Verba volant, scripta manent

domingo, 23 de agosto de 2020

La historia de Charles Brown y Franz Stigler

Charles L. Brown (1922-2008) y Franz Stigler (1915-2008)


El 20 de diciembre de 1943 un grupo de aviones del 379º Grupo de Bombarderos de las Fuerzas Aéreas norteamericanas partía del aeródromo británico de Kimbolton rumbo a una misión en territorio alemán. Su objetivo era la ciudad de Bremen, más concretamente, las instalaciones de la empresa Focke-Wulf Flugzeugbau GmbH, donde se producían aviones para la Luftwaffe, entre ellos el mítico caza Fw-190 que tantos problemas causaba a los aviones aliados. De este escuadrón formaba parte un B-17 Flying Fortress conocido como "Ye Olde Pub", con una tripulación de diez hombres al mando del subteniente Charles L. Brown, un joven de 21 años procedente de una familia de granjeros de Virginia Occidental y que ese día realizaba su primera misión como comandante.

Al "Ye Olde Pub" se le asignó un puesto en el extremo de la formación, un lugar especialmente peligroso porque la artillería alemana tendía a disparar contra los bordes de las formaciones de bombarderos enemigos y no contra el centro. No obstante, después de que tres de los aviones que formaban parte de la misión tuvieran que regresar por problemas mecánicos, el avión de Brown acabó situado en la vanguardia del ataque. El bombardero cumplió su misión y soltó sus bombas sobre la factoría; pero fue alcanzado por la artillería antiaérea alemana. El morro de plexiglás del avión saltó hecho pedazos; el motor 2 quedó inutilizado y el cuatro resultó dañado, y el artillero de cola, Hugh Eckenrode, murió alcanzado por los disparos.

Con dos motores dañados, el "Ye Olde Pub" no podía mantener la misma velocidad que el resto de los bombarderos, y al quedar aislado, se convirtió en una presa fácil para los cazas alemanes. En torno a una decena de ellos, entre Messerschmitt 109 y Fw-190 lo atacaron, entablándose un feroz combate que se prolongó durante interminables minutos. Los artilleros del bombardero norteamericano lograron derribar a uno de los atacantes y finalmente pudieron zafarse del resto, pero el combate había provocado nuevos daños y el estado del "Ye Olde Pub" era lamentable. El motor 3 había sido alcanzado, con lo que ahora el avión contaba con apenas el 40% de su potencia, los sistemas eléctricos, hidráulicos y de suministro de oxígeno estaban dañados, había perdido parte del timón y del elevador de babor, y casi todos los tripulantes, incluido Brown (con un disparo en el hombro) estaban heridos. La radio y el sistema de navegación tampoco funcionaban, y el fuselaje estaba acribillado por la metralla y las balas alemanas. Además, varias de sus armas estaban atascadas, probablemente por un deficiente mantenimiento en tierra, por lo que solo disponían de dos ametralladoras de la torreta dorsal y uno de los cañones delanteros para defenderse. En estas condiciones, manteniéndose a duras penas en el aire, Brown puso rumbo a Inglaterra tratando de poner a salvo a su tripulación. Y entonces apareció otro caza alemán.

Se trataba de un solitario Messerschmitt Bf-109 G-6, que se acercó cautelosamente al bombardero. En las condiciones en las que se encontraba, el "Ye Olde Pub" no habría podido ofrecer apenas resistencia; el caza podía haberlo derribado sin problemas. Pero, sorprendentemente, no lo hizo. El avión alemán se acercó y se mantuvo a escasa distancia, como si estuviera calibrando los daños del bombardero. Acto seguido, se colocó a la altura de la cabina del B-17. Ambos pilotos se podían ver perfectamente el uno al otro, y entonces, para sorpresa de Brown, el piloto alemán comenzó a hacerle gestos. Sin saber muy bien lo que pretendía, Brown decidió mantener su rumbo hacia Inglaterra. En lugar de tratar de detenerlo, el piloto alemán se mantuvo cerca del ala de babor del bombardero, escoltándolo e impidiendo así que la artillería antiaérea alemana disparara contra él. Se mantuvo a su lado hasta que se encontraron sobre las aguas del Mar del Norte. En ese momento, Brown, que aún no se fiaba del todo, ordenó a uno de sus artilleros que apuntara al avión alemán, temiendo que éste decidiera atacarlos; pero el piloto alemán se limitó a saludarlos con la mano antes de dar media vuelta y regresar a Alemania.

Recreación artística del momento en el que el Bf-109 saluda y se despide del B-17 (obra de John D. Shaw)
Milagrosamente, el "Ye Olde Pub", a pesar de su pésimo estado, logró llegar a Inglaterra y aterrizar en la base de Seething, escoltado y guiado por dos cazas P-47 Thunderbolt. Pese a sus numerosas heridas, toda la tripulación, salvo Eckenrode, logró salvarse. No así el "Ye Olde Pub"; la magnitud de los daños era tal que se decidió que no valía la pena repararlo y se le dio de baja. Brown presentó su informe sobre la misión, mencionando también el comportamiento del piloto alemán; pero sus superiores le prohibieron hablar de ello con los demás pilotos, para no despertar sentimientos positivos hacia los pilotos enemigos. "Alguien decidió que no podías ser humano y estar en la cabina de un avión alemán", diría más tarde.

Brown volvió al servicio en cuanto se recuperó de sus heridas y completó 25 misiones antes de ser licenciado. Regresó a su Virginia natal, fue a la Universidad, formó una familia, y en 1949 se volvió a alistar en la Fuerza Aérea, sirviendo hasta 1965, para luego trabajar como diplomático para el Departamento de Asuntos Exteriores hasta 1972, año en el que dejó el servicio público y se retiró a Miami para dedicarse a ser inventor.

En 1986 Brown, retirado don el rango de teniente coronel, se encontraba en la base aérea de Maxwell (Alabama) para dar un discurso en un encuentro de pilotos de combate. Alguien le preguntó si tenía alguna anécdota interesante de su servicio en la Segunda Guerra Mundial. Y entonces Brown recordó a aquel piloto alemán que le había escoltado de vuelta en su primera misión, y decidió que tenía que intentar dar con él, si aún estaba con vida, o al menos averiguar su identidad. Durante varios años buscó sin éxito en los archivos de los ejércitos norteamericano, británico y alemán. Entonces decidió publicar un anuncio en un boletín de noticias de antiguos pilotos de la Luftwaffe. Unos meses después, recibía una carta enviada desde Canada de un antiguo piloto alemán que decía: "Yo soy ese hombre". Poco después, se ponían en contacto por teléfono, y gracias a los detalles facilitados por su interlocutor, Brown pudo confirmar que se trataba de aquel piloto, y pudo conocer la otra mitad de la historia.


