Verba volant, scripta manent

domingo, 10 de junio de 2018

El desastre de Texas City



La mañana del 16 de abril de 1947 parecía ser un día corriente en el puerto de la ciudad de Texas City. La gente se afanaba en sus trabajos sin sospechar la tragedia que se avecinaba.

Texas City es una ciudad industrial en la costa de la Bahía de Galveston, fundada a finales del siglo XIX sobre un pequeño asentamiento preexistente llamado Shoal Point. Las excelentes condiciones de su puerto fueron la base de su prosperidad, fundamentada en la existencia de varias refinerías de petróleo que exportaban sus productos por vía marítima. Golpeada como otras tantas ciudades por la Depresión de 1929, en los años 40 la ciudad se había recuperado y vuelto a la senda del progreso, gracias una vez mas a la actividad de su puerto (considerado por entonces el cuarto más importante de Texas, después de los de Houston, Beaumont y Port Arthur) y las empresas situadas en sus proximidades, fundamentalmente químicas y petroleras.


Aquella mañana de 1947 uno de los buques que se encontraba en el puerto cargando mercancía era el mercante francés Grandcamp. Se trataba de un carguero de clase Liberty, botado en Los Angeles en 1942 con el nombre de SS Benjamin R. Curtis y que había tomado parte en la guerra del Pacífico. Una vez terminado el conflicto, el barco había pasado a la reserva antes de que el gobierno norteamericano lo cediese a la naviera francesa Compagnie Générale Transatlantique como parte de la ayuda para la reconstrucción de Europa tras la guerra. Había embarcado, entre otros artículos, munición para armas cortas, maquinaria y fardos de hilo de sisal, pero la parte principal de su carga eran unas 2200 toneladas de nitrato amónico, un compuesto muy utilizado como fertilizante, pero que en determinadas condiciones es también un potente explosivo. Algunos puertos se negaban a permitir que dicha sustancia fuera embarcada en sus instalaciones; de hecho, el buque francés había llegado a Texas City procedente de Houston, donde la autoridad portuaria no permitía la carga de nitrato amónico.

El nitrato que había embarcado el Grandcamp procedía de fábricas de Iowa y Nebraska y había sido transportado en tren hasta la ciudad, envasado en sacos de papel y mezclado con sustancias como resinas, vaselina, parafina o arcillas, para que el nitrato no se compactara a causa de la humedad. Hubo quien opinó a posteriori que las condiciones de transporte del nitrato no habían sido las más adecuadas, y algunos de los estibadores que cargaron el nitrato recordaron más tarde que los sacos estaban calientes al tacto, lo que indicaría que algún tipo de reacción química se estaba produciendo ya en ellos.


A eso de las ocho de la mañana del 16 de abril, se vio salir humo de la bodega del Grandchamp. Durante una hora, sus tripulantes trataron sin éxito de sofocar las llamas. Nunca se supo el origen del fuego; hay quien dice que pudo ser la colilla de un cigarrillo olvidada la noche anterior durante las labores de carga, o que pudo ser por el propio calor generado por la reacción del nitrato amónico. Sea como fuese, a eso de las nueve de la mañana, visto que sus hombres no eran capaces de sofocar el fuego, el capitán del barco decidió inundar la bodega con vapor. Este sistema, empleado para extinguir fuegos sin dañar la carga, no resultó efectivo en este caso; muy al contrario, al parecer contribuyó al fatal desenlace, ya que el vapor pudo haber facilitado la reacción del nitrato, generando óxido nitroso. Muy pronto, de la bodega del Grandchamp comenzaron a salir oleadas de humo naranja, color típico de los vapores nitrosos, a la vez que la temperatura aumentaba tanto que el agua alrededor del buque francés comenzaba literalmente a hervir. Un grupo de curiosos, situados a lo que ellos creían una distancia prudencial, observaban el incendio y los intentos por sofocarlo.

Y a las 9.12 de la mañana, se produjo la catástrofe. El nitrato amónico alcanzó un punto crítico debido al calor y a la presión, y el barco saltó por los aires con una descomunal explosión. El brutal estallido arrasó cerca de un millar de edificios en tierra, entre ellos la planta química de la empresa Monsanto (donde murieron más de 200 personas), incendiando depósitos de combustible y de productos químicos de otras industrias. La onda expansiva hizo caer al suelo a algunas personas en Galveston (a 16 kilómetros de Texas City) e incluso derribó dos pequeños aviones  que volaban en las cercanías del puerto, cuyas alas fueron literalmente arrancadas en pleno vuelo. El estallido se sintió incluso en Louisiana, a 400 kilómetros. Miles de toneladas de metal, convertidas en una letal metralla, cayeron sobre la ciudad, multiplicando los daños. Una de las anclas del Grandchamp, de dos toneladas de peso, fue lanzada a casi tres kilómetros tierra adentro.


