Hildegart Leocadia Georgina Hermenegilda María del Pilar Rodríguez Carballeira
Aurora Rodríguez Carballeira nació en Ferrol en 1890. Hija de un prestigioso abogado, desde muy joven mostró su rebeldía y su afinidad con las ideas socialistas. Pero lo que de verdad la obsesionaba era la situación de la mujer, sin apenas derechos, subordinada casi siempre a un hombre, ya sea padre o marido. Un hecho inesperado se convierte en su inspiración: su hermana tiene un hijo de soltera, que queda al cuidado de Aurora. Ese niño era Pepito Arriola, que alcanzaría fama como precoz intérprete de piano, ya que comenzó a dar conciertos con apenas tres años.
El precoz talento de su sobrino lleva a Aurora a pensar en concebir una hija, una niña a la que educaría desde la cuna para convertirla en una mujer del futuro, que fuese capaz de guiar al resto de mujeres y librarlas de su papel secundario en la sociedad. De este modo, elige al que considera el padre más aceptable, en lo físico y lo intelectual, en la figura de un supuesto sacerdote y marino recién llegado de Sudamérica (años más tarde se sabría que no era sino un vulgar estafador). Una vez embarazada, Aurora deja su ciudad natal y se instala en Madrid, donde el 9 de diciembre de 1914 nace su hija, a la que llamó Hildegart.
La pequeña Hildegart sorprende a todo el mundo con su precocidad. Con apenas tres años sabe leer, con diez domina varios idiomas. Su vida está dedicada exclusivamente al estudio y su madre la apremia a convertirse en lo que ella lleva tanto tiempo soñando, en un icono del feminismo, en el faro que marque el camino de la libertad a las mujeres. Con 17 años termina sus estudios de Derecho e inicia los de Medicina.
Desde que es una adolescente está vinculada al movimiento socialista, en el PSOE y la UGT. En 1932 su actitud crítica con la directiva provoca su expulsión sel PSOE y se afilia al Partido Federal. Pero además se convierte en una de las principales defensoras de la reforma sexual. Sus numerosas publicaciones y conferencias llaman incluso la atención de Havelock Ellis, principal investigador sobre sexología de su época, y del escritor H. G. Wells, fascinado por su inteligencia y su potencial.
Pero conforme Hildegart se desarrollaba y explotaba su talento, su relación con su madre se deterioraba. Los problemas mentales de Aurora se agravaban conforme aumentaban las ansias de independencia de su hija. Los ataques de paranoia de la madre de Hildegart llegan a su punto álgido cuando la joven le hace un doble anuncio: se ha enamorado de Abel Vilella, joven activista socialista y compañero de Hildegart en muchas de sus causas, y prepara su traslado a Londres, invitada por Ellis y Wells.
La doble noticia es demoledora para Aurora. Siente que el proyecto al que ha dedicado su vida se viene abajo. Ni siquiera sus amenazas de suicidio detienen a Hildegart, decidida a separarse de ella y librarse de su enfermizo control. Desesperada, Aurora decide que es preferible acabar con su hija antes que dejarla marchar. Y así, la noche del 9 de junio de 1933, Aurora entra en el dormitorio de su hija y le dispara cuatro veces con un revólver.
El crimen supone un auténtico shock para la sociedad madrileña, por la fama y la juventud de la víctima y las circunstancias del caso. En el juicio, Aurora alega que la muerte de Hildegart se produjo fruto de un pacto entre ambas. Pese a su desequilibrio mental, Aurora es condenada a más de 26 años de cárcel, que no llegó a cumplir: la mañana del 18 de julio de 1936, aprovechando la confusión creada por el levantamiento militar contra el gobierno de la Segunda República, logró huir de prisión y no volvió a saberse nada de ella.
lunes, 16 de mayo de 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
Isandhlwana y Rorke's Dirft: derrota y gloria del Imperio Británico
A finales del año 1878, el Imperio Británico había decidido ya ocupar las tierras del pueblo zulú, conocidas comúnmente como Zululandia. Sin esperar respuesta siquiera al ultimatum presentado al rey Cetshwayo, las tropas inglesas al mando de lord Chelmsford entraron en territorio zulú sin tomar apenas precauciones, confiadas en su superioridad armamentística y en la poca consideración que a los ingleses les merecían las tropas nativas. Lord Chelmsford, con una imprudencia absoluta, estableció su campamento en un lugar llamado Isandhlwana, una llanura sin defensas naturales, y dejando en el campamento un contingente de apenas 1300 británicos y 800 soldados nativos, partió con el grueso de sus tropas en busca de los zulúes. Pero mientras pequeñas partidas de zulúes distraían a Chelmsford alejándolo de Isandhlwana, el 22 de enero de 1879 el grueso del ejército de Cetshwayo, más de 20000 hombres, arrasó el campamento británico, salvándose sólo 55 soldados y 300 nativos.
A cierta distancia de Isandhlwana, en un vado del río Búfalo (que marcaba la frontera del territorio zulú) estaba Rorke's Drift, una misión ocupada por un misionero sueco y su familia. Chelmsford había establecido allí un hospital de campaña, dejando una pequeña guarnición que no llegaba a 200 hombres, la mayoría del 24º Regimiento de Infantería. La mañana del 22 de enero el comandante del puesto, Henry Spalding, había dejado el puesto para salir en busca de parte de su regimiento, cuya localización desconocía. A media tarde, los hombres del puesto supieron lo ocurrido esa misma mañana en Isandhlwana y que las tropas zulúes se acercaban. En ese momento se encontraban allí el teniente Bromhead, comandante provisional del puesto; el teniente Chard, ingeniero que supervisaba ciertas obras en la misión; y el comisario de Intendencia Dayton. Los tres coinciden en que la evacuación es inviable, ya que la presencia de los heridos entorpecería su huída y en campo abierto no tendrían oportunidad alguna frente a los zulúes. Decidieron entonces fortificar Rorke's Drift y resistir todo lo que pudieran. En esos momentos, disponían de uno 400 hombres, entre la guarnición del puesto, tropas nativas y civiles.
