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| El Gigante de Cardiff |
El 16 de octubre de 1869 dos trabajadores llamados Gideon Emmons y Henry Nichols, que excavaban un pozo en la granja que un hombre llamado William Newell tenía en Cardiff (Nueva York) hicieron un sorprendente descubrimiento. A eso de metro y medio de profundidad encontraron una enorme figura humana pétrea. Supuestamente, uno de ellos exclamó tras el hallazgo "¡Afirmo que algún viejo indio ha sido enterrado aquí!". Cuando posteriormente se extrajo, se pudo comprobar que medía más de 3'10 metros y pesaba más de 1300 kilos.
La noticia del hallazgo atrajo de inmediato a numerosos curiosos, que el primer día pudieron ver gratis al que todos llamaban ya el Gigante de Cardiff. Al día siguiente Newell colocó una tienda sobre el pozo y empezó a cobrar cincuenta centavos a cada visitante por ver al Gigante. Un incesante desfile de forasteros, a un ritmo de unos quinientos al día, empezó a pasar por la granja, dejando pingües beneficios a Newell, y también a los hoteles y restaurantes de Cardiff, que nunca habían visto semejante afluencia de turistas.
Muy pronto se desataron intensas discusiones sobre la verdadera naturaleza del Gigante. Unos creían que se trataba de una estatua; otros, que se trataba de un hombre petrificado. Estos últimos, generalmente los más religiosos, lo identificaban como uno de los gigantes que menciona el capítulo 6, versículo 4, del libro del Génesis: "Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos". El geólogo y líder mormón John F. Boynton fue el primer científico en examinar el Gigante; y concluyó que era una estatua, aventurando que podía haber sido obra de un jesuita francés del siglo XVI o XVII, para impresionar a los nativos de la región.
En primero en hablar directamente de fraude fue Andrew Dickson White, historiador y rector de la Universidad de Cornell. White concluyó que la estatua no presentaba características de ninguna cultura antigua conocida, por lo que probablemente era una obra moderna. Además, fue el primero en señalar que Newell no tenía motivos para excavar un pozo en aquel lugar en concreto: no estaba cerca de la granja, ni de los establos, y además en la propiedad ya había un arroyo y una fuente que proporcionaban agua suficiente. De la misma opinión era el paleontólogo Othniel Marsh, descubridor de especies como el estegosauro o el triceratops, que opinaba que si aquella figura, hecha de yeso, hubiera estado tanto tiempo enterrada en un terreno húmedo como aquel, mostraría un desgaste mucho más acusado.
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| Phineas Taylor Barnum (1810-1891) |
El Gigante seguía atrayendo a tantos curiosos que un grupo de inversores liderado por el empresario neoyorquino llamado David Hannum se lo compró a Newell por la elevada suma de 23000 $. Hannum desenterró al Gigante y se lo llevó a la ciudad de Syracuse, con un enorme éxito. Era tanta la gente que acudía a verlo que el empresario circense P. T. Barnum ofreció por él 50000 $, pero Hannum rechazó la oferta. Barnum, conocido por sus pocos escrúpulos y sus tácticas no muy limpias, encargó entonces una copia de escayola y comenzó a exhibirla en Nueva York proclamando que era la auténtica y la de Hannum era una falsificación. Hannum, tras pronunciar la célebre frase "Cada minuto nace un tonto", denunció a Barnum ante los tribunales por llamar falso a su Gigante; pero el juez le dijo que para admitir su denuncia tenía que probar la autenticidad del Gigante de Cardiff.
Y en esas idas y venidas estaban cuando el 10 de diciembre de 1869 saltaba la sorpresa: un hombre llamado George Hull confesaba a la prensa que él era el verdadero responsable de la creación del Gigante de Cardiff, y que todo había sido un elaborado engaño. Hull, un fabricante de tabaco de Nueva York, era un apasionado partidario de las teorías científicas, y un firme defensor de la teoría de la evolución de Darwin, que por entonces aún encontraba una fuerte oposición. Tiempo atrás Hull se había enzarzado en una discusión con un pastor metodista apellidado Turk, que defendía que la Biblia debía ser interpretada de manera literal, incluyendo el famoso pasaje del Génesis sobre los gigantes. Turk y sus seguidores habían rechazado todos los argumentos de Hull, el cual, enojado por la credulidad de la gente, había decidido crear un gran bulo para demostrar lo fácilmente que algunos podían ser engañados.
Hull había comprado un gran bloque de yeso en una cantera de Fort Dodge (Iowa) diciendo que era para una estatua de Abraham Lincoln, y lo había enviado por barco a un cantero alemán de Chicago llamado Edward Burkhardt. Burkhardt a su vez había contratado a dos escultores llamados Henry Salle y Fred Mohrmann para que dieran forma definitiva al Gigante. Es muy probable que Burkhardt hubiera estado al tanto de las intenciones de Hull, porque se había tomado la molestia de hacerlos trabajar en un lugar oculto y apartado de miradas indiscretas. Una vez terminada la estatua, Hull se dedicó a darle un aspecto envejecido para hacerla más creíble. Eliminó el cabello y la barba porque un geólogo le había dicho que el pelo no se fosilizaría; pinchó la superficie con agujas para simular los poros de la piel; y la frotó con agua y arena y la bañó en ácido sulfúrico para oscurecerla. Después de eso, la trasladó por tren a la granja de Newell, que era primo suyo, y allí la enterró en noviembre de 1868. Se había gastado un total de 2600 dólares de la época, y al revelar el fraude dijo que su intención siempre había sido que la verdadera naturaleza del engaño se hiciera pública como forma de criticar la credulidad de algunas congregaciones cristianas y contrarrestar las opiniones de los fundamentalistas de que hubo una época en la que hubo gigantes en la Tierra.
Una vez la verdad sobre el Gigante hubo salido a la luz el interés del público descendió rápidamente. En febrero de 1870 un juzgado dictaminó que, dado que ambas estatuas eran falsas, Hannum no tenía base para demandar a Barnum. El Gigante de Cardiff cayó en el olvido y acabó en un almacén. En 1901 fue exhibido en la Exposición Panamericana de Buffalo, pero apenas atrajo atención. Más tarde lo compraría un editor de Iowa llamado Gardner Cowles Jr, quien lo tuvo en su sala de juegos utilizándolo como base de una mesa. En 1947 lo vendió al Fenimore Farm & Country Village, un museo sobre la vida rural del siglo XIX de Copperstown (Nueva York), donde todavía permanece. La copia de Barnum se encuentra en Michigan, en el Marvin's Marvelous Mechanical Museum, una sala de juegos y museo de curiosidades mecánicas, cuyo dueño se la compró en 1994 a un cirujano plástico llamado James Smith que era un ávido coleccionista de memorabilia y atracciones de circos y ferias de los siglos XIX y XX.
Parece que a Hull el éxito del Gigante de Cardiff le animó a repetir la jugada: en 1877 tomó parte en la creación de un nuevo fraude muy similar, el llamado "Solid Muldoon", un supuesto hombre prehistórico petrificado hallado en una zona montañosa de Colorado.
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