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| Richard Gustavovich Sorge (1895-1944) |
Richard Gustavovich Sorge nació en Bakú (actual Azerbaiján, entonces parte del Imperio Ruso), el 4 de octubre de 1895, siendo el menor de los nueve hijos de Gustav Wilhelm Sorge, un ingeniero de minas alemán que trabajaba para una empresa petrolera, y su esposa rusa Nina Kobieleva. En 1898, al terminarse el contrato de Wilhelm, toda la familia regresó a Alemania, donde Richard creció y se educó, aunque siempre tuvo presente su ascendencia rusa a través de su madre.
El padre de Sorge era un convencido imperialista y nacionalista alemán, y Richard compartió esta ideología durante su juventud. Por eso en 1914, nada más estallar la Primera Guerra Mundial, Richard se alistó como voluntario en el ejército imperial. Fue herido en 1914, 1915 y 1917; esta última ocasión le valió la pérdida de tres dedos y una cojera de por vida. También la Cruz de Hierro de Segunda Clase por su valor y un licenciamiento con honores por motivos de salud.
Pero el Sorge de después de la guerra no era el mismo que la había comenzado, sino un hombre profundamente desilusionado con una guerra a la que consideraba "sin sentido" y convencido de que su país necesitaba cambios profundos. Durante sus convalecencias había seguido con sus estudios de filosofía y economía, había leído las obras de Marx, Engels o Hilferding, y sus convicciones habían ido gravitando hacia la izquierda, hasta terminar simpatizando con el marxismo. Dos influencias fueron determinantes en esta transición: el padre de una de sus enfermeras, con la que mantuvo una relación, simpatizante comunista; y su tío-abuelo Friedrich Sorge, amigo y colaborador de Marx y Engels, y miembro de la Primera Internacional, al que no llegó a conocer pero cuya figura le fascinaba.
En 1918 Sorge se afilió al Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), bajo cuyas siglas comenzó sus primeras actividades como activista político. En 1919 obtuvo su doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Hamburgo con una tesis sobre las cooperativas, y se afilió al recién creado Partido Comunista de Alemania (KPD). En los siguientes años desplegó una intensa actividad política en ciudades como Hamburgo, Aquisgrán o Solingen. Su militancia comunista le dificultaba conseguir trabajos o mantenerlos durante periodos prolongados, por ello su principal ocupación fue la de escribir para varios periódicos de ideología comunista.
En 1921 se casó con Christiane Gerlach, ex-esposa de uno de sus profesores en la Universidad de Kiel. Sorge fue toda su vida un consumado mujeriego, y siempre tuvo un gran éxito con las mujeres. No era especialmente guapo, pero si atractivo, seductor, insinuante... La propia Christiane definía lo que había sentido al conocerlo: "Fue como si un rayo me atravesara. En ese único segundo, algo despertó en mí que hasta entonces había permanecido dormido; algo peligroso, oscuro, ineludible...". En 1922 el matrimonio se intaló en Frankfurt, donde Sorge siguió trabajando como periodista a la vez que colaboraba con entidades vinculadas al KPD como el Instituto de Investigación Social.
| Osip Aaronovitch Piatnitsky (1882-1938) |
En 1924 Sorge ejerció como anfitrión para una delegación soviética que asistía a un congreso del KPD en Frankfurt. Uno de los miembros de la delegación, Osip Piatnitsky, un alto cargo de la Internacional Comunista o Comintern, quedó gratamente impresionado con su talento y lo invitó a unirse a su organización. Sorge y su esposa se instalaron ese mismo año en Moscú, donde él comenzó a trabajar para el llamado "Departamento de Enlace Internacional" del Cominterm, una sección secreta dedicada a supervisar y financiar a los partidos comunistas de diversos países, asegurándose de su lealtad y obediencia a la URSS, y también a recopilar información para el servicio secreto soviético, el OGPU. En 1925 se afilió al Partido Comunista de la Unión Soviética, adquirió la nacionalidad soviética y comenzó a trabajar para el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú.