Tras improvisar unas fortificaciones con cajas de suministros, muebles y todos los objetos que tenían a mano, se dispusieron a resistir el ataque. Cuando, a eso de las cuatro de la tarde, fueron advertidos de la llegada de los zulúes, las tropas nativas y sus oficiales desertan del puesto, dejando a las fuerzas defensoras reducidas al exiguo número de 156 hombres, incluídos los pacientes del hospital. Por contra, las tropas zulúes constaban de más de 4000 hombres, que no habían tomado parte en Isandhlwana, por tratarse de un cuerpo de reserva, y estaban por lo tanto descansados y ansiosos de pelear.
La batalla comenzó a eso de las cuatro y media. Mientras la fusilería zulú batía la posición desde una colina cercana, el resto de los atacantes asaltaba las fortificaciones en oleadas contínuas, que los ingleses mantenían a raya gracias a sus modernos fusiles de repetición. El combate se prolongó durante horas, se combatía por cada centímetro de terreno. Los ingleses se vieron forzados en más de una ocasión a retrasar su línea defensiva para evitar ser superados. Los zulúes lograron entrar en el hospital, obligando a los ingleses a luchar habitación por habitación mientras se retiraban abriendose paso a través de las paredes. No hubo tregua en la lucha hasta la caída de la noche. A eso de las dos de la madrugada cesó el asalto zulú, aunque los disparos y las lanzas duraron hasta las cuatro. Cuando amaneció, los zulúes se habían retirado, dejando atrás casi 400 muertos (algunas fuentes llegan a duplicar esa cifra). Las bajas inglesas eran de 15 muertos y otros tantos heridos de gravedad, aunque la práctica totalidad de los defensores tenía alguna herida de mayor o menor gravedad. A eso de las ocho de la mañana, apareció lord Chelmsford con refuerzos.
Los supervivientes de Rorke's Drift recibieron once Cruces Victoria, la máxima condecoración del ejército británico, de las cuales siete fueron a parar a miembros del 24 Regimiento de Infantería (el mayor número de medallas jamás concedido a un sólo regimiento en una única acción).
Rorke's Drift se convirtió de inmediato en uno de los nombres míticos de la historia colonial británica. Seguramente en otras circunstancias no habría tenido tal atención, pero la atención prestada contribuyó a desviar la atención de lo ocurrido en Isandhlwana, una derrota humillante y sin paliativos, en la que además los británicos actuaron como parte agresora sin mediar una declaración de guerra. Pero a los ingleses se les da muy bien lo de desviar la atención y convertir derrotas en gestas heroicas (otro día hablaré de Balaclava y la famosa carga de la Brigada ligera).
Reconstrucción de Rorke's Drift fortificado y del ataque zulú
A cierta distancia de Isandhlwana, en un vado del río Búfalo (que marcaba la frontera del territorio zulú) estaba Rorke's Drift, una misión ocupada por un misionero sueco y su familia. Chelmsford había establecido allí un hospital de campaña, dejando una pequeña guarnición que no llegaba a 200 hombres, la mayoría del 24º Regimiento de Infantería. La mañana del 22 de enero el comandante del puesto, Henry Spalding, había dejado el puesto para salir en busca de parte de su regimiento, cuya localización desconocía. A media tarde, los hombres del puesto supieron lo ocurrido esa misma mañana en Isandhlwana y que las tropas zulúes se acercaban. En ese momento se encontraban allí el teniente Bromhead, comandante provisional del puesto; el teniente Chard, ingeniero que supervisaba ciertas obras en la misión; y el comisario de Intendencia Dayton. Los tres coinciden en que la evacuación es inviable, ya que la presencia de los heridos entorpecería su huída y en campo abierto no tendrían oportunidad alguna frente a los zulúes. Decidieron entonces fortificar Rorke's Drift y resistir todo lo que pudieran. En esos momentos, disponían de uno 400 hombres, entre la guarnición del puesto, tropas nativas y civiles.
Tras improvisar unas fortificaciones con cajas de suministros, muebles y todos los objetos que tenían a mano, se dispusieron a resistir el ataque. Cuando, a eso de las cuatro de la tarde, fueron advertidos de la llegada de los zulúes, las tropas nativas y sus oficiales desertan del puesto, dejando a las fuerzas defensoras reducidas al exiguo número de 156 hombres, incluídos los pacientes del hospital. Por contra, las tropas zulúes constaban de más de 4000 hombres, que no habían tomado parte en Isandhlwana, por tratarse de un cuerpo de reserva, y estaban por lo tanto descansados y ansiosos de pelear.
La batalla comenzó a eso de las cuatro y media. Mientras la fusilería zulú batía la posición desde una colina cercana, el resto de los atacantes asaltaba las fortificaciones en oleadas contínuas, que los ingleses mantenían a raya gracias a sus modernos fusiles de repetición. El combate se prolongó durante horas, se combatía por cada centímetro de terreno. Los ingleses se vieron forzados en más de una ocasión a retrasar su línea defensiva para evitar ser superados. Los zulúes lograron entrar en el hospital, obligando a los ingleses a luchar habitación por habitación mientras se retiraban abriendose paso a través de las paredes. No hubo tregua en la lucha hasta la caída de la noche. A eso de las dos de la madrugada cesó el asalto zulú, aunque los disparos y las lanzas duraron hasta las cuatro. Cuando amaneció, los zulúes se habían retirado, dejando atrás casi 400 muertos (algunas fuentes llegan a duplicar esa cifra). Las bajas inglesas eran de 15 muertos y otros tantos heridos de gravedad, aunque la práctica totalidad de los defensores tenía alguna herida de mayor o menor gravedad. A eso de las ocho de la mañana, apareció lord Chelmsford con refuerzos.