Aquel piloto se llamaba Franz Stigler y tenía 28 años cuando se produjo el incidente. Era un brillante piloto que contaba con 22 enemigos derribados en aquel momento y formaba parte de la laureada Jagdgeschwader 27, que había servido en el norte de África como apoyo de las tropas del Afrika Korps antes de regresar a Alemania. Pero además de ser un excelente piloto, Stigler también era un hombre con profundas convicciones, católico devoto (había estado a punto de ser sacerdote antes de la guerra) y con un profundo sentido del honor. Aquel día Stigler estaba repostando su avión cuando vio pasar al B-17 y salió en su persecución, pese a que su aparato tenía algunos daños (incluida una bala del calibre 50 alojada en el radiador). No hacía falta ser un piloto experto para ver que el bombardero había sufrido graves daños, pero aún así a Stigler le sorprendió que al aproximarse no abrieran fuego contra él. Se acercó aún más y entonces pudo ver toda la magnitud de los desperfectos. Pudo ver al artillero de cola muerto en su puesto, los daños en el fuselaje, los motores averiados y los pilotos heridos en la cabina tratando desesperadamente de mantener el avión en el aire. Y entonces recordó lo que en su día le había dicho Gustav Rödel. Rödel, uno de los mayores ases de la aviación alemana en la Segunda Guerra Mundial, había sido su superior en la JG27 en el norte de África, y era también uno de los últimos en mantener un concepto caballeroso de la guerra. Rödel le había dicho: "Uno sigue las reglas de la guerra por si mismo, no por el enemigo. Conservas las reglas para conservar tu humanidad. Si alguna vez te veo disparar contra un hombre en paracaídas, yo mismo te derribaré". En ese momento, Stigler se dio cuenta de que no había diferencia entre disparar contra un hombre que saltaba en paracaídas y disparar contra aquel avión que a duras penas se mantenía en vuelo. Así que trató de ayudar a aquellos hombres. Les había hecho gestos para que aterrizaran en suelo alemán, o para que se dirigieran al norte, hacia la neutral Suecia, donde les habrían atendido (aunque probablemente les habrían mantenido recluidos hasta el final de la guerra). Pero al ver que el avión americano mantenía su rumbo, decidió hacer por ellos lo único que podía. Y los escoltó hasta que salieron de Alemania. Luego tampoco dijo nada de lo ocurrido; eludir el combate con el enemigo era un delito muy grave que le habría llevado ante un consejo de guerra, y muy probablemente ante un pelotón de fusilamiento.

Stigler había terminado la guerra en la JG44, el célebre "Escuadrón de los Expertos", volando en los cazas a reacción Messerschmitt 262 junto a otros ases de la Luftwaffe. Había seguido en el ejército alemán durante algún tiempo tras la guerra, y en 1953 había emigrado a Canada para convertirse en un exitoso hombre de negocios. Durante todo ese tiempo había pensado a menudo en la tripulación del avión al que no había querido derribar, preguntándose si habrían conseguido salvarse. Y se había llevado una gran alegría al descubrir que así había sido.


Brown y Stigler acabarían convirtiéndose en grandes amigos. Se visitaban a menudo, iban a pescar, contaban su historia en escuelas y reuniones de veteranos. En una ocasión Brown organizó un encuentro con los miembros supervivientes de su tripulación y sus familias para que Stigler pudiera conocer a las personas a las que había salvado la vida y a los que habían nacido gracias a ello. Su amistad perduró hasta la muerte de ambos en 2008, con apenas unos meses de diferencia. Tras la muerte de Brown, su hija encontró entre sus cosas un libro sobre aviones a reacción alemanes, regalo de Stigler. El libro tenía la siguiente dedicatoria: "En 1940 perdí a mi hermano en un combate nocturno. El 20 de diciembre, cuatro días antes de Navidad, tuve la oportunidad de salvar a un B-17 de su destrucción, un avión en tan malas condiciones que era un milagro que siguiera volando. Su piloto, Charlie Brown, es tan querido para mi como lo era mi hermano. Gracias Charlie. Tu hermano, Franz."

domingo, 2 de agosto de 2020

La princesa Caraboo

"Princess Caraboo", óleo de Edward Bird (1817)


El día 3 de abril de 1817, Jueves Santo, un zapatero de la localidad inglesa de Aldmonsbury, en el condado inglés de Gloucestershire, encontraba a una extraña joven aparentemente desorientada, vestida con ropajes exóticos y que hablaba un lenguaje desconocido. Sin saber muy bien qué hacer, por sugerencia de su esposa la llevó a presencia del Overseer of the poor, un funcionario público cuya labor era velar por el bienestar de los más necesitados. Él tampoco supo qué hacer con la joven. No parecía una vagabunda; iba bien vestida (llevaba un vestido negro con un volante de muselina, un chal rojo y negro sobre los hombros y otro chal enrollado en la cabeza a modo de turbante), era atractiva y tenía las manos suaves y bien cuidadas. Pero las Guerras Napoleónicas aún estaban recientes, y los ingleses veían con cierta desconfianza a los extranjeros. Así que el funcionario decidió librarse del problema de la misma manera que el zapatero; endilgándoselo a alguien de más autoridad que él. En su caso, al magistrado local, Samuel Worrall. Comenzaba así la historia de una sorprendente impostura.

Ni Worrall, ni su esposa Elizabeth, norteamericana de nacimiento, ni uno de sus criados, de origen griego, pudieron entender nada de lo que decía ni averiguar nada acerca de ella aparte de que se llamaba a si misma Caraboo y que estaba muy interesada en la decoración de inspiración china de la casa de los Worrall. La enviaron a una posada local a pasar la noche, y ella insistió en dormir en el suelo. Además, identificó en una lámina una piña, un fruto entonces exótico y poco corriente, llamándola "nanas", lo que hizo a algunos suponer que, aunque sus rasgos no eran foráneos, podía proceder de algún lugar remoto. Al final, el magistrado concluyó que era una mendiga y la envió a Bristol para ser juzgada por vagancia, encerrándola en el St. Peter's Hospital, un refugio para personas desamparadas y sin recursos. Allí tampoco sabían qué hacer con ella, y acabaron devolviéndola a casa de los Worrall.

"Princess Caraboo of Javasu" (Thomas Barker, 1817)
Para entonces la historia de la atractiva y desconocida joven se había extendido y muchos curiosos acudían a verla, intentando comprender lo que decía. Y entre ellos apareció un marinero portugués que decía llamarse Manuel Eynesso, que conocía el idioma que hablaba la joven y se ofrecía como traductor. Y la historia que contó la desconocida a través de su intérprete fascinó a casi todo el mundo. Caraboo afirmaba ser una princesa procedente de un país llamado Javasu, una isla en algún punto no determinado del Océano Índico. Había sido secuestrada por unos piratas que la llevaron lejos de su hogar, pero cuando el barco que la llevaba se aproximaba a las costas inglesas, ella había logrado escapar de la vigilancia de sus captores y saltar a las aguas del Canal de Bristol, llegando a tierra a nado.

