Verba volant, scripta manent

domingo, 27 de julio de 2025

Pequeñas historias (XLII)

El 7 de julio de 1962 una joven de veinte años llamada Audrey Backeberg, casada y con dos hijos, salió de su casa en la localidad de Reedsburg (Wisconsin) con la excusa de recoger el cheque de su salario en la fábrica textil en la que trabajaba. Después de eso, se desplazó en autoestop hasta Madison, la capital del estado, en compañía de una vecina suya de 14 años, y desde allí tomaron un autobús hasta la ciudad de Indianápolis (Indiana). La adolescente quiso regresar, pero Audrey no volvió con ella; la última vez que su acompañante la vio, se alejaba a pie de la estación de autobús. Su familia denunció su desaparición, que en un primer momento se trató como una huida voluntaria, aunque sus parientes rechazaban de plano que pudiera haber abandonado a sus hijos. Pero cuando se supo que solo unos días antes Audrey había presentado una denuncia contra su marido, acusándolo de haberla golpeado y amenazado de muerte, este pasó a ser el principal sospechoso. Pero el marido pasó una prueba con el detector de mentiras y, sin más indicios, el caso se cerró sin resultados. Más de sesenta años más tarde, a principios de 2025, un detective llamado Isaac Hanson, que estaba revisando casos antiguos sin resolver dio con el expediente y decidió echar un vistazo. Sorprendentemente, a través de la cuenta en la web de genealogía Ancestry.com de una de las hermanas de Audrey encontró a una mujer probablemente relacionada con ella. Tras pedir ayuda al sheriff de la zona, logró ponerse en contacto por teléfono con esa mujer, que admitió ser Audrey Backeberg y haber huido de su casa por sus problemas con su marido. Aunque por expresa petición de ella no se ha hecho pública su localización, Hanson ha revelado que vive fuera de Wisconsin y que en su conversación Audrey se mostró feliz con su vida actual y se mostró convencida de que había tomado la decisión correcta y no tenía remordimientos.

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La Ley 20.843 de padrinazgo presidencial establece que el presidente de Argentina se convierta en padrino del séptimo hijo varón o la séptima hija mujer de un matrimonio. Esta ley tiene su origen en una tradición rusa que dice que el séptimo hijo varón de un matrimonio se convertirá en hombre lobo y la séptima hija en una bruja. En la Rusia zarista era común que el zar apadrinase a estos niños en la creencia de que este padrinazgo los protegía del mal y evitaba así que fueran abandonados o asesinados. Siguiendo la tradición los inmigrantes de origen ruso empezaron a solicitar a principios del siglo XX que el presidente argentino apadrinara a estos niños. Esto pasó a ser una costumbre que fue convertida en ley en 1974 por la presidenta María Estela Martínez de Perón.

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El pequeño reino de Bután, en pleno Himalaya, es uno de los países más recónditos y aislados del mundo. Este aislamiento es en buena parte voluntario, ya que los butaneses se precian en conservar su legado cultural y sus tradiciones a salvo de influencias extranjeras, y se muestra también en sus relaciones diplomáticas. Mantienen relaciones diplomáticas con apenas medio centenar de países, además de la UE y la ONU (de la que forman parte desde 1971) pero solo la India, Bangladesh y Kuwait tienen embajadas permanentes en su territorio. Además, curiosamente, Bután no mantiene relaciones oficiales con ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido), aunque si contactos informales a través de sus embajadas en la India.

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András Toma fue un soldado húngaro al que se considera el último prisionero de la Segunda Guerra Mundial en ser liberado. Toma, capturado por el ejército soviético en enero de 1945, fue recluido en un campo de prisioneros cerca de San Petersburgo. Poco después fue trasladado a un hospital militar debido a una enfermedad. Allí los médicos, ninguno de los cuales entendía el húngaro, creyeron Toma era un perturbado que hablaba un idioma inventado, y lo enviaron a un hospital psiquiátrico en la ciudad de Kotélnich, donde ingresó en enero de 1947 bajo el nombre de András Tamás. Su nombre desapareció de las listas de prisioneros y Hungría lo declaró muerto en 1954. Como Toma no sabía ruso y nadie en el hospital hablaba húngaro, permaneció recluido hasta que en el año 2000 un lingüista checo llamado Karol Moravčík visitó el hospital y se dio cuenta de que Toma hablaba húngaro y no estaba loco. En agosto del año 2000 Toma regresó a Hungría, donde su identidad se confirmó gracias a una prueba de ADN. Vivió con su hermana Anna hasta su muerte en 2004, a los 74 años.

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En una ocasión, después de un concierto, los Rolling Stones se encontraban en su camerino charlando y relajándose cuando alguien llamó a su puerta diciendo "Viene la Policía" ("The Police is coming"). A toda prisa, recogieron las numerosas drogas y parafernalia que tenían en la habitación y las tiraron por el retrete. Instantes después, Andy Summers, Stewart Copeland y Sting (los miembros del grupo The Police) entraban en el camerino.

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En 1801, combatiendo al ejército francés en Egipto, el teniente coronel británico George Murray y sus hombres se encontraron de repente con una gran escasez de agua y sin medios para aprovisionarse. Entonces Murray recordó que Julio César mencionaba en sus memorias haber tenido el mismo problema prácticamente en el mismo lugar en el que se encontraban, cerca de Alejandría. Tras consultar una copia de la obra de César, que siempre llevaba consigo, Murray descubrió que los romanos habían encontrado agua cavando a cierta profundidad, así que hizo que sus hombres cavaran pozos en la arena. Tal y como Julio César había dejado escrito, muy pronto los británicos encontraron agua en el subsuelo del desierto.

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En una ocasión el dramaturgo francés Georges Feydeau (1862-1921) se encontraba en un elegante restaurante parisino cuando le sirvieron una langosta que tenía una sola pinza. Feydeau se quejó airadamente al camarero y este le explicó que en ocasiones las langostas peleaban entre ellas en el tanque en el que las mantenían. A lo que Feydeau respondió: "Entonces llévese esta y tráigame a la que ganó la pelea".

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El sorteo del 30 de marzo de 2005 de la lotería Powerball (que se vende en 45 de los estados de los Estados Unidos, además de en Washington DC, Puerto Rico y las Islas Vírgenes Americanas) deparó un resultado insólito al revelar nada menos que 110 acertantes del segundo premio (que cobraron entre 100000 y 500000 dólares cada uno) un número estadísticamente casi imposible. La empresa organizadora sospechó en un principio que podía tratarse de un fraude; pero al investigar el caso descubrió sorprendida que los ganadores habían apostado a los "números de la suerte" que habían encontrado en el interior de unas galletas de la fortuna de las que se sirven en los restaurantes chinos,  fabricadas por la empresa Wonton Food Inc. y que coincidían con cinco de los seis números de la combinación ganadora.

domingo, 20 de julio de 2025

El Britisches Freikorps, los voluntarios británicos del ejército nazi

Insignia del Britisches Freikorps

Durante la Segunda Guerra Mundial en torno a un millón de combatientes extranjeros lucharon en las filas del ejército alemán, encuadrados en unidades especiales de la Wehrmacht o de las Waffen-SS. Estas unidades se nombraban según el origen de los hombres que las componían; había belgas, franceses, italianos, españoles (la célebre División Azul), escandinavos, rusos, croatas, rumanos, húngaros... Había incluso una unidad formada por voluntarios indios (la Legion Freies Indien), otra de musulmanes croatas y bosnios (la 13. Waffen-Gebirgs-Division der SS Handschar) y otra de árabes de Oriente Medio y el norte de África (la Legion Freies Arabien). Algunos lo hacían porque simpatizaban con la ideología nazi; otros, porque creían que una alianza con Alemania supondría un beneficio para sus propios intereses. Y entre estas unidades hubo una, pequeña, casi insignificante, pero muy interesante: el Britisches Freikorps o Cuerpo de Voluntarios Británicos de las Waffen-SS.

John Amery (Londres, 1912) era hijo de Leo Amery, destacado político del Partido Conservador que llegó a ser Primer Lord del Almirantazgo (1922-24), Secretario de Estado para las Colonias (1924-29) y Secretario de Estado para la India (1940-45). John heredó de su padre un profundo sentimiento anticomunista, llevándolo más lejos; convencido de que la democracia y el liberalismo eran inútiles en la lucha contra el comunismo, abrazó desde muy joven el ideario fascista (a pesar de que sus abuelos maternos eran judíos de origen húngaro convertidos al protestantismo tras instalarse en el Reino Unido). Tuvo una juventud un tanto turbulenta, causando muchos quebraderos de cabeza a su padre, el cual tuvo que sacarlo de problemas en más de una ocasión. Finalmente, en 1936, tras declararse en bancarrota a causa de varios negocios fracasados, abandonó Gran Bretaña con rumbo al continente.

Se instaló en París, donde se hizo amigo del líder fascista francés Jacques Doriot. Le dijo a su familia que había participado en la Guerra Civil española, e incluso había sido condecorado por el régimen de Franco, pero era mentira; no pisó suelo español hasta que la guerra hubo terminado, y su colaboración con Franco se limitó a ejercer de intermediario entre su gobierno y grupos de la extrema derecha francesa y traficantes de armas. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Francia, Amery permaneció en territorio del régimen colaboracionista de Vichy, aunque su poca sintonía con el régimen le llevó a querer instalarse en Alemania, algo que no consiguió hasta 1942.