Los supervivientes de Rorke's Drift recibieron once Cruces Victoria, la máxima condecoración del ejército británico, de las cuales siete fueron a parar a miembros del 24 Regimiento de Infantería (el mayor número de medallas jamás concedido a un sólo regimiento en una única acción).
Rorke's Drift se convirtió de inmediato en uno de los nombres míticos de la historia colonial británica. Seguramente en otras circunstancias no habría tenido tal atención, pero la atención prestada contribuyó a desviar la atención de lo ocurrido en Isandhlwana, una derrota humillante y sin paliativos, en la que además los británicos actuaron como parte agresora sin mediar una declaración de guerra. Pero a los ingleses se les da muy bien lo de desviar la atención y convertir derrotas en gestas heroicas (otro día hablaré de Balaclava y la famosa carga de la Brigada ligera).
Reconstrucción de Rorke's Drift fortificado y del ataque zulú
miércoles, 11 de mayo de 2011
El Partido de la Muerte
Seguramente a muchos os sonará la película Evasión o victoria, dirigida por John Huston en 1981 y entre cuyos protagonistas se encontraban tanto actores como Michael Caine, Max von Sydow o Sylvester Stallone, como famosos futbolistas como Pelé, Osvaldo Ardiles, Bobby Moore o Co Prins. Cuenta la historia de un grupo de prisioneros aliados que organizan un equipo de fútbol para enfrentarse a la selección alemana, ocasión que aprovechan para planear su fuga. Lo que no todos saben es que la película se basa en un hecho real que no tuvo el desenlace feliz de la película, el conocido como "Partido de la Muerte".
Ocurrió en 1941, después de que Hitler invadiese la Unión Soviética traicionando el tratado de no agresion Molotov-Von Ribbentrop. El ataque nazi obliga a suspender la liga de fútbol, ya que la población, incluídos los jugadores, es masivamente movilizada para la defensa. El avance del ejército alemán es al principio muy rápido, y en septiembre de 1941 toman Kiev, la capital de Ucrania. Los defensores que no logran huir, son capturados y recluídos en campos de prisioneros o bien, llevados de vuelta a Kiev.
Entre los que vuelven a Kiev está Nicolai Trusevych, portero del Dinamo de Kiev e ídolo de la aficion local. Como puede busca su sustento en la ciudad ocupada y acaba encontrando trabajo y refugio en una panadería propiedad de Josef Kordik, un panadero de origen alemán e hincha del Dinamo. Es Kordik quien tiene la idea buscar a otros jugadores del Dinamo para contratarlos también y así poder ayudarlos en esos tiempos tan convulsos. Es así como Trusevych, tras recorrer la ciudad, acaba reuniendo a varios ex-compañeros del Dinamo (Mikhail Svyridovskiy, Nikolai Korotkykh, Georgy Timofeev, Mikhail Putistin, Alexei Klimenko, Pavel Komarov, Fedir Tyutchev, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko) y tres de otro equipo de la ciudad, el Lokomotiv (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Melnyk). Al haber reunido un número suficiente, nace en ellos la idea de formar un equipo para jugar aunque sea de forma no oficial. Con el apoyo económico de Kordik, fundan el FC Start, que juega su primer partido en junio de 1942, contra un rival local, al que ganan holgadamente. Posteriormente, empiezan a jugar contra equipos de las tropas de ocupación. Golean sin dificultad a los equipos de las tropas rumanas y húngaras, y más tarde hacen lo mismo con un equipo alemán. La popularidad del Start se dispara y empieza a preocupar a los mandos militares alemanes, a quienes disgusta que los ucranianos humillen a los suyos y restauren así parte del orgullo soviético. Por ello, traen a un equipo profesional, el MSG húngaro, para que juegue contra ellos. Pero de nuevo el FC Start vuelve a vencer, tanto en el primer partido como en el de revancha, y eso enfurece a los nazis y convierte a los jugadores en ídolos de la población.
Dispuestos a vencerlos a cualquier costa, los alemanes organizan un partido contra el Flakelf, el potentísimo equipo de la Luftwaffe. Y la historia se repite: el 6 de agosto de 1942, ante la alegría desatada del público, el Start golea por 5-1 a los alemanes.
Los nazis están furiosos. Han descubierto que los componenetes del supuesto "equipo de la panadería" son en realidad ex-profesionales y desde Berlín llegan órdenes de eliminarlos. Pero a los mandos locales no les basta: no sólo deben desaparecer, también deben ser derrotados por el poderío alemán. Por ello, el 9 de agosto se juega la revancha. Los jugadores del Start han sido convenientemente "advertidos" de lo malo que sería para ellos ganar ese partido. Pero no hicieron caso: salieron a jugar como siempre, se negaron a hacer el saludo nazi brazo en alto (en su lugar, gritaron "Fizculthura", un lema soviético referente a la cultura física), y, pese al juego durísimo y sucio de los alemanes, con la complicidad arbitral ("casualmente" el partido fué arbitrado por un oficial de las SS), al descanso los locales ganaban 2 a 1. En el descanso, nuevas amenazas, ya sin tapujos. Pero los jugadores habían decidido jugar, por el honor de su país y de todos los caídos ante las tropas invasoras. Y en la segunda parte sigue el espectáculo y los alemanes se ven incapaces de superar la resistencia del Start. Y cuando ya campea en el marcador el definitivo 5-3 se ve en el campo uno de esos gestos que pasan a la historia: el defensa Alexei Klimenko, tras una gran jugada en la que elude a varios jugadores alemanes, dribla también al portero y, sólo ante la portería vacía, ante el delirio de los espectadores, en lugar de marcar, se da la vuelta y chuta hacia el centro del campo. La humillación de los alemanes es tal que el árbitro señala el final del partido antes del tiempo reglamentario.
