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| Ekaterimburgo |
La ciudad rusa de Ekaterimburgo, situada en la cara oriental de los Urales, recibió ese nombre como homenaje a la emperatriz Catalina I y a santa Catalina de Alejandría. En esta ciudad fueron ejecutados en 1918 el zar Nicolás II y su familia, y entre 1924 y 1991 fue renombrada como Sverdlovsk, en honor a Yákov Sverdlov, uno de los líderes de la Revolución de 1917 y el responsable directo del asesinato de los Romanov.
Durante la década de 1920 las autoridades soviéticas empezaron a convertir la ciudad en un centro de producción industrial de primer orden, con la construcción de fábricas como la Uralmash (en su día, la mayor fábrica de maquinaria pesada de Europa). A principios de los años 40 numerosas fábricas, instituciones y centros de investigación fueron trasladados a Sverdlovsk para ponerlas a salvo del avance del ejército alemán. Muchas de ellas permanecieron en la ciudad después del fin de la guerra, y otras nuevas se instalaron, convirtiendo a Sverdlovsk en uno de los principales centros de producción del complejo militar-científico-industrial de la URSS. Y eso incluía también la investigación con armas biológicas.
El llamado Complejo 19 se construyó entre 1947 y 1949 en el distrito de Chkalovsky, al sur de la ciudad. Incluía una zona residencial donde vivían unas 7000 personas, un hospital militar, una oficina de correos, tiendas, escuelas, una guardería, un club social, un estadio deportivo, un registro civil e incluso una fiscalía especial. Y por supuesto, el centro de investigación sobre armas biológicas, inaugurado el 19 de julio de 1949 bajo el nombre de Instituto de Investigación Científica Sobre Higiene del Ministerio de Defensa de la URSS, para ocultar su verdadera función (ya en los años 70 pasaría a ser denominado Instituto de Investigación Científica de Preparaciones de Vacunas Bacterianas). Fue construido como una prolongación de una instalación similar situada en la ciudad de Kirov, y según algunos autores habría utilizado información capturada a los japoneses sobre sus experimentos sobre enfermedades infecciosas y guerra bacteriológica efectuados con prisioneros de guerra en China (la tristemente célebre Unidad 731). En sus primeros años investigó sobre un amplio número de patógenos, para luego centrarse en la experimentación con toxina botulínica (producida por la bacteria Clostridium botulinum). Más tarde el objetivo principal de las investigaciones pasó a ser el Bacillus anthracis, la bacteria responsable de la enfermedad del ántrax o carbunco.
| Bacillus anthracis |
En las instalaciones del Complejo 19 se producía una cepa excepcionalmente virulenta del B. anthracis, el llamado Ántrax 836. Esta cepa había sido aislada e identificada en 1956 por el biólogo Vladimir Sizov a partir de muestras tomadas de roedores capturados en Kirov, donde en 1953 se había producido una fuga accidental de ántrax que había contaminado el sistema de drenaje de las instalaciones. En Sverdlosk, entre otras investigaciones, esa cepa era cultivada, se la inducía a formar esporas, y luego estas esporas se secaban para producir un polvo fino que pudiera dispersarse como un aerosol y con el que estaba previsto llenar las ojivas de misiles SS-18 que serían lanzados contra las ciudades norteamericanas en caso de conflicto.
En algún momento de los días 2-3 de abril de 1979 (probablemente durante la tarde del día 2) una cierta cantidad de esporas se liberaron al exterior desde uno de los edificios de la "zona especial" del Complejo 19. El edificio, de cuatro plantas, albergaba una unidad de producción y secado de esporas, y todo parece indicar que un defecto en uno de los filtros del sistema de ventilación que evacuaba los gases de uno de los secadores fue el responsable de la fuga. El alto mando militar fue informado de inmediato, aunque las autoridades locales tardaron un poco más en enterarse. El primer indicio de la gravedad de la fuga se produjo cuando varios trabajadores de una fábrica de cerámica al sur del Complejo 19 comenzaron a enfermar, mostrando los síntomas típicos del carbunco; al menos 18 de ellos morirían en las siguientes semanas. Más y más casos empezaron a aparecer en los siguientes días y semanas, e incluso de informó de casos de carbunco en animales de pequeñas poblaciones rurales cercanas como Rudnii, Bol'shoe Sedelnikovo, Maloe Sedelnikovo, Pervomaiskii, Kashino y Abramovo.
Una Comisión Extraordinaria, dirigida desde Moscú, se hizo de inmediato cargo de la respuesta. Se administró tetraciclina (un antibiótico de amplio espectro) de manera preventiva, se desinfectaron escrupulosamente los hogares de los infectados y se destruyeron aquellos objetos más susceptibles de estar contaminados, como las sábanas o la ropa. El día 22 de abril bomberos y trabajadores de las fábricas comenzaron a regar numerosos edificios con soluciones de cloro para desinfectarlos y en las siguientes semanas más de 50000 habitantes de Chkalovsky fueron inoculados con la vacuna soviética STI contra el ántrax.