La ciudad había quedado devastada. Docenas de incendios se extendían por ella, algunos de los cuales no fueron extinguidos hasta una semana después. Un barco anclado a unos cientos de metros del Grandchamp, el SS High Flyer, cargado a su vez con 800 toneladas de nitrato amónico y 1800 de azufre, se incendió y pese a los intentos por apagarlo, hizo explosión quince horas después, provocando otros dos muertos y nuevos daños. Las cifras oficiales hablan de 581 muertos y más de 5000 heridos, de los cuales 1784 necesitaron atención hospitalaria. De los muertos, 405 pudieron ser identificados, otros 63 fueron enterrados sin saberse sus nombres en un memorial construido ex-profeso, y otros 113 fueron declarados desaparecidos pero no se hallaron restos. Entre los fallecidos estaban todos los tripulantes del Grandchamp que permanecían a bordo, y 27 de los 28 miembros del Departamento de Bomberos Voluntarios de Texas City, que habían acudido para sofocar el incendio del buque (solo se salvó uno que aquella mañana no pudo ser localizado). Muchos opinan que el número de víctimas fue subestimado por las autoridades, y que pudo haber decenas de víctimas a mayores a las que nadie echó en falta: marineros de paso, trabajadores eventuales y sus familias, visitantes... Cientos de edificios resultaron destruidos, dejando a más de 2000 personas sin hogar. El monto total de los daños se estimó en al menos 100 millones de dólares de la época.


La tragedia desató una ola de solidaridad en todos los EEUU. Docenas de entidades y particulares organizaron recogidas de fondos por el país para ayudar a las víctimas de la explosión y colaborar en la reconstrucción de la ciudad. Curiosamente, uno de los que más se destacó en la ayuda a las víctimas fue Sam Maceo, un conocido capo del crimen organizado de Galveston, que llegó a organizar un festival benéfico al que acudieron Frank Sinatra y Ann Sheridan. La mayoría de las empresas que habían perdido fábricas en Texas City se comprometieron a reconstruirlas en la misma ciudad y a contratar a los supervivientes.


El llamado desastre de Texas City sigue siendo a día de hoy la catástrofe industrial más mortífera de la historia de Estados Unidos, y también se la considera una de las mayores explosiones no nucleares provocadas por el hombre. También hizo historia en otro ámbito, el judicial. En 1946 el gobierno norteamericano había promulgado la Ley Federal de Reclamaciones por Daños, que por primera vez permitía a los ciudadanos estadounidenses demandar a su gobierno por los daños provocados por personas o agencias que actuasen en su nombre. La primera demanda de este tipo que llegó a los tribunales fue el llamado caso Elizabeth Dalehite, et al. v. United States, una demanda colectiva de cientos de víctimas del desastre y sus familias, que acusaban al gobierno y a 168 de sus agencias por negligencia a la hora de supervisar la fabricación, empaquetado y etiquetado del nitrato amónico, lo que unido a posteriores deficiencias en el transporte, almacenamiento, carga, prevención y extinción de incendios habían sido el origen del fatídico suceso. Tras años de sentencias y apelaciones, en 1953 el Tribunal Supremo desestimó definitivamente la demanda, aunque una ley posterior aprobada por el Congreso norteamericano en 1955 permitió que los afectados pudieran recibir algunas ayudas.

domingo, 20 de mayo de 2018

El B-52 que aterrizó sin estabilizador de cola


El 10 de enero de 1964 un bombardero de largo alcance B-52H Stratofortress partía de las instalaciones de la aeronáutica Boeing en Wichita para llevar a cabo una misión poco corriente. El avión, con matrícula 61-0023, había sido cedido temporalmente por la Fuerza Aérea norteamericana a la Boeing, la cual estaba llevando a cabo un estudio para medir los efectos de las turbulencias sobre la estructura del avión en vuelos a baja altura. Por ello, el avión había sido preparado con sensores y aparatos de medición en distintas partes de su fuselaje, para medir el estrés al que eran sometidas. A bordo, una tripulación de cuatro hombres, comandada por el piloto, Charles "Chuck" Fischer, un veterano de la Segunda Guerra Mundial.

El plan de vuelo contemplaba dirigirse al oeste, cruzando los estados de Kansas y Colorado, hasta llegar a las inmediaciones de las Montañas Rocosas, para luego virar hacia el norte, manteniéndose paralelos a dicho sistema montañoso. El bombardero se mantendría en piloto automático a una altura de unos 500 pies (unos 150 metros) y a una velocidad de entre 280 y 400 nudos.

