Verba volant, scripta manent

domingo, 23 de marzo de 2025

El Caballero Negro



La teoría del Caballero Negro es una de las más repetidas a lo largo de la red entre aquellos aficionados a los mundos del "misterio" y la ufología. Esta leyenda habla de la existencia en órbita alrededor de la Tierra desde tiempo inmemorial de un satélite de origen extraterrestre, cuya presencia es conocida por las agencias espaciales del mundo pero que se mantiene en secreto.

Como muchas otras leyendas, la del Caballero Negro tiene su origen en la mala interpretación de un hecho real. O de varios, en este caso. A lo largo de los años ha habido una serie de pequeños incidentes, la mayoría explicados a posteriori, que han contribuido en darle forma a la historia tal y como actualmente circula.

La primera de estas incidencias se remonta a 1899. Por aquel entonces el físico Nikola Tesla se encontraba en un laboratorio en Colorado Springs (Colorado), llevando a cabo una serie de experimentos con campos eléctricos y receptores de radio. En uno de sus experimentos Tesla captó una señal que parecía provenir del espacio, y que se repetía con una periodicidad tan exacta que el propio físico creyó que podía tratarse de una señal de una civilización inteligente. En realidad, lo más probable es que Tesla hubiera captado la señal de un púlsar, una estrella de neutrones que gira a gran velocidad emitiendo grandes cantidades de radiación en periodos cortos y regulares. Los púlsares no serían identificados hasta 1968, y curiosamente sus descubridores Jocelyn Bell y Antony Hewish también creyeron que podía tratarse de una señal inteligente, debido a su regularidad.

En 1928 un radioaficionado noruego llamado Jorgen Hals captó desde su casa en Oslo una serie de extraños ecos en su radio, que se sucedían con un notable retraso con respecto a la señal original. Hals fue incapaz de descubrir su origen, incluso tras buscar la ayuda del físico Carl Størmer. Hoy se conoce a esos ecos como Ecos de Largo Retraso (LDE) y se conocen hasta 15 causas naturales que los provocan, incluyendo reflexiones en la magnetosfera y la ionosfera, la reflexión en nubes de plasma procedentes del Sol o la actividad de auroras boreales.

En 1954 Donald Keyhoe, un antiguo piloto del cuerpo de Marines convertido en escritor e investigador del fenómeno OVNI afirmó en una entrevista que las Fuerzas Aéreas sabían de la existencia de dos satélites artificiales orbitando la Tierra (por aquel entonces faltaban todavía tres años para que el primer satélite artificial, el Sputnik 1, fuera lanzado). Por aquel entonces Keyhoe estaba promocionando un libro que acababa de publicar titulado Platillos volantes del espacio exterior, y muchos creen que aquellas declaraciones fueron un intento de conseguir publicidad.

En febrero de 1960 la revista Time publicó que la Armada de los EEUU había detectado un satélite no identificado que se creía era un satélite espía soviético, aunque la URSS negó que fuera suyo. Más tarde se sabría que en realidad se trataba de los restos del Discoverer 8, un satélite de observación lanzado en noviembre del año anterior y que, debido a un fallo al separarse del cohete que lo transportaba, había quedado en una órbita excéntrica lejos del lugar donde se suponía que debía estar. Los restos del Discoverer 8 se destruyeron al entrar de nuevo en la atmósfera en marzo de ese año.

En 1963 se dijo que el astronauta Gordon Cooper había visto un OVNI durante su misión en el Mercury 9 (lanzado el 15 de mayo) y que la estación de seguimiento de Muchea (Australia) había captado con su radar dicho objeto. En realidad, ni la NASA, ni su personal, registró ninguna transmisión en tal sentido, y el propio Cooper ha desmentido la información en numerosas ocasiones.

En 1973 el escritor escocés Duncan Lunan afirmó, tras estudiar los LDEs captados por Hals y otros, que su fuente podría ser una sonda alienígena de 13000 años de antigüedad, orbitando alrededor de la Luna, y que podría proceder de un planeta en órbita alrededor de la estrella Epsilon Boötis. Años más tarde Lunan se retractó de sus conclusiones, tachándolas de "erróneas" y calificando de "no científicos" sus métodos.

Sucesión de fotografías tomadas durante la misión STS-88 que muestran la manta térmica alejándose del transbordador

En diciembre de 1998 la NASA lanzó la misión STS-88, la primera visita de un transbordador espacial (el Endeavour) a la Estación Espacial Internacional. Durante esa misión la NASA publicó un gran número de fotografías tomadas durante el viaje, incluida la que abre este post, y que se ha convertido para muchos "creyentes" en las teorías conspiratorias en la prueba definitiva de la existencia del Caballero Negro. La fotografía muestra un objeto oscuro, de forma irregular, flotando a cierta distancia de la nave. Pero la explicación que da la NASA sobre las imágenes no tiene nada que ver con OVNIs ni nada parecido: se trata, sencillamente, de una manta térmica que se le escapó al astronauta Jerry L. Ross durante un paseo extravehicular. De hecho, en varias fotografías más se la ve alejarse de la nave. Y según la NASA, se quemó al entrar en la atmósfera terrestre.

Y así, cada uno de estos pequeños incidentes, irrelevantes por separado, acabaron moldeando y dando forma a la leyenda del Caballero Negro. Una teoría que, pese a su nula base, sigue siendo ampliamente difundida por según que círculos.

1 comentario:

  1. Ya lo dice una frase, mi pana: 'Lo que nos hace humanos no es la inteligencia, sino la imaginación'. Chévere volver a leer una nueva entrada en tu, para mí, interesante blog. Que por favor, se mantenga tu fe en mantenerlo a flote

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