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| Elizabeth “Bessie” Coleman (1892-1926) |
Elizabeth Coleman, a la que desde muy niña todos llamaban Bessie, nació el 26 de enero de 1892 en Atlanta (Texas), aunque con apenas dos años su familia se mudó a Waxahachie, también en Texas. Décima de los trece hijos de un humilde matrimonio de aparceros afroamericanos (su padre tenía también ascendencia cherokee), empezó a asistir a la escuela con seis años: una modestísima escuela para negros de una sola habitación, para llegar a la cual debía caminar más de seis kilómetros todos los días. Allí Bessie descubrió su pasión por la lectura y su gran talento para las matemáticas, a la vez que seguía ayudando a sus padres en las labores del campo, como la recolección del algodón. Con doce años fue aceptada en la escuela de la Iglesia Misionera Baptista y con dieciocho se matriculó en la Oklahoma Colored Agricultural and Normal University, uno de los pocos centros en los que las personas de color podían recibir educación superior, aunque solo pudo permanecer un año antes de que se le acabara el dinero y tuviera que regresar a casa de su familia.
En 1915 Bessie se marchó a Chicago con varios de sus hermanos buscando mejores oportunidades y consiguió un empleo como manicurista en un local llamado White Sox Barber Shop, donde rápidamente se hizo popular. Allí comenzó a interesarse por la aviación; varios de sus clientes habituales eran pilotos veteranos de la Primera Guerra Mundial a los que les gustaba contar historias de su tiempo en la guerra. Dos de los hermanos de Bessie también habían servido en la guerra, en las filas del 370º Regimiento de Infantería de la Guardia Nacional de Illinois (la única unidad del ejército norteamericano formada exclusivamente por afroamericanos, incluidos los oficiales); uno de ellos, John, solía contarle como en Francia era habitual ver a mujeres pilotando aviones. Decidida a aprender a pilotar, Bessie envió solicitudes a numerosas escuelas de aviación de todos los Estados Unidos, pero solo encontró negativas: por ser mujer y por ser negra. Pero sin darse por vencida, buscó consejo en Robert S. Abbott, una de las personalidades más destacadas de la comunidad afroamericana de Chicago: abogado, editor y fundador del Chicago Defender, uno de los periódicos para afroamericanos más vendidos del país, el cual la animó a viajar a Francia para aprender a pilotar, y dio publicidad a su caso, consiguiendo el apoyo de numerosas personas, como Jesse Binga, banquero y propietario del mayor banco afroamericano de Chicago. Bessie buscó un segundo empleo para ahorrar dinero, tomó clases de francés y finalmente el 20 de noviembre de 1920 partía en barco desde Nueva York rumbo a Francia.
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| Fotografía grupal de varios estudiantes de la escuela de vuelo de los hermanos Caudron. Bessie Coleman está a la izquierda, sentada en la cola del avión. |
Ya en Europa Bessie fue aceptada en la escuela de pilotos de los hermanos Caudron en Le Crotoy, una de las más reconocidas de Francia. Tras siete meses de entrenamiento, mayormente a los mandos de un vetusto Nieuport 82 (la versión de entrenamiento del avión militar Nieuport 14) Bessie Coleman obtuvo el 15 de junio de 1921 la licencia de piloto de la Federation Aeronautique Internationale (FAI), en aquel momento la organización aeronáutica más prestigiosa del mundo y la única cuyas licencias eran aceptadas prácticamente en todo el mundo. Bessie fue la primera americana de cualquier raza y sexo en obtenerla, además de ser la primera mujer negra y la primera persona de ascendencia nativo americana en conseguir una licencia de piloto. Después de dos meses adicionales de entrenamiento, en septiembre de 1921 Bessie regresó a Estados Unidos, donde fue recibida con gran expectación, sobre todo por parte de los medios afroamericanos.
Sin embargo, las alternativas para los pilotos civiles no eran demasiadas en aquellos tiempos. Los vuelos comerciales tardarían años en ser habituales y las rutas de transporte de correo eran escasas, así que la única alternativa para Bessie eran las exhibiciones aéreas, un entretenimiento muy popular por entonces, en las que los pilotos llevaban a cabo toda clase de acrobacias y cabriolas para delicia del público. Sabiendo que necesitaba mayor experiencia en vuelo, en febrero de 1922 Bessie regresó a Europa, recibiendo dos meses más de entrenamiento intensivo en Francia y viajando luego a Alemania para recibir clases de uno de los más experimentados pilotos de la compañía aeronáutica Fokker, con cuyo presidente y fundador, el holandés Anthony Fokker, llegó a entrevistarse.
De vuelta en EEUU, Bessie debutó como piloto acrobático el 3 de septiembre de 1922, cerca de Nueva York, en un homenaje a los veteranos del 369º Regimiento (formado íntegramente por soldados afroamericanos). Seis semanas después participaba en Chicago en un homenaje similar dedicado a los veteranos del 370º. Fue el inicio de una carrera que la haría rápidamente popular por su habilidad y su arriesgado estilo de vuelo. A finales de 1922 se compró un avión, un Curtiss JN-4D "Jenny" excedente del ejército, pero el 4 de febrero de 1923, mientras entrenaba para una exhibición en Los Angeles, el motor del avión se paró de repente y se estrelló, rompiéndose una pierna y tres costillas, lo que la obligó a estar parada durante siete meses.
