Verba volant, scripta manent

domingo, 20 de febrero de 2022

Las cervezas de Chick Donohue

Chuck Donohue (izquierda) en Vietnam

Esta historia comienza un día de noviembre de 1967 en el Doc Fiddler's, uno de los numerosos pubs del barrio neoyorquino de Inwood. Inwood es el barrio más norteño de la isla de Manhattan, por aquel entonces poblado fundamentalmente por descendientes de irlandeses (en la actualidad predominan los latinos, especialmente los dominicanos), y con un fuerte sentido de comunidad: era el típico barrio donde casi todos se conocen y se ayudan entre ellos cuando lo necesitan.

Entre los parroquianos del Doc Fiddler's estaba John Donohue, al que todos llamaban Chick. Donohue, de 26 años, era un antiguo Marine que por entonces se ganaba la vida como marino mercante. Aquel día el barman del Fiddler's, George Lynch, apodado El Coronel, estaba bastante enfadado. Por todo el país se multiplicaban las protestas contra la guerra de Vietnam, y a Lynch eso le parecía una falta de respeto para los soldados que estaban allí combatiendo. En aquel momento estaban movilizados en Vietnam varios soldados de Inwood, chicos a los que conocía de toda la vida, y sentía que no se estaba valorando su sacrificio. Lynch acabó diciendo que alguien debería a ir a ver a esos chicos e invitarlos a una cerveza para hacerles saber que no les habían olvidado. Y Donohue pensó, "Bueno, ¿por qué no?". 

Los siguientes días, Chick Donohue estuvo yendo y viniendo por Inwood, viendo a viejos conocidos, haciendo preguntas, hasta que logró tener una lista con los nombres de un puñado de soldados de Inwood que estaban entonces en Vietnam y las unidades en las que servían. Acto seguido, lió su petate, se hizo con unas cuantas cajas de cerveza PBR, y se embarcó en el Drake Victory, un carguero que partía de Nueva York cargado de municiones rumbo a Vietnam.

Un par de meses mas tarde, Donohue y el Drake Victory arribaban al puerto vietnamita de Qui Nhon. No así las cervezas; dos meses en alta mar se hacen muy largos, y para cuando llegaron a su destino Donohue se las había bebido todas. Pero no era un gran problema; en un puerto nunca faltará donde conseguir alcohol. Así que Chick se hizo con más cerveza y se dispuso a seguir con su plan.

Nada más llegar tuvo su primer golpe de suerte: un grupo de policías militares se presentó para inspeccionar el Drake Victory, y Donohue se dio cuenta de que sus insignias eran de la 127ª Compañía de Policía Militar, la unidad en la que servía uno de los nombres de su lista, Tommy Collins. Donohue se llevó aparte a uno de los policías para preguntarle por Collins afirmando ser su cuñado. Collins llegó poco después y su sorpresa fue mayúscula. "Chickie Donohue, ¿qué demonios estás haciendo aquí?" Y Donohue respondió: "He venido a traerte una cerveza". Y tal como se había propuesto, compartió unos tragos con Collins antes de partir en busca de los demás nombres de su lista.

Chick Donohue (derecha) y Ricky Duggan (segundo por la izquierda, mirando a cámara)

Y así, durante las siguientes semanas, Chick Donohue recorrió un Vietnam en guerra tachando nombres de su lista. De una ciudad a otra, de una base a otra, Donohue se pasó meses buscando a sus amigos, vestido con unos vaqueros y una camisa ("Era una zona de guerra y allí estaba él paseando como si fuera a jugar al golf o a cualquier otro sitio" diría Collins), viajando como podía, en convoys militares, en helicópteros de transporte, en aviones de correo, para darles sus cervezas (y también algunos mensajes de sus familias). Ni el hecho de verse envuelto en plena Ofensiva del Tet (una de las mayores ofensivas de los norvietnamitas), ni haberse quedado varado en tierra cuando el Drake Victory partió sin esperarle, le hicieron desistir. Finalmente, en marzo de 1968, tras haber encontrado a cuatro de los seis nombres de su lista, Donohue decidió que ya era hora de regresar. Consiguió llegar a la embajada norteamericana en Saigón y allí le encontraron hueco en un vuelo a Manila, donde pudo embarcarse en un buque que regresaba a EEUU. 