Sin embargo, una ver se hubieron dirigido hacia el norte, los instrumentos del avión comenzaron a registrar una serie de fuertes turbulencias y ráfagas de aire que afectaban especialmente a la sección de cola. No queriendo comprometer la seguridad del aparato, la tripulación decidió retomar el control del avión y ascendió hasta los 14000 pies (casi 4300 metros), considerando que a esa altura la intensidad de las turbulencias sería menor.

Sin embargo, al poco, mientras pasaban cerca del llamado East Spanish Peak, una zona donde son frecuentes las turbulencias y las fuertes rachas de viento, el avión se vio repentinamente sacudido por una serie de fuertes ráfagas de viento que lo lanzaron primero a la izquierda y luego a la derecha. Acto seguido una fuerte vibración se sintió en el aparato y los controles del timón dejaron de funcionar.

La primera intención de los tripulantes fue la de abandonar la aeronave y saltar en paracaídas. Pero Fischer descubrió que todavía conservaba un cierto "control marginal", así que trataron de mantener la estabilidad longitudinal con los frenos de aire y trasvasando el combustible de unos depósitos a otros para conservar el centro de gravedad en una posición más adelantada.

Los tripulantes del B-52 no eran conscientes de los daños sufridos por su avión. Pero un F-100 Super Sabre que había acudido a su llamada de auxilio pudo confirmar visualmente que la mayor parte de su estabilizador de cola había sido arrancada de cuajo por la violenta turbulencia. La aleta de cola y el timón, con un peso conjunto de una tonelada, sencillamente habían desaparecido.

Los tripulantes del bombardero pusieron de inmediato rumbo a Wichita, desde donde los ingenieros de la Boeing les recomendaron bajar el tren de aterrizaje trasero para compensar la pérdida del estabilizador, así como colocar todo el peso posible detrás del centro de gravedad del avión, para aumentar su equilibrio. El B-52 llevaba también un misil AGM-28 Hound Dog, con capacidad de portar ojivas nucleares (aunque, tratándose de una misión civil, iba armado con una cabeza convencional). Se valoró la posibilidad de eyectarlo pero al final no se hizo porque se consideró que su peso ayudaría a mantener la estabilidad del avión.


Las malas condiciones meteorológicas en Wichita obligaron a buscar un aeródromo alternativo para que el B-52 aterrizara. Se decidió que fuera la base de Blytheville, en Arkansas. El bombardero se acercó a la pista a baja velocidad, unos 160 nudos, y desplegó sus restantes trenes de aterrizaje, con los motores a la mínima potencia y los frenos de aire accionados. La tripulación notó al acercarse a la pista de aterrizaje que el avión se desviaba hacia la izquierda, lo que precipitó el aterrizaje. Afortunadamente, el aterrizaje no tuvo otras incidencias y, con la ayuda del paracaídas de emergencia, el B-52 se detuvo con normalidad. Había volado en total cinco horas sin el estabilizador y los instrumentos de medición indicarían luego que el avión había estado sometido a ráfagas de viento "más intensas que ninguna otra medida en un avión de gran tamaño".


Aquel B-52 sería posteriormente reparado y volvería al servicio activo durante otros 44 años. El 24 de julio de 2008 fue retirado del servicio y trasladado al cementerio de aviones de la base aérea de Davis-Monthan, en Arizona, junto a otros aviones de su mismo modelo.

jueves, 17 de mayo de 2018

La Operación Merlin


Como hemos podido constatar hace bien poco, una de las obsesiones de la política exterior norteamericana de las últimas décadas es el programa nuclear iraní. Los norteamericanos y sus aliados israelíes no han perdido jamás una ocasión de entorpecer o sabotear los avances iraníes en materia atómica, ya sea por medios oficiales o bien recurriendo a operaciones al margen de la legalidad. Algunas de estas operaciones encubiertas tuvieron éxito, como el célebre gusano informático Stuxnet, que en 2010 paralizó durante semanas varias instalaciones industriales y nucleares de Irán. Pero en otras ocasiones no han tenido el éxito que buscaban; es el caso de la llamada Operación Merlin, considerada uno de los más notables fiascos de la CIA en tiempos recientes.

Los orígenes de esta que sería llamada Operación Merlin se remontan a 1996. Ese año, la División de Contraproliferación, un departamento de la CIA de reciente creación, dirigido por un veterano agente de la Compañía llamado James L. Pavitt, contactó con un ingeniero nuclear ruso, antiguo miembro del programa soviético de armas nucleares, que había desertado, prometiéndole la nacionalidad norteamericana y un generoso sueldo a cambio de que trabajara para ellos. Un documento desclasificado de la CIA de principios de 1997 parece indicar que originalmente la intención de la agencia norteamericana era usarlo como agente doble, tratando de infiltrarlo en el programa nuclear iraní. Documentos posteriores muestran sin embargo que el objetivo de la misión había cambiado: ya no se trataba de infiltrar al ingeniero ruso en el programa iraní, sino de usarlo como "caballo de Troya" para hacerles llegar información aparentemente valiosa para su investigación, pero que en realidad contendría errores lo suficientemente graves como para que no solo fuera inútil, sino que al intentar utilizarla retrasara toda la investigación de los iraníes en lo referente a la construcción de un arma nuclear.

