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| El lago Peigneur, en la actualidad |
Hasta 1980, el lago Peigneur era un lago corriente del estado de Luisiana, a escasa distancia de la villa de Delcambre y a menos de 15 kilómetros de la ciudad de New Iberia. Un lago de agua dulce de aproximadamente cinco kilómetros cuadrados, somero (apenas tres metros de profundidad en su parte más honda), muy popular como lugar de esparcimiento para los habitantes de los alrededores, y conectado con la bahía de Vermilion, en el Golfo de México, a través del Canal de Delcambre, de unos 18 kilómetros de largo.
Muy por debajo del lago discurrían algunos de los túneles de una mina de sal, conocida como Diamond Crystal. La mina había iniciado su actividad en 1919 y desde 1956 era propiedad de la Diamond Salt Company, y aunque la mayor parte de su actividad extractiva se llevaba a cabo bajo Jefferson Island (una elevación formada por un gran afloramiento salino en forma de domo, situada en un humedal en el extremo sureste del lago), varias de sus excavaciones se prolongaban a gran profundidad (hasta 450 m.) bajo el lago. Unos túneles excavados mediante un tipo de minería conocido como "cámaras y pilares", en el que se excavan una serie de amplias cámaras que no están entibadas con materiales externos, sino que al excavar se dejan una serie de pilares del propio mineral para que sostengan el techo y eviten hundimientos.
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| Mina de sal excavada según el sistema de cámaras y pilares |
En geología se sabe que a menudo este tipo de domos salinos están asociados a yacimientos petrolíferos. Por eso en 1980 la petrolera Texaco inició una serie de prospecciones en el fondo del lago Peigneur, llevadas a cabo por una empresa de perforación llamada Wilson Brothers Corporation, que instaló en el lago una pequeña plataforma que empezó a perforar el 17 de noviembre. Ahora bien, los prospectores eran plenamente conscientes de la existencia de la mina de sal, así que habían planeado cuidadosamente dónde perforar tras pedir a la mina los planos de sus túneles, para evitar agujerear acidentalmente uno de ellos. Al menos, en teoría.
El 20 de noviembre de 1980 comenzó como una jornada corriente de trabajo en el lago. A eso de las 4:40 de la mañana, el taladro de la plataforma, con una broca de 14 pulgadas, se quedó atascado a unos 374 metros de profundidad, sin que fueran capaces de moverlo. Además, el llamado lodo de perforación, una mezcla de bentonita y agua que se inyecta en el pozo para refrigerar el taladro y empujar hacia la superficie el material excavado, no estaba regresando a la superficie; generalmente, eso es un indicativo de que el taladro ha encontrado un espacio vacío o una capa de material muy poroso. A las 5:45, cuando entró el nuevo turno, el taladro seguía sin responder. Poco después los trabajadores comenzaron a escuchar una serie de extraños chasquidos y la plataforma comenzó a inclinarse. Creyendo que alguno de los pilares en los que se apoyaba la plataforma estaba cediendo, el capataz ordenó a los trabajadores, en total siete personas, evacuar de inmediato.
Mientras, en la mina de sal, todo parecía normal. El turno de la mañana había entrado en la mina como siempre, a las siete en punto: 48 trabajadores, más tres investigadores de la Universidad Estatal de Luisiana. A las siete y veinticinco los trabajadores de la perforadora, junto a dos ejecutivos de la Texaco que habían acudido al lugar, vieron estupefactos como la plataforma volcaba y desaparecía bajo la superficie, en un lugar donde en teoría la profundidad del agua era de unos tres metros.
