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| Francisca Cañadas Morales (1908-1987), la novia |
A Francisca Cañadas Morales la llamaban "Frasquita" porque a su padre, Francisco Cañadas, lo apodaban "el tío Frasco". Otros, despectivamente, la llamaban "Paca la Coja", porque tenía tal defecto. Su familia decía que era a causa de haber padecido poliomielitis de niña; en realidad, había sido su padre el que, cuando todavía era una niña de cuna, la había azotado violentamente para que dejara de llorar, causándole un daño irreparable en una cadera.
Imposibilitada para las labores del campo, Francisca había aprendido a coser y a bordar, y a gobernar la casa. Su padre, el Frasco, llevado por el sentimiento de culpa por haber dejado lisiada a su hija, la crió con mimo y condescendencia. Y cuando llegó a la edad en la que había que ir pensando en casarla, ofreció una muy generosa dote al hombre que la quisiera como esposa: 3500 pesetas de la época, tierras de cultivo y un pequeño cortijo llamado El Hualix. Una cantidad elevada para una familia humilde como la del Frasco, pero necesaria porque, como solía decir la madre de Francisca, muerta cuando la niña tenía ocho años, "¿Quién se va a casar con una coja?".
Aún así, no aparecieron candidatos a la mano de Francisca, y eso lo aprovechó su hermana mayor, Carmen, para arreglar el compromiso con su cuñado Casimiro. Casimiro Pérez, hermano del marido de Carmen, José, era un par de años mayor que Francisca, y todos lo describen como un hombre honrado, trabajador y algo ingenuo. No es que le entusiasmara Francisca (que era delgada, desgarbada y con la dentadura prominente) pero no le hacía ascos a la buena dote. Y ambas familias cerraron el trato, que aparentemente beneficiaba a todos: Casimiro se quedaba a vivir con su familia política en su cortijo, el dinero seguía dentro de la familia, y Francisca... bueno, Francisca conseguía por fin un marido.
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| Casimiro Pérez Pino (1906-1990), el novio engañado |
La fecha de la boda queda fijada para la noche del 22 al 23 de julio de 1928. Francisca tiene veinte años; Casimiro, veintidós. El banquete se celebraría de madrugada, y la boda con las primeras luces del alba; de ese modo, los hombres podrían irse a trabajar después de la ceremonia y no perderían un día de trabajo. El lugar, el Cortijo del Fraile, en Níjar (Almería), propiedad de la acaudalada familia Acosta, que el Frasco y su familia tienen arrendado. En el banquete, como es tradición, hay buñuelos, garbanzos tostados, vino en abundancia y dos borregos que el Frasco ha hecho sacrificar para la ocasión. Todos parecen contentos. Todos... salvo la novia, que lleva tiempo de un humor sombrío. Ella nunca ha estado conforme con casarse con Casimiro; ha aceptado por la influencia de su familia, pero hay otro hombre que ocupa sus pensamientos y su corazón: su primo Curro Montes.
Francisco Montes Cañadas es cuatro años mayor que Francisca. Es guapo, simpático y tiene fama de mujeriego. Dicen que él y Francisca habían tenido un coqueteo unos años atrás; algo inocente, un tonteo de adolescentes que no había llegado a más. Pero ella nunca había dejado de estar prendada de su atractivo primo.
La noche de la boda Curro acude a la fiesta, como muchos otros. Francisca y Casimiro, vestidos con sus trajes de boda, reciben a los invitados. En un momento dado, Casimiro se siente indispuesto; los nervios, quizá, o el vino. Francisca le dice que se acueste en una de las habitaciones del cortijo. Y cuando se queda a solas, Curro pasa a la acción. A él no le atraía su prima de la misma manera que él a ella, pero la dote era un gran tentación. Empieza a hablarle a Francisca para convencerla de que no continúe con la boda, de que Casimiro no es hombre para ella, de que nunca la hará feliz. Le pide que se vaya con él, que se fugue y deje plantado a su novio, para que los dos puedan casarse. Y le pinta un hermoso futuro para ambos: la familia de Curro tiene propiedades, y con las tierras que él va a heredar y la dote de ella, pueden tener su propio cortijo y vivir cómodamente, sin necesitar nada de nadie. Francisca al principio se resiste, pero no tarda en ceder: "Llévame contigo. Ahora o nunca".
A toda prisa Francisca recoge algunas prendas y las envuelve en un hatillo, y vestida todavía de novia, se va con Curro en su caballo, sin que nadie se de cuenta, rumbo a Los Pipaces, el cortijo de la familia de él, donde piensan que estarán a salvo. Pero su ausencia no tarda en ser descubierta. Es Carmen, la hermana de la novia, la que da la voz de alarma, tras buscarla y no encontrarla en el cortijo. Consuelo, la hermana pequeña de ambas, pide que miren en el pozo, temerosa de que Francisca haya hecho alguna locura. Carmen se burla de ella y le responde que miren también en la chimenea, por si está escondida allí. Pero no tarda en descubrir que falta otra persona: Curro Montes. De inmediato comprende lo que ha pasado, y una furia incontenible se apodera de ella. Lo que ha hecho Francisca es una deshonra imperdonable para ambas familias. Llevada por la ira (y también, quizá, por el resquemor porque su padre haya ofrecido por Francisca una dote muy superior a la suya) corre en busca de su marido, al que le explica lo que le ha pasado y le insta a salir en persecución de los fugitivos. José coge su revólver, y, a caballo y con Carmen sentada a la grupa, sale del cortijo.
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| José Pérez Pino, el asesino |
Curro y Francisca llevan cierta ventaja, pero viajan con calma, creyendo que aún nadie sabe de su huida. José y Carmen, por su parte, espoleados por el afán de venganza, azuzan a su caballo para que corra lo más que pueda. A unos ocho kilómetros del cortijo, en un lugar llamado Cañada Honda, en el camino de la Serrata, los perseguidores dan alcance a la pareja. No hay discusiones ni avisos: al llegar a su altura, José tira de revólver y dispara tres veces contra Curro, matándolo en el acto. Mientras, Carmen se abalanza sobre su hermana, echándole las manos al cuello y estrangulándola hasta que queda inerte. Y entonces ambos, creyendo cumplida su justificada venganza, regresan al cortijo.
Al lugar del suceso llegan poco después dos viajeros. Hay dos versiones: una dice que se trata del hermano de Curro y de su esposa; según la otra, son su padre y una hermana menor. Como sea, los recién llegados ven que Curro está muerto, pero que Francisca solo está desmayada. Cuando logran revivirla, Francisca sufre un ataque de histeria, se niega a responder sus preguntas y pide que la maten a ella también.
La Guardia Civil es alertada y no tarda en llegar al lugar. Su primera decisión es arrestar a Francisca. A continuación, se van hasta el cortijo y arrestan a Casimiro, que no se había enterado de nada. Sin embargo, nadie quiere hablar con las autoridades de lo sucedido. Todos lo saben, pero lo consideran un crimen por honor, un asunto familiar, y se callan. La propia Francisca en un primer momento alega que ha sido un grupo de hombres enmascarados los que los han atacado. No es hasta que es llevada a declarar ante un juez cuando se derrumba y confiesa la implicación de su hermana y su cuñado.
José Pérez admite su culpabilidad y es sentenciado a ocho años de cárcel, por homicidio con los atenuantes de ofuscación y arrebato. Cumplirá solo tres, ya que en 1931 se beneficiará de la amnistía decretada tras la proclamación de la Segunda República, aunque morirá de tifus poco después de quedar en libertad. Contra su mujer Carmen no se llegan a presentar cargos; tiene dos hijos pequeños que quedarán desamparados si ambos progenitores van a la cárcel. Ni la propia Francisca la acusa. Casimiro se va de Níjar y se instala en San José, a unos 20 kilómetros. Se casará y tendrá dos hijos, y morirá en 1990, sin volver a ver a Francisca ni querer hablar de lo sucedido. En cuanto al Frasco, él y su familia dejarán el Cortijo del Fraile, huyendo de los malos recuerdos. El Frasco se casará más adelante con una joven de 22 años, con la que tendrá otros dos hijos.
¿Y qué pasó con Francisca? Señalada como la culpable de la tragedia, soportará una brutal campaña de injurias por parte de la prensa de la época, que ha convertido el crimen en noticia de portada, despertando el interés en toda España e incluso más allá de sus fronteras. Fea, dentuda, veleidosa, voluble, promiscua, son algunos de los epítetos que le dedicarán los periódicos. Se instala sola en el Hualix, donde pasará el resto de su vida, sin apenas salir de su casa más que para ir a la iglesia, vistiendo de luto (la Pena Negra) como recuerdo de la muerte de Curro. Nunca se casará, ni tendrá relación alguna con otro hombre. Vivirá en completa soledad, salvo en sus últimos años cuando, ya enferma, una sobrina suya también llamada Francisca se irá a vivir con ella para cuidarla. Tampoco tendrá casi ninguna relación con el resto de su familia. Con su padre apenas volverá a hablar. Con su hermana Carmen, a pesar de que esta vive a poca distancia de ella, solo volverá a hablar en una ocasión: estando Francisca en cama, enferma, su hermana llega a su casa y, pese a la oposición de su sobrina, se encuentra con Francisca para pedirle perdón. Ella la perdonó, pero no quiso volver a verla nunca más. Convertida en un personaje esquivo y huraño, negándose a conceder entrevistas a periódicos y revistas que cada cierto tiempo revivían la memoria de aquel crimen, murió en 1987.
Aún quedan puntos oscuros en todo lo sucedido, que ni los implicados ni sus familias quisieron jamás aclarar, deseosos de que todo el asunto se olvidara. Se dice que Curro actuó incitado por su madre, a la que estaba muy apegado, y que según contaban algunos le dijo a una vecina el día de la boda que no iba a asistir porque "a lo mejor la boda se celebra en mi casa". También se rumoreaba que el Frasco estaba al tanto de la fuga y había dado su consentimiento, sabiendo que Francisca estaba enamorada de Curro.
Convertido en uno de los crímenes más famosos de su época, el crimen de Níjar no solo fue ampliamente tratado en la prensa, sino que sirvió de inspiración para una de las obras más famosas de la literatura española de principios del siglo XX. El poeta Federico García Lorca supo del caso como muchos otros por los periódicos y quedó desde un primer momento fascinado con la historia: cuentan que dijo "Que prodigios trae la prensa. Es una historia difícil de inventar" y acto seguido llamó a su amiga la actriz Margarita Xirgú para anunciarle que ya tenía argumento para su siguiente obra. Aunque en realidad no la escribiría hasta 1931 y no la estrenaría hasta 1933: una obra de teatro llamada Bodas de Sangre, que Xirgú protagonizaría en su estreno en Barcelona, y en 1938 cuando fue llevada al cine. La escritora Carmen de Burgos también escribió su propia versión del crimen: una novela titulada Puñal de Claveles, publicada en 1931.

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