupo Hanjin recibieron una oleada de críticas. La primera reacción de la compañía fue negar cualquier tipo de comportamiento incorrecto, y la propia Heather Cho declaró públicamente que no había hecho nada de lo que la acusaban, ante el escepticismo general. Sin embargo, varios testigos ajenos a las dos partes, incluido un pasajero de primera clase, confirmaron las acusaciones contra ella.

Pero las aguas estaban lejos de calmarse. La investigación periodística sacó a la luz que no era la primera vez que Heather Cho se veía envuelta en un caso así. Ya en 2013 había agredido físicamente a otra azafata por haberle servido unos ramen noodles que no estaban a su gusto. En aquel caso la compañía había conseguido mantener el incidente en secreto. Ante la imparable lluvia de críticas, el 10 de diciembre se anunciaba que Heather Cho renunciaba a sus cargos en la compañía, aunque en realidad solo renunció al puesto de vicepresidenta, y conservó su asiento en la junta directiva de la aerolínea y sus cargos directivos en otras compañías del grupo. Su padre, el presidente Cho, dio una rueda de prensa en la que pidió perdón por el incidente y censuró el comportamiento "imprudente" de su hija. Aún así, Heather tuvo que declarar ante la comisión de investigación el día 12, donde se disculpó públicamente y anunció su intención de disculparse en persona ante Park y Kim. Días más tarde, de hecho, acudió a sus domicilios, pero, casualidad o no, ninguno de ellos se encontraba en casa en ese momento.

Finalmente, la comisión multó a Korean Air con unos dos millones de dólares, reconociendo la culpabilidad de Heather Cho y dejando la puerta abierta a que el caso pasara a manos de la justicia ordinaria. El 30 de diciembre la fiscalía presentaba cargos contra Heather Cho, el más grave de los cuales era haber provocado un cambio no autorizado en una ruta aérea, violando el artículo 42 de la Ley coreana de Seguridad Aérea, por haber hecho regresar al avión a la puerta de embarque, un delito que podía ser castigado con hasta diez años de prisión (aunque los abogados de la familia Cho alegaron que al no haber despegado todavía el avión no podía aplicarse dicho artículo).

Heather Cho, en el momento de su arresto

El juicio comenzó el 19 de enero en el Juzgado del Distrito Oeste de Seúl, con Heather declarándose inocente de todos los cargos. Durante el proceso quedaron en evidencia los intentos de Korean Air para obstruir y entorpecer la investigación del caso. Un directivo de la compañía había ordenado a sus empleados destruir los informes del incidente. Ambas víctimas habían recibido presiones por parte de directivos de la aerolínea para que se retractaran de sus acusaciones, y cuando las amenazas no fucionaron recurrieron al soborno (la azafata Kim afirmó haber recibido una oferta para trabajar como profesora en una universidad afiliada al Grupo Hanjin si mentía en el juicio). Asimismo la aerolínea se había negado a proporcionale al Ministerio de Transportes una lista de los pasajeros de aquel vuelo, y se encontraron indicios de que se habían espiado las conversaciones de los empleados de la compañía en la red de mensajería instantánea KakaoTalk. 

Finalmente, el 12 de febrero se dictó sentencia. Heather Cho fue condenada a un año de prisión por el delito de obstrucción a la seguridad aérea (por el cambio de ruta del vuelo), cumpliendo cinco meses de cárcel antes de que una apelación redujera su condena a diez meses exentos de cumplimiento y fuera puesta en libertad. A un ejecutivo de la aerolínea apellidado Yeo se lo condenó a ocho meses de cárcel por haber ordenado destruir un informe interno sobre el incidente, mientras que un funcionario del Ministerio de Transporte apellidado Kim fue condenado a seis meses de cárcel por haber facilitado información confidencial sobre el caso a miembros de la compañía.

En marzo de 2015 Kim Do-hee y park Chang-jin presentaron sendas denuncias civiles en un juzgado de Nueva York contra Heather Cho y Korean Air, buscando una compensación económica por los insultos y agresiones. Ambas demandas fueron desestimadas por falta de jurisdicción, ya todos los implicados tenían su residencia en Corea del Sur. Posteriormente un tribunal surcoreano les concedió una indemnización de 30 millones de wons (unos 27000 dólares) por los ataques de Cho y otros 20 millones (18000 $) por las presiones para que retiraran la denuncia. Ambos fueron posteriormente reincorporados a sus respectivos puestos por parte de la aerolínea, como parte de su disculpa. Park desempeñaría más tarde diversos cargos sindicales antes de dejar la compañía para dedicarse a la política. En 2020 fue elegido miembro de la Asamblea Nacional de Corea representando al Partido de la Justicia, aunque más tarde renunciaría al cargo y dejaría el partido para unirse al Partido Demócrata de Corea. En la actualidad, tras dejar la política activa, trabaja para la Korea Airports Corporation, una empresa pública que gestiona varios de los principales aeropuertos del país.

El llamado incidente de las nueces supuso una llamada de atención a muchas familias privilegiadas sobre los comportamientos de sus miembros. Para Korean Air supuso un gran desprestigio (la compañía vio como caía el precio de sus acciones y llegó a perder más del 6% de sus viajeros a raiz del escándalo) y contribuyó a popularizar el término gapjil, que hace referencia al comportamiento arrogante y abusivo de una persona hacia aquellos sobre los que tiene poder.

Años más tarde la familia Cho se volvería a ver envuelta en un caso parecido. En 2018 la hermana menor de Heather, Emily Cho, que dirigía el departamento de marketing y publicidad de Korean Air, se vio obligada a dimitir de sus cargos después de que en una reunión de negocios arrojara un vaso de agua a la cara de un ejecutivo de una empresa de publicidad.

domingo, 19 de abril de 2026

Historias de la Segunda Guerra Mundial (II)

A finales de la Segunda Guerra Mundial el ejército imperial japonés planeó un ataque con armas biológicas contra suelo norteamericano conocido como Yozakura Sakusen (Operación Cerezos en Flor por la Noche). El plan contemplaba el envío de varios submarinos de largo alcance I-400 a través del océano Pacífico hasta las costas norteamericanas, cada uno con tres hidroaviones Aichi M6A Seiran a bordo. Los hidroaviones serían los encargados de diseminar en el área de la ciudad de San Diego contenedores llenos de pulgas infectadas con la bacteria de la peste bubónica, para provocar una epidemia que podría haber matado a miles de personas. La mente detrás del plan era el médico Shiro Ishii, comandante del siniestro Escuadrón 731, una unidad de investigación tristemente famosa por sus experimentos con prisioneros de guerra. La operación estaba programada para septiembre de 1945; la rendición de Japón en agosto evitó que se llevara a cabo.

