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domingo, 25 de enero de 2026

El hundimiento del Blanche-Nef

El hundimiento del Blanche-Nef

Corría el año de 1115 cuando el rey de Inglaterra, Enrique I, desembarcó en Normandía con su ejército para sofocar una rebelión que había estallado apoyada por el rey Luis VI de Francia y los condes Balduino VI de Flandes y Fulco V de Anjou. Enrique se había proclamado duque de Normandía en 1106 tras derrotar a su hermano Roberto en la batalla de Tinchebray (Roberto pasaría el resto de su vida como prisionero). Ahora, los rivales de Enrique se habían unido para apoyar las aspiraciones al trono normando de Guillermo Clito, hijo de Roberto.

La guerra fue larga y agotadora, y obligó a Enrique a permanecer varios años sin volver a Inglaterra, ni siquiera para asistir al entierro de su esposa Matilde de Escocia en 1118. Finalmente, las tropas de Enrique lograron una gran victoria sobre el ejército rebelde, formado fundamentalmente por soldados franceses, en la batalla de Brémule, el 20 de agosto de 1119. Tras la batalla ambos reyes abrieron negociaciones y finalmente en junio de 1120 alcanzaron un acuerdo de paz que zanjó las disputas: el rey Luis reconocía al hijo y heredero de Enrique, Guillermo Adelin, como legítimo heredero del ducado, a cambio de que Guillermo le rindiera homenaje como gesto de pleitesía. 

Guillermo Adelin o Ætheling (1103-1120)

Tras permanecer unos meses más en el continente, resolviendo algunos asuntos y "disciplinando" a los nobles normandos rebeldes, Enrique decidió que ya era hora de regresar con los suyos a Inglaterra, y a finales de noviembre de 1120 se dispuso a embarcarse. Entre los barcos que tenía a su disposición estaba el Blanche-Nef (Barco Blanco), uno de los navíos más modernos, rápidos y elegantes de la flota inglesa. Era un barco de tipo vikingo, impulsado a vela y a remo, con una tripulación de unos cincuenta marineros y una capacidad de alrededor de trescientas personas. Era propiedad de Thomas FitzStephen, un experimentado marino que también ejercía como capitán. FitzStephen era hijo de Stephen FitzAirard, que había sido capitán del Mora, el buque insignia de la flota con la que el padre de Enrique I, Guillermo I el Conquistador, había trasladado a su ejército desde Normandía hasta Inglaterra para hacerse con el trono inglés.

El plan original era que el rey embarcara en el Blanche-Nef; pero finalmente decidió utilizar otro barco y ceder el buque de FitzStephen a su hijo Guillermo, quien pese a tener solo diecisiete años se había distinguido durante la campaña. Con él se embarcó también su séquito, del que formaban parte entre otros dos de sus hermanastros, dos de los muchos hijos ilegítimos que el rey Enrique había tenido con sus numerosas amantes: Ricardo de Lincoln, que había luchado brillantemente a las órdenes de su padre, y Matilda FitzRoy, condesa de Perche. Y también lo hicieron numerosos nobles ingleses que quisieron viajar con el príncipe. La guerra había sido larga, muchos llevaban años fuera de sus hogares y ansiaban regresar cuanto antes a casa. Además, hacer el viaje en un barco famoso como el Blanche-Nef y en compañía del heredero era cuestión de honor y prestigio.

Al final el número de aspirantes a viajar en el Blanche-Nef era tan elevado que no todos pudieron conseguir un sitio a bordo. Algunos fueron desembarcados a la fuerza, como Esteban de Blois, conde de Boulougne y sobrino del rey Enrique (dependiendo de las fuentes, unos dicen que porque estaba completamente borracho y otros porque sufría de diarrea). Una decisión que luego tendría una notoria influencia en la historia de Inglaterra. Otros, como Rabel II de Mauduit, hijo del chambelán del rey Roberto I de Mauduit (que si iba a bordo), lo hicieron porque temían por la seguridad del barco, que a su juicio iba demasiado cargado. Tampoco iba a bordo la esposa del príncipe Guillermo, Matilde de Anjou, hija de Fulco V, con la que se había casado el año anterior en Lisieux, y que viajó en otro barco. De este modo, finalmente, cuando el Blanche-Nef partió del puerto de Barfleur la tarde del 24 de noviembre de 1120, iban a bordo más de 300 personas, entre marineros y pasajeros, incluidos al menos 140 nobles de algunas de las más distinguidas familias de la aristocracia inglesa.

