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domingo, 10 de marzo de 2024

Cuando la Unión Soviética ayudó a construir el avión espía norteamericano más avanzado

Lockheed SR-71 Blackbird


El 1 de mayo de 1960 un avión espía U-2 "Dragon Lady" norteamericano, que había despegado de una base secreta en Badaber (Pakistán) era derribado por un misil antiaéreo S-75 Dvina sobre la región de los Urales, tras fotografiar instalaciones secretas del ejército soviético. Aunque en un primer momento los norteamericanos afirmaron que se trataba de un avión de investigación meteorológica que se había desviado de su rumbo debido a una indisposición de su piloto, los soviéticos exhibieron triunfantes los restos del avión y al propio piloto, Francis Gary Powers, que había sobrevivido al derribo, dejando así en evidencia la falsedad de la versión de los norteamericanos.

Este suceso provocó un terremoto en las Fuerzas Aéreas norteamericanas, que hasta entonces creían que los U-2, por su elevado techo de vuelo (más de 21000 metros) eran capaces de eludir no solo a los aviones y misiles soviéticos, sino también a sus radares, siendo virtualmente invisibles. Y ahora veían que no era así. Por eso decidieron que necesitaban un nuevo avión espía para sus misiones sobre zonas comprometidas. Y encargaron su diseño y construcción a la empresa Lockheed, la misma que había diseñado y construido el U-2. Y la Lockheed pasó el encargo a los ingenieros de Skunk Works.


Skunk Works (oficialmente, Programas de Desarrollo Avanzado) es el departamento de la Lockheed responsable de investigaciones y diseños novedosos. Empezó a funcionar a finales de los años 30 y su modelo (un grupo dentro de una empresa con un alto grado de autonomía, dedicado a proyectos avanzados o secretos) sería luego imitado por otras compañías. Debe su peculiar nombre ("Trabajos de mofeta") a una broma interna: en la tira cómica Li'l Abner, obra del dibujante Al Capp, hay un personaje llamado Big Barnsmell que, en el interior de una fábrica en ruinas con el rótulo "Skonk Works", se dedica a destilar un misterioso licor a base de mofetas muertas, zapatos viejos y otros objetos, provocando un pestilente olor. En los dos primeras instalaciones que ocupó el departamento (en una antigua destilería y en una nave industrial junto a una fábrica de plásticos) los miembros del equipo tenían que soportar fuertes y desagradables olores, así que un ingeniero llamado Irv Culver empezó a modo de broma a responder al teléfono diciendo "Skonk Works, habla Culver". La broma tuvo éxito y, pese a algunas reticencias por parte de sus superiores, en los años 60 se acabó por adoptar el nombre "Skunk Works" como pseudónimo oficial de la sección.

Los requerimientos de las Fuerzas Aéreas para el nuevo avión no eran en absoluto sencillos. Querían que pudiera volar por encima de los 90000 pies (27400 metros) y alcanzar una velocidad de Mach 3 (3600 kilómetros/hora, más de cuatro veces la del U-2) de forma sostenida. Y además, que fuera lo más invisible posible a los radares. Era un auténtico reto para los ingenieros, que debían rediseñar buena parte de los componentes del avión e incluso crear otros desde cero. De la dirección del proyecto se encargó el ingeniero Kelly Johnson, que ya había sido responsable del diseño del U-2.

A-12 OXCART

Por aquel entonces Skunk Works ya tenía avanzado el diseño de un avión similar por encargo de la CIA, el A-12 OXCART, cuyo nombre en clave era "Archangel" y en cuyos diseños se basaría el futuro avión espía. Al nuevo proyecto se lo llamó inicialmente B-71, como sucesor del bombardero supersónico B-70, aunque luego se cambió el nombre por el de RS-71 (Reconnaissance-Strike, Reconocimiento y ataque), que luego se convertiría en SR-71, apodado Blackbird ("Mirlo") por su forma y su color negro. A raiz de su estancia en bases de Okinawa también sería llamado Habu, el nombre de una serpiente venenosa local con la que tenía cierto parecido.

El nuevo avión presentaba toda una serie de novedades técnicas, muchas de ellas obligadas por las elevadísimas temperaturas que debía soportar debido a la fricción del aire cuando volaba a alta velocidad. Se rediseñó su forma para que permitiera una aceleración tan elevada y a la vez para que reflejara las señales del radar. Los motores se movieron al medio del ala, y se desarrolló una pintura con compuestos absorbentes que contribuía a hacerlo menos detectable. Se diseñaron unos motores específicos, los Prat & Whitney J58, un motor híbrido (un turborreactor convencional dentro de un estatorreactor) con cámara de postcombustión que fue el primer motor homologado por las Fuerzas Aéreas para volar a Mach 3 (aunque, debido a un retraso en su desarrollo, las primeras unidades de SR-71 montaron otros motores menos potentes, los Pratt & Whitney J75). Como lubricante usaban una grasa de silicona sólida a temperatura ambiente, que necesitaba ser calentada antes del despegue. También debido a las enormes temperaturas que debía soportar (que multiplicaban el peligro de un incendio o explosión) se desarrolló un nuevo combustible, el JP-7, con un punto de ignición tan alto que se podía apagar una cerilla en él sin que se incendiara y necesitaba una inyección de trietilborano, un compuesto altamente pirofórico, para encenderse.

El fuselaje en si no encajaba perfectamente en estado de reposo; habían dejado una distancia entre cada panel para que pudiera dilatarse durante el vuelo. De hecho, el avión se calentaba tanto durante sus misiones que, una vez aterrizaba, había que esperar un tiempo prudencial para que se enfriara antes de que nadie pudiera acercarse a él. También requirió un sistema de navegación especialmente diseñado: un navegador astro-inercial, fabricado por la empresa Nortronics, en el que un ordenador registraba la posición de 56 estrellas para establecer la posición y el rumbo del avión.

Uno de los principales retos del diseño del Blackbird fue decidir el material con el que se construiría. Tras varias pruebas, se determinó que la mejor opción era una aleación de titanio, ligera, sólida y resistente al calor. Pero había un problema: la construcción de los SR-71, que eran titanio en más de un 90%, requería grandes cantidades del metal. Más del que la Lockheed podía obtener en Estados Unidos. Había que buscarlo fuera de sus fronteras. Y en aquel momento el principal exportador mundial de titanio era... la Unión Soviética. Los norteamericanos iban a tener que negociar con sus grandes enemigos... para obtener el material para construir el avión con el que espiar a sus grandes enemigos.

A nadie se le escapaba que, si los soviéticos se enteraban que la principal proveedora de aviones para la Fuerza Aérea norteamericana estaba comprando grandes cantidades de titanio, sospecharían de inmediato que algo extraño estaban tramando. Pero no había otra manera de obtener la cantidad de titanio que necesitaban sin recurrir a la URSS. Así que intervino la CIA: en tiempo récord, organizó una compleja trama que, mediante una red empresas fantasma, con sede en países del Tercer Mundo, comenzó a comprar importantes cantidades de rutilo (un óxido de titanio del que se obtiene el metal) de la Unión Soviética, poniendo todo tipo de excusas (se dice que asegurando incluso que el metal era para fabricar hornos para pizzas) para que los soviéticos no se dieran cuenta de que detrás de todas aquellas operaciones había un único comprador. Y de este modo, la Lockheed obtuvo todo el titanio que necesitaba para sus aviones, sin llamar la atención.

El SR-71 hizo su primer vuelo el 22 de diciembre de 1964, en la base de Groom Lake (Nevada), conocida popularmente como Área 51 (el Archangel había volado por primera vez en abril del 62) y sus primeras unidades entraron en servicio en enero de 1966. Permanecieron en activo hasta 1990, acumulando más de 3500 misiones y más de 53400 horas totales de vuelo, siendo retirados debido a sus elevados costes y al uso de satélites y aviones no tripulados, más baratos y con mejor rendimiento. Regresaron al servicio en 1995, antes de ser definitivamente retirados en 1998. Algunas unidades siguieron en activo hasta 1999 llevando a cabo misiones de investigación para la NASA.

Como curiosidad, tras su retirada el ejército americano nunca ha admitido haber puesto en servicio un avión para reemplazar al Blackbird. Sin embargo, se ha extendido el rumor de la existencia de un avión hipersónico (capaz de alcanzar Mach 5) cuyo nombre en clave sería Aurora, y al que algunos testigos afirman haber visto volando sobre el Mar del Norte.

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