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En 1942 el criptógrafo Leo Marks se presentó como candidato para ingresar en el Departamento de Operaciones Especiales británico. En la prueba de admisión tardó siete horas y cuarto en traducir un mensaje cifrado que la mayoría de los trabajadores del Departamento resolvían en veinte minutos. Marks estaba a punto de irse cuando el supervisor de la prueba le pidió que devolviera el código. "¿Código?" respondió Marks. "¿Qué código? Usted no me dio ningún código". La prueba consistía en traducir el mensaje disponiendo del código, para medir la rapidez lectora de los candidatos. En cambio Marks había descifrado el mensaje por su cuenta, "reventando" en apenas siete horas uno de los códigos más seguros del ejército británico.

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El 9 de diciembre de 1941, dos días después del ataque a Pearl Harbor, el portaaviones norteamericano USS Langley, que se encontraba en las costas de las Indias Orientales Holandesas, avistó un objeto brillante en el cielo. Temiendo que se tratara de un avión japonés y aquel fuera el inicio de un ataque, el Langley abrió fuego contra él con sus defensas antiaéreas. Tras más de 300 disparos, el ataque se detuvo cuando el navegante del buque advirtió que le estaban disparando al planeta Venus.

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La Oficina de Servicios Estratégicos de EEUU desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial la llamada Operación Fantasia, una operación de guerra psicológica que contemplaba liberar en suelo japonés decenas de zorros cubiertos de pintura fluorescente, para explotar el supuesto miedo supersticioso de los japoneses hacia los kitsune, espíritus del folklore japonés con forma de zorro que a menudo eran vistos como símbolo de malos presagios. El plan nunca se llevó a cabo porque en las pruebas preliminares los zorros se lamían la pintura en cuestión de minutos.

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El 5 de junio de 1944 el mecánico de aviones norteamericano Charles Schmelze tuvo un largo y extenuante día de trabajo revisando y poniendo a prueba docenas de aviones que al día siguiente iban a participar en el desembarco de Normandía. Terminada su jornada, agotado, Schmelze se echó a dormir un rato en el interior de un planeador. Cuando se despertó, el aparato estaba aterrizando en Francia. Nadie lo despertó antes de despegar porque todos pensaban que era uno más de los componentes de la misión.

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Dos soldados norteamericanos que estaban bebiendo en un pub inglés descubrieron al compartir sus fotos familiares que los dos se habían casado justo antes de ser movilizados con la misma mujer, Elvira Taylor, de Norfolk (Virginia). La investigación posterior reveló que Elvira se había casado no con uno ni con dos, sino con hasta seis soldados, esperando cobrar por uno o por varios los diez mil dólares de indemnización que el gobierno norteamericano concedía a las viudas de los soldados caídos en combate.

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El 6 de agosto de 1945 Utaro Hashimoto y Kaoru Iwamoto disputaban la segunda partida del Honimbo, el torneo de go más antiguo y prestigioso de Japón. La partida se celebraba en las afueras de Hiroshima, donde se había trasladado por consejo de la policía después de que la primera partida se hubiera celebrado en el centro de la ciudad. A las 8:15 de la mañana, cuando los competidores se preparaban para empezar, estalló la bomba atómica lanzada por los norteamericanos, que destruyó el centro de la ciudad, mató instantáneamente a miles de personas e incluso dañó el edificio donde se celebraba la partida e hirió a varios espectadores. La partida se reanudó después del almuerzo y Hashimoto ganó por cinco puntos.

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El 13 de abril de 1942 se celebró en el campo de entrenamiento de Imber (Wiltshire) una exhibición de tiro a cargo de seis Hawker Hurricane y seis Spitfire de la RAF, que habría de servir como ensayo para una prueba similar que se iba a llevar a cabo unos días más tarde, durante una visita programada al campo del primer ministro Winston Churchill y del general George Marshall, Jefe de Estado Mayor del Ejército norteamericano. El objetivo del ejercicio era hacer blanco en una serie de vehículos blindados y tanques simulados. El último de los Hurricanes, pilotado por un piloto norteamericano llamado William McLachlan, abrió fuego también contra un grupo de espectadores, en su mayor parte personal militar, creyendo que se trataba de maniquíes y eran parte de la exhibición. 25 personas murieron y 71 resultaron heridas.

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El 28 de diciembre de 1943 una pequeña erupción volcánica provocó la aparición de un domo volcánico en mitad de un campo de trigo en la isla de japonesa de Hokkaido, cerca del monte Usu. Las autoridades, temiendo que se interpretara como un mal presagio para la guerra, decidieron mantenerlo en secreto: se construyó una cerca alrededor y pusieron guardias en el perímetro para impedir que nadie se acercara. En la actualidad, el domo recibe el nombre de Shōwashinzan, y aunque la emisión de lava terminó en 1945, todavía sigue emitiendo humo.

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El oftalmólogo Harold Riley se dio cuenta mientras atendía a pilotos de la RAF con heridas en los ojos de que cuando estos pilotos tenían incrustadas en sus ojos astillas de metacrilato procedentes de las cubiertas de las cabinas de sus aviones, dichas astillas no provocaban una reacción inflamatoria, como si lo hacían las astillas de vidrio o de otros materiales. Este descubrimiento le llevó más tarde a desarrollar las primeras lentes intraoculares para tratar problemas como las cataratas.