De vuelta a Inwood, el Doc Fiddler's era una parada obligada. Los habituales del local se quedaron con la boca abierta cuando Donohue, sin darle demasiada importancia, les contó lo que había estado haciendo durante los últimos meses. Lynch, en silencio, sirvió cervezas para todos los presentes, incluido él mismo, y levantando su bebida, brindó "por Chickie, que llevó a nuestros chicos cerveza, respeto, orgullo y cariño, maldita sea". La historia convirtió a Donohue en una celebridad local. "No tuve que pagar por una cerveza en Inwood durante mucho tiempo", admitiría el propio Donohue.

Los seis chicos de la lista de Donohue regresaron vivos a sus hogares. Todos admitirían más tarde lo mucho que significó para ellos la inesperada visita de su amigo. Bob Pappas, uno de ellos, que pasaba entonces por un mal momento, diría que "Ver a Chickie me animó para convencerme de que iba a conseguir volver". Ricky Duggan le dijo de aquel momento que "Verte aparecer allí de aquella manera nos recordó que de verdad había gente en casa que se preocupaba por nosotros". Algo que refrendó Collins: "Ese es Chickie, uno de los mejores y más chiflados tipos que jamás querrás conocer".


Chickie Donohue publicaría en 2017 un libro autobiográfico narrando aquellos meses locos en Vietnam: The Greatest Beer Run Ever: A Memoir of Friendship, Loyalty, and War ("El mayor reparto de cerveza de la historia: un recuerdo de amistad, lealtad y guerra"). Existe en la actualidad un proyecto bastante avanzado para llevar su historia al cine, en una película que estaría dirigida por Peter Farrelly (Green Book) y que contaría en su reparto con nombres como los de Zac Effron, Russell Crowe y Bill Murray.

domingo, 13 de febrero de 2022

Fannie Quigley

Fannie Quigley (1870-1944)

El descubrimiento de oro en la región canadiense del Yukon a finales del siglo XIX provocó la llegada de miles de personas en busca de fortuna. Desde todos los rincones de Norteamérica e incluso del extranjero llegaban aventureros que habían dejado atrás sus hogares e incluso sus familias y sus empleos, persiguiendo el sueño de hacerse ricos rápidamente; un sueño que solo unos pocos alcanzarían. Algunos acabaron convertidos en personajes célebres o casi legendarios; y entre los personajes más reconocibles que se podían encontrar en aquellos campamentos mineros había una mujer: Fannie Quigley.

Nacida con el nombre de Frances Sedlacek en Wahoo (Nevada) en 1870, en el seno de una familia de humildes granjeros originarios de la región checa de Bohemia, huérfana de madre desde los seis años, la granja de su familia tuvo que soportar sequías, tormentas, plagas de langostas y crisis económicas, unas desventuras que contribuyeron a forjar el carácter de la joven Fannie. Con 16 años se marchó de casa y comenzó a viajar hacia el Oeste siguiendo el avance de la vía férrea de la Union Pacific, empleándose como cocinera en los campamentos de trabajadores del ferrocarril. 

