Verba volant, scripta manent

domingo, 26 de julio de 2026

El Lady Be Good

El Lady Be Good

El 4 de abril de 1943 un grupo de B-24 del 376º Grupo de Bombardeo de las Fuerzas Aéreas norteamericanas partía del aeródromo de Soluch, en Libia, rumbo a una misión para bombardear el puerto de Nápoles. Veinticinco aviones en total, divididos en dos oleadas de doce y trece aparatos. Entre los aviones de la segunda oleada había un B-24D Liberator que acababa de ser trasladado a Soluch y que había sido apodado Lady Be Good en referencia a una popular canción escrita por los hermanos George e Ira Gershwin. A bordo, una tripulación novata; era la primera vez que volaban juntos y llevaban apenas un par de semanas en África. Su inexperiencia fue probablemente uno de los factores que influyeron en el destino de la misión.

La tripulación del Lady Be Good: de izquierda a derecha, Hatton, Toner, Hays, Woravka, Ripslinger, LaMotte, Shelly, Moore y Adams.

La tripulación estaba compuesta por el teniente William Hatton, piloto; los tenientes segundos Robert Toner (copiloto), DP Hays (navegante) y Stanley Woravka (observador de bombardeo); y los sargentos Harold Ripslinger (ingeniero de vuelo), Robert LaMotte (operador de radio), Samuel Adams (artillero), Vernon Moore (artillero) y Guy Shelley (artillero). Los aviones de la segunda oleada fueron despegando a partir de la una y media de la tarde; el Lady Be Good fue uno de los últimos en salir. Nada más despegar, empezaron a torcerse las cosas para la misión: una inesperada tormenta de arena sorprendió a los aviones. Nueve de ellos, con sus motores dañados por la arena, tuvieron que regresar a Soluch. Solo cuatro, entre ellos el Lady Be Good, pudieron continuar su misión. Pero al llegar a Nápoles, la falta de visibilidad les impidió bombardear su objetivo principal. Dos de los aviones bombardearon objetivos secundarios, y otros dos, incluido el Lady Be Good, soltaron sus bombas sobre el Mediterráneo para ahorrar combustible antes de emprender el camino de vuelta.

Poco después de las once de la noche, el mando de Soluch tenía localizados a 24 de los 25 aviones de la misión: 23 estaban de vuelta en el aeródromo y otro había tenido que realizar un aterrizaje de emergencia en la isla de Malta al acabársele el combustible. Solo faltaba uno: el Lady Be Good. A las 12:12 AM Soluch recibió una llamada de Hatton pidiendo ayuda para guiarlos de vuelta a su base: su Localizador Automático de Dirección no funcionaba y su navegante era incapaz de encontrar el rumbo. Habían perdido de vista al resto de aviones de la misión y sin instrumentos volaban a ciegas, sin saber su posición. Ni siquiera podían intentar guiarse por las estrellas, ya que el cielo estaba cubierto de nubes. Pero la tecnología de entonces tenía sus límites. La estación de radio de Soluch tenía una sola antena, y aunque podía determinar el rumbo del avión no podía conocer su posición exacta. Así que supusieron que el avión todavía seguía sobre el Mediterráneo y le proporcionaron un rumbo aproximado, advirtiéndoles que permanecieran atentos ya que iban a señalar la posición de la base con luces y bengalas. Pero el Lady Be Good nunca llegó. Horas después, cuando ya estaba claro que no iban a volver, se organizó una operación de búsqueda en las costas de Libia que resultó infructuosa. Poco después se les declaró "presumiblemente muertos" y después de la guerra, tras confirmar con los archivos militares alemanes e italianos que no habían caído prisioneros, se los declaró muertos en combate, presumiblemente al caer su avión al mar.

Después de la guerra el desierto libio fue sometido a numerosas exploraciones en busca de yacimientos petrolíferos. El 16 de mayo de 1958 una avioneta de la aerolínea Silver City Airways que sobrevolaba el llamado Mar de Arena de Calanshio, una región del Sáhara en el norte del distrito de Kufra llevando a bordo a un equipo de una empresa de prospecciones llamada D'Arcy Exploration informó a las autoridades militares norteamericanas de la base aérea de Wheelus (Trípoli) que había avistado lo que parecía ser un avión militar estadounidense estrellado en el desierto. Los americanos no tomaron en serio aquella información; aquel supuesto avión se encontraba a más de seiscientos kilómetros al sur de la costa mediterránea, en una zona en la que no había habido ningún tipo de actividad militar durante la guerra y donde nunca se había informado de ningún avión perdido. El 15 de junio otro equipo de la D'Arcy Exploration volvía a avistar el avión, informando esta vez a la RAF británica, quienes tampoco mostraron interés por el supuesto hallazgo. Un tercer avistamiento tuvo lugar el 9 de noviembre, por parte de un equipo de la British Petroleum.