Loa actitud de los Worrall cambió a partir de entonces. Obviamente, no es lo mismo tener como huésped a una vagabunda extranjera que a un miembro de la realeza; de un país lejano y desconocido, si, pero realeza al fin y al cabo. Y la princesa Caraboo se convirtió en la sensación de aquella localidad de provincias. Decenas de personas, de toda condición y clase social, acudían regularmente a verla, algunas habiendo recorrido largas distancias para poder verla. Caraboo seguía manteniendo sus excéntricas costumbres: seguía vistiéndose al estilo oriental, practicaba esgrima y tiro con arco, solo se alimentaba de vegetales, se subía al tejado de la casa de los Worrall, se bañaba desnuda en un lago y rezaba a un dios al que ella llamaba "Allah Tallah". Un médico llamado Wilkinson avaló su historia cuando, tras estudiar las escrituras en lenguaje javasu de la princesa, afirmó, basándose en la Pantographia de Edmund Fry (una exhaustiva recopilación de más de 200 tipos de alfabetos conocidos), que era originario del Índico, y que las cicatrices que la joven tenía en la parte posterior de su cabeza eran sin duda obra de cirujanos orientales. No obstante, los mismos escritos fueron enviados a un grupo de expertos de la Universidad de Oxford, que concluyeron que no eran ningún tipo de escritura sino simples pictogramas sin sentido, pero nadie les hizo demasiado caso... La prensa de todo el país se hizo eco de su historia y publicó incluso varios retratos de la joven, vestida a su exótica manera.

El "idioma" javasu
Y así, durante diez semanas, Caraboo fue una auténtica celebridad. Incluso se celebró un baile en su honor en la ciudad de Bath, al que asistió lo más selecto de la alta sociedad de la región, y en el que ella deleitó a los presentes con una danza exótica de su tierra. Hasta que una tal señora Neale se puso en contacto con los Worrall para advertirles que la joven no era quien decía ser. La señora Neale, dueña de una posada en Bristol, había visto el retrato de la supuesta princesa en el Bristol Journal y había reconocido sin lugar a dudas a una antigua huésped de su establecimiento. La princesa Caraboo se llamaba en realidad Mary Willcocks y era una criada, hija de un zapatero de Witheridge, que había trabajado en diversas localidades del sur de Inglaterra. Según contarían sus padres más adelante, la joven Mary había sufrido unas fiebres siendo niña y como consecuencia le había quedado una cierta inestabilidad mental. Con 15 años comenzó a trabajar como criada para una familia judía, donde había aprendido algo de hebreo, que se supone era la base del "idioma" javasu, con el añadido de palabras romaníes (Mary tenía amigos entre los gitanos, e incluso había viajado durante algún tiempo con ellos) y otras inventadas. Había estado brevemente casada con un hombre que la abandonó y con el que tuvo un hijo al que se vio obligada a dejar en un orfanato por no poder mantenerlo, y las marcas en su cabeza eran en realidad debidas a un tratamiento de ventosaterapia que había recibido en un hospital de caridad en Londres. La señora Neale recordaba como mientras fue su huésped entretenía a su hija pequeña colocándose una tela a modo de turbante y hablando un idioma inventado.

Viéndose desenmascarada, la falsa princesa confesó todo el engaño, admitiendo que solo buscaba conseguir algo de dinero para poder emigrar a Estados Unidos y empezar una nueva vida. Nunca quiso confesar quién era en realidad el supuesto marino portugués que había actuado como intérprete suyo. Los Worrall, mortificados por haber sido engañados de esa manera, decidieron que lo mejor era librarse discretamente de la chica y esperar a que la gente olvidara el asunto; y así, el 28 de junio de 1817 Mary Willcocks embarcaba en un buque con destino a Philadelphia. Allí protagonizaría un espectáculo teatral sobre la princesa Caraboo, con escaso éxito, y permanecería siete años, antes de regresar a Inglaterra en 1824. En Londres volvería a interpretar a Caraboo, exhibiéndose en una galería de New Bond Street, sin demasiada fortuna, y posteriormente trataría de hacer lo mismo en Francia y España.


En septiembre de 1828 la encontramos viviendo en Bedminster bajo el nombre de Mary Burgess. Allí se casó con un comerciante llamado Robert Baker, con el que tendría una hija llamada Mary Ann. En 1839 se ganaba la vida vendiendo sanguijuelas para las sangrías (un negocio bastante lucrativo en la época) a médicos y clínicas como el Bristol Infirmary Hospital. Murió el día de Nochebuena de 1864, a los 73 años de edad, a causa de una caída accidental, y fue enterrada en el cementerio de Hebron Road. Su hija heredaría de ella su negocio, y quizá algo más; murió en febrero de 1900 en un incendio en su casa, donde vivía sola y rodeada de docenas de gatos.

domingo, 26 de julio de 2020

La tragedia de la letrina de Erfurt

Enrique VI del Sacro Imperio Romano Germánico (1165-1197)


En 1184, el rey Enrique VI, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se embarcó en una campaña militar contra el reino de Polonia. Pero durante su viaje el rey Enrique se detuvo y estableció una corte temporal en la ciudad de Erfurt, capital de Turingia, con el objeto de convocar una dieta o asamblea que resolviera la disputa que enfrentaba a Luis III, landgrave de Turingia, y a Conrado I de Wittelsbach, arzobispo de Maguncia. Ambos habían estado enemistados desde la caída en desgracia de Enrique el León, duque de Sajonia y Baviera, derrocado y desposeído en 1180 por el emperador Federico Barbarroja.

La dieta fue convocada y nobles de todo el Imperio fueron invitados a participar en ella. Enrique y su séquito se instalaron en la casa del preboste de la catedral de Santa María de Erfurt, en cuyo segundo piso recibía el rey a los asistentes. El 26 de julio de 1184 docenas de nobles de alto rango se encontraban reunidos en el segundo piso de la casa departiendo con el rey Enrique y discutiendo los detalles del pleito que los había llevado hasta allí cuando el suelo del piso, hecho de madera y probablemente podrido, no pudo soportar el peso de tanta gente y se derrumbó. La mayoría de los presentes cayeron hasta el primer piso, cuyo suelo, igualmente viejo y podrido, tampoco soportó el peso de personas y escombros y también se derrumbó. Un buen número de los asistentes acabó cayendo en la fosa séptica situada bajo el piso, donde se acumulaban los desechos procedentes de las letrinas.