John Amery (1912-1945)

En Alemania su entusiasmo impresionó al mismísimo Adolf Hitler, quien le permitió quedarse como "invitado" del régimen nazi. Amery se dedicó a escribir y grabar mensajes que se emitían por radio y en los que exhortaba a los británicos a cesar su guerra con Alemania y unirse a ella en su lucha contra su enemigo común, la Unión Soviética. En enero de 1943, durante una breve visita a Francia, se reencontró con Doriot, que por entonces servía en la Legión de Voluntarios Franceses Contra el Bolchevismo, una unidad formada por franceses colaboracionistas. A Amery se le ocurrió que podía crear una unidad similar formada por británicos, no tanto como una unidad militarmente significativa, sino más bien como una maniobra propagandística para hacer ver al pueblo británico que era psoible que británicos y alemanes luchasen juntos contra los comunistas. Al regresar a Alemania expuso su idea a las autoridades nazis y, tras obtener el visto bueno, comenzó a reclutar miembros para su unidad, que llamó originariamente Legión Británica de San Jorge.

Amery empezó a buscar voluntarios en los campos de internamiento de civiles británicos y de la Commonwealth. Al no obtener apenas resultados, pasó luego a buscarlos en los campos de prisioneros de guerra, aunque por lo general era recibido con indiferencia, cuando no con hostilidad, por los prisioneros que lo consideraban un traidor. En octubre de 1943, tras varios meses de trabajo, la unidad de Amery contaba únicamente con ocho reclutas. Las SS, descontentas con la lentitud del proceso, pero aún convencidas de su utilidad, decidieron apartar a Amery del mando de la unidad (a partir de entonces se dedicaría exclusivamente a las emisiones radiofónicas de propaganda) nombrando como nuevo comandante al SS-Hauptsturmführer Hans Werner Roepke. En enero de 1944 la unidad pasó a llamarse oficialmente Britisches Freikorps; quedó establecido que nunca se enfrentarían a tropas británicas, ni serían utilizados en labores de espionaje; no estarían formalmente sujetos a la legislación militar alemana ni tendrían que prestar juramento de fidelidad a Hitler. En febrero fueron trasladados a Hildesheim, una localidad cercana a Hannover, donde recibieron sus uniformes, similares a los de las Waffen-SS aunque con insignias británicas.

Roy Courlander, uno de los miembros más destacados del BFC

El reclutamiento seguía avanzando poco a poco; algunos se unían voluntariamente, otros bajo amenaza (varios de ellos fueron obligados a alistarse porque mantenían relaciones con mujeres alemanas, un delito que podía haberles costado la pena capital). En mayo de 1944 la unidad constaba de 23 miembros, insuficientes incluso para formar un pelotón. En octubre fueron trasladados de nuevo, esta vez a Dresde, donde comenzaron su entrenamiento en un campamento de las Waffen-SS. En octubre Roepke fue sustituido por un nuevo líder, el SS-Obersturmführer Walter Kühlich.

Para aquel entonces los voluntarios británicos comenzaban ya a dudar de su decisión. El desembarco de Normandía les había hecho ver que el final del Tercer Reich podía estar muy próximo y temían que si eran capturados fueran acusados de traición. Varios miembros de la unidad trataron de huir, lo que les llevó de vuelta a los campos de prisioneros tras ser capturados. El número de miembros se mantuvo en torno a la veintena; los nuevos reclutas apenas compensaban las renuncias y las bajas por deserción. La falta de documentación hace difícil dar cifras concretas, pero se estima que apenas una cincuentena de miembros, británicos y de otros países de la Commonwealth, pasaron por la unidad, y que el número máximo de integrantes nunca alcanzó la treintena.

En febrero de 1945 la unidad fue enviada a Berlín para participar en la defensa de la capital ante el inexorable avance de las tropas soviéticas. En marzo fueron de nuevo recolocados, esta vez en Niemegk, como apoyo de una unidad blindada de las SS. Unas semanas más tarde fueron asignados como batallón de reconocimiento a la 11ª División de Granaderos "Nordland", una unidad formada principalmente por voluntarios escandinavos y holandeses, quedando adscritos con ella al III Cuerpo Panzer. Para entonces Kühlich ya había sido sustituido por un nuevo comandante, el SS-Hauptsturmführer Alexander Dolezalek.

El 29 de abril de 1945, ante la inminente derrota alemana, el comandante del III Cuerpo Panzer, el general Felix Steiner, ordenó a sus tropas retirarse y dirigirse al oeste, prefiriendo rendirse a las tropas británicas y estadounidenses antes que a los soviéticos. En la desbandada general los miembros restantes del Britisches Freikorps se quitaron sus uniformes y procuraron mezclarse con otros prisioneros británicos, tratando de ocultar sus acciones y evitar el castigo. Durante un tiempo circuló el rumor de que uno de los miembros del Britisches Freikorps había tomado parte en la defensa de Berlín, pero no hay pruebas de que sea cierto. Probablemente, se trataba de Wilhelm Rössler, un soldado alemán que colaboró con el BFC como traductor por su dominio del inglés, y que solía vestir un uniforme similar, aunque sin insignias británicas. En la práctica, el Britisches Freikorps nunca llegó a entrar en combate activo, ni siquiera a ser una unidad viable.

Kenneth Berry y Alfred Minchin, con sus uniformes del Britisches Freikorps (abril de 1944) 

A pesar de la falta de documentos y de que muchos de los miembros del Britisches Freikorps utilizaban nombres falsos mientras permanecieron en aquel cuerpo, las autoridades británicas lograron identificar a varios de ellos que fueron sometidos a consejo de guerra tras el conflicto, acusados de colaborar con el enemigo. La mayoría se defendió alegando que al unirse al Britisches Freikorps solo buscaban una oportunidad para fugarse, sabotear la unidad desde dentro o recopilar información sobre el ejército alemán, aunque los tribunales por lo general no les creyeron. Entre los antiguos miembros que fueron juzgados estaban:

- Kenneth Berry (1925-1992), marinero británico, condenado a nueve meses de trabajos forzados. El tribunal se mostró benévolo con él por su corta edad (aún no había cumplido los 18 cuando se unió a la unidad)

- Roy Courlander (1914-1979), soldado neozelandés condenado a quince años de prisión, pena luego reducida a nueve años (de los que solo cumpliría seis).

- Thomas Cooper (1919-1987?), antiguo miembro del partido fascista británico British Union of Fascists, que trabajaba en Stuttgart cuando estalló la guerra y se unió poco después a las SS. Condenado a muerte por traición, su sentencia fue luego conmutada por la de cadena perpetua, y fue puesto en libertad en 1953.

- Frank McLardy (1915-1981), también miembro de la BUF, sanitario militar británico, condenado a cadena perpetua, pena luego conmutada por la de 15 años de prisión (de los que solo cumplió siete).

- William Brittain, soldado británico, condenado a diez años de cárcel y liberado poco después por motivos de salud.

- Edwin Martin (1919-1987), soldado canadiense, condenado a 25 años de cárcel, fue indultado en 1954.

- Alfred Minchin (1917-1998), marino mercante británico, sentenciado a siete años de cárcel.

- Eric Pleasants (1913-1998), marino mercante británico, capturado por los soviéticos en 1946 y acusado de la muerte de dos soldados soviéticos, permaneció en un gulag en Siberia hasta 1954, cuando fue deportado al Reino Unido. Las autoridades británicas se limitaron a tomarle declaración, considerando que su estancia en Siberia había sido un castigo suficiente por sus crímenes.

- William Shearer (1917-1995), teniente del ejército británico, no fue sometido a juicio debido a que se le consideró mentalmente incapacitado; sufrió un colapso nervioso en marzo de 1943 y fue repatriado por la Cruz Roja poco después.

- Douglas Berneville-Claye (1917-1975), un peculiar sujeto con numerosos antecedentes penales por estafa, robo y bigamia, capturado en el norte de África en diciembre de 1942. Acusado por sus compañeros de reclusión de espiar para los alemanes, estos lo retiraron del campo en el que se encontraba ante la amenaza de que los demás presos lo ejecutaran por traidor. Durante un cierto tiempo se desconoce su paradero, hasta que en abril de 1945 se incorpora al Britisches Freikorps, solo por unos días, antes de darse a la fuga y entregarse a las tropas británicas. No fue sometido a juicio ante la ausencia de pruebas.

- Henry Symonds (1924-1994), soldado británico, condenado a 15 años de prisión.

- Douglas Mardon, Pieter Labuschagne y Lawrence Viljoen, soldados sudafricanos capturados en el Norte de África. Mardon y Labuschagne fueron condenados respectivamente a nueve y cuatro meses de cárcel, mientras que Viljoen fue absuelto tras probar que había huido sin ni siquiera llegar a integrarse de manera efectiva en la unidad.

En cuanto a John Amery, el impulsor original de la creación de la unidad, fue capturado en abril de 1945 por partisanos italianos cerca de la ciudad de Como, tras haberse trasladado a Italia para colaborar con la República de Salò, el último estertor del régimen fascista de Mussolini. Entregado a los británicos y juzgado por traición, pese a los intentos de su familia por influir en el veredicto, John se declaró culpable de todos los cargos, aunque señalando que nunca había conspirado contra el Reino Unido y que no era un nazi, sino un anticomunista. Declarado culpable y condenado a muerte, fue ahorcado en la prisión londinense de Wandsworth el 19 de diciembre de 1945, y enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio de la prisión. En 1996 su hermano menor Julian consiguió permiso para exhumar sus restos, que fueron incinerados y sus cenizas esparcidas en Francia.

domingo, 13 de julio de 2025

Las camisetas de Lituania en Barcelona 92



Una de las imágenes icónicas de las Olimpiadas de Barcelona 92 fue la de la selección lituana de baloncesto acudiendo a recibir sus medallas de bronce llevando puestas unas singulares y coloridas camisetas que causaron sensación. Unas camisetas tras las cuales había una curios historia que mezclaba deporte, música y solidaridad.