Los restos del Lady Be Good en el desierto

El 27 de febrero de nuevo empleados de la D'Arcy volvieron a ver el aparato. En esta ocasión, dado que estaban perforando en un yacimiento cercano, varios de ellos decidieron acercarse a echar un vistazo. Dos geólogos (Don Sheridan y John Martin) y un supervisor (Gordon Bowerman), así como varios empleados libios, se trasladaron hasta el aparato. Sentían curiosidad por sabér qué hacía allí aquel avión, en mitad de la nada, lejos de cualquier objetivo y de cualquier escenario de acciones bélicas durante la pasada guerra (también existía la posibilidad de que se tratara de un antiguo avión descomisionado y dedicado a tareas civiles que se hubiera estrellado después del conflicto). Al llegar pudieron confirmar que se trataba de un avión de combate, un B-24 norteamericano. Se había partido en dos al aterrizar pero a parte de eso estaba en un excelente estado de conservación: a bordo había agua y comida, la radio estaba intacta, incluso las ametralladoras funcionaban y estaban listas para disparar. Pero no había rastro de la tripulación. Tampoco estaban sus paracaídas, por lo que supusieron que habían saltado antes de estrellarse. En el diario de a bordo, escrito por un tal teniente Hays, la última entrada hablaba de una misión de bombardeo sobre Nápoles el 4 de abril de 1943.

Bowerman, sorprendido e intrigado, decidió hablar con un militar americano conocido suyo, el teniente coronel Walter Kolbus, destinado en Wheelus. El 2 de abril, de regreso de su prospección, acudió a la base, pero como Kolbus esaba ausente, le dejó una carta explicándole los detalles de su hallazgo, incluyendo el diario de Hays, que incluía el número de serie, la matrícula y el escuadrón al que pertenecía el aparato, así como detalles sobre el avión y los apellidos de varios de sus tripulantes (Hatton, Woravka, Toner, Hays, Shea) que habían averiguado gracias a los objetos personales que todavía se conservaban. Aquelló fue suficiente para iniciar una investigación que confirmó que los datos del avión y de los tripulantes coincidían con los del Lady Be Good. El avión al que todos creían en el fondo del Mediterráneo había aparecido en mitad del desierto, a cientos de kilómetros al sur de donde se suponía que debía estar.


En febrero de 1960 el ejército norteamericano lanzó una extensa operación de búsqueda, registrando más de 6000 kilómetros cuadrados de desierto con helicópteros, patrullas motorizadas y fotografías aéreas, tratando de localizar a los tripulantes. El 11 de febrero localizaban los restos de un campamento improvisado en el que hallaron los restos de cinco de ellos: Hatton, Toner, Hays, Adams y LaMotte. Entre sus objetos personales estaba el diario de Toner, que había seguido escribiendo hasta el final y que resultó fundamental para reconstruir los momentos finales del avión y de sus tripulantes.

Recuperación de los restos de la tripulación

Como ya he dicho, el Lady Be Good volaba a ciegas cuando solicitó ayuda a su base para localizar su rumbo. Incapaz de calcular su posición (es posible que el navegante Hays sufriera algún tipo de indisposición, ya que no había escrito nada en su diario desde el ataque a Nápoles) habían supuesto que seguían sobre el Mediterráneo, cuando en realidad ya habían alcanzado la costa y se habían adentrado en el desierto; probablemente habían sobrevolado Soluch, sin darse cuenta, y se encontraban bastante al sur de la base. El rumbo que les habían indicado, en lugar de acercarlos al aeródromo, los había adentrado más y más en el desierto; de noche, desde una gran altitud, les habría resultado difícil diferenciar la superficie del desierto de la del océano. Y habían seguido volando durante más de una hora hasta que, casi sin combustible, Hatton había ordenado saltar en paracaídas, considerándolo más seguro que intentar un amerizaje. Para ellos había sido una enorme sorpresa aterrizar en tierra firme en lugar de en el agua. Mientras, el avión había recorrido otra veintena de kilómetros antes de quedarse sin combustible y estrellarse en el desierto.