No hay cifras concretas, pero las crónicas hablan de unos sesenta muertos en el derrumbe, unos aplastados por las vigas y los escombros y otros ahogados en las aguas fecales de la fosa. Entre los fallecidos había destacados nobles como el conde Gozmar III de Ziegenhain, el conde Friedrich I de Abenberg, el conde Friedrich I de Kirchberg, el conde Heinrich de Schwarzburg, el conde Burchard de Wartburg y Beringer I, señor de Meldingen. El rey Enrique se salvó del desastre porque en el momento del derrumbe estaba en una cámara o aposento con el suelo de piedra, y tuvo que ser rescatado más tarde con una escalera. Él y su séquito abandonaron Erfurt de inmediato, sin que ni siquiera hubieran terminado las tareas de rescate de las víctimas.

domingo, 19 de julio de 2020

El síndrome de la máscara sonriente



El psicólogo japonés Makoto Natsume, profesor de la prestigiosa Osaka Shoin Women's University, notó cierto día un curioso fenómeno relacionado con sus estudiantes. Natsume, que también ejercía como consejero y asesor para las estudiantes, se dio cuenta de que durante sus entrevistas con ellas la mayoría exhibía una sonrisa permanente en su rostro, sin dejar de sonreir ni siquiera cuando le relataban problemas personales, sucesos traumáticos o situaciones de estrés. Posteriormente, el profesor Natsume se dio cuenta de que sucedía lo mismo con otras muchas mujeres, especialmente con las que trabajaban de cara al público: camareras, recepcionistas, empleadas de banca... Todas exhibían sonrisas perennes y forzadas de las que no se desprendían en ningún momento. A raíz de sus observaciones, Natsume acabaría por describir un nuevo desorden psicológico al que denominó Síndrome de la Máscara Sonriente.

En el terriblemente competitivo sector japonés de los servicios, la inmensa mayoría de las empresas exigen a sus empleadas mantener la sonrisa durante su jornada laboral, casi como si fuera parte de su uniforme de trabajo, a la hora de atender a sus clientes. Tras entrevistarse con muchas de estas trabajadoras, Natsume pudo confirmar que la mayoría de ellas admitía la importancia de la sonrisa a la hora de ser contratadas y permanecer en su puesto, y la insistencia de sus superiores en mantener dicha sonrisa para conseguir una mayor satisfacción de sus clientes. Natsume concluía que esta sonrisa antinatural y continua acababa por afectarlas psicológicamente, llegando a prolongarla más allá de su jornada laboral, haciéndoles suprimir sus verdaderos sentimientos y provocándoles secuelas psicológicas como depresión; y también físicas: muchas de ellas admitían sufrir dolores musculares, calambres y cefaleas, síntomas similares a los de las llamadas Lesiones por Movimientos Repetitivos.

El escritor japonés Tomomi Fujiwara sitúa el origen de este desorden en los cambios culturales sucedidos en el país a partir de los años 80 del siglo pasado; más concretamente, en la inauguración en 1983 de Tokyo Disneyland, el primer lugar donde se estableció como obligatoria la sonrisa al atender a los clientes, lo que luego sería imitado por muchas otras empresas.

Aunque en un principio parecía ser un fenómeno exclusivamente japonés, algunos autores han descrito casos en Corea del Sur. El psicólogo Yoon Do-rahm ha llegado a comparar la sociedad actual con un espectáculo de payasos: ambos llenos de sonrisas amplias y frecuentes, pero vacías y falsas.

domingo, 12 de julio de 2020

Pequeñas historias (XXII)

En 1976, una niña de 19 meses oriunda de Qatar fue ingresada en el Hospital Hammersmith de Londres aquejada de una extraña dolencia que los médicos eran incapaces de identificar. Una de las enfermeras se dio cuenta de que los síntomas de la niña eran similares a los de las víctimas del libro El misterio de Pale Horse, de Agatha Christie, que eran envenenadas con talio. Cuando se lo mencionó a los médicos, estos de inmediato analizaron la sangre de la niña y hallaron trazas de talio, lo que les permitió cambiar el tratamiento y salvar la vida a la pequeña. Al final se supo que la niña había ingerido accidentalmente sulfato de talio, que sus padres utilizaban como insecticida.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El 19 de julio de 1960, un pirata aéreo de origen ruso llamado Alex Hildebrandt, armado con un rifle del calibre 22 y una bomba que llevaba pegada a su cuerpo, trató de secuestrar el vuelo 408 de la Trans Australian Airlines entre Sydney y Brisbane y obligarlo a dirigirse a Singapur. El copiloto, Tom R. Bennett, logró reducir al secuestrador dándole un puñetazo en la cara y arrancando los cables de los explosivos, impidiendo que estallaran. Bennett recibiría la Medalla de Jorge por su acto de valor.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Durante la Primera Guerra Mundial, la cervecera Guinness apoyó de manera decidida a aquellos de sus empleados que decidieron alistarse en el ejército británico: les garantizó recuperar sus trabajos después de licenciarse, les siguió pagando la mitad de su sueldo mientras estaban en el frente, e incluso les enviaba paquetes con chocolate y leche condensada.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En 1957 el KGB trató de chantajear al presidente de Indonesia, Sukarno, con una grabación de él manteniendo relaciones sexuales con varias prostitutas durante una visita oficial a Moscú. Sukarno, muy tranquilo, les respondió que si las imágenes se difundían los indonesios estarían muy orgullosos de él, e incluso les pidió más copias para mostrárselas a sus amigos. Curiosamente, la CIA trató de chantajearlo con un plan parecido, y llegó a producir una película pornográfica interpretada por un actor que llevaba una máscara del presidente fabricada ex-profeso por la CIA.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La ciudad de Carmel (Indiana) ha ido reemplazando sus intersecciones por rotondas desde los años noventa. El resultado es que, además de que en cada rotonda que construye se ahorra más de 100000 dólares, el número de accidentes totales ha caído un 40%, el número de accidentes con heridos un 80%, y en cada rotonda se calcula que se ahorran cada año 24000 dólares en combustible porque los coches han reducido sensiblemente el tiempo que pasan detenidos esperando para poder pasar.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
A pesar de haber sido fundadas en la misma ciudad, en el mismo año y tener nombres similares, las compañías The Hershey Company (fabricante de los chocolates Hershey's) y Hershey Creamery Company (fabricante de los helados Hershey's) no solo no tienen ninguna relación entre ellas, sino que a lo largo de los años se han enfrentado en numerosas ocasiones en los tribunales por el uso del nombre que ambas comparten.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En 1985, un oso negro murió de una brutal sobredosis tras comerse más de 40 kilos de cocaína, valorados en 15 millones de dólares, que un narcotraficante había arrojado sobre un bosque norteamericano cuando la avioneta en la que viajaba había tenido problemas mecánicos. El "Oso de la cocaína" o "Pablo EscoBear", como es conocido, fue disecado y en la actualidad es una atracción turística de primer orden en Lexington (Kentucky).
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En cierta ocasión el presidente Jimmy Carter accionó por error un botón de alarma secreto instalado en su retrete, haciendo que los agentes del servicio secreto irrumpieran en el cuarto cuando todavía estaba abrochándose los pantalones. En otra ocasión, Carter envió a la tintorería una chaqueta sin acordarse de que en uno de sus bolsillos estaban los códigos de activación de las armas nucleares.

lunes, 6 de julio de 2020

El mono de Hartlepool



Según cuenta la leyenda, a principios del siglo XIX, en plena guerra entre el Reino Unido y la Francia de Napoleón, un buque francés se vio sorprendido por una tormenta y se hundió en de la costa noroeste de Gran Bretaña, cerca de la ciudad de Hartlepool. Temiendo una invasión, las gentes de la ciudad acudieron a la playa, a donde habían ido a parar los restos del naufragio, y allí encontraron al único superviviente: un mono, propiedad seguramente de alguno de los marineros del buque, vestido con un uniforme militar.