El baloncesto, inventado en 1891 por un profesor de educación física llamado James Naismith que buscaba una actividad física que sus alumnos pudieran practicar bajo techo durante los largos y fríos inviernos de Massachussets, tuvo un éxito inmediato y se extendió con gran rapidez: el primer partido en Europa se jugó en 1893, el primer partido entre universidades en 1895, en 1896 se jugó el primer partido entre equipos profesionales y en 1898 se creó la primera liga profesional. Y uno de los lugares donde más rápida y profundamente se enraizó fue Lituania, que por aquel entonces todavía formaba parte del Imperio Ruso. Los lituanos hicieron suyo aquel deporte con una pasión y un entusiasmo inéditos, convirtiéndolo en un símbolo de su país. Tanto es así que, a pesar de su pequeño tamaño (hoy en día su población no alcanza los tres millones de habitantes), Lituania, tras conseguir su independencia en 1918, se proclamó campeona de Europa en 1937 y 1939.

Y luego en 1940 la Unión Soviética se anexionó el país, que durante el siguiente medio siglo pasó a ser una de las Repúblicas Soviéticas que la formaban. La pasión de los lituanos por el baloncesto continuó, y siguieron formando grandes jugadores, que pasaron a ser parte fundamental de la exitosa selección soviética (dos veces campeona olímpica, tres del mundo y catorce de Europa). Un buen ejemplo de ello fue la selección soviética campeona olímpica en Seúl 1988: cuatro de los cinco jugadores de su quinteto inicial habitual (Sarunas Marciulionis, Arvydas Sabonis, Rimas Kurtinaitis y Valdemaras Chomicius) eran lituanos y, además, nacidos en la ciudad de Kaunas.

Michael Jordan posa con la mítica camiseta lituana

En 1990 la Unión Soviética colapsó y Lituania recuperó su independencia. Por primera vez en cincuenta años, los lituanos tenían la ocasión de ver a sus jugadores defendiendo a su país y no a otra selección. Ese mismo año de 1990 se fundaba la Federación Lituana de Baloncesto (LKF), que fue aceptada como miembro de la FIBA al año siguiente. Los Juegos Olímpicos de Barcelona se acercaban, y era la primera gran ocasión de los lituanos para presentarse en el escenario internacional. Pero, desgraciadamente para ellos, la caótica situación económica de todas las repúblicas ex-soviéticas también afectaba a Lituania. El gobierno lituano carecía de recursos para la LKF, y ello amenazaba las posibilidades de su selección de participar primero en el Torneo Pre-Olímpico que se celebraría en España, donde se concederían las últimas plazas para el torneo; y luego, en caso de clasificarse, de participar en las Olimpiadas. Por eso, los miembros del equipo comenzaron a moverse por su cuenta para conseguir el dinero necesario.

Por aquel entonces Sarunas Marciulionis ya jugaba en la NBA, en las filas de los Golden State Warriors de San Francisco. Había sido el primer jugador soviético en irse a la NBA, en 1989, y no había tardado en ganarse el aprecio de su afición, por su buen hacer en la cancha y por haber participado como voluntario en las labores de ayuda a las víctimas del terremoto que afectó a la ciudad el 17 de octubre de 1989. Con la ayuda de Donnie Nelson, entrenador asistente de los Warriors e hijo del entrenador principal Don Nelson, Marciulionis empezó a pedir ayudas y donativos para su selección, igual que sus compañeros hacían en los países en los que jugaban. 

Los esfuerzos de Marciulionis y Nelson no pasaron desapercibidos para un periodista deportivo llamado George Shirk, el cual escribió un artículo en el San Francisco Chronicle. Por aquello del destino, ese artículo fue leido por Dennis McNally, relaciones públicas de la banda californiana de rock psicodélico Grateful Dead, el cual se lo mostró a los miembros del grupo. Los Grateful Dead sintieron de inmediato simpatía por los lituanos y su causa, que el batería Mickey Hart definió como "una lucha por la vida y la libertad". Así que hicieron una generosa donación económica al equipo lituano. Pero hicieron algo más: se pusieron en contacto con el diseñador neoyorquino George Speirs, responsable de las portadas de varios de los discos de la banda, y le pidieron que diseñara unas camisetas para enviarselas a la selección lituana como muestra de apoyo. Y Speirs se sacó de la manga aquellas geniales camisetas, tan psicodélicas como la música del grupo, con los colores rojo, verde y amarillo de la bandera lituana y un esqueleto (apodado Skullman y que ya había aparecido en varias portadas de los discos de los Dead) encestando una canasta.

George Speirs

A los jugadores lituanos les encantaron aquellas camisetas, tan coloridas y vibrantes, en contraste con los uniformes de la época soviética, mayormente grises y azules. El propio Sabonis admitió que lo primero que había pensado al verlas era "Guau, esta es de verdad una Lituania libre". Con el dinero recaudado, los lituanos, con Vladas Garastas como seleccionador y Raimundas Sargunas, Donnie Nelson y el español Javier Imbroda como ayudantes, pudieron participar en el Pre-Olímpico (donde se clasificaron brillantemente ganando todos sus partidos) y luego en la Olimpiada, donde también tuvieron un papel destacado: perdieron solo un partido en fase de clasificación, llegaron hasta las semifinales, donde fueron barridos (127-76) por el legendario Dream Team norteamericano de Michael Jordan, Magic Johnson, Scottie Pippen y Larry Bird, entre otros, para luego acabar ganando la medalla de bronce; un triunfo de especial significado, ya que en el partido por la medalla derrotaron al Equipo Unificado (formado por las antiguas repúblicas de la URSS salvo las tres repúblicas bálticas). Y como muestra de agradecimiento, decidieron llevar las camisetas de Speirs en el momento de recibir la medalla.

Aquellas camisetas tuvieron un éxito rotundo. Se vendieron en grandes cantidades, convirtiéndose en uno de los souvenirs más buscados de aquellas Olimpiadas. Fue tal el éxito, que Speirs decidió renunciar al porcentaje que le correspondía de las ventas para que ese dinero fuera a parar a la selección lituana (convirtiéndose durante algún tiempo en su principal patrocinador) y a diversas entidades benéficas lituanas. Aún hoy en día, después de más de treinta años, siguen vendiéndose, con sus ingresos dedicados a la beneficencia. La fama de las camisetas llegó a tal punto que en 1993 Skullman se convirtió en el primer (y único) personaje dibujado en ingresar en el Basketball Hall of Fame (y en el Hall of Fame de cualquier otro deporte).

domingo, 6 de julio de 2025

Curiosidades sobre los gatos (V)

- Mr. Bigglesworth, el gato esfinge que aparece en las películas de Austin Powers, se llama en realidad SGC Belfry Ted Nude-Gent.

- Charles Dickens dijo en cierta ocasión que "No hay mayor regalo que el amor de un gato"

- Algunas leyendas populares atribuían al pelo de gato la capacidad de provocar epilepsia o tuberculosis.

- Tom, el gato de la conocida serie Tom & Jerry, se iba a llamar originalmente Jasper.

- Aproximadamente 1 de cada 200 gatos es alérgico a los seres humanos.

- El record de supervivencia de un gato en una caída lo tiene una gata que sobrevivió a una caída desde un piso 43.

- Los gatos también pueden sufrir Alzheimer.

- En Bélgica existió un proyecto para entrenar gatos para que entregaran cartas. Nunca llegó a funcionar.

- Los gatos tienen en su boca un órgano llamado órgano vomeronasal u órgano de Jacobson, que les permite percibir compuestos químicos en el aire. Por eso en ocasiones se quedan quietos con la boca abierta tras percibir un olor interesante.

- Todos los gatos de la raza Fold Escocés pueden trazar sus orígenes hasta el primer ejemplar de esa raza, una hembra nacida en la década de 1960.

- El gato más largo del que hay registro era un Maine Coon llamado Stewie, que medía 123'1 centímetros desde la nariz a la punta de la cola. Mientras, el más alto es un gato de raza Savannah llamado Arcturus, que mide 48'3 centímetros de alto.

- De entre todos los mamíferos, los gatos son los que tienen los ojos más grandes en relación a su tamaño corporal.

- Los gatos tienen 26 dientes de leche mientras son cachorros, que luego son sustituidos por 30 dientes permanentes.

- El gato doméstico es el único felino capaz de caminar con su cola erguida; los felinos salvajes caminan con su cola horizontal, o bien colgando entre sus patas traseras.

- Los gatos no padecen caries.

domingo, 29 de junio de 2025

Qian Xuesen, el mejor regalo que los Estados Unidos hicieron a la China comunista

Qian Xuesen (1911-2009)

Qian Xuesen (también pronunciado Hsue-Shen Tsien) nació en Shangai el 11 de diciembre de 1911 en el seno de una familia acomodada, aunque con tres años se mudó a Pekín cuando su padre, funcionario del Ministerio de Educación, fue trasladado allí. Desde muy pequeño dio muestras de una inteligencia portentosa, y en 1934 se licenció en ingeniería mecánica en la Universidad Nacional Chiao Tung (actual Universidad de Jiaotong) en Shangai, con uno de los mejores expedientes académicos del país. Fueron precisamente sus excelentes calificaciones las que le valieron una beca del llamado Boxer Indemnity Scholarship, un programa para que estudiantes chinos pudieran ampliar sus estudios en EEUU, establecido tras la Guerra de los bóxer (1898-1901) y financiado con parte de la indemnización que el gobierno chino había tenido que pagar a los norteamericanos tras la guerra.