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En noviembre de 1942 el general francés Henri Giraud fue convocado a Gibraltar para reunirse con el general estadounidense Dwight Eisenhower como parte de los preparativos del desembarco aliado en África del Norte. Eisenhower pretendía que Giraud tomase el mando de las tropas francesas en Marruecos, Argelia y Túnez. Pero Giraud, fuertemente antibritánico, exigió viajar en un navío que no fuese de esa nacionalidad. Como no había ninguno disponible, le hicieron creer que el submarino británico HMS Seraph era en realidad el USS Seraph, norteamericano: ondeaba la bandera norteamericana y tenía un oficial norteamericano como capitán, mientras la tripulación británica tenía órdenes de mantenerse en silencio y de fingir el acento americano si tenían que dirigirse a Giraud.

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Las chocolatinas M&M's, comercializadas por primera vez en 1941, fueron en un principio vendidas exclusivamente al ejército de los EEUU, que veía en ellas la forma ideal de que sus soldados desplegados en países tropicales llevaran chocolate en sus raciones sin peligro de que se derritiera. No estuvieron disponibles para el público general hasta 1946.

domingo, 12 de abril de 2026

Pequeñas historias (XLV)

El restaurante La Rue, en la ciudad italiana de Milan, se ha hecho famoso por su peculiar menú: el restaurante ofrece en su carta un único plato, entrecot con patatas fritas, al precio fijo de 35 euros (bebidas aparte). El restaurante tiene capacidad para 80 personas y atiende cada día a unos 350 comensales, que solo pueden decidir sobre su comida el punto de cocción del entrecot. Eso si, el restaurante se precia de seguir un modelo sostenible y respetuoso con el medio ambiente: la mayoría de sus ingredientes son comprados a productores locales y siguen una política de reducción de residuos. A pesar de tan particular carta, el restaurante es todo un éxito: tienen un lleno absoluto casi todos los días y en ocasiones hay colas esperando para entrar. Si alguno se anima, se encuentra en el número 79 de la calle Corso Garibaldi.

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Durante la Guerra de Vietnam algunas unidades especiales del ejército norteamericano dejaron de utilizar sus fusiles M16 reglamentarios y pasaron a utilizar AK-47 Kalashnikov capturados a los vietnamitas. Por un lado, los Kalashnikov eran mucho más fiables que los M16, sobre todo en las difíciles condiciones de la jungla. El AK-47 seguía disparando incluso estando mojado o sucio, mientras que el M16 se atascaba con facilidad. Por otro, les servía como camuflaje: cuando los soldados norvietnamitas escuchaban el característico sonido de los disparos del AK-47 creían que se trataba de sus soldados y no de norteamericanos. ¿Las desventajas? Sus cargadores eran más grandes y pesados que los del M16, por lo que cada soldado podía cargar una cantidad menor de munición; y, dado que se trataba de un arma soviética, carecían de un sistema de suministros regulares y dependían de la munición que pudieran capturar al enemigo.

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El 13 de marzo de 1962 el presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor de los EEUU, el general Lyman Lemnitzer, presentó al entonces Secretario de Defensa Robert McNamara un documento proponiendo una operación secreta con el nombre de Operación Northwoods. La Operación Northwoods planteaba la comisión de una serie de actos de terrorismo (unos reales y otros fingidos) contra objetivos estadounidenses de los cuales se pretendía echar la culpa al régimen cubano presidido por Fidel Castro. El objetivo era, por un lado, tener una excusa para llevar a cabo una invasión militar de Cuba con el fin de derrocar a su gobierno; y por otro, asegurar el apoyo de la mayoría del pueblo estadounidense a dicha intervención. El documento planteaba acciones tales como una serie de atentados con bombas en Washington DC y Miami, un ataque contra la base de Guantánamo (incluyendo el hundimiento de un navío estadounidense), el hundimiento "real o simulado" de un barco cargado de refugiados cubanos o incluso el derribo de un avión no tripulado al que se haría pasar por un avión comercial que transportaba estudiantes universitarios de vacaciones. Dicha operación había recibido el visto bueno de los miembros de la Junta y de altos cargos de las fuerzas armadas y del Departamento de Defensa. El plan nunca se llevó a cabo, dicen que por la oposición frontal del presidente Kennedy.

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El 13 de diciembre de 1974 el oceanógrafo soviético Stanislav Kurilov saltó por la borda del crucero Sovetsky Soyuz cuando este navegaba por el mar de Filipinas, llevando una máscara de buceo y unas aletas. Kurilov nadó durante dos días y tres noches hacia la costa filipina antes de ser rescatado por un pescador, completando una de las más insólitas deserciones de la Guerra Fría.

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El actor austríaco de ascendencia judía Lionel Royce (nacido Leon Moriz Reiss) empezó a tener dificultades para actuar tras la llegada a los nazis al poder en 1933. Tras la promulgación de las leyes raciales de Nuremberg en 1935, Royce se retiró a una cabaña en el Tirol, se dejó crecer el pelo y la barba, se los decoloró con peróxido de hidrógeno y estudió minuciosamente el acento y las expresiones de los habitantes de la zona. En 1936 se presentó en Viena haciéndose llamar Kaspar Brandhofer y fingiendo ser un campesino tirolés autodidacta con un talento natural para la actuación. Su debut en diciembre de 1936 en la obra de teatro Fräulein Else recibió excelentes críticas, siendo señalado como la gran sensación de la temporada, e incluso los nazis aplaudieron su "interpretación aria". Sin embargo Royce no sintió satisfacción alguna con su éxito y acabó revelando públicamente su verdadera identidad. Para escapar de la ira de las autoridades, tuvo que marcharse de nuevo al exilio, esta vez a Estados Unidos.

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Durante la Segunda Guerra Mundial el Alto Mando aliado estimó, basándose en la información facilitada por sus espías y por la inteligencia militar, que los alemanes fabricaban unos 1400 tanques al mes. Un grupo de estadísticos, sin embargo, se puso a estudiar los números de serie de los tanques capturados o destruidos, razonando que los fabricantes alemanes debían de seguir algún tipo de orden lógico. Sus cálculos concluyeron que entre 1940 y 1942 los alemanes fabricaban unos 246 tanques al mes. Después de la guerra se hallaron los registros oficiales; la producción media era de 245 tanques al mes.