Ahora bien, los habitantes de Hartlepool no eran gente demasiado instruida. Además, la guerra les pillaba algo lejos, nunca habían visto a un francés y mucho menos a un mono. De los franceses sabían lo que la propaganda de guerra británica decía de ellos: que eran personas salvajes, sucias y desagradables, a veces representados con rabo y garras. Por lo tanto, concluyeron que aquel extraño personaje debía de ser un francés. De inmediato, improvisaron un tribunal popular en la misma playa donde se le acusó de ser un espía y, dado que el mono fue incapaz de alegar nada en su defensa, fue declarado culpable y llevado a la plaza principal de Hartlepool, donde lo ahorcaron (una versión más siniestra de la leyenda dice que en realidad a quien ahorcaron fue a un niño, uno de los que por aquel entonces servían en los buques de guerra como auxiliares de artillería cargando de pólvora los cañones y que eran conocidos habitualmente como "powder monkeys", "monos de la pólvora").


Durante muchos años, la leyenda del mono fue utilizada como motivo de burla hacia los habitantes de Hartlepool, a los que apodaban "monkey hangers" ("cuelga monos"). Sin embargo, con el paso del tiempo los habitantes de la ciudad acabaron por aceptar la leyenda como parte de su folklore y la transformaron en una de sus señas de identidad. La historia del mono ha generado libros, canciones e incluso una novela gráfica y hay varias estatuas dedicadas a él en la ciudad. El equipo de fútbol local, el Hartlepool United, tiene como mascota a un mono llamado H'Angus (un juego de palabras con el nombre Angus y el verbo to hang, "colgar") y dos de los seis equipos de rugby de la localidad, el Hartlepool Rovers y el Hartlepool RFC, tienen referencias al mono en sus escudos. Incluso Stuart Drummond, que fue alcalde de Hartlepool entre 2002 y 2013 (fue el primer alcalde británico elegido tres veces consecutivas) hizo su primera campaña electoral disfrazado de H'Angus y con el lema "Plátanos gratis para todos los escolares", aunque luego le prohibieron llevar el disfraz mientras ejerciera como alcalde.

H'Angus
Pero ¿es real la historia del ahorcamiento del mono? Históricamente, no hay pruebas documentales de ello. Los registros muestran que durante la época de las Guerras Napoleónicas 14 barcos se hundieron en la región de Hartlepool, pero todos eran británicos y en ninguno de ellos se hace mención de que hubiera un mono a bordo. Aunque hay historiadores que afirman que la leyenda puede tener una base real, son muchos los que se inclinan por opinar que se trata de un bulo o una invención. La primera vez que se menciona la historia del mono es en una canción compuesta en 1855 por un músico y cómico ambulante llamado Edward "Ned" Corvan, que al parecer tenía la costumbre de componer alguna canción relativa a la localidad en la que actuaba para complacer a su público. La canción que compuso cuando actuó en Hartlepool, titulada "The Monkey Song" ("La canción del mono") y en la que se contaba a grandes rasgos la historia del ahorcamiento del mono, se hizo muy popular y para muchos es el origen más probable de toda la leyenda del mono de Hartlepool.


La canción en si no es original, ya que "tomaba prestados" fragmentos de otra canción más antigua, muy popular en Newcastle, titulada "The Baboon" ("El babuino") y que hacía referencia a un hecho histórico real, la visita de un grupo de soldados cosacos a la región de Tyneside, a los que acompañaba como mascota un babuino. Tampoco la historia del mono ahorcado es totalmente novedosa; existe una historia similar atribuida a los habitantes del pueblo escocés de Boddam, de los que se cuenta que en torno a 1772 ahorcaron a un mono, único superviviente de un naufragio, para que nadie pudiera disputarles los derechos de rescate de los restos del barco, de los que solo podrían haber hecho uso si no hubiera habido supervivientes. De esos hechos también se había escrito una conocida canción, y es posible que Corvan la hubiera escuchado en sus viajes y al llegar a Hartlepool hubiera combinado la historia del mono de Boddam y la canción del babuino para crear una historia nueva que con el paso del tiempo pasó de ser una simple parodia humorística a ser tomada por un hecho real. Lo cierto es que, al parecer, la canción tuvo mucho éxito entre los habitantes de West Hartlepool (la parte industrial y moderna de la ciudad) que solían hacer burla de los habitantes del Old Hartlepool (la parte antigua, dedicada fundamentalmente a la pesca).


Con el paso del tiempo, la diferencia entre ambos Hartlepool se desvaneció y la leyenda del mono acabó por aplicarse a toda la ciudad, perviviendo durante dos siglos y convirtiéndose en una de las señas de identidad de la ciudad.

domingo, 28 de junio de 2020

El evento Carrington



El 28 de agosto de 1859 aparecieron sobre la superficie del Sol un gran número de manchas solares. La existencia de estas manchas era conocida por los astrónomos desde hacía siglos, y aunque su naturaleza se desconocía (hoy sabemos que son regiones de la superficie solar con temperaturas más bajas e intensa actividad magnética), si que se sabía de ellas que sus apariciones varían según un ciclo de unos 11 años. Pero nunca hasta entonces se había observado tal cantidad de manchas, que incluso las hacía perfectamente visibles a simple vista. Un par de días más tarde comenzaron a producirse en todo el mundo una serie de curiosos fenómenos atmosféricos, el más llamativo de los cuales fue la aparición de auroras en latitudes muy alejadas de los círculos polares, donde su aparición era muy infrecuente.

Unos días más tarde, el 1 de septiembre, el astrónomo aficionado británico Richard C. Carrington se encontraba en su casa de Redhill (Surrey) haciendo un boceto del grupo de manchas solares cuando, a las 11:18 AM según hizo constar en sus anotaciones, observó a través de su telescopio cómo entre las manchas aparecían dos puntos brillantes que de inmediato se transformaron en una vivísima llamarada de luz blanca. Dándose cuenta de que estaba observando un fenómeno desconocido para la ciencia, Carrington, que se encontraba solo en aquel momento, corrió en busca de alguien para que fuera testigo del acontecimiento. Cuando regresó, él y su acompañante vieron como los dos puntos luminosos se movían por el grupo de manchas hasta que desaparecieron a las 11:23. Todo el hecho había durado apenas cinco minutos. Carrington no fue el único en observarlo; otro astrónomo aficionado británico llamado Richard Hodgson también fue testigo de la llamarada, aunque el suceso pasaría a la historia como "evento Carrington".

Lo que había visto Carrington es lo que se conoce como eyección de masa coronal (CME), una gran cantidad de materia y radiación electromagnética que es proyectada por el Sol en periodos de gran actividad. Normalmente el campo magnético de la Tierra actúa como un escudo protector desviando partículas y radiación. Pero si la ráfaga de energía es muy intensa y su campo magnético está orientado al sur, es posible que llegue a perturbar el campo magnético terrestre, provocando lo que se conoce como tormenta solar. El que luego sería conocido como evento Carrington es considerado la tormenta solar más fuerte conocida en la historia.