En 1929 Sorge fue captado como agente por Yan Berzin, máximo dirigente del servicio de inteligencia del Ejército soviético, el entonces llamado Cuarto Departamento (más tarde, GRU). Tras recibir formación como espía y dos breves misiones en Alemania y Reino Unido, Sorge recibió su primer destino importante: China. Por aquel entonces, China era uno de los "puntos calientes" de la política internacional; y además era la "puerta trasera" de la URSS, con la que compartía miles de kilómetros de frontera. La guerra civil entre los nacionalistas de Chiang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong, y el expansionismo japonés en la zona, que preocupaba especialmente a los soviéticos, eran los objetivos principales de Sorge.
Como tapadera, Sorge regresó brevemente a Alemania, donde consiguió credenciales como enviado del Soziologische Magazin de Berlín y viajó a Shangai, por entonces bajo el control de los nacionalistas. Aprovechando su nacionalidad y su supuesta actividad periodística, Sorge se infiltró con éxito en la numerosa colonia de alemanes expatriados que por entonces vivía en China. Hábilmente, fue creando una red de espías de la que formaban parte otros dos ciudadanos alemanes, Max Christiansen-Clausen (un especialista en radio, también miembro del GRU) y Ursula Kuczinsky (esposa de un arquitecto alemán y amante de Sorge); la periodista norteamericana Agnes Smedley; o el periodista japonés Hotsumi Ozaki. Bajo su tapadera de periodista y supuesto experto en agricultura, viajó frecuentemente por el país, aprovechando estos viajes para entrar en contacto con miembros del Partido Comunista chino. Gracias a su actividad, pudo informar a Moscú de una inminente ofensiva de las tropas nacionalistas a principios de 1931 y de la ocupación de Manchuria por parte de los japoneses en ese mismo año.
En diciembre de 1932, Berzin lo reclamó de vuelta en Moscú. Estaba muy satisfecho con su trabajo; su red de espías funcionaba muy bien y había proporcionado a los soviéticos valiosa información. Estando en Moscú escribió un libro sobre la agricultura en China y se casó con Ekaterina Maximova (se había divorciado de Christiane meses antes), una mujer rusa a la que había conocido en Shangai y que había trabajado para él como traductora. En mayo de 1933 el GRU le asignó un nuevo destino: Japón. El expansionismo del imperio japonés (después de la invasión de Manchuria varios altos mandos del ejército japonés habían abogado por invadir también el extremo más oriental de la URSS) se había convertido en la principal preocupación soviética en cuanto a política exterior, y sus superiores querían que Sorge estableciera en Japón una red de espías similar a la que había creado en China. Allí sería conocido con el nombre clave de Ramsay.
Pero en esta ocasión Sorge iba a necesitar una tapadera más sólida. Así que, audazmente, regresó a Alemania y se afilió al Partido Nazi. Una jugada muy arriesgada, ya que si los nazis averiguaban su condición de agente soviético, o incluso si descubrían su pasado como activista de izquierdas, su vida correría serio peligro. Aún así, Sorge fingió ser un nazi convencido y comenzó a frecuentar los círculos cercanos a los dirigentes del partido. Tal era su preocupación, que, pese a ser toda su vida un gran bebedor, durante esa época dejó el alcohol por completo, temeroso de decir algo inconveniente en estado de embriaguez. Finalmente, logró su objetivo y dos periódicos de Berlín, el Berliner Börsen Zeitung y el Tägliche Rundschau, le nombraron su corresponsal en Japón. Prueba del éxito de su infiltración en el Partido Nazi es que sus amigos del partido celebraron una cena de despedida antes de su marcha a la que asistió el mismísimo Joseph Goebbels.
Sorge llegó a Yokohama el 6 de septiembre de 1933. La misión a la que se enfrentaba era considerablemente más complicada que la de China. En Japón no había agentes soviéticos que pudieran darle apoyo, como en Shangai. Tenía que construir su red desde cero, en un país donde iba estar sometido a una vigilancia mucho más estricta. Pero tuvo un golpe de suerte. Al poco de llegar, el Frankfurter Zeitung, uno de los periódicos más prestigiosos de Alemania, le nombró su corresponsal, lo que contribuyó a fortalecer su posición como periodista.
