Verba volant, scripta manent

domingo, 15 de enero de 2017

Tunnerminnerwait y Maulboyheenner


En 1839 George Augustus Robinson, empresario y predicador, fue nombrado jefe de la recién creada oficina de Protección de Aborígenes en el distrito de Port Phillip (que con el paso de los años daría lugar a la ciudad de Melbourne), una entidad surgida por recomendación del Parlamento británico con el objetivo declarado de proteger a los aborígenes de los abusos de los colonos, aunque a menudo fue empleada más para manipular y tener controlados a los nativos australianos. Robinson, que hasta entonces había estado asentado en Tasmania, mantenía buenas relaciones con numerosos aborígenes, y creía que su nuevo cargo le permitiría mejorar sus condiciones de vida. Eso si, mejorándolas "a la británica"; o lo que es lo mismo, haciéndoles renunciar a sus costumbres ancestrales para adoptar la mucho más "civilizada" cultura británica. Y se le ocurrió que la mejor manera para hacerlo era educar a algunos aborígenes para que ellos mismos luego se encargasen de "civilizar" a sus congéneres. Una idea que los británicos habían intentado más veces, como en el caso de Jemmy Button, casi siempre con pésimos resultados.
Al trasladarse de Tasmania a Port Phillip, Robinson había llevado con él a un grupo de 16 aborígenes para que se convirtieran en la avanzadilla de su proyecto. Entre estos estaba Tunnerminnerwait, un nativo natural de la isla de Robbins, a quien Robinson tenía en gran estima. Era un hombre inteligente, trabajador, hablaba inglés con soltura y llevaba años trabajando para él como guía e intérprete. Pero lo cierto es que Tunnerminnerwait nunca se había fiado demasiado de los europeos; siendo un adolescente, había sido testigo de la masacre de Cape Grim, en la que colonos británicos habían asesinado a una treintena de hombres, mujeres y niños aborígenes, y sentía en su interior un gran rechazo por los recién llegados, aunque se cuidara mucho de dar muestras de ello.

George Augustus Robinson (1791-1866)
Al parecer, lo que pudo desencadenar la posterior reacción de Tunnerminnerwait fue un viaje que realizó en compañía de Robinson entre marzo y agosto de 1841, en el que entre otros asuntos se investigó la llamada masacre de Convincing Ground, en la que unos balleneros habían asesinado a entre 60 y 200 aborígenes de la tribu Gunditjmara en la bahía de Portland. Lo cierto es que, al poco de regresar, en septiembre de 1841, Tunnerminnerwait huyó de Melbourne acompañado de otros cuatro aborígenes, un hombre (Maulboyheenner) y tres mujeres (Planobeena, Pyteruner y Truganini), y en las siguientes semanas se dedicaron a asaltar a colonos y viajeros, robando armas y municiones con el objetivo, al parecer, de organizar una resistencia armada entre los aborígenes para combatir a los británicos.
La pequeña rebelión aborigen asustó a los colonos e inquietó a las autoridades. Hasta entonces, los aborígenes no se habían mostrado capaces de presentar una resistencia firme a la ocupación británica, y muchos temían que fuese esta la chispa que desencadenase una insurrección general. Hasta tres expediciones armadas, compuestas de soldados, policías y colonos voluntarios se lanzaron en su busca, antes de que los cinco fugitivos fueran capturados en noviembre de 1841. Su rebelión había durado apenas ocho semanas. Se les acusó de numerosos asaltos, robos e incursiones en granjas, que dejaron cinco heridos y dos muertos, dos balleneros apellidados Yankey y Cook, abatidos el 6 de octubre en la bahía de Western Port.
Los cinco acusados llegaron a Melbourne el 21 de noviembre, encadenados y fuertemente escoltados. El 20 de diciembre comparecieron ante el juez John Walpole Willis (con fama de severo e intransigente) y fueron formalmente acusados de asesinato. De su defensa se encargó un joven abogado llamado Redmond Barry, quien años más tarde se haría célebre por ser el juez que condenó a la horca al legendario forajido Ned Kelly. Barry trató de exculpar a los cinco alegando que no había pruebas concluyentes contra ellos (sólo una supuesta confesión que los prisioneros nunca ratificaron) y que, al no tratarse de ciudadanos británicos, estaban fuera de la jurisdicción del tribunal. Tras un juicio con numerosas irregularidades (a los acusados no se les permitió presentar pruebas ni testigos a su favor), Tunnerminnerwait y Maulboyheenner fueron declarados culpables y condenados a muerte, mientras que las tres mujeres quedaban bajo la custodia de George Robinson (posteriormente, serían llevadas de vuelta a Tasmania). Tunnerminnerwait recibió la sentencia con aparente frialdad, limitándose a decir que tras su muerte "se reencontraría con su padre en Tasmania para cazar canguros".

Los dos aborígenes son conducidos a la horca
Los dos aborígenes fueron ahorcados el 20 de enero de 1842, en un patíbulo construido en Franklin Street. Su ejecución (la primera que tenía lugar en Port Phillip) causó gran expectación; se estima que acudieron a presenciarla unas 5000 personas, la cuarta parte de los habitantes de la colonia. Sus cuerpos fueron luego sepultados en el antiguo cementerio, que años más tarde sería urbanizado y sobre el cual se asienta en la actualidad el Queen Victoria Market.

jueves, 12 de enero de 2017

Fordlandia


A principios del siglo XX, tras el derrumbe de la industria cauchera brasileña, el mercado del caucho natural estaba en manos de un pequeño grupo de cultivadores británicos y holandeses, que poseían grandes plantaciones en Asia oriental y controlaban la práctica totalidad del suministro mundial. Por aquel entonces, la pujante industria automovilística se había convertido en una de las principales demandantes de caucho, necesario para fabricar neumáticos y diversas partes de los motores de sus vehículos.

Ford Modelo T
En la década de 1920 la principal empresa automovilística era la Ford, que fabricaba cientos de miles de coches cada año. Coches que necesitaban enormes cantidades de caucho, que suponía un elevado gasto para la empresa. Además, dada la inexistencia de competencia, era imposible negociar los precios con los suministradores, que actuaban como un cártel imponiendo los precios que a ellos les convenían. Al fundador y propietario de la Ford, Henry Ford, acostumbrado a imponer su voluntad, le irritaba esta situación, y comenzó a esbozar la idea de crear su propia plantación de caucho, para de este modo tener asegurado el suministro de caucho a un precio muy inferior al del mercado. Tras considerar durante un tiempo establecer su plantación en Centroamérica, finalmente optó por instalarse en Brasil; algo lógico, ya que el árbol del que se obtenía el caucho, la Hevea brasiliensis, era nativa del Amazonas.

Hevea brasiliensis
Y así, en 1926 se constituyó la Companhia Ford Industrial do Brasil, que no tardó en llegar a un ventajoso acuerdo con el gobierno brasileño, por el cual éste renunciaba a imponer impuestos de exportación a los productos de la Companhia, a cambio de recibir el 9% de sus beneficios. La compañía empezó a contratar trabajadores abriendo oficinas en ciudades como Belém y Manaos, a la vez que buscaba un asentamiento adecuado. Finalmente, en 1929 la compañía adquirió una amplia extensión de terreno (unos 10000 kilómetros cuadrados) a orillas del Amazonas, en el estado de Pará, una operación en la que intervino como intermediario un tal Jorge Dumont Villares, representante del gobernador del estado, Dionísio Bentes.

Planta generadora de electricidad de Fordlandia
Como núcleo de la plantación se eligió una zona cercana al río Tapajós, Allí se construiría un asentamiento para alojar a los trabajadores de la empresa, un poblado creado de la nada que recibiría el modesto nombre de Fordlandia. Desde Norteamérica se envió maquinaria, material de construcción y equipamientos, y una amplia zona fue despejada de vegetación para poder construir las instalaciones de la fábrica y la zona residencial. En plena selva tropical, surgió así una réplica de un barrio residencial norteamericano, con sus hileras de casitas blancas todas iguales, con su porche y muebles en el jardín. También se construyó un hospital, una planta generadora de electricidad, un aserradero, una biblioteca, un hotel e incluso un campo de golf. Conforme iban llegando los trabajadores, empezaron a aparecer nuevos negocios, restaurantes, panaderías, sastres...


Henry Ford era un hombre un tanto intransigente y cabezota. Solía actuar siguiendo únicamente su criterio, sin hacer caso de los consejos de otros. Eso le llevó a cometer numerosos errores en la planificación de Fordlandia. Uno de ellos fue precisamente tratar de reproducir en pleno trópico el estilo de vida norteamericano, que él juzgaba "más saludable". Entre otras cosas, impuso el horario de trabajo estándar de sus factorías, el famoso "de nueve a cinco", lo que obligaba a los empleados a estar activos durante las horas de más calor del día (la mayoría estaban acostumbrados a trabajar desde muy temprano, antes de que saliera el sol, y luego al atardecer). En los comedores se servía únicamente comida norteamericana, los fines de semana había actividades de ocio como lecturas de poesía o bailes en inglés (que muchos no entendían) a las que los trabajadores eran "aconsejados" de asistir... Ford también prohibió el alcohol, el tabaco, el juego e incluso el fútbol dentro de los límites del pueblo; los representantes de la empresa podían registrar las casas de los trabajadores en busca de mercancías prohibidas si así lo querían. Irónicamente, esta "pequeña Ley Seca" tuvo un efecto similar del que tuvo la Ley Seca en EEUU; disparó el contrabando y propició la aparición de locales de mala nota fuera de los límites de Fordlandia (bares, clubes, burdeles), a donde los trabajadores de la plantación acudían con frecuencia. Todo esto, unido a los frecuentes casos de malaria (provocados por la facilidad con la que el suelo se encharcaba) causó un descontento cada vez mayor entre los empleados nativos, pese a los buenos salarios: un trabajador ganaba del orden de 37 centavos de dólar al día, el doble del sueldo habitual en Brasil.


Pero no era ese el único error que había cometido Ford. En lugar de contratar a expertos cultivadores o botánicos para dirigir la explotación, Ford puso al mando a ingenieros de su empresa, los cuales no tenían ni idea del cultivo de las Heveas. Muy pronto, en los terrenos de Fordlandia comenzaban a crecer grandes plantaciones de árboles del caucho, pulcramente dispuestos en largas filas. Pero llegó un momento en que los árboles dejaron de crecer. Los trabajos de deforestación y la consiguiente erosión habían arrebatado al suelo buena parte de su capa fértil, dejándolo árido y rocoso. La elevada concentración de árboles propició la aparición de plagas; mientras en su entorno natural la densidad suele ser de unas tres Heveas por hectárea (siempre rodeadas de árboles de otras especies), en Fordlandia las plantaciones tenían hasta ochenta ejemplares por hectárea, haciéndolos fácilmente atacables por hongos e insectos. Muchos árboles perdían sus hojas y quedaban atrofiados e improductivos. Los encargados trataron de poner freno a las enfermedades, pero sin éxito.
Los malos resultados de la plantación no hacían más que elevar el descontento de los trabajadores brasileños. Así, en diciembre de 1930, estalló una revuelta dentro de Fordlandia. Todo comenzó, al parecer, en una de las cafeterías, en la que un trabajador se quejó, harto de los problemas gástricos que les causaba la comida norteamericana. Otros lo secundaron, y aquella protesta se convirtió en disturbios que se extendieron por todo el pueblo, con actos vandálicos y amenazas al personal norteamericano, el cual tuvo que buscar refugio en sus casas o bien huyó a la selva. Los disturbios duraron tres días, hasta que llegó el ejército brasileño a poner orden.

Reloj de fichar para el control horario de las jornadas laborales, destruido durante la revuelta
Tras la revuelta, Fordlandia retomó su actividad, pero los problemas con la explotación continuaron. Un periodista británico escribió para el Indian Rubber Journal en 1931: En la larga historia de la agricultura tropical, nunca un proyecto tan ambicioso había sido acometido de forma tan pródiga y con tan poco beneficio. El proyecto del señor Ford está condenado al fracaso. En 1933, tras cuatro años de cultivo sin obtener cantidades significativas de caucho, Ford dio su brazo a torcer y contrató a un botánico para tratar de salvar la plantación. Éste trató de recuperar algunos de los árboles, pero acabó dándose por vencido y concluyó que aquel suelo era inadecuado para las Heveas, demasiado húmero y escarpado. "Casualmente" el anterior propietario de buena parte de los terrenos que había comprado Ford era un tal Villares... el mismo intermediario que había aconsejado a Ford sobre el mejor lugar para establecer su plantación, y que se había embolsado una bonita suma con la operación.

Plantación en Belterra (c. 1935)
Ford no quiso darse por vencido todavía, pese al fracaso de su primer intento, y trasladó maquinaria y trabajadores a un nuevo emplazamiento, cincuenta millas río abajo, creando un nuevo asentamiento, Belterra. Allí el suelo, más seco y llano que en Fordlandia, se ajustaba mejor a la biología de las Heveas. Además, fueron importados ejemplares procedentes de las plantaciones asiáticas, resistentes a las plagas. La nueva explotación no fue un desastre absoluto como la anterior, pero sus avances fueron lentos y nunca alcanzó los objetivos que se habían fijado. Su pico de producción lo alcanzó en 1942, con apenas 750 toneladas de caucho. Y entonces llegó el golpe de gracia, con el desarrollo a nivel industrial del caucho sintético, más barato y adaptable que el natural. En 1945 Ford anunció que abandonaba el cultivo del caucho natural con un breve comunicado en el que argumentaba que "nuestra experiencia durante la guerra nos ha enseñado que el caucho sintético es superior al natural para algunos de nuestros productos". Poco después Henry Ford II, nieto del patriarca y recién nombrado presidente de la compañía, vendía al gobierno brasileño todos los terrenos de la explotación, incluidos ambos poblados, por la cantidad simbólica de 250000 $, tras haber invertido más de 20 millones de la época a lo largo de casi veinte años.

Restos del hospital de Fordlandia
En las décadas siguientes hubo intentos por parte de las autoridades de dar uso a las viviendas e instalaciones, pero lo remoto de su emplazamiento acabó por dar al traste con el proyecto. Durante décadas, apenas permanecieron en Fordlandia unas decenas de habitantes, casi todos antiguos empleados de Ford y ocupantes ilegales, viviendo fundamentalmente de la agricultura. No obstante, la cercanía de la autovía Cuiabá-Santarém y la apertura en la década de 2000 de grandes explotaciones dedicadas al cultivo de la soja en las cercanías atrajo a nuevos habitantes que se instalaron en las antiguas casas de los obreros que todavía quedaban en pie. En el censo de 2010 el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística contabilizó unos 1200 habitantes en Fordlandia, y unos 2000 en todo el distrito.


lunes, 9 de enero de 2017

El misterio del Kaz II


El 15 de abril de 2007 un pequeño catamarán de apenas 10 metros de eslora llamado Kaz II partía del puerto de Airlie Beach, en la costa noreste australiana, rumbo a Townsville, a unos 300 kilómetros al norte. A bordo iba el propietario del barco, Derek Batten, de 56 años, acompañado de dos amigos y vecinos suyos, los hermanos Peter (69) y James (63) Tunstead, todos ellos residentes en la ciudad de Perth. Batten había comprado el barco cosa de un año antes y no estaba del todo familiarizado con su manejo, por lo que había dispuesto un viaje de varias semanas bordeando la costa australiana, del cual la travesía hasta Townsville era su primera etapa.

De izquierda a derecha, James Tunstead, Derek Batten y Peter Tunstead
Tres días después, el 18, un helicóptero avistó al Kaz II navegando en las cercanías de la Gran Barrera de Coral. El barco navegaba de forma errática, como si fuese a la deriva. Intentaron comunicarse con su tripulación a través de la radio VHF pero, al no obtener respuesta, dieron aviso a las autoridades, temiendo que sus tripulantes pudieran tener algún problema. El día 20 los guardacostas australianos abordaron el barco, y lo encontraron completamente desierto. Todo a bordo parecía estar en orden: el motor seguía encendido, aunque en punto muerto, todos los sistemas funcionaban correctamente, incluidos el GPS y la radio, los chalecos salvavidas estaban en su sitio, incluso el bote salvavidas estaba asegurado correctamente. El único daño que mostraba el barco era un rasgón en una de sus velas. Nada parecía estar fuera de lugar, pero no había ni rastro de los tripulantes, ni indicio alguno de lo que podía haberles pasado.
El Kaz II fue remolcado hasta Townsville, donde el día 21 se procedió a realizar un examen a fondo, que no arrojó ninguna conclusión, salvo confirmar la absoluta falta de pistas sobre lo sucedido. En el interior del barco, todo estaba tal y como si sus tripulantes acabaran de irse. En una mesa había un ordenador portátil todavía encendido, en el fregadero había varios cubiertos sucios, sobre la litera de James Tunstead estaban sus gafas y su portafolios. Bajo la litera de Batten se encontró su pistola, guardada junto a su munición en una caja cerrada, sin indicios de haber sido utilizada. El único desorden eran una botella de vino y algunas revistas caídas en el suelo de la cocina; pero luego se confirmó que se habían caído mientras el Kaz II era remolcado.

El Kaz II en el puerto de Townsville
Dos elementos contribuyeron a aportar información sobre lo sucedido. Una cámara de video que se halló a bordo mostraba imágenes tomadas por la tripulación. La última grabación, efectuada por James Tunstead, databa del día 15, el día de la partida del barco, a las 10:05 de la mañana, y mostraba a Derek Batten al timón y a Peter Tunstead pescando sentado en la escalerilla de popa. El mar estaba algo picado, el barco navegaba con el motor apagado, y ninguno de ellos llevaba puesto el chaleco salvavidas. Por otro lado, el estudio de los datos del GPS mostraba cómo el barco había llevado un rumbo firme y estable hacia el noroeste, hasta la tarde del día 15, en el que su ruta se había vuelto errática, lo que parecía indicar que en ese momento era cuando el barco había quedado abandonado.
Por supuesto, tras descubrirse el barco a la deriva se lanzó una gran operación de búsqueda y rescate, en la que participaron la marina, guardacostas y voluntarios. Dos helicópteros y nueve aviones exploraron la ruta seguida por el barco. Se exploraron concienzudamente las aguas circundantes, se registró la costa y las islas cercanas, incluso un avión con un detector de infrarrojos escudriñó los arrecifes e islotes de la zona, por si pudieran estar allí. Pero no hubo éxito. No se halló ni el más mínimo vestigio de los desaparecidos. Finalmente, la búsqueda se suspendió el día 25.
El proceso oficial sobre el caso comenzó el 8 de agosto de 2008 en el Tribunal Forense de Townsville. 27 testigos fueron llamados a declarar. La esposa de Batten confirmó que su marido era un experto navegante, con décadas de experiencia, si bien con barcos a motor; el Kaz II era su primer velero, aunque tras haberlo comprado ambos habían seguido un curso de seis semanas para aprender a navegar buques a vela, y ya habían hecho pequeñas travesías con el catamarán. También que la intención original de Derek había sido viajar con ella; pero que, temiendo que sólo dos personas no fuese suficiente, había preferido invitar a sus amigos los Tunstead. Juntos habían planeado durante largo tiempo el viaje, estudiando distintas rutas, y habían decidido ser cautelosos, viajar cerca de la costa y nunca de noche. Habían estimado que la travesía durase de seis a ocho semanas. Igualmente confirmó que su marido había sufrido un ataque al corazón unos años antes, pero que en el momento de partir estaba bien de salud y en forma. Asimismo, también declararon Graeme Douglas, anterior propietario del barco, que confirmó que el Kaz II estaba en perfectas condiciones antes de partir, que había ayudado a Batten a decidir la ruta y que había visto a los tres hombres la noche anterior a la partida, sin que le mencionasen problema alguno. Gavin Howland, patrón del pesquero Jillian, confirmó haber visto al Kaz II el día 16, sin ver a nadie a bordo. No trató de ponerse en contacto con su tripulación, pero le extrañó ver a un velero en una zona de aguas poco profundas y arrecifes. Los agentes que habían participado en el rescate y el registro del barco declararon que no habían encontrado señal alguna de violencia a bordo, ni ningún indicio que les ayudase a averiguar lo ocurrido.


El informe final del tribunal concluía que, con las evidencias y los testimonios recabados, era imposible establecer con seguridad una causa de la desaparición y presumible muerte de los tres hombres. Eso si, proponía una hipótesis: uno de ellos (probablemente Peter Tunstead) habría caído al agua tratando de liberar un anzuelo que se encontró enganchado en el timón de babor del barco. Su hermano James se habría lanzado al agua para ayudarlo, mientras Derek Batten encendía el motor y viraba para recoger a ambos. Pero, al virar de repente, había provocado una trasluchada (la vela mayor había cambiado de banda siguiendo el movimiento del barco) y la botavara (la percha horizontal a la que va enganchada la vela) había golpeado a Batten (que no estaba familiarizado con los veleros) arrojándolo por la borda. Con el barco en movimiento, los tres tripulantes habían sido incapaces de volver a bordo antes de que el Kaz II los dejara atrás, quedando abandonados en mar abierto, donde habrían acabado por agotarse y ahogarse. El informe también descartaba que se hubiera producido una desaparición forzada o que hubieran intervenido otras personas, desestimando otras teorías como la piratería o el encallamiento en un banco de arena, tras el cual el barco habría quedado a la deriva cuando sus tripulantes se bajaron para tratar de liberarlo.
Los cuerpos de los tres tripulantes del Kaz II jamás se encontraron.

jueves, 5 de enero de 2017

El Castle Bank & Trust



En el año 1962, al amparo de las poco estrictas leyes bancarias de las Bahamas, dos norteamericanos fundaban en Nassau el Castle Bank & Trust Company. Se trataba de Paul Helliwell, un abogado que había sido miembro del OSS (Office of Strategic Services, la agencia de seguridad antecesora de la CIA), y Burton Kanter, abogado especialista en derecho tributario y fiscal.
El banco creció rápidamente, y pronto reunió una selecta cartera de clientes, entre los que figuraban el actor Tony Curtis, el fundador de la revista Playboy Hugh Heffner, los componentes del grupo Creedence Clearwater Revival o varios miembros de la familia Pritzker, propietaria de la cadena hotelera Hyatt. Fue precisamente los pocos impuestos que pagaban los Pritzker lo que atrajo la atención de los inspectores del IRS, la agencia norteamericana de recaudación de impuestos, a principio de la década de los 70. Por aquel entonces, el IRS llevaba a cabo la llamada "Operación Trade Winds", una investigación sobre el uso por parte de algunos contribuyentes de bancos y compañías situadas en paraísos fiscales para evadir impuestos. El Castle Bank quedó así en el punto de mira del fisco norteamericano, que empezó a recopilar datos sobre él y sus clientes. Uno de los agentes encargados del caso contrató a Norman Casper, un investigador privado que ocasionalmente trabajaba para el IRS, para obtener información.
Casper se ganó la confianza de Michael Wolfstencroft, uno de los vicepresidentes del banco. Una noche que Wolfstencroft estaba en Miami, cenando con una atractiva mujer que en realidad trabajaba para Casper, el investigador se apoderó de su maletín. Agentes del IRS abrieron y copiaron todos los documentos que contenía (entre ellos, una lista completa de los clientes del banco) y lo devolvieron antes de que su dueño terminara de cenar.
Los documentos revelaban los nombres de 308 clientes, con más de 250 millones de dólares en depósitos, lo que llevó a los hombres del IRS a pensar que podían estar frente a uno de los casos de evasión fiscal más grandes de la historia de la agencia. Además, entre los nombres de los clientes aparecían también los de varias figuras importantes del crimen organizado, como Moe Dalitz (uno de los grandes capos mafiosos de Las Vegas) o Morris Kleinman, lo que les hizo sospechar que el banco podía estar vinculado al blanqueo de capitales.

Paul Lional Edward Helliwell (1915-1976)
No obstante, tras un tiempo recopilando datos y preparando el caso, sorprendentemente el máximo dirigente del IRS, Donald Alexander, ordenó poner fin a la investigación, con la excusa de que había serias dudas acerca de la validez legal de la lista de clientes como prueba, dado el modo en el que había sido obtenida. Dicha decisión causó sorpresa y malestar entre los agentes del IRS. Una investigación del Departamento de Justicia realizada en 1977 llegó a la misma conclusión. Sin embargo, una sentencia judicial de 1980 (EEUU vs. Payner), dictada a raíz de la reclamación de Jack Payner, un empresario de Cleveland que había sido acusado de evasión fiscal gracias a la información obtenida del maletín de Wolfstencroft, concluía que dicha documentación era admisible como prueba.
Pero el verdadero motivo había sido otro. Averiguaciones posteriores de medios como el Wall Street Journal y el Washington Post sacaron a la luz que la CIA había presionado a Alexander y al Departamento de Justicia para que suspendiera toda investigación referente al Castle Bank, argumentando que ponía en riesgo operaciones secretas de inteligencia y suponía una amenaza para la seguridad nacional. En realidad, la CIA llevaba años usando el banco como tapadera para financiar operaciones secretas. Millones de dólares de dinero del gobierno norteamericano habían sido canalizados a través del banco para financiar misiones secretas de la agencia y respaldar movimientos anticomunistas en Latinoamérica y Extermo Oriente, incluidas acciones encubiertas en suelo cubano llevadas a cabo por agentes de la CIA con base en las Bahamas.
El verdadero muñidor no sólo de las actividades del banco, sino también de varias empresas que, bajo la cobertura de negocios legales eran usadas para encubrir las misiones de la CIA en el extranjero, era Helliwell. Durante la Segunda Guerra Mundial había estado destinado en China como miembro del OSS, y una vez terminado el conflicto no había dejado de trabajar para el OSS, primero, y para la CIA, más tarde, dando cobertura a sus acciones. A principio de los años 50 había contribuido a fundar la Civil Air Transport, una aerolínea con base en Taiwan, y la Sea Supply Corporation, una naviera con sede en Bangkok. Ambas empresas habían servido como tapaderas para enviar grandes cantidades de armas a las tropas nacionalistas chinas, enfrentadas a los comunistas de Mao Zedong. Posteriormente, la CAT se convertiría en Air América, una aerolínea que proporcionaría cobertura a la CIA en el sudeste asiático hasta los años 70 (incluidos los conflictos de Vietman, Laos y Camboya).
Helliwell había sido enviado a las Bahamas a principios de los 60 con la misión de crear empresas y bancos que permitieran dar apoyo a la CIA de manera opaca y encubierta. Había fundado otro banco, el Mercantile Bank and Trust Company, antes del Castle Bank, pero éste tuvo mucho más éxito. Los fondos empleados para la creación del banco procedían de Diversified Corporation International, una empresa panameña propiedad de la CIA. No obstante, la actividad de Helliwell había llegado mucho más lejos y eran notorias sus estrechas relaciones con destacados criminales. Allan George Palmer, reconocido traficante de drogas, utilizó en más de una ocasión los servicios del Castle Bank, y Barry Seal, piloto de Air América luego arrestado por tráfico de drogas, utilizaba un avión que figuraba a nombre de Intercontinental Holding, una empresa con sede en las Islas Caimán creada por Helliwell. De hecho, muchos investigadores consideran a Helliwell como uno de los enlaces entre la CIA y el crimen organizado, incluyendo grupos de narcotraficantes de Extremo Oriente. Hay también indicios serios de que la CIA colaboró con capos de la Mafia como Santos Trafficante jr. (se llamaba así, no es broma) en la importación de heroína desde Asia, y de que el Castle Bank se empleó para blanquear los beneficios de dicho tráfico.
El Castle Bank se declaró en quiebra en 1977, curiosamente sólo unos meses después de la muerte de Helliwell a causa de un enfisema. Sus clientes perdieron el dinero que habían depositado en él, pero nadie fue juzgado por ello. Kanter, que había colaborado con Helliwell, si fue juzgado por un caso diferente, un asunto de evasión fiscal en la compra de un hotel en Reno usando una cuenta del Castle Bank, aunque sería declarado inocente. A partir de entonces, la CIA comenzó a operar a través de otros bancos como el australiano Nugan Hand.