Como ya he dicho, ojalá el final de esta historia fuera tan agradable como el de la película. Los jugadores del Start no fueron molestados de inmediato, incluso jugaron algún partido más. Pero el 16 de agosto, la Gestapo hizo una redada en la panadería y se llevó a todos los jugadores que había allí, acusándolos de ser agentes de la NKVD (la policía secreta soviética). Se salvaron Goncharenko y Svyridovskiy, quienes no estaban allí y lograron esconderse y permanecer a salvo hasta la salida de los nazis en 1943. De los demás, Korotkykh murió poco después a consecuencia de las brutales torturas. Los restantes fueron trasladados al campo de concentración de Syrets. Allí, Kuzmenko, Klimenko y Trusevych fueron ejecutados en febrero de 1943. De los demás no se supo más. El único que logró salir con vida de Syrets fué Fedir Tyutchev.
Tras la guerra, los tres supervivientes estuvieron cerca de ser juzgados por colaboracionistas por haber jugado contra los alemanes, pero al final se le dió carpetazo al asunto. La historia se recuperó en los años 50 y alcanzó gran popularidad en Ucrania, dando lugar a varios libros y películas. El estadio Zenit, donde tuvo lugar el partido, se rebautizó en 1981 como Start Stadium. En él, hay una escultura que homenajea a quellos jugadores, con la leyenda “A los jugadores que murieron con la frente en alto ante el invasor nazi”.
Monumento en homenaje en el Start Stadium
Ocurrió en 1941, después de que Hitler invadiese la Unión Soviética traicionando el tratado de no agresion Molotov-Von Ribbentrop. El ataque nazi obliga a suspender la liga de fútbol, ya que la población, incluídos los jugadores, es masivamente movilizada para la defensa. El avance del ejército alemán es al principio muy rápido, y en septiembre de 1941 toman Kiev, la capital de Ucrania. Los defensores que no logran huir, son capturados y recluídos en campos de prisioneros o bien, llevados de vuelta a Kiev.
Entre los que vuelven a Kiev está Nicolai Trusevych, portero del Dinamo de Kiev e ídolo de la aficion local. Como puede busca su sustento en la ciudad ocupada y acaba encontrando trabajo y refugio en una panadería propiedad de Josef Kordik, un panadero de origen alemán e hincha del Dinamo. Es Kordik quien tiene la idea buscar a otros jugadores del Dinamo para contratarlos también y así poder ayudarlos en esos tiempos tan convulsos. Es así como Trusevych, tras recorrer la ciudad, acaba reuniendo a varios ex-compañeros del Dinamo (Mikhail Svyridovskiy, Nikolai Korotkykh, Georgy Timofeev, Mikhail Putistin, Alexei Klimenko, Pavel Komarov, Fedir Tyutchev, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko) y tres de otro equipo de la ciudad, el Lokomotiv (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Melnyk). Al haber reunido un número suficiente, nace en ellos la idea de formar un equipo para jugar aunque sea de forma no oficial. Con el apoyo económico de Kordik, fundan el FC Start, que juega su primer partido en junio de 1942, contra un rival local, al que ganan holgadamente. Posteriormente, empiezan a jugar contra equipos de las tropas de ocupación. Golean sin dificultad a los equipos de las tropas rumanas y húngaras, y más tarde hacen lo mismo con un equipo alemán. La popularidad del Start se dispara y empieza a preocupar a los mandos militares alemanes, a quienes disgusta que los ucranianos humillen a los suyos y restauren así parte del orgullo soviético. Por ello, traen a un equipo profesional, el MSG húngaro, para que juegue contra ellos. Pero de nuevo el FC Start vuelve a vencer, tanto en el primer partido como en el de revancha, y eso enfurece a los nazis y convierte a los jugadores en ídolos de la población.
Dispuestos a vencerlos a cualquier costa, los alemanes organizan un partido contra el Flakelf, el potentísimo equipo de la Luftwaffe. Y la historia se repite: el 6 de agosto de 1942, ante la alegría desatada del público, el Start golea por 5-1 a los alemanes.
Los nazis están furiosos. Han descubierto que los componenetes del supuesto "equipo de la panadería" son en realidad ex-profesionales y desde Berlín llegan órdenes de eliminarlos. Pero a los mandos locales no les basta: no sólo deben desaparecer, también deben ser derrotados por el poderío alemán. Por ello, el 9 de agosto se juega la revancha. Los jugadores del Start han sido convenientemente "advertidos" de lo malo que sería para ellos ganar ese partido. Pero no hicieron caso: salieron a jugar como siempre, se negaron a hacer el saludo nazi brazo en alto (en su lugar, gritaron "Fizculthura", un lema soviético referente a la cultura física), y, pese al juego durísimo y sucio de los alemanes, con la complicidad arbitral ("casualmente" el partido fué arbitrado por un oficial de las SS), al descanso los locales ganaban 2 a 1. En el descanso, nuevas amenazas, ya sin tapujos. Pero los jugadores habían decidido jugar, por el honor de su país y de todos los caídos ante las tropas invasoras. Y en la segunda parte sigue el espectáculo y los alemanes se ven incapaces de superar la resistencia del Start. Y cuando ya campea en el marcador el definitivo 5-3 se ve en el campo uno de esos gestos que pasan a la historia: el defensa Alexei Klimenko, tras una gran jugada en la que elude a varios jugadores alemanes, dribla también al portero y, sólo ante la portería vacía, ante el delirio de los espectadores, en lugar de marcar, se da la vuelta y chuta hacia el centro del campo. La humillación de los alemanes es tal que el árbitro señala el final del partido antes del tiempo reglamentario.