Con esta carta de presentacion y su encanto personal, a Sorge no le fue difícil ganarse la confianza de la colonia alemana en Tokio, especialmente de los miembros de la delegación diplomática. Descrito por algunos como "el típico nazi, arrogante, bebedor, de fuerte temperamento", el comportamiento aparente de Sorge, fanfarrón, frívolo y mujeriego, le convertía en la última persona de la que se sospecharía que era un agente soviético. Y mientras, poco a poco, iba construyendo su red de informantes. Contactó primero con su antiguo colaborador Ozaki, ahora convertido en un periodista influyente con numerosos contactos en los círculos del poder, hasta el punto de que llegó a ser consejero del primer ministro, Fumimaro Konoe, lo que le daba un acceso privilegiado al gobierno japonés. También pasaron a formar parte de su red el periodista y pintor Yotoku Miyagi y el periodista croata Branko Vukelić, corresponsal del diario serbio Politika y de la agencia de noticias francesa Havas. Finalmente, en el verano de 1935 llegó a Japón su viejo socio Max Clausen, acompañado de su esposa Anna, como encargado de las comunicaciones entre la red de Sorge y Moscú.
Y mientras sus socios japoneses recopilaban información sobre la política nipona, Sorge se convertía en una cara habitual en la embajada alemana. Sus contactos en el gobierno japonés y su profundo conocimiento de la política del Extremo Oriente (hablaba chino y japonés, y conocía bien la historia y la cultura de ambos países), algo que nadie cuestionaba por su labor periodística, le habían convertido en un consejero no oficial de los diplomáticos alemanes, e incluso el embajador Herbert von Dirksen le pedía consejo. El general Eugen Ott, agregado militar de la embajada, se convirtió en uno de sus amigos más cercanos, y le consultaba habitualmente. A su vez Sorge se convirtió en amante de su mujer, Helma, consiguiendo que ella copiase para él algunos de los documentos de Ott (aunque ella nunca supo que era un espía, y creía que era por su labor como periodista). No fue un caso aislado; a lo largo de los años Sorge mantuvo relaciones con las esposas de varios de los diplomáticos alemanes, lo que le abrió muchas puertas que la simple amistad con sus maridos no le había permitido.
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| Hanako Ishii (1911-2000) |
No fueron casos aislados; la agitada vida sentimental de Sorge incluía una retahíla constante de amantes, japonesas y extranjeras, algunas como parte de su labor y otras, simplemente por su carácter mujeriego. En 1935 conoció a una joven cantante y camarera llamada Hanako Ishii, que pronto se fue a vivir con él y permaneció el resto de su vida a su lado, aunque era plenamente consciente de las numerosas aventuras de Sorge. Su actividad amorosa, así como su afición a la bebida (llegó a tener más de un accidente con su motocicleta por conducir borracho) contribuyeron a disipar las sospechas que pudiera haber sobre él, y le permitieron seguir con su labor durante años sin ser descubierto, a pesar de vivir a apenas unas manzanas de la sede de la Tokubetsu Kōtō Keisatsu, la policía especial japonesa dedicada a vigilar la actividad de los partidos políticos.
Sorge había creado su red siguiendo una serie de directrices que luego serían habituales en el espionaje soviético. Para empezar, se organizaba en células independientes, cuyos miembros no se conocían entre si; si una célula caía, las otras permanecían a salvo. Segundo, no mantener ningún tipo de contacto con los partidos comunistas locales, fueran o no legales, ya que con toda probabilidad las autoridades los tendrían bajo vigilancia; y tampoco con el personal diplomático soviético. Y tercero, no tener ningún miembro soviético en su red, porque eso atraería una atención innecesaria; si necesitaban de algún agente soviético, este debería tener documentación falsa de otro país.
En 1936 se produjo en Tokio un intento de golpe de estado llevado a cabo por un grupo de jóvenes oficiales. Nadie de la embajada alemana sabía quienes eran los rebeldes, o cuales eran sus motivaciones, así que recurrieron a Sorge. Fue Sorge el que elaboró el informe que Dirksen envió a Berlín, en el que explicaba que los revolucionarios no tenían motivaciones izquierdistas, sino que eran jóvenes oficiales miembros del Kōdōha, una facción ultraconservadora que preconizaba el retorno a los valores tradicionales y a un Japón preoccidentalizado, y la restauración del poder absoluto del emperador. Un informe que le valió al embajador grandes elogios.
