Verba volant, scripta manent

jueves, 24 de mayo de 2012

¡Demasiados emperadores en el Imperio Romano!

                         Constantino I el Grande (272-337)

Ya he hablado alguna vez en este blog de Diocleciano (244-311), el que posiblemente fué el último gran emperador romano. Llegó al poder en 284 tras un periodo de anarquía en el que se sucedieron hasta quince emperadores en apenas cincuenta años.
Diocleciano encontró a su llegada un imperio en absoluta decadencia, en crisis política y económica, corrupto, empobrecido y desangrado por las luchas intestinas por el poder. Por ello, llevó a cabo una serie de profundas reformas económicas, políticas y sucesorias. La más conocida de ellas fué dividir al Imperio en dos: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Nicomedia; y el Imperio Romano de Occidente, con capital en Milan. Se reservó para él el trono del Imperio de Oriente y nombró emperador de Occidente a un general de su confianza, llamado Maximiano, y estableció una especie de tutela o supervisión del Imperio de Oriente sobre el de Occidente.
Y para evitar las guerras civiles y los enfrentamientos internos por el poder quiso aclarar el asunto sucesorio de una vez por todas. Decidió que cada uno de los emperadores, con el título de Augusto, elegiría un sucesor o segundo al mando con el título, más modesto, de César. Después de veinte años de reinado, el emperador abdicaría de su cargo y se retiraría, pasando el César a ser Augusto y eligiendo a un nuevo César en el que posteriormente delegar el cargo. Y así sucesivamente. Creyó que de este modo acabarían las disputas sucesorias y el traspaso de poder se haría de manera pacífica.
Ingenuo.
Al principio todo salió bien. Diocleciano y Maximiano abdicaron el 1 de mayo de 305 en sus respectivos césares, Constancio Cloro en Occidente y Galerio en Oriente, y se retiraron a la vida privada. El problema surgió cuando, en julio de 306, Constancio Cloro enfermó y murió en Eburacum (actual York) durante una campaña contra los pictos. Sus soldados aclamaron entonces emperador a su hijo, Constantino, pero éste, modesto él, prefirió el título de César, nombramiento que Galerio aceptó de mala gana. Claro que había problemas más urgentes:  teóricamente, ahora el trono correspondía al césar de Constancio, Severo II; pero en Roma, el hijo de Maximiano, Majencio (que además era yerno de Galerio), se autoproclamó Augusto y reclamó el trono. Como no las tenía todas consigo, reclamó la ayuda de su padre, que volvió del retiro y reasumió el cargo del que había abdicado. Entonces, Constantino debió pensar que si todo el mundo se proclamaba emperador, él no iba a ser menos; se proclamó Augusto y reclamó el trono. Con lo cual tenemos ya a cuatro Augustos en disputa, más Galerio en Oriente.
El primero en caer fué Severo. Trató de combatir a Majencio y Maximiano pero buena parte de sus tropas seguían siendo leales al antiguo emperador y le traicionaron. Obligado a huir, negoció con Majencio su renuncia a sus derechos a cambio de salvar la vida, pero Majencio le traicionó y le hizo asesinar en septiembre de 307.
No se notó mucho su falta, porque en noviembre de 308, Galerio proclamó Augusto a Licinio, general e íntimo amigo suyo, para que tratara de pacificar, al menos en parte, el Imperio. Poco antes, el gobernador de África y Cerdeña, Domicio Alejandro, también se había proclamado Augusto, con lo que ya tenemos a cinco Augustos pululando por el Imperio (de Occidente).
La alianza entre Maximiano y Majencio se rompió y Maximiano se vió obligado a huir y ponerse bajo la protección de Constantino en 309, pero al año siguiente se rebeló contra él. Sin apenas apoyos, fué capturado en Massilia (Marsella) y acabó suicidándose en julio de 310. Mas o menos a la vez, Maximino Daya, césar de Galerio, pensó que podía sacar partido de la confusión y también se nombró Augusto (qué originalidad...).
Recapitulemos: tenemos a Majencio, Constantino y Licinio en Occidente, a Galerio y Maximino II Daya en Oriente y a Domicio Alejandro correteando por África. Éste último trató de aliarse con Constantino, pero Majencio envió tropas a África, que derrotaron, capturaron y ejecutaron a Domicio en 311. En mayo de ese año murió de enfermedad Galerio, y el territorio que él controlaba se lo repartieron entre Maximino y Licinio.
En la primavera de 312, Constantino entró en Italia buscando a Majencio. Ambos ejércitos se enfrentaron al norte de Roma el 28 de octubre de 312. La victoria de Constantino fué total y Majencio se ahogó tratndo de huir.
Las cosas tampoco estaban tranquilas en Oriente. Maximino II había tratado de aliarse con Majencio, lo que enfadó sobremanera a Licinio. Las tropas de Licinio derrotaron a las de Maximino, que, forzado a huir, se refugió en Tarso, donde murió (seguramente envenenado) en agosto de 313.
Uno tras otro, todos aquellos emperadores habían ido cayendo hasta que sólo habían quedado dos: Constantino en Occidente y Licinio en Oriente. Y aún entonces, a ambos supervivientes les parecían demasiados. Firmaron una tregua en el 314, que ninguno de los dos confiaba que durase. Así que no tardaron en andar a la gresca. Licinio se sacó de la manga en 316 a un nuevo coemperador, un tal Valerio Valente, al que pomposamente nombró (sólo de palabra) emperador de Occidente. Pero en 317 Constantino derrotó a Licinio y le impuso una nueva tregua y, como parte del trato, le obligó a ejecutar a Valente.
En 324 se reanudaron las hostilidades. Constantino atacó a Licinio, a quien para vengarse no se le ocurrió nada mejor que volver a nombrar por su cuenta un emperador de Occidente, un tal Martiniano. Esta vez, Constantino derrotó definitivamente a sus rivales en Crisópolis (norte de la actual Turquía) y tras capturarlos, los confinó, a Licinio en Tesalónica y a Martiniano en Capadocia. Pero pasados unos meses, cambió de opinión y los hizo ejecutar.
Quedó así Constantino I el Grande dueño y señor de todo el Imperio romano. Ambos imperios continuarían uniéndose y separándose por breves períodos, hasta su separación definitiva a finales del siglo IV.
Y como curiosidad, en este batiburrillo donde todo el mundo se autoproclamaba Augusto con una pasmosa facilidad, hubo alguien que no lo quiso. En los primeros tiempos de conflicto, Diocleciano trató de mediar entre los distintos bandos, infructuosamente. En cierta ocasión, el pueblo le aclamó y le pidió que volviera al trono para acabar con la incertidumbre y restablecer la paz. Y él respondió, tranquilamente, que tal cosa sólo podía proponérsela alguien que no había visto lo hermosas que crecían las coles en el huerto de su palacio, que él mismo cuidaba. Y se volvió a su retiro en Spalato (actual Split, en Croacia), donde permaneció hasta su muerte en 311.
Recapitulemos para quienes se hayan perdido durante mi narración:

- Diocleciano (284-305)
- Maximiano (286-305; 306-308; 310)
- Constancio Cloro (305-306)
- Galerio (305-311)
- Severo II (306-307)
- Majencio (306-312)
- Constantino I (306-337)
- Licinio (308-324)
- Domicio Alejandro (308-311)
- Maximino II Daya (309-313)
- Valerio Valente (316-317)
- Martiniano (324)

martes, 15 de mayo de 2012

El Konkordski

                                       El Concorde


                   Y su "pariente" soviético, el Tu-144


El 14 de octubre de 1947, el piloto norteamericano Charles "Chuck" Yeager se convertía en el primer hombre en romper la barrera del sonido, a los mandos de un Bell X-1. Pero la tecnología que había hecho posible la hazaña era muy costosa y parecía destinada a quedar reducida al ámbito militar. Sin embargo, empezaron a surgir diversos proyectos para construir un avión comercial supersónico.
El más popular fué el Concorde.Un proyecto original de la empresa aeronáutica británica British Aircraft al que más tarde, a principios de los 60, se unió la Aérospatiale francesa (por aquello de compartir gastos). Cuando el presidente soviético, Nikita Kruschev, supo del proyecto, se entusiasmó con la idea de que la URSS construyera su propio avión comercial supersónico, a poder ser antes que el proyecto anglofrancés: no sólo sería un éxito de la tecnología rusa, sino también una gran victoria propagandística.
El proyecto ruso, conocido oficialmente como Tupolev TU-144, fué presentado en 1965 en el salón aeronáutico de Le Bourget (París), donde unos años antes había sido presentado también el proyecto del Concorde. A todo el mundo le llamó inmediatamente la atención el enorme parecido entre ambos proyectos; parecía como si ambos equipos hubieran aplicado las mismas ideas a sus diseños. Nunca se confirmó ni se hizo declaración oficial alguna, pero todos dieron por supuesto que el espionaje soviético había logrado hacerse con los planos del proyecto anglofrancés y se los había entregado a los ingenieros rusos, quienes se habían basado en ellos para su diseño. Tan evidente resultaba el parecido, que el proyecto ruso empezó a ser conocido jocosamente en occidente con el apodo de Konkordski.
Trabajando a marchas forzadas, el Tu-144 logró adelantarse al Concorde: su primer vuelo de prueba tuvo lugar el 31 de diciembre de 1968, adelantándose al primer vuelo del Concorde en tres meses (que lo hizo el 2 de marzo del 69). También logró ser el primer avión comercial en superar el Mach-1 y el Mach-2. Y ahí terminaba su ventaja. Si bien el Tupolev era mayor y más rápido que el Concorde, éste tenía mayor autonomía de vuelo y menor consumo. Y era más fiable. El 3 de junio de 1973, durante una exhibición conjunta con el Concorde en el aeródromo francés de Le Bourget, como colofón al Salón Aeronáutico de aquel año, un Tu-144 perdía el control, cayendo en picado hasta estallar a unos 1500 pies de altura y estrellarse cerca del pueblo de Goussainville. Murió toda la tripulación (doce personas).
Diversas hipótesis se barajaron: un error del piloto (que fué la versión oficial), un error de diseño, un fallo humano al tratar de imitar alguna de las maniobras del Concorde (más maniobrable), un sabotaje o incluso una brusca maniobra para tratar de esquivar a un caza Mirage francés que estaría en las cercanías vigilando las evoluciones del avión soviético.
Sea como fuere, el Konkordski no volvió a volar hasta 1975, y sólo dentro de las fronteras de la URSS. No fué hasta noviembre de 1977 cuando comenzaron los primeros vuelos comerciales, uniendo Moscú y la capital kazaja Alma Ata (a todo esto, el Concorde llevaba operativo desde enero del 76). El 23 de mayo de 1978 otro Tu-144 sufrió un nuevo accidente: una fuga de combustible provocó el incendio de dos de los motores y un aterrizaje de emergencia en el que murieron dos de los tripulantes. Ante la poca fiabilidad y su elevado coste, que hacía inviable su rentabilidad, las autoridades decidieron poner fin a sus vuelos comerciales (tras sólo 103 vuelos), aunque la compañía aérea Aeroflot estableció en 1979 una línea utilizando una nueva versión para el transporte de cargas, el Tu-144D, pero sólo se mantuvo unos meses. Durante los 80 se sabe que tuvieron lugar algunos vuelos no regulares, el último en 1987. Entre 1996 y 1999, un modelo modificado (designado Tu-144LL) realizó una serie de experimentos atmosféricos en colaboración con la NASA.
En total se construyeron 17 unidades de las distintas versiones del Konkordski. Dos resultaron destruidas en sendos accidentes, seis fueron desguazados y otros cinco se encuentran en distintos museos de Rusia y Alemania. Los cuatro restantes se conservan, dos en las instalaciones de Tupolev en el aeródromo de Zhukovsky (cerca de Moscú) y otros dos en la fábrica de aviones de VASO en Voronezh.

