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| Boeing B-29 Superfortress |
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| El General H.H. Arnold Special, en pleno proceso de desmontaje |
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| Túpolev Tu-4 |
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| Andréi Nikoláyevich Túpolev (1888-1972) |
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| Boeing B-29 Superfortress |
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| El General H.H. Arnold Special, en pleno proceso de desmontaje |
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| Túpolev Tu-4 |
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| Andréi Nikoláyevich Túpolev (1888-1972) |
En 1717 el célebre pirata Benjamin Hornigold asaltó un buque mercante frente a las costas de Honduras. Cuando los piratas subieron a bordo, Hornigold pidió a los aterrorizados tripulantes que les entregaran... sus sombreros. Según explicó, la noche anterior sus hombres habían pillado una fenomenal borrachera durante la cual habían lanzado por la borda todos sus sombreros. Cuando hubieron "requisado" la mayor parte de los sombreros de a bordo, los piratas se marcharon tranquilamente sin llevarse nada más.
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La isla de Ni'ihau es la más pequeña de las islas habitadas del archipiélago de Hawai. Tiene unos 180 kilómetros cuadrados de superficie y una población estable de unas 130 personas, en su mayoría de origen hawaiano. Pertenece en su totalidad a dos hermanos, Bruce y Keith Robinson, cuya tatarabuela, Elizabeth Sinclair, la compró en 1864 al rey hawaiano Kamehameha V a cambio de diez mil dólares en oro. Se la conoce también como La Isla Prohibida porque hasta hace poco la familia Robinson solo permitía el acceso a ella a miembros de la familia, personal militar (en la isla hay una pequeña base de la Marina norteamericana), empleados del gobierno y personas expresamente invitadas. Los hermanos Robinson han rechazado todas las ofertas que han recibido para vender la isla, incluida una del gobierno norteamericano cifrada en mil millones de dólares.
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En enero de 2020 un joven de 17 años llamado Aidan Jackson, residente en la localidad inglesa de Widmes, empezó a sufrir convulsiones mientras estaba en su habitación jugando online. Sus padres estaban viendo la televisión y no se dieron cuenta, pero afortunadamente la chica con la que Aidan estaba hablando, Dia Lathora, natural de Texas, a más de 8000 kilómetros, se dio cuenta de que algo pasaba y avisó a la policía de Widmes, que se presentó de inmediato en la casa de los Jackson y pudo auxiliar a Aidan.
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En agosto de 1987 un jugador llamado Dave Bresnahan, catcher en el equipo de los Williamsport Bills, que jugaba en las Ligas Menores de béisbol, tuvo la idea de utilizar una patata cortada con la forma de una pelota de béisbol para engañar a un jugador rival durante un partido contra los Reading Fighting Phils. Aunque a Bresnahan le pareció una broma muy divertida, su equipo no lo creyó así; fue multado, le rescindieron su contrato y supuso el final de su carrera deportiva.
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La gacería o briquero es una peculiar variedad lingüística que se habla en la provincia de Segovia, fundamentalmente en el municipio de Cantalejo y limítrofes. Tiene su origen alrededor de los siglos XII y XIII, cuando la región fue repoblada con colonos procedentes del norte de la Península. De hecho, la principal teoría sobre su origen es que surge de la mezcla del idioma galaico-portugués de los nuevos colonos con el castellano medieval que hablaban los habitantes de la zona, con algunas influencias árabes, vascas y francesas. En la actualidad está arraigada en determinados sectores vinculados a los oficios tradicionales, como la fabricación de aperos de labranza o el comercio de ganado.
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En 1986 se descubrió cerca de la localidad rumana de Mangalia la llamada cueva de Movile, una cueva con un sistema de aguas subterráneas que había permanecido aislado al menos 5 millones y medio de años. A pesar de la completa ausencia de luz (que hace que el ecosistema de la cueva se base en la quimiosíntesis y no en la fotosíntesis), con bajas concentraciones de oxígeno y altas de dióxido de carbono y sulfuro de hidrógeno, la cueva posee una elevada cantidad de vida animal. Se han encontrado en ella 48 especies de arañas, pseudoescorpiones, caracoles y sanguijuelas, entre otras (la mayoría ciegas y carentes de pigmentos) de las cuales 33 son exclusivas de esta cueva.
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En junio de 1918 tuvo lugar la Batalla del Bosque de Belleau, que enfrentó a la 2ª y 3ª Divisiones de Infantería del ejército norteamericano, reforzadas con unidades francesas y británicas, contra las Divisiones 10ª, 28ª, 87ª, 197ª y 237ª del ejército alemán, que formaban parte de una ofensiva alemana que les había llevado a escasos 60 kilómetros de Paris. El 6 de junio dos batallones de los US Marines atacaron el bosque de Belleau, donde se habían acantonado parte de las tropas alemanas. Los Marines tuvieron que soportar fuego de ametralladoras, francotiradores y una notable inferioridad numérica, con intensos combates que a menudo se resolvían en luchas cuerpo a cuerpo. Fue durante esta acción en la que el sargento de artillería Daniel Daly, una leyenda de los Marines, dos veces ganador de la Medalla de Honor (algo que solo 19 personas han logrado en toda la historia) y veterano de intervenciones en las Filipinas, Haití o China, pronunció una frase legendaria para animar a sus hombres a seguir combatiendo, una frase que se convertiría en uno de los lemas del cuerpo de Marines: "Come on, you sons of bitches, do you want to live forever?" ("Venga, hijos de perra, ¿queréis vivir para siempre?"). Aquel día los Marines sufrieron, entre muertos y heridos, un total de 1087 bajas, la mayor cantidad de bajas sufridas por el cuerpo en un solo día hasta la batalla de Tarawa (noviembre de 1943).