domingo, 1 de enero de 2017

Jack Johnson y la gran esperanza blanca

John Arthur "Jack" Johnson (1878-1946)

A principios del siglo XX en Norteamérica el boxeo era uno de los escasos deportes en los que negros y blancos podían competir unos contra otros, aunque con algunas excepciones. Una de ellas era el Campeonato Mundial de los Pesos Pesados, vetado a boxeadores de color. De hecho, los púgiles negros tenían su propio Campeonato Mundial, que pervivió entre 1876 y 1935. Pero al poco de comenzar el pasado siglo, apareció un hombre dispuesto a romper esas barreras y demostrar que, por encima de las razas, él era el mejor: Jack Johnson.
Arthur John "Jack" Johnson nació el 31 de marzo de 1878 en Galveston (Texas), tercero de los nueve hijos de un humilde matrimonio de antiguos esclavos. Él mismo solía recordar tiempo después que no había tenido apenas problemas de discriminación cuando era niño; en el humilde barrio en el que se crió, blancos y negros eran igual de pobres, tenían problemas similares, y los niños jugaban unos con otros sin hacer distinciones por razas. Jack dejó el colegio muy joven para ponerse a trabajar, primero como estibador en los muelles de Galveston y luego como entrenador de caballos y pintor. Fue uno de sus jefes, un hombre llamado Walter Lewis, gran aficionado al boxeo, el que le enseñó los primeros rudimentos de las peleas.
Con 16 años se marchó a Nueva York, donde trabajaría durante varios años y depuraría su estilo como boxeador gracias sobre todo a dos personas: Joe Walcott, un boxeador de Barbados con el que compartiría casa, y Herman Berneau, un púgil alemán retirado, dueño de un gimnasio donde Johnson trabajó como conserje. Cuando retornó a Galveston, no tenía pensado dedicarse al boxeo, pero tras tumbar en una pelea callejera a un rival mayor y más fuerte que él empezó a creer que podía ganarse la vida peleando. Comenzó a pelear en combates semiclandestinos (por aquel entonces el boxeo profesional era ilegal en Texas); su primera victoria le valió un premio de un dólar y medio. Pese a la magra recompensa, Johnson decidió que el boxeo era lo suyo. Su primer combate profesional tuvo lugar el 1 de noviembre de 1898, venciendo por KO a Charley Brooks.

Jack Johnson posa detrás de Joe Choynski
El 25 de febrero de 1901 Johnson fue derrotado por KO en Galveston por el veterano púgil Joe Choynski. Ambos acabaron arrestados tras el combate y pasaron 23 días en la cárcel antes de que los cargos fueran retirados. Pero Choynski había quedado impresionado por las aptitudes de Johnson y se ofreció a entrenarlo ("Un hombre que puede moverse como tú no debería encajar ningún puñetazo"). Johnson se mudó con Choynski (del que acabaría siendo un íntimo amigo) a California y allí pronto comenzó a escalar posiciones en el ranking. Empezó a ser conocido como "el gigante de Galveston"; no era excesivamente alto (1'84 m.) pero si tenía un físico portentoso, fruto de muchos años de trabajo duro y sacrificios. En octubre de 1902 venció a Frank Childs, antiguo campeón del campeonato de los pesos pesados para negros, y el 3 de febrero de 1903 se convertía él mismo en campeón al derrotar al entonces poseedor del título, "Denver Ed" Martin. En aquel año, el palmarés oficial de Johnson reflejaba 19 combates, aunque en realidad llevaba más de medio centenar de victorias contra rivales tanto blancos como negros. Conservaría el título hasta 1908, defendiéndolo en 17 ocasiones, derrotando a varios ex-campeones y futuros campeones.

Jack Johnson y "Denver Ed" Martin
Pero aquello no era suficiente para él. Quería demostrar a todo el mundo que él era el mejor, más allá del tema de las razas. Y, en un gesto insólito, retó al entonces campeón mundial, James J. Jeffries, a un combate. Jeffries se negó; nunca un poseedor del título se había enfrentado a un aspirante negro. Pero Johnson siguió insistiendo. En 1905 Jeffries, con solo 30 años, decidió retirarse a su granja, con un historial excepcional sin ninguna derrota en 22 peleas, habiendo derrotado a rivales de la talla de Bob Fitzsimmons o James Corbett. Según él, lo hizo porque había derrotado a todos los rivales dignos de disputarle el título. Una vez más Johnson presentó su candidatura al título, de manera infructuosa. El nuevo campeón se decidió en un combate entre el norteamericano Marvin Hart y el checo Jack Root el 3 de junio de 1905, donde Jeffries ejerció de árbitro, y que se resolvió con la victoria de Hart por KO en el 12º asalto. Johnson no se dejó desanimar. En los siguientes años siguió retando al campeón con cierta frecuencia, mientras seguía peleando y acrecentando su fama. En julio de 1907 derrotó al antiguo campeón mundial, el inglés de Cornualles Bob Fitzsimmons, por KO en solo dos asaltos.


Y así, llegó 1908. El campeón era el canadiense Tommy Burns, que había derrotado a Hart en febrero de 1906. Burns era un boxeador menos estricto que Jeffries. Fue el primer campeón en pelear contra un aspirante judío (Joseph "Jewey" Smith) e incluso había peleado contra un púgil nativo-americano. También fue el primer campeón en embarcarse en una larga gira por todo el mundo para defender su título, librando combates en Londres, Dublín y París. Johnson lo siguió en su viaje, apareciendo en cada ciudad en la que Burns peleaba para retarlo públicamente. Finalmente, Burns aceptó el desafío en Sydney (Australia), tras asegurarse un premio fijo de 30000 $ (Johnson recibió la mitad). Ante los ataques de amplios sectores de la prensa y los círculos boxísticos estadounidenses, opuestos al encuentro, Burns tuvo que justificar su decisión: "Defenderé mi título contra todos los que vengan, sin excluir a ninguno. Y con esto quiero decir blancos, negros, mexicanos, indios o de cualquier otra nacionalidad. Me propongo ser el campeón del mundo, no el blanco, el canadiense o el americano. Si no soy el mejor en la división de los pesos pesados, no quiero el título". El combate tuvo lugar el 26 de diciembre de 1908 en Sydney, ante 20000 espectadores, y Johnson propinó un severo correctivo a Burns. Incluso, en varias ocasiones, lo sostuvo cuando estaba a punto de caer en la lona, para poder seguir golpeándolo (aunque luego, tras el combate, lo elogiaría por haber tenido el coraje de aceptar su desafío). La policía detuvo el combate en el 14º asalto, pero los jueces dieron por vencedor a Johnson de manera unánime. Por primera vez, el título rey del boxeo iba a parar a manos de un púgil negro.

Jack Johnson derrota a Stanley Ketchel en Colma, California (16/10/1909)
La victoria de Johnson causó una honda conmoción en EEUU. La América blanca, conservadora y reaccionara, se horrorizó ante el tremendo éxito del púgil de color. Y además no se trataba del "negro dócil" que ellos estaban dispuestos a tolerar. Jack Johnson era un hombre fuerte, orgulloso y desafiante. Era el mejor y no tenía reparos en presumir de ello. Muy pronto empezó una feroz campaña de prensa en su contra, criticándolo duramente. Su estilo fue tildado de "cobarde"; Johnson solía pelear a la defensiva durante la primera parte de los combates, dejando que sus rivales se cansasen con ataques infructuosos contra su magnífica defensa. Pero, una vez que el rival estaba cansado o bajaba la guardia, Johnson caía sobre él, contraatacando con una fuerza demoledora. Curiosamente, el gran Jim Corbett, que usaba una técnica parecida, había sido llamado por esa misma prensa como "el hombre más inteligente del boxeo".


Su vida privada tampoco le atrajo muchas simpatías. Johnson no tardó en empezar a ganar grandes cantidades de dinero, no sólo con los premios de sus peleas: también con anuncios publicitarios y variados negocios (fue el primer propietario del legendario night club de Harlem Cotton Club). Y él no se reprimía a la hora de exhibir con ostentación esta riqueza: ropa cara, coches lujosos, fiestas, asientos en la ópera... En cierta ocasión fue multado con 50$ por exceso de velocidad; le dio al agente un billete de 100 y le dijo que pensaba hacer el viaje de vuelta a la misma velocidad. Este comportamiento le atrajo críticas no solo de blancos, sino también de destacadas figuras negras que opinaban que en lugar de apoyar las reivindicaciones de la población negra, sus acciones sólo perjudicaban la imagen de la gente de color. Los insultos y los comentarios racistas contra él estaban a la orden del día, e incluso el escritor y periodista Jack London pidió en un célebre artículo la aparición de "la gran esperanza blanca", el boxeador blanco que "rescatase" el título de manos de Johnson.

Jack Johnson y su segunda esposa, Lucille Cameron (1922)
Otro aspecto polémico de su vida privada fueron las mujeres. Johnson fue un mujeriego consumado que nunca ocultó su preferencia por las mujeres blancas. Las tres veces que se casó fue con mujeres blancas, lo que supuso un gran escándalo en la época y levantó grandes críticas (en algunos estados del sur llegaron a pedir que fuera linchado).
Johnson defendería su título en 11 ocasiones; curiosamente, todas, salvo una (contra Jim Johnson, en París en 1913) ante púgiles blancos. No porque no quisiera enfrentarse a boxeadores negros; simplemente, porque pensaba que peleando contra blancos crearía más expectación entre el público, lo que redundaría en más dinero para él. Uno de los púgiles contra los que boxeó fue el británico Victor McLaglen, que luego se haría muy popular por sus apariciones como actor en películas como El delator, La legión invencible o El hombre tranquilo.

McLagen vs. Johnson (10/3/1909)
Y en 1910, tras recibir multitud de peticiones y una generosísima oferta económica, James Jeffries aceptó volver de su retiro para desafiar a Johnson. Llevaba casi seis años alejado del boxeo y tenía un notorio sobrepeso, pero la noticia de su regreso llenó de euforia a los que deseaban ver a Johnson derrotado y desposeído de su título. Jack London llegó a decir "James Jeffries debe emerger de su granja de alfalfa y borrar esa brillante sonrisa de la cara de Johnson". El combate, que fue denominado "La pelea del siglo", se celebró el 4 de julio de 1910 en Reno (Nevada), ante más de 20000 espectadores que gritaban a Jeffries "¡Mata al negro!". Un pletórico Johnson no tuvo demasiados problemas ante un Jeffries fuera de forma. En el 15º asalto, tras haber sufrido un severo castigo y haber caído a la lona en dos ocasiones, el entrenador de Jeffries le evitaba una derrota por KO arrojando la toalla. Tras la que había sido la única derrota de su carrera, Jeffries dijo "No podría haber tumbado a Johnson ni en mi mejor momento. No podría haberlo golpeado. No, no lo habría alcanzado ni en 1000 años". Jeffries, pese a su derrota, se embolsó 115000 $ (40000 de la pelea y 75000 que le había pagado el promotor para que aceptase pelear), mientras que Johnson ganó 65000 $. Tras su victoria hubo protestas y disturbios en numerosas ciudades de EEUU, incluidas Nueva York y Washington DC, con numerosos ataques a personas de color. Se estima que en los disturbios murieron una veintena de personas y cientos resultaron heridas.

El combate entre Johnson y Jeffries

Visto que sobre el ring Johnson no tenía rival, las autoridades buscaron otra forma de neutralizarlo. En octubre de 1912, Johnson fue arrestado acusado de violar la llamada Ley Mann. Dicha ley había sido promulgada en 1910 para luchar contra el proxenetismo y la trata de blancas, pero estaba redactada de forma muy genérica y ambigua; castigaba a aquellos hombres que cruzaran una frontera estatal con una mujer con "propósitos inmorales" (entre los que se incluía la "fornicación ilícita", aunque fuera consentida). Un hombre podía ser condenado simplemente por ir con su novia a pasar unos días a otro estado, y a lo largo de los años figuras populares como el actor Charles Chaplin, el arquitecto Frank Lloyd Wright o el cantante Chuck Berry fueron denunciados en virtud de esta ley. La "víctima" de Johnson era su entonces novia, una joven de 19 años llamada Lucille Cameron con la que se casaría en diciembre de ese año. Lucille se negó a testificar y el caso se desestimó. Apenas un mes después, Johnson fue arrestado bajo la misma acusación, esta vez con respecto a una prostituta llamada Belle Schreiber, con la que Johnson se había relacionado entre 1909 y 1910. Esta vez Schreiber aceptó testificar; un jurado compuesto íntegramente por blancos lo declaró culpable y el juez Kenesaw Mountain Landis (que años más tarde se convertiría en Comisionado de las Grandes Ligas de béisbol y vetaría durante décadas la presencia de jugadores negros en las Ligas Mayores y Menores) lo condenó en junio de 1913 a la pena máxima: un año y un día de cárcel. Pero Johnson huyó a Canadá disfrazado de jugador de baloncesto y continuo su carrera en el extranjero.

Johnson vs. Willard
Johnson pasó los siguientes años viviendo entre Europa, Sudamérica y México. Defendió varias veces más su título, antes de ser derrotado en La Habana el 5 de abril de 1915 a manos de Jess Willard, "el gigante de Pottawatomie", un cowboy de Kansas que lo venció por KO en el 16º asalto, convirtiéndose así en el ídolo de muchos norteamericanos. Hubo rumores de que la pelea estaba amañada, y de que Johnson se había dejado ganar buscando que los cargos contra él fueran retirados. Tras su perder el título de campeón siguió peleando en el extranjero (peleó cuatro veces en España, tres en Madrid y una en Barcelona, entre 1916 y 1919) antes de regresar a EEUU en 1920 para cumplir su pena. En septiembre de 1920 ingresó en el penal de Leavenworth (Kansas), con el número de prisionero 15461. Seguiría peleando (incluso disputó varios combates en la prisión), pero ya nunca tuvo ocasión de luchar por recuperar el título; no le dieron esa oportunidad. Tardaría veintidós años en volver a haber un campeón mundial negro de los pesos pesados; lo conseguiría en 1937 el "Bombardero" Joe Lewis.


Continuó peleando de forma profesional hasta los 60 años. Su último combate oficial lo disputó el 1 de septiembre de 1938 en Boston, dejando una impresionante marca de 73 victorias (40 por KO) y solo 13 derrotas en 104 combates. Pero aún seguiría subiéndose al ring para peleas de exhibición y encuentros privados. Su última pelea fue una exhibición triangular en la que disputó sendos asaltos contra otros dos veteranos boxeadores, Joe Jeanette (antiguo campeón de los pesos pesados para negros) y John Ballcort, el 27 de noviembre de 1945 en Nueva York, en un encuentro benéfico a beneficio del ejército norteamericano.
Jack Johnson falleció el 10 de junio de 1946 en un accidente de tráfico en la Ruta 1 cerca de Franklinton (Carolina del Norte). Al parecer, conducía de manera imprudente y a gran velocidad, furioso porque en una cafetería cercana se habían negado a atenderlo. Fue enterrado en el Graceland Cemetery de Chicago, al lado de su primera esposa Etta Terry (que se había suicidado en 1912). En 1992 fue enterrada junto a ellos su tercera esposa, Irene Marie Bloecker. Su vida dio lugar a multitud de libros, artículos y películas. Él mismo escribió dos libros de memorias, Mes combats (1914) y Jack Johnson in the Ring and Out (1927). En 1970 se estrenó The Great White Hope, protagonizada por James Earl Jones, donde se narraba su historia (aunque cambiando los nombres de los protagonistas), y en 2004 Unforgivable Blackness, un aclamado documental que recibió excelentes críticas y numerosos premios. En 2004, el presidente George W. Bush presentó una proposición para indultar a Jack Johnson que fue rechazada por el Senado. En 2009, el senador John McCain, en compañía de la sobrina-nieta de Johnson, pidió oficialmente que Johnson fuera indultado de manera póstuma por el presidente Barack Obama, petición refrendada poco después por el Congreso. Una nueva petición, de nuevo impulsada por McCain, fue presentada el pasado junio, coincidiendo con el 70 aniversario de la muerte del boxeador.


Jack Johnson sigue siendo una figura controvertida, pero no cabe duda de que se trató de un auténtico pionero, un hombre que se atrevió a desafiar las barreras raciales y abrió el camino para la llegada de los boxeadores de color que lo sucedieron, los Louis, Liston o Alí.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Especial Día de los Inocentes: la Whopper para zurdos


El 1 de abril de 1998 la cadena de restaurantes Burger King publicaba un anuncio a página completa en el periódico USA Today para notificar a los más de 32 millones de norteamericanos zurdos la llegada de su nuevo producto: una versión "para zurdos" de su hamburguesa más popular, la Whopper. Según el anuncio, la nueva Whopper tendría los mismos ingredientes que la tradicional pero girados 180º, para complacer a los clientes zurdos de la cadena. Así, según la publicidad, al redistribuir el peso de los ingredientes disminuía el desplazamiento del contenido de la hamburguesa hacia el lado derecho, facilitando su agarre con la mano izquierda. De la misma manera, el panecillo inferior se realineaba para compensar este cambio en la distribución del peso, e incluso las semillas de sésamo del panecillo superior estaban distribuidas de manera más adecuada para un consumidor zurdo.
La campaña incluía declaraciones del vicepresidente de márketing de Burger King, Jim Watkins, afirmando que la nueva hamburguesa era "la experiencia definitiva para nuestros clientes zurdos" y anunciando que, si bien en un principio la Whopper para zurdos sólo estaría disponible en EEUU, los planes de la compañía pasaban por llevarla a otros países con amplias poblaciones de zurdos. También se incluían las declaraciones de un supuesto portavoz del Club de Zurdos en los que se mostraba "encantado de que Burger King hubiera reconocido las dificultades de sostener en la mano izquierda una hamburguesa con una inclinación natural hacia la derecha".
Obviamente, se trataba de una broma del April Fool's Day, el equivalente anglosajón del día de los Santos Inocentes. Al día siguiente, Burger King publicó una nota aclaratoria en la que revelaba que todo era un montaje. Eso si, después de que miles de clientes zurdos se presentaran en sus restaurantes pidiendo la "Whopper para zurdos", y muchos otros clientes diestros señalaran a la hora de hacer su pedido que querían la Whopper tradicional temiendo que les sirvieran por accidente la específica para zurdos.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Seabiscuit

Seabiscuit (1933-1947)

Seabiscuit nació el 23 de mayo de 1933 en Lexington (Kentucky), cuna de muchos de los mejores caballos de carreras de Norteamérica. Era un pura sangre de impecable pedigrí; su padre, Hard Tuck, era hijo del legendario Man o' War, posiblemente uno de los mejores purasangres de carrera de todos los tiempos. Recibió ese nombre como un guiño a su padre; "hardtuck" o "seabiscuit" es un tipo de galletas muy consumidas por los marineros.
Su primer propietario fueron los establos Wheathley, propiedad de los hermanos Gladys y Ogden Mills. Allí, el gran entrenador "Sunny Jim" Fitzsimmons, que había logrado ganar la Triple Corona (el Derby de Kentucky y las carreras de Belmont y Preakness) pocos años antes con Gallant Fox, vio potencial en él, pese a que su estampa no encajaba en el ideal de los purasangres (Seabiscuit era más pequeño que la media, y tenía unas rodillas huesudas y prominentes). No obstante, pronto quedó decepcionado con el carácter del animal. Seabiscuit era un tanto perezoso y glotón (solía pasar horas y horas durmiendo y comiendo), por lo que Fitzsimmons le asignó un papel secundario, haciéndole correr en carreras menores, donde tampoco destacó demasiado: no venció en sus primeras 17 carreras, convirtiéndose en objeto de bromas de los empleados de las caballerizas, y acabó relegado a un segundo plano. Al cumplir los dos años de edad, Seabiscuit había corrido en 35 carreras (un número muy elevado para un purasangre), venciendo en cinco y acabando segundo en otras siete. Fitzsimmons lo utilizaba además en labores menores, como entrenar a otros caballos (fue un sparring habitual de Omaha, ganador de la Triple Corona en 1935). Incluso había sido puesto a la venta por 2500 $, pero nadie quiso pujar por él.

Seabiscuit y Robert Thomas "Tom" Smith (1878-1957)
La temporada de 1936 comenzó de una manera similar. En sólo cuatro meses corrió doce carreras (ganando cuatro). En una de sus victorias, sucedida en Suffolk Downs en junio, fue cuando el entrenador Tom Smith se fijó por primera vez en Seabiscuit. Smith, un entrenador conocido por su carácter taciturno y sus métodos poco convencionales, vio el mismo potencial que había visto Fitzsimmons, pero también algo más. Y por eso recomendó al hombre para el que trabajaba, el magnate de la automoción Charles S. Howard, que lo comprara. Fitzsimmons no puso demasiadas pegas y el trato se cerró en 8000 $.
Con los métodos de Smith Seabiscuit no tardó en reaccionar. También influyó que le asignaran como jinete a John "Red" Pollard, un veterano jockey con experiencia en los hipódromos de California y México, con el que el caballo no tardó en entenderse bien. Corrió ocho carreras más, de las que ganó la mayoría, incluidas competiciones prestigiosas como el Hándicap de Scarsdale (batiendo el récord de la prueba). En noviembre, Howard y Smith decidieron llevarse al caballo a California, para participar en el circuito de carreras de la costa Oeste. Antes de que terminara el año tuvo tiempo de participar en dos pruebas en Bay Meadows, venciendo en ambas con suficiencia.

Seabiscuit con su propietario, Charles Stewart Howard (1877-1950)
En 1937 venció en su primera carrera y quedó quinto en la segunda. Pocos días después, Seabiscuit corrió el Hándicap de Santa Anita, la carrera más prestigiosa y mejor pagada (125000 $) de California. Hizo una gran carrera, con un excelente tiempo, pero perdió en los últimos metros ante Rosemont a causa de un error de Pollard. El jockey había perdido la visión del ojo derecho tras un accidente, algo que no le había dicho a nadie, y no vio llegar a Rosemont hasta que fue demasiado tarde para reaccionar. A pesar de este contratiempo, el caballo venció las siguientes tres carreras en las que participó y enseguida se convirtió en uno de los favoritos del público californiano, con lo que Howard decidió hacerlo correr de nuevo en la costa Este, cuyas carreras tenían mucho más prestigio que las californianas.
En la otra punta del país siguió su formidable racha. Entre el 26 de junio y el 7 de agosto venció en las cinco carreras en las que participó. Terminaría el año con 11 victorias en 15 carreras, y siendo el caballo que más dinero había ganado en premios en todo el país, aunque el premio al Mejor Caballo del Año recayó en War Admiral, hijo de Man o' War y vencedor de la Triple Corona.
A principios de 1938 Red Pollard se rompió una pierna mientras montaba a Fair Knightess, otro de los caballos de Howard. Fue sustituido por George Woolf, un experimentado jinete amigo suyo. Con Woolf Seabiscuit volvió a quedarse a las puertas de vencer en Santa Anita; tras remontar una desventaja de seis cuerpos, fue superado por Stagehand por tan escaso margen que hubo necesidad de recurrir a la foto finish.
Por aquel entonces, Seabiscuit se había convertido ya en uno de los ídolos del público. En un país que todavía sufría las secuelas del terrible crack de 1929, la historia de Seabiscuit, aquel pequeño caballo que supo sobreponerse a las adversidades y a las burlas para convertirse en un campeón llenaba de esperanza a millones de personas. Los medios daban una amplia cobertura a las carreras de Seabiscuit y pronto empezaron a especular con la posibilidad de ver un enfrentamiento directo entre él y War Admiral, el aparentemente invencible campeón de la costa este. A lo largo de 1938, hasta en tres ocasiones coincidieron como inscritos en las mismas pruebas, aunque siempre uno u otro renunciaba a participar. Los propietarios de ambos caballos organizaron entonces un encuentro en Belmont Park (Nueva York) en mayo de 1938, pero al final el equipo de Seabiscuit renunció a participar por el estado de la pista.

Seabiscuit y War Admiral
El esperado enfrentamiento se produjo el 1 de noviembre, en el Pimlico Special en Baltimore (Maryland). Seabiscuit iba a ser montado una vez mas por George Woolf; Pollard se había vuelto a romper la pierna al ser desmontado por un joven caballo llamado Modern Youth y muchos opinaban que su carrera había terminado. La carrera despertó un interés inusitado; más de 40000 personas asistieron en directo y otros 40 millones la siguieron por radio. Las apuestas daban por favorito a War Admiral por 4 a 1, sobre todo por sus explosivos arranques de carrera, mientras que Seabiscuit solía mantenerse a la altura de los demás participantes para aprovechar luego su velocidad al final de la carrera. Sin embargo, Tom Smith, conociendo los puntos fuertes de su rival, había entrenado en secreto a Seabiscuit para que buscara desde el inicio la cabeza de la carrera. Al sonar la campana, Seabiscuit tuvo una salida fulgurante y, pese a que War Admiral remontó hasta casi alcanzarlo a la mitad del recorrido, un arreón final del caballo montado por Woolf le permitió vencer con cuatro cuerpos de ventaja sobre su rival. Tras su excelente año, Seabiscuit fue elegido Mejor Caballo del Año por delante de War Admiral (que se retiraría poco después debido a una lesión).

Seabiscuit y John M. "Red" Pollard (1909-1981)
En 1939, al poco de empezar la temporada de carreras, Seabiscuit sufrió la rotura de un ligamento en la pata delantera izquierda. Muchos pronosticaron que no volvería a correr. Pero Smith y Howard confiaban en él. Mientras en las carreras en las que tenía previsto participar era sustituido por Kajak II, otro de los caballos de Howard (que lograría varias victorias importantes ese año, entre ellas el Hándicap de Santa Anita), Seabiscuit fue enviado al rancho propiedad del magnate para recuperarse en compañía de Pollard, quien, tozudo, se negaba a retirarse y se esforzaba por volver a competir (Pollard solía decir en tono de broma que "entre el caballo y yo sumamos cuatro piernas sanas").
Después de un año de costosa recuperación, Seabiscuit reaparecería el 9 de febrero de 1940 en el Hándicap de La Jolla, montado por Pollard (que necesitaba un aparato ortopédico en su pierna para montar y logró convencer a Smith a fuerza de insistir). Quedó tercero, pero en la tercera carrera tras su reaparición, el Hándicap de San Antonio, volvió a ganar. Una semana más tarde, Seabiscuit se enfrentaba al Hándicap de Santa Anita, la prueba que ya se le había escapado por muy poco en dos ocasiones. En aquella ocasión, pese a una mala salida y a verse obstaculizado por otros caballos buena parte de la carrera, Seabiscuit sacó todo su coraje y logró la tan ansiada victoria, con un cuerpo y medio de ventaja sobre Kajak II, que quedó subcampeón, provocando el delirio entre los más de 78000 espectadores presentes, la mayoría entusiastas seguidores suyos.
Esa fue la última carrera de Seabiscuit. Poco después, en abril de 1940, se anunció oficialmente su retirada de las pistas. Había disputado 89 carreras, de las cuales ganó 33, fue segundo en 15 y tercero en una. En aquel momento era el caballo que más dinero había ganado en premios en toda la historia (casi 450000 $). Vivió el resto de su vida, hasta su muerte de un ataque al corazón en 1947, seis días antes de cumplir 14 años, en el rancho Ridgewood, cerca de Willits (California). En su etapa como semental fue padre de 108 potros, entre ellos dos (Sea Sovereign y Sea Swallow) con cierto éxito como corredores, aunque sin llegar a la altura de su padre. Durante los siete años que pasó en Ridgewood, más de 50000 personas visitaron el rancho únicamente para poder verlo.


La historia de Seabiscuit quedó profundamente arraigada en la memoria popular norteamericana. A él se le dedicaron monumentos, libros, documentales y películas (la última, de 2003, recibió siete nominaciones a los premios Oscar). En 1999, la revista especializada Blood-Horse lo situó en el puesto 25º de su lista de los 100 mejores caballos de carreras norteamericanos del siglo XX (Man o' War era el primero y War Admiral, el 13º). El Servicio Postal norteamericano le dedicó un sello en 2009.










miércoles, 21 de diciembre de 2016

Macbeth y el rey Duncan

Máel Coluim mac Cináeda, Macbeth (?-1057)

Macbeth es una de las obras cumbre de William Shakespeare. Es la más breve de sus tragedias (algunos sugieren que lo que nos ha llegado a nosotros es una versión resumida o abreviada de la obra original) y su temática principal es la ambición y la sed de poder: Macbeth, general de Duncan, rey de Escocia, asesina a éste para apoderarse del trono, haciendo caso a las profecías de tres brujas e instigado por su ambiciosa esposa. La trama se basa en hechos reales sucedidos en Escocia en el siglo XI, y se cree que Shakespeare tuvo como fuente principal las Holinshed's Chronicles, una crónica publicada en dos partes a finales del siglo XVI sobre la historia de las islas Británicas, en la que se inspiró para otras de sus obras.

Máel Coluim mac Cináeda, Malcolm II (c. 954-1034)
Tras casi treinta años de reinado, el rey de los escoceses Máel Coluim mac Cináeda (Malcolm II para los ingleses), apodado Forranach (El Destructor) moría en combate el 25 de noviembre de 1034. No era el único rey escocés; en los territorios de la actual Escocia existían varios territorios autónomos (el reino de Strathclyde, el señorío de Moray, los reinos hiberno-nórdicos del norte...). Malcolm II fue un rey guerrero y batallador, que luchó contra sus vecinos arrebatándoles numerosos territorios, incorporando a su reino la región de Lothian y diversas tierras del norte de Inglaterra. Hasta la llegada de Malcolm, la sucesión de los reyes escoceses seguía el sistema tradicional de elección entre los miembros de la familia del rey; pero Malcolm II adoptó el modelo de descendencia directa, para evitar las luchas entre los aspirantes por el poder, eligiendo como heredero a su nieto Donnchad mac Crínáin (Duncan I), hijo de su hija mayor Béthoc (Malcolm no tenía hijos varones). La ausencia de noticias sobre su proclamación como rey hace suponer que su coronación fue pacífica y no hubo especial oposición a la decisión de Malcolm II.

Donnchad mac Crínáin, Duncan I (1001-1040)
Más o menos por esa época Mac Bethad mac Findlaích (Macbeth), mormaer (señor) de Moray desde 1032, era nombrado dux (duque), un título que en la práctica suponía ser la mano derecha del rey. Macbeth era hijo de Findláech, que había sido mormaer, y de Donada, la hija mediana de Malcolm II. Era, por lo tanto, primo de Duncan I, y habría sido un serio candidato al trono escocés por su prestigio y su poder, si su abuelo no hubiera elegido como tánaise ríg (heredero) a Duncan.
Los primeros años del reinado de Duncan fueron tranquilos. El rey, joven e inexperto, procuraba no tomar decisiones demasiado comprometidas. pero conforme avanzaba su reinado, aumentaban los problemas, internos y externos, y crecía el número de los descontentos, hasta el punto de que en la Profecía de Berchán (poema histórico irlandés del siglo XII) se califica a Duncan de "el hombre de los muchos pesares". En 1039, Duncan encabezó un ejército que puso sitio a la ciudad de Durnham, en el norte de Inglaterra, como represalia por un ataque de los ingleses contra Strathclyde. La expedición terminó en un absoluto desastre y el propio Duncan logró salvar la vida a duras penas. La derrota no hizo más que aumentar el descrédito del rey y, al año siguiente, el 14 de agosto de 1040, Duncan I moría a manos de los hombres de Macbeth en Bothnagowan, cerca de la ciudad de Elgin. No está claro si fue una emboscada o si, como algunas fuentes sugieren, se dirigía a Moray encabezando una expedición de castigo.
Tras la muerte de Duncan, Macbeth fue coronado rey sin apenas oposición. La viuda de Duncan, Suthen, huyó con sus hijos, que todavía eran unos niños, y se refugió en la región inglesa de Northumbria, de donde era originaria, siendo acogida por el conde Siward, que pudiera haber sido pariente suyo. Macbeth reinó durante 17 años durante los que mantuvo diversos enfrentamientos con clanes rebeldes (en uno de estos combates, producido en 1046, falleció Crínán de Dunkeld, abate laico del monasterio de Dunkeld y padre de Duncan I). También se enfrentó a Thorfinn Sigurdsson, gobernador del reino hiberno-nórdico de las Orcadas, que lo derrotó.

Máel Coluim mac Donnchada, Malcolm III Canmore (1031-1093)
En 1054, el conde Siward encabezó una invasión inglesa de Escocia, de la que formaba parte el hijo mayor de Duncan I, Máel Coluim mac Donnchada (conocido como Malcolm Canmore), que había pasado varios años en la corte del rey inglés Eduardo el Confesor. La ofensiva culminó en una gran batalla, acontecida en un lugar desconocido al norte del estuario del río Forth, en la que Macbeth fue derrotado y perecieron 3000 escoceses y 1500 ingleses, entre ellos el hijo mayor de Siward, Osbjorn, y uno de sus yernos. Gracias a su victoria, los ingleses colocaron a un compatriota suyo como rey de Strathclyde.
Macbeth salvó la vida, pero tuvo que enfrentarse a Malcolm Canmore, el cual, con el apoyo inglés, reunió a los antiguos aliados de su padre y a los que se oponían a Macbeth y continuó la lucha. Finalmente, el 15 de agosto de 1057 Macbeth moría en un enfrentamiento con Malcolm en Lumphanan. Sus partidarios coronaron como rey a su hijastro, Lulach I, conocido como el Simple, un rey débil y dubitativo que apenas reinó unos meses antes de ser asesinado por Malcolm en marzo de 1058. A continuación, Malcolm subió al trono escocés como Malcolm III. Tanto Macbeth como Lulach recibieron sepultura en la isla de Iona, lugar de enterramiento habitual de los reyes de Escocia.

La Cruz del Rey Malcolm, erigida cerca de Alnwick en el lugar en el que tradicionalmente se dice que murió Malcolm III
Malcolm III tuvo un reinado largo (entre 1058 y 1093), marcado por sus numerosos enfrentamientos con los ingleses (hasta en cinco ocasiones invadió territorio inglés). La última de estas invasiones, sucedida en 1093, le costó la vida; murió, junto a su hijo Edward, en Alnwick, en un combate entre sus tropas y las de Robert de Mowray, gobernador de Northumbria. Sería sucedido por su hermano menor, Donald III. En 1094, el hijo mayor de Malcolm III se proclamó rey con el nombre de Duncan II, apoyado por tropas inglesas y mercenarios; pero moriría ese mismo año, asesinado dicen que por instigación de su tío. Poco después, otro de los hijos de Malcolm, Edgar, reclamaba el trono con el apoyo del rey de Inglaterra Guillermo II, iniciando una guerra civil que terminaría con la caída de Donald III y la subida al trono de Edgar.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El caso Gouffé


El 27 de julio de 1889 los familiares de Toussaint-Augustin Gouffé, un acomodado agente judicial parisino, viudo y con dos hijas, denunciaban ante la policía su misteriosa desaparición. En un principio la policía no puso demasiado empeño en buscarlo; la ciudad estaba inmersa en la vorágine de la Exposición Universal y había una gran afluencia de visitantes que ocupaban la mayor parte de los esfuerzos de los agentes. Sin embargo, al pasar el tiempo sin tener ninguna noticia de Gouffé, la policía se tomó el caso más en serio, pero no encontraron ningún indicio de su paradero.

Toussaint-Augustine Gouffé (1840-1889)
Casi tres semanas después, el 13 de agosto, un peón llamado Denis Coffy, encargado del mantenimiento de caminos y carreteras, que había recibido varias quejas acerca de un nauseabundo hedor en una carretera secundaria que iba de Millery a Vernaison, a unos veinte kilómetros al sur de Lyon (500 kilómetros al sureste de Paris), hizo un macabro descubrimiento. Siguiendo el desagradable olor halló a orillas del río Ródano un saco de lona dentro del cual encontró un cadáver en estado de descomposición. Se trataba de un varón adulto, totalmente desnudo, amarrado con varios metros de cuerda y con la cabeza cubierta con una bolsa de tela negra. Un par de días más tarde, un buscador de caracoles hallaba no muy lejos de allí los restos de un baúl de madera, con el mismo olor a descomposición y una etiqueta de viaje procedente de París.

Marie-François Goron (1847-1933)
En la capital, al enterarse del hallazgo, el inspector jefe de la Sûreté, Marie-François Goron, sospechó que podía tratarse de Gouffé, y telegrafió a la oficina del examinador médico de Lyon enviando una descripción del desaparecido. Al cuerpo, examinado por el doctor Paul Bernard, le faltaba, igual que a Gouffé, el primer molar superior derecho, pero difería en otros aspectos. Bernard concluyó que se trataba de un hombre que había muerto estrangulado entre 3 y 5 semanas antes, de entre 35 y 45 años (Gouffé tenía 49), 1'70 m. de estatura (Gouffé medía 1'73) y pelo negro (el del desaparecido era castaño). Bernard concluyó que no era el cuerpo del parisino; Goron, para asegurarse, envió a Lyon al cuñado de Gouffé, un hombre apellidado Landry, pero dado el estado del cuerpo fue incapaz de identificarlo, con lo que el cadáver fue sepultado en una fosa común.
Pese a este contratiempo, Goron siguió investigando en Paris. Gracias a la etiqueta del baúl descubrió que éste había sido facturado con dirección a Lyon el 27 de julio, el día después de la desaparición de Gouffé. Y también descubrió que, antes de ese día, el desaparecido había sido visto en compañía de una conocida pareja de timadores: Michel Eyraud, un buscavidas de 46 años con antecedentes por estafa, y su amante Gabrielle Bompard, una bailarina de 21 años. Ambos, curiosamente, habían dejado Paris ese mismo 27 de julio.
Convencido de que se había producido un error y el cadáver de Lyon estaba relacionado con el caso, el inspector Goron solicitó a las autoridades lionesas que el cuerpo fuera exhumado y sometido a un nuevo examen. Pese a las reticencias (habían pasado ya cuatro meses y los restos que pudieran quedar estarían en un pésimo estado) Goron se mantuvo firme en su petición. Y la fortuna le sonrió, ya que el nuevo examen iba a ser llevado a cabo por uno de los pocos hombres en Francia (quizá en toda Europa) que podía tener éxito en tal cometido: el doctor Alexander Lacassagne.

Alexandre Lacassagne (1843-1924)
El doctor Lacassagne, jefe del departamento de medicina legal de la Universidad de Lyon, fue un auténtico pionero de la medicina forense y de la ciencia aplicada a la investigación criminal. Fue de los primeros en estudiar los patrones de manchas de sangre, y las marcas de las balas para relacionarlas con armas específicas, en el examen médico de las víctimas, y en la aplicación de la sociología y la psicología en la investigación de la conducta criminal. Fue asimismo autor de numerosos libros sobre criminología e inventor de técnicas forenses que hoy son básicas. De hecho, hoy se le considera uno de los padres de la ciencia forense, y, de no haber estado de viaje cuando el cadáver fue descubierto, habría sido él quien realizase la primera autopsia.
Lacassagne, acompañado por varios de sus ayudantes y agentes de policía, se puso a revisar aquellos restos, centrándose especialmente en el estudio del esqueleto. Por el grado de fusión entre el coxis y el sacro, y el desgaste del hueso alveolar, concluyó que aquel hombre estaba más próximo a los 50 años que a los 35-45 que había estimado Bernard. En función del tamaño de los huesos largos, Lacassagne le calculó una altura de 1'73 metros y un peso de unos 80 kilos. Como pudo comprobar Goron (recurriendo al sastre de Gouffé), ambas cifras coincidían con las del desaparecido. En cuanto al cabello, el doctor concluyó que se había oscurecido por acción de los fluidos de la descomposición; tomó una muestra y, tras lavarla, halló que su color real era castaño, idéntico al de Gouffé. De hecho, hizo que Goron le enviase desde París el cepillo de Gouffé, para tener una muestra con la que compararlo, y halló que ambas muestras eran idénticas, tanto en color como vistas a través de un microscopio. El estudio del esqueleto le reveló una fractura antigua y mal curada en el tobillo derecho, que había provocado que esa pierna fuera más débil que la izquierda, y también que el dedo gordo del pie derecho presentaba una osificación en la articulación (seguramente debido a que el difunto sufría de gota) que le impedía doblarlo. Gracias a la concienzuda labor de Goron, el padre de Gouffé recordó que su hijo se había roto el tobillo siendo un niño, y su médico confirmó que en 1887 había sufrido un ataque de gota a resultas del cual ya no podía doblar el dedo gordo de su pie derecho. Todas estas coincidencias, unidas a algún otro dato más que pudo deducir (como que era fumador, por la coloración de sus dientes, y que sufría artritis en la rodilla derecha) durante los seis días que le llevó estudiar el cuerpo llevaron a Lacassagne a una rotunda conclusión: el cadáver hallado cerca de Millery era el del señor Gouffé.

Gabrielle Bompard (1868-c. 1920)
Una vez confirmada la muerte de Augustin Gouffé, el inspector Goron se puso manos a la obra para encontrar a los responsables, siempre teniendo como principales sospechosos a Eyraud y Bompard. Tuvo la brillante idea de mandar hacer una réplica del baúl hallado en Lyon y exponerlo públicamente en la morgue de Paris para ver si alguien lo reconocía. Causó gran expectación; en apenas tres días, más de 25000 personas se pasaron a verlo, y una de ellas reconoció el baúl como obra de un fabricante londinense cuyo taller estaba en Euston Road. Goron viajó personalmente a Londres y dio con la factura que indicaba que el baúl había sido vendido semanas antes del crimen a Michel Eyraud. Era la prueba que necesitaba; de inmediato, dictó orden de busca y captura para Eyraud y Bompard, enviando sus descripciones a las embajadas y consulados franceses en Europa y América, y despachando a varios agentes a Norteamérica, a donde se suponía que había huido la pareja.

Michel Eyraud (1843-1891)
Los fugitivos eludieron a los agentes franceses durante meses, viajando por Quebec, Vancouver, Nueva York y San Francisco. En San Francisco, Gabrielle abandonó a Michel por un rico francés llamado Georges Garanger del que se había enamorado, y con el que retornó a Francia. Poco después se entregó a las autoridades e ingresó en prisión el 22 de enero de 1890. En cuanto a Michel Eyraud, tras dar esquinazo a la policía en EEUU, Canadá y México, fue reconocido y arrestado en mayo de 1890 en La Habana, donde trataba de esconderse, siendo extraditado poco después.
Con ambos sospechosos en prisión, no fue difícil reconstruir el crimen. Eyraud y Bompard habían conocido a Gouffé en un café-restaurante al que iba con cierta frecuencia. Supieron de su acomodada situación económica, de su bien ganada fama de mujeriego (la investigación policial reveló que en el mes anterior a su desaparición había compartido cama con al menos veinte mujeres diferentes), y que habitualmente los viernes por la tarde vaciaba la caja fuerte de su despacho, donde solía haber bastante dinero, para luego pasar la mayor parte de la noche en la Brasserie Gutenberg. Así que decidieron tenderle una trampa para robarle el dinero. La noche del viernes 26 Bompard fue a la brasserie y comenzó a flirtear con él. Dado su carácter donjuanesco, no le fue difícil convencerlo para acompañarla a su apartamento, donde les esperaba escondido Eyraud, el cual estranguló a Gouffé utilizando una cuerda, primero, y sus propias manos luego. Sin embargo, ambos criminales se llevaron un chasco al descubrir que no llevaba encima el dinero que ellos creían.


Sin el botín esperado y con el comprometedor cadáver en su apartamento, Eyraud y Bompard decidieron deshacerse del cuerpo y abandonar la ciudad lo antes posible. Lo desnudaron, lo amarraron bien, lo metieron en un saco y luego en el baúl. Al día siguiente, llevando consigo el baúl como parte de su equipaje, se dirigieron a la estación de tren y compraron billetes para Lyon, donde se hospedaron en un hotel. El día 28 alquilaron un coche de caballos, con el que continuaron viaje, pero, ante el cada vez más molesto y revelador hedor de la putrefacción del cuerpo, lo arrojaron por un terraplén que llegaba hasta la orilla del Ródano, creyendo que caería en él y el agua lo arrastraría lejos. Desafortunadamente para ellos, la maleza detuvo el cuerpo antes de que se precipitara al río. A cierta distancia abandonaron también los restos del baúl, que Eyraud había destrozado con un martillo, aunque sin reparar en la reveladora etiqueta que le habían colocado en la estación de tren. A continuación, la pareja huyó por mar a Inglaterra bajo la identidad de "monseiur Labordère e hijo" (con Gabrielle disfrazada de varón) y luego embarcó hacia Canadá.


El juicio a la pareja comenzó en diciembre de 1890, y levantó una enorme expectación. Ambos fueron declarados culpables. Eyraud fue condenado a muerte y guillotinado el 4 de febrero de 1891. En cuanto a Bompard, su abogado alegó que Eyraud la había coaccionado para ser su cómplice mediante la hipnosis. Fuese por esto, o por tratarse de una mujer joven y guapa, el tribunal fue más benévolo con ella, y la condenó a veinte años de trabajos forzados, que cumplió en las prisiones de Nanterre y Clermont. Su pena se vio reducida por su buena conducta, y fue liberada en 1905. Vivió en el anonimato el resto de sus días, hasta su muerte, en la década de 1920.
El caso Gouffé no solo fue uno de los crímenes más mediáticos de la Francia de finales del siglo XIX, también pasaría a la historia de la criminología gracias a Lacassagne. Su segundo examen del cuerpo de Gouffé se considera hoy en día una de las primeras autopsias con criterios científicos y modernos, y fue objeto de estudio de las posteriores generaciones de criminólogos. Muchas de las técnicas que aplicó Lacassagne acabarían siendo básicas en los exámenes forenses. En cuanto al inspector Goron, el otro gran artífice del éxito de este caso, se retiró en 1895 y se dedicó a la escritura, publicando sus memorias, novelas policíacas y varios libros sobre crímenes célebres, entre los cuales, por supuesto, también figuraba el caso Gouffé.