El accidente del Tu-144 en París (3 de junio de 1973)
Si alguien tiene curiosidad por conocer con más detalle la historia y características de este avión, que no deje de visitar http://www.tu144sst.com/indexsp.html

sábado, 12 de mayo de 2012

As Encrobas

Central térmica de Meirama


La historia de una de las más recordadas revueltas populares del postfranquismo tuvo su inicio a finales de los años 60, cuando un estudio geológico detectaba un enorme yacimiento de carbón en el subsuelo de la parroquia de As Encrobas, en el municipio coruñés de Cerceda. Dado la crónica dependencia energética española de las importaciones de combustibles fósiles, el hallazgo interesó sobremanera a las autoridades y en 1972 un consejo de ministros presidido por el general Franco decretaba al yacimiento como "de interés público" y concedió a la empresa eléctrica Unión Fenosa los derechos de explotación del yacimiento. De inmediato, la empresa, a través de su filial Limeisa (Lignitos de Meirama S.A.) comienza a proyectar  la explotación del yacimiento y la construcción de una central térmica en las cercanías (el yacimiento era de lignito pardo, un tipo de carbón poco energético, con lo que para su mejor aprovechamiento se debía reducir en lo posible la distancia entre la mina y la central). El problema era que sobre el yacimiento estaba la parroquia de As Encrobas: varios núcleos de población, doscientas cincuenta casas en las que vivían más de un millar de personas, además de numerosas fincas agrícolas.
A los habitantes de As Encrobas no les hacía ninguna gracia tener que trasladarse, dejando atrás sus hogares y las tierras que durante generaciones habían pertenecido a sus familias. Y les gustó menos todavía cuando el enviado de Unión Fenosa les expuso, con insultante prepotencia, la oferta de la compañía: diez mil pesetas el ferrado, apenas 15'72 pesetas el metro cuadrado, una oferta ridículamente baja. Advirtiéndoles, además, de muy malos modos, que no habría negociación: aquellos que no aceptasen la oferta verían sus propiedades expropiadas.
Tamaña injusticia no dejó indiferentes a los habitantes de As Encrobas. Enseguida comenzaron las reuniones, los encuentros, siempre con un objetivo claro: impedir a toda costa que les arrebatasen de aquella manera lo que era suyo. Entre los aldeanos surgen pronto los primeros liderazgos: hombres como Bestilleiro, Costiñán, Manolo do Pumariño... Hombres de campo, que habían trabajado toda su vida aquellas tierras que ahora querían quitarles. Y delante de todos, el auténtico cabecilla de los sublevados: el párroco de las parroquias de Sésamo y Sueiro, Ramón Valcarce Vega, que pasaría a la historia con el apodo de o cura das Encrobas. No era un sacerdote al uso: de reconocidas simpatías izquierdistas, colaboraba con el Partido Comunista y con el sindicato Comisións Labregas (ambos ilegales), que apoyó decididamente a los sublevados.
La intención de los habitantes de As Encrobas estaba clara: impedir de cualquier manera que los enviados de Unión Fenosa, custodiados por la Guardia Civil, pusieran un sólo pie en sus propiedades. No era solo un acto simbólico: la ley decía claramente que solo se podía tomar posesión de unos terrenos expropiados después de hacer acto de presencia en ellos. Y cada vez que lo intentaban, allí aparecían docenas de aldeanos, armados con palos, aperos de labranza o paraguas, enfrentándose a los guardias civiles armados e impidiéndoles el paso.
El conflicto se prolongó semanas. En toda Galicia se extendió un movimiento de solidaridad con los campesinos de As Encrobas, incluso medios extranjeros se desplazaron al lugar para informar. Ante la enorme presión social, Unión Fenosa se vió obligada a cambiar de estrategia y sentarse a negociar: el precio original se multiplicó y en algunos casos llegó a pagar 550 pesetas por m2. Además, costeó el traslado de algunos edificios emblemáticos, como la iglesia y garantizó empleo para los habitantes desplazados. Aún así, hubo un grupo de lugareños que no aceptó vender y acabó siendo detenido en un último enfrentamiento con la Guardia Civil.
La central térmica de Meirama comenzó a funcionar a finales de 1980. El yacimiento de As Encrobas se agotó a finales de 2007, y la central fué reformada para funcionar con un nuevo tipo de carbón, hulla bituminosa y subbituminosa, que se importa por vía marítima (procedente de yacimientos, entre otros, estadounidenses e indonesios) y se traslada hasta la central por tren. Una industria que, como dijo uno de los afectados años después, trajo mucha riqueza, pero se llevó toda la que había.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Para qué sirve el latín?

José Solís Ruiz (1915-1990) fué un político que tuvo una destacada actuación durante la dictadura franquista, bajo la cual llegó a ser Ministro Secretario del Movimiento (1957-1969) y de Trabajo (1975-76), ya tras la muerte de Franco.
En cierta ocasión propuso a las Cortes franquistas un proyecto de reforma educativa en el que, entre otros cambios, se aumentaban las horas dedicadas al Deporte y a la Educación Física, en detrimento de las dedicadas al Griego, al Latín y las Humanidades. Y terminó su exposición diciendo: Porque, en definitiva, ¿para qué sirve el Latín hoy en día?
A lo cual inmediatamente respondió uno de los procuradores, Adolfo Muñoz Alonso, doctor en Teología y Filosofía y rector de la Universidad Complutense. Muñoz Alonso, sabedor de que Solís Ruiz era natural de la localidad cordobesa de Cabra (la Egabro romana y la Qabra musulmana), le replicó: Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, se le llame egabrense y no otra cosa.                                                         