La red de Sorge funcionaba perfectamente, recopilando información que luego Clausen enviaba cifrada a Moscú por radio. Como tapadera, Sorge y Clausen habían creado una empresa de copia de fotografías y documentos que había tenido un gran éxito, y que no solo servía para ocultar las actividades de espionaje, sino que financiaba buena parte de sus gastos con sus beneficios. Entre sus logros estuvo el de informar de la firma del llamado Pacto Anti-Comintern, el tratado entre Japón y Alemania contra la Internacional Comunista; advertir a Moscú por anticipado del inicio en 1937 de la Segunda Guerra Sino-Japonesa; e informar al ejército soviético de los planes japoneses durante el llamado Incidente de Jaljin Gol, un enfrentamiento no declarado entre tropas soviéticas y japonesas en la frontera entre Mongolia y el estado títere de Manchukuo.
Cuando en 1938 el embajador von Dirksen regresó a Europa para ser nombrado embajador alemán en Londres, el general Ott fue nombrado nuevo embajador, y una de sus primeras decisiones fue nombrar a Sorge su consejero, con su propio despacho en la embajada. Por aquel entonces Ott ya era consciente de la aventura que su mujer mantenía con Sorge, pero los conocimientos del periodista le resultaban tan útiles (en más de una ocasión fue Sorge el que escribió los informes sobre la situación política en Japón que luego Ott enviaba a Moscú como suyos) que prefirió hacer la vista gorda. Era tal su confianza en Sorge, que incluso le utilizó como mensajero para llevar mensajes secretos a los consulados alemanes en Hong Kong, Manila o Canton.
El momento culminante de la misión de Sorge en Japón llegó cuando en mayo de 1941 envió un comunicado urgente informando de que los alemanes estaban preparando una gigantesca concentración de tropas (entre 150 y 170 divisiones) cerca de la frontera soviética y que era inminente una invasión del territorio soviético en torno al 20 de junio. Pero sin embargo esta información fue recibida con frialdad y escepticismo. Stalin confiaba ciegamente en que los alemanes respetarían el acuerdo Ribbentropp-Molotov de no agresión, y exigió a Sorge que enviara copias de los documentos que probaban esa información. Sorge respondió que podía enviarlos a través de un colaborador en Shangai, pero que llevaría tiempo y era necesario empezar ya con los preparativos de defensa. Arriesgándose a ser descubierto, Sorge se comunicó directamente por radio con Moscú para intentar convencer a sus superiores. Pero Stalin, que además detestaba a Sorge, no le creyó. "No voy a creer a un pervertido que organiza fábricas y burdeles en Japón", cuentan que dijo. La invasión se produjo, tal y como Sorge había advertido, el 22 de junio. El agente había seguido enviando avisos para advertir a Moscú; el último, el día anterior a la invasión.
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| Madrugada del 22 de junio de 1941. Josef Stalin acaba de ser informado de que las tropas alemanas han comenzado la invasión de la Unión Soviética. |
Stalin nunca admitió el terrible error que había cometido, y que le costó a la Unión Soviética un enorme precio en vidas. Pero aún iba a necesitar de Sorge algo que solo él podía conseguir. Tras la invasión el avance alemán parecía imparable. Las tropas soviéticas en Europa necesitaban refuerzos urgentemente; pero esos refuerzos sólo se podían obtener trasladando parte de las tropas encargadas de la defensa del extremo oriental de la Unión Soviética. Trasladar esas tropas suponía dejar Siberia desprotegida en caso de un ataque japonés, quedando el Ejército Rojo entre dos frentes. El alto mando soviético necesitaba saber con absoluta certeza que los japoneses no atacarían a la URSS aprovechando esta debilidad. Y la red de Sorge era la única que podía averiguarlo.
Por aquel entonces dos corrientes opuestas se enfrentaban en el alto mando japonés. Una de ellas era partidaria de invadir la Unión Soviética, como les pedía Adolf Hitler. La otra rechazaba esta idea, argumentando que el verdadero objetivo de la expansión japonesa tenía que ser el Pacífico Sur y las colonias británicas, francesas y holandesas en Indochina. Durante meses se sucedieron las discusiones, y el 25 de agosto Sorge informó de que el alto mando japonés había descartado atacar la Unión Soviética en ese año. Finalmente el 14 de septiembre Sorge enviaba un mensaje definitivo a Moscú: "La posibilidad de un ataque japonés, que existía hasta hace poco, ha desaparecido. Japón no atacará a menos que las tropas alemanas hayan tomado Moscú, el ejército japonés en Manchuria supere a las fuerzas soviéticas orientales en una proporción de 3 a 1 y se haya producido un levantamiento popular en Siberia contra las autoridades soviéticas". Inmediatamente, Stalin ordenó el traslado al frente europeo de la mitad de las tropas soviéticas en la frontera de Manchukuo: quince divisiones de infantería, tres de caballería, mil quinientos tanques y otros tantos aviones.