Tras varios años madurando el plan, a principios de 2000 todo parecía estar listo para llevar a cabo la fase definitiva de la misión. El ingeniero ruso, haciéndose pasar por un desertor avaricioso dispuesto a vender secretos nucleares soviéticos a cambio de dinero, fue enviado a Viena para llevar a cabo el intercambio. La información que a modo de cebo se les había ofrecido a los iraníes eran los planos del llamado Set de Disparo TBA-480, un dispositivo empleado en las armas nucleares soviéticas que permite llevar a cabo una serie de múltiples detonaciones simultáneas con gran precisión, algo esencial para detonar una bomba nuclear. Pero los esquemas que iban a recibir los iraníes tenían una serie de pequeños errores, difícilmente detectables, preparados para que en el caso de que el dispositivo fuera construido según esas especificaciones, se produjera un "error fatal" en el caso de que intentaran utilizarlo; algo que, según las previsiones de la CIA, podría retrasar meses o incluso años todo el programa armamentístico nuclear de los iraníes. Finalmente, la entrega tuvo lugar en marzo de 2000, cuando el ingeniero proporcionó la información a la delegación iraní de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), con sede en Viena.

Pero la misión se fue al traste por un detalle que los de la CIA no habían considerado: el factor humano. Al ingeniero ruso le pudo la curiosidad y le echó un vistazo a los documentos que debía entregar. Resultó ser un ingeniero bastante competente y fue capaz de detectar los errores que los norteamericanos habían incluido cuidadosamente en los esquemas del TBA-480. Nadie le había dicho la verdadera naturaleza de su misión, y él creía que los planes que debía entregar eran genuinos, así que decidió incluir junto a los documentos una carta suya dirigida a sus colegas iraníes en los que los advertía de los errores y les daba consejos de como subsanarlos. Los iraníes compararon esta información con la que disponían de otras fuentes (fundamentalmente, la facilitada por el físico pakistaní A. Q. Khan) y pudieron así obtener un dispositivo plenamente operativo. La misión que debía retrasar el desarrollo nuclear iraní tuvo, según los expertos, justamente el efecto contrario, y posiblemente lo que consiguió fue todo lo contrario, acelerarlos.

El fracaso de la misión se mantuvo algún tiempo en secreto. En 2003 el New York Times estuvo a punto de publicar algunos detalles sobre la Operación Merlin, algo que evitó la intervención directa de la asesora para la Seguridad Nacional del presidente George W. Bush, Condoleezza Rice. Sin embargo, a principios de 2006 el periodista del Times James Rice, dos veces ganador del Premio Pulitzer, publicó un libro titulado Estado de Guerra: la historia secreta de la CIA y la administración Bush, en el que desvelaba algunos de los episodios vividos por la agencia en los anteriores años; entre ellos, los detalles de la Operación Merlin, a la que calificaba como "una de las mayores meteduras de pata de la historia reciente de la CIA".

Risen se negó a revelar las fuentes que le habían revelado información secreta de la CIA, pese a que fue llevado a juicio en dos ocasiones (una por la administración Bush y otra por la de Obama) para que confesara quién era su informador. En 2010, un antiguo agente de la CIA llamado Jeffrey Alexander Sterling fue acusado de ser el chivato que había revelado a Risen la información sensible sobre la agencia, y condenado a tres años y medio de cárcel (de los que cumpliría dos años y medio), siendo liberado en enero de 2018.

jueves, 26 de abril de 2018

Pequeñas historias (XVI)