Poco después Bessie se instaló en Orlando (Florida), donde fue muy bien acogida por la comunidad afroamericana local y abrió un salón de belleza con el que aumentar sus ingresos, mientras seguía dando exhibiciones por todo el país. Nunca olvidó su compromiso con su raza: daba discursos animando a los afroamericanos a interesarse por la aviación y a defender sus derechos, rechazaba actuar en espectáculos que no permitiesen la entrada a personas negras y siempre mantuvo su sueño de fundar una academia de pilotos en la que los afroamericanos pudieran aprender a volar. Su popularidad era tal que incluso le ofrecieron un papel en una película titulada Shadow and Sunshine, pero tras conocer que en su primera escena iba a aparecer vestida con harapos rechazó el papel; se negaba a seguir perpetuando los mismos estereotipos ofensivos que retrataban a las personas de color como pobres y sin educación.
| Bessie Coleman subida en un Curtiss JN-4D "Jenny" (c. 1924) |
En abril de 1926 Bessie compró en Dallas un avión, otro Jenny, con el que pensaba ofrecer una exhibición en Jacksonville (Florida) en mayo. Su mecánico y agente publicitario William Willis se encargó de trasladar el avión desde Dallas hasta Florida, pero diversos problemas mecánicos le obligaron a aterrizar de emergencia hasta en tres ocasiones durante el viaje, un signo inequívoco de que el avión había tenido un pésimo mantenimiento. La familia y los amigos de Bessie le rogaron que no volara con aquel avión, pero ella estaba decidida a hacerlo de todas formas.
El 30 de abril Bessie Coleman y William Willis levaron a cabo un vuelo de reconocimiento para estudiar el terreno sobre el que se iba a llevar a cabo el espectáculo, puesto que Bessie planeaba concluir su exhibición con un salto en paracaídas y necesitaba elegir el lugar más adecuado para aterrizar. Willis pilotaba el avión mientras ella examinaba el suelo bajo ellos; no llevaba puesto el cinturón de seguridad, ya que le impedía asomarse sobre el borde de la cabina. Llevaban apenas diez minutos en el aire cuando de súbito el avión hizo un movimiento extraño y comenzó a caer en picado girando sobre si mismo. Bessie salió despedida del avión a unos 600 metros de altura y murió instantáneamente al caer al suelo. Willis fue incapaz de recuperar el control del avión, que se estrelló y explotó; el piloto murió en el acto. A pesar de lo dañados que estaban los restos, la investigación concluyó que una llave inglesa utilizada en las reparaciones se había soltado accidentalmente en la cabina y había trabado los mandos del avión.
La muerte de Bessie Coleman fue ampliamente tratada en la prensa afroamericana; no así en los medios mayoritariamente blancos, que apenas mencionaron la noticia. El Florida Times-Union de Jacksonville apenas publicó una breve nota sobre "dos muertos en un accidente de aviación" y el New York Times no publicó el obituario de Bessie Coleman hasta 2019, como parte de una serie llamada Overlooked dedicada a personalidades que, por uno u otro motivo, no habían recibido un obituario en el Times en el momento de su muerte.
El 2 de mayo se celebró su funeral en Jacksonville, al que asistieron más de cinco mil personas. Tres días más tarde sus restos llegaron a Orlando, donde se celebró un nuevo funeral, igualmente multitudinario, antes de que su cadáver fuera enviado a Chicago. Allí se celebró una tercera ceremonia, en la que participaron más de diez mil personas, incluidas relevantes personalidades, antes de su entierro definitivo en el Cementerio Lincoln.
Bessie Coleman tenía solo 34 años cuando murió, pero dejó una huella profundísima en el seno de la comunidad afroamericana y su ejemplo sirvió de estímulo y de guía a aquellos que estaban dispuestos a pelear por sus derechos en un país donde todavía eran ciudadanos de segunda clase. En los años siguientes a su muerte se crearon varias escuelas de pilotaje y clubes de pilotos para afroamericanos directamente inspirados por su figura. A día de hoy llevan su nombre calles, escuelas, bibliotecas, pistas de aterrizaje, no solo en Estados Unidos, sino también en ciudades europeas como París, Bruselas o Frankfurt. En 1995 el servicio de Correos estadounidense le dedicó un sello y en 2023 se acuñó una moneda conmemorativa de 25 centavos dedicada a ella.
En 1992 Mae Jemison, ingeniera y médico, se convirtió en la primera mujer afroamericana en viajar al espacio en una misión de la NASA. Ella misma contó como de niña cuando le dijo a una profesora que quería ser científica, ella le preguntó si quería ser enfermera. Y siempre señaló a Bessie Coleman como una de las grandes inspiraciones para sobreponerse a aquellos prejuicios y luchar por alcanzar sus sueños. Por eso, cuando salió al espacio, llevaba con ella, entre otros objetos, una fotografía de Bessie.





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