Dibujo del grupo de manchas solares y los puntos de donde partió la llamarada, obra de Richard Carrington
Los efectos de la eyección no tardaron en hacerse visibles. Si las anteriores oleadas de energía y partículas habían tardado unas cuarenta horas en llegar a la Tierra, esta tardó apenas diecisiete. En la madrugada del día 2 las auroras multiplicaron su intensidad y extensión. Se informó de auroras en latitudes tan distantes de los círculos polares como Hawai, Madrid, Roma, La Habana, Panamá o la ciudad colombiana de Córdoba, el lugar más alejado de los polos donde se tiene noticia de auroras. Estas auroras eran de una intensidad tal que en muchos lugares se podía leer el periódico de noche sin necesidad de otra fuente de iluminación, y en la Montañas Rocosas los buscadores de oro se levantaron y desayunaron de madrugada creyendo que estaba amaneciendo.

Las partículas cargadas emitidas durante el evento Carrington golpearon el campo magnético terrestre, comprimiéndolo y causando anomalías magnéticas por todo el planeta. Varios magnetómetros en distintas partes del mundo (como los del observatorio astronómico de Kew) registraron un pico de actividad nunca visto hasta entonces. En aquella época la tecnología estaba poco desarrollada y no había demasiados aparatos eléctricos. Donde más se notó el efecto de la tormenta solar fue en la incipiente red telegráfica de Europa y Norteamérica. Los cables telegráficos se sobrecargaron, numerosos telegrafistas recibieron descargas eléctricas cuando trataban de enviar mensajes, e incluso se produjeron cortocircuitos que provocaron incendios. Muchas líneas quedaron fuera de servicio y algunas tardaron días en restablecerlo.

La actividad solar y los fenómenos magnéticos observados a continuación no fueron relacionados en un primer momento. De hecho, pasaron años hasta que se propuso tal relación, y en un principio los primeros investigadores que la propusieron fueron criticados e incluso ridiculizados por otros científicos que negaban tal vínculo.

Magnetograma tomado en Londres durante el evento Carrington
Es difícil cuantificar los daños que causaría hoy en día una tormenta solar como la causada por el evento Carrington, pero en todo caso serían catastróficos: los satélites artificiales dejarían de funcionar, las comunicaciones se interrumpirían, habría apagones masivos por todo el mundo, daños en aparatos electrónicos, bases de datos borradas... Un ejemplo lo vivió la Tierra el 13 de marzo de 1989; en esa fecha, una tormenta solar bastante más débil que la provocada por el efecto Carrington afectó a varios satélites, provocó auroras en el Caribe y afectó a redes eléctricas de todo el mundo, especialmente de Norteamérica, donde la provincia canadiense de Quebec estuvo un día sin electricidad por los daños que la tormenta causó en la central nuclear estadounidense de Salem. Según algunos estudios, los efectos de una tormenta de tal intensidad costarían miles de millones de dólares en pérdidas y podrían tardar hasta un año en solventarse completamente.

La posibilidad de que se produzca una nueva tormenta solar tan intensa ha preocupado a los científicos durante las últimas décadas. Se sabe, por el estudio de muestras de hielo, que no ha habido otra tormenta solar igual en los últimos 500 años, pero que tormentas de cierta intensidad se producen más o menos cada cincuenta años, la última el 13 de noviembre de 1960. Según esta periodicidad, estaríamos a las puertas de una nueva tormenta solar de gran magnitud; pero los datos recogidos por la NASA y la Agencia Espacial Europea muestran que la actividad en este ciclo solar está siendo extremadamente baja. Algunos investigadores sugieren incluso que estamos entrando en una época análoga al llamado Mínimo de Maunder (1645-1715), en la que apenas hubo manchas solares, lo que alejaría, al menos de momento, la posibilidad de una nueva tormenta solar de gran intensidad.

lunes, 22 de junio de 2020

Jock McLaren

Robert Kerr "Jock" McLaren (1902-1956)

Nacido en la localidad escocesa de Kirkcaldy el 27 de abril de 1902, Robert Kerr McLaren, al que más tarde todos llamarían "Jock", era apenas un adolescente cuando se alistó en el ejército británico, en los estertores de la Primera Guerra Mundial. Destinado a la 51ª División de Infantería, que había sufrido grandes bajas durante la Ofensiva de Primavera del ejército alemán, tuvo tiempo de participar en los últimos ataques aliados antes de que el conflicto terminara.

Licenciado al terminar la guerra, emigró poco después a Australia, donde acabaría trabajando como veterinario en la ciudad de Bundaberg, a unos 400 kilómetros al norte de Brisbane. Allí se casó y en marzo de 1941, pese a que ya tenía cierta edad, se alistó en el ejército australiano, primero en la Reserva, aunque poco después pediría el traslado al ejército regular. Adscrito a un batallón de apoyo a la 8ª División australiana de Infantería y destinado en la Malasia Británica, seguía allí cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor y la guerra, que hasta entonces había sido un conflicto casi exclusivamente europeo, se desató también en el Pacífico. Prisionero de los japoneses tras la caída de Singapur, logró escapar con otros dos prisioneros y llegar hasta Kuala Lumpur con la ayuda de civiles de origen chino y de las guerrillas comunistas. Pero volvería a ser capturado después de la denuncia de un traidor malayo. Durante esta época, nació en McLaren un profundo resentimiento hacia los japoneses, tras ser testigo de las atrocidades cometidas por las tropas niponas sobre los civiles, especialmente los de origen chino.

Su nuevo destino fue el campo de prisioneros de Sandakan, en Borneo. De allí también se escaparía, en compañía de varios compañeros: se las arreglaron para robar un pequeño bote en una colonia de leprosos cercana al lugar donde los retenían, y con él lograron llegar a las islas filipinas de Tawi-Tawi, donde la guerrilla filipina les ayudó a llegar a Mindanao. Aquella fuga probablemente salvó sus vidas: la mayoría de los prisioneros aliados que fueron a parar a Sandakan acabarían muertos, bien durante las tristemente célebres Marchas de la Muerte de Sandakan, bien asesinados por los japoneses cuando se vieron obligados a retirarse de Borneo.

Jock McLaren en la isla indonesia de Berhala, uno de los lugares donde había sido retenido como prisionero por los japoneses (octubre de 1945)
En Mindanao McLaren y sus compañeros entraron en contacto con el mando conjunto de las guerrillas filipino-americanas bajo el mando del teniente coronel Wendell Fertig. Mientras que la mayor parte de sus camaradas eran evacuados a Australia en un submarino, McLaren prefirió quedarse en Filipinas a las órdenes de Fertig. Hasta el final de la guerra, y salvo por una breve estancia en Australia hacia el final de los combates, permanecería en primera línea de combate enfrentándose a los japoneses. Su primera función fue vigilar las costas filipinas para informar al ejército norteamericano de la presencia de buques japoneses, labor que acompañaba con la de entrenar a los guerrilleros locales, entre los que no había demasiados con experiencia militar.