En 1935 Xuesen llegó al ya célebre Instituto Tecnológico de Massachussets en Boston, donde obtuvo un título de posgrado en ingeniería aeronáutica, y donde conoció a Theodore von Kármán, un físico brillante y algo excéntrico de origen húngaro, pionero en la investigación sobre los motores a reacción. La admiración fue mutua (Kármán siempre hablaría de Xuesen como un "genio indiscutible") y Xuesen quedó tan fascinado por el físico y su ámbito de investigación que no dudó en dejar el MIT en 1936 y cruzar el país para trabajar a las órdenes de Kármán en otro Instituto Tecnológico, el de California (Caltech), en el que era director del Instituto Aeronáutico Guggenheim.

Kármán estaba al frente de un pequeño grupo de físicos e ingenieros jóvenes y brillantes, como Jack Parsons o Frank Malina (que compartiría despacho con Xuesen durante años y se convertiría en uno de sus mejores amigos) al que apodaban en el campus de forma algo burlona como "Suicide Squad" ("El escuadrón suicida") por sus arriesgados experimentos tratando de construir motores a reacción o probando nuevas mezclas de combustible, que en más de una ocasión provocaron peligrosos accidentes, aunque es cierto que nadie resultó herido de gravedad en ellos. Xuesen recibió en 1939 un doctorado en aeronáutica y matemáticas, y en 1943 fue nombrado profesor asistente en Caltech.

Aunque el trabajo de Kármán y su equipo era visto con escepticismo por sus colegas, el ejército norteamericano se interesó vivamente por sus posibles aplicaciones prácticas. Así, fruto de esta colaboración nació en 1939 el llamado Proyecto Cohete GALCIT para fabricar cohetes de despegue asistido por chorro, que en noviembre de 1943 daría lugar al legendario Jet Propulsion Laboratory (JPL), dedicado a la investigación y fabricación de motores de cohete, financiado por el ejército y dirigido por el Caltech (en la actualidad es propiedad de la NASA, aunque Caltech sigue encargándose de su gestión). Qian Xuesen fue uno de sus fundadores, trabajando en proyectos como los misiles balísticos MGM-5 Corporal o el avión X-20 Dyna-Soar, capaz tanto de llevar a cabo misiones como un avión corriente como de salir al espacio (muchos lo consideran el antecedente directo de los transbordadores espaciales).

De izquierda a derecha, Hugh L. Dryden, Ludwig Prandtl, Theodore von Kármán y Qian Xuesen durante su estancia en Alemania

Qian Xuesen era ya uno de los científicos más prestigiosos de los Estados Unidos. Muestra de su talento y de la confianza que las autoridades tenían en él fue su participación en el Proyecto Manhattan, que habría de crear las primeras bombas atómicas de la historia. En 1945, tras la rendición de Alemania, viajó a Europa acompañando a Kármán con el rango provisional de coronel, para entrevistar a varios científicos alemanes a los que el ejército norteamericano estaba interesado en "reclutar" para sus programas armamentísticos (aunque para ello hubiera que hacer la vista gorda sobre su colaboración con el régimen nazi). Entre ellos, al mítico Wernher von Braun, uno de los padres del programa espacial norteamericano. Xuesen fue nombrado profesor asistente en el MIT en 1946, profesor de pleno derecho en 1947 y en 1949 regresó a Caltech para ser profesor con el apoyo de Kármán. También en 1947 se casó en Shangai con la cantante de ópera chino-japonesa Jiang Yin. 

En 1949, ya como profesor de Caltech y miembro destacado del JPL (su nombre empezaba a sonar como posible director del laboratorio en el futuro), Qian solicitó la ciudadanía norteamericana. Sin embargo, sucedió algo que echó por tierra su brillante carrera: la Guerra Fría estalló en toda su intensidad, y por todo EEUU se extendió el miedo paranoico hacia todo lo que sonara lejanamente a comunismo. Para colmo de males, a finales de 1949 la guerra civil china, que durante años había enfrentado a comunistas y nacionalistas, se resolvió en favor de los primeros. China se convirtió en una potencia comunista, y de repente todo lo chino pasó a ser visto con sospecha y desconfianza. El entonces director del JPL comunicó al FBI sus sospechas de que en el laboratorio existía un "círculo de espías" que pasaba información a los comunistas, e incluso les entregó una lista de científicos sospechosos; casualmente o no, todos asiáticos y judíos, entre ellos Qian Xuesen.

Lo cierto es que el servicio secreto norteamericano ya tenía ciertas sospechas sobre Qian Xuesen por sus frecuentes viajes a China. La investigación del FBI reveló que en los años 30 Xuesen había participado en varias reuniones con conocidos simpatizantes comunistas como el físico Frank Oppenheimer (hermano de Robert Oppenheimer, el padre del Proyecto Manhattan), el químico Sidney Weinbaun o su amigo Frank Malina. El 6 de junio de 1950, sin previo aviso, el ejército norteamericano retiró a Xuesen sus autorizaciones de seguridad, lo que le impedía participar en cualquier investigación considerada confidencial; en la práctica, supuso su expulsión del JPL y el final de sus investigaciones en el Caltech. El FBI lo interrogó, reteniéndolo durante dos semanas en la prisión de baja seguridad de Terminal Island, y él negó en todo momento ser comunista o haber espiado en favor de China, recalcando sus vínculos con el bando nacionalista (su esposa Jiang Yin era hija de Jiang Baili, uno de los más destacados generales nacionalistas), y que las supuestas reuniones con elementos comunistas no habían sido para él más que reuniones sociales sin ningún tipo de intencionalidad política. 

¿Era Qian Xuesen comunista? No hay pruebas que así lo indiquen, por más que su nombre apareciera en varios documentos incautados al Partido Comunista Americano, ni tampoco las hay de que espiara para alguna potencia extranjera. Sin embargo, en aquel momento una simple sospecha bastaba para dejar a alguien marcado como "simpatizante comunista", con lo que ello significaba. Sin posibilidad de continuar sus investigaciones (pese al apoyo de Kármán y sus compañeros, quienes inútilmente solicitaron que le fueran devueltas sus credenciales) y rechazada también su solicitud para la ciudadanía norteamericana, Xuesen decidió regresar a China. Pero durante su mudanza los empleados de la empresa que había contratado para trasladar sus cosas denunciaron al FBI haber visto documentos confidenciales entre sus pertenencias. Qian Xuesen fue arrestado por el servicio de Inmigración, aunque sería puesto en libertad poco después tras probarse que los supuestos documentos secretos no eran más que notas personales, diseños obsoletos e incluso recortes de periódicos, sin ningún tipo de información confidencial.

Sin embargo, el incidente había disparado las alarmas de las autoridades estadounidenses, quienes prohibieron a Qian Xuesen y su familia abandonar los EEUU alegando que conocía demasiada información confidencial sobre los sistemas defensivos norteamericanos y suponía una amenaza para el país. Durante años, Qian estuvo sujeto a un régimen estricto de arresto domiciliario en el que solo se le permitía salir de su casa para dar clases en Caltech sobre asignaturas no comprometidas. Aparentemente, el objetivo de las autoridades era esperar hasta que sus conocimientos técnicos quedaran obsoletos y dejaran de ser un peligro. En ese tiempo escribió su primer libro, Engineering Cybernetics, publicado en 1954.

Qian Xuesen y su abogado Grant Cooper durante una de las audiencias para su deportación (noviembre de 1950)

Después de años de aquel sinsentido, finalmente en 1955 el gobierno del presidente Eisenhower puso fin a la situación aceptando deportar a Qian Xuesen a China. Aunque algunos expresaron su oposición a la idea de entregar a los chinos a un científico de su talla, Eisenhower calificó la decisión como "un riesgo necesario". Como contrapartida, los chinos liberaron a once pilotos norteamericanos a los que mantenían como prisioneros desde la Guerra de Corea. Qian Xuesen y su familia abandonaron los Estados Unidos en septiembre de 1955 a bordo del buque de pasajeros SS President Cleveland, llegando a Hong Kong el 8 de octubre y entrando en China ese mismo día, a través del ferrocarril Kowloon-Canton. El día de su marcha, cuestionado por algunos periodistas que acudieron al puerto a hablar con él, se mostró comprensiblemente dolido y decepcionado por el trato recibido, después de lo mucho que había contribuido a la ciencia norteamericana, y expresó su voluntad de no volver jamás a pisar suelo estadounidense y de trabajar a partir de entonces "para ayudar a sus compatriotas chinos a construir una nación en la que pudieran vivir con dignidad y felicidad". Quizá el mejor resumen de todo el asunto lo dio Dan A. Kimball, subsecretario de Marina bajo la presidencia de Harry Truman y amigo de Xuesen, que había intervenido en favor del físico tratando de restituirlo a su antigua posición: "Fue la cosa más estúpida que jamás haya hecho este país. Él no era más comunista que yo, y le obligamos a irse".