A las 8:10 Junius Gaddison, electricista jefe de la mina, empezó a oir una serie de golpes en el nivel 4 (el segundo más profundo, a unos 390 metros), donde se encontraba revisando parte del equipamiento. Al investigar, vio como el agua avanzaba desde el extremo del túnel y dio inmediatamente la alarma. En cuestión de minutos la mina quedó vacía, mientras el agua seguía avanzando cada vez con más intensidad. A estas alturas ya era evidente lo que había ocurrido: la perforadora había alcanzado los túneles de la mina y el lago se estaba vaciando como si de una enorme bañera se tratase. Cada litro de agua que entraba agrandaba un poco más el agujero y contribuía a disolver la sal de las paredes y los pilares de los túneles, que acabaron colapsando. Un enorme remolino de cuatrocientos metros de diámetro se abrió de repente como un gigantesco desagüe, tragándose no solo la plataforma, sino también varias barcazas que la abastecían, un pequeño remolcador llamado Charlie, y grandes trozos de tierra y árboles de las orillas del lago, arrancados por la furia del remolino. Dos pescadores locales tuvieron el tiempo justo de saltar a tierra y alejarse antes de que su barca y el árbol al que la habían atado desaparecieran engullidos por el remolino. Afortunadamente, a pesar de lo espectacular del desastre, no se produjeron muertos ni heridos.
Tres horas después el lago Peigneur estaba completamente seco. Unos 13 mil millones de litros de agua se habían precipitado en la mina, ahora completamente inundada. El aire atrapado a presión en el interior de la mina provocó al salir varias erupciones de agua y lodo a través de la entrada de la mina y los conductos de ventilación. El movimiento de tierras dañó tamibién un pozo de gas que la Texaco tenía en la orilla, provocando un pequeño incendio.
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| El Canal de Delcambre vaciando agua salada en el lecho seco del lago Peigneur |
Pero aún quedaba el remate. El Canal de Delcambre conectaba el Peigneur con el Golfo de México, permitiendo evacuar el exceso de agua del lago hacia el mar. Pero al quedar vacío el lago, cambió la dirección de la circulación, y pasó a conducir agua salada del Golfo hasta el ahora vacío lecho del lago, en cuyo fondo se veían las barcazas engullidas por el remolino. Duarnte dos días el agua de mar fue rellenando el vacío, generando una pequeña cascada en el punto donde el Canal se unía al lago, y convirtiendo al Peigneur en un lago de agua salada con un ecosistema compeletamente diferente. Un lago que además había crecido notablemente; todo el terreno que había sido arrancado durante el vaciado había aumentado la superficie del lago en decenas de miles de metros cuadrados. Además, el hundimiento de la mina había multiplicado su profundidad, que ahora alcanza en algunos puntos los sesenta metros, lo que lo convierte en el lago más profundo de Luisiana.
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| "Géiser" de agua y lodo en las instalaciones de la mina de sal |
Faltaba por determinar el responsable del desastre. La Texaco y la Diamond Salt Company se culpaban mutuamente. La minera alegaba que la petrolera había perforado en el lugar equivocado; la Texaco argumentaba que la información que le habían facilitado sobre la mina era errónea. El informe oficial de la Administración de Seguridad y Salud en la Minería se hizo publico en agosto de 1981, pero solo confirmaba el origen del desastre, sin señalar a un culpable. Finalmente, se llegó a un acuerdo extrajudicial en 1983 por el que la Texaco pagaba a la Diamond 32 millones de dólares por los daños, y entre ambas indemnizaban con 12'8 millones a la Live Oak Foundation, una organización encargada de gestionar Live Oak Gardens, una mansión construida en Jefferson Island a finales del siglo XIX y reconocida como Lugar Histórico, cuyo jardín botánico había resultado gravemente dañado; el remolino se había tragado miles de metros cuadrados de jardines, invernaderos e incluso un pequeño edificio que albergaba la administración del lugar.
La mina nunca volvió a estar activa y cerró de manera definitiva en diciembre de 1986. Sus 297 trabajadores no recibieron ninguna indemnización. Desde 1994 se utilizan sus antiguas instalaciones para almacenar gas natural a presión, en dos cámaras excavadas en el yacimiento salino a más de 1200 metros de profundidad, bajo el nombre de Jefferson Island Storage & Hub. Las instalaciones han cambiado de manos en varias ocasiones; la última vez en enero de 2025, cuando ONEOK (un operador dedicado al transporte y almacenamiento de petróleo y gas) adquirió EnLink Midstream, la compañía que hasta entonces ostentaba su propiedad.
En la actualidad, todavía son visibles algunos restos que recuerdan el desastre, como la chimenea del antiguo edificio de Live Oak Gardens sobresaliendo del agua, recordándonos los devastadores efectos que la actividad humana, aún de manera involuntaria, tiene sobre el medio ambiente.

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