La mañana del 7 de septiembre de 1941 George Welch y Kenneth M. Taylor, dos pilotos del 47º Escuadrón de Combate, regresaban a sus alojamientos tras una cena con baile en un hotel de Waikiki que había terminado en una noche de póker cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor. Vestidos todavía con sus uniformes de gala, ambos pilotos corrieron al aeródromo auxiliar de Haleiwa, de donde despegaron pilotando sendos cazas Curtiss P-40B Tomahawk. Pese a estar escasos de municiones, entre ambos lograron abatir siete aviones japoneses. Por esta acción fueron recomendados para recibir la Medalla de Honor, la máxima condecoración militar norteamericana, pero como se consideró que habían despegado sin recibir las oportunas órdenes, les fue denegada y recibieron en cambio la distinción inmediatamente inferior, la Cruz de Servicios Distinguidos.
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En 1999 el biólogo y escritor ruso Kirill Eskov publicó El último portador del anillo, una versión alternativa de El señor de los anillos, en la que Mordor es presentado como un país pacífico al borde de la revolución industrial, enfrentado a la facción belicosa e imperialista encabezada por Gandalf y los elfos.
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Steven Spielberg abandonó sus estudios universitarios en 1968 para comenzar su carrera como director de cine. En el año 2002 decidió concluirlos y se apuntó a algunas clases para conseguir los créditos necesarios. En una de esas clases, de dirección avanzada, pedían como requisito para aprobar que los estudiantes entregaran un filme rodado por ellos. Spielberg, ni corto ni perezoso, presentó La lista de Schindler como trabajo de fin de curso.
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En el Bosque Nacional de Fishlake (Utah) existe un "bosque" de más de 40000 álamos temblones (Populus tremuloides) que cubre una extensión de más de 100 acres (más de 400000 metros cuadrados). En realidad, todos esos árboles son clones genéticamente idénticos, conectados al mismo sistema de raíces. Cada árbol vive unos 130 años, pero la antigüedad del sistema de raíces se calcula en entre 80000 y un millón de años. El peso total de todo el complejo se estima en unas 6000 toneladas métricas, lo que lo convierte en el organismo vivo más grande del planeta.
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El 17 de agosto de 1957 una pelota bateada por el central fielder de los Philadelphia Phillies Richie Ashburn golpeó en la cara a una espectadora, rompiéndole la nariz. Cuando la mujer era evacuada del estadio en una camilla para recibir asistencia médica, fue de nuevo golpeada por otra bola bateada otra vez por Ashburn.
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El 28 de diciembre de 1973, tras seis semanas de trabajo ininterrumpido con jornadas de hasta 16 horas diarias sin descanso, los tres tripulantes de la estación espacial Skylab (Jerry Carr, Edward Gibson y Bill Pogue) decidieron que merecían un poco de sosiego y cortaron toda comunicación con la NASA durante un día entero, que pasaron descansando y contemplando la Tierra. Aquel suceso acabaría siendo conocido como "el motín del Skylab".
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En el Servicio de Salud británico (NHS) se conoce como "Miércoles Negro" al primer miércoles de agosto. Ese es el día en el que los jóvenes médicos recién graduados se incorporan al NHS y se calcula que un paciente tiene un 6% más de probabilidades de morir en ese día que en otro cualquiera.
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En 2012 las autoridades surcoreanas intentaron reducir el número de intentos de suicidio desde el Puente Mapo, en Seúl, renombrando el puente como Puente de la Vida, y decorándolo con frases motivadoras, luces y esculturas. En el año siguiente el número de personas que intentó poner fin a su vida saltando desde el puente se multiplicó por seis.

miércoles, 18 de abril de 2018

Las cartas de Madison

James Madison Jr. (1751-1836)

El recién elegido presidente de los EEUU George Washington dio su discurso inaugural ante el Congreso en el Federal Hall, la primera sede del parlamento norteamericano, en la entonces capital Nueva York, el 30 de abril de 1789. En aquel discurso, dado con una voz un tanto temblorosa que según un testigo dejaba traslucir un cierto avergonzamiento, Washington recalcaba que se sentía muy honrado por haber sido elegido para el cargo, aunque él personalmente nunca había aspirado a ocuparlo. También animaba al Congreso a compartir con él la responsabilidad de proteger su recién nacida república y defender "el sagrado fuego de la libertad". Lejos de generalidades y lugares comunes, la parte más significativa del discurso recomendaba a los congresistas recurrir al Artículo Quinto de la Constitución norteamericana (que faculta al Congreso para modificar la propia Constitución siempre y cuando obtenga una mayoría suficiente) para satisfacer las demandas de los ciudadanos norteamericanos (para los que pedía la "bendición divina"), como por ejemplo, una Declaración de Derechos; eso si, recomendando enmiendas que protegieran la libertad sin amenazar la existencia de un gobierno "unido y efectivo".

La inauguración del primer mandato presidencial de George Washington
Lo cierto era que Washington no había escrito aquel discurso. Hombre de por si poco elocuente, cansado, envejecido y un tanto agobiado por las responsabilidades de su nueva posición no buscada, temía no estar a la altura a la hora de componer su discurso inaugural ante el Congreso. Así que decidió pedirle a su íntimo amigo James Madison, mucho más hábil con la pluma, que lo escribiera por él. Madison, brillante teórico político (fue el principal redactor de la Constitución), aceptó su petición, y redactó aquel primer discurso. Pero claro, James Madison también formaba parte del Congreso, así que estaba presente mientras Washington recitaba las palabras que él mismo había escrito, sin decirle nada a nadie, por supuesto, para no menoscabar el prestigio de su amigo.