jueves, 3 de mayo de 2012

El misterioso Godzillus

                                             Godzillus


Muchas preguntas se ciernen en torno al fósil denominado Godzillus. Y la principal es... ¿qué demonios es?
Todo empezó en la primavera de 2011. Ron Fine, un buscador de fósiles perteneciente a los Dry Dredgers, una asociación de paleontólogos aficionados que colabora con la Universidad de Cincinnati, buscaba fósiles en una región del estado norteamericano de Kentucky famosa por su abundancia en estos restos cuando encontró eso.
La mayoría de los fósiles que se encuentran en la zona son de pequeño tamaño, pero aquel en concreto era enorme. Fine realizó una docena de expediciones al lugar hasta que logró extraerlo completamente: midió en total unos dos metros de largo por uno de ancho, con un peso de cerca de 70 kilos. Su forma es elíptica, con numerosos lóbulos cubiertos de pequeñas ondulaciones. El propio Fine, sin ser un experto, si posee un notable conocimientos de los fósiles, y enseguida se dió cuenta de que nunca había visto nada ni remotamente parecido a aquello.
Los científicos de la Universidad de Cincinnati (donde se guarda el especimen en la actualidad) quedaron igualmente perplejos cuando lo vieron. Indudablemente confirmaron que se trataba de algo de origen orgánico, pero nada más. Ni siquiera pudieron determinar con seguridad si se trataba de un animal o un vegetal. Por eso le pusieron ese nombre, haciendo referencia al monstruo clásico del cine japonés: Godzillus.
Se sabe que el fósil tiene unos 450 millones de años de antigüedad, y que en esa época la región donde fué encontrado estaba cubierta por un océano de aguas poco profundas. Expertos de todo el mundo que han podido echarle un vistazo se hallan igualmente desconcertados. Ninguno ha podido establecer un paralelismo con ningún otro organismo conocido anterior o posterior a él. Hace apenas unos días, la Universidad organizó una reunión de la Sociedad Norteamericana de Geología, para que sus miembros pudieran examinar los restos, sin resultado.
Por supuesto, hay muchas hipótesis, que van desde que se trate de un cnidario (del mismo grupo que las medusas) a un tapete microbiano (un agregado de múltiples capas de microorganismos), pasando por alguna clase de alga desconocida. Quizá la teoría más interesante es la que dice que puede tratarse de una colonia microbiana deformada en el proceso de fosilización, con lo que habría llegado hasta nosotros con una forma totalmente diferente a la que tenía en origen. O incluso que pudiera tratarse de restos de un coral cubiertos por esponjas o briozoos.

sábado, 28 de abril de 2012

Los disturbios de Christie Pits

La única fotografía conocida de los disturbios de Christie Pits, tomada por un fotógrafo del periódico "Globe and Mail"

Cuando se habla de los movimientos fascistas en el período de entreguerras, inmediatamente pensamos en Alemania e Italia. Ciertamente, fueron el máximo exponente, pero los movimientos fascistoides se dieron en prácticamente toda Europa, e incluso en Norteamérica. Incluso en la habitualmente tranquila Canadá hubo disturbios motivados por el antisemitismo, y los más conocidos fueron los de Christie Pits.
Todo comenzó como un problema territorial. A principios del siglo XX la población de la ciudad de Toronto era en su mayor parte de origen anglosajón, pero había varias minorías de cierto peso, entre las cuales la más numerosa era la judía, formada principalmente por personas de clase media-baja, empleados, obreros y similares. Como por motivos económicos y sociales tenían vedado el acceso a los lugares de veraneo más elegantes, fuera de la ciudad, los judíos, especialmente las familias y los jóvenes, preferían durante el verano ir a pasar su tiempo de ocio a alguna de las playas de la ciudad. Pero esas playas estaban en barrios de población anglosajona, que veían con desagrado la llegada de los "intrusos". Ya había habido algunos enfrentamientos de poca importancia entre grupos de jóvenes de ambas comunidades, pero todo se agravó en 1933.
La Gran Depresión, iniciada en 1929, había aumentado notablemente el descontento social y la conflictividad entre las clases menos favorecidas. Y en enero de 1933, Adolf Hitler era elegido Canciller de Alemania y ganaba poco después, en marzo, las elecciones parlamentarias obteniendo el poder absoluto en Alemania. No tardaron en llegar noticias de las medidas que los nuevos gobernantes tomaban contra los judíos: expulsados de sus empleos, perdiendo sus derechos... algo que afectaba mucho a los judíos de Toronto. Y los jóvenes enfrentados a ellos pensaron que era una buena idea para fastidiar a los judíos. No tardaron en crearse los llamados "Clubes de la Esvástica" (los primeros se constituyen en julio), que presentándose como "clubes sociales" hacían pública exhibición de simbología nazi. No todos eran auténticos simpatizantes nazis; la mayoría eran unos muchachotes descerebrados que sólo buscaban fastidiar a los que veían como sus rivales. Las protestas de los judíos, apoyados por la alcaldía y otras autoridades, hicieron que los clubes se disolvieran oficialmente el 11 de agosto y se retiraran los símbolos nazis (aunque algunos de sus miembros, de ideología auténticamente fascista, se unieron a la llamada Asociación Esvástica de Canadá, un grupo mucho más organizado y radical). Sin embargo, el trasfondo del enfrentamiento permanecía ahí, como se demostraría poco después.
El 14 de agosto se disputó un partido de las eliminatorias del torneo local de softball juvenil, que enfrentó a los equipos del Harbord Playground, compuesto mayoritariamente por judíos, y del Saint Peter's, patrocinado por una parroquia local. El encuentro tuvo lugar en un campo de beisbol del parque de Christie Pits (que por entonces se llamaba todavía Willowvale Park). Durante ese partido, un grupo de jóvenes locales que se hacían llamar Pit Gang exhibió una pancarta con una cruz gamada para provocar a los aficionados judíos. Hubo nuevas protestas y advertencias por parte de la policía, que no fueron tenidas en consideración. Dos días después, el 16, ambos equipos volvieron a enfrentarse en el siguiente partido de la eliminatoria. Y de nuevo varios aficionados locales volvieron a mostrar una pancarta con una esvástica. Fué más de lo que podían soportar los aficionados judíos, que se lanzaron masivamente contra los provocadores, iniciándose una monumental pelea que se extendió fuera del campo. Conforme se extendía la noticia del enfrentamiento, más y más personas llegaban para tomar parte en él. Los combates se extendieron por las calles, donde cientos de personas se enfrentaban con las manos o con cualquier tipo de arma que pudieran encontrar. Grupos de inmigrantes italianos y rusos hicieron causa común con los judíos y se enfrentaron a los anglosajones.
Los disturbios se prolongaron más de seis horas, y se calcula que en ellos tomaron parte unas 10000 personas. No hubo muertos, afortunadamente, pero si numerosísimos heridos. Sólo hubo cinco detenidos, y sólo uno recibió una (leve) condena.La sociedad de Toronto quedó tan conmocionada que el alcalde Stewart prohibió la exhibición de cualquier tipo de simbología nazi y tomó severas medidas de orden público para evitar posteriores enfrentamientos.
Placa en el parque de Christie Pits, en memoria de los disturbios