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Durante la primera edición de la Copa América, poco antes del inicio del partido Argentina-Brasil la selección argentina se quedó con solo 10 hombres porque uno de sus jugadores tuvo que ausentarse repentinamente por motivos laborales (por aquel entonces no había sustituciones y las selecciones solo habían convocado a 11 futbolistas). Cuando parecía que Argentina iba a tener que jugar con 10, uno de sus jugadores reconoció entre los espectadores del partido a José Laguna, futbolista del Club Huracán. Laguna, convocado a toda prisa, aceptó jugar el partido, y al final sería el autor del único gol de los argentinos en el partido, que terminaría con empate a 1.
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| Miembros del Shindo Renmei |
Los primeros inmigrantes japoneses llegaron a Brasil en 1908. El primer barco cargado de inmigrantes japoneses, el Kasato Maru, arribó al puerto de Santos el 18 de junio de 1908, con 165 familias a bordo. Aunque el gobierno brasileño no era muy proclive a permitir la llegada de inmigrantes asiáticos (unos años antes había prohibido la inmigración desde China, para dar prioridad a los inmigrantes europeos, sobre todo llegados desde Italia), la bajada en el número de inmigrantes italianos (que empezaban a elegir otros destinos como Estados Unidos o Argentina) y la perentoria necesidad de mano de obra en las grandes plantaciones de café, pilar fundamental de la economía brasileña, hicieron que las autoridades aceptaran a los japoneses. La mayoría se instalaron en el estado de Sao Paulo o en el vecino de Paraná.
La colonia japonesa en Brasil creció con rapidez. En 1915 ya había más de 15000 japoneses instalados en Brasil, y tras la Primera Guerra Mundial, cuando países como Estados Unidos, Australia o Canadá empezaron a poner trabas a la inmigración japonesa, su número se disparó: en 1940 contaba más de 200000 integrantes, entre los nacidos en Japón (issei) y sus hijos (nissei) y nietos (sansei) ya nacidos en Brasil, conformando la mayor comunidad japonesa del mundo fuera de Japón. Para entonces, tratándose de un colectivo trabajador y emprendedor, aunque una parte importante seguía trabajando en la agricultura, en plantaciones de café, té o arroz, otros muchos habían creado empresas de todo tipo.
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| Barrio da Liberdade (Sao Paulo) |
Los japoneses en Brasil formaron una comunidad muy cerrada, a menudo hermética. Vivían en barrios prácticamente exclusivos (como el de Liberdade en Sao Paulo) y procuraban mantener las costumbres y tradiciones de su patria, radicalmente distintas a las de su país de acogida. Muchos de ellos eran personas de origen humilde, que aspiraban a regresar a Japón algún día con el dinero que habían ganado, por lo que no habían hecho ningún esfuerzo para integrarse. Un porcentaje muy elevado no hablaba portugués ni se relacionaba con los brasileños más que lo estrictamente necesario. Tenían tiendas japonesas, escuelas en japonés para sus hijos y medios de comunicación como emisoras de radio y periódicos en japonés (se calcula que cerca de un 90% de los inmigrantes japoneses estaba suscrito a algún periódico en japonés). Y este aislamiento acabó por generar desconfianza y suspicacias entre los brasileños, que con cierta frecuencia desembocaban en episodios de racismo o enfrentamientos entre miembros de ambas comunidades.
El 18 de abril de 1938 el gobierno del dictador Getúlio Vargas promulgaba el llamado Decreto 383, que buscaba exacerbar el sentimiento nacionalista brasileño imponiendo restricciones a las comunidades de inmigrantes más cerradas, como la japonesa o la alemana. Entre otras medidas, el decreto prohibía a los extranjeros formar asociaciones o intervenir en política, prohibía el uso de idiomas extranjeros en público o en la educación, en programas de radio, y prohibía la circulación de periódicos y revistas en idiomas extranjeros, a menos que fueran bilingües, lo que, debido a la subida de los costes, en la práctica abocó al cierre a la mayoría de los medios escritos en japonés. Pero estas medidas, lejos de conseguir integrar a los japoneses, solo lograron que sus comunidades, sintiéndose atacadas, se volvieran aún más cerradas.
Y llegó 1939 y estalló la Segunda Guerra Mundial. Como era natural los japoneses de Brasil seguían con interés las noticias que llegaban desde su país natal, aunque esas noticias, a menudo procedentes de fuentes oficiales, tenían un marcado carácter triunfalista, más encaminado a elevar la moral de los japoneses que a proporcionar una información veraz sobre el discurrir de la guerra. En agosto de 1942, en respuesta a los ataques a buques brasileños por parte de submarinos alemanes e italianos, el gobierno brasileño rompía relaciones con Alemania, Italia y Japón y les declaraba la guerra. Los inmigrantes japoneses pasaron a ser visto como potenciales traidores, espías o saboteadores, y se les impusieron nuevas y severas restricciones. Se prohibió la entrada en el país de ciudadanos japoneses, se cortaron los envíos de correo en ambas direcciones, se les prohibió residir o viajar por determinadas zonas estratégicas, e incluso se les prohibió poseer aparatos de radio, que fueron confiscados por las autoridades, para que no pudieran captar transmisiones de onda corta procedentes de Japón. En la práctica, la comunidad japonesa en Brasil sufrió un apagón informativo, quedando aislada y sin manera de recibir noticias de su país natal. Y es en este contexto en el que surge el Shindo Renmei.