El Blanche-Nef

El barco partió entre risas y celebraciones. Los pasajeros, felices por regresar a su patria, festejaban y brindaban por tan gozoso viaje. La bebida corría en abundancia, y el príncipe Guillermo, pese a las reticencias de Thomas FitzStephen, ordenó que también se repartiera vino a los marineros para animarlos, una decisión quizá no demasiado acertada. Aquellos nobles ruidosos animaban también a FitzStephen y a su tripulación a navegar lo más rápido posible, con la intención de tratar de adelantar al navío en el que viajaba Enrique I, que había partido algo antes que ellos. Quizá fue por eso por lo que el capitán eligió bordear la Punta de Barfleur, el cabo que constituye el extremo noroccidental de la península de Cotentin, una zona cuyas traicioneras corrientes y afloramientos rocosos convertían la navegación por aquellas aguas en un riesgo. La oscuridad de la noche, que caía con rapidez en aquellas fechas, las prisas y la falta de atención se conjuntaron para provocar una tragedia que pasaría a la historia.

Enrique I de Inglaterra (1068-1135)

Apenas habían recorrido unas millas tras salir del puerto cuando el costado de babor del barco chocó con un afloramiento rocoso conocido como Quillebœuf, que provocó el rápido hundimiento del barco. Decenas de personas fueron a parar a las frías aguas del Atlántico, en una época en la que pocos eran, incluso entre los marineros, los que sabían nadar. Guillermo Adelin logró subirse a un pequeño bote y pudo haberse salvado si se hubiera alejado hacia la costa, pero en medio del caos oyó a su hermanastra Matilda pidiendo auxilio y trató de salvarla. Decenas de náufragos desesperados trataron de subirse al bote y acabaron por hacerlo volcar, ahogándose todos. Thomas FitzStephen, que si sabía nadar, dicen que cuando supo que el príncipe había perecido prefirió ahogarse antes que enfrentarse a la cólera del rey. Al final hubo un único superviviente: un carnicero de Rouen llamado Beroldo, que se encontraba a bordo para tratar de cobrar el dinero que le debían varios de los pasajeros, y que logró permanecer agarrado a una roca hasta que a la mañana siguiente lo rescataron unos pescadores.

El hundimiento supuso una tragedia inédita para la nobleza inglesa. Además del príncipe heredero y sus dos hermanastros, perecieron en el naufragio docenas de nobles, la flor y nata de la aristocracia anglonormanda. Fallecieron por ejemplo Ricardo d'Avranches, conde de Chester; su esposa Lucia-Mahaut de Blois (sobrina de Enrique I); su hermanastro Ottuel; y su cuñado Geoffrey Ridel, barón de Whiteringe. Gilberto d'Aigle, vizconde de Exmes, y sus hijos Geoffroy y Engenulfo. William Bigod, hijo del conde de Norfolk y mayordomo real. Rafael de Pont-Echanfrey, conocido como "Rafael el Rojo", un caballero de fortuna que había salvado a Ricardo de Lincoln de ser capturado en los recientes combates. Ivo II de Grandmesnil y su hermano William, miembros del séquito real e hijos de Ivo de Grandmesnil, sheriff de Leicester. Dos de los hijos de Roger, obispo de Coutances. Y también Teodorico, sobrino nieto del emperador Enrique V del Sacro Imperio Romano Germánico. La esposa de Guillermo, Matilde de Anjou, que iba en otro barco, permaneció varios años en Inglaterra, tratada por el rey como si fuera su propia hija, hasta que decidió regresar a Anjou con su familia. En 1128 ingresó como monja en la Abadía de Fontevrault, de la que llegaría a ser abadesa, donde permanecería hasta su muerte en 1154.

Quillebœuf

Los cuerpos de la mayoría de los muertos en el naufragio nunca se recuperaron. Aunque tiempo después si se pudo rescatar el tesoro que el barco llevaba a bordo, solo se pudo dar sepultura a los pocos cadáveres que el mar arrojó a tierra, entre los cuales no estaba el de Guillermo Adelin.

No faltaron quienes vieron en la tragedia un castigo divino, una teoría muy acorde con las creencias de la época. Se dijo que la algarabía de aquellos disolutos nobles, que su soberbia tratando de adelantar al barco del mismo rey, había hecho caer la desgracia sobre ellos. Se dijo también que dos monjes habían tratado de bendecir el barco y sus pasajeros, deseosos de partir lo antes posible, se lo habían impedido. Incluso el monje e historiador Guillaume de Nangis, que vivió un siglo más tarde, escribió en su Chronicon que el hundimiento había sido un castigo divino porque los hombres que iban a bordo eran sodomitas.

Enrique I se lamenta de la muerte de su hijo Guillermo (autor desconocido, c.1320)

La noticia de la muerte de su heredero fue devastadora para Enrique I. Según cuentan, cuando fue informado de la tragedia se desmayó de la impresión, y dicen que después de aquel día no volvió a sonreir. Pero además la muerte de Guillermo suponía un problema sucesorio ya que era su único hijo varón legítimo. Por eso apenas unos meses más tarde, en enero de 1121, el rey volvió a casarse, tomando por esposa a Adela de Lovaina, con el objetivo de buscar un nuevo heredero que nunca llegó. Al final de sus días Enrique se vio obligado a buscar un heredero alternativo. Tras considerar a sus sobrinos Teobaldo y Esteban de Blois, y a su hijo ilegítimo Roberto de Gloucester, acabó por nombrar heredera a su hija Matilde, casada con el conde Godofredo V de Anjou.

El problema era que ni Matilde ni Godofredo tenían demasiados partidarios ni en Inglaterra ni en Normandía. Además, Anjou era un territorio tradicionalmente rival de Normandía, así que los nobles normandos no se fiaban de Godofredo. Enrique I trató de obligar a los nobles a jurar lealtad a su hija, pero pocos lo hicieron y la mayoría se retractó más tarde. Ante el temor de perder sus derechos sucesorios, Matilde y Godofredo trataron de hacer que el rey les entregase las posesiones reales en Normandía antes de su muerte, pero Enrique I se negó. Y en 1135 estalló una nueva rebelión entre los normandos, que contaba con el apoyo explícito del matrimonio. Pero antes de que Enrique pudiera intervenir, el rey enfermó y murió.

Esteban de Blois, rey de Inglaterra (1092-1154)

La muerte de Enrique I dio lugar a un conflicto civil que se prolongó durante diecisiete años y que los ingleses conocen como La Anarquía. Esteban de Blois, aquel al que habían desembarcado del Blanche-Nef, se proclamó rey con el apoyo de sus hermanos Teobaldo, conde de Blois y Champaña, y Enrique, obispo de Winchester, así como del pueblo de Londres y de la mayoría de la nobleza inglesa. Mientras, Matilda y Godofredo, con el apoyo del hermanastro de ella, Roberto de Gloucester, del condado de Anjou y de David I de Escocia, invadieron con su ejército el sur de Inglaterra, a la vez que estallaba una rebelión entre los siempre insumisos galeses. Los enfrentamientos, con periodos de mayor y menor intensidad, se prolongaron hasta 1153, año en el que ambas partes firmaban la paz con el Tratado de Wallingford: Esteban de Blois era reconocido como rey de Inglaterra, a cambio de reconocer como heredero a Enrique FitzEmpress, el primogénito de Matilde y Godofredo. A la muerte de Esteban en 1154, Enrique subió al trono como Enrique II, el primer rey de la dinastía de los Plantagenet, que permanecería en el trono hasta finales del siglo XV.

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