Verba volant, scripta manent

lunes, 6 de julio de 2020

El mono de Hartlepool



Según cuenta la leyenda, a principios del siglo XIX, en plena guerra entre el Reino Unido y la Francia de Napoleón, un buque francés se vio sorprendido por una tormenta y se hundió en de la costa noroeste de Gran Bretaña, cerca de la ciudad de Hartlepool. Temiendo una invasión, las gentes de la ciudad acudieron a la playa, a donde habían ido a parar los restos del naufragio, y allí encontraron al único superviviente: un mono, propiedad seguramente de alguno de los marineros del buque, vestido con un uniforme militar.

Ahora bien, los habitantes de Hartlepool no eran gente demasiado instruida. Además, la guerra les pillaba algo lejos, nunca habían visto a un francés y mucho menos a un mono. De los franceses sabían lo que la propaganda de guerra británica decía de ellos: que eran personas salvajes, sucias y desagradables, a veces representados con rabo y garras. Por lo tanto, concluyeron que aquel extraño personaje debía de ser un francés. De inmediato, improvisaron un tribunal popular en la misma playa donde se le acusó de ser un espía y, dado que el mono fue incapaz de alegar nada en su defensa, fue declarado culpable y llevado a la plaza principal de Hartlepool, donde lo ahorcaron (una versión más siniestra de la leyenda dice que en realidad a quien ahorcaron fue a un niño, uno de los que por aquel entonces servían en los buques de guerra como auxiliares de artillería cargando de pólvora los cañones y que eran conocidos habitualmente como "powder monkeys", "monos de la pólvora").


Durante muchos años, la leyenda del mono fue utilizada como motivo de burla hacia los habitantes de Hartlepool, a los que apodaban "monkey hangers" ("cuelga monos"). Sin embargo, con el paso del tiempo los habitantes de la ciudad acabaron por aceptar la leyenda como parte de su folklore y la transformaron en una de sus señas de identidad. La historia del mono ha generado libros, canciones e incluso una novela gráfica y hay varias estatuas dedicadas a él en la ciudad. El equipo de fútbol local, el Hartlepool United, tiene como mascota a un mono llamado H'Angus (un juego de palabras con el nombre Angus y el verbo to hang, "colgar") y dos de los seis equipos de rugby de la localidad, el Hartlepool Rovers y el Hartlepool RFC, tienen referencias al mono en sus escudos. Incluso Stuart Drummond, que fue alcalde de Hartlepool entre 2002 y 2013 (fue el primer alcalde británico elegido tres veces consecutivas) hizo su primera campaña electoral disfrazado de H'Angus y con el lema "Plátanos gratis para todos los escolares", aunque luego le prohibieron llevar el disfraz mientras ejerciera como alcalde.

H'Angus
Pero ¿es real la historia del ahorcamiento del mono? Históricamente, no hay pruebas documentales de ello. Los registros muestran que durante la época de las Guerras Napoleónicas 14 barcos se hundieron en la región de Hartlepool, pero todos eran británicos y en ninguno de ellos se hace mención de que hubiera un mono a bordo. Aunque hay historiadores que afirman que la leyenda puede tener una base real, son muchos los que se inclinan por opinar que se trata de un bulo o una invención. La primera vez que se menciona la historia del mono es en una canción compuesta en 1855 por un músico y cómico ambulante llamado Edward "Ned" Corvan, que al parecer tenía la costumbre de componer alguna canción relativa a la localidad en la que actuaba para complacer a su público. La canción que compuso cuando actuó en Hartlepool, titulada "The Monkey Song" ("La canción del mono") y en la que se contaba a grandes rasgos la historia del ahorcamiento del mono, se hizo muy popular y para muchos es el origen más probable de toda la leyenda del mono de Hartlepool.


La canción en si no es original, ya que "tomaba prestados" fragmentos de otra canción más antigua, muy popular en Newcastle, titulada "The Baboon" ("El babuino") y que hacía referencia a un hecho histórico real, la visita de un grupo de soldados cosacos a la región de Tyneside, a los que acompañaba como mascota un babuino. Tampoco la historia del mono ahorcado es totalmente novedosa; existe una historia similar atribuida a los habitantes del pueblo escocés de Boddam, de los que se cuenta que en torno a 1772 ahorcaron a un mono, único superviviente de un naufragio, para que nadie pudiera disputarles los derechos de rescate de los restos del barco, de los que solo podrían haber hecho uso si no hubiera habido supervivientes. De esos hechos también se había escrito una conocida canción, y es posible que Corvan la hubiera escuchado en sus viajes y al llegar a Hartlepool hubiera combinado la historia del mono de Boddam y la canción del babuino para crear una historia nueva que con el paso del tiempo pasó de ser una simple parodia humorística a ser tomada por un hecho real. Lo cierto es que, al parecer, la canción tuvo mucho éxito entre los habitantes de West Hartlepool (la parte industrial y moderna de la ciudad) que solían hacer burla de los habitantes del Old Hartlepool (la parte antigua, dedicada fundamentalmente a la pesca).


Con el paso del tiempo, la diferencia entre ambos Hartlepool se desvaneció y la leyenda del mono acabó por aplicarse a toda la ciudad, perviviendo durante dos siglos y convirtiéndose en una de las señas de identidad de la ciudad.

domingo, 28 de junio de 2020

El evento Carrington



El 28 de agosto de 1859 aparecieron sobre la superficie del Sol un gran número de manchas solares. La existencia de estas manchas era conocida por los astrónomos desde hacía siglos, y aunque su naturaleza se desconocía (hoy sabemos que son regiones de la superficie solar con temperaturas más bajas e intensa actividad magnética), si que se sabía de ellas que sus apariciones varían según un ciclo de unos 11 años. Pero nunca hasta entonces se había observado tal cantidad de manchas, que incluso las hacía perfectamente visibles a simple vista. Un par de días más tarde comenzaron a producirse en todo el mundo una serie de curiosos fenómenos atmosféricos, el más llamativo de los cuales fue la aparición de auroras en latitudes muy alejadas de los círculos polares, donde su aparición era muy infrecuente.

Unos días más tarde, el 1 de septiembre, el astrónomo aficionado británico Richard C. Carrington se encontraba en su casa de Redhill (Surrey) haciendo un boceto del grupo de manchas solares cuando, a las 11:18 AM según hizo constar en sus anotaciones, observó a través de su telescopio cómo entre las manchas aparecían dos puntos brillantes que de inmediato se transformaron en una vivísima llamarada de luz blanca. Dándose cuenta de que estaba observando un fenómeno desconocido para la ciencia, Carrington, que se encontraba solo en aquel momento, corrió en busca de alguien para que fuera testigo del acontecimiento. Cuando regresó, él y su acompañante vieron como los dos puntos luminosos se movían por el grupo de manchas hasta que desaparecieron a las 11:23. Todo el hecho había durado apenas cinco minutos. Carrington no fue el único en observarlo; otro astrónomo aficionado británico llamado Richard Hodgson también fue testigo de la llamarada, aunque el suceso pasaría a la historia como "evento Carrington".

Lo que había visto Carrington es lo que se conoce como eyección de masa coronal (CME), una gran cantidad de materia y radiación electromagnética que es proyectada por el Sol en periodos de gran actividad. Normalmente el campo magnético de la Tierra actúa como un escudo protector desviando partículas y radiación. Pero si la ráfaga de energía es muy intensa y su campo magnético está orientado al sur, es posible que llegue a perturbar el campo magnético terrestre, provocando lo que se conoce como tormenta solar. El que luego sería conocido como evento Carrington es considerado la tormenta solar más fuerte conocida en la historia.

Dibujo del grupo de manchas solares y los puntos de donde partió la llamarada, obra de Richard Carrington
Los efectos de la eyección no tardaron en hacerse visibles. Si las anteriores oleadas de energía y partículas habían tardado unas cuarenta horas en llegar a la Tierra, esta tardó apenas diecisiete. En la madrugada del día 2 las auroras multiplicaron su intensidad y extensión. Se informó de auroras en latitudes tan distantes de los círculos polares como Hawai, Madrid, Roma, La Habana, Panamá o la ciudad colombiana de Córdoba, el lugar más alejado de los polos donde se tiene noticia de auroras. Estas auroras eran de una intensidad tal que en muchos lugares se podía leer el periódico de noche sin necesidad de otra fuente de iluminación, y en la Montañas Rocosas los buscadores de oro se levantaron y desayunaron de madrugada creyendo que estaba amaneciendo.