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A principios de los años 40 el célebre matemático y criptógrafo británico Alan Turing, temiendo una invasión alemana de Gran Bretaña, decidió poner a salvo sus ahorros convirtiéndolos en dos lingotes de plata de unos 70 kilos de peso, que enterró en algún lugar de los bosques que rodeaban el complejo de Bletchley Park, donde trabajaba. Y para volver más tarde a por ellos, cifró su localización exacta con un código de su invención. Lamentablemente para él, cuando quiso recuperarlos no pudo: el paisaje había cambiado después de varios años, y su código era tan complejo que él mismo fue incapaz de descifrarlo. Regresó al bosque en varias ocasiones, provisto incluso de un detector de metales, pero fue en vano. La plata nunca apareció, por lo que probablemente siga enterrada en algún lugar de ese bosque.

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El martes 20 de agosto de 2024 un empleado de la oficina de la compañía Wells Fargo en Tempe (Arizona) llamó a Seguridad para avisar de que otra empleada, Denise Prudhomme, estaba desplomada sobre su mesa. Se dio la alarma y se avisó a Emergencias, pero solo se pudo certificar su muerte. Los registros del edificio mostraban que Denise había fichado al entrar a trabajar el viernes anterior, día 16, a las siete de la mañana, y ningún otro movimiento posterior. Denise había muerto en su cubículo (la autopsia reveló que sufrió un infarto masivo) y había pasado cuatro días muerta en su silla antes de que alguien se diera cuenta de que algo no andaba bien.


domingo, 5 de abril de 2026

Welcome Stranger

Réplica de Welcome Stranger que se encuentra en el Museo de Melbourne

El 5 de febrero de 1869 dos buscadores de oro oriundos de la región inglesa de Cornualles llamados John Deason y Richard Oates se encontraban en las cercanías de la localidad de Moliagul, en el estado australiano de Victoria. Hoy en día Moliagul es una diminuta aldea que no llega al centenar de habitantes, pero por aquel entonces, en plena fiebre australiana del oro, miles de personas vivían en el pueblo y sus cercanías, la mayoría llegadas en busca de fortuna. 

Aquella mañana Deason y Oates decidieron excavar en una pendiente cercana a un barranco conocido como Bulldog Gully. Y a apenas tres centímetros de profundidad, cerca de la base de un árbol, hallaron lo que ambos habían soñado muchas veces encontrar: una pepita de oro. Pero no una pepita de oro cualquiera; una pepita de un tamaño absolutamente descomunal. Era tan grande que necesitaron la ayuda de varios amigos para cargarla en un carro y llevarla hasta Dunolly, a unos 15 kilómetros de allí, donde estaba el banco más cercano. En Dunolly no fueron capaces de encontrar una báscula lo suficientemente grande como para pesarla, así que la llevaron a un herrero local llamado Archibald Walls, el cual la colocó en su yunque y la dividió en tres pedazos.

Richard Oates, John Deason y la esposa de este, junto a varios mineros más y sus familias, posan en el lugar del hallazgo

El peso total de la pepita fue de 3523 onzas y media (109'59 kilos) en bruto. Una vez limpia de impurezas su peso quedó en 78 kilos, de los que al final se obtuvieron 70'57 kilos (2269 onzas) de oro. Se convertía así en la pepita de oro aluvial más grande jamás hallada, superando largamente a la que hasta entonces era la mayor, una pepita conocida como Welcome Nugget, hallada once años antes cerca de la ciudad de Ballarat y que había pesado casi 69 kilos. A la pepita hallada por Deason y Oates se la llamó Welcome Stranger, y fue llevada por sus descubridores a la sucursal en Dunolly del London Chartered Bank of Australia, que les pagó 9381 libras esterlinas por ella (equivalentes a aproximadamente un millón y medio de dólares actuales). El oro fue inmediatamente fundido en lingotes y enviado a Melbourne, donde fue embarcado hacia Londres; el 21 de febrero partía a bordo del vapor Reigate rumbo al Banco de Inglaterra.

Después del hallazgo, Deason y Oates separaron sus caminos. John Deason había nacido en 1829 en Tresco, la segunda mayor isla del archipiélago de las Sorlingas, y había trabajado en la minería del estaño antes de emigrar a Australia. Con su parte del dinero abrió una tienda de suministros en Moliagul y siguió dedicándose a buscar oro; pero una serie de malas inversiones en concesiones mineras mermaron sensiblemente su fortuna. Finalmente se compró una pequeña granja cerca de Moliagul y vivió allí hasta su muerte en 1915, a los 85 años.

John Deason (c. 1900)

Por su parte Richard Oates, nacido en Pendeen en 1827, regresó a Gran Bretaña y allí se casó. Más tarde regresaría con su esposa a Australia, donde nacerían sus cuatro hijos. En 1895 la familia compró un terreno de unos 800 acres (3'2 kilómetros cuadrados) en la localidad de Marong (a unos cincuenta kilómetros de Moliagul), que Oates cultivó hasta su muerte, en 1906, a los 79 años.

Miembros de las familias Deason y Oates participando en las conmemoraciones de 2019

En 2019 se conmemoró el hallazgo de Welcome Stranger con una ceremonia a la que asistieron los descendientes de sus dos descubridores. En la actualidad, el valor del oro de la pepita alcanzaría un valor de unos 11 millones de dólares.

En 1897 se erigió un monolito conmemorativo en el lugar del hallazgo


domingo, 29 de marzo de 2026

El Gigante de Cardiff

El Gigante de Cardiff

El 16 de octubre de 1869 dos trabajadores llamados Gideon Emmons y Henry Nichols, que excavaban un pozo en la granja que un hombre llamado William Newell tenía en Cardiff (Nueva York) hicieron un sorprendente descubrimiento. A eso de metro y medio de profundidad encontraron una enorme figura humana pétrea. Supuestamente, uno de ellos exclamó tras el hallazgo "¡Afirmo que algún viejo indio ha sido enterrado aquí!". Cuando posteriormente se extrajo, se pudo comprobar que medía más de 3'10 metros y pesaba más de 1300 kilos.

La noticia del hallazgo atrajo de inmediato a numerosos curiosos, que el primer día pudieron ver gratis al que todos llamaban ya el Gigante de Cardiff. Al día siguiente Newell colocó una tienda sobre el pozo y empezó a cobrar cincuenta centavos a cada visitante por ver al Gigante. Un incesante desfile de forasteros, a un ritmo de unos quinientos al día, empezó a pasar por la granja, dejando pingües beneficios a Newell, y también a los hoteles y restaurantes de Cardiff, que nunca habían visto semejante afluencia de turistas. 