Pero no fueron esas las únicas medidas adoptadas por la Comisión. Las autoridades pusieron un gran empeño en encubrir el brote y su origen. La URSS no podía admitir que seguía investigando y fabricando armas biológicas, porque era uno de los firmantes de la Convención sobre Armas Biológicas (BWC), en vigor desde 1975, que las prohibía. Así que, favorecidas por el hecho de que por el carácter estratégico de su industria Sverdlosk tenía la calificación de "ciudad cerrada" (prohibida a los extranjeros y con severas restricciones a los nacionales para entrar y salir de ella), los militares, las autoridades locales (incluido el futuro presidente de Rusia Boris Yeltsin, que por entonces era un dirigente del Partido Comunista local) e incluso el KGB hicieron todo lo posible por silenciar todo lo referente a la infección.
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| Boris Yeltsin (1931-2007) |
Pero, a pesar de todas sus precauciones, las noticias sobre la epidemia acabaron filtrándose al exterior. Se habló de ella por primera vez en enero de 1980 en el Possev, una revista de escasa tirada editada en Frankfurt por un grupo de expatriados rusos. En ella se hablaba de una epidemia de ántrax tras una explosión en un campamento militar en la ciudad. Ante el interés cada vez mayor por parte de los gobiernos occidentales, las autoridades soviéticas acabaron admitiendo la existencia del brote, pero negaron que se hubiese originado en un accidente de laboratorio; la versión oficial culpaba al procesamiento y consumo de carne contaminada con la bacteria (cerca del Complejo 19 había una planta procesadora de carne, que también suministraba a los laboratorios diversos nutrientes necesarios para los cultivos de bacterias).
Las cifras oficiales hablan de un total de 95 infectados, de los cuales 68 acabarían muriendo. Otras fuentes elevan el número de muertes hasta el centenar. Es prácticamente imposible saber el número real; una de las medidas tomadas por el KGB para encubrir lo sucedido fue la de incautar los expedientes médicos de los afectados. Muy probablemente, el número de enfermos y de víctimas fue bastante superior a lo que admitieron los soviéticos.
En 1986 las autoridades soviéticas invitaron al genetista y biólogo molecular Matthew Meselson, profesor en la Universidad de Harvard, a visitar Moscú para investigar el caso. Tras entrevistarse con diversos funcionarios del Ministerio soviético de Salud, Meselson concluyó que la hipótesis oficial de la carne contaminada era "plausible y consistente con lo que se sabe acerca del ántrax". Sin embargo, en octubre de 1991, aprovechando el colapso de la URSS, el reportero del Wall Street Journal Peter Gumbel viajó a Sverdlosk, donde, tras entrevistarse con médicos, trabajadores sanitarios y familiares de los afectados, concluyó que la versión soviética estaba llena de "inconsistencias, medias verdades y mentiras flagrantes".
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| Alevtina Nekrasova visita la tumba de su padre, Valentin Ivanov, una de las primeras vícitmas del brote de ántrax |
Finalmente, en mayo de 1992 el presidente Yelstin admitió haber conocido en su día a través del KGB que el brote de Sverdlosk tenía su origen en las instalaciones militares. En junio, Meselson regresó al frente de un grupo de científicos occidentales y consiguió acceso a la ciudad y una lista de las 68 víctimas oficiales. Tras interrogar a sus familias y estudiar cada caso, Meselson y su equipo concluyeron que todas las víctimas se encontraban al iniciarse el brote, bien en su lugar de residencia, bien en su trabajo, en la misma dirección en la que soplaba en viento en aquellos días, lo que mostraba que esa, y no la carne contaminada, había sido la vía por la que se había dispersado el patógeno. Incluso el propio Meselson, que antes de su segunda visita a Rusia seguía defendiendo la teoría del brote espontáneo, acabó admitiendo que los resultados de la investigación no dejaban lugar a dudas. También señalaban que, si el viento hubiera soplado hacia el centro de la ciudad y no en dirección contraria, podría haberse alcanzado un número de cientos de miles de afectados. Por eso, en ocasiones se hace referencia a esta fuga como "el Chernóbil biológico".
Todavía en 1992 el presidente Yeltsin anunció su intención de retirar el control de las instalaciones de investigación sobre armas biológicas al estamento militar, con la intención de transformarlas en instalaciones civiles. El entonces primer ministro Yegor Gaidar llegó a emitir un decreto para comenzar la desmilitarización del Complejo 19, y varios inversores norteamericanos mostraron su interés en las instalaciones con el objetivo de convertirlas en centros de investigación veterinaria y de fabricación de vacunas para animales. Sin embargo, la oposición frontal del alto mando militar, que se oponía a perder el control de esas instalaciones, frustró el proyecto.
En la actualidad, la actividad de las instalaciones de Sverdlosk (ahora Ekaterimburgo) sigue siendo secreta. Se sabe que varios de los edificios del complejo han sufrido amplias reformas y la versión oficial es que ahora se dedican a la fabricación de antibióticos, pero ningún periodista ha vuelto a tener acceso al Complejo desde 1992 y toda la zona está sometida a una fuerte vigilancia por parte del ejército. En agosto de 2020 y marzo de 2021 el gobierno de EEUU impuso sanciones a varios centros militares de investigación biológica rusos por la sospecha de estar involucrados en un programa secreto de armas biológicas; entre ellos, las instalaciones de Ekaterimburgo.



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