Las partículas cargadas emitidas durante el evento Carrington golpearon el campo magnético terrestre, comprimiéndolo y causando anomalías magnéticas por todo el planeta. Varios magnetómetros en distintas partes del mundo (como los del observatorio astronómico de Kew) registraron un pico de actividad nunca visto hasta entonces. En aquella época la tecnología estaba poco desarrollada y no había demasiados aparatos eléctricos. Donde más se notó el efecto de la tormenta solar fue en la incipiente red telegráfica de Europa y Norteamérica. Los cables telegráficos se sobrecargaron, numerosos telegrafistas recibieron descargas eléctricas cuando trataban de enviar mensajes, e incluso se produjeron cortocircuitos que provocaron incendios. Muchas líneas quedaron fuera de servicio y algunas tardaron días en restablecerlo.

La actividad solar y los fenómenos magnéticos observados a continuación no fueron relacionados en un primer momento. De hecho, pasaron años hasta que se propuso tal relación, y en un principio los primeros investigadores que la propusieron fueron criticados e incluso ridiculizados por otros científicos que negaban tal vínculo.

Magnetograma tomado en Londres durante el evento Carrington
Es difícil cuantificar los daños que causaría hoy en día una tormenta solar como la causada por el evento Carrington, pero en todo caso serían catastróficos: los satélites artificiales dejarían de funcionar, las comunicaciones se interrumpirían, habría apagones masivos por todo el mundo, daños en aparatos electrónicos, bases de datos borradas... Un ejemplo lo vivió la Tierra el 13 de marzo de 1989; en esa fecha, una tormenta solar bastante más débil que la provocada por el efecto Carrington afectó a varios satélites, provocó auroras en el Caribe y afectó a redes eléctricas de todo el mundo, especialmente de Norteamérica, donde la provincia canadiense de Quebec estuvo un día sin electricidad por los daños que la tormenta causó en la central nuclear estadounidense de Salem. Según algunos estudios, los efectos de una tormenta de tal intensidad costarían miles de millones de dólares en pérdidas y podrían tardar hasta un año en solventarse completamente.

La posibilidad de que se produzca una nueva tormenta solar tan intensa ha preocupado a los científicos durante las últimas décadas. Se sabe, por el estudio de muestras de hielo, que no ha habido otra tormenta solar igual en los últimos 500 años, pero que tormentas de cierta intensidad se producen más o menos cada cincuenta años, la última el 13 de noviembre de 1960. Según esta periodicidad, estaríamos a las puertas de una nueva tormenta solar de gran magnitud; pero los datos recogidos por la NASA y la Agencia Espacial Europea muestran que la actividad en este ciclo solar está siendo extremadamente baja. Algunos investigadores sugieren incluso que estamos entrando en una época análoga al llamado Mínimo de Maunder (1645-1715), en la que apenas hubo manchas solares, lo que alejaría, al menos de momento, la posibilidad de una nueva tormenta solar de gran intensidad.

lunes, 22 de junio de 2020

Jock McLaren

Robert Kerr "Jock" McLaren (1902-1956)

Nacido en la localidad escocesa de Kirkcaldy el 27 de abril de 1902, Robert Kerr McLaren, al que más tarde todos llamarían "Jock", era apenas un adolescente cuando se alistó en el ejército británico, en los estertores de la Primera Guerra Mundial. Destinado a la 51ª División de Infantería, que había sufrido grandes bajas durante la Ofensiva de Primavera del ejército alemán, tuvo tiempo de participar en los últimos ataques aliados antes de que el conflicto terminara.

Licenciado al terminar la guerra, emigró poco después a Australia, donde acabaría trabajando como veterinario en la ciudad de Bundaberg, a unos 400 kilómetros al norte de Brisbane. Allí se casó y en marzo de 1941, pese a que ya tenía cierta edad, se alistó en el ejército australiano, primero en la Reserva, aunque poco después pediría el traslado al ejército regular. Adscrito a un batallón de apoyo a la 8ª División australiana de Infantería y destinado en la Malasia Británica, seguía allí cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor y la guerra, que hasta entonces había sido un conflicto casi exclusivamente europeo, se desató también en el Pacífico. Prisionero de los japoneses tras la caída de Singapur, logró escapar con otros dos prisioneros y llegar hasta Kuala Lumpur con la ayuda de civiles de origen chino y de las guerrillas comunistas. Pero volvería a ser capturado después de la denuncia de un traidor malayo. Durante esta época, nació en McLaren un profundo resentimiento hacia los japoneses, tras ser testigo de las atrocidades cometidas por las tropas niponas sobre los civiles, especialmente los de origen chino.

Su nuevo destino fue el campo de prisioneros de Sandakan, en Borneo. De allí también se escaparía, en compañía de varios compañeros: se las arreglaron para robar un pequeño bote en una colonia de leprosos cercana al lugar donde los retenían, y con él lograron llegar a las islas filipinas de Tawi-Tawi, donde la guerrilla filipina les ayudó a llegar a Mindanao. Aquella fuga probablemente salvó sus vidas: la mayoría de los prisioneros aliados que fueron a parar a Sandakan acabarían muertos, bien durante las tristemente célebres Marchas de la Muerte de Sandakan, bien asesinados por los japoneses cuando se vieron obligados a retirarse de Borneo.

Jock McLaren en la isla indonesia de Berhala, uno de los lugares donde había sido retenido como prisionero por los japoneses (octubre de 1945)
En Mindanao McLaren y sus compañeros entraron en contacto con el mando conjunto de las guerrillas filipino-americanas bajo el mando del teniente coronel Wendell Fertig. Mientras que la mayor parte de sus camaradas eran evacuados a Australia en un submarino, McLaren prefirió quedarse en Filipinas a las órdenes de Fertig. Hasta el final de la guerra, y salvo por una breve estancia en Australia hacia el final de los combates, permanecería en primera línea de combate enfrentándose a los japoneses. Su primera función fue vigilar las costas filipinas para informar al ejército norteamericano de la presencia de buques japoneses, labor que acompañaba con la de entrenar a los guerrilleros locales, entre los que no había demasiados con experiencia militar.

Su talento como guerrillero le valió un ascenso a sargento y que cada vez le fueran autorizando misiones más arriesgadas: incursiones en territorio enemigo en busca de información, emboscadas. ataques a posiciones estratégicas. Las molestias que le causaban sus acciones a los japoneses llevaron a estos a ofrecer una recompensa de 70000 pesos filipinos por su captura "vivo o muerto", cantidad que el propio McLaren llegó a juzgar como "razonable".

Uno de los actos que más fama le dieron fue cuando sufrió un ataque de apendicitis en la jungla filipina. Sin posibilidad de recibir atención médica, sin disponer de material quirúrgico adecuado, con la única ayuda de varios de sus colaboradores nativos, McLaren tomó la decisión de operarse a si mismo, usando sus conocimientos como veterinario y sin más material que una cuchilla, unas tijeras, un pequeño espejo, una aguja y dos cucharillas (usadas como retractores), y, sin ninguna clase de anestesia, logró llevar a cabo la operación con éxito y recuperarse sin secuelas, pese a que tres días después de la operación tuvo que huir apresuradamente e internarse en la jungla debido a la cercanía de las tropas japonesas.

Sus méritos en combate le valieron un ascenso a capitán y un nuevo destino: le pusieron al frente de un bote artillado (al que McLaren bautizó como The Bastard) a patrullar las islas entre Mindanao y Borneo, informando sobre la actividad de la flota enemiga, hundiendo pequeñas embarcaciones enemiga y realizando incursiones contra puertos japoneses, en ocasiones con su tripulación disfrazada con uniformes japoneses, como en marzo de 1945, en un asalto a una posición enemiga en el municipio de Parang. También tomó parte en la toma del estratégico aeródromo de Malabang, durante la liberación de Mindanao por las tropas aliadas.

Emblema de la Unidad Especial Z
McLaren se había convertido en una pieza importante para las acciones de los comandos norteamericanos y australianos en las Filipinas, a los que surtía de información sobre las posiciones japonesas y los movimientos de sus tropas. Por entonces seguía estando a las órdenes del mando norteamericano, pero en abril de 1945 fue transferido de vuelta al ejército australiano por petición expresa de estos. Fue asignado a la llamada Unidad Especial Z, un grupo de operaciones especiales formado por soldados de distintas nacionalidades y dependiente de las fuerzas australianas especializado en acciones tras las líneas enemigas. Con ellos llevó a cabo varias incursiones en la isla de Borneo, la última de ellas en julio de 1945. Después de que la isla fuera liberada, McLaren permaneció en ella colaborando en el restablecimiento de la administración local, antes de regresar a Australia en noviembre de ese año. Terminó la guerra con el rango de capitán y dos Military Cross, amén de varias menciones en informes oficiales, por sus brillantes actuaciones.