Qian Xuesen con su familia a bordo del SS President Cleveland

No hace falta decir que China, que en cuanto a investigación científica estaba muy por detrás del resto de potencias mundiales, recibió con los brazos abiertos a una figura como Qian Xuesen. A pesar de algunas reticencias iniciales, debido a sus vínculos con los nacionalistas y a su larga estadía en los Estados Unidos (no se le permitió afiliarse al Partido Comunista hasta 1958) no tardó en convertirse en una figura clave del programa científico chino. Fundó el Instituto de Mecánica de Pekín y la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China, y en 1957 fue aceptado como miembro de la Academia China de Ciencias. Puso en marcha el programa chino de cohetes, fruto del cual nacieron los misiles Silkworm (que irónicamente fueron usados contra las tropas norteamericanas por los iraquíes en 1991 y por los hutíes en 2016) o los cohetes Larga Marcha, base fundamental del programa espacial chino (que puso en órbita su primer satélite, el Dong Fang Hong 1, en 1970).

Pero su influencia fue mucho más allá de la aeronáutica. Supervisó el programa chino de armas nucleares, que consiguió detonar con éxito su primera cabeza nuclear en 1964, menos de una década después de la llegada de Xuasen, y su primera bomba de hidrógeno en 1967. También hizo aportaciones en áreas como la medicina, ingeniería, ciencias sociales y naturales, e incluso el qijong (un sistema de movimientos coordinados, respiración y meditación similar al tai chi). Además llevó a cabo una intensa labor docente, contribuyendo a formar a varias generaciones de científicos chinos.

Qian Xuesen con Mao Zedong (1956)

Políticamente, siempre se mostró afín a la línea oficial del régimen chino desde su regreso. Apoyó las políticas de Mao Zedong y de sus sucesores, lo que unido a su importancia capital dentro de la ciencia china le mantuvo a salvo de las numerosas purgas y depuraciones de las que fueron víctimas otros intelectuales y científicos (como la Campaña Antiderechista de 1957 o la Revolución Cultural de 1966). Defendió que China debía mantener siempre un cierto número de armas nucleares como argumento disuasorio ante posibles ataques y en 1989 apoyó la brutal represión por parte del gobierno chino de los opositores congregados en la plaza de Tiananmen.

Tal y como había afirmado, nunca regresó a Estados Unidos. Ni cuando en 1979 Caltech le nombró Alumno Distinguido, ni cuando a principios de los 90 le devolvió sus documentos, que había tenido que dejar atrás cuando se fue del país, ni cuando el Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica le invitó a regresar para concederle un homenaje. No obstante, no se opuso cuando sus hijos Qian Yonggang y Qian Yungjen decidieron solicitar la nacionalidad norteamericana (a la que tenían derecho por haber nacido en Estados Unidos) y continuar allí con sus carreras.

El Museo y Biblioteca Qian Xuesen en Shangai

Qian Xuesen se jubiló en 1991 y vivió tranquilamente en Pekín el resto de su vida. Recibió múltiples homenajes y distinciones por parte del gobierno chino, que lo calificó como "Héroe Nacional", "Pilar del Estado" o "Científico del Pueblo". Murió en 2009, a los 97 años, a causa de un problema pulmonar. Su historia queda como ejemplo de hasta que punto los prejuicios y las sospechas infundadas pueden causar un daño mayor del que tratan de evitar: con la marcha de Qian Xuesen los Estados Unidos no solo perdieron a un científico de un talento descomunal, sino que entregaron ese talento a uno de sus más encarnizados rivales.

domingo, 22 de junio de 2025

Juan Valiente



Había nacido a principios del siglo XVI (probablemente en torno a 1505) en África Occidental, en lo que hoy es Senegal. Pertenecía a la etnia wolof, y se llamaba Sangor, aunque sería protagonista de una de las páginas más curiosas de la conquista española de América bajo otro nombre: Juan Valiente.

Tenía algo más de veinte años cuando corrió el mismo infortunio que miles de africanos a lo largo de varios siglos: tomado prisionero por una tribu rival, fue vendido a unos tratantes de esclavos portugueses que lo llevaron primero al archipiélago de Cabo Verde y luego al otro lado del océano, a la ciudad mexicana de Veracruz, donde fue vendido. Su comprador fue Alonso Valiente, un conquistador natural de la localidad extremeña de Medina de las Torres, primo y secretario de Hernán Cortés. Alonso lo llamó Juan y le otorgó su apellido, llevándoselo consigo como criado y escudero, primero a Ciudad de México y luego a Puebla, ciudad que el propio Alonso había ayudado a fundar y de la que sería alcalde. 

Durante cuatro o cinco años Juan sirve a su amo con diligencia y lealtad, pero nunca se conformará con su situación. Sin resignarse a pasar el resto de su vida como un esclavo, en 1533 llega a un acuerdo con Alonso Valiente para comprar su libertad. Con el permiso de su amo, Juan se alistará en alguna de las expediciones que se dirigen a Sudamérica, donde la conquista no había terminado y había posibilidades para que un hombre con coraje, decisión y algo de fortuna se hiciera rico. Pasados cuatro años, Juan pagaría a Alonso por su libertad con el dinero que obtuviera. En caso de no poder hacerlo, tendría que regresar y volver a ser su sirviente.

Juan Valiente viaja a Guatemala, donde en 1533 se une a la expedición de Pedro de Alvarado, quien ha obtenido del rey Carlos I el permiso para aventurarse al sur de los territorios que hasta entonces controlaba España en Sudamérica, bajo la gobernación de Francisco Pizarro, y que se extienden hasta la ciudad de Cuzco. La expedición de Alvarado, formada por unos 4000 hombres, de las cuales la mitad eran guerreros tlaxcaltecas, desembarca en bahía de Caráquez (Ecuador) en febrero de 1534; pero, tras varios meses vagando por la selva ecuatoriana y habiendo perdido numerosos hombres a causa de las enfermedades y el clima, Alvarado decide regresar a Guatemala en agosto tras pactar con Diego de Almagro y Gonzalo Pizarro, quienes también reclamaban derechos sobre los territorios al sur de Cuzco, a los que les cede a cambio de una indemnización sus barcos, caballos y los hombres que quisieran quedarse; entre ellos, Juan Valiente.

Tráfico de esclavos africanos

En julio de 1535 Almagro parte de Cuzco al frente de 500 soldados, un centenar de negros (tanto esclavos como hombres libres), entre ellos Juan, y varios miles de indios como porteadores, rumbo a Chile, donde esperaban encontrar grandes riquezas. La expedición resultó un rotundo fracaso; tras perder miles de hombres por las enfermedades, el frío y los encuentros con indios hostiles, Almagro y los suyos regresan a Cuzco en febrero de 1537 sin haber encontrado las riquezas que buscaban.

Mejor le va a Juan Valiente en su siguiente aventura. En enero de 1540 Pedro de Valdivia, maestro de campo de Francisco Pizarro, encabeza una nueva expedición a Chile, a pesar de los malos resultados de la expedición de Almagro, a la que de nuevo se une Juan. Valdivia, nombrado Gobernador y Capitán General en junio de 1541, no solo logra asentar el dominio español sobre aquellos territorios, sino que encuentra un importante yacimiento de oro en el estero Marga Marga. En esa misma expedición, en la que se funda la ciudad de Santiago de Chile, el buen hacer de Juan Valiente hace que Valdivia le recompense con una encomienda en las orillas del rio Mapocho, a la vez que lo asigna como parte de la guarnición que se encarga de custodiar los lavaderos del Marga Marga, donde trabajan un millar de indios. Sin embargo, en agosto de 1541 los indios de la zona se rebelan contra los españoles, masacrando a casi toda la guarnición y destruyendo los lavaderos y un pequeño astillero que Valdivia había ordenado construir cerca de ellos. De toda la guarnición solo dos hombres logran escapar: Juan Valiente y Gonzalo de los Ríos.

En 1542 llega a Chile un nieto de Alonso Valiente, con el encargo de su abuelo de averiguar el paradero de Juan y reclamarle el pago del dinero acordado, o de no tenerlo, de llevarlo de vuelta a México. No se sabe exactamente como discurrió el encuentro pero, dado que el joven regresó a México sin dinero y sin Juan, todo hace pensar que acordaron una prórroga del acuerdo.

Pedro Gutiérrez de Valdivia (1497-1553)

Juan Valiente sigue destacando a las órdenes de Valdivia. En 1546, tras su brillante actuación en la victoria de Quilacura contra los mapuches, Valdivia le nombra capitán, a pesar de que técnicamente sigue sin ser un hombre libre. Poco después se casa con una mujer llamada Juana de Valdivia, una antigua esclava propiedad de Pedro de Valdivia, a la cual este concede la libertad para que pueda casarse con Juan. Del matrimonio nacerían dos hijos. En 1550 Juan Valiente recibió como premio a sus servicios una encomienda llamada Toquihua, situada entre los ríos Maule y Ñuble.

Gracias a esta generosa concesión Juan ya está en disposición de cumplir su acuerdo con Alonso Valiente y pagarle la suma acordada por su liberación. Juan envía el dinero a Alonso a través de un oficial real como intermediario; pero el mensajero resulta no ser digno de confianza, y se da a la fuga con el dinero.

En 1554 Alonso Valiente, sin noticias de Juan y creyendo seguramente que su esclavo trataba de eludir su acuerdo, envía a un representante a Chile con órdenes de apresarlo e incautar sus bienes; pero el emisario solo puede confirmar su muerte: Juan, valeroso y leal hasta el final, había caído solo unos meses antes en la tristemente célebre batalla de Tucapel, en la que Pedro de Valdivia y sus hombres habían sido masacrados por un ejército mapuche abrumadoramente superior en numero.

A pesar de que Juan Valiente nunca dejó de ser un esclavo, su hijo mayor logró heredar su encomienda y mantener su propiedad a pesar de que trataron de arrebatársela en más de una ocasión. En Chile llevan su nombre sendas calles en la comuna de Vitacura (Santiago de Chile) y la ciudad de San Pedro de la Paz.


lunes, 16 de junio de 2025

Cuando los norteamericanos perdieron 200 soldados tomando una isla deshabitada



Las islas Aleutianas son un archipiélago de islas volcánicas que se extiende a lo largo de más de 1900 kilómetros por el Pacífico Norte, desde Alaska a la península rusa de Kamchatka. Son mas de 300 islas que, descubiertas y exploradas en el siglo XVIII, permanecieron bajo soberanía rusa hasta que en 1867 fueron vendidas, junto con Alaska, a los EEUU por 25 millones de dólares. Los rusos conservaron únicamente la soberanía sobre las islas más cercanas a sus costas, las llamadas Islas del Comandante.

A principios de junio de 1942, apenas seis meses después del ataque a Pearl Harbor, una nutrida fuerza aeronaval japonesa, bajo el mando del vicealmirante Kakuji Kakuta, se dirigió a las Aleutianas, bombardeando las bases norteamericanas en Dutch Harbor (en la isla Unalaska) y Fort Glenn (isla Umnak) los días 3 y 4 de junio, y desembarcando en la isla de Kiska (277 km2) el 6 de junio y en la de Attu (896 km2) al día siguiente. Para entonces la mayoría de sus habitantes habían sido evacuados a Alaska; solo quedaban 42 indígenas aleuts y un matrimonio blanco en Attu, que fueron capturados y llevados a Japón, y diez soldados de la Marina que atendían una estación metereológica en Kiska (dos murieron y ocho fueron tomados como prisioneros).

Tropas japonesas izan la bandera imperial tras tomar Kiska (6 de junio de 1942)

Aún genera dudas el motivo por el que los japoneses atacaron las Aleutianas. Seguramente, fue en parte una maniobra de distracción para desviar la atención de los norteamericanos de su verdadero objetivo: las islas Midway, donde había una importante y estratégica base aeronaval que fue atacada por los japoneses al mismo tiempo y donde se iba a librar una de las batallas decisivas de la guerra en el Pacífico. También hubo cierto componente propagandístico: al tratarse las islas de territorio norteamericano (fueron el único territorio de EEUU ocupado durante la Segunda Guerra Mundial, y la primera vez que una potencia extranjera invadía el país desde la guerra anglonorteamericana de 1812) su conquista se publicitó en Japón como una gran victoria de su ejército.

En un primer momento, la reacción norteamericana fue de indiferencia. Attu y Kiska no tenían valor estratégico, ni económico: eran islas desoladas, demasiado lejos de cualquier objetivo apetecible para un ataque japonés. Durante los primeros meses apenas les prestaron atención más allá de bombardear de vez en cuando las posiciones japonesas desde los aeródromos construidos a toda prisa en las islas de Adak y Atka (a unas 200 millas de Kiska y el doble de Attu). La mayoría de los altos mandos norteamericanos eran partidarios de dejar a los japoneses allí hasta el final de la guerra, si fuera preciso, y concentrar sus esfuerzos en el Pacífico Sur, donde realmente se iba a decidir el destino del conflicto. Pero había otra corriente de opinión, patriótica y nacionalista, para la que la presencia de tropas invasoras en territorio norteamericano era una ofensa y un deshonor al que había que poner remedio de inmediato. También se decía que los japoneses podían usar las islas como cabeza de puente para atacar Alaska o incluso la costa oeste norteamericana; algo sumamente improbable, ya que los japoneses carecían de bombarderos con tanta autonomía.

Tropas norteamericanas desembarcando en Massacre Bay (isla de Attu)

Mientras tanto, las tropas japonesas se dedicaban a fortificar ambas islas, construyendo posiciones defensivas, túneles, nidos de ametralladoras, en vistas al contraataque norteamericano, mientras eran abastecidas regularmente por convoyes enviados desde Japón. Los norteamericanos tardaron meses en reaccionar; ni siquiera aprovecharon cuando, entre agosto y octubre de 1942, la guarnición de Attu fue trasladada a Kiska en previsión de un ataque, quedando la isla desocupada. Finalmente, en enero de 1943 los americanos desembarcaron en Amchitka, una isla a solo 50 millas de Kiska, cuyo relieve plano la hacía perfecta para instalar un aeródromo. En marzo de ese año, el contraalmirante Thomas C. Kinkaid decretó un bloqueo naval a las islas; una fuerza naval al mando del contraalmirante Charles McMorris fue desplegada en la zona para interrumpir el envío de convoyes de aprovisionamiento a las islas. El 27 de marzo la escuadra de McMorris interceptaba cerca de las Islas del Comandante a un convoy japonés que llevaba suministros para Attu y Kiska; se trataba de tres buques de carga custodiados por cuatro destructores, dos cruceros pesados y dos ligeros. Los norteamericanos, pese a contar con fuerzas inferiores (cuatro destructores y un crucero pesado y otro ligero) se lanzaron al ataque; tras un intercambio de cañonazos, el vicealmirante Boshiro Hosogaya, al mando de la flota japonesa, decidió retirarse, temeroso de que los americanos recibieran refuerzos (una decisión duramente criticada a su regreso a Japón y que provocó su destitución). La llamada batalla de las islas Komandorski supuso el final de los convoyes de aprovisionamiento a las posiciones japonesas en las Aleutianas, que a partir de entonces tuvieron que ser abastecidas con submarinos, lo que redujo sensiblemente la cantidad de víveres y municiones entregada.

Finalmente, el 11 de mayo de 1943 15000 soldados de las Divisiones 7ª y 17ª, apoyados por tres escuadrones de la Fuerza Aérea canadiense, desembarcaban en Attu en lo que se llamó Operación Landcrab. Eligieron atacar primero Attu, la más lejana de las dos islas, porque en ella la guarnición japonesa era menor y porque así dejaban a Kiska entre dos bases americanas. Los norteamericanos encontraron problemas desde un primer momento. Las rigurosas condiciones climatológicas, agravadas porque muchos de los soldados carecían de ropa y equipos adecuados para el frío, provocaron numerosas bajas por hipotermia, congelación y enfermedad. El suelo de la isla, mayormente blando y encharcado, impedía usar vehículos de carga para desembarcar el material, que tenía que ser llevado a mano, multiplicando el esfuerzo de los soldados y el tiempo necesario para ello. Además los japoneses, en lugar de atacarlos en las playas, prefirieron retirarse y atrincherarse en las zonas más elevadas de la isla, desde donde francotiradores, nidos de ametralladoras y pequeños grupos de soldados con ametralladoras ligeras y morteros convertían en un suplicio el avance de los americanos hacia el interior. La inteligencia americana, además, estimaba en unos 500 los soldados japoneses en la isla; en realidad había cerca de 3000. 

El 29 de mayo, tras 17 días de combates, sin alimentos, sin apenas municiones y habiendo perdido toda esperanza de recibir auxilio, el comandante japonés, el coronel Yasuyo Yamasaki ordenó matar a sus heridos con inyecciones de morfina y se puso al frente de los últimos supervivientes para lanzar un último ataque a la desesperada, con el objetivo (más ilusorio que real) de tomar Engineer Hill, una posición elevada donde los norteamericanos habían instalado una batería de artillería, con el objetivo de usar sus propios cañones para bombardear a las tropas americanas. Muchos de los japoneses iban armados únicamente con sus bayonetas, debido a la carencia de municiones. La carga japonesa tomó por sorpresa a los americanos, sobrepasando sus primeras líneas y llegando hasta la retaguardia, donde se enzarzaron en un brutal combate cuerpo a cuerpo. Fue una de las mayores cargas banzai (ataques suicidas en oleadas) de la guerra, y como era habitual en este tipo de ofensivas, provocó la muerte de la mayoría de los atacantes, incluido Yamasaki y todos sus oficiales. Los que no cayeron en combate se suicidaron luego haciendo explotar granadas pegadas a su pecho.

Esa carga supuso el final de la resistencia japonesa en Attu, aunque los informes de la Marina norteamericana hablan de pequeños grupos aislados que siguieron hostigando a los americanos hasta principios de julio, y que el último japonés abatido en la isla lo fue el 8 de septiembre. Oficialmente, los japoneses tuvieron 2351 muertos (probablemente fueron muchos más; esos fueron únicamente los cadáveres enterrados por los americanos) y solo 28 prisioneros, ninguno de ellos oficiales, y casi todos demasiado heridos como para seguir combatiendo. Por su parte, los norteamericanos tuvieron 549 muertos y cerca de 1200 heridos, además de otras 1800 bajas por enfermedad y congelaciones. Una gran fuerza naval, formada por más de una veintena de unidades, había comenzado a reunirse en la Bahía de Tokio para acudir en ayuda de Attu, pero la isla había caído antes de que la flota estuviera dispuesta para zarpar.

Soldados norteamericanos disparan fuego de mortero contra posiciones japonesas en Attu

La feroz resistencia japonesa supuso un shock para los soldados norteamericanos. Sabían de la combatividad de los nipones, pero en modo alguno esperaban una resistencia tan encarnizada y suicida. También sus superiores estaban hondamente preocupados por el elevado número de bajas que habían tenido. Y en Kiska había muchos más japoneses que en Attu, entre 5000 y 6000 soldados. Así que en lugar de lanzarse inmediatamente a su conquista, prefirieron tomarlo con más calma y preparar el ataque con más precauciones. En las siguientes semanas, Kiska fue sometida a intensos bombardeos por mar y aire, como preparativo para el desembarco.

Sin embargo, a partir del mes de junio las fotografías tomadas por los aviones norteamericanos que sobrevolaban la isla mostraban una extraña actividad. Los japoneses parecían haber desmantelado algunos edificios, desmontado parte de su artillería antiaérea y había una inusual actividad en el puerto. La inteligencia norteamericana informó a Kincaid de que todo indicaba que los japoneses se preparaban para evacuar Kiska; pero el contraalmirante creyó que se trataba de una estratagema y que sus enemigos les estarían esperando ocultos en el interior de la isla, como en Attu. Y el plan para el desembarco, denominado Operación Cottage, siguió como estaba previsto, pese a que las fotografías aéreas mostraban nuevos indicios: vehículos que parecían llevar días sin moverse, falta de respuesta a los daños causados por los bombardeos, incluso los pilotos americanos informaban que ya no recibían fuego de la artillería antiaérea, solo disparos aislados de armas de menor calibre. El 28 de julio cesaron por completo las transmisiones de radio procedentes de Kiska; pero una vez mas Kincaid creyó que todo era parte de un plan de los japoneses.

Aviones de la USAF bombardean Kiska

Mientras las tropas norteamericanas se preparaban para el asalto definitivo a Kiska tuvo lugar un extraño incidente que pasaría a la historia como la Batalla de los pips. El 27 de julio la fuerza naval norteamericana que patrullaba la zona detectó en sus radares una serie de pips (contactos) de origen desconocido a unos 80 millas al oeste de Kiska. Creyendo que se trataba de una flota japonesa, se ordenó abrir fuego contra ellos. Los acorazados USS Mississippi y USS Idaho dispararon más de 500 proyectiles de 360 milímetros hacia aquella zona. Los contactos acabaron por desaparecer y se creyó que habían hundido a todos los barcos enemigos; pero, al registrar la zona no encontraron ningún indicio que indicara que allí se habían hundido barcos, ni restos a la deriva, ni cadáveres, ni manchas de combustible. Mas tarde se confirmaría que no había ningún barco japonés en más de 300 kilómetros a la redonda. Los contactos se han explicado como errores del radar (una tecnología entonces aún muy moderna) o bien, más recientemente, como bandadas de pardelas sombrías (Ardenna grisea) o pardelas de Tasmania (Ardenna tenuirostris), aves migratorias que suelen pasar por las Aleutianas en torno a julio.

El 15 de agosto de 1943 35000 soldados norteamericanos, de varias unidades como la 7ª División y la 10ª División de Montaña desembarcaban en la costa este de Kiska, en medio de una intensa niebla que imposibilitaba la acción de la artillería. Al día siguiente, una fuerza de 5300 soldados de la 6ª División canadiense hacían lo propio en la parte opuesta de la isla. Algunos habían vivido los combates de Attu, y otros habían oído hablar de ellos; todos tenían los nervios a flor de piel, esperando el inminente ataque japonés de un momento a otro. Pero los japoneses no acababan de aparecer. Sin embargo, los soldados, altamente sugestionables, informaban de voces hablando japonés entre la niebla y de escondites donde habían encontrado comida aún caliente, como si acabaran de haber sido abandonados. Y empezaron a sucederse los tiroteos fortuitos y los casos de fuego amigo: el nerviosismo general hacía que los soldados disparasen al menor indicio, creyendo ver enemigos por todas partes. 

Y para colmo de males, los canadienses, igualmente nerviosos, habían comenzado a avanzar hacia el interior de la isla sin coordinarse con los norteamericanos ni asegurarse de su posición. Una avanzadilla canadiense tomó contacto con una norteamericana y cada una creyó que los otros eran japoneses; en el tiroteo que se desató a continuación murieron cuatro canadienses y veintiocho norteamericanos, con medio centenar de heridos por cada bando. El número de bajas seguía aumentando antes de que nadie hubiera visto a un solo japonés; al fuego amigo se sumaban los accidentes, las minas y las bombas trampa instaladas por los japoneses. El 18 de agosto el destructor USS Abner Read chocó con una mina cuando entraba al puerto; la explosión le arrancó parte de la popa y causó la muerte de 71 marineros y heridas a otros 47.

Tropas americanas desembarcando en Kiska

El 24 de agosto Kiska fue declarada segura sin que se hubiera informado de ningún contacto con tropas japonesas. ¿Donde estaban? Lo que los americanos habían tomado como una estratagema para hacerles creer que los japoneses abandonaban la isla resultó que era real. Una vez hubo caído Attu, los japoneses sabían que su situación en Kiska era insostenible y el alto mando ordenó la evacuación total de la isla. Después de varias semanas de preparativos, el 28 de julio, el día que habían cesado las comunicaciones de radio, una flotilla japonesa, amparada en la densa niebla que envolvía la isla, había evacuado a la mayor parte de los soldados y de su equipo, llevándolos a un puerto seguro en las islas Kuriles. Atrás había quedado únicamente un reducido número de soldados, que eran los responsables del fuego de ametralladoras contra los aviones americanos, para completar el desmantelamiento e instalar trampas y minas; habían sido evacuados unos días más tarde a bordo de un submarino. 

Como resultado final de la Operación Cottage, los norteamericanos habían tenido unos 200 muertos y 400 heridos. Un número indudablemente elevado para tomar una isla en la que no quedaba nadie, aunque a la opinión pública se le vendió como un éxito la reconquista de la isla.

domingo, 8 de junio de 2025

¿Sabías que...

... el presidente francés Félix Faure (1841-1899) murió al sufrir un ataque de apoplejía mientras su amante, Madame Steinheil, le practicaba sexo oral en el despacho presidencial?

... solo dos personas han ganado el máximo premio económico de la versión americana del célebre concurso ¿Sabes más que un niño de primaria? ? Una es Kathy Cox, antigua superintendente del sistema de escuelas públicas del estado de Georgia. El otro, George Smoot, Premio Nobel de Física en 2006.

... el 90% de las personas adoptadas en Japón son varones adultos de entre 20 y 40 años? Es una costumbre bastante arraigada que hombres ancianos sin hijos adopten a un empleado o a un familiar para convertirlo en su heredero.

... Swazilandia prohibió por ley en 2013 que las brujas que vuelen en escobas volasen por encima de los 150 metros de altura?

... según una teoría formulada por un profesor de la Universidad Berkeley de California, el peso de Internet, calculado como el peso de los electrones en movimiento que generan la electricidad necesaria para almacenar toda su información, equivaldría a unos 50 gramos, lo mismo que una fresa?

... incluyendo a todos sus territorios, Francia tiene doce zonas horarias diferentes, más que cualquier otro país del mundo?

... el zifio o ballenato de Cuvier (Ziphius cavirostris) es capaz de permanecer hasta dos horas bajo el agua sin subir a la superficie a respirar?

... la allodoxafobia es el miedo irracional a las opiniones de otras personas?

... la palabra más larga del idioma español es "electroencefalografista"?

... una de cada dieciocho personas presenta un pezón supernumerario? A este fenómeno se lo denomina "politelia".

... un estudio llevado a cabo en Japón en 1995 demostró que las palomas son capaces de distinguir entre un cuadro de Monet y otro de Picasso?

... el símbolo conocido como "almohadilla" o "numeral" (#) también se conoce como michi, tatetí, tresenlínea, gato y vieja?


domingo, 1 de junio de 2025

El caso de los hermanos Stratton

Alfred Edward Stratton (1882-1905) y Albert Ernest Stratton (1884-1905)

La mañana del lunes 27 de marzo de 1905 un joven de 16 años llamado William Jones llegó a su lugar de trabajo, una tienda llamada Chapman's Oil and Colour Shop, en el número 34 de la calle Deptford High, en el distrito londinense de Lewisham. Para su sorpresa, pese a ser ya las ocho y media de la mañana, la tienda permanecía cerrada, algo muy inusual, ya que su propietario, Thomas Farrow, de 71 años, que vivía con su esposa Ann, de 65, en el apartamento que había sobre la tienda, nunca abría su negocio a una hora tan tardía. William llamó repetidas veces, pero nadie le respondió, así que se asomó a una de las ventanas. Y lo que vio le alarmó: la habitación desordenada y varias sillas tiradas en el suelo.

El joven Jones corrió a buscar ayuda y encontró a Louis Kidman, otro empleado que se dirigía a su trabajo. Entre los dos consiguieron forzar la puerta de la tienda y encontraron el cuerpo del señor Farrow en un charco de sangre, con señales de haber recibido una brutal paliza. Su esposa Ann estaba todavía en su cama, inconsciente y también brutalmente apaleada. De inmediato se avisó a la policía y a un médico y la señora Farrow fue llevada a un hospital.

Un primer examen del escenario determinó el robo como causa más probable del crimen. Como Jones contó a los agentes, el señor Farrow tenía por costumbre llevar cada lunes al banco la recaudación de la semana anterior (que se calculó en unas trece libras de la época) y una caja de caudales vacía se encontró tirada en el suelo. Dado que la puerta no había sido forzada y que los Farrow iban vestidos con sus ropas de dormir, se supuso que los autores habían conseguido que el señor Farrow les abriera la puerta con algún engaño, tras lo cual lo habían golpeado brutalmente y subido al dormitorio, donde atacaron a su esposa y se hicieron con el dinero. Las manchas de sangre sugerían que el señor Farrow había recuperado la consciencia y había tratado de impedir su fuga, siendo entonces golpeado de nuevo hasta la muerte. Una palangana llena de agua sanguinolenta indicaba que los asesinos se habían lavado las manos antes de huir. El hallazgo de dos máscaras abandonadas, fabricadas con sendas medias, apuntaba a que habían sido dos los asaltantes.

Ante la gravedad del caso se hicieron cargo de la investigación el inspector jefe Frederick Fox y Melville Macnaghten, jefe del Departamento de Investigación Criminal y Comisionado Asistente de la policía de Londres, y conocido por su intervención un par de décadas antes en la investigación de los crímenes de Jack el Destripador. Fue precisamente Macnaghten quien, revisando el escenario del crimen, se fijó en que en de la caja de caudales vacía había una mancha grasienta que resultó ser una huella dactilar. Con sumo cuidado, envolvió la caja en su propio pañuelo y la llevó a la Oficina de Huellas Dactilares de Scotland Yard.

Charles Stockley Collins

En aquellos días el uso de huellas dactilares era todavía una técnica reciente y que generaba dudas a muchos. La propia Oficina había sido fundada hacía menos de cuatro años (precisamente Macnaghten había sido uno de sus más entusiastas apoyos) y, aunque había logrado algunos éxitos, como la condena por robo de Harry Jackson (la primera condena en el Reino Unido conseguida con las huellas dactilares como evidencia) y la identificación de varios fugitivos que se ocultaban bajo identidades falsas, nunca había tomado parte en un caso de asesinato. Por aquel entonces estaba dirigida por el inspector Charles Stockley Collins, considerado el mayor experto en huellas dactilares del país, quien examinó en persona la huella del caso Farrow. Collins concluyó que se trataba de la huella de un pulgar, probablemente de la mano derecha, y tras estudiarla descartó que perteneciera a los Farrow o al sargento Harry Atkinson (que había admitido haber tocado la caja con las manos desnudas durante la investigación). Tampoco coincidía con ninguna de las entre 80 y 90000 huellas dactilares que la Oficina tenía ya en sus archivos, así que iban a necesitar un sospechoso para compararlas. Esperaban que la señora Farrow pudiera darles algún indicio sobre los culpables, pero lamentablemente falleció en el hospital el 31 de marzo, sin haber recuperado la consciencia.

La policía interrogó a numerosos testigos; Deptford High era una calle muy transitada, incluso a hora muy temprana. Varias personas afirmaron haber visto a dos hombres salir de la tienda sobre las siete y media de la mañana; uno iba vestido con un traje marrón oscuro y una gorra, el otro con un traje azul marino y un bombín. Dos de los testigos habían reconocido a uno de aquellos hombres como Alfred Stratton, un viejo conocido de las autoridades policiales. Aunque nunca había sido arrestado, Stratton era un personaje habitual del submundo criminal de Londres. También tenía un hermano, Albert, de similares antecedentes y cuya descripción coincidía con la del otro sujeto. La novia de Alfred, Annie Cromarty, fue interrogada, y admitió que Alfred se había ausentado aquella madrugada y que al regresar se deshizo de la ropa que llevaba puesta; llevaba, además, una importante cantidad de dinero cuyo origen no quiso confesar a Annie. La policía, gracias a las indicaciones de Annie, encontraría más tarde la cantidad de cuatro libras, enterradas junto a una fuente cerca de su casa.

Con estos indicios se extendió una orden de arresto para los dos hermanos, que fueron detenidos el 2 de abril. Se les tomaron las huellas dactilares y Collins, tras examinarlas, concluyó que la huella de la caja de caudales coincidía exactamente con la huella del pulgar derecho de Alfred Stratton. Los dos hermanos fueron acusados oficialmente de asesinato y su juicio comenzó el 5 de mayo en el tribunal del Old Bailey.

Sir Melville Leslie Macnaghten (1853-1921)

El juicio iba a suponer un punto de inflexión para el uso de las huellas dactilares como prueba en casos criminales. Macnaghten, Collins y el fiscal Robert Muir sabían que siendo la huella de Alfred Stratton la principal prueba de cargo contra los hermanos, todo el caso iba a depender de si el jurado la aceptaba como una evidencia fiable o no. Por eso Muir quiso plantear un caso sólido alrededor de la huella. Llamó al estrado a numerosos testigos que habían visto a los dos hermanos en la zona aquella madrugada; dos de ellos, un boxeador llamado Henry Littlefield y una joven local llamada Ellen Stanton, identificaron a Alfred Stratton fuera de toda duda. El patólogo que había examinado los cadáveres de los Farrow testificó que las heridas de ambos eran compatibles con las que habrían causado varias herramientas que la policía había incautado a los Stratton. Annie Cromarty repitió su testimonio, añadiendo que Alfred le había pedido unos días antes del crimen un par de sus medias, y que le había dicho que, en caso de que alguien le preguntase, dijera que la noche del crimen la había pasado con ella. Por su parte Kate Wade, la novia de Albert, reconoció que este no había estado con ella la noche del crimen, algo poco habitual.

La defensa había previsto esta estrategia, y tenía preparada una explicación alternativa, que el propio Alfred Stratton explicó desde el estrado. Según él, la madrugada del día 27 su hermano Albert había acudido a su casa a pedirle dinero para alojarse en una pensión. Alfred había ido a ver si tenía, pero cuando regresó Albert ya se había ido. Alfred fue en su busca y lo encontró a cierta distancia, en Regent Street, diciéndole que no tenía dinero pero podía quedarse en su casa; había sido entonces cuando los testigos los habían visto juntos, no en Deptford High, como habían dicho. Ambos habían regresado a casa de Alfred, donde habían permanecido hasta las nueve de la mañana. Además, afirmó que el dinero que había escondido junto a la fuente lo había ganado en un combate de boxeo varias semanas antes del crimen. Para contrarrestar esta versión, el fiscal Muir llamó a declarar a William Gittings, un empleado de la cárcel en la que los Stratton habían estado recluidos en espera de su juicio. Según Gittings, Albert Stratton le había dicho en una conversación que creía que a su hermano iban a ahorcarlo y que a él le caerían diez años de cárcel. "Él me ha metido en esto", había dicho a Gittings, declaración que Muir interpretó como una confesión.

Y llegó el momento fundamental del juicio: el momento en el que fiscalía y defensa debían de tratar de convencer al jurado de la fiabilidad o no de la identificación mediante las huellas dactilares. La fiscalía llamó a Collins a declarar. Collins hizo un pormenorizado relato de como era el proceso de toma y comparación de huellas dactilares; mostró al jurado la caja de caudales, les mostró como la huella coincidía exactamente con la de Alfred Stratton, y con ninguna otra de las miles que Scotland Yard tenía en sus archivos, y respondió con claridad y seguridad a todas las preguntas que le hicieron. A continuación, la defensa llamó a declarar al doctor John Garson. Garson era un eminente doctor y antropólogo, que había sido incluso profesor del propio Collins; estaba claro que la estrategia de la defensa era desacreditar a Collins oponiéndole a otro experto de mayor prestigio. Como era de esperar, Garson trató de negar la validez de las conclusiones de Collins, mostrándose más que escéptico acerca del valor de la huella como prueba de cargo. 

La caja de caudales de Thomas Farrow, con la huella dactilar de Alfred Stratton 

Sin embargo, la fiscalía también había preparado su contraataque. A preguntas del fiscal, Garson tuvo que admitir que no era un experto en huellas dactilares; al contrario, siempre se había mostrado contrario a su uso. Había declarado en su contra en el Comité Belper, celebrado en diciembre de 1900, y que había recomendado que a partir de entonces los registros criminales del Reino Unido incluyesen las huellas dactilares, y era un encendido defensor de la antropometría (la medición de las partes y proporciones del cuerpo humano) como sistema de identificación. Como golpe de gracia, Muir mostró al tribunal dos cartas escritas por Garson en similares términos, una enviada a la fiscalía y otra a la defensa, ofreciéndose a declarar en el juicio a favor de cualquiera de las dos partes que le pagara más. Cuando Muir le preguntó cómo justificaba haber escrito tales cartas, Garson se limitó a decir que él era "un testigo independiente", pero su credibilidad había quedado en entredicho y el propio juez Channell, que presidía el tribunal, llegó a comentar que aquellas dos cartas convertían a Garson en un testigo "absolutamente indigno de confianza".

Ambas partes terminaron el juicio con sus alegatos, pero la decisión del jurado estaba más que cantada. Tras menos de dos horas de deliberación declararon a los hermanos Stratton culpables de asesinato, y el 6 de mayo ambos fueron condenados a la pena capital, sentencia que se cumplió por ahorcamiento a las nueve de la mañana del 23 de ese mismo mes en la prisión londinense de Wandsworth.

El caso de los hermanos Stratton (también conocido como el caso de los crímenes Farrow, el caso de los crímenes de Deptford o el caso de los asesinos enmascarados) figura de manera destacada en la historia de la Criminología moderna. Fue el primer caso de asesinato en el Reino Unido que terminó en una condena gracias a las huellas dactilares. El caso sentó un precedente, demostrando la validez de aquella técnica que hasta entonces había estado en entredicho, y que se acabaría convirtiendo en una herramienta básica de la ciencia forense y de la investigación criminal.