sábado, 21 de abril de 2012

El Cantón de Cartagena


La Revolución de 1868 (La Gloriosa) provocó el derrocamiento de la reina Isabel II y un período de extrema inestabilidad política en España. Tras la marcha de la reina se estableció un gobierno provisional presidido por el general Serrano que promulgó la Constitución de 1869, que establecía como sistema de gobierno una monarquía parlamentaria, al estilo de la inglesa. El elegido como nuevo rey fué el italiano Amadeo de Saboya, cuyo reinado no logró acabar con el caos y apenas duró 28 meses, de noviembre de 1870 a febrero de 1873.
Dado que el experimento monárquico no había salido bien, se proclama la Primera República, que duraría apenas once meses. Su primer presidente fué Estanislao Figueras, que dimitió el 10 de junio. Fué sustituído por Francisco Pi y Margall, republicano federalista, quien anunció la redacción de una nueva Constitución y su proyecto de república federal.
Dicho anuncio y los retrasos en la plasmación definitiva del proyecto provocaron la llamada revolución cantonal: diversos territorios y ciudades del país proclamaron unilateralmente su autonomía en la práctica como territorios autónomos asociados a la "República Federal de España". Ciudades importantes como Valencia, Sevilla, Cádiz, Córdoba o Málaga, e incluso pequeñas localidades como Camuñas (Toledo) o Gualchos (Granada) tuvieron su propia declaración cantonal, que en la mayoría de los casos sólo duró unos días o semanas antes de que las autoridades restablecieran la normalidad. Con una excepción: Cartagena.
En toda la región murciana había un arraigado sentimiento federal. El 12 de julio de 1873 los republicanos federalistas toman el Ayuntamiento y las principales calles de Cartagena y forman una "Junta de Salvación Pública" que asume el gobierno de la ciudad y proclama el Cantón Murciano. Formaban parte de ella personajes notorios como los diputados Antonio Gálvez "Antonete" (uno de los principales impulsores de la rebelión), Alfredo Sauvalle y Antonio Alfaro;  los reconocidos federalistas Roque Barcia, Pedro Gutiérrez de la Puente (elegido primer presidente de la Junta, sería luego sustituído por Barcia), Eduardo Romero Germes y Antonio de la Calle; y militares como Leandro Carreras y Juan Contreras, que asumió el mando del ejército cantonal. Diversas localidades como Murcia capital, Cieza y Jumilla se unen al Cantón. En el castillo de Galeras, que domina el puerto y el Arsenal, se iza una bandera roja.
Lo que hacía diferente a Cartagena era que en ella estaba la principal base de la Armada española. En aquel momento, se hallaba fondeada en ella buena parte de la flota española, cuyas tripulaciones se unen masivamente a la revuelta. Con esta importante fuerza militar, la Junta de Cartagena inicia una serie de acciones expansivas destinadas a aumentar su territorio y recaudar fondos. Águilas y Mazarrón se unen al levantamiento, Lorca, Hellín y Orihuela son ocupadas por las tropas cantonales. La Armada cartagenera visita Alicante y Torrevieja, para recaudar fondos para el Cantón. También se dirigen a Almería (llegando a bombardear la ciudad el 30 de julio) y Motril (Granada). De vuelta a su base, varias de las naves son capturadas por barcos de guerra alemanes e ingleses, que alegan que no portaban una bandera reconocida y que el gobierno de Madrid ha declarado "piratas" a los sublevados en un decreto del 20 de julio. Se produce entonces un momento estrambótico cuando la Junta de Cartagena debate si declarar o no la guerra a Alemania por estos hechos.
Mientras, en la ciudad la Junta está tomando decisiones como gobierno autónomo. Se forma un "Gobierno Provisional" con distintos ministerios y se acuña moneda propia. Se suspende la pena de muerte, se libera a numerosos presos de las cárceles y se mantiene el funcionamiento de las instituciones y servicios públicos. También se publica un periódico oficial: El Cantón Murciano.
El 8 de agosto las autoridades cantonales envían un contingente de más de 3000 soldados por tren hacia Valencia, donde la Junta local está sitiada por las tropas del Gobierno central al mando del general Martínez Campos. El día 10, las tropas federales se topan en Chinchilla (Albacete) con un destacamento de soldados y guardias civiles. El enfrentamiento obliga a los cartageneros a retirarse, dejando atrás a casi 500 hombres prisioneros.
Tras este revés la política expansionista del Cantón se vuelve eminentemente defensiva. Las tropas cantonales abandonan Murcia y otras localidades y se repliegan hasta Cartagena. Poco después llegan las tropas de Martínez Campos. El 15 y 16 de agosto las tropas gubernamentales llegan a las inmediaciones de la ciudad, ocupando varios pueblos cercanos y tomando posiciones. Ha comenzado el sitio de Cartagena.
Lo que algunos creían que iba a ser un asunto fácil se revela en realidad como una larga y compleja operación. La ciudad, amurallada, con numerosos defensores y bien armados, no está dispuesta a rendirse fácilmente. Durante meses se suceden los enfrentamientos, por tierra y por mar, entre ambas fuerzas. Los ataques de los sitiadores por tierra son rechazados una y otra vez, mientras que la flota cantonal y las baterías defensivas mantienen a raya a la flota gubernamental, que trata de bloquear la entrada al puerto. Las tropas del Cantón hacen varias salidas en busca de víveres y para desbaratar las fortificaciones atacantes. Los combates se suceden. Pero el desgaste se va notando en los sitiados. Los víveres comienzan a escasear y comienzan las desavenencias entre los partidarios de la resistencia a toda costa y los favorables a negociar. Hay deserciones y arrestos y se enrarece la convivencia. Mientras, los sitiadores reciben contínuamente nuevas tropas de refresco, más artillería y armamento.
En esta situación angustiosa tiene lugar otro momento, por llamarlo de alguna manera, curioso. El gobierno cantonal envía una comunicación oficial a Washington... ¡pidiendo que el Cantón sea aceptado como uno más de los estados de la Unión! Al parecer, los norteamericanos llegaron a considerar el ofrecimiento, pero Cartagena cayó antes de que tomaran ninguna decisión.
Y el 26 de noviembre, las siete baterías construídas por los sitiadores a toda prisa comienzan a bombardear insistentemente la ciudad. El intenso bombardeo se prolonga semanas y se ve reforzado por la construcción de nuevas baterías. Buena parte de la población civil es evacuada de la ciudad, donde los defensores, sin agua y con pocos víveres, resisten a la desesperada. El 6 de enero, un proyectil alcanza el polvorín del Parque de Artillería, donde se refugian numerosos civiles. La terrible explosión no sólo destruye el edificio y la mayor parte de las reservas de pólvora y municiones de los cantonales, sino que mata a más de 400 personas (otras fuentes elevan el número de víctimas a dos mil), en su mayor parte civiles que se refugiaban de los bombardeos.
Tras una última salida a la desesperada el 9 de enero, la Junta decide capitular el 11. El día 12 de madrugada la Junta acepta las condiciones impuestas por el general López Domínguez, comandante de las fuerzas sitiadoras. Ese mismo día, más de un millar de militares, miembros de la Junta, simpatizantes y familiares logran burlar el bloqueo naval y huir a bordo de la fragata Numancia hasta Orán (Argelia). El 13, López Domínguez, al frente de sus tropas, ocupa oficialmente la ciudad, tras 184 días de sublevación, 150 de sitio y 48 de bombardeos, que han devastado la ciudad: a una media de 1200 proyectiles diarios, el 70% de los edificios han quedado destruídos o gravemente dañados; sólo 27 permanecían intactos.
El Cantón de Cartagena sobrevivió sin embargo a la República contra la que se había levantado y combatido; el 3 de enero, el general Pavía había ocupado el Palacio de las Cortes y desalojado a los diputados. La República quedaba disuelta y era sustituída por un gobierno provisional presidido por el general Serrano, y que acabaría dando lugar apenas un año más tarde a la Restauración de la monarquía, en la persona del joven Alfonso XII, hijo de Isabel II.
Las tropas gubernamentales entran en Cartagena