Dejó el servicio activo y pasó a la Reserva a principios de 1946. Se reincorporó a la vida civil y se marchó a vivir a Nueva Guinea (cuya mitad oriental pertenecía por entonces a Australia) como veterinario al servicio del gobierno australiano. Permaneció en aquel puesto hasta principios de 1956, cuando dejó el trabajo y compró una extensión de terreno cerca de la ciudad de Wau con el propósito de establecerse como cultivador de café, pero nunca llegó a culminar ese proyecto. El 3 de marzo de 1956 McLaren, que tantas veces había esquivado la muerte en la selva a manos de los japoneses, falleció en un absurdo accidente: maniobrando con un vehículo cerca de su casa, golpeó el tronco de un árbol medio podrido, parte del cual se desprendió y le cayó encima. Tenía 53 años.

domingo, 14 de junio de 2020

La Dama de las Dunas



El 26 de junio de 1974 una niña de 9 años que paseaba a su perro por una zona costera conocida como Race Point Dunes, en la localidad de Provincetown (Massachusetts) efectuó un macabro descubrimiento. A escasos metros de un camino se encontraba el cadáver en avanzado estado de descomposición de una mujer. Comenzaba así la crónica de uno de los crímenes sin resolver más famosos de la historia criminal norteamericana.

El cuerpo se encontraba tendido boca abajo sobre la mitad de una toalla de playa. El examen forense calculó que llevaba muerta unas dos semanas. Se determinó que los restos correspondían a una mujer pelirroja, de 1'68 metros de altura y unos 66 kilos de peso y constitución atlética. Establecer su edad fue problemático; se le suele atribuir un amplio margen, entre 25 y 40 años, pero incluso podía haber tenido solo 20 o alcanzar los 49. Llevaba el cabello recogido en una coleta sujeta con una goma elástica y estaba desnuda; un par de pantalones vaqueros Wrangler y una bandana de color azul fueron hallados bajo su cabeza. El examen del lugar donde había sido encontrada reveló pisadas que iban hasta donde estaba el cadáver y huellas de ruedas a unos 50 metros de distancia, lo que parecía indicar que el cuerpo había sido depositado allí una vez muerta.

Alguien se había tomado muchas molestias para que el cadáver no fuera identificado. Le faltaban ambas manos y le habían roto los dientes para que no fuera identificada por su historial dental. Había sido brutalmente estrangulada (hasta el punto de que la cabeza estaba casi separada del cuerpo) pero la causa de la muerte había sido un violento golpe en la sien izquierda. Además, mostraba señales de agresión sexual, muy probablemente cometida post-mortem; algunos de los investigadores del caso sospechaban que el autor o autores podían haber tratado de hacerlo parecer un crimen sexual para ocultar el verdadero móvil del asesinato. No mostraba señales de haberse defendido, por lo que se creyó que había sido atacada por sorpresa, o bien mientras estaba dormida.

Todos los intentos de identificar a la fallecida fueron infructuosos. Se examinaron los expedientes de centenares de desapariciones por todo el país pero ninguna parecía corresponderse con la misteriosa "Dama de las Dunas", como era llamada ya la víctima. Poca más información se pudo obtener del cuerpo; pese a los destrozos en los dientes, se determinó que la víctima había sido sometida a un costoso tratamiento dental, en lo que los dentistas llamaban "estilo de Nueva York", lo que parecía indicar que venía de un entorno social acomodado. Pero ante la carencia de datos, el cuerpo fue inhumado en octubre de ese año y el caso se aparcó temporalmente.

El cuerpo sería exhumado en busca de nuevas pruebas en 1980, 2000 (cuando se le tomaron muestras de ADN) y 2013, sin éxito. Las diversas identidades propuestas para la Dama de las Dunas fueron descartándose una tras otra. Se habló de Rory Gene Kesinger, una joven de 25 años en paradero desconocido desde 1973, cuando había huido de la cárcel donde cumplía condena por tráfico de drogas, y que tenía cierto parecido con los retratos robot de la fallecida; pero la comparación del ADN del cuerpo con el de la madre de Kesinger descartó esa posibilidad.

Retrato robot de la Dama de las Dunas, realizado en 2010
Tampoco se llegó a ninguna conclusión acerca del posible autor del crimen. Un asesino en serie llamado Haden Clark se atribuyó el crimen años más tarde, pero Clark es un enfermo de esquizofrenia paranoide que se ha atribuido docenas de crímenes, ninguno de los cuales le pudo ser probado, así que las autoridades no han tenido demasiado en cuenta su confesión. En 1981 la policía supo que una mujer con cierto parecido a la víctima había sido vista mas o menos por la época en la que fue asesinada en compañía del conocido mafioso James "Whitey" Bulger, el cual a menudo arrancaba los dientes a las personas a las que mataba para dificultar su identificación; pero ningún vínculo entre Bulger y la Dama pudo ser probado.

En agosto de 2015 un nuevo hecho contribuyó a aumentar más todavía el misterio en torno al caso. El escritor Joe Hill, hijo del también escritor Stephen King, publicó en su blog que, viendo la célebre película Tiburón, le había sorprendido descubrir en una de las escenas a una mujer de pelo oscuro vestida con vaqueros y una bandana azul, similares a los de la Dama de las Dunas; es más, creía ver un cierto parecido entre los rasgos de la mujer de la película y los retratos robot de la asesinada. ¿Podía tratarse de la misma mujer? Tiburón había sido rodada en su mayor parte entre mayo y octubre de 1974 en la isla de Martha's Vineyard, a unos 160 kilómetros al sur de Provincetown, y durante el rodaje se habían contratado a numerosos habitantes locales y visitantes para que sirvieran de figurantes en la película. ¿Había sido uno de ellos la mujer cuyo cuerpo se encontraría más tarde en Provincetown? Hill puso su teoría en conocimiento del FBI, pero los expertos le dan poca credibilidad y afirman que es muy poco probable que se trate de la misma mujer.

domingo, 31 de mayo de 2020

La Operación Tamarisk, el lado más sucio del espionaje



La Operación Tamarisk tiene un lugar destacado entre las misiones de espionaje occidentales durante la Guerra Fría. Alejada del glamour que tradicionalmente se le atribuye al mundo del espionaje, con unos detalles un tanto escatológicos, pero que sin duda supuso un éxito rotundo para los servicios secretos occidentales.

Originariamente, el objetivo de la Operación Tamarisk era mucho más convencional. Se trataba de que los agentes occidentales revisaran las papeleras y cubos de basura de determinados edificios oficiales de Alemania del Este, en busca de documentos que pudieran resultar de interés para los servicios secretos de EEUU, Gran Bretaña y Francia, impulsores de la operación. Por aquel entonces, en virtud de un acuerdo entre las potencias occidentales y la URSS, estaban permitidas las llamadas "misiones de enlace militar", que permitían a los tres países y a la URSS mantener pequeños contingentes de personal de inteligencia en el territorio de la otra Alemania. Los buenos resultados les llevaron a extender la misión hacia otros objetivos de carácter militar, cuando los agentes occidentales descubrieron un detalle de sumo interés para sus servicios de inteligencia.

Lo que averiguaron los espías era que, debido en buena parte a las sanciones internacionales y al embargo comercial por parte de los EEUU a raíz de la invasión de Afganistán, en la Unión Soviética se vivía una severa escasez de determinados productos, especialmente de papel higiénico. Esta escasez, que afectaba incluso a edificios gubernamentales o embajadas, era especialmente grave en las instalaciones militares, hasta el punto de que a los contingentes de tropas desplazados fuera de sus acuartelamientos, por ejemplo, los que estaban de maniobras, apenas les llegaban suministros de este tipo. Esto provocaba que los soldados y oficiales soviéticos y germano orientales tuviesen que buscar alternativas y recurrir a cualquier otro pedazo de papel para limpiarse.

Y cuando digo cualquier otro papel, es exactamente eso: cualquier otro papel. Las alternativas de los militares del este incluían desde telegramas y comunicaciones oficiales a páginas de sus diarios y agendas personales, hojas de manuales militares y guías de entrenamiento, esquemas técnicos, planos, especificaciones armamentísticas, listas de códigos, además de numerosas cartas personales y hasta documentos oficiales, algunos incluso clasificados como "top secret". Como además estos documentos estaban impresos en papel grueso, que de ser arrojado al retrete corría el riesgo de provocar atascos en las cañerías, lo normal era que tras ser utilizados fueran a parar a papeleras o contenedores especiales, de donde podían ser recuperados por los agentes occidentales.

Los servicios secretos de Occidente, una vez enterados, de inmediato dieron instrucciones a sus espías para que registraran papeleras y cubos de basura de las letrinas de los campamentos militares de Alemania Oriental después de maniobras y ejercicios militares (las condiciones del acuerdo vetaban la presencia extranjera en zonas en las que se producían maniobras y ejercicios militares, pero no una vez terminadas estas), y recuperaran todos los documentos que pudieran. A los agentes, claro, no les entusiasmó demasiado su nuevo cometido, al que se referían literalmente como "shit digging" ("escarbar en la mierda"). En más de una ocasión se quejaron a sus superiores de los riesgos que comportaba a su salud el escarbar entre papeles llenos de restos de materia fecal; e incluso, en ocasiones, cuando las papeleras procedían de instalaciones sanitarias, de restos humanos, como miembros procedentes de amputaciones. Pero sus jefes les animaron a continuar con su labor. Es más, les pidieron que recogieran también aquellos restos humanos y los enviaran para su análisis, para descubrir, por ejemplo, qué clase de metralla usaban los soviéticos o qué técnicas médicas empleaban. Todos los documentos recuperados de esta manera eran enviados a Alemania Occidental, donde eran limpiados y desinfectados a conciencia antes de ser descifrados y estudiados minuciosamente por los analistas.

La Operación Tamarisk estuvo activa entre los años 1979 y 1989, y aparentemente los soviéticos nunca se dieron cuenta del enorme caudal de información que esta clase de desperdicios suponía para los servicios secretos occidentales. No solo proporcionó datos sobre códigos militares, estrategias, tácticas de combate, armamento o vehículos como las nuevas generaciones de tanques soviéticos (los británicos llegaron a desarrollar un nuevo tipo de munición antitanque, el llamado Long-Rod Penetrator, basándose en la información obtenida de esta forma), sino también sobre la moral de las tropas o las relaciones entre el Kremlin, el Ministerio de Defensa y el ejército soviético.

Aunque la Operación Tamarisk pudiera parecer un tanto estrambótica, los expertos la consideran de manera unánime uno de los mayores éxitos de los servicios de inteligencia occidentales durante la Guerra Fría. Como dijo sobre ella el escritor Richard Aldrich, especialista en el espionaje durante esa época, "La Operación Tamarisk fue quizás la operación de inteligencia más productiva llevada a cabo por los británicos durante la Guerra Fría. Aquellos pedazos usados de papel higiénico soviético eran oro puro".

lunes, 25 de mayo de 2020

Fotografías históricas (XVI)


Annette Kellerman, nadadora profesional australiana y creadora del primer traje de baño femenino ajustado, arrestada en 1907 en una playa de Massachusetts acusada de indecencia por vestir uno de sus trajes.



Las "jaulas para bebés" fueron comercializadas a principios del siglo XX como una alternativa segura para que los bebés que vivían en apartamentos interiores recibieran suficiente luz solar (Nueva York, 1937).



George Blind, miembro de la Resistencia francesa, sonríe frente a un falso pelotón de fusilamiento alemán cuyo objetivo era asustarlo para forzarlo a delatar a sus compañeros (1944).



Nobles etíopes montando leones (c. 1900)



La actriz sueca Anita Ekberg, harta del acoso de los fotógrafos de la prensa rosa, sale a la puerta de su villa en Roma armada con arco y flechas para amenazarlos (1960).



Cuatro veteranos de cuatro guerras diferentes, todos naturales de la localidad de Geary (Oklahoma): Mr. Everett (Guerra Civil norteamericana, 1861-1865), O. P. Ruth (Guerra hispano-norteamericana, 1898), "Red" Young (Primera Guerra Mundial, 1914-1918) y Pearl Johnson (Segunda Guerra Mundial, 1939-1945)



La primera "peineta" captada en una fotografía, protagonizada por el pitcher de los Boston Beaneaters Charles Radbourn (1886).



La noticia del hundimiento del Titanic, anunciada en la prensa que un chico vende frente a las oficinas de la armadora del buque, La White Star, en Londres. El niño de la fotografía se llamaba Ned Parfett y moriría seis años después durante la Primera Guerra Mundial, combatiendo con el ejército británico en suelo francés.



Christopher Robin Milne, hijo del escritor Alan Alexander Milne e inspirador del protagonista de las aventuras de Winnie the Pooh.



Un agente mide los trajes de unas bañistas para asegurarse de que cumplen con la ley (c. 1920).



Tres atletas entrenándose para el primer maratón de los Juegos Olímpicos modernos (1896).



El coche en el que fueron abatidos los célebres criminales Clyde Barrow y Bonnie Parker (1934).



Agentes del cuerpo de Policía de Los Ángeles disfrazados de mujer como parte de una operación para capturar a un ladrón de bolsos que había asesinado a una anciana durante uno de sus robos (15 de octubre de 1960).



Albert Einstein en compañía de los indios hopi, durante una visita al Gran Cañón del Colorado junto a su esposa Elsa (1931).



El pintor Henri Matisse, trabajando en su cama (Niza, 1949).



Combate de boxeo entre el antiguo campeón de los pesos pesados Jess Willard, "el Gigante de Pottawatomie", y Floyd Johnson, "el Bulldog de Auburn", celebrado ante 63000 personas en el Yankee Stadium (12 de mayo de 1923).



El estreno de la película Ciudadano Kane (1941).



 Una captura de récord: este serrano estriado (Centropristis striata) capturada por Edward Llewellen en la isla de Santa Catalina (California) pesó 425 libras, algo más de 192 kilos (26 de agosto de 1903).

domingo, 17 de mayo de 2020

Curiosidades (con música)


El trío británico Marconi Union compuso en 2011, con la colaboración de la Academia Británica de Terapia Sonora, la canción "Weightless". Dicha canción se ha comprobado que es capaz de reducir la ansiedad hasta en un 65%, haciendo disminuir la presión sanguínea y ralentizando el ritmo cardíaco. Su efecto es tan relajante que incluso se desaconseja escucharla mientras se conduce.



El actor Robert Mitchum, conocido por sus papeles de tipo duro en películas policíacas y del Oeste, era también un consumado músico. Una de sus incursiones musicales más curiosas tuvo lugar en 1957, cuando publicó Calypso - is like so..., un disco enteramente dedicado al ritmo caribeño del calipso.



El grupo Lynyrd Skynyrd compuso su célebre tema "Sweet Home Alabama" como respuesta a las canciones "Southern Man" y "Alabama" de Neil Young, en las que el cantante criticaba el pasado esclavista y el racismo aún vigente en los estados del sur de los EEUU.


El primer músico en conseguir un número uno en las listas de éxitos de manera póstuma fue Ottis Redding con su famosa "(Sittin' On) The Dock Of The Bay", publicada un mes después de su muerte en un accidente de aviación.


El actor Michael Pitt protagonizó en 2005 la película Last Days, inspirada en los últimos días de vida del cantante Kurt Cobain. A raíz de esta interpretación Pitt, que ya había hecho sus pinitos como músico, formó su propia banda, Pagoda, visual y musicalmente muy próxima a la banda de Cobain, Nirvana.


En cierta ocasión, durante una fiesta a la que asistían varios miembros del grupo Aerosmith, comenzó a sonar la canción "You See Me Crying". El cantante Steven Tyler, algo perjudicado por el consumo de alcohol y otras sustancias, le dijo al guitarrista Joe Perry que la canción era muy buena y deberían hacer una versión. "Pero si somos nosotros, idiota" respondió Perry.


El grupo Pink Floyd incluyó un mensaje oculto en su canción Empty Spaces", del disco The Wall (1979). El mensaje fue incluido en la pista izquierda de la canción y solo resulta inteligible cuando la canción se escucha al revés. Lo grabó Roger Waters, el cantante del grupo, y viene a decir algo así como "Hola, buscador... Felicidades. Acabas de descubrir el mensaje secreto. Por favor, envía tu respuesta al viejo Pink, al cuidado de la Granja Loca, Chalfont". Se cree que es una referencia a Syd Barrett, antiguo miembro del grupo conocido por sus problemas mentales.


La cantante británica de origen georgiano Katie Melua posee el récord mundial del concierto celebrado a mayor profundidad bajo el agua. El 2 de octubre de 2006 dio un concierto a 303 metros bajo el nivel del mar en la plataforma de extracción de gas Troll A, propiedad de la petrolera estatal noruega Statoil, en el mar del Norte. Al concierto asistieron una veintena de trabajadores de la plataforma, y antes de llevarlo a cabo Melua y su banda tuvieron que someterse a un exhaustivo examen médico y a entrenamiento en técnicas de supervivencia.


En 1967 David Bowie publicó como single la canción "The Laughing Gnome", considerada por muchos como la peor canción de su carrera. En 1990 Bowie pidió a sus fans que votasen por teléfono qué canciones debería interpretar en su gira mundial de ese año, "The Laughing Gnome" fue la canción más votada, al parecer, por una campaña promovida a modo de broma por la revista musical NME. Bowie no la interpretó.