Los tripulantes del Lady Be Good se reagruparon en tierra, usando bengalas y disparando sus armas para señalar su posición; todos, salvo Woravka, que había sido el último en saltar y al que no volvieron a ver. Tras esperarlo durante un tiempo y ver que no aparecía, decidideron ponerse en marcha. No tenían ni idea de donde se encontraban, y eso resultó letal. Si se hubieran dirigido al sur podían haber llegado a un oasis, el de Wadi Zighem. O podían haber intentado llegar a los restos de su avión, donde había agua, comida y una radio para pedir ayuda. Sin embargo, creyendo que la costa no estaría demasiado lejos de su posición, decidieron dirigirse al norte. Una misión imposible; cientos de kilómetros de desierto, sin apenas agua ni comida.

El interior del avión

Avanzaron penosamente kilómetro tras kilómetro, dejando señales hechas con sus paracaídas y sus chalecos indicando en qué dirección iban. Tras seis días de marcha, habiendo recorrido más de cien kilómetros, Hatton, Toner, Hays, Adams y LaMotte (este ya casi completamente ciego) fueron incapaces de continuar y decidieron permanecer en aquel campamento que habían improvisado. Los otros tres, Shelley, Ripslinger y Moore, que estaban más enteros, decidideron continuar para intentar encontrar ayuda. La última entrada del diario de Toner es de la mañana del 12 de abril: "Todavía no llega la ayuda. Una noche muy fría".

Las últimas páginas del diario del teniente Robert Toner

En mayo de ese mismo año el ejército norteamericano lanzó la llamada Operación Climax para tratar de recuperar los cuerpos de los restantes miembros de la tripulación. El 17 de mayo un equipo de la British Petroleum localizaba a unos 38 kilómetros del campamento los restos del sargento Shelley, y el 17 un helicóptero encontró los del sargento Ripslinger, que había logrado avanzar otros 42 kilómetros antes de morir. El último cadáver en ser localizado fue el del teniente Woravka, hallado en agosto por otro equipo de la BP no muy lejos del lugar en el que los tripulantes habían saltado. Todo parece indicar que su paracaídas falló (tenía su arnés todavía puesto) y había muerto al estrellarse contra el suelo. Los restos del sargento Moore nunca aparecieron; pero en 1953 una patrulla del ejército británico mandada por un oficial llamado Peter Cowley había hallado en la zona un esqueleto sin identificar. Como no tenían motivos para creer que se tratase de un soldado aliado, se habían limitado a fotografiarlo y a enterrarlo en la arena. Hoy se cree que probablemente se trataba de los restos de Moore, que habría sido así el que más lejos había llegado, pero todos los intentos de localizar su tumba fueron infructuosos.

Las autoridades norteamericanas repatriaron los cuerpos a los Estados Unidos para ser enterrados. Sus nombres (salvo el de Vernon) fueron borrados de la llamada Lista de los Perdidos localizada en el Cementerio Americano del Norte de África (Túnez), donde todavía figuran más de 3700 norteamericanos caídos en combate cuyos cuerpos nunca fueron identificados. De los restos del Lady Be Good se retiraron numerosas piezas, algunas como parte de la investigación oficial y otras para ser reutilizadas en otros aviones de la Fuerza Aérea norteamericana. Sin embargo, se dijo que esas partes traían mala suerte porque varios de los aviones en los que se instalaron tuvieron más tarde diversos accidentes o problemas mecánicos. También se instaló en la capilla de la base de Wheelus una vidriera en su recuerdo; cuando los norteamericanos abandonaron la base en 1970, la vidriera fue desmontada y actualmente se conserva en el Museo Nacional de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en la base aérea de Wright-Patterson en Dayton (Ohio).

El Lady Be Good en la actualidad

Los restos del Lady Be Good permanecieron en el desierto hasta agosto de 1994, cuando fueron recuperados por orden del gobierno libio y trasladados a Tobruk. En la actualidad se encuentran en la base aérea Jamal Abdelnasser de la Fuerza Aérea Libia, al sur de Tobruk, en un estado de notable deterioro.


domingo, 19 de julio de 2026

Pequeñas historias (XLVI)

El 3 de febrero de 1998 un avión EA-6B Prowler del Cuerpo de Marines de los EEUU que efectuaba un vuelo de entrenamiento cortó accidentalmente el cable del teleférico de una estación de esquí cerca de la ciudad italiana de Cavalese, provocando que una góndola cayera desde una altura de 80 metros y que murieran sus 20 ocupantes, originarios de diversos países europeos. El piloto Richard J. Ashby y el copiloto Joseph Schweitzer fueron juzgados en EEUU y no en Italia, ya que así lo permitían los tratados de la OTAN. Aunque se probó que el avion volaba más rápido y mucho más bajo de lo que permitían las normas militares, ambos fueron absueltos de homicidio involuntario, provocando una gran indignación en Europa. Más tarde ambos volverían a ser juzgados por obstrucción a la justicia y conducta impropia, ya que se averiguó que habían borrado un video que habían grabado durante el vuelo. Esta vez fueron declarados culpables, condenados a pequeñas penas de cárcel y expulsados del ejército.