Pero la posición de Sorge comenzaba a estar comprometida. El agente de la Gestapo destinado en la embajada alemana, Josef Albert Meisinger, había comenzado a investigarlo y, aunque luego acabó por desechar esas sospechas, Sorge sentía que en cualquier momento podía ser descubierto. En su último mensaje solicitaba ser enviado de vuelta a Alemania para continuar allí su misión, ya que "el territorio soviético podía considerarse a salvo de un ataque japonés". Sin embargo, ya era tarde. Su red cayó por pura casualidad; uno de sus colaboradores secundarios fue arrestado por la Kempeitai, la policía militar japonesa, durante una redada anticomunista. Él delató a Miyagi, el cual a su vez delató bajo tortura a Ozaki y a Sorge. Ozaki fue detenido el 14 de octubre y el 18 caían Sorge, Clausen y Vukelić.
Curiosamente, en los primeros momentos el general Ott creyó que el arresto de Sorge se debía a un error, o a que había proporcionado información sensible a la propia embajada alemana, y los propios japoneses creían que espiaba para el gobierno alemán. Sorge admitió ser un espía soviético tras ser torturado, y acordó con los japoneses una confesión completa a cambio de que no se presentaran cargos contra Hanako ni contra las esposas de sus colaboradores. Los japoneses ofrecieron en tres ocasiones a los soviéticos intercambiar a Sorge por uno de sus agentes; la respuesta fue la misma las tres veces: "No conocemos a Richard Sorge". Su esposa Ekaterina murió en 1943, en un gulag al que había sido deportada por el NKVD como sospechosa de ser una espía alemana, por estar casada con un ciudadano alemán (aunque este fuera un agente del GRU).
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| Spy Sorge, película japonesa de 2003 sobre Richard Sorge y su red de espías |
Richard Sorge y Hotsumi Ozaki fueron ahorcados el 7 de noviembre de 1944 en la cárcel tokiota de Sugamo. Debido a la escasez de combustible el cadáver de Sorge no fue incinerado sino que se le enterró en una fosa común en el cercano Cementerio Zoshigaya. Miyagi había muerto en prisión el año anterior, a causa de la tuberculosis que padecía, mientras que Clausen y Vukelić fueron condenados a cadena perpetua, aunque Vukelić murió en prisión en 1945. Clausen fue puesto en libertad por las tropas norteamericanas tras la rendición de Japón; él y su mujer abandonaron Japón en 1946, se instalaron en la Repúblic Democrática de Alemania y vivieron en Berlín el resto de su vida.
En 1949 Hanako Ishii obtuvo permiso para exhumar los restos de Sorge, que pudo reconocer gracias a su dentadura y sus heridas de la Primera Guerra Mundial. Hizo incinerar el cuerpo y conservó algunos de sus objetos personales; entre ellos, sus dientes de oro, con los que hizo que le fabricaran un anillo, que llevó el resto de su vida. Sus cenizas las enterró en una tumba del cementerio de Tama, bajo una placa de mármol con el epitafio en japonés "Aquí yace un héroe que sacrificó su vida luchando contra la guerra y por la paz mundial". Cuando ella murió, en el año 2000, hizo que sus cenizas fueran enterradas junto a las de Sorge.
Las acciones de Sorge permanecieron desconocidas para el gran público hasta los años 50. La Unión Soviética no reconoció públicamente su labor hasta 1964, cuando le otorgó de manera póstuma el título de Héroe de la Unión Soviética y concedió a Hanako Ishii una pensión vitalicia. El escritor británico Ian Fleming, creador de James Bond, llegó a decir que "Sorge es el hombre al que yo considero el espía más formidable de la historia".
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