Muy pronto se desataron intensas discusiones sobre la verdadera naturaleza del Gigante. Unos creían que se trataba de una estatua; otros, que se trataba de un hombre petrificado. Estos últimos, generalmente los más religiosos, lo identificaban como uno de los gigantes que menciona el capítulo 6, versículo 4, del libro del Génesis: "Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos". El geólogo y líder mormón John F. Boynton fue el primer científico en examinar el Gigante; y concluyó que era una estatua, aventurando que podía haber sido obra de un jesuita francés del siglo XVI o XVII, para impresionar a los nativos de la región. 

En primero en hablar directamente de fraude fue Andrew Dickson White, historiador y rector de la Universidad de Cornell. White concluyó que la estatua no presentaba características de ninguna cultura antigua conocida, por lo que probablemente era una obra moderna. Además, fue el primero en señalar que Newell no tenía motivos para excavar un pozo en aquel lugar en concreto: no estaba cerca de la granja, ni de los establos, y además en la propiedad ya había un arroyo y una fuente que proporcionaban agua suficiente. De la misma opinión era el paleontólogo Othniel Marsh, descubridor de especies como el estegosauro o el triceratops, que opinaba que si aquella figura, hecha de yeso, hubiera estado tanto tiempo enterrada en un terreno húmedo como aquel, mostraría un desgaste mucho más acusado.

Phineas Taylor Barnum (1810-1891)

El Gigante seguía atrayendo a tantos curiosos que un grupo de inversores liderado por el empresario neoyorquino llamado David Hannum se lo compró a Newell por la elevada suma de 23000 $. Hannum desenterró al Gigante y se lo llevó a la ciudad de Syracuse, con un enorme éxito. Era tanta la gente que acudía a verlo que el empresario circense P. T. Barnum ofreció por él 50000 $, pero Hannum rechazó la oferta. Barnum, conocido por sus pocos escrúpulos y sus tácticas no muy limpias, encargó entonces una copia de escayola y comenzó a exhibirla en Nueva York proclamando que era la auténtica y la de Hannum era una falsificación. Hannum, tras pronunciar la célebre frase "Cada minuto nace un tonto", denunció a Barnum ante los tribunales por llamar falso a su Gigante; pero el juez le dijo que para admitir su denuncia tenía que probar la autenticidad del Gigante de Cardiff.

Y en esas idas y venidas estaban cuando el 10 de diciembre de 1869 saltaba la sorpresa: un hombre llamado George Hull confesaba a la prensa que él era el verdadero responsable de la creación del Gigante de Cardiff, y que todo había sido un elaborado engaño. Hull, un fabricante de tabaco de Nueva York, era un apasionado partidario de las teorías científicas, y un firme defensor de la teoría de la evolución de Darwin, que por entonces aún encontraba una fuerte oposición. Tiempo atrás Hull se había enzarzado en una discusión con un pastor metodista apellidado Turk, que defendía que la Biblia debía ser interpretada de manera literal, incluyendo el famoso pasaje del Génesis sobre los gigantes. Turk y sus seguidores habían rechazado todos los argumentos de Hull, el cual, enojado por la credulidad de la gente, había decidido crear un gran bulo para demostrar lo fácilmente que algunos podían ser engañados.

Hull había comprado un gran bloque de yeso en una cantera de Fort Dodge (Iowa) diciendo que era para una estatua de Abraham Lincoln, y lo había enviado por barco a un cantero alemán de Chicago llamado Edward Burkhardt. Burkhardt a su vez había contratado a dos escultores llamados Henry Salle y Fred Mohrmann para que dieran forma definitiva al Gigante. Es muy probable que Burkhardt hubiera estado al tanto de las intenciones de Hull, porque se había tomado la molestia de hacerlos trabajar en un lugar oculto y apartado de miradas indiscretas. Una vez terminada la estatua, Hull se dedicó a darle un aspecto envejecido para hacerla más creíble. Eliminó el cabello y la barba porque un geólogo le había dicho que el pelo no se fosilizaría; pinchó la superficie con agujas para simular los poros de la piel; y la frotó con agua y arena y la bañó en ácido sulfúrico para oscurecerla. Después de eso, la trasladó por tren a la granja de Newell, que era primo suyo, y allí la enterró en noviembre de 1868. Se había gastado un total de 2600 dólares de la época, y al revelar el fraude dijo que su intención siempre había sido que la verdadera naturaleza del engaño se hiciera pública como forma de criticar la credulidad de algunas congregaciones cristianas y contrarrestar las opiniones de los fundamentalistas de que hubo una época en la que hubo gigantes en la Tierra.

Una vez la verdad sobre el Gigante hubo salido a la luz el interés del público descendió rápidamente. En febrero de 1870 un juzgado dictaminó que, dado que ambas estatuas eran falsas, Hannum no tenía base para demandar a Barnum. El Gigante de Cardiff cayó en el olvido y acabó en un almacén. En 1901 fue exhibido en la Exposición Panamericana de Buffalo, pero apenas atrajo atención. Más tarde lo compraría un editor de Iowa llamado Gardner Cowles Jr, quien lo tuvo en su sala de juegos utilizándolo como base de una mesa. En 1947 lo vendió al Fenimore Farm & Country Village, un museo sobre la vida rural del siglo XIX de Copperstown (Nueva York), donde todavía permanece. La copia de Barnum se encuentra en Michigan, en el Marvin's Marvelous Mechanical Museum, una sala de juegos y museo de curiosidades mecánicas, cuyo dueño se la compró en 1994 a un cirujano plástico llamado James Smith que era un ávido coleccionista de memorabilia y atracciones de circos y ferias de los siglos XIX y XX. 