Como ya he dicho, ojalá el final de esta historia fuera tan agradable como el de la película. Los jugadores del Start no fueron molestados de inmediato, incluso jugaron algún partido más. Pero el 16 de agosto, la Gestapo hizo una redada en la panadería y se llevó a todos los jugadores que había allí, acusándolos de ser agentes de la NKVD (la policía secreta soviética). Se salvaron Goncharenko y Svyridovskiy, quienes no estaban allí y lograron esconderse y permanecer a salvo hasta la salida de los nazis en 1943. De los demás, Korotkykh murió poco después a consecuencia de las brutales torturas. Los restantes fueron trasladados al campo de concentración de Syrets. Allí, Kuzmenko, Klimenko y Trusevych fueron ejecutados en febrero de 1943. De los demás no se supo más. El único que logró salir con vida de Syrets fué Fedir Tyutchev.
Tras la guerra, los tres supervivientes estuvieron cerca de ser juzgados por colaboracionistas por haber jugado contra los alemanes, pero al final se le dió carpetazo al asunto. La historia se recuperó en los años 50 y alcanzó gran popularidad en Ucrania, dando lugar a varios libros y películas. El estadio Zenit, donde tuvo lugar el partido, se rebautizó en 1981 como Start Stadium. En él, hay una escultura que homenajea a quellos jugadores, con la leyenda “A los jugadores que murieron con la frente en alto ante el invasor nazi”.
Monumento en homenaje en el Start Stadium
sábado, 7 de mayo de 2011
Soldados fantasma en la batalla de Mons
La noche del 22 al 23 de agosto de 1914 se produjo en las inmediaciones de la localidad belga de Mons el primer gran enfrentamiento de la Primera Guerra Mundial entre las tropas alemanas y las fuerzas expedicionarias británicas (BEF). Los británicos, pese a combatir con bravura, se vieron superados por la superioridad numérica alemana y se vieron obligados a retirarse, acompañados por el Vº ejército francés.
El 29 de septiembre de ese mismo año, el periodista y escritor Arthur Machen publicó en el periódico Evening News un relato titulado "The Bowmen", donde, con un lenguaje patriotero y enaltecedor, hacía un relato glorificando la heroica conducta de los soldados británicos en Mons, imaginándolos (esto era una invención literaria exclusiva del propio Machen) avanzando en la batalla acompañados por los fantasmas de los arqueros ingleses caídos en 1415 en la batalla de Agincourt contra los franceses. Lo que en modo alguno esperaba Machen era que poco después empezaran a aparecer relatos de supervivientes de la batalla que afirmaban haber visto a los mencionados espectros acompañándolos en su avance y retirada, e incluso interviniendo en los combates. De nada sirvió que Machen publicara una aclaración en la que afirmaba que lo de los fantasmas era única y exclusivamente una ficción fruto de su imaginación. La historia siguió extendiéndose y contándose como verídica, hasta convertirse en una de las leyendas urbanas más populares asociadas al conflicto.
¿Qué había realmente tras aquellos que afirmaban haber sido testigos de las fantasmales apariciones? ¿Eran personas con alteraciones mentales, causadas por lo que entonces se llamaban "nervios de guerra" y hoy conocemos como "Síndrome de Estrés Postraumático"? ¿Un caso de histeria colectiva? ¿Se trataba quizá de estafadores que buscaban fama y dinero contando una historia falsa? Quizá hubiera algo de todo. Una teoría más reciente habla de que el caso pudo ser manipulado por altos mandos militares como parte de una estrategia de propaganda bélica, para desviar la atención de lo que no había sido sino una derrota, heroica pero derrota al fin y al cabo, y elevar la moral de la tropa y el pueblo británicos.
viernes, 6 de mayo de 2011
La historia de Tsutomu Yamaguchi

Tsutomu Yamaguchi (16 de marzo de 1916/4 de enero de 2010)
El 6 de agosto de 1945 era un día como otro cualquiera para Tsutomu Yamaguchi, un ingeniero japonés de la Mitsubishi Heavy Industries que se encontraba en la ciudad de Hiroshima por motivos laborales. Hasta que a eso de las ocho y cuarto de la mañana, Tsutomu vió una luz tan intensa que por un momento creyó que el Sol había caído sobre la Tierra, seguida de un terrible estruendo y una ardiente onda expansiva... por primera vez en la historia, un arma atómica era usada contra la población. Tsutomu tuvo la suerte de hallarse a varios kilómetros del lugar de impacto, salvando la vida pero recibiendo graves quemaduras. Ingresado en un hospital, pese a sus heridas decidió irse al día siguiente y toma un tren de vuelta a su ciudad natal... Nagasaki. Y el 9 de agosto, al poco de llegar, se repitió el infierno: una nueva bomba atómica caía sobre suelo japonés sembrando la destrucción y la muerte. Tsutomu llegó a pensar que la muerte lo perseguía y que él era el responsable de los bombardeos. Además, en este segundo bombardeo estuvo expuesto a elevadas dosis de radiación.