martes, 10 de abril de 2012

The Damned United: los 44 días de Brian Clough en el Leeds

          Brian Clough al frente de los jugadores del Leeds United


Si se hiciese una encuesta entre los aficionados al fútbol británicos, seguramente un amplio porcentaje señalaría a Brian Clough como "el mejor entrenador de todos los tiempos", pese a que dejó de entrenar en 1993 y murió en 2004. Ciertamente, fué un entrenador con una fortísima personalidad y una manera de entender el fútbol que le granjeó el aprecio de muchos aficionados, pero también unas cuantas enemistades eternas.
Brian Clough nació en Middlesborough el 21 de marzo de 1935 y desde muy niño mostró una gran afición por el fútbol. Jugó en varios equipos de su ciudad y en el filial del Middlesborough, con el que debutó en la Segunda División en 1955 y jugó seis temporadas, en las que logró 197 goles en 213 partidos, llegando incluso a ser internacional en dos ocasiones, pese a jugar en Segunda. En 1961 fichó por el Sunderland, donde marcaría 54 goles en 61 partidos. Pero una grave lesión de rodilla en diciembre de 1962 le llevó a retirarse en lo mejor de su carrera (tras la lesión sólo jugaría tres partidos en la temporada 1964-65).
Una vez retirado, entrenó durante algún tiempo a las categorías inferiores del Sunderland. Vió que aquello le gustaba, y en 1965 ya se hizo cargo del Hartlepools United, de la cuarta división. No lo hizo mal, salvándolo del descenso esa campaña y clasificándolo octavo la siguiente. Su buen hacer llamó la atención del Derby County, que lo contrató en 1967.
El Derby era un club modesto de una ciudad de provincias, que llevaba más de una década sin pisar la primera división, vagando con más pena que gloria por la segunda, y cuyo único éxito reseñable era una Copa de Inglaterra ganada en 1946. A este club llegó Clough, con las ideas muy claras y dispuesto a llevarlas a cabo.
Clough se hizo famoso por su fuerte carácter y por el estilo de juego que imponía a sus equipos. Siempre apostó por el juego vistoso, el toque en corto, el pase preciso, un estilo dinámico y agradable que encandilaba a los espectadores (Si Dios hubiera querido que el balón fuera por el aire, no habría puesto la hierba en el suelo). También exigía un control absoluto a la hora de confeccionar y manejar la plantilla... lo que a menudo incluía fichar y traspasar jugadores sin molestarse en informar a la directiva. Esto le provocó numerosas discusiones y enfrentamientos con sus directivos, solventados gracias a que contaba con el apoyo incondicional de los jugadores y la afición.
Su debut en el Derby no fué muy esperanzador: en su primera temporada finaliza 18º. Pero la siguiente, la 68-69, queda campeón de segunda y asciende. Su discurrir por Primera es brillante: cuarto en su primera temporada, noveno la siguiente, y en la 71-72 la campanada: el Derby County se proclama campeón, en una última jornada de infarto donde Liverpool y Leeds también optaban al título (Clough y sus jugadores, que ya habían terminado sus partidos, se habían ido de vacaciones).
Al año siguiente, el Derby juega la Copa de Europa. Tras una competición brillante, es eliminado en semifinales por la Juventus, en una polémica eliminatoria donde se había producido un intento de compra de los árbitros en favor de los italianos. Clough cargó duramente contra el equipo italiano, ganándose una severa sanción de la UEFA. Estos acontecimientos contribuyeron a enrarecer aún más la relación entre Clough y la directiva del Derby. Y así, el 15 de noviembre de 1973, Clough dimitía de su cargo. De nada sirvió que la plantilla le apoyase unánimemente, ni que la afición iniciase una campaña masiva al grito de Bring Back Clough (Traed de vuelta a Clough). Clough se iba así del club de sus amores por la puerta de atrás.
Su siguiente parada, el Brighton & Hove Albion, un modesto club de tercera al que entrenó la temporada 1973-74, con resultados bastante pobres.