Su talento como guerrillero le valió un ascenso a sargento y que cada vez le fueran autorizando misiones más arriesgadas: incursiones en territorio enemigo en busca de información, emboscadas. ataques a posiciones estratégicas. Las molestias que le causaban sus acciones a los japoneses llevaron a estos a ofrecer una recompensa de 70000 pesos filipinos por su captura "vivo o muerto", cantidad que el propio McLaren llegó a juzgar como "razonable".

Uno de los actos que más fama le dieron fue cuando sufrió un ataque de apendicitis en la jungla filipina. Sin posibilidad de recibir atención médica, sin disponer de material quirúrgico adecuado, con la única ayuda de varios de sus colaboradores nativos, McLaren tomó la decisión de operarse a si mismo, usando sus conocimientos como veterinario y sin más material que una cuchilla, unas tijeras, un pequeño espejo, una aguja y dos cucharillas (usadas como retractores), y, sin ninguna clase de anestesia, logró llevar a cabo la operación con éxito y recuperarse sin secuelas, pese a que tres días después de la operación tuvo que huir apresuradamente e internarse en la jungla debido a la cercanía de las tropas japonesas.

Sus méritos en combate le valieron un ascenso a capitán y un nuevo destino: le pusieron al frente de un bote artillado (al que McLaren bautizó como The Bastard) a patrullar las islas entre Mindanao y Borneo, informando sobre la actividad de la flota enemiga, hundiendo pequeñas embarcaciones enemiga y realizando incursiones contra puertos japoneses, en ocasiones con su tripulación disfrazada con uniformes japoneses, como en marzo de 1945, en un asalto a una posición enemiga en el municipio de Parang. También tomó parte en la toma del estratégico aeródromo de Malabang, durante la liberación de Mindanao por las tropas aliadas.

Emblema de la Unidad Especial Z
McLaren se había convertido en una pieza importante para las acciones de los comandos norteamericanos y australianos en las Filipinas, a los que surtía de información sobre las posiciones japonesas y los movimientos de sus tropas. Por entonces seguía estando a las órdenes del mando norteamericano, pero en abril de 1945 fue transferido de vuelta al ejército australiano por petición expresa de estos. Fue asignado a la llamada Unidad Especial Z, un grupo de operaciones especiales formado por soldados de distintas nacionalidades y dependiente de las fuerzas australianas especializado en acciones tras las líneas enemigas. Con ellos llevó a cabo varias incursiones en la isla de Borneo, la última de ellas en julio de 1945. Después de que la isla fuera liberada, McLaren permaneció en ella colaborando en el restablecimiento de la administración local, antes de regresar a Australia en noviembre de ese año. Terminó la guerra con el rango de capitán y dos Military Cross, amén de varias menciones en informes oficiales, por sus brillantes actuaciones.

Dejó el servicio activo y pasó a la Reserva a principios de 1946. Se reincorporó a la vida civil y se marchó a vivir a Nueva Guinea (cuya mitad oriental pertenecía por entonces a Australia) como veterinario al servicio del gobierno australiano. Permaneció en aquel puesto hasta principios de 1956, cuando dejó el trabajo y compró una extensión de terreno cerca de la ciudad de Wau con el propósito de establecerse como cultivador de café, pero nunca llegó a culminar ese proyecto. El 3 de marzo de 1956 McLaren, que tantas veces había esquivado la muerte en la selva a manos de los japoneses, falleció en un absurdo accidente: maniobrando con un vehículo cerca de su casa, golpeó el tronco de un árbol medio podrido, parte del cual se desprendió y le cayó encima. Tenía 53 años.

domingo, 14 de junio de 2020

La Dama de las Dunas



El 26 de junio de 1974 una niña de 9 años que paseaba a su perro por una zona costera conocida como Race Point Dunes, en la localidad de Provincetown (Massachusetts) efectuó un macabro descubrimiento. A escasos metros de un camino se encontraba el cadáver en avanzado estado de descomposición de una mujer. Comenzaba así la crónica de uno de los crímenes sin resolver más famosos de la historia criminal norteamericana.

El cuerpo se encontraba tendido boca abajo sobre la mitad de una toalla de playa. El examen forense calculó que llevaba muerta unas dos semanas. Se determinó que los restos correspondían a una mujer pelirroja, de 1'68 metros de altura y unos 66 kilos de peso y constitución atlética. Establecer su edad fue problemático; se le suele atribuir un amplio margen, entre 25 y 40 años, pero incluso podía haber tenido solo 20 o alcanzar los 49. Llevaba el cabello recogido en una coleta sujeta con una goma elástica y estaba desnuda; un par de pantalones vaqueros Wrangler y una bandana de color azul fueron hallados bajo su cabeza. El examen del lugar donde había sido encontrada reveló pisadas que iban hasta donde estaba el cadáver y huellas de ruedas a unos 50 metros de distancia, lo que parecía indicar que el cuerpo había sido depositado allí una vez muerta.

Alguien se había tomado muchas molestias para que el cadáver no fuera identificado. Le faltaban ambas manos y le habían roto los dientes para que no fuera identificada por su historial dental. Había sido brutalmente estrangulada (hasta el punto de que la cabeza estaba casi separada del cuerpo) pero la causa de la muerte había sido un violento golpe en la sien izquierda. Además, mostraba señales de agresión sexual, muy probablemente cometida post-mortem; algunos de los investigadores del caso sospechaban que el autor o autores podían haber tratado de hacerlo parecer un crimen sexual para ocultar el verdadero móvil del asesinato. No mostraba señales de haberse defendido, por lo que se creyó que había sido atacada por sorpresa, o bien mientras estaba dormida.

Todos los intentos de identificar a la fallecida fueron infructuosos. Se examinaron los expedientes de centenares de desapariciones por todo el país pero ninguna parecía corresponderse con la misteriosa "Dama de las Dunas", como era llamada ya la víctima. Poca más información se pudo obtener del cuerpo; pese a los destrozos en los dientes, se determinó que la víctima había sido sometida a un costoso tratamiento dental, en lo que los dentistas llamaban "estilo de Nueva York", lo que parecía indicar que venía de un entorno social acomodado. Pero ante la carencia de datos, el cuerpo fue inhumado en octubre de ese año y el caso se aparcó temporalmente.

El cuerpo sería exhumado en busca de nuevas pruebas en 1980, 2000 (cuando se le tomaron muestras de ADN) y 2013, sin éxito. Las diversas identidades propuestas para la Dama de las Dunas fueron descartándose una tras otra. Se habló de Rory Gene Kesinger, una joven de 25 años en paradero desconocido desde 1973, cuando había huido de la cárcel donde cumplía condena por tráfico de drogas, y que tenía cierto parecido con los retratos robot de la fallecida; pero la comparación del ADN del cuerpo con el de la madre de Kesinger descartó esa posibilidad.