George Washington (1732-1799)
Sin embargo, no acabó ahí la cosa. Los congresistas decidieron que, ya que el presidente se había dirigido a ellos de manera directa en su discurso, era su deber corresponderle con una respuesta formal. Y a la hora de elegir entre ellos al responsable de escribir dicha respuesta, ¿quién mejor que James Madison, brillante escritor y además amigo personal del general Washington? Y así, Madison se encontró respondiendo en nombre del Congreso a su propio discurso, que había escrito en nombre de Washington.

Primera página del discurso inaugural de George Washington
Uno podría pensar que ahí habría terminado todo, pero no. Cuando Washington recibió la respuesta a su discurso (que, básicamente, se mostraba de acuerdo con todo lo dicho por Washington), el presidente quiso responder a su vez la carta del Congreso. ¿A que no adivináis a quién recurrió? Efectivamente, a James Madison. Y ahí tenemos a Madison continuando con esta suerte de autocorrespondencia, respondiendo a la carta que él había escrito como respuesta al discurso... que también él había escrito.

Y si creéis que aquí terminó todo... bueno, os diré que tras recibir la respuesta "de Washington" el Congreso decidió responderle de nuevo. Y para no variar la costumbre, Madison se encargó de la redacción de la misiva, que afortunadamente fue la última. Y de este modo, en los primeros días de la presidencia de George Washington, James Madison (quien luego sería el 4º presidente de los EEUU) mantuvo correspondencia consigo mismo en cuatro cartas bajo el nombre del presidente Washington y el Congreso de los EEUU. Y estaba tan avergonzado que no lo admitiría hasta muchos años después.

domingo, 15 de abril de 2018

¿Sabías que...

-... durante la redacción de la Declaración de Independencia de los EEUU, Benjamin Franklin sugirió cambiar en un pasaje la palabra "sagradas" por "evidentes", porque creía que la nueva nación debería estar basada en la razón y no en la fe?
-... David Choe, el  grafitero que pintó la primera sede de Facebook, cobró su trabajo en acciones de dicha empresa? El valor actual de esas acciones asciende a 200 millones de dólares.
-... en algunas granjas californianas emplean llamas en lugar de perros para proteger a los rebaños de ovejas del ataque de depredadores?
-... Josephine de Beauharnais, primera esposa de Napoleón, es antepasada de cinco casas reales europeas (Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica y Luxemburgo) a través de los dos hijos que tuvo en su primer matrimonio?
-... solo hay tres mamíferos cuyas hembras pasan por el proceso de la menopausia: el ser humano, las orcas (Orcinus orca) y las ballenas piloto (género Globicephala)?
-... cuando el actor británico Daniel Craig comenzó a salir con su actual esposa, la también actriz Rachel Weisz, estaba prometido con otra mujer, la cual, al descubrirlo, se vengó cargando en su tarjeta de crédito gastos por valor de un millón de dólares?
-... el motor de un tanque M1 Abrams es capaz de funcionar con diesel, queroseno, combustible de aviación y gasolina de cualquier octanaje?
-... el puente internacional más pequeño del mundo es el que cruza el río Abrilongo y comunica la pedanía de El Marco (Badajoz) y el concelho portugués de Arronches? Mide 3'20 metros de largo y 1'45 de ancho.
-... Robin Williams se ofreció a interpretar a Hagrid en la saga de películas de Harry Potter, pero fue rechazado porque la autora de las novelas y los productores solo querían actores ingleses e irlandeses en ellas?
-... la mayoría de los aficionados que apoyan a las selecciones deportivas de Corea del Norte en sus encuentros fuera del país son por lo general chinos, voluntarios o contratados por el gobierno norcoreano, ya que los naturales de aquel país, salvo contadas excepciones, no tienen permitido viajar al extranjero?
-... en toda la trilogía de El Señor de los Anillos no hay ninguna escena en la que dos personajes femeninos hablen entre si?
-... hasta el año 1948 el refresco 7-Up contenía citrato de litio, un estabilizador del estado de ánimo que se emplea para tratar la depresión y el trastorno bipolar?

domingo, 8 de abril de 2018

Los hermanos von Blücher

De izquierda a derecha:
Leberecht Wilhelm Konstantin Wolf Axel Graf von Blücher (13/4/1922-21/5/1941)
Hans-Joachim Gebhard Leberecht Graf von Blücher (23/10/1923-21/5/1941)
Wolfgang Henner Peter Leberecht Graf von Blücher (31/1/1917-21/5/1941)

Son relativamente populares los casos de hermanos como los Niland, los Borgstrom o los Sullivan, que cayeron combatiendo en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial. Pero también hubo su equivalente entre las tropas del Eje. Uno de los casos más conocidos es el de los tres hermanos von Blücher, quienes además cayeron el mismo día (21 de mayo de 1941) y en el mismo escenario, la invasión de la isla de Creta por las tropas aerotransportadas alemanas.