Parece que a Hull el éxito del Gigante de Cardiff le animó a repetir la jugada: en 1877 tomó parte en la creación de un nuevo fraude muy similar, el llamado "Solid Muldoon", un supuesto hombre prehistórico petrificado hallado en una zona montañosa de Colorado.

domingo, 22 de marzo de 2026

El Proyecto Thor y las "Barras de Dios"



El primero en proponer la idea de un bombardeo cinético fue un empleado de la empresa aeronáutica Boeing llamado Jerry Pournelle, allá por la década de 1950. Un bombardeo cinético consiste, al menos en teoría, en atacar un punto de la superficie de un planeta utilizando un proyectil no explosivo lanzado desde el espacio, cuya fuerza destructiva proviene de su energía cinética, determinada por su masa y su velocidad. Algo así como un meteorito teledirigido, con una capacidad destructiva similar a la de una bomba atómica, pero sin las molestas consecuencias de la radiación. Curiosamente Pournelle dejó la Boeing años más tarde para convertirse en escritor de ciencia-ficción, y utilizó la idea del bombardeo cinético en una de sus novelas más conocidas, La paja en el ojo de Dios (1974).

El concepto de un arma de energía cinética no era algo nuevo: ya en la Primera y Segunda Guerras Mundiales se habían utilizado proyectiles lanzados desde aviones, llamados flechettes, utilizados generalmente contra concentraciones de tropas de infantería, con la suficiente fuerza como para atravesar armaduras ligeras o el techo de un refugio; y en las guerras de Corea y Vietnam los norteamericanos habían usado las llamadas lazy bombs, pequeños proyectiles de unos cuatro centímetros de longitud, que se lanzaban desde aviones generalmente sobre zonas boscosas sospechosas de albergar tropas enemigas, con un efecto similar al de una ametralladora disparando en vertical.

La idea del bombardeo cinético llegó pronto al Comando Aéreo Estratégico, donde no tardan en buscarle una aplicación práctica al concepto. Una de las primeras aplicaciones propuestas fue el llamado Proyecto BAMBI (Ballistic Missile Boost Intercept), propuesto a principios de los 60, que planteaba la instalación en el espacio de sistemas de interceptación para el caso de que la Unión Soviética lanzara sus misiles balísticos intercontinentales contra los EEUU. Uno de los sistemas propuestos consistía en la puesta en órbita de un elevado número de satélites cada uno dotado de varios misiles interceptores que se dispararían si se detectaban lanzamientos de misiles soviéticos. Cuando un interceptor se aproximase a su objetivo desplegaría una red metálica contra la que chocaría el misil soviético, que sufriría graves daños que le impedirían alcanzar su objetivo. El programa nunca se llevó a la práctica, debido a su elevadísimo coste y a la falta de la tecnología necesaria, y fue cancelado en 1963 por órdenes del presidente Kennedy, que no quería aumentar la tensión con los soviéticos tras la crisis de los misiles cubanos.

Durante los años 60 y 70 la investigación sobre este tipo de armas continuó de manera intermitente y siempre teórica. Las cuestiones económicas, las dudas sobre su precisión, y también los límites marcados por los tratados internacionales, como el Tratado del Espacio Exterior (1967), que prohibía a los estados firmantes estacionar armas de destrucción masiva en el espacio, en la Luna o en cualquier cuerpo celeste, impidieron llevarlos a la práctica. Además, las autoridades norteamericanas sabían que un intento de estacionar armas en órbita iniciaría una escalada armamentística con la Unión Soviética que podía acabar alterando el precario equilibrio que ambas potencias mantenían durante la Guerra Fría.

La situación cambió a principios de los 80 cuando llegó a la presidencia de los EEUU Ronald Reagan, mucho más belicista que sus antecesores. Reagan estaba entusiasmado con la idea de llevar la Guerra Fría al espacio, y a lo largo de su gobierno consideró numerosos proyectos de armamento espacial. A principios de su primer mandato le pidió a su asesor militar, el teniente general Daniel Graham, que le presentara un plan para interceptar misiles soviéticos desde el espacio. Graham le propuso una actualización del Proyecto BAMBI: una serie de estaciones espaciales en órbitas bajas, armadas con misiles interceptadores que debían ser lanzados en cuanto se detectara un lanzamiento desde el bando soviético. Pese a que Graham contaba con el apoyo del ala más beligerante del Partido Republicano, su propuesta fue rechazada de plano por los asesores científicos del presidente. El programa Smart Rocks, como lo había llamado Graham, era demasiado caro, había serias dudas sobre su eficacia real, y era altamente vulnerable, ya que los soviéticos podían desmantelarlo con facilidad lanzando misiles antisatélites a las estaciones.

En torno a 1986 un nuevo proyecto de armas cinéticas fue propuesto dentro de la Iniciativa de Defensa Estratégica, un departamento dedicado a la construcción de un sistema antimisiles con armas espaciales. Este nuevo proyecto se llamó Brilliant Pebbles y se concibió como una actualización del Smart Rocks, más pequeño y manejable. En lugar de estaciones espaciales, este programa planeaba poner en órbita un elevado número (unos 7000) de misiles autónomos, armas sin carga explosiva pero dotadas de un sistema de guía y un microprocesador, que pudieran ser activados desde tierra y dirigidos hacia un objetivo, para luego ser capaces de localizar y destruir el blanco por su cuenta. Este programa siguió en desarrollo durante la administración Bush, e incluso llegaron a fabricarse varios prototipos que fueron puestos a prueba: hasta tres tests de prueba se realizaron contra blancos en movimiento, en agosto de 1990, en abril de 1991 y en octubre de 1992. Los tres terminaron en rotundos fracasos, y tras la llegada al poder de Bill Clinton en 1993 el programa fue cancelado.


No sería, sin embargo, la última vez que una administración norteamericana plantease la idea de un arma cinética espacial. En el año 2003, bajo la administración de George Bush hijo, un informe de las Fuerzas Aéreas, llamado Haces de Barras en Hipervelocidad, describía un sistema de armas cinéticas en órbita bajo el nombre de Proyecto Thor o, como se le conoce coloquialmente, "Rods from God", "Las barras de Dios". Este proyecto contemplaba la puesta en órbita de satélites cargados con barras de tungsteno (el tungsteno es el metal más duro y resistente, y el que tiene un punto de fusión más alto) del tamaño de postes de teléfono: unos seis metros de largo y algo más de dos toneladas de peso. Estas barras, dotadas de un sencillo sistema de guiado, serían lanzadas a velocidades orbitales (unos ocho kilómetros por segundo) y, aunque se frenarían con la entrada a la atmósfera, alcanzarían su objetivo con una velocidad de unos tres kilómetros por segundo. La energía del impacto sería comparable a la de una pequeña bomba nuclear táctica. El informe calculaba que con una flota de 6 a 8 satélites estas armas podrían alcanzar casi cualquier punto del planeta en apenas 15 minutos después de ordenar su lanzamiento, un tiempo de reacción muy inferior al de un misil intercontinental. 