Cuando estalló la fiebre del oro Fannie acudió como tantos otros y se instaló en Dawson City, el epicentro del que partían las oleadas de buscadores de oro que se desperdigaban luego por las orillas del río Klondike y sus afluentes. Y allí Fannie vio su oportunidad cuando escuchó lo difícil que era encontrar una comida decente en la ciudad y que muchos de los buscadores, llevados por la prisa para empezar cuanto antes sus sondeos, habían partido con pocos suministros. Muy pronto Fannie comenzó a recorrer los campamentos mineros llevando un trineo cargado con una tienda, una cocina portátil y provisiones, para preparar y vender a los hambrientos mineros sus platos. Muy pronto la figura de "Fannie la caminante", como la llamaban por las largas distancias que recorría con su cocina a cuestas, se hizo popular entre los mineros de la región. Y aunque su principal ocupación era la cocina, tampoco desechaba la posibilidad de encontrar oro: en 1900 está registrada su primera reclamación de una concesión minera, cerca de la localidad de Clear Creek.

Fannie Quigley (c. 1940)

En octubre de 1900 Fannie se casa en Dawson con Angus McKenzie. Será un matrimonio corto y turbulento. Ambos regentarín una posada cerca del pueblo de Gold Bottom. Las peleas y discusiones entre ambos eran frecuentes, debido en buena parte al abundante consumo de alcohol por parte de los dos. Finalmente, en enero de 1903 Fannie deja a Angus y el Klondike, y viaja 800 millas al norte hacia Alaska, donde se habían producido nuevos hallazgos. Curiosamente, no se ha encontrado registro alguno de su divorcio, lo que hace suponer a algunos que su separación de Angus fue más un asunto de facto que oficial. En Alaska reside sucesivamente en Rampard, Tanana y Chena, antes de trasladarse en agosto de 1906 a la zona de Kantishna, donde un grupo de mineros encabezados por Joe Quigley acababa de encontrar recientemente nuevos y ricos yacimientos de oro y plata.

En Kantishna Fannie sigue con sus negocios, preparando comidas para los mineros y a la vez explotando ella misma varias concesiones: hasta 26 registró a su nombre entre 1907 y 1919. Las condiciones en Kantishna eran más complicadas que en Dawson; no había carreteras y los víveres tenían que ser transportados en trineos durante muchas millas de territorio agreste. Por eso Fannie se vio obligada a depender de si misma para abastecerse. Empezó a cultivar cereales y verduras  en los terrenos alrededor de su cabaña (también recogía frutas y verduras silvestres) y a cazar para disponer de carne. Nunca había cazado antes de llegar a Kantishna y apenas sabía disparar, pero acabó convertida en una consumada cazadora. Para obtener carne cazaba caribúes, alces, muflones e incluso osos (eran famosos sus pasteles de hojaldre, en cuya masa usaba grasa de oso), que despiezaba en el mismo lugar para luego cargar la carne hasta su cabaña, recorriendo a veces varias millas a través de las montañas; y también atrapaba zorros, lobos y linces para obtener pieles. Utilizaba algunos túneles abandonados de prospecciones cercanas para conservar en ellos las provisiones, y también para elaborar cerveza.

Fannie no tardó en convertirse en un personaje casi legendario en toda la región. Con una fortísima personalidad y una presencia imponente, pese a su escaso metro y medio de altura, vestida casi siempre con ropas de hombre, terriblemente malhablada, cazadora casi infalible y fabulosa bebedora, todos en los campamentos mineros estaban familiarizados con su figura y sus hazañas. Tan notoria era su fama, que después de que en 1921 toda la región circundante al monte McKinley (hoy monte Denali) fuera declarada Parque Nacional, a los jóvenes rangers destinados a vigilar el parque les decían simplemente que, en caso de que tuvieran alguna duda acerca de la región o de como sobrevivir en su nuevo destino, le pidieran consejo a Fannie. Además, dado que su cabaña estaba estratégicamente situada en la ruta que seguían las expediciones hacia el monte McKinley, fueron huéspedes suyos personajes conocidos, como el escritor Jack London, el montañero y cartógrafo Bradford Washburn o la expedición liderada por Hudson Stuck que por primera vez coronó el monte en 1913.