Retrato robot de la Dama de las Dunas, realizado en 2010
Tampoco se llegó a ninguna conclusión acerca del posible autor del crimen. Un asesino en serie llamado Haden Clark se atribuyó el crimen años más tarde, pero Clark es un enfermo de esquizofrenia paranoide que se ha atribuido docenas de crímenes, ninguno de los cuales le pudo ser probado, así que las autoridades no han tenido demasiado en cuenta su confesión. En 1981 la policía supo que una mujer con cierto parecido a la víctima había sido vista mas o menos por la época en la que fue asesinada en compañía del conocido mafioso James "Whitey" Bulger, el cual a menudo arrancaba los dientes a las personas a las que mataba para dificultar su identificación; pero ningún vínculo entre Bulger y la Dama pudo ser probado.

En agosto de 2015 un nuevo hecho contribuyó a aumentar más todavía el misterio en torno al caso. El escritor Joe Hill, hijo del también escritor Stephen King, publicó en su blog que, viendo la célebre película Tiburón, le había sorprendido descubrir en una de las escenas a una mujer de pelo oscuro vestida con vaqueros y una bandana azul, similares a los de la Dama de las Dunas; es más, creía ver un cierto parecido entre los rasgos de la mujer de la película y los retratos robot de la asesinada. ¿Podía tratarse de la misma mujer? Tiburón había sido rodada en su mayor parte entre mayo y octubre de 1974 en la isla de Martha's Vineyard, a unos 160 kilómetros al sur de Provincetown, y durante el rodaje se habían contratado a numerosos habitantes locales y visitantes para que sirvieran de figurantes en la película. ¿Había sido uno de ellos la mujer cuyo cuerpo se encontraría más tarde en Provincetown? Hill puso su teoría en conocimiento del FBI, pero los expertos le dan poca credibilidad y afirman que es muy poco probable que se trate de la misma mujer.

domingo, 31 de mayo de 2020

La Operación Tamarisk, el lado más sucio del espionaje



La Operación Tamarisk tiene un lugar destacado entre las misiones de espionaje occidentales durante la Guerra Fría. Alejada del glamour que tradicionalmente se le atribuye al mundo del espionaje, con unos detalles un tanto escatológicos, pero que sin duda supuso un éxito rotundo para los servicios secretos occidentales.

Originariamente, el objetivo de la Operación Tamarisk era mucho más convencional. Se trataba de que los agentes occidentales revisaran las papeleras y cubos de basura de determinados edificios oficiales de Alemania del Este, en busca de documentos que pudieran resultar de interés para los servicios secretos de EEUU, Gran Bretaña y Francia, impulsores de la operación. Por aquel entonces, en virtud de un acuerdo entre las potencias occidentales y la URSS, estaban permitidas las llamadas "misiones de enlace militar", que permitían a los tres países y a la URSS mantener pequeños contingentes de personal de inteligencia en el territorio de la otra Alemania. Los buenos resultados les llevaron a extender la misión hacia otros objetivos de carácter militar, cuando los agentes occidentales descubrieron un detalle de sumo interés para sus servicios de inteligencia.

Lo que averiguaron los espías era que, debido en buena parte a las sanciones internacionales y al embargo comercial por parte de los EEUU a raíz de la invasión de Afganistán, en la Unión Soviética se vivía una severa escasez de determinados productos, especialmente de papel higiénico. Esta escasez, que afectaba incluso a edificios gubernamentales o embajadas, era especialmente grave en las instalaciones militares, hasta el punto de que a los contingentes de tropas desplazados fuera de sus acuartelamientos, por ejemplo, los que estaban de maniobras, apenas les llegaban suministros de este tipo. Esto provocaba que los soldados y oficiales soviéticos y germano orientales tuviesen que buscar alternativas y recurrir a cualquier otro pedazo de papel para limpiarse.

Y cuando digo cualquier otro papel, es exactamente eso: cualquier otro papel. Las alternativas de los militares del este incluían desde telegramas y comunicaciones oficiales a páginas de sus diarios y agendas personales, hojas de manuales militares y guías de entrenamiento, esquemas técnicos, planos, especificaciones armamentísticas, listas de códigos, además de numerosas cartas personales y hasta documentos oficiales, algunos incluso clasificados como "top secret". Como además estos documentos estaban impresos en papel grueso, que de ser arrojado al retrete corría el riesgo de provocar atascos en las cañerías, lo normal era que tras ser utilizados fueran a parar a papeleras o contenedores especiales, de donde podían ser recuperados por los agentes occidentales.

Los servicios secretos de Occidente, una vez enterados, de inmediato dieron instrucciones a sus espías para que registraran papeleras y cubos de basura de las letrinas de los campamentos militares de Alemania Oriental después de maniobras y ejercicios militares (las condiciones del acuerdo vetaban la presencia extranjera en zonas en las que se producían maniobras y ejercicios militares, pero no una vez terminadas estas), y recuperaran todos los documentos que pudieran. A los agentes, claro, no les entusiasmó demasiado su nuevo cometido, al que se referían literalmente como "shit digging" ("escarbar en la mierda"). En más de una ocasión se quejaron a sus superiores de los riesgos que comportaba a su salud el escarbar entre papeles llenos de restos de materia fecal; e incluso, en ocasiones, cuando las papeleras procedían de instalaciones sanitarias, de restos humanos, como miembros procedentes de amputaciones. Pero sus jefes les animaron a continuar con su labor. Es más, les pidieron que recogieran también aquellos restos humanos y los enviaran para su análisis, para descubrir, por ejemplo, qué clase de metralla usaban los soviéticos o qué técnicas médicas empleaban. Todos los documentos recuperados de esta manera eran enviados a Alemania Occidental, donde eran limpiados y desinfectados a conciencia antes de ser descifrados y estudiados minuciosamente por los analistas.

La Operación Tamarisk estuvo activa entre los años 1979 y 1989, y aparentemente los soviéticos nunca se dieron cuenta del enorme caudal de información que esta clase de desperdicios suponía para los servicios secretos occidentales. No solo proporcionó datos sobre códigos militares, estrategias, tácticas de combate, armamento o vehículos como las nuevas generaciones de tanques soviéticos (los británicos llegaron a desarrollar un nuevo tipo de munición antitanque, el llamado Long-Rod Penetrator, basándose en la información obtenida de esta forma), sino también sobre la moral de las tropas o las relaciones entre el Kremlin, el Ministerio de Defensa y el ejército soviético.

Aunque la Operación Tamarisk pudiera parecer un tanto estrambótica, los expertos la consideran de manera unánime uno de los mayores éxitos de los servicios de inteligencia occidentales durante la Guerra Fría. Como dijo sobre ella el escritor Richard Aldrich, especialista en el espionaje durante esa época, "La Operación Tamarisk fue quizás la operación de inteligencia más productiva llevada a cabo por los británicos durante la Guerra Fría. Aquellos pedazos usados de papel higiénico soviético eran oro puro".