Cualquier otra persona en su situación se hubiera vuelto loca. O bien habría transformado todo su dolor en ira y rabia. No así Tsutomu. Tras la guerra trató de volver a la normalidad. Trabajó como traductor para las tropas americanas y como profesor antes de recuperar su trabajo en la Mitsubishi. Pero conforme fué envejeciendo, el recuerdo de lo que había vivido se hacía cada vez más presente, y empezó a implicarse más en distintas iniciativas relacionadas con su pasado. Ya en la recta final de su vida, Tsutomu publicó un libro autobiográfico, participó en un documental y se convirtió en un decidido activista contra las armas nucleares. También se implicó en la reivindicación de los derechos de los hibakusha (en japonés, persona bombardeada), nombre que recibieron los superviventes de ambos ataques nucleares, y que durante mucho tiempo fueron discriminados y excluídos por el resto de la población japonesa.
Tsutomu Yamaguchi murió de cáncer de estómago en enero de 2010. Unos meses antes, en marzo de 2009, el gobierno japonés lo reconoció como víctima de ambas bombas nucleares (hasta entonces, sólo figuraba como superviviente de Nagasaki). Es el único caso reconocido oficialmente, aunque los responsables del Museo de la Paz de Hiroshima estiman que puede haber hasta 160 casos más. Su mujer había muerto dos años antes, de cáncer hepático. Ambos, al igual que sus tres hijos, sufrieron a lo largo de su vida diversos problemas médicos asociados a la exposición a la radiación.
jueves, 28 de abril de 2011
¿Por qué celebramos el Día del Libro el 23 de abril?
La respuesta es bien conocida: porque un 23 de abril de 1616 morían los que posiblemente hayan sido los dos escritores más grandes de la historia, el español Miguel de Cervantes y el inglés William Shakespeare (sólo para que conste, ese mismo día moría otro ilustre escritor, el Inca Garcilaso de la Vega). Pero ¡oh sorpresa!, resulta que esto no es del todo cierto.
Para empezar, Cervantes no murió el 23 de abril, sino el día anterior, el 22. Fué sepultado el 23 en el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso (Madrid), y esa es la fecha que figura en su certificado de enterramiento, lo que ha llevado a la confusión a numerosos investigadores.
Pero no queda ahí la cosa. Shakespeare murió, efectivamente, el 23 de abril de 1616... o más bien cabría decir que murió "un" 23 de abril, pero no "el auténtico" 23 de abril. La culpa de todo la tiene el calendario gregoriano.
Originariamente, Europa se regía por el calendario juliano, así llamado por haberse establecido el año 46 a. C., durante el consulado de Julio César. Pero este calendario tenía un desfase de 11 minutos, que al irse acumulando en el siglo XVI se habían convertido en 10 días. Eso, naturalmente, causaba problemas a la hora de determinar acontecimientos como los equinoccios. Así que el papa Gregorio XIII decidió promover un nuevo calendario, llamado gregoriano en su honor, que es el que aún hoy se utiliza. Y para eliminar el desfase, decretó que ese año de 1582 se pasase directamente del 4 al 15 de octubre. Pero este cambio sólo afectó a los países católicos; los protestantes (como Inglaterra) y ortodoxos no hicieron caso del cambio y siguieron fieles al calendario juliano. Por eso, aunque Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 en Inglaterra, para buena parte de Europa, ese día fué el 3 de mayo.
¿De donde viene el error? Al parecer, fué otro ilustre literato, el francés Víctor Hugo, el que popularizó este dato erróneo al mencionarlo en un libro que escribió sobre el escritor inglés. Todos dieron crédito al gran escritor francés y el bulo se popularizó hasta que en 1930 se instauró en España esta fecha como Día del Libro (en 1995, la UNESCO extendió la celebración a todo el mundo).
Para empezar, Cervantes no murió el 23 de abril, sino el día anterior, el 22. Fué sepultado el 23 en el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso (Madrid), y esa es la fecha que figura en su certificado de enterramiento, lo que ha llevado a la confusión a numerosos investigadores.
Pero no queda ahí la cosa. Shakespeare murió, efectivamente, el 23 de abril de 1616... o más bien cabría decir que murió "un" 23 de abril, pero no "el auténtico" 23 de abril. La culpa de todo la tiene el calendario gregoriano.
Originariamente, Europa se regía por el calendario juliano, así llamado por haberse establecido el año 46 a. C., durante el consulado de Julio César. Pero este calendario tenía un desfase de 11 minutos, que al irse acumulando en el siglo XVI se habían convertido en 10 días. Eso, naturalmente, causaba problemas a la hora de determinar acontecimientos como los equinoccios. Así que el papa Gregorio XIII decidió promover un nuevo calendario, llamado gregoriano en su honor, que es el que aún hoy se utiliza. Y para eliminar el desfase, decretó que ese año de 1582 se pasase directamente del 4 al 15 de octubre. Pero este cambio sólo afectó a los países católicos; los protestantes (como Inglaterra) y ortodoxos no hicieron caso del cambio y siguieron fieles al calendario juliano. Por eso, aunque Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 en Inglaterra, para buena parte de Europa, ese día fué el 3 de mayo.