De derecha a izquierda, Fannie Quigley, Joe Quigley, Ruth Carson y Joe Dalton (c. 1919)

En 1918 Fannie y Joe Quigley se casaron, tras más de una década conviviendo. Ambos llegaron a ser una pareja próspera; a la vez que Fannie seguía cocinando para los mineros, ambos eran titulares de un buen número de concesiones, algunas explotadas por ellos mismos y otras alquiladas a otros mineros. Durante la epidemia de gripe española, Fannie, naturalista y con conocimientos de enfermería, trabajó en el hospital de la localidad de Nenana. En 1924 Fannie abandonó Kantishna por primera y última vez para visitar a su familia, a la que no veía desde hacía casi treinta años.

En 1930 Joe Quigley sufrió un grave accidente mientras trabajaba en una de sus minas, que le obligó a pasar una larga temporada convaleciente en un hospital de Fairbanks. Allí Joe se enamoró de una de sus cuidadoras, una enfermera bastante más joven que él. Su divorcio de Fannie se formalizaría en 1937; liquidaron sus sociedades conjuntas y cedieron sus concesiones mineras a la empresa Red Top Mining Company, a cambio de una cantidad anual que se repartieron equitativamente. Joe y su nueva esposa abandonaron Kantishnaa para instalarse en Seattle, buscando una vida más cómoda, pero Fannie se quedó; amaba la montaña y se sentía feliz en ella.

La cabaña de Fannie Quigley, en la actualidad

Por aquel entonces ya se había construido una carretera a través del Parque, con lo que a la cabaña de Fannie, que en un tiempo era accesible solo a pie o con trineos de perros, llegaban habitualmente visitantes y curiosos deseosos de conocer a la mítica pionera. Y allí siguió viviendo Fannie, sin abandonar su querida montaña más que para alguna visita ocasional a Fairbanks, hasta su muerte, acontecida el 25 de agosto de 1944, cuando contaba 73 años, mientras dormía. El Fairbanks Daily News-Miner tituló su obituario: "Una de las pioneras más pintorescas de Alaska ha llegado al final de su camino". Su cabaña aún se conserva en el Parque Nacional Denali.

domingo, 6 de febrero de 2022

Carlos Cuarteroni, la inspiración española de Sandokán



Carlos Domingo Antonio Genaro Cuarteroni Fernández nace en Cádiz el 19 de septiembre de 1816, hijo del italiano Giovanni Cuarteroni, dueño de una tienda que aprovisionaba a los buques que partían rumbo a América o a Filipinas, y de Ramona Fernández, natural de Sanlúcar de Barrameda. Era una familia de profundas creencias religiosas; de los nueve hijos del matrimonio (de los que Carlos era el cuarto) dos se hicieron sacerdotes y un tercero, misionero seglar.

Habiendo nacido a un paso del puerto de Cádiz, relacionándose con el ambiente marinero por el negocio familiar, y escuchando historias de barcos, marineros y viajes, no es de extrañar que Carlos sintiera desde muy pequeño la llamada del océano. Teniendo vetada la carrera naval militar, por ser hijo de un comerciante, ingresa muy joven en una academia privada para ser piloto de buques mercantes. Allí, viendo su enorme talento, sus profesores les recomendaron a sus padres que lo embarcaran lo antes posible. Y así, en 1829, con apenas 13 años, Carlos embarca como ayudante del piloto del mercante Indiana, que parte de Cádiz rumbo a Manila, un viaje largo y peligroso.

Regresa a Cádiz dos años más tarde para obtener el grado de tercer piloto. Cuatro años más tarde, con 19 años y de vuelta en Manila, obtiene el título de segundo piloto y recibe el mando de un bergantín, con el que realizaría varios viajes entre Filipinas, Hong Kong, Singapur y Cantón. Mandaría luego la fragata Buen Suceso durante otros dos años, hasta que en 1841 obtiene el título de capitán de la Marina Sutil en Filipinas, para pasar luego a comandar otra fragata, la Bella Vascongada. Era por entonces, pese a su juventud, uno de los capitanes más valorados de Filipinas: excelente navegante, brillante cartógrafo, hablaba con fluidez inglés, francés, malayo, tagalo y bisayo, y numerosos dialectos locales del sudeste asiático.