Durante algún tiempo circuló el rumor, extendido a raíz de un artículo de la revista Newsweek en 1963, de que Bob Dylan no era el autor de la canción "Blowin' In The Wind", sino que se la habría comprado (o robado) a un estudiante de Nueva Jersey llamado Lorre Wyatt. Varios de sus compañeros de instituto aseguraban haberle oído tocar la canción antes de que Dylan la popularizara. Años más tarde Wyatt admitiría que había visto la letra de la canción en la revista musical Sing Out! y la había cantado en su instituto diciendo que la había compuesto él.


Lucy, el primer esqueleto de Australopithecus afarensis descubierto y uno de los fósiles más famosos del mundo, recibió ese nombre porque cuando fue descubierto (el 24 de noviembre de 1974, en Etiopía) estaba sonando en la radio la canción de los Beatles "Lucy in the Sky with Diamonds".


El grupo brasileño Cansei de Ser Sexy (Me Cansé de Ser Sexy) tomó su nombre de unas declaraciones de Beyoncé Knowles en una entrevista en las que decía que "estaba cansada de ser sexy y quería que la respetaran por su música". A los miembros de la banda les pareció una frase tan absurda y divertida que decidieron bautizar así a su grupo.

domingo, 10 de mayo de 2020

Tragedia en la Selva Negra

Schauinsland

A mediados de abril de 1936, aprovechando las vacaciones de Pascua, un grupo de 27 escolares de la Strand School, una grammar school del sur de Londres, viajaron a Alemania para pasarse diez días haciendo senderismo por la Selva Negra. Algo habitual en los colegios británicos más exclusivos; los jóvenes conocían otros países, aprendían a depender de si mismos, se fomentaba el compañerismo y se les inculcaba un muy británico aprecio por el deporte y el ejercicio físico. Al frente de aquel grupo iba un profesor de 27 años llamado Kenneth Keast.

El sábado día 17 de abril, a eso de las nueve de la mañana, el grupo partió de su albergue en Friburgo para la primera etapa de su recorrido: un trayecto de 15 millas (unos 25 kilómetros) hasta el pueblo de Todtnauberg, atravesando el Schauinsland, que con 1284 m. de altitud es uno de los montes más altos de la Selva Negra. Caía una ligera nevada, pero eso no parecía molestar a los jóvenes, a pesar de que iban vestidos con ropas aparentemente poco adecuadas para aquel clima, con pantalones cortos, impermeables ligeros y calzado liviano, hasta el punto de que pronto empezaron a tirarse bolas de nieve unos a otros, hasta que el profesor Keast tuvo que poner orden.

Antes de su partida varias personas habían avisado a Keast de las complicaciones del recorrido, que incluso sin nieve era considerado dificultoso por los habitantes locales. El día anterior la oficina de turismo le había advertido de la inminente llegada de la tormenta, pero Keast simplemente respondió que "Los ingleses estamos acostumbrados a los cambios repentinos en el tiempo". Pero, conforme pasaba el tiempo y la nieve seguía cayendo sin descanso, empezó a hacerse patente que el recorrido estaba empezando a ser difícil para algunos de los chicos. Tras varias horas de camino Keast tuvo que admitir que se habían extraviado y se detuvo en una posada a pedir indicaciones. La dueña, sorprendida al verlos aparecer, les advirtió que pronto la nieve cubriría caminos e indicadores, pero el profesor le quitó importancia diciendo que "ya los limpiarían".

Un poco más adelante se encontraron con dos leñadores que regresaban a sus casas porque el mal tiempo les impedía seguir trabajando, y que les aconsejaron desviarse de su ruta y tomar un sendero hacia el lado izquierdo del valle en el que se encontraban. A eso de las tres y cuarto de la tarde se cruzaron con Otto Steiert, el cartero local, que trató de disuadir a Keast de seguir adelante. Incluso se ofreció a acompañarlos de vuelta a Friburgo, o a guiarlos hasta un albergue de mineros donde habrían conseguido comida y refugio, pero Keast declinó sus ofrecimientos.

Kenneth Keast (con gorra)
El profesor seguía confiado en cumplir con el recorrido, pero el avance cada vez más complicado del grupo le hizo detenerse y preguntar a los chicos uno por uno como se encontraban. Varios se quejaron del frío y el cansancio, pero Keast consideró que llegados a ese punto sería más peligroso regresar que continuar avanzando, y decidió seguir adelante, confiando en llegar pronto a la localidad de Hofsgrund. Keast se equivocaba: en el mapa que le había facilitado el School Travel Service, organizador del viaje, se mostraban las distancias pero no la orografía del terreno. En efecto, Hofsgrund no estaba lejos, pero la ruta que estaban siguiendo les llevaba a través del Kappler Wand, la cresta más escarpada del Schauinsland, con 600 metros de altura y unos desniveles de hasta el 70%.

El primer escolar en desmayarse fue Jack Alexander Eaton, de 14 años, y campeón escolar de boxeo. Pese a los intentos por reanimarlo, tuvo que continuar ayudado por sus compañeros. La situación se volvió peor si cabe cuando la expedición abandonó la relativa protección del risco y quedó completamente expuesta al fuerte viento de la tormenta. Desconocedores del terreno, pasaron sin saberlo a menos de una milla de un refugio existente en la cumbre, pero siguieron avanzando en dirección opuesta. En este momento, Eaton y otros dos escolares tenían que ser llevados a cuestas por sus compañeros, y otros tres chicos estaban en serias dificultades.

Y cuando empezaban a perder la esperanza de salvarse, el viento llevó hasta ellos el sonido de campanas. Eran las campanas de la iglesia de Hofsgrund anunciando las siete de la tarde. Keast decidió entonces enviar a dos de los alumnos mayores, que aún tenían fuerzas, en busca de ayuda, mientras él trataba de ayudar a aquellos que no tenían fuerza para seguir. A ambos jóvenes les llevó una hora llegar hasta las primeras casas del pueblo.

Jack Alexander Eaton (1921-1936)
Hofsgrund era el típico pueblecito de la Selva Negra: 300 habitantes, una iglesia, una posada y un puñado de granjas más o menos dispersas. Eugen Schweizer era uno de sus habitantes. Había pasado la mayor parte del día en casa, a causa del mal tiempo, y estaba preparándose para salir al encuentro del repartidor que le llevaba la entrega semanal de pan. De repente llamaron frenéticamente a su puerta, y al abrir se encontró a dos jóvenes nerviosos y exhaustos que en un alemán de circunstancias le dijeron "Zwei Mann, krank am Berg" ("Dos hombres enfermos en la montaña"). Al comprender lo que ocurría, Schweizer corrió a la posada, donde había varios hombres bebiendo y jugando a las cartas, a pedir ayuda.

Rápidamente se formó una partida de rescate. Los hombres del pueblo cogieron ropa de abrigo y esquíes y se dirigieron a la montaña. El grupo de escolares se había desperdigado, lo que dificultó las tareas de rescate. Varios de los jóvenes que se habían desmayado yacían casi completamente cubiertos por la nieve. Otros trataban aún de ayudar a sus compañeros y varios más intentaban bajar de la montaña por su cuenta. Los rescatadores habían planeado usar sus esquíes como camillas para bajar hasta el pueblo a aquellos que no pudieran moverse, pero como la nieve era demasiado blanda y espesa, improvisaron con ellos trineos para arrastrarlos. Hermann Lorenz, el tendero, cargó a uno de los chicos hasta su casa, mientras que un granjero llamado Reinhold Gutmann hizo lo propio con otro, llevándolo hasta una granja cercana. Schweizer y otros miembros de la partida hallaron a Keast, junto a dos chicos inconscientes, y él les dijo cuantos eran en total. Las tareas de rescate se prolongaron hasta las once de la noche, y no cesaron hasta que todos los jóvenes hubieron sido hallados. Un aldeano llamado Hubert Wissler estuvo recorriendo la montaña completamente solo durante 45 minutos hasta que halló a tres chicos a punto de morir de frío.