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El 1 de febrero de 1993 un hombre sin identificar murió atropellado en las afueras de la localidad de Moxee (Washington). No sería hasta 11 años después que pudo ser identificado como David Glenn Lewis, un abogado de Amarillo (Texas) que había desaparecido el día anterior a su muerte. Lo insólito del caso es que se ignora qué llevó a Lewis a Moxee, lugar con el que no tenía ningún tipo de conexión, ni cómo se las arregló para recorrer los casi 2600 kilómetros entre Amarillo y Moxee en apenas 24 horas. Para aumentar el misterio, el coche que lo atropelló nunca fue encontrado, y su familia tampoco reconoció la ropa que Lewis vestía en el momento de su muerte (ropa de camuflaje de estilo militar y botas de trabajo).

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En el año 2009 Michael Conahan y Mark Ciavarella, jueces del tribunal del condado de Luzerne (Pennsylvania) fueron arrestados acusados de recibir cientos de miles de dólares en sobornos por parte de Robert Powell y Robert Mericle, co-propietarios de dos centros privados de detención juvenil, para que dictasen penas mucho más severas que asegurasen una alta ocupación de ambos centros, y de ese modo aumentar la cantidad de dinero público recibido para mantener a sus ocupantes. Entre 2003 y 2009 miles de adolescentes fueron condenados por ambos jueces a penas de reclusión de distinta duración, que cumplieron en los centros de Powell y Mericle, a veces por motivos tan irrisorios como entrar sin permiso en un edificio abandonado o burlarse en internet del director de su instituto. Ciavarella rechazó declararse culpable y fue condenado a una pena de 28 años de cárcel, que todavía le mantiene en prisión. Conahan, que si admitió su culpabilidad, fue condenado a 17 años y medio, y permaneció encarcelado hasta que recibió un perdón presidencial a finales de 2024. Powell y Mericle fueron condenados a penas menores, 18 meses y un año de cárcel, respectivamente. Todos las sentencias dictadas por Ciavarella entre 2003 y 2009 fueron anuladas, y aquellas que afectaban a menores eliminadas de sus expedientes.

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El desayuno típico de la Grecia clásica o akrastima incluía pan duro, de trigo o cebada, que se ablandaba mojándolo en vino puro (para los griegos beber vino sin aguar era propio de bárbaros; solo en el desayuno estaba bien visto). También consumían higos, aceitunas y queso, de cabra o de oveja; y eran habituales las teganites, una especie de tortitas elaboradas con una masa de harina, agua (o leche cuajada) y miel, que se freían en aceite de oliva y se servían con miel y semillas de sésamo tostadas. Este desayuno era bastante similar en todos los hogares griegos, aunque las familias más pudientes solían contar con ingredientes de mayor calidad.

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Dilsey Pope fue una mujer negra nacida libre en Columbus (Georgia) a principios del siglo XIX. Pope se enamoró de un esclavo y lo compró a su dueño para casarse con él (aunque no pudo liberarlo porque en aquel entonces las leyes eran muy restricitivas y prohibían a los negros libres comprar esclavos para liberarlos, aunque se tratara de su familia). Pero un día, después de una gran discusión entre ambos, Dilsey lo vendió a uno de sus vecinos, un granjero blanco. Cuando más tarde ella se arrepintió y trató de recomprarlo, su nuevo amo, un coronel llamado Seaborn Jones, se negó a vendérselo.

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El escritor, dramaturgo, filósofo, naturalista y polímata alemán Johann Wolfgang von Goethe fue también un ávido coleccionista de objetos relacionados con la historia natural: fósiles, conchas, minerales y plantas, entre otros. Entre su colección se encontraban 40 piezas de ámbar báltico sin pulir, que nadie se había preocupado de estudiar con atención. Ese ámbar permaneció como parte de los fondos de la casa-museo de Goethe en la ciudad de Weimar durante décadas, hasta que recientemente un equipo de la Universidad de Jena decidió someterlo a estudio mediante técnicas avanzadas como la microtomografía computerizada, descubriendo que tres de las piezas contienen en su interior insectos fosilizados, de unos 40 millones de años de antigüedad: un mosquito de los hongos (Mycetophilidae), una mosca negra (Simuliidae) y una hormiga obrera de la especie Ctenobethylus goepperti. Especialmente interesante es el fósil de la hormiga, una especie ya conocida pero de la que nunca se había hallado un ejemplar en un estado de conservación tan bueno, incluyendo los finísimos vellos de su cuerpo y las estructuras de su esqueleto interno.