Y entonces, en 1842, toma una decisión cuando menos sorprendente. Renuncia a su mando, abandona la marina mercante y compra en Manila una goleta a la que llamará Mártires de Tonkín y con la que, tras enrolar a una tripulación de 27 marineros filipinos, se dedica a la búsqueda de perlas y tortugas carey en el Mar de China. Una ocupación peligrosa, pero muy lucrativa. Varias de esas conchas de tortuga las envía como regalo a sus parientes de Cádiz, cuyos descendientes aún las conservan.

Pero no son solo perlas y tortugas lo que le interesa. Cuarteroni aprovecha sus viajes para buscar el Christian, un mercante inglés que había desaparecido en ruta de Macao a Bombay llevando en sus bodegas una inmensa cantidad de monedas de plata, fruto del comercio de opio en China. Y contra todo pronóstico, lo consigue tras catorce meses de búsqueda, encontrándolo hundido en un arrecife cercano a la isla malaya de Labuán, en las coordenadas 118º 55" 03 de longitud y 8º 51" 13 de latitud. Tras recuperar el tesoro, lo deposita no en Manila, como cabría esperar (¿por estar demasiado familiarizado con el carácter de los funcionarios locales, quizá?), sino en Hong Kong, despertando las suspicacias y el resquemor de las autoridades españolas, que tiempo después lo acusarían de corsario y saqueador. Algo que desmiente el hecho de que Cuarteroni devuelve el tesoro (exceptuando, claro, la parte que le corresponde a él por el rescate, que repartirá luego con su tripulación) a sus legítimos propietarios, los cuales quedan tan encantados que llegan a invitar a Cuarteroni a viajar a Londres para poder agradecerle en persona su honestidad.

Carlos Cuarteroni tiene solo 26 años y ya es poseedor de una respetable fortuna. Puede hacer lo que desee, y lo que hace en los siguientes años es dedicarse a viajar en su goleta explorando las islas de Extremo Oriente, especialmente Borneo y los archipiélagos cercanos. Cartografía las costas por las que pasa, corrigiendo los errores de los mapas ya existentes (sus mapas son tan precisos que las autoridades españolas y filipinas le piden copias de ellos, aunque él se niega), describe minuciosamente las islas por las que pasa, sus habitantes, sus costumbres... Se hace amigo del inglés sir James Brooke, el llamado rajá blanco de Sarawak, al que el sultán de Brunei ha otorgado el gobierno de dicha región. En torno a 1846 empieza a rescatar a cautivos cristianos, capturados y esclavizados por los piratas musulmanes de Malasia. Para ello recorre las principales rutas del tráfico de esclavos, visita algunos de los puertos más peligrosos del mundo y negocia directamente con los jefes piratas. Logra liberar, pagando los rescates de su propio bolsillo, a cientos de esclavos, mayoritariamente filipinos, a los que luego envía de regreso a sus hogares. Cuarteroni nunca había simpatizado con la esclavitud; pero tras ver las condiciones en las que viven los hombres, mujeres y niños a los que rescata, se convierte en un abolicionista militante, y luchará durante el resto de su vida contra una institución tan abyecta.

En 1847 Cuarteroni adquiere una goleta inglesa, la Lynx, que había sido usada para el tráfico de opio en China, y que se ve obligado a quemar con toda su carga dos años después, tras ser acusado por las autoridades españolas de Luzón de pirata y contrabandista. Ese mismo año de 1849 Carlos Cuarteroni viaja a Roma donde, tras entrevistarse con el papa Pío IX, se ordena sacerdote y toma el hábito de la Orden de los Trinitarios, dedicada a redimir a los cautivos y a socorrer a los oprimidos, y regresa a Asia. Desde entonces todo su esfuerzo y su fortuna se dedicarán a seguir combatiendo la esclavitud, a rescatar cautivos (independientemente de su origen y religión) y a extender el catolicismo por las islas de Extremo Oriente.