Hofsgrund
Los jóvenes fueron rápidamente atendidos en Hofsgrund. Se les quitó la ropa mojada, se les dio comida y café caliente y se les masajeó con fuerza para reactivar la circulación, antes de envolverlos en mantas y acercarlos a chimeneas y cocinas para que entraran en calor. Pero, pese a los cuidados de los aldeanos y el esfuerzo de un médico que casualmente estaba allí de vacaciones y fue llamado de inmediato para atenderlos, la ayuda había llegado demasiado tarde para algunos de ellos. Eaton (14), Stanley Lyons (14), Peter Ellercamp (13) y Francis Bourdillon (12) habían muerto por hipotermia y agotamiento, y no pudieron ser reanimados. Arthur Roberts y Roy Witham estaban muy graves y fueron llevados al día siguiente al Hospital Universitario de Friburgo, donde Witham moriría poco después sin recuperar la consciencia. Los supervivientes fueron llevados al día siguiente a una villa cercana desde donde fueron evacuados a Friburgo en coche. La mayoría seguía en estado de shock y hasta dos días después no supieron que cinco de sus compañeros habían muerto y un sexto estaba en el hospital.

Al día siguiente todos los periódicos británicos llevaban en portada la "Tragedia de la Selva Negra". Durante días toda la prensa trató minuciosamente todos los detalles del caso, la "Lucha de los jóvenes contra la tormenta", el "milagro de las campanas" o el valor de los "rescatadores sobre esquíes". Mientras, el gobierno nazi vio en la tragedia una excelente oportunidad de mejorar sus tensas relaciones con el gobierno británico, que habían ido empeorando desde la llegada de Hitler al poder. Maestros de la propaganda al fin y al cabo, las autoridades nazis lanzaron una gran campaña donde se dio un gran protagonismo a las Juventudes Hitlerianas, pese a que dicha organización no tenía ninguna relación con la expedición británica, ni había participado en su rescate. No obstante, apelando a la "hermandad entre la juventud británica y la alemana" las Juventudes Hitlerianas tomaron la responsabilidad de atender a los supervivientes en tanto no se organizaba su repatriación. Asimismo, los ataúdes con los cuerpos de los fallecidos fueron instalados en una capilla ardiente en un cementerio local, flanqueados por esvásticas y banderas británicas, donde siempre había varios miembros de las Juventudes locales haciendo guardia. Miles de habitantes de Friburgo pasaron a presentar sus respetos a las víctimas, y el líder local de las JH pronunció un discurso en el que abogaba por "el deseo de entendimiento y paz entre los alemanes y sus camaradas ingleses". La prensa oficialista también publicó numerosos artículos elogiando a las Juventudes por su "colaboración" en el rescate (ignorando injustamente a los verdaderos héroes, los habitantes de Hofsgrund) e incluso las autoridades locales de Friburgo (en parte, por su miedo a que la tragedia perjudicara al turismo, pues la Selva negra era un destino muy habitual para los turistas británicos, en especial para los viajes escolares) se alinearon con la campaña de propaganda oficial, a pesar de que pocos de ellos eran auténticos nazis.


Los supervivientes y los cuerpos de sus compañeros fallecidos fueron finalmente embarcados en dos trenes de la compañía estatal de ferrocarriles alemana (que no quiso aceptar pago alguno por el transporte) el día 20, festividad en Alemania por coincidir con el cumpleaños de Adolf Hitler. Una comitiva de cientos de miembros de las Juventudes Hitlerianas y su equivalente femenino, la Liga de Muchachas Alemanas, acompañó a los jóvenes británicos hasta la estación, donde les esperaba una delegación de las autoridades locales. Un grupo de 20 miembros de las Juventudes los acompañó durante su viaje de 330 millas hasta la frontera belga, y miles de civiles se apostaron a lo largo de la vía para presentar sus respetos. Varios de los padres de los escolares británicos escribirían más tarde cartas a Hitler para agradecerle el trato dado a sus hijos.

Los supervivientes llegaron a la londinense Estación Victoria el 21 de abril a las cuatro y veinte de la tarde, y fueron recibidos por una impresionante multitud. Los cuerpos de sus compañeros, en ataúdes hechos de madera de la Selva Negra ("De los mismos bosques en los que perecieron", diría de manera un tanto melodramática un reportero), llegaron al día siguiente a la Estación de Liverpool Street en un vagón especia, a las ocho y veintiuno de la mañana, recibidos igualmente por una multitud. Decenas de ofrendas florales, algunas enviadas por el propio Adolf Hitler, les aguardaban en la plataforma de la estación. El profesor Keast permaneció varios días más en Alemania, y regresó de manera anónima, dirigiéndose a Bournemouth para evitar a la prensa. Los jóvenes muertos serían enterrados en los días siguientes en distintos cementerios de Londres, y a todas las ceremonias llegaron ofrendas florales de parte de Adolf Hitler y las Juventudes Hitlerianas.

Engländerdenkmal
El profesor Keast fue interrogado durante la investigación de la tragedia, y declaró que la tormenta había sido "catastrófica e impredecible", pero no mencionó las repetidas advertencias que había recibido de los habitantes locales y había ignorado. Pese a los indicios de negligencia por parte de Keast, y a las dudas sobre su actuación expresadas por el fiscal de Friburgo y Robert Smallbones, cónsul británico en Frankfurt (quien señalaba en una carta que envió al Ministerio de Asuntos Exteriores que la tragedia podía haberse evitado y criticaba la manera en la que los chicos iban vestidos), ni alemanes ni británicos estaban por la labor de abrir un proceso que pudiera dañar las relaciones diplomáticas entre ambos, e igualmente la Strand School y el ayuntamiento londinense (que llegó a alabar el valor de Keast durante su investigación) apoyaron al profesor. Y el caso se cerró sin que se señalara a nadie como culpable.

Pero hubo un hombre que se negó a aceptar que las cosas terminaran así. Jack Eaton era un hombre de origen humilde que a base de mucho esfuerzo había prosperado y llegado a ser propietario de una empresa de construcción. Era también el padre de Jack Alexander Eaton, una de las víctimas mortales, y decía de su hijo que era "todo lo que él habría deseado ser". Nada más saber del triste destino de su hijo viajó a Friburgo y recorrió, acompañado de un abogado y un intérprete, la ruta que habían seguido los desafortunados jóvenes. Interrogó a los rescatadores y a los testigos, reconstruyó su viaje, supo de las advertencias que Keast había ignorado, incluso encontró el mapa que había utilizado. Su investigación dio lugar a un informe de diez páginas titulado "La Tragedia de la Selva Negra: La Verdad", en el que escribió: "Estoy determinado a luchar hasta el final en nombre de mi amado hijo, que lo era todo para mí, y por los otros pequeños héroes que deberían haber estado con nosotros hoy y muchos años a partir de ahora". En ese informe, que Eaton envió a los padres de los otros chicos, a periódicos, políticos, y en general a todos los que tuvieran interés en el caso, concluía que Keast ignoró deliberadamente las advertencias sobre la peligrosidad de la ruta debido al notorio desagrado que sentía por los alemanes, que no estaba capacitado para haber dirigido el viaje, y que de no haber sido por la providencial intervención de las campanas de Hofsgrund, probablemente todos los miembros de la comitiva habrían muerto.

Pero, pese a sus esfuerzos, nunca consiguió llevar a juicio a Keast, tal y como habría querido. Dispuesto a no dejar que se olvidara lo sucedido, Eaton siguió durante años reclamando justicia. Se presentaba delante de la escuela y de la casa de Keast acusándolo públicamente de la muerte de su hijo, llegó a instalar una placa en la fachada de su empresa que decía "Acuso a Keast de la muerte de mi hijo". Pese a las amenazas de Keast de emprender acciones legales contra él por difamación y amenazas, nunca abandonó su intención de que el profesor respondiera por sus actos. Se mudó a una nueva casa (dijo que la antigua le traía demasiados recuerdos dolorosos) y convirtió su nuevo hogar en un santuario lleno de fotografías y objetos de su hijo. Ni siquiera el nacimiento de una nueva hija, a la que llamó Jacqueline, atemperó su empeño, convertido ya en una obsesión. Finalmente, su salud mental se vio comprometida y acabó sus días en un sanatorio psiquiátrico. En cuanto a Keast, se sabe por cartas suyas que se conservan que el acoso de Eaton lo perturbaba profundamente, y que las autoridades escolares y de la Strand School, que públicamente lo habían defendido sin reservas, de puertas para adentro se mostraban bastante más críticas con sus actos. Unos meses más tarde de la tragedia, se le prohibió liderar un viaje de esquí a Austria programado desde antes del viaje a Alemania, lo cual lo disgustó profundamente. En 1939 abandonó Londres y la Strand School y se marchó a la Bedales School, en Hampshire, y posteriormente la Frensham High School, en Surrey. Ninguna de ellas guarda registro alguno de su tiempo como profesor más allá de su nombre y el tiempo de servicio. Falleció en 1971.