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Gerald Bull (1928-1990) fue un ingeniero canadiense experto en balística que durante toda su vida quiso diseñar una pieza de artillería tan potente que fuera capaz de poner en órbita un satélite, aunque la mayoría de sus investigaciones tuvieron aplicaciones militares. A finales de los años 80, cuando vivía en Bruselas, empezó a trabajar para el régimen del dictador iraquí Saddam Hussein. Para él desarrolló el llamado Proyecto Babilonia, cuyo objetivo era construir una serie de supercañones de muy largo alcance, y también una serie de mejoras en el diseño de los misiles balísticos Scud. Este trabajo levantó muchas suspicacias; Bull recibió amenazas anónimas y su piso fue allanado en varias ocasiones. Finalmente, en marzo de 1990 fue asesinado a las puertas de su apartamento, por parte de personas desconocidas que le dispararon cinco veces en cabeza y cuello. Sus asesinos nunca fueron identificados, pero todas las sospechas se dirigieron hacia el Mossad israelí. Su muerte marcó el fin del Proyecto Babilonia; las partes de los supercañones que ya estaban construidas fueron interceptadas por las autoridades de varios países europeos cuando viajaban rumbo a Irak, y un prototipo de menor tamaño que ya había sido construido fue destruido durante la Guerra del Golfo (1990-91).

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La doctora Jacquelyn Kotarac murió en agosto de 2010 mientras intentaba entrar en la casa de su ex-novio, ausente en aquel momento, en Bakersfield (California). Kotarac trató de acceder a la casa deslizándose boca abajo por la chimenea; se quedó atascada y murió por asfixia. Su cuerpo no fue hallado hasta varios días más tarde, cuando la persona a la que su ex-novio había contratado para cuidar de sus peces durante su ausencia notó el olor a descomposición.

domingo, 12 de julio de 2026

El "Chernóbil biológico"

Ekaterimburgo

La ciudad rusa de Ekaterimburgo, situada en la cara oriental de los Urales, recibió ese nombre como homenaje a la emperatriz Catalina I y a santa Catalina de Alejandría. En esta ciudad fueron ejecutados en 1918 el zar Nicolás II y su familia, y entre 1924 y 1991 fue renombrada como Sverdlovsk, en honor a Yákov Sverdlov, uno de los líderes de la Revolución de 1917 y el responsable directo del asesinato de los Romanov.

Durante la década de 1920 las autoridades soviéticas empezaron a convertir la ciudad en un centro de producción industrial de primer orden, con la construcción de fábricas como la Uralmash (en su día, la mayor fábrica de maquinaria pesada de Europa). A principios de los años 40 numerosas fábricas, instituciones y centros de investigación fueron trasladados a Sverdlovsk para ponerlas a salvo del avance del ejército alemán. Muchas de ellas permanecieron en la ciudad después del fin de la guerra, y otras nuevas se instalaron, convirtiendo a Sverdlovsk en uno de los principales centros de producción del complejo militar-científico-industrial de la URSS. Y eso incluía también la investigación con armas biológicas.

El llamado Complejo 19 se construyó entre 1947 y 1949 en el distrito de Chkalovsky, al sur de la ciudad. Incluía una zona residencial donde vivían unas 7000 personas, un hospital militar, una oficina de correos, tiendas, escuelas, una guardería, un club social, un estadio deportivo, un registro civil e incluso una fiscalía especial. Y por supuesto, el centro de investigación sobre armas biológicas, inaugurado el 19 de julio de 1949 bajo el nombre de Instituto de Investigación Científica Sobre Higiene del Ministerio de Defensa de la URSS, para ocultar su verdadera función (ya en los años 70 pasaría a ser denominado Instituto de Investigación Científica de Preparaciones de Vacunas Bacterianas). Fue construido como una prolongación de una instalación similar situada en la ciudad de Kirov, y según algunos autores habría utilizado información capturada a los japoneses sobre sus experimentos sobre enfermedades infecciosas y guerra bacteriológica efectuados con prisioneros de guerra en China (la tristemente célebre Unidad 731). En sus primeros años investigó sobre un amplio número de patógenos, para luego centrarse en la experimentación con toxina botulínica (producida por la bacteria Clostridium botulinum). Más tarde el objetivo principal de las investigaciones pasó a ser el Bacillus anthracis, la bacteria responsable de la enfermedad del ántrax o carbunco.

Bacillus anthracis

En las instalaciones del Complejo 19 se producía una cepa excepcionalmente virulenta del B. anthracis, el llamado Ántrax 836. Esta cepa había sido aislada e identificada en 1956 por el biólogo Vladimir Sizov a partir de muestras tomadas de roedores capturados en Kirov, donde en 1953 se había producido una fuga accidental de ántrax que había contaminado el sistema de drenaje de las instalaciones. En Sverdlosk, entre otras investigaciones, esa cepa era cultivada, se la inducía a formar esporas, y luego estas esporas se secaban para producir un polvo fino que pudiera dispersarse como un aerosol y con el que estaba previsto llenar las ojivas de misiles SS-18 que serían lanzados contra las ciudades norteamericanas en caso de conflicto.

En algún momento de los días 2-3 de abril de 1979 (probablemente durante la tarde del día 2) una cierta cantidad de esporas se liberaron al exterior desde uno de los edificios de la "zona especial" del Complejo 19. El edificio, de cuatro plantas, albergaba una unidad de producción y secado de esporas, y todo parece indicar que un defecto en uno de los filtros del sistema de ventilación que evacuaba los gases de uno de los secadores fue el responsable de la fuga. El alto mando militar fue informado de inmediato, aunque las autoridades locales tardaron un poco más en enterarse. El primer indicio de la gravedad de la fuga se produjo cuando varios trabajadores de una fábrica de cerámica al sur del Complejo 19 comenzaron a enfermar, mostrando los síntomas típicos del carbunco; al menos 18 de ellos morirían en las siguientes semanas. Más y más casos empezaron a aparecer en los siguientes días y semanas, e incluso de informó de casos de carbunco en animales de pequeñas poblaciones rurales cercanas como Rudnii, Bol'shoe Sedelnikovo, Maloe Sedelnikovo, Pervomaiskii, Kashino y Abramovo.

Una Comisión Extraordinaria, dirigida desde Moscú, se hizo de inmediato cargo de la respuesta. Se administró tetraciclina (un antibiótico de amplio espectro) de manera preventiva, se desinfectaron escrupulosamente los hogares de los infectados y se destruyeron aquellos objetos más susceptibles de estar contaminados, como las sábanas o la ropa. El día 22 de abril bomberos y trabajadores de las fábricas comenzaron a regar numerosos edificios con soluciones de cloro para desinfectarlos y en las siguientes semanas más de 50000 habitantes de Chkalovsky fueron inoculados con la vacuna soviética STI contra el ántrax.

Pero no fueron esas las únicas medidas adoptadas por la Comisión. Las autoridades pusieron un gran empeño en encubrir el brote y su origen. La URSS no podía admitir que seguía investigando y fabricando armas biológicas, porque era uno de los firmantes de la Convención sobre Armas Biológicas (BWC), en vigor desde 1975, que las prohibía. Así que, favorecidas por el hecho de que por el carácter estratégico de su industria Sverdlosk tenía la calificación de "ciudad cerrada" (prohibida a los extranjeros y con severas restricciones a los nacionales para entrar y salir de ella), los militares, las autoridades locales (incluido el futuro presidente de Rusia Boris Yeltsin, que por entonces era un dirigente del Partido Comunista local) e incluso el KGB hicieron todo lo posible por silenciar todo lo referente a la infección.

Boris Yeltsin (1931-2007)

Pero, a pesar de todas sus precauciones, las noticias sobre la epidemia acabaron filtrándose al exterior. Se habló de ella por primera vez en enero de 1980 en el Possev, una revista de escasa tirada editada en Frankfurt por un grupo de expatriados rusos. En ella se hablaba de una epidemia de ántrax tras una explosión en un campamento militar en la ciudad. Ante el interés cada vez mayor por parte de los gobiernos occidentales, las autoridades soviéticas acabaron admitiendo la existencia del brote, pero negaron que se hubiese originado en un accidente de laboratorio; la versión oficial culpaba al procesamiento y consumo de carne contaminada con la bacteria (cerca del Complejo 19 había una planta procesadora de carne, que también suministraba a los laboratorios diversos nutrientes necesarios para los cultivos de bacterias).

Las cifras oficiales hablan de un total de 95 infectados, de los cuales 68 acabarían muriendo. Otras fuentes elevan el número de muertes hasta el centenar. Es prácticamente imposible saber el número real; una de las medidas tomadas por el KGB para encubrir lo sucedido fue la de incautar los expedientes médicos de los afectados. Muy probablemente, el número de enfermos y de víctimas fue bastante superior a lo que admitieron los soviéticos.

En 1986 las autoridades soviéticas invitaron al genetista y biólogo molecular Matthew Meselson, profesor en la Universidad de Harvard, a visitar Moscú para investigar el caso. Tras entrevistarse con diversos funcionarios del Ministerio soviético de Salud, Meselson concluyó que la hipótesis oficial de la carne contaminada era "plausible y consistente con lo que se sabe acerca del ántrax". Sin embargo, en octubre de 1991, aprovechando el colapso de la URSS, el reportero del Wall Street Journal Peter Gumbel viajó a Sverdlosk, donde, tras entrevistarse con médicos, trabajadores sanitarios y familiares de los afectados, concluyó que la versión soviética estaba llena de "inconsistencias, medias verdades y mentiras flagrantes".

Alevtina Nekrasova visita la tumba de su padre, Valentin Ivanov, una de las primeras vícitmas del brote de ántrax

Finalmente, en mayo de 1992 el presidente Yelstin admitió haber conocido en su día  a través del KGB que el brote de Sverdlosk tenía su origen en las instalaciones militares. En junio, Meselson regresó al frente de un grupo de científicos occidentales y consiguió acceso a la ciudad y una lista de las 68 víctimas oficiales. Tras interrogar a sus familias y estudiar cada caso, Meselson y su equipo concluyeron que todas las víctimas se encontraban al iniciarse el brote, bien en su lugar de residencia, bien en su trabajo, en la misma dirección en la que soplaba en viento en aquellos días, lo que mostraba que esa, y no la carne contaminada, había sido la vía por la que se había dispersado el patógeno. Incluso el propio Meselson, que antes de su segunda visita a Rusia seguía defendiendo la teoría del brote espontáneo, acabó admitiendo que los resultados de la investigación no dejaban lugar a dudas. También señalaban que, si el viento hubiera soplado hacia el centro de la ciudad y no en dirección contraria, podría haberse alcanzado un número de cientos de miles de afectados. Por eso, en ocasiones se hace referencia a esta fuga como "el Chernóbil biológico".

Todavía en 1992 el presidente Yeltsin anunció su intención de retirar el control de las instalaciones de investigación sobre armas biológicas al estamento militar, con la intención de transformarlas en instalaciones civiles. El entonces primer ministro Yegor Gaidar llegó a emitir un decreto para comenzar la desmilitarización del Complejo 19, y varios inversores norteamericanos mostraron su interés en las instalaciones con el objetivo de convertirlas en centros de investigación veterinaria y de fabricación de vacunas para animales. Sin embargo, la oposición frontal del alto mando militar, que se oponía a perder el control de esas instalaciones, frustró el proyecto.

En la actualidad, la actividad de las instalaciones de Sverdlosk (ahora Ekaterimburgo) sigue siendo secreta. Se sabe que varios de los edificios del complejo han sufrido amplias reformas y la versión oficial es que ahora se dedican a la fabricación de antibióticos, pero ningún periodista ha vuelto a tener acceso al Complejo desde 1992 y toda la zona está sometida a una fuerte vigilancia por parte del ejército. En agosto de 2020 y marzo de 2021 el gobierno de EEUU impuso sanciones a varios centros militares de investigación biológica rusos por la sospecha de estar involucrados en un programa secreto de armas biológicas; entre ellos, las instalaciones de Ekaterimburgo.

domingo, 5 de julio de 2026

Los dos funerales del sargento Rice

John Raymond Rice (1914-1950)

El sargento de primera clase John Raymond Rice murió heroicamente el 6 de septiembre de 1950 cerca de un pueblo de Corea del Sur llamado Tabu-dong, en un violento enfrentamiento entre tropas de Corea del Norte y de las Naciones Unidas, en lo que sería conocido como la Batalla de Tabu-dong. Rice era un veterano que durante la Segunda Guerra Mundial había servido en los Marines (había recibido la Estrella de Bronce por su actuación durante la campaña de Nueva Guinea) y cuando murió encabezaba un pelotón de la Compañía A de su regimiento, el 8º de Caballería.

Rice había nacido en 1916 en la pequeña localidad de Winnebago (Nebraska), en el seno de la tribu Ho-Chunk (también llamados Hoocąk o Winnebago), una tribu emparentada con los sioux cuyo territorio tradicional se extendía por los estados de Wisconsin, Minnesota, Iowa e Illinois. En la actualidad sus miembros se dividen en dos tribus reconocidas oficialmente por el gobierno norteamericano: la Nación Ho-Chunk de Wisconsin y la Tribu Winnebago de Nebraska.

Por aquello de las contingencias de la guerra, el cuerpo del sargento Rice no pudo ser repatriado hasta casi un año después de su muerte, llegando a Winnebago en agosto de 1951. Su esposa Evelyn (que era blanca) decidió enterrar a su marido en la cercana ciudad de Sioux City (Iowa), a unos 35 kilómetros de Winnebago, y para ello adquirió una parcela en el cementerio Memorial Park. No tuvo ningún problema; es más, la directiva del cementerio se mostró honrada de acoger a un veterano de guerra en su camposanto. A su llegada a Sioux City, el cuerpo del sargento Rice recibió una ceremonia de luto ritual de los Ho-Chunk, llevada a cabo por el también veterano de guerra Sam Tebo, que permaneció al lado del cadáver sin dormir durante cuatro días y cuatro noches.

La ceremonia funeraria, con todas las formalidades de un entierro militar, incluidas las salvas de honor, se celebró el 28 de agosto de 1951. Pero una vez terminada, y antes de procederse al entierro en si, la gerencia del cementerio pidió hablar un momento con la viuda. Uno de sus empleados se había dado cuenta de la presencia de numerosos nativos americanos entre los asistentes al funeral, y tras algunas preguntas se había enterado de que el propio Rice era nativo americano. E, increíblemente, Evelyn y la familia Rice fueron informados de que el entierro no podía producirse y debían llevarse el cadáver del sargento de allí, ya que el cementerio tenía una política de "solo blancos" y la inhumación de una persona de otra raza podía resultar "incómoda" para las familias de los allí enterrados. Incrédulos e indignados, a la familia Rice no le quedó otra opción que llevarse el cuerpo de John de vuelta a Winnebago.

Lo ocurrido aquel día no tardó en saltar a los medios de comunicación. Primero a los locales, y luego a los nacionales, ocupando titulares y provocando una oleada de sorpresa e indignación. Incluso en un país como los Estados Unidos, donde la segregación racial era la norma en muchos de sus estados, y donde a menudo las minorías eran tratadas como ciudadanos de segunda clase, que un veterano del ejército (más aún, un veterano condecorado y caído en combate) y su familia hubieran recibido semejante trato, resultaba escandaloso. El antropólogo Oliver LaFarge, presidente de la Asociación de Asuntos Nativo-Americanos, declaró: "Esto es horrible. La manifestación de una actitud tan inhumana y anti-americana es una deshonra para nuestro país". Y el mismo presidente Harry Truman, al enterarse de lo sucedido durante una rueda de prensa, criticó muy duramente tanto a la directiva del cementerio como a las autoridades de Sioux City, y encargó a su ayudante militar, el general Harry Vaughan, que se pusiera en contacto con la familia de Rice y les ofreciera enterrar al sargento en el Cementerio Nacional de Arlington.

Ante la avalancha de críticas que estaban recibiendo (no solo externas; la prensa local y la mayoría de la población de Sioux City condenaban también lo sucedido, y el mismo Ayuntamiento aprobó una resolución lamentando el incidente), los directivos del cementerio trataron de justificarse con un comunicado en el que decían que "los cementerios privados siempre han tenido el derecho de ser gestionados por un grupo concreto como los judíos, católicos, luterannos, negros, chinos, etc. no a causa de ningún prejuicio contra cualquier raza, sino porque la gente, como los animales, prefiere estar con los de su misma clase". Y alegaban que tenían la obligación legal de impedir el entierro de Rice bajo el riesgo de ser denunciados por quebrantamiento de contrato por los demás propietarios de tumbas en el cementerio. Estas declaraciones no contribuyeron a mejorar su imagen; si cabe, aumentaron las críticas contra ellos.

Varias localidades cercanas se pusieron en contacto con Evelyn Rice ofreciéndole un lugar en sus cementerios para enterrar a su marido. Sin embargo, ella rechazó todas las ofertas para enterrarlo allí, y aceptó el ofrecimiento del presidente Truman. Finalmente, el sargento Rice fue enterrado con todos los honores en el Cementerio Nacional de Arlington, entre las tumbas de los generales John J. Pershing (1860-1948) y Walton H. Walker (1889-1950), el 5 de septiembre de 1951, casi un año después de su muerte. Su esposa Evelyn le sobrevivió más de medio siglo; murió el 26 de enero de 2005 y fue enterrada al lado de su marido.

La señora Rice denunció al Memorial Park alegando que la discriminación racial en el cementerio atentaba contra la Decimocuarta Enmienda de la Constitución estadounidense, que establece que los estados proporcionen a todas las personas la misma protección ante la ley independientemente de su condición. El Tribunal Supremo de Iowa desestimó su demanda alegando que un cementerio privado tenía derecho a establecer restricciones raciales. La señora Rice no se conformó y apeló ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que en dos sentencias (noviembre de 1954 y mayo de 1955) desestimó su caso y confirmó la decisión del Tribunal Supremo de Iowa. Aunque para entonces el parlamento de Iowa ya había aprobado una ley que prohibía este tipo de discriminación en los cementerios.