En 1855 envía al Vaticano su Spiegazione e traduzione dei XIV Quadri relativi alle isole di Salibaboo, Talaor, Sanguey, Nanuse, Mindanao, Celebes, Bornéo, Bahalatolis, Tambisan, Sulu, Toolyan e Labuan, un extenso y prolijo relato sobre las cualidades de dichas islas, en buena parte desconocidas en Occidente, y de sus habitantes. En 1857 Pío IX lo nombra prefecto apostólico de Borneo y Labuán, un cargo creado ex profeso para él. Su fama se acrecienta, su nombre es conocido en todos los mares de Extremo Oriente. Para unos es un loco, para otros un enviado de Dios, para casi todos es una leyenda. En Borneo funda varias misiones católicas, en terrenos cedidos por su amigo Brooke y por el sultán de Brunei.

Sigue luchando incansablemente contra el tráfico de esclavos e intenta que el gobierno español se involucre, para defender a sus súbditos filipinos. En 1858 presenta al gobernador de Filipinas, Fernando Norzagaray y Escudero, una propuesta de tratado a firmar entre el sultán de Brunei y la reina Isabel II para colaborar en la protección y rescate de los filipinos capturados por los piratas, pero su propuesta es ignorada. Igualmente caen en saco roto sus peticiones para frenar el radicalismo de algunos sultanes y jefes militares musulmanes. Al verse ignorado por los sucesivos gobernadores de Filipinas (Norzagaray, Rafael Echagüe, José de la Gándara, Carlos María de la Torre) Cuarteroni eleva sus peticiones directamente al gobierno español y a la Casa Real, pero lo único que obtiene es una pequeña asignación concedida por el rey Amadeo I.

En torno a 1880, enfermo, cansado y arruinado, Carlos Cuarteroni decide regresar a Europa. Visita Roma, donde se entrevista con el papa León XIII, y el 9 de marzo de 1880 pone el pie por primera vez en más de cuatro décadas en su Cádiz natal, donde fallecerá tan solo tres días más tarde, el 12 de marzo. Sus restos están enterrados en la cripta de la Catedral de Cádiz. El original de su Spiegazione y muchas de las cartas que dirigió al Vaticano se conservan hoy en día en el Museo Misionero de Propaganda Fide, en Roma, dedicado a la historia de las evangelizaciones.

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari (1862-1911)

En 1883, solo tres años después de su muerte, el escritor italiano Emilio Salgari publica por entregas la novela El tigre de Malasia, que más tarde se publicaría como libro con el título Los tigres de Mompracem. En él aparece por primera vez el más popular de los personajes creados por Salgari: el pirata Sandokán, antiguo rey de Borneo enfrentado a los británicos, que le han arrebatado el trono y asesinado a su familia. Y todo apunta a que fue la figura de Carlos Cuarteroni la principal inspiración del escritor a la hora de crear a Sandokán. Es muy posible que Salgari, que nunca salió de Europa pero se documentaba extensamente para sus obras, hubiese tenido acceso a los escritos y las cartas de Cuarteroni y hallado en ellos las líneas principales para imaginar las aventuras de su personaje, incluyendo sucesos, lugares e incluso personas reales (como Brooke, al que convierte en el archienemigo de Sandokán). 

No se conoce retrato alguno de Cuarteroni, y solo detalles aislados de su aspecto físico (se dice que era alto, de porte distinguido, cabello ondulado y mirada profunda y penetrante), características similares a como Salgari describe a Sandokán, lo que no hace sino reforzar la idea que que fue el aventurero español, cuyas hazañas han sido injustamente ignoradas durante mucho tiempo, la principal fuente en la que se basó el escritor para dar vida al célebre pirata.