Dos años después de la tragedia, las autoridades alemanas construyeron un memorial en recuerdo de los jóvenes, a unos 800 metros por encima de Hofsgrund. El monumento, diseñado por el profesor de arte y arquitecto Hermann Alker, consta de dos piedras verticales con los nombres de las víctimas inscritos, con una piedra horizontal sobre ellas que llevaba un águila, una esvástica y una inscripción que rezaba "La juventud de Adolf Hitler honra la memoria de estos camaradas deportistas británicos con este memorial" (todo esto sería borrado posteriormente). Recibió el nombre de Engländerdenkmal ("Monumento a los ingleses"), y aunque estaba previsto que se hiciera una ceremonia oficial de inauguración con la presencia de miembros de la familia real británica y representantes de los gobiernos de ambos países, tal ceremonia nunca llegó a producirse por el aumento de la tensión entre ambos países que acabaría desembocando en la Segunda Guerra Mundial. Cerca de este monumento, Jack Eaton hizo colocar su propio memorial para su hijo, una sencilla cruz de granito colocada en el punto exacto donde Jack, Ellercamp y Lyons habían muerto. Quiso también que figurara la frase "Su profesor les falló en el momento decisivo", pero las autoridades alemanas no lo permitieron. Un tercer monumento, erigido por los padres de los demás jóvenes, fue instalado en la entrada de la iglesia del pueblo, y es el único en el que se agradece expresamente a los habitantes de Hofsgrund su actuación aquel día.

domingo, 3 de mayo de 2020

Anna Delvey, la impostora



En julio de 2017 la policía de Nueva York arrestaba a Anna Delvey, un rostro habitual de la alta sociedad neoyorquina, acusándola de haber dejado a deber varios miles de dólares en facturas en varios hoteles y restaurantes de la ciudad. Aunque fue puesta en libertad poco después, volvió a ser arrestada en octubre de ese mismo año por acusaciones bastante más graves de hurto y estafa. Salía de esta manera a la luz pública la verdadera identidad de una de las impostoras más osadas de los últimos años.

Anna Vadimova Sorokina había nacido en Domodedovo, una ciudad-dormitorio a unos 40 kilómetros de Moscú, en 1991. Hija de un camionero y una tendera, su familia emigró en 2007 a Alemania, instalándose en la ciudad de Eschweiler. Sus compañeros de instituto la recuerdan como una chica callada a la que le costaba expresarse en alemán. Tras su graduación se marchó a Londres para matricularse en la Escuela de Artes Central San Martins, pero acabó regresando a Alemania poco después para trabajar en una empresa de relaciones públicas. Más tarde se mudó a París, donde trabajó como becaria en la revista de moda Purple. Fue entonces cuando empezó a utilizar el nombre de Anna Delvey.

A finales de 2013, Anna Delvey viajó a Nueva York. Durante algún tiempo trabajó en la delegación neoyorquina de Purple, pero no tardó en dejarlo y empezó a hacerse pasar por una rica heredera alemana. Presumiendo de un fideicomiso de sesenta millones de euros, comenzó a alojarse en hoteles de lujo, a comer en restaurantes elegantes, a visitar con frecuencia boutiques de marcas caras, dejando a menudo generosas propinas. Con este estilo de vida, no tardó en hacerse conocida en los ambientes más selectos de la ciudad. Atractiva, aparentemente rica y con don de gentes, encajaba perfectamente en aquel ambiente. Sobre el origen de la fortuna de su familia, dio varias versiones. que su padre era diplomático, que era un ejecutivo de una petrolera, o que era un magnate de la fabricación de paneles solares.

Delvey se las arregló para mantener el engaño durante años. Mientras sus deudas se iban acumulando, seguía manteniendo un tren de vida fastuoso sin que nadie pareciera sospechar que ella no era quién decía ser. A menudo pedía a sus nuevos amigos que pagaran alguno de sus gastos, poniendo como excusa que su tarjeta había sido rechazada o que la burocracia le ponía dificultades para sacar su dinero de Alemania, comprometiéndose a que más adelante les devolvería el dinero. Algo que, por supuesto, nunca ocurría. Cuando alguno de ellos le recordaba su deuda, ella simplemente se reía y le echaba la culpa a su mala memoria, asegurándole que no tardaría en saldarla. Y así, una y otra vez. Una de sus víctimas fue Rachel Williams, una editora de la revista Vogue, que acabó pagando 60000 dólares por unas vacaciones en Marrakech a las que Anna la invitó en 2017, y que nunca recuperó su dinero.


Uno de los proyectos de los que Delvey solía presumir era el de alquilar el histórico edificio del Church Missions House, en Park Avenue, y transformarlo en un exclusivo club de arte, con exposiciones y eventos, bajo el nombre de Anna Delvey Foundation. Llegó a contactar con varios fondos de inversión y bancos para conseguir que le prestasen el dinero necesario, sin éxito.

A finales de 2016, Anna Delvey regresó brevemente a Alemania, donde falsificó una serie de documentos bancarios que confirmaban su supuesta riqueza. Al regresar a Nueva York, trató una vez más de conseguir un préstamo de 25 millones de dólares de un fondo de inversiones. No consiguió el préstamo, por las dudas que empezaba a despertar su historia, pero si logró engatusar a un crédulo ejecutivo para lograr un adelanto de 100000 $.

Finalmente, el entramado de mentiras y falsedades que había montado se vino abajo. Varios hoteles y restaurantes, hartos de no poder cobrar lo que Anna les debía, la denunciaron. Tras su primer arresto salió en libertad, pero la investigación policial sacó a la luz la verdadera identidad de Anna y las muchas cuentas impagadas que había dejado por toda la ciudad. Fue nuevamente arrestada y enviada a la prisión de Rykers Island.

Anna Delvey compareció ante los tribunales el 18 de diciembre de 2018. Aunque la fiscalía le ofreció un trato bastante generoso (una sentencia reducida, una multa y la deportación a Alemania), Anna prefirió ir a juicio, donde se la acusó de varios cargos de hurto, hurto mayor y robo de servicios. Durante el proceso, que comenzó el 20 de marzo de 2019, su defensa trató de presentarla no como una estafadora, sino como una emprendedora, alegando que siempre había tenido la intención de pagar sus deudas una vez hubiera puesto en marcha sus negocios, pero que no había conseguido la financiación necesaria. Finalmente, el 25 de abril fue declarada culpable por el jurado y el 9 de mayo le fue impuesta una pena de 4 a 12 años de cárcel, una multa de 24000 dólares y a pagar más de 200000 dólares en deudas. Una vez cumpla su condena, será deportada a Alemania.


En el juicio llamó la atención el poco interés que Delvey mostró por el discurrir del proceso. Parecía más preocupada por que le dejaran llevar la ropa que quería que por las declaraciones de los testigos y las alegaciones de la acusación y la defensa, hasta el punto de que la juez llegó a reprenderla y recordarle que aquello era "un tribunal y no un desfile de modas".

Tras ser condenada, Delvey admitió que no sentía lo que había hecho, que solo "lamentaba la manera en la que había hecho algunas cosas", y que probablemente si le dieran la oportunidad volvería a hacer lo mismo. No podrá salir en libertad como mínimo hasta octubre de 2021. Ha anunciado que, mientras permanezca en prisión, piensa escribir al menos dos libros de memorias sobre el tiempo que pasó fingiendo ser una rica heredera y sobre su estancia en la cárcel. Además, hay en marcha dos proyectos de filmación de series basadas en su vida: uno de Shonda Rhimes (Anatomía de Grey) para Netflix y uno de Lena Dunham (Girls) para HBO.

lunes, 20 de abril de 2020

Mary Anning

Mary Anning (1799-1847)

En la lista de las mujeres pioneras de la ciencia, mujeres que se atrevieron a desafiar el statu quo que las excluía del mundo de la investigación científica por considerarlo un campo exclusivamente masculino, sobresale el nombre de Mary Anning. Una mujer que fue ignorada y menospreciada mientras vivió, cuyas aportaciones fueron minusvaloradas o desdeñadas, pero cuya aportación a una ciencia entonces nueva como la paleontología resultó fundamental y solo fue reconocida mucho tiempo después de su muerte.

Mary Anning nació en la localidad inglesa de Lyme Regis en 1799, en una familia humilde, hija de un modesto ebanista que se sacaba un sobresueldo vendiendo fósiles a los turistas que visitaban la costa del condado de Dorset, destino habitual de vacaciones de las clases medias-altas del sur de Inglaterra. En aquella época, el trabajo de investigadores como Buffon y Cuvier había logrado que los fósiles fueran aceptados como lo que eran, restos de especies desaparecidas, y el coleccionismo y estudio de estos restos se hacía cada vez más popular. Y en los acantilados calizos de la costa de Dorset, datados en la era mesozoica, existía una gran abundancia de fósiles.