Las ventajas de este sistema, además de su rapidez y su amplio alcance, eran que este tipo de proyectiles serían muy difíciles de detectar y de detener. Además, su alta capacidad de penetración le permitiría destruir practicamente cualquier búnker, y no se necesitaría desplegar otros vehículos accesorios. ¿Los contras? Pues, una vez más, su elevado coste; el temor a que el sistema de guiado resultara dañado en la reentrada en la atmósfera, y la existencia de alternativas convencionales como las bombas penetrantes antibunker o las bombas de alta potencia como la MOAB, igual de efectivas y más económicas. Por ello, el proyecto Thor nunca pasó de ser una propuesta sin visos de ser llevada a la práctica.

Y así, una vez mas, la idea de un arma de bombardeo cinético se quedaba solo en un proyecto. Pero eso no quiere decir que sea una idea totalmente descartada. Hay quien opina que, en un futuro no muy lejano, el abaratamiento de los costes de los viajes espaciales puede hacer viable el lanzamiento de un arma de este tipo. Además, se sabe que otras potencias como China han hecho sus propias investigaciones en este campo.

domingo, 15 de marzo de 2026

El oro del SS Minden

El SS Porta, buque gemelo del SS Minden


El 6 de septiembre de 1939 zarpaba de Rio de Janeiro un carguero alemán llamado SS Minden. Su objetivo, regresar a Alemania lo antes posible. Sin embargo, apenas cinco días antes había estallado la Segunda Guerra Mundial y los buques de guerra británicos patrullaban ya el Atlántico en busca de barcos alemanes. Sabiendo esto, el capitán del Minden trató de eludir esta vigilancia dando un rodeo: el carguero se dirigió al Atlántico Norte, sin alejarse mucho de las costas americanas, hasta llegar al Círculo Polar Ártico, para luego bordear Islandia y dirigirse al sur, tratando de llegar a Alemania cruzando el mar del Norte, esperando que esa ruta estuviera menos vigilada.

Su estratagema no tuvo éxito; el 24 de septiembre, tras dejar atrás Islandia, el SS Minden fue descubierto por dos buques de buerra británicos, el crucero HMS Calypso y el crucero ligero HMS Dunedin. El capitán alemán, sabiendo que no podría resistirse ni huir de ellos, tomó una decisión drástica: ordenó a su tripulación abandonar el barco y lo hundió para que no fuese capturado. Los tripulantes alemanes fueron rescatados por los británicos, que los llevaron como prisioneros de guerra hasta la base naval de Scapa Flow, en las islas Orcadas. Al ser interrogados, ninguno confesó nada particularmente llamativo sobre su buque; era un carguero corriente, con una carga corriente. Probablemente la mayoría de ellos así lo creía.

La verdad era muy diferente. Aunque el buque carecía de un manifiesto de carga, diversos documentos hallados tanto en Sudamérica como en Alemania indican que a bordo del Minden había un auténtico tesoro: un cofre o contenedor conteniendo nada menos que cuatro toneladas de oro en lingotes. El oro procedía de las sucursales de diversos bancos alemanes en Argentina y Brasil, fundamentalmente del Banco Germánico (una filial del Desdner Bank con sucursales en Sudamérica). Aparentemente, el envío formaba parte de un plan para repatriar a Alemania parte de sus activos en el extranjero, en un momento en el que las sanciones comerciales y bancarias contra el régimen nazi hacían necesario buscar otras vías para recuperar esos fondos. Las órdenes del capitán del Minden eran claras: impedir, bajo cualquier circunstancia, que el oro acabara en manos de los británicos; por eso se había dado tanta prisa en hundir el barco.

Seabed Constructor

La historia del Minden salió a la luz cuando en 2017 el buque noruego Seabed Constructor, especializado en operaciones a grandes profundidades, trabajando para una empresa de rescate británica llamada Advanced Marine Services, descubrió el pecio del barco a unas 190 millas al sudeste de Islandia, a más de 2000 metros de profundidad. Aunque está fuera de las aguas territoriales islandesas, si está dentro de su Zona Económica Exclusiva, con lo que cualquier intento de rescate necesita el visto bueno de sus autoridades. AMS presentó una solicitud para investigar el buque y buscar el contenedor del oro. Sin embargo, la empresa comenzó a llevar a cabo trabajos de exploración antes de tener una respuesta oficial, lo que hizo que la Armada islandesa los obligara abandonar la zona. Todo el asunto estuvo a punto de provocar un incidente diplomático entre Islandia y el Reino Unido.

Desde entonces no ha habido ningún avance en las operaciones de rescate. En 2024 AMS renovó su petición de un permiso, pero los islandeses siguen sin responder. El problema es que las autoridades islandesas no piensan en autorizar ningún rescate hasta que no quede claro quién tiene derecho a reclamar ese oro, en caso de que sea real (hay quien pone en duda su existencia, calificándolo de leyenda urbana). ¿Alemania, país donde el Minden estaba abanderado? ¿Islandia, en cuyas aguas reposa el pecio? ¿Los herederos de los porpietarios originales del cargamento, en caso de que pudieran justificar su propiedad? ¿La empresa de rescate que lo descubrió? Incluso Brasil y Argentina, países de origen del oro, se han interesado por el caso, por si pudieran reclamar una parte.