¿De donde viene el error? Al parecer, fué otro ilustre literato, el francés Víctor Hugo, el que popularizó este dato erróneo al mencionarlo en un libro que escribió sobre el escritor inglés. Todos dieron crédito al gran escritor francés y el bulo se popularizó hasta que en 1930 se instauró en España esta fecha como Día del Libro (en 1995, la UNESCO extendió la celebración a todo el mundo).
sábado, 16 de abril de 2011
Houdini vs. espiritismo

El espiritismo, corriente filosófica surgida a mediados del siglo XIX que propugnaba la comunicación con los espíritus, tuvo su momento de esplendor a finales de ese siglo y principios del XX, especialmente tras la Primera Guerra Mundial. Docenas de supuestos mediums hacían gala de poder comunicarse con los muertos, engatusando a numerosos crédulos que creían así poder ponerse en contacto con los seres queridos que habían perdido.
El gran Harry Houdini, posiblemente el mayor ilusionista de todos los tiempos, nunca se había interesado por esa "disciplina". Hasta que una de estos mediums afirmó haber entrado en contacto con el espíritu de su madre, fallecida años antes y a la que Houdini estaba muy unido. El supuesto mensaje que la medium había obtenido de ella era un embuste tan claro, que enfureció al mago. A partir de ese momento, Houdini se convirtió en azote del espiritismo, decidido a desenmascarar a los impostores de una vez por todas. No le resultó difícil; para un ilusionista tan brillante como él, los trucos que utilizaban los mediums no dejaban de ser un juego de niños fácil de descubrir. Sus numerosos artículos y denuncias públicas desacreditaron enormemente al movimiento espiritista y le granjearon la enemistad de numerosos creyentes y practicantes, además de suponer la ruptura de su amistad con el escritor británico sir Arthur Conan Doyle, ferviente espiritista (que se había interesado por el fenómeno tras perder a un hijo en la Primera Guerra Mundial).
Deseoso de demostrar de manera definitiva la falsedad de los supuestos contactos con los espíritus, Houdini ideó un reto definitivo. Ideó un código que sólo él y su esposa conocían, y se comprometió a que, si era posible la comunicación desde el más allá, una vez él hubiese muerto intentaría por todos los medios hacer llegar ese mensaje a su mujer. Si nadie lograba transmitirlo, sería la constatación de que la comunicación no era posible. Y así, tras la muerte de Houdini en 1926, muchos videntes y mediums trataron de hallar el código, en vano. Diez años después de la muerte de Houdini, sin que nadie hubiera dado con el código, su mujer afirmó públicamente que ya era tiempo suficiente para declarar el reto concluído.
viernes, 15 de abril de 2011
William Holden, mal perdedor

El 22 de febrero de 2009, en la octogésimo primera ceremonia de entrega de los premios Oscar, el actor australiano Heath Ledger, fallecido trece meses antes, resultó premiado con el Oscar al mejor actor de reparto por su interpretación del Joker en El caballero oscuro. Se convertía así en el segundo Oscar póstumo de interpretación de la historia de los galardones. El primero había sido el actor británico Peter Finch, quien en 1977 recibió el Oscar al mejor actor protagonista por su impactante interpretación en la película Network tras haber muerto de un ataque al corazón sólo dos meses antes de la ceremonia. La anécdota la protagonizó otro actor, William Holden, nominado al mismo premio por la misma película. Holden era el gran favorito hasta que la muerte de Finch decantó los votos hacia él, por aquello del factor emocional. Cuentan que Holden dijo en cierta ocasión, refiriéndose a lo sucedido: "Si ese cabrón no hubiera muerto, yo habría ganado el Oscar"
martes, 5 de abril de 2011
El Manchester United, salvado por un perro

El Manchester United es el club de fútbol más laureado de Inglaterra y uno de los clubes económicamente más poderosos del mundo. Pero sus orígenes fueron mucho más modestos y en alguna ocasión estuvo cerca de desaparecer. De hecho, se cuenta cierta historia relativa a su salvación protagonizada por un perro llamado Major.
El club se fundó en 1872 con el nombre de Newton Heath LYR FC (Newton Heath es un barrio de Manchester) y era un modesto club de barrio de la ciudad. Esa modestia le llevó a tener graves problemas económicos, y así, en 1901, el club corría el riesgo de desaparecer si no reunía urgentemente 1000 libras. Por ello, directivos y jugadores decidieron organizar una feria para tratar de reunir el dinero. Pero el plan no dió el resultado apetecido, pese a las muchas donaciones (incluso el Manchester City, hoy gran rival del United, hizo un donativo). Así que el último día al capitán del Heath, el defensa Harry Stafford, se le ocurrió colocarle una caja al cuello a su perro, un San Bernardo llamado Major, para que la gente pudiera darle a él los donativos. Lo cierto es que Major acabó escapándose y fué a parar a casa de John Henry Davies, un acaudalado propietario de una destilería de Manchester. Davies y su hija se encariñaron enseguida con el perro, con lo que empezó a buscar al dueño con la intención de comprarselo. Así conoció a Stafford y supo del problema del Newton Heath. Davies y Stafford simpatizaron enseguida y decidieron asociarse para adquirir el club, del que Davies fué presidente hasta su muerte en 1927. Con su llegada se produjeron algunos cambios: el club pasó a llamarse Manchester United y cambió el color de su equipación, de verde y dorado al rojo y blanco que aún mantiene hoy.
sábado, 2 de abril de 2011
El cónsul Perlasca
Giorgio Perlasca nació en Como en 1910. Como tantos otros jóvenes italianos de la época, se sintió atraído por los movimientos fascistas y se alistó voluntario en el ejército italiano, prestando servicio como artillero en Etiopía y en la Guerra Civil española. Precisamente, a raiz de combatir en España, recibió del gobierno franquista la ciudadanía española honoraria, al igual que muchos otros combatientes extranjeros que habían luchado en el bando nacional.
Años después, desencantado por la alianza entre fascismo y nazismo, dejó el ejército y se convirtió en representante de una empresa de importaciones de Trieste. En 1942 es destinado a Budapest, donde se encarga de comprar suministros destinados al ejército italiano.
En marzo de 1944, las tropas alemanas invaden Hungría y ocupan Budapest. Como Perlasca se había negado a jurar fidelidad a la llamada República Social Italiana, creada por Mussolini y los alemanes en la Italia no ocupada por los aliados, se ve obligado a refugiarse en la embajada española, donde el embajador Ángel Sanz Briz le proporciona documentos españoles, pasando a ser Jorge Perlasca.
Ante el peligro que corría la numerosa comunidad judía húngara, varios diplomáticos de naciones neutrales empezaron un denodado trabajo para poner a salvo a tantos como fuera posible. Especialmente destacada fué la actividad del sueco Raoul Wallenberg, del nuncio apostólico Monseñor Angelo Rotta y del propio Sanz Briz, que cuenta con la ayuda inestimable de Perlasca. Aprovechando una ley española de 1924 que concedía la nacionalidad a los descendientes de los judíos sefardíes expulsados de España, Sanz Briz y Perlasca rescatan a cientos de judíos. Primeros los ponen a salvo en "casas seguras", que por ser propiedad de la embajada tienen la consideración de suelo soberano español y, por lo tanto, inviolable; y posteriormente, les proporcionan falsos documentos de identidad españoles que les permiten salir de Hungría y ponerse a salvo. En noviembre de 1944 Sanz Briz abandona Hungría por orden de sus superiores, para no reconocer al nuevo gobierno títere de los nazis. Entonces, ante el riesgo de que los nazis ocupen la embajada y los otros inmuebles españoles, incluídas las casas-refugio, Perlasca decide arriesgarse y, con un atrevimiento inaudito, fabrica un falso nombramiento consular autoproclamándose cónsul de España en Budapest, lo que le permite seguir falsificando documentos y poniendo a salvo judíos en los escondites. Así continuó durante un par de meses, hasta enero de 1945, donde, ante la inminente llegada del ejército soviético, y con el convencimiento de que los judíos ya no corrían peligro alguno, dejó Budapest y volvió a Italia. Se calcula que su intervención directa y la de Sanz Briz salvó la vida a al menos 5200 judíos.
Su heroica intervención permaneció oculta hasta 1987, cuando un grupo de aquellos judíos húngaros que llevaban años buscando al diplomático "español" al que debían la vida dió finalmente con él y su historia salió a la luz.
Giorgio Perlasca murió en 1992, tras haber recibido numerosos homenajes y distinciones, entre ellas la de "Justo entre las Naciones" del gobierno israelí y la Gran Orden de Isabel la Católica. Su historia fué llevada al cine en el 2002.

Giorgio Perlasca

Ángel Sanz Briz
Años después, desencantado por la alianza entre fascismo y nazismo, dejó el ejército y se convirtió en representante de una empresa de importaciones de Trieste. En 1942 es destinado a Budapest, donde se encarga de comprar suministros destinados al ejército italiano.
En marzo de 1944, las tropas alemanas invaden Hungría y ocupan Budapest. Como Perlasca se había negado a jurar fidelidad a la llamada República Social Italiana, creada por Mussolini y los alemanes en la Italia no ocupada por los aliados, se ve obligado a refugiarse en la embajada española, donde el embajador Ángel Sanz Briz le proporciona documentos españoles, pasando a ser Jorge Perlasca.
Ante el peligro que corría la numerosa comunidad judía húngara, varios diplomáticos de naciones neutrales empezaron un denodado trabajo para poner a salvo a tantos como fuera posible. Especialmente destacada fué la actividad del sueco Raoul Wallenberg, del nuncio apostólico Monseñor Angelo Rotta y del propio Sanz Briz, que cuenta con la ayuda inestimable de Perlasca. Aprovechando una ley española de 1924 que concedía la nacionalidad a los descendientes de los judíos sefardíes expulsados de España, Sanz Briz y Perlasca rescatan a cientos de judíos. Primeros los ponen a salvo en "casas seguras", que por ser propiedad de la embajada tienen la consideración de suelo soberano español y, por lo tanto, inviolable; y posteriormente, les proporcionan falsos documentos de identidad españoles que les permiten salir de Hungría y ponerse a salvo. En noviembre de 1944 Sanz Briz abandona Hungría por orden de sus superiores, para no reconocer al nuevo gobierno títere de los nazis. Entonces, ante el riesgo de que los nazis ocupen la embajada y los otros inmuebles españoles, incluídas las casas-refugio, Perlasca decide arriesgarse y, con un atrevimiento inaudito, fabrica un falso nombramiento consular autoproclamándose cónsul de España en Budapest, lo que le permite seguir falsificando documentos y poniendo a salvo judíos en los escondites. Así continuó durante un par de meses, hasta enero de 1945, donde, ante la inminente llegada del ejército soviético, y con el convencimiento de que los judíos ya no corrían peligro alguno, dejó Budapest y volvió a Italia. Se calcula que su intervención directa y la de Sanz Briz salvó la vida a al menos 5200 judíos.
Su heroica intervención permaneció oculta hasta 1987, cuando un grupo de aquellos judíos húngaros que llevaban años buscando al diplomático "español" al que debían la vida dió finalmente con él y su historia salió a la luz.
Giorgio Perlasca murió en 1992, tras haber recibido numerosos homenajes y distinciones, entre ellas la de "Justo entre las Naciones" del gobierno israelí y la Gran Orden de Isabel la Católica. Su historia fué llevada al cine en el 2002.

Giorgio Perlasca

Ángel Sanz Briz
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