Acantilados de Dorset
A Mary le fascinaban aquellos restos, hasta el punto de que a menudo prefería acompañar a su padre en sus búsquedas antes que quedarse en casa haciendo las tareas del hogar. Después de que su padre muriera en 1810 de tuberculosis, la venta de fósiles se convirtió en el principal sustento de la familia. Mary, acompañada en ocasiones por su hermano Joseph (Joseph y ella fueron los únicos de los diez hijos del matrimonio Anning que llegaron a la edad adulta) recorría los acantilados de la zona (peligrosamente escarpados y con el riesgo siempre presente de derrumbes y corrimientos de tierras) en busca de piezas que luego vendía en un puesto callejero cercano a la parada de la diligencia. Su primer gran hallazgo tuvo lugar en 1810 o 1811, cuando su hermano Joseph halló lo que creían era el cráneo de un cocodrilo, y que resultó ser un ictiosauro. Mary limpió ciudadosamente el cráneo y siguió buscando el resto del esqueleto hasta que lo halló al año siguiente. La espectacular pieza, el primer esqueleto de este tipo hallado completo, fue luego vendida por 27 libras (una pequeña fortuna para los Anning, dados sus problemas económicos) y acabaría expuesto en el Museo Británico. El cirujano y naturalista Everand Home escribió una serie de artículos sobre el ictiosauro por encargo de la Royal Society, aunque en ninguno de ellos menciona a los Anning como sus descubridores.

En los siguientes años Mary continuó con la búsqueda y venta de fósiles, prácticamente en solitario, después de que su hermano comenzara a trabajar como aprendiz de tapicero. Halló varios esqueletos más de ictiosauro, de diferentes especies, algunos del tamaño de peces pequeños y otros grandes como ballenas. No obstante, su familia seguía pasando dificultades financieras y en 1819 uno de sus clientes, un acaudalado coleccionista llamado Thomas Birch, subastó su colección de fósiles para entregarle lo recaudado (unas 400 libras) a Mary, lo que alivió su situación.

En 1820 y 1823 Mary hizo otros dos hallazgos extraordinarios: dos esqueletos casi completos de plesiosaurio, los dos primeros conocidos por la ciencia. Mary limpió, preparó y describió minuciosamente los restos, tan sorprendentes para lo que entonces se conocía que el mismísimo Georges Cuvier expresó sus dudas acerca de la legitimidad de los fósiles (más tarde admitiría su error y se disculparía). Los plesiosaurios fueron examinados y presentados públicamente por el paleontólogo William Conybeare, el cual en ninguno de los dos casos mencionó a Mary como descubridora.

Dibujo de un esqueleto de plesiosaurio, por Mary Anning
Mary Anning no tuvo oportunidad de tener una educación convencional. Aprendió a leer y escribir en su iglesia y no fue al colegio, pero más tarde trataría de subsanar esas carencias devorando toda la literatura científica que caía en sus manos, llegando a copiar a mano artículos que le interesaban especialmente. Llegó incluso a diseccionar animales como peces o calamares, para familiarizarse con su anatomía y entender mejor la estructura de los fósiles con los que trabajaba.

En 1826 Mary logró reunir dinero suficiente para comprar una casa en Lyme con un gran ventanal donde instalar su tienda, a la que llamó Almacén de Fósiles Anning. La tienda y su propietaria muy pronto lograron fama en el mundo de la paleontología, una fama que se extendió más allá de las fronteras inglesas. Numerosos investigadores ingleses frecuentaban a Anning para adquirir nuevas piezas, pero también otros procedentes de América, Francia, Alemania... Incluso el rey de Sajonia Federico Augusto II, dueño de una amplia colección de especímenes de historia natural, fue cliente suyo, y le compró un ictiosauro. Muchos de sus clientes, además, aprovechaban sus visitas para charlar con Mary, quedando asombrados por el conocimiento que tenía sobre los fósiles y su habilidad para caracterizarlos e identificarlos. Pero eso no impidió que sus aportaciones fueran sistemáticamente ignoradas por la ciencia "oficial". En una época en la que la Sociedad Geológica de Londres, la principal autoridad paleontológica de la época, no permitía que las mujeres asistieran a sus reuniones ni siquiera como invitadas, Mary sufrió una triple discriminación: por ser mujer, por ser de origen humilde y por ser de una familia disidente (protestantes no anglicanos). Algunos de sus clientes llegaban incluso a presentar como hallazgos propios los fósiles que Mary les había vendido, apropiándose de sus conclusiones para hacerlas pasar por suyas. Mary se quejaría amargamente en más de una ocasión de cómo algunos científicos se habían aprovechado de su trabajo en su propio beneficio.

Sir Henry Thomas de la Beche (1796-1855)
No todos los científicos se negaban a reconocer los méritos de Mary Anning. Henry de la Beche, amigo de los Anning desde su adolescencia y que llegaría a ser presidente de la Sociedad Geológica, agradeció más de una vez su ayuda, igual que William Buckland, catedrático de Geología en Oxford, o el matrimonio formado por Roderick y Charlotte Murchison, quienes la pusieron en contacto con reconocidos geólogos de toda Europa. Y el paleontólogo suizo Louis Aggasiz quedó tan impresionado de sus conocimientos y de los de Elizabeth Philpot, paleontóloga amateur y amiga de Anning, que les agradeció a ambas su ayuda en su libro Estudios sobre los peces fósiles.

Duria Antiquior (Henry De la Beche, 1830)
En 1830 la crisis económica, que disminuyó la demanda de fósiles, y la escasez de hallazgos significativos volvió a causar problemas económicos a Mary. De la Beche salió en su ayuda, donándole los beneficios de las ventas de litografías de Duria Antiquior, una acuarela que había pintado en la que hacía una reconstrucción artística de la fauna prehistórica de Dorset.

Los descubrimientos de Mary Anning continuaban: en 1828 halló un esqueleto en perfecto estado de Dapedium politum, un pez de aletas radiales recién descrito, y un pterosaurio, el primero hallado fuera de Alemania. En 1829 halló un ejemplar de Squaloraja, con características intermedias entre un tiburón y una raya, y en 1830 un tercer ejemplar de plesiosaurio. También hizo otros importantes aportes al conocimiento de la Paleontología, como señalar el gran parecido entre las bolsas fósiles de los belemnites con las de calamares y sepias actuales, y resolvió un pequeño enigma paleontológico: las llamadas "piedras bezoar", unos fósiles que se encontraban a veces en algunos yacimientos y cuyo origen se desconocía. Mary Anning se dio cuenta de que esas piedras aparecían a veces en la región abdominal de los esqueletos de ictiosauro, y que si se rompían contenían en su interior huesos, espinas y escamas de otros animales marinos, por lo que concluyó que se trataba de heces fósiles. William Buckland los llamó "coprolitos", y cuando expuso esta conclusión en la Sociedad Geológica mencionó expresamente a Anning, alabando su talento y su habilidad.

Squaloraja
En 1835 Mary volvió a quedar en una situación financiera comprometida tras perder casi todos sus ahorros en una mala inversión. William Buckland logró aliviar sus problemas consiguiendo que le fuera concedida una pensión gubernamental por sus aportaciones científicas. En 1839 escribió al Magazine of Natural History como respuesta a un artículo sobre un fósil de un tiburón del género Hybodus. Un resumen de su carta, publicado por la revista, fue su única publicación en una revista científica, aunque se conservan de ella varios de sus cuadernos de trabajo, llenos de anotaciones e ilustraciones sobre los fósiles que hallaba.

Ictiosauro desubierto por Mary Anning en 1836, propiedad del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford
En 1845 le fue diagnosticado un agresivo cáncer de mama. Luchó contra él durante dos años, pero acabó sucumbiendo a la enfermedad el 8 de marzo de 1847, a los 47 años de edad. Durante sus últimos tiempos, los efectos del láudano que tomaba para soportar el dolor hicieron que se corriera el rumor en Lyme de que bebía en exceso. Tras su muerte, henry de la Beche escribió un panegírico que fue publicado en los anales de la Sociedad geológica, en las que se alababan tanto su personalidad como su talento como paleontóloga. Más tarde, miembros de la Sociedad sufragaron la fabricación de una vidriera en su recuerdo, que fue colocada en la iglesia anglicana (Mary se había convertido a dicha religión antes de morir) de San Miguel Arcángel en Lyme. Louis Aggasiz nombró dos especies de peces fósiles en su honor (Acrodus anningiaeBelenostomus anningiae) y el mismísimo Charles Dickens escribió un artículo sobre ella en la revista All the Year Round en el que destacaba todas las dificultades a las que había tenido que sobreponerse, llegando a decir que "la hija del ebanista se ha ganado un nombre merecidamente".