El 25 de abril de 1941 Adolf Hitler firmaba la Directiva 28 ordenando la invasión de Creta en una operación con el nombre clave de Operación Merkur. La operación había sido planeada por el general Alexander Löhr, comandante de la 4ª Flota Aérea (Luftflotte 4), y el general Kurt Student, comandante de las tropas aerotransportadas alemanas (Fallschirmjäger). Una maniobra absolutamente novedosa: por primera vez en la historia se producía un ataque a gran escala utilizando únicamente tropas de paracaidistas, sin el apoyo de tropas de tierra. Creta era una posición estratégica, ya que poseía puertos excelentes, como La Canea y Heraclion, y desde sus aeródromos la aviación británica podía alcanzar tanto Italia y el sur de Europa (incluidos los vitales campos petrolíferos rumanos) como el norte de África, desde Egipto hasta Libia. En aquel momento, había en la isla unos veintisiete mil soldados británicos, australianos y neozelandeses, y catorce mil griegos, pero muchos de ellos habían llegado evacuados tras la caída de Grecia, carecían de armamento pesado, y andaban cortos de suministros. Frente a ellos se desplegaron unos 25000 alemanes, la mayoría paracaidistas y de regimientos de montaña. La operación fue más larga y costosa de lo que los alemanes habían previsto: los combates no cesaron hasta el 1 de junio y, pese a la victoria final alemana, perdieron entre muertos, desaparecidos y heridos a siete mil hombres de unidades de élite, unas pérdidas que enfurecieron a Hitler, que a partir de entonces prohibió más operaciones de este tipo.

Entre los soldados alemanes que tomaron parte en la Operación Merkur se encontraban los hermanos von Blücher, Wolfgang (24 años), Leberecht (19) y Hans-Joachim (17). Pertenecían a una familia de la alta aristocracia prusiana, de larga e ilustre tradición militar: eran descendientes del mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, comandante de las tropas prusianas en la batalla de Waterloo. Los tres formaban parte del 1º Regimiento de Paracaidistas, donde Wolfgang tenía el rango de oberleutnant (teniente) y jefe de pelotón, Leberetch era cabo y Hans-Joachim, soldado raso. Wolfgang se había alistado en los fallschirmjäger en enero de 1940, mientras que Leberecht lo había hecho en enero de 1941, convencido por su hermano tras dejar la Marina, y Hans-Joachim, que admiraba profundamente a Wolfgang, lo hizo unas semanas más tarde, con el permiso de su madre por ser menor de edad.

El 1º Regimiento tenía como objetivo aterrizar en las cercanías de Heraclion, rodear la ciudad y tomar el aeródromo cercano. Sin embargo, el intenso fuego de los británicos provocó que solo una parte de los hombres del Regimiento llegaran a lanzarse sobre su objetivo, y que muchos grupos se dispersaran. Wolfgang fue el único de los tres hermanos que logró saltar en aquella primera oleada y, al mando del 3º Batallón de la 2ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento, aterrizó al este del aeródromo, pero no llegó a tiempo a participar en su toma, llevada a cabo por el 2º Batallón, al mando del capitán Burckhardt. Esa misma noche, el comandante del 1º Batallón, el mayor Erich Walther, asignó a von Blücher y su pelotón a las tropas del comandante del Regimiento, el general Bruno Bräuer.

Obituario de los hermanos von Blücher en un periódico alemán, junio de 1941
A la mañana siguiente, el pelotón de von Blücher, tras adelantarse al resto de los hombres de Bräuer, cayó en una emboscada y quedó rodeado por tropas de la célebre Guardia Negra, el 3º Batallón del Regimiento Real de Infantería de Escocia. Soportando el fuego de los blindados británicos y a punto de quedarse sin munición, solicitaron ayuda a Bräuer, el cual ordenó a Walther acudir en su ayuda; pero éste no pudo enviar tropas en su auxilio. Fue el hermano menor de Wolfgang, Hans-Joachim, el que trató de llegar hasta él. Hans-Joachim, de solo 17 años, entraba en combate por primera vez y había llegado a la isla esa misma mañana, junto al otro hermano, Leberecht, como parte de la segunda ola de paracaidistas, formada por tropas que no habían podido saltar la mañana anterior. Hans-Joachim, confiando en su habilidad como jinete, se hizo con un caballo y trató de abrirse paso a través de las líneas británicas llevando municiones para el pelotón de su hermano, y casi lo consiguió: ya había dejado atrás a los británicos y estaba cerca de llegar a la posición de los suyos, cuando jinete y montura cayeron abatidos por el fuego enemigo. Wolfgang, que había sido testigo del suceso, quedó desolado cuando supo que se trataba de su hermano pequeño. Como dato curioso, los habitantes de la zona afirmaban que en las décadas posteriores varias personas habían visto en las proximidades de donde murió el joven Hans-Joachim a un jinete fantasmagórico con su caballo.