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| Junji Kikawa |
A principios de los años 40, un grupo de japoneses católicos había fundado, con la aprobación de las autoridades brasileñas y de la Iglesia Católica, una organización caritativa llamada la Pía, destinada a socorrer a los miembros más necesitados de la colonia japonesa. Entre los colaboradores de la Pía estaba un antiguo coronel del Ejército Imperial japonés llamado Junji Kikawa, un hombre de ideología profundamente nacionalista y tradicionalista. En 1942, tras un violento enfrenamiento entre japoneses y brasileños en la ciudad de Marília, Kikawa fundó el Shindo Renmei (Liga del Camino de los Súbditos), una sociedad cuyo objetivo era proteger a los miembros de la colonia japonesa, mantener los valores tradicionales japoneses y proteger el honor del Japón y de su emperador. No fue la única agrupación clandestina creada en el seno de la comunidad, pero si la que estuvo dispuesta a llegar más lejos. Así, muy pronto Kikawa empezó a incitar a los japoneses a sabotear determinadas actividades relacionadas con el esfuerzo bélico, como la cría de gusanos de seda (la seda se empleaba para confeccionar paracaídas) o el cultivo de menta (el mentol se usaba para elaborar explosivos y como refrigerante para motores). Y aunque hubo pequeños sabotajes por parte de agricultores japoneses, la policía brasileña apenas los investigó.
En 1944 Kikawa dejó la Pía, tras un enfrentamiento con su directiva, que rechazaba los métodos violentos defendidos por el ex-militar. El Shindo Renmei, sostenido gracias a las donaciones, creció con rapidez; llegó a tener miles de simpatizantes y hasta 64 sucursales en distintas localidades de Sao Paulo y Paraná, con su sede central en el 96 de la calle Paracatu de Sao Paulo.
En septiembre de 1945 se anunció oficialmente la rendición de Japón. Pero una parte sustancial de los japoneses-brasileños se negó a creerlo. Creían de buena fe en la invencibilidad de Japón, veían imposible que el ejército japonés se rindiera mientras quedara un solo soldado en pie. Y empezaron a decir que todo había sido un montaje de los americanos, una maniobra de propaganda para desmoralizar a los japoneses, y que mientras tanto la guerra continuaba o incluso que había terminado, con Japón como vencedor, y que las tropas japonesas ya habían ocupado la Costa Oeste de los EEUU. Se produjo así un cisma en el seno de la comunidad japonesa. Por un lado, los kachigumi o "vencedores", los que defendían que todo era un engaño, que Japón no había sido vencido ni nunca lo sería. Eran los más numerosos, por lo general pertenecientes a las clases más humildes, aunque no todos eras seguidores del Shindo Renmei ni compartían sus métodos. Por otro, los makegumi o "derrotistas", apodados peyorativamente "corazones sucios", los que sabían que era cierto que Japón se había rendido. Solían ser los miembros más acomodados de la colonia, los mejor integrados, los que hablaban portugués y se relacionaban con los brasileños y, por lo tanto, tenían acceso a medios de comunicación brasileños e internacionales. Los makegumi trataron de convencer a los kachigumi de la verdad, pero estos se resistían tozudamente a aceptarla. En medio de la confusión, algunos trataron de obtener beneficio, vendiendo a los kachigumi supuestos títulos de propiedad en las nuevas tierras conquistadas, o vendiendo yenes (que en aquel momento no valían nada) a aquellos que esperaban regresar a un Japón triunfante. Muchos kachigumi perdieron todos sus ahorros, y algunos incluso se suicidaron al verse arruinados.
Por supuesto el Shindo Renmei y sus seguidores creían firmemente que las noticias sobre la derrota de Japón eran falsas. Así que se dedicaron activamente a desmentirlas, haciendo circular panfletos y con emisiones clandestinas de radio. Pero hicieron algo más. Furiosos contra los makegumi por lo que consideraban una traición a su patria y a su emperador, decidieron que debían castigarlos por ello. No tardaron en empezar a redactar listas de makegumi que debían pagar por sus acciones. En primer lugar se enviaron una serie de cartas a algunos de los makegumi más prominentes en los que se los conminaba a suicidarse para expiar su culpa y restaurar su honor. Tienes un corazón sucio, así que debes lavarte la garganta (es decir, debes cortártela) era una frase común en todas ellas. Pero ninguno de los que las recibió aceptó suicidarse; estaban acostumbrados a recibir críticas y amenazas y no les dieron importancia, así que los miembros del Shindo Renmei decidieron imponer el castigo ellos mismos.
Según se supo más adelante, los atentados eran organizados y coordinados por Kamegoro Ogasawara, un destacado líder de la organización, propietario de una fábrica de tintes en Sao Paulo. Los ejecutores eran jóvenes voluntarios (algunos apenas adolescentes) altamente fanatizados, apodados tokkotai (contracción de tokubetsu kōgeki tai, el nombre de las unidades de operaciones especiales del ejército japonés, incluidas las misiones suicidas como los kamikazes). Su primera víctima fue Ikuta Mizobe, director general de la Cooperativa Agrícola de Bastos (a 460 kilómetros de Sao Paulo), que había confirmado a sus empleados en una circular que la rendición japonesa era cierta. Mizobe fue asesinado a tiros en su propia casa en la madrugada del 7 de marzo de 1946. A partir de ahí se sucedieron con regularidad los ataques, a veces con armas de fuego y a veces con katanas. En ocasiones los tokkotai ni siquiera mostraban intención de huir; permanecían junto a su víctima hasta que llegaba la policía brasileña, a la que explicaban que no tenían nada contra los brasileños, ni contra Brasil, y que simplemente estaban cumpliendo con su deber.
Las investigaciones de las autoridades se toparon con un muro de silencio. Nadie entre los japoneses quería hablar, ni siquiera aquellos que estaban directamente amenazados. Todos lo consideraban un asunto interno de la comunidad, algo en lo que los ajenos a ella no debían inmiscuirse. Aún así, con todas las dificultades, las autoridades siguieron investigando, y el 8 de mayo de 1946 una gran redada llevaba al arresto de Kikawa y los principales dirigentes del Shindo Renmei, así como de la mayoría de los tokkotai. Pero, aún habiendo descabezado a la organización, algunas células aisladas siguieron cometiendo ataques de manera independiente: el último asesinato atribuido al Shindo Renmei se produjo el 6 de enero de 1947. En total, las cifras oficiales hablan de 23 muertos y 147 heridos, todos de ascendencia japonesa, aunque hay sospechas de que hubo más casos que nunca fueron denunciados a las autoridades.
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| Ikuta Mizobe |
Las autoridades brasileñas investigaron a más de 30000 ciudadanos de origen japonés de los que se sospechaba tenían vínculos con la organización. Finalmente, 376 de ellos fueron procesados, incluida la cúpula directiva y los tokkotai. De ellos 14 tokkotai fueron condenados a distintas penas de cárcel como autores materiales de los ataques. Asimismo, se decretó la expulsión del país de 155 inmigrantes japoneses, aunque las sucesivas apelaciones y la complicada burocracia brasileña provocó que ninguna de aquellas órdenes se llegara a ejecutar.
A pesar del tiempo transcurrido, las acciones del Shindo Renmei siguen siendo un tema tabú en el seno de la comunidad japonesa-brasileña. Un asunto particular que los afecta solo a ellos, y que es mejor no sacar a colación, especialmente ante personas ajenas a la colonia. Aunque la gran mayoría de los implicados han muerto, y de que en la actualidad la mayoría de los japoneses-brasileños ya han nacido en Brasil y están completamente integrados, lo siguen considerando una cuestión interna de su comunidad.
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| Donatien Alphonse François de Sade, marqués de Sade (1740-1814) |
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| George Gordon Byron, Lord Byron (1788-1824) |
Cuando el célebre y escandaloso poeta británico Lord Byron murió a causa de unas fiebres en la localidad griega de Missolonghi, donde se encontraba ayudando a los griegos en su lucha por independizarse del Imperio Otomano, dejó escritas unas Memorias, 78 folios redactados entre 1818 y 1821, al parecer bastante explícitas en cuanto a su vida, sus amores y sus ideas. Después las entregó a su amigo el también poeta Thomas Moore, para que las custodiase. Más tarde, entre 1820 y 1821, Byron añadiría un prolongación, totalizando unas 120000 palabras. En 1821 Moore las vendió, con el permiso del autor, al editor John Murray, con la condición de que no se publicasen hasta después de la muerte de Byron, y de que tanto él como Moore tuvieran derecho a volverse atrás y recomprarlas antes de que Lord Byron muriese.
Sin embargo, solo unas semanas después de la muerte de Lord Byron, Moore, Murray, el escritor John Hobhouse y varios conocidos más del difunto se reunieron en Londres, primero en casa de Hobhouse y luego en la de Murray, y decidieron que lo mejor era destruir el manuscrito, porque consideraban que su contenido era tan escandaloso y licencioso, que probablemente mancharía el nombre de Byron y de su familia para siempre. ¿Qué había tan inmoral en aquellas Memorias? Lo cierto es que en la vida del poeta había motivos más que suficientes para el escándalo. Cuando leas mis memorias comprenderás los males, tanto morales como físicos, de la verdadera disipación. Puedo asegurarte que mi vida es muy entretenida y muy instructiva, le dijo en una conversación al poeta Thomas Medwin. Probablemente hablaba de sus numerosas aventuras sexuales, muchas de ellas con mujeres casadas; de su más que probable bisexualidad; o incluso de la relación incestuosa que había mantenido con su medio hermana, Augusta Leigh, fruto de la cual supuestamente habría nacido una de las hijas de Augusta, Elizabeth. Sea como fuere, y pese a las protestas de Moore, que opinaba que era suficiente con eliminar los pasajes más escabrosos, el manuscrito original y la única copia existente fueron quemados en la chimenea de la casa de Murray, en lo que en Inglaterra aún llaman "el mayor crimen literario de la historia".
La segunda parte de Almas muertas, de Nikolai Gogol
![]() Nikolái Vasílievich Gógol (1809-1852) |
La Isla de la Cruz, de Herman Melville
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| Herman Melville (1818-1891) |
Es sabido que, tras el relativo fracaso de sus novelas Moby Dick (1851) y Pierre o las ambigüedades (1852) Herman Melville decidió abandonar su idea de dedicarse en exclusiva a la literatura y buscar otros trabajos, como marinero o agente de aduanas, para mantener a su familia. Desde ese momento, y hasta su muerte en 1891, Melville se dedicaría fundamentalmente al relato y a la poesía, y solo publicaría tres novelas más (una de las cuales, Billy Budd, dejó inacabada). Sin embargo, gracias a su correspondencia y a la de algunos de sus familiares, se sabe que en 1852 escribió una novela titulada La Isla de la Cruz, cuyo argumento ofreció previamente a su amigo Nathaniel Hawthorne (autor entre otras obras de La letra escarlata), que lo rechazó. La Isla de la Cruz se inspira en un suceso real del que Melville había oído hablar en un viaje a la isla de Nantucket, la historia de una mujer llamada Agatha, hija de un farero, que salva la vida de un náufrago al que el mar ha arrojado a la costa. Agatha lo cuida hasta que se recupera, y luego se casa con él, pero más tarde él la abandona. Melville escribió la novela en la segunda mitad de 1852 y la ofreció al año siguiente a sus editores, Harper & Brothers, a los que no les disgustó pero la rechazaron, temiendo una denuncia por parte de la familia de la mujer. A partir de ahí no se supo más del manuscrito de la novela, ni si se extravió en la editorial ni si el propio Melville lo destruyó.
The Temple at Thatch, de Evelyn Waugh
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| Arthur Evelyn St. John Waugh |
Double exposure, de Sylvia Plath
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| Sylvia Plath (1932-1963) |
Desgraciadamente, solo una fracción de toda la literatura escrita por las distintas civilizaciones a lo largo de la historia ha llegado hasta nosotros. La desidia, el abandono, a veces la acción de invasores o saqueadores, o incluso la voluntad de sus propios autores o de sus herederos, han provocado que múltiples obras, incluidas muchas que en su día fueron famosas y admiradas, no hayan llegado hasta nuestros días. Estas son algunas de esas obras que probablemente nunca conoceremos.
El Margites de Homero
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| Homero (c. s. VIII a. C.) |
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| Zenón de Citio (334-262 a. C.) |
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| Tito Livio (59 a. C.-17 d. C) |
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| Emperador Yongle (1360-1424) |
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| William Shakespeare (1565-1616) |
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| Iglesia de Angoville-au-Plain |
Angoville-au-Plain es una pequeña localidad de la región francesa de Normandía, de apenas unas docenas de habitantes. Es tan pequeña que en 2016 dejó de ser una comuna autónoma y pasó a integrarse con otras varias pequeñas comunas en una mayor recién creada, la de Carentan-les-Marais. Su monumento más destacado es su iglesia, construida en el siglo XII. Y es precisamente esa iglesia la que tuvo un papel fundamental en el que posiblemente sea el suceso más destacado de la historia del pequeño lugar.
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| Kenneth Jack Moore (1924-2014) |
El 6 de junio de 1944 tiene lugar el célebre Desembarco de Normandía, el inicio del traslado de las tropas aliadas que se habían ido reuniendo en suelo británico hasta la Europa continental. Previamente, esa madrugada tres divisiones aerotransportadas, la 82ª y la 101ª norteamericanas y la 6ª británica, eran lanzadas en paracaídas detrás de las líneas alemanas, con la misión de tomar y asegurar determinadas posiciones estratégicas (puentes, carreteras) que facilitasen luego el avance de las tropas desembarcadas. Angoville era uno de los objetivos de los paracaidistas aliados: no solo se encuentra a apenas unos kilómetros tierra adentro de Utah Beach, uno de los cinco puntos en los que se produjo de manera simultánea el desembarco, sino que por ella pasa la carretera que une París y Cherburgo, que luego se revelaría esencial para el avance de las tropas aliadas por suelo francés.
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| Robert Edward Wright Sr. (1924-2013) |
Las tropas aerotransportadas sufrieron algunos problemas y apenas un 10% de las tropas lanzadas al oeste de Utah Beach saltaron en el lugar correcto. No obstante un grupo de soldados de la 101ª lograron abrirse paso hasta Angoville para ocuparla como estaba previsto. Uno de los soldados que toman tierra es un enfermero llamado Kenneth J. Moore, perteneciente al 2º Batallón del Regimiento 501º. Como había practicado en los entrenamientos, Moore se libra de su paracaídas y corre hacia el pueblo, donde ya han empezado los combates entre los hombres de la 101 y los defensores alemanes. Al aproximarse, distingue entre las sombras la silueta de la iglesia, y piensa que es un buen lugar para instalar un puesto provisional de primeros auxilios. Al entrar en la iglesia se encuentra con Robert E. Wright, otro sanitario de su mismo batallón, que ha tenido la misma idea. Juntos preparan sus escasos suministros y se disponen para atender a los heridos. El combate continúa y los heridos no tardan en empezar a llegar. Algunos llegan por su propio pie, a otros son los sanitarios los que salen a buscarlos, llevándolos hasta la iglesia incluso en una carretilla.
| Vidrieras de la iglesia de Angoville |
La tarde de ese día 6 Ken Moore lleva un nuevo herido hasta la iglesia. Pero esta vez es diferente: se trata de un soldado alemán. Años después, preguntado por qué decidió atender también a los alemanes, Moore diría "Porque eran hombres jóvenes como nosotros, simplemente llevaban otro uniforme". Wright no dice nada; simplemente comienza a atender al alemán, como ha hecho con sus propios compañeros. Ninguno de los otros pacientes se atreve a poner objeciones. Conforme avanza el día, llegan más heridos, aliados y alemanes, y todos son atendidos. En un determinado momento, un soldado alemán abre de golpe la puerta de la iglesia y apunta con su arma a los presentes; pero, al ver que se trata de un puesto médico y de que también están atendiendo a heridos alemanes, baja su arma y, sin decir palabra, se santigua y se va. Wright, preocupado por si se produce algún incidente o confusión, decide recoger todas las armas de los heridos y dejarlas fuera, en la puerta de la iglesia; a partir de ese momento, para evitar malentendidos, no permitirán ningún arma dentro de la iglesia.
Al caer la noche, un oficial de la 101 se acerca a la iglesia para informar a los sanitarios de que, debido a la contraofensiva de los alemanes, los americanos se ven obligados a retirarse de Angoville y deben evacuar inmediatamente; pero, como no disponen de vehículos, no pueden llevarse a los heridos y deben dejarlos atrás. Wright y Moore no dudan; ambos deciden quedarse atendiendo a los heridos, aunque ello suponga caer prisioneros de los alemanes. A lo largo de esa madrugada los alemanes vuelven a ocupar el pueblo y llevan a la iglesia a sus heridos.
A la mañana siguiente, un oficial alemán se presenta en la iglesia con varios soldados. Tienen intención de entrar, pero Wright les advierte de que no permiten armas en el interior de la iglesia. Sorprendentemente, el oficial se muestra de acuerdo y ordena a sus hombres dejar las armas en el exterior. Tras comprobar el estado de sus hombres, el oficial agradece a los sanitarios su labor y les estrecha las manos, preguntando antes de irse si necesitan algo. Suministros y un médico, le responde Wright. No han recibido medicamentos ni material médico desde que aterrizaron, y se las han tenido que arreglar con lo que llevaban encima. El oficial alemán les promete enviarles ayuda en menos de 24 horas, pero no tendría ocasión de hacerlo.
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| La baldosa de la iglesia de Angoville donde impactó el mortero |
Poco después se reanudan los combates. Los soldados de la 101 han recibido refuerzos y vehículos y vuelven a la carga. Los combates son incluso más intensos y acaban por alcanzar a la iglesia. Un proyectil de mortero alcanza el tejado, causando algunos daños y sembrando la preocupación entre sanitarios y pacientes. Poco después un segundo proyectil atraviesa una ventana y se estrella en el suelo de la iglesia. Milagrosamente, el proyectil no llega a estallar, lo que sin duda habría causado numerosas bajas entre los ocupantes, y Wright se apresura a recogerlo y lanzarlo fuera de la iglesia. Más tarde las ventanas de la iglesia son destruidas por el fuego de la ametralladora de un tanque Sherman norteamericano, que cree erróneamente que se trata de un puesto alemán. Wright sale al exterior para advertirles de su error, pero uno de los soldados de la 101 se le adelanta y, encaramado al tanque, comienza a golpear la escotilla advirtiendo a sus ocupantes de que se trata de un puesto médico.
Un teniente americano informa a los sanitarios de que necesitan acceso al campanario de la iglesia, para utilizarlo como puesto de observación; pero ambos se niegan rotundamente. La iglesia es un lugar seguro para los heridos, y hasta entonces así lo han entendido ambos ejércitos. Permitir que sea utilizado por uno de los bandos sería convertirlo en un objetivo para el otro. Esa noche, para sorpresa de todos, dos soldados alemanes bajan del campanario de la iglesia, donde llevaban dos días escondidos sin que nadie se diera cuenta, y se rinden a Wright y Moore.
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| Los bancos de la iglesia, todavía manchados con la sangre de los heridos |
Al final, ya avanzado el día 8, las tropas norteamericanas logran eliminar los últimos reductos de resistencia y asegurar Angoville, permitiendo la evacuación de los heridos. Wright y Moore han pasado tres días y dos noches atendiendo a sus pacientes, sin apenas descansar. Por la iglesia han pasado más de ochenta hombres de ambos bandos, habiendo que lamentar la muerte de solo dos de ellos, y un niño del pueblo llamado Jean-Vienne, herido por un impacto de mortero.
Angoville nunca olvidó la heroica actuación de los dos enfermeros norteamericanos. Las vidrieras de la iglesia fueron sustituidas por otras nuevas, una de las cuales recuerda a Wright y Moore y otra, la actuación de los paracaidistas norteamericanos. Aún se conservan en la iglesia los bancos manchados de sangre en los que yacieron los heridos a los que ambos atendieron y la baldosa rota por el impacto del mortero que no llegó a estallar. En el patio de la iglesia, un monumento recuerda el heroísmo de ambos.
Wright y Moore recibirían la Estrella de Plata por sus actuación en Angoville (Wright también recibiría una Estrella de Bronce y tres Corazones Púrpura). Ambos fueron licenciados tras el final de la guerra y regresaron a EEUU, donde formaron sus respectivas familias y llevaron vidas pacíficas hasta su muerte. Regresaron en varias ocasiones a Francia, para conmemorar el Día D y visitar los lugares en los que habían estado, incluido Angoville, donde ambos fueron homenajeados. En 2011, Wright recibió la Legión de Honor francesa.
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| 6 de junio de 2011. Robert Wright recibe la Legión de Honor |
A su muerte, en 2013, Robert Wright pidió ser enterrado en la iglesia de Angoville. Sin embargo, la complicada burocracia lo impidió. No obstante, su familia logró cumplir, de alguna manera, su última voluntad. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas se repartieron; parte de ellas descansan en el Cementerio Nacional de Florida, en la ciudad de Bushnell. El resto fueron llevadas a Francia y enterradas junto a la iglesia de Angoville, bajo una sencilla lápida en la que figuran únicamente sus iniciales, R E W. En cuanto a Moore, fallecido en 2014, sus cenizas se esparcieron en su California natal.
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| Paz de las Germanías (Marcelino Unceta) |
La revuelta social conocida como las Germanías (del valenciano germá, hermano), que afectó al reino de Valencia y, en menor medida, al de Mallorca, comienza en 1519 (casi al mismo tiempo que otra célebre rebelión, la de las Comunidades de Castilla, cuya fama a menudo oscurece la de las Germanías), pero las causas que la provocan venían de bastante tiempo atrás. Los abusos de poder de los nobles, la complicada situación económica y los elevados impuestos, que los gremios de artesanos juzgaban excesivos, habían provocado un descontento general entre la burguesía y los artesanos del reino y una notable animadversión hacia la nobleza y hacia los mudéjares (musulmanes residentes en territorio cristiano), en su mayoría vasallos de los nobles.
En 1519 una epidemia de peste se desata en el reino y provoca la huida masiva de los nobles de las ciudades al campo, escapando de la enfermedad, lo que crea un vacío de poder que es ocupado por las germanías, organizadas a partir de las milicias ciudadanas que el rey Fernando el Católico había autorizado años antes para que los valencianos pudieran defenderse de los habituales ataques de los piratas berberiscos. El movimiento se inicia en Valencia, dirigido por una especie de comité o concilio llamado la Junta de los Trece, y posteriormente se extiende a otras localidades como Alzira, Gandía, Sagunto o Alcoy.
En un primer momento el movimiento de las germanías es mayormente pacífico, e incluso la Junta envía una comitiva, liderada por el tejedor Guillem Sorolla, a Alemania, a entrevistarse con Carlos I, quien se hallaba allí presentando su candidatura al trono imperial. Al principio el rey les reconoce el derecho a continuar portando armas y a mantener el control de sus ciudades. Mese más tarde, sin embargo, la presión de los nobles y los militares hace que Carlos I rectifique y desautorice a las milicias, que sin embargo se niegan a disolverse.
Las germanías empiezan entonces una progresiva radicalización, sobre todo a raiz de la muerte de su primer líder, el cardador de lana Joan Llorenç, de carácter moderado, y la elección como nuevo líder del terciopelero Vicent Peris, mucho más radical. A partir de ahí se suceden los ataques a posesiones de la nobleza, las conversiones forzadas de mudéjares y los enfrentamientos con las tropas reales, mandadas por el virrey de Valencia, Diego Hurtado de Mendoza. El 25 de julio de 1521 los agermanados logran una gran victoria en la batalla de Gandía, obligando al virrey Mendoza a refugiarse en el Castillo de la Atalaya en Villena.
No obstante a partir de ese momento las disensiones entre los agermanados y la llegada de refuerzos provocan un debilitamiento del movimiento. Los siguientes enfrentamientos son desfavorables para los sublevados y las tropas del virrey no tardan en tomar el control de todo el sur del reino, desde Alicante a Onteniente. En febrero de 1522 Peris viaja a Valencia para tratar de mantener la unidad de las distintas facciones de la germanía local, pero es capturado por un grupo de soldados. Apenas unas semanas después las tropas reales ocupan la ciudad y Peris y sus colaboradores más cercanos son ejecutados, con lo que el núcleo de la sublevación pasa a estar en Xátiva y Alzira.
La muerte de Peris, popular y con un gran ascendiente sobre los agermanados, siembra la confusión y la pesadumbre en las filas de los rebeldes. Y es entonces cuando hace su aparición un curioso personaje que se haría popular: el llamado Encubierto de Valencia.
Se hacía llamar Enrique Manrique de Ribera, aunque no se sabe con certeza si era ese su verdadero nombre. Se desconoce prácticamente todo sobre sus orígenes, pero se cree que debía contar por entonces con unos veinticinco o treinta años y era andaluz, probablemente de ascendencia judía. Descrito como bajo, delgado y poco agraciado físicamente, era sin embargo una persona elocuente y con gran poder de convicción. Había vivido durante cuatro años en la ciudad norteafricana de Orán, al servicio de un comerciante llamado Juan de Bilbao, del que había llegado a ser íntimo amigo e incluso a vivir en su casa, hasta que el mercader, sospechando que el tal Enrique y su esposa eran amantes, lo había echado a la calle. Se había instalado luego en la Huerta de Valencia hasta que habiendo estallado la revuelta se había unido a ella. El 10 de marzo, poco después de la ejecución de Peris, pronuncia un discurso ante una multitud congregada en la Plaza de la Seo de Xátiva, clamando por un castigo divino contra los responsables de la muerte del líder agermanado, y poco después encabeza una expedición de castigo contra los vasallos mudéjares de Rodrigo Hurtado de Mendoza, marqués de Zenete y hermano del virrey, que le granjea fama y popularidad.