En la actualidad, dados los elevados precios del oro, las cuatro toneladas de lingotes del SS Minden estarían valoradas en más de seiscientos millones de dólares.

domingo, 8 de marzo de 2026

La catástrofe del lago Nyos

El lago Nyos

La mañana del 21 de agosto de 1986 centenares de habitantes de una región del noroeste de Camerún se despertaron sintiéndose enfermos. Problemas respiratorios, mareos, desorientación, parálisis, incluso heridas en la piel. Algunos se desmayaron y no despertaron hasta horas más tarde. Pero lo peor fue cuando descubrieron que muchos de sus familiares y vecinos estaban muertos. Más de mil setecientas personas habían muerto en una sola noche, en silencio, sin ser conscientes de lo que estaba pasando. Y con ellos miles de cabezas de ganado, aniquiladas por la misma catástrofe misteriosa.

Los supervivientes, aterrados, huyeron de sus hogares hacia otras aldeas y ciudades. Centenares de ellos necesitaron atención médica, fundamentalmente en hospitales de la capital del país, Yaoundé. Las autoridades que acudieron de inmediato se encontraron un panorama desolador que los periodistas describieron como "el día después de la explosión de una bomba de neutrones": aldeas aparentemente intactas, sin daños ni huellas de ataques, pero donde solo quedaba la muerte. Animales caídos por doquier, personas muertas en sus camas, algunos en el suelo, como si con sus últimas fuerzas hubieran tratado de huir... El silencio más absoluto reinaba allí; incluso los insectos parecían haber desaparecido. Las sospechas de los investigadores muy pronto se dirigieron hacia el lago Nyos, situado a apenas unos kilómetros de las aldeas arrasadas.

El lago Nyos (también llamado lago Lwi) es un pequeño lago que ocupa un antiguo cráter volcánico formado por una erupción ocurrida hace unos 500 años. Tiene apenas un kilómetro y medio cuadrado de superficie y poco más de 200 metros de profundidad en su punto más hondo. Cuando los primeros investigadores llegaron, era evidente que algo había ocurrido en él: buena parte de la vegetación que lo rodeaba había sido arrasada, derribada por una fuerza irresistible, y las aguas del algo, habitualmente de un color azul translúcido, aparecían turbias y teñidas de marrón. Vulcanólogos y geólogos franceses y norteamericanos señalaron de inmediato como sospechosa a una erupción límnica.

El lago Nyos, días después de la erupción límnica

Una erupción límnica es un fenómeno muy poco corriente por el cual un lago emite de golpe una gran nube de gas, habitualmente dióxido de carbono, que hasta entonces había estado atrapado en las capas de agua más profundas. Cuando algún evento lo suficientemente intenso agita el fondo del lago (por ejemplo, una erupción volcánica o un terremoto) el equilibrio de gases se rompe y el gas es súbitamente expulsado hacia la superficie, donde forma una nube tóxica que avanza acabando con toda la vida animal que encuentra a su paso. Los análisis posteriores confirmaron esa sospecha: las pruebas post-morten confirmaron que las víctimas habían muerto asfixiadas por dióxido de carbono, y análisis ambientales mostraron que, incluso varios días después de la tragedia, en el entorno del lago todavía había concentraciones de CO2 muy superiores a las normales.

No era la primera vez que algo así ocurría en la región. Un par de años antes, en 1984, un incidente similar había tenido lugar en el lago Monoun, situado a unos cien kilómetros al sureste del Nyos, costándole la vida a 37 personas. Las causas de las muertes todavía eran discutidas (se hablaba de emisiones de gases volcánicos) cuando las coincidencias con la tragedia del lago Nyos demostraron que se trataba del mismo fenómeno.

No está claro cual fue el detonante: pudo ser un terremoto, una pequeña erución volcánica, o un corrimiento de los sedimentos del fondo del lago. Fuera lo que fuera, fue lo suficientemente intenso para remover las capas inferiores del lago y movilizar el dióxido de carbono. De ahí el cambio de color de sus aguas: el agua profunda, rica en hierro, había ascendido hasta la superficie, donde el contacto con el oxígeno había oxidado ese hierro hasta darle una coloración marrón. Una columna de agua y gas de al menos 100 metros de altura se había elevado en la superficie del lago, generando una ola de unos 25 metros que había arrasado la orilla como un pequeño tsunami. 1'2 kilómetros cúbicos de gas se habían liberado de repente, formando una nube tóxica que, siendo el dióxido de carbono más denso que el aire, se había desplazado pegada al suelo por los valles y laderas cercanas, asolando las aldeas de Nyos, Kam, Cha y Subum. Probablemente además del CO2 se habían liberado otros gases como el dióxido de azufre y ácido sulfhídrico (algunas víctimas hablaron de olor a pólvora y a huevos podridos, típicos de estos gases), aunque en mucha menor cantidad. Al menos hasta a 23 kilómetros del lago la concentración del gas había continuado en niveles letales, antes de empezar a dispersarse.

El recuento oficial habla de 1746 personas y más de 3500 cabezas de ganado muertas. La mayoría, en la localidad de Nyos, de cuyos 1300 habitantes solo sobrevivieron cuatro. Otras 845 habían necesitado atención hospitalaria, y la fauna local, desde los insectos más pequeños hasta los grandes mamíferos, incluidos los peces del propio lago Nyos, había quedado exterminada en una amplia zona. 

Sistema de desgasificación del lago Nyos

Tras la tragedia, numerosos expertos propusieron la instalación de sistemas de desgasificación en el lago, que permitieran la liberación lenta y controlada del dióxido de carbono de las aguas profundas, evitando su acumulación. Entre 2001 y 2011 se instalaron en el lago tres tubos de desgasificación que movilizan el agua del fondo, transportándola hasta la superficie, donde el CO2 que contiene se libera poco a poco. Un estudio de 2019 demostró que el sitema es exitoso y que el nivel de dióxido de carbono se mantiene estable. Un sistema similar se instaló en 2003 en el Monoun, aunque en este caso no está funcionando tan bien y se baraja la posibilidad de instalar una segunda tubería.

La catástrofe del lago Nyos sirvió de advertencia y docenas de lagos africanos fueron estudiados en los años siguientes para determinar si existía la posibilidad de un suceso similar. En 2005 se determinó que el lago Kivu, en la República Democrática del Congo, en cuyas orillas viven alrededor de tres millones de personas, también está saturado de gases en sus capas más profundas, y que episodios de emisión súbita de gases se han producido en él con una periodicidad de unos mil años.