Una de las enemistades más enconadas de Clough fué con otro entrenador, Don Revie. Revie había hecho campeón al Leeds United con un estilo radicalmente opuesto al de Clough: fútbol directo, pases largos, juego muy trabado, con muchas faltas y a menudo bordeando el reglamento. Clough nunca había ahorrado críticas a Revie ni al Leeds, y los enfrentamientos entre ambos entrenadores se habían hecho famosos. Por eso cayó como una bomba que, después de que Revie dejara el equipo para hacerse cargo de la selección inglesa, el Leeds anunciara a Clough como nuevo entrenador.
Clough no empezó con buen pie su estancia en Leeds. Para empezar, Peter Taylor, antiguo compañero de vestuario en el Middlesborough y su ayudante y mano derecha desde los tiempos del Hartlepools, se negó a acompañarlo a su nueva aventura. Al llegar, Clough halló un ambiente hostil: un equipo que seguía siendo totalmente leal a Revie, lo mismo que la afición, y que no olvidaban las muchas críticas del nuevo entrenador. El mismo Revie había criticado públicamente el fichaje de Clough, y había pedido a la directiva el fichaje de otro entrenador más acorde con su estilo. Tampoco se puede decir que Clough fuera demasiado diplomático. Nada más ser nombrado, calificó a sus nuevos jugadores como "un  hatajo de sucios tramposos y mentirosos". Y en su primera charla a la plantilla, les dijo literalmente que podían coger todos sus títulos y medallas y tirarlos a la basura, porque para él los habían ganado de manera ilegítima. Además, una de sus primeras decisiones en el cargo fué la de negociar personalmente el traspaso de Norman Hunter y Johnny Giles, dos de los jugadores más queridos por la afición y con mayor autoridad en el vestuario (operación que fué desbaratada por la directiva en cuanto tuvo noticia de ella).
Cada día que pasaba era mayor el enfrentamiento de Clough con sus jugadores, que se mostraban indisciplinados y reacios a aceptar el nuevo estilo de juego que Clough trataba de imponer. La situación era insostenible y ello se reflejaba en los resultados. El Leeds tuvo el peor inicio de liga en 20 años: una victoria y dos empates en seis partidos. Tras un empate en casa con el Huddersfield Town de tercera división en un partido de la Copa de la Liga, Clough es cesado. Había sido entrenador del Leeds exactamente 44 días. Genio y figura, se despidió con una de sus frases míticas: Hoy es un muy mal día... para el Leeds United. Esa misma temporada, el Derby, entrenado por Dave Mackay, que había sido jugador a las órdenes de Clough, conseguía su segundo título de Liga.
El tiempo puso a cada uno en su sitio. Clough, de nuevo con Taylor, pasó a entrenar a otro modesto club de una ciudad de provincias, el Nottingham Forest. Lo hizo campeón de Liga en 1978 y campeón de Europa en 1979 y 1980, algo que ningún entrenador británico ha vuelto a lograr. En cuanto al Leeds, no volvería a ganar una Liga hasta los años noventa. Y Don Revie fracasó como seleccionador británico.
La historia de Clough sirvió de base para una novela de David Peace, que en el 2008 fué llevada al cine en un filme que se tituló The Damned United, dirigido por Tom Hooper (El discurso del rey) y protagonizado por Michael Sheen (Underworld).
Y para terminar, algunas de las frases míticas de Clough:
- Por ganar este partido, sería capaz de pegarle tres tiros a mi abuela.
- Roma no se construyó en un día... pero sólo porque yo no tuve nada que ver en ello.
- No digo que haya sido el mejor entrenador del mundo, pero siempre estuve el primero en la clasificación general.
- Si discutiera con un jugador nos sentaríamos juntos, hablaríamos unos veinte minutos y acabaríamos decidiendo que yo tenía razón.
- John Robertson era un joven muy poco atractivo. Si algún día me levantaba mal, me sentaba a su lado. Comparado con él parecía el maldito Errol Flynn. Pero le dabas un metro de césped, y era un artista. El Picasso de nuestro deporte.
- Espero haberle caído bien a alguien.

viernes, 6 de abril de 2012

Visionarios

Ser un genio o desempeñar un cargo de importancia no protege a nadie de hacer alguna predicción que, tarde o temprano, acaba revelándose una soberana metedura de pata. Para muestra, algunos ejemplos:

- "Señor, ¿construiría usted un barco capar de navegar contra el viento y la corriente con sólo encender una hoguera bajo su cubierta?" Napoleón, militar y emperador (1800)
- "Los viajes en tren a alta velocidad no son posibles porque los pasajeros no podrían respirar, morirían asfixiados" Dyonisius Lardner, físico, astrónomo y matemático.
- "La nuestra ha sido la primera, y seguramente la última visita que ha tenido este lugar sin interés" Teniente Joseph Ives, tras visitar el Gran Cañón del Colorado (1861). Hoy en día recibe unos cinco millones de turistas al año.
- "La teoría de los gérmenes de Louis Pasteur es una ridícula ficción" Pierre Pachet, profesor de Fisiología de la Universidad de Toulouse (1872)
- "Este teléfono tiene muchas cosas en contra como para ser seriamente considerado un medio de comunicación. No tiene ningún valor para nosotros" Expertos de la Western Union, al rechazar el ofrecimiento de Alexander Graham Bell de su invento (1876).
- "Los americanos necesitan el teléfono. Nosotros no. Tenemos mensajeros de sobra" Sir William Preece, director del Post Office británico (1878). ¡Están locos, estos americanos!
- "La radio no tiene futuro. Es imposible construir máquinas voladoras más pesadas que el aire. Se acabará demostrando que los rayos X son un timo" Lord Kelvin, presidente de la Royal Society (1895-99). Seguimos esperando...
- "Debo confesar que mi imaginación rechaza ver cualquier tipo de submarino haciendo algo mas que asfixiar a su tripulación y hundirse en el mar" H. G. Wells, escritor (1901)
- "El caballo está aquí para quedarse, el automóvil es sólo una novedad, una moda" Horace Rackham, abogado de Henry Ford (1903)
- "El cine no es mas que una moda pasajera. Es drama enlatado. Lo que la audiencia quiere ver de verdad es carne y sangre en el escenario" Charles Chaplin, actor y dramaturgo (1916)
- "La caja de música inhalámbrica no tiene valor comercial imaginable. ¿Quién va a pagar por un mensaje enviado a nadie en particular?" Asociados de David Sarnoff, uno de los pioneros de la radio comercial (1921)
- "¿Quién demonios quiere oir hablar a los actores?" Harry Morris Warner, uno de los Warner Brothers (1927)
- "No hay el menor indicio de que alguna vez se pueda obtener energía nuclear. Para ello habría que poder dividir el átomo a voluntad" Albert Einstein, físico (1932). Ojalá hubiera acertado.
- "Nunca se fabricará un avión más grande que este" Un ingeniero de la Boeing, tras el primer vuelo del Boeing 247, con capacidad para diez pasajeros (1933). A eso se le llama tener poca fe en las posibilidades de la aeronáutica.
- "Un cohete nunca podrá salir de la atmósfera" The New York Times (1936)
- "La televisión nunca será un competidor serio para la radio porque la gente tiene que sentarse y mantener los ojos pegados a la pantalla; la familia americana media no tiene tiempo para eso" The New York Times (1939)
- "Creo que en el mundo hay mercado para unos cinco ordenadores" Thomas Watson, presidente de IBM (1943). Sí, uno arriba o abajo...
- "La televisión no durará. La gente se cansará pronto de pasarse las noches mirando una caja" Daryl F. Zanuck, presidente de la 20th Century Fox (1946).
- "Las aspiradoras impulsadas por energía nuclear serán una realidad en unos diez años" Alex Lewyt, presidente de la fábrica de aspiradoras Lewyt (1955). Claro, ¿a quién no le gustaría tener una aspiradora modelo Fukushima en casa?
- "Estamos en el umbral del correo vía cohete" Andrew Summerfield, director general del US Postal Service (1959). Si con eso se evitaran los retrasos en el reparto...
- "No hay prácticamente ninguna posibilidad de que los satélites en el espacio se usen para proporcionar un mejor teléfono, telégrafo, televisión, radio o servicio de comunicaciones" Thomas Craven, comisionado de la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU (1961). Palabra de experto.
- "No nos gusta cómo suenan, y además la música de guitarra está pasada de moda" Decca Recording Co., tras rechazar a los Beatles (1962). Todo un acierto.
- "Pasarán años antes de que una mujer llegue a ser Primer Ministro" Margaret Thatcher (1974). En efecto: pasaron exactamente cinco años hasta su nombramiento.
- "No hay motivos para que nadie quiera tener un ordenador en su casa" Dan Olson, fundador de Digital Equipment Corp. (1977). Pues a mi se me ocurren uno o dos...
- "Nadie va a necesitar nunca más de 640 Kb de memoria en su ordenador personal" Bill Gates (si, ese Bill Gates) (1981). No consideró el mucho espacio que ocupa el porno.
- "Todo el mundo me pregunta cuándo sacará Apple un teléfono móvil. Mi respuesta es: probablemente nunca" David Pogue, analista tecnológico del The New York Times (1996). Justo un año después se ponía a la venta el iPhone.
- "El spam estará resuelto en dos años" Otra vez Bill Gates (2004). Perdón, ¿cuantos años?
- "Tendremos un recorte en el crecimiento en el segundo trimestre, para después retornar a la senda de un crecimiento progresivo a finales de año" Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (2008).

sábado, 31 de marzo de 2012

Error tras error

                                             Dan Quayle


En cierta ocasión, el político norteamericano Dan Quayle, vicepresidente de 1988 a 1992 bajo el mandato de George Bush padre, cometió un vergonzoso error mientras asistía a un concurso de ortografía al advertir a uno de los concursantes, equivocadamente, de que la palabra "potato" se escribía con "e" final. Ante las numerosas críticas y burlas que recibió a raiz de aquello, se vió obligado a dar explicaciones. Y dijo: Debí haberme dado cuenta de aquel error en el concurso de ortografía. Pero, como dijo una vez Mark Twain, no se debe confiar en un hombre que tiene sólo una manera de deletrear una palabra. Y volvió a meter la pata: la frase no era de Twain, sino del presidente Andrew Jackson (1767-1845).
Una vez mas, compareció para justificarse: Tenía que haber recordado que lo había dicho Andrew Jackson, que era apodado "Stonewall" (muro de piedra) por vetar propuestas de ley aprobadas por el Congreso.
Ese fué su tercer error, y el más grave de los tres. ¡Había confundido al presidente Jackson con el general confederado Thomas "Stonewall" Jackson (1824-1863), que había recibido tal apodo tras la batalla de Bull Run (1861)!