El 21 de marzo Manrique pronuncia un nuevo discurso, en el mismo lugar que el anterior, que es el que verdaderamente le encumbra y le hace famoso. En él, mezclando elementos religiosos y políticos, proclama ser hijo del príncipe Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, y de su esposa Margarita de Austria. Según cuenta la historia, Juan muere en 1497, sin llegar a cumplir los veinte años, seis meses después de su boda, y su esposa, embarazada, daría a luz meses después a una hija póstuma de Juan, que moriría poco después de nacer. Pero según Manrique, todo era falso. Él era el verdadero hijo del príncipe, y por lo tanto el legítimo heredero del trono, pero una conspiración para favorecer a Felipe el Hermoso (esposo de la infanta Juana "la Loca" y rey de Castilla entre 1504 y 1506) encubre su nacimiento y le arrebata sus derechos, enviándolo a Gibraltar, donde es criado por una pastora. El responsable de esta conspiración es un personaje bien conocido (y odiado) en Valencia: el poderoso cardenal Mendoza, padre del virrey Diego y de su hermano Rodrigo. Cuando se hizo mayor conoció su verdadero origen, y desde entonces permaneció oculto (lo que le valdría el apodo entre sus seguidores de el rey Encubierto) por designio divino, esperando el momento en el que su presencia fuera necesaria para sus atribulados súbditos. Todo ello mezclado con proclamaciones mesiánicas y ataques a la nobleza, a la Iglesia y al rey Carlos.
La muchedumbre, huérfana de un líder y abatida por los reveses militares, acoge con entusiasmo la revelación del supuesto rey. Su poder de convicción es tal que sus "súbditos" pasan por alto las incoherencias de su relato (por ejemplo, el cardenal Mendoza había muerto en 1495, dos años antes de su supuesto nacimiento). Aunque los dirigentes de la germanía no acaban de creerse su historia, no se atreven a oponerse a él y le reconocen como líder. El Encubierto no pierde el tiempo: se instala en una lujosa casa, con criados y mayordomo, se viste con ostentosos ropajes y se apropia del tesoro de la catedral, con el que recluta una guardia montada de veinte hombres. A la vez, busca el apoyo de Alzira, la otra población importante que todavía queda controlada por las germanías.
En las siguientes semanas, el Encubierto dirige varias escaramuzas contra las tropas reales. En una de ellas sale milagrosamente vivo de una lluvia de flechas que le lanzan los soldados del virrey, lo que sus seguidores interpretan como una señal de la protección divina. Empiezan a circular rumores sobre él diciendo que es un santo en vida, que obra milagros, que es capaz de levitar o que solo puede morir en Jerusalén. Ante el riesgo de que consiga reunir bajo su mando a los restos de las germanías y se reavive el levantamiento, las autoridades valencianas consiguen que el papa Adriano VI declare hereje al Encubierto y a la vez, el virrey Mendoza y el gobernador de Valencia, Lluís de Cabanyelles, ofrecen una generosa recompensa a quien lo entregue, vivo o muerto, o a quien informe de su paradero.
En mayo de 1522 el Encubierto encabeza una expedición que se dirige a Valencia; planea asesinar al marqués de Zenete como venganza por la muerte de Peris, restablecer la germanía local y retomar el control de la ciudad. Se entrevista en secreto con algunos de los antiguos dirigentes locales, como Joan Martí, antiguo alcaide del castillo de Xátiva. Sin embargo, uno de aquellos líderes, llamado Guillem Cardona, lo traiciona y lo denuncia al virrey, obligándolo a huir y a refugiarse primero en Benimaclet y luego en Burjassot (Joan Martí es apresado y ejecutado poco después). El 19 de mayo de 1522, el Encubierto es asesinado a puñaladas en Burjassot a manos de dos de sus seguidores, deseosos de cobrar la recompensa que ofrecen por él. Su cuerpo es llevado a Valencia, donde es sometido a juicio post-morten por la Inquisición, que lo declara culpable de herejía. Su cabeza es expuesta en la Puerta de Quart, mientras que el resto del cuerpo es quemado en la hoguera.
Tras la muerte del Encubierto, Xátiva y Alzira no tardan en ser conquistadas, poniéndose fin a las germanías. Germana de Foix, viuda de Fernando el Católico, es nombrada virreina, y gobernará junto a su esposo, Fernando de Aragón, duque de Calabria, hasta su muerte en 1538. La mayoría de los antiguos agermanados se acogerían a un indulto concedido por la virreina en 1524 y a un perdón general otorgado por Carlos I en 1528; aún así, a lo largo de varios años se siguieron produciendo arrestos y ejecuciones de antiguos dirigentes de las germanías (se habla de hasta 800 condenas a muerte, a las que habría que sumar otras 200 en el reino de Mallorca).