El pelotón de Wolfgang, sin posibilidad de recibir ayuda, acabó quedándose sin municiones y fue casi en su totalidad exterminado por los británicos. También Wolfgang cayó, y fue condecorado de forma póstuma con la Cruz de Hierro. El tercero de los hermanos, Leberecht, también en su primera misión como paracaidista, murió ese mismo día al quedar atrapado entre el fuego cruzado de los blindados británicos, aunque su cuerpo nunca se recuperó. Fue el general Bräuer en persona el que, semanas más tarde, comunicó a la madre de los tres jóvenes, Gerturd von Nordheim, viuda desde 1924, su muerte. Un cuarto hermano, Adolf, que servía en la Kriegsmarine, fue licenciado y regresó a su casa para hacerse cargo del patrimonio familiar. Desgraciadamente, él también moriría en 1944, en un trágico accidente mientras cazaba ciervos en un bosque de Mecklemburgo.


En 1974, los cuerpos de Wolfgang y Hans-Joachim fueron enterrados juntos en una tumba del Cementerio de Guerra Alemán, en una colina cercana al aeródromo de Maleme, en presencia de su hermana, Gertrud, cuyos hijos recibieron los nombres de sus tíos. Dado que el cuerpo de Leberecht nunca se encontró, su nombre figura en una placa en el mismo cementerio junto al de otros soldados desaparecidos.

domingo, 1 de abril de 2018

El Hombre Elefante

Joseph Carey Merrick (1862-1890)

Joseph Carey Merrick nació en Leicester el 5 de agosto de 1862, hijo de un humilde matrimonio formado por Joseph Rockley Merrick, un cochero, y su esposa Mary Jane, una antigua sirvienta. El pequeño Joseph fué un bebé sano y perfectamente normal al nacer, pero a los 18 meses comenzó a desarrollar los primeros síntomas de la enfermedad que habría de deformar su cuerpo, condicionando toda su existencia. A los cuatro o cinco años ya presentaba parches de piel rugosa y endurecida (parecida a la del elefante), abultamientos y desarrollo anormal en los tejidos de cráneo y extremidades, especialmente en su brazo derecho, que acabó por adquirir un tamaño desproporcionado.

El origen de las deformidades de Merrick ha sido atribuido a lo largo de los años a diversas causas. El propio Merrick lo atribuía a un susto que un elefante de un circo dio a su madre cuando estaba embarazada de él. Los médicos lo han atribuido en distintas épocas a enfermedades como la filariasis (provocada por un gusano parásito de origen tropical) o la neurofibromatosis, y en la actualidad hay un consenso general a la hora de considerar el de Merrick como el caso más extremo conocido del llamado síndrome de Proteus, una enfermedad de origen genético que provoca el crecimiento anómalo de distintos tejidos. ninguno de sus dos hermanos menores, William (muerto de escarlatina a los 4 años) y Marion (fallecida a causa de una mielitis a los 24) mostró nunca síntomas parecidos a los de Joseph.

En sus difíciles primeros años, cuando su mal provocaba la curiosidad o el rechazo de los extraños, Joseph contó siempre con el cariño y el apoyo incondicionales de su madre, que cuidaba siempre de él y le animó a seguir acudiendo a la escuela. Pero en 1873, cuando el pequeño apenas contaba 10 años, Mary Jane Merrick falleció a causa de una bronconeumonía ("La mayor tristeza de mi vida", diría años más tarde). Privado de su principal apoyo y de la persona que más cariño le había dado, la vida de Joseph empeoró sensiblemente. Su padre (que había abierto una mercería en torno a 1870) no tardó en volver a casarse, con una mujer también viuda y con hijos. Su nueva familia nunca escondió el profundo desprecio que sentía hacia Joseph, al que su madrastra acusaba de ser una carga para la familia. Finalmente, su padre lo sacó de la escuela a los trece años y lo puso a trabajar en una fábrica de tabaco, donde permaneció dos años, hasta que sus problemas físicos le imposibilitaron seguir liando cigarrillos y fue despedido. Entonces, su padre le consiguió una licencia de vendedor ambulante y lo puso a vender artículos de su mercería en un carrito por las calles de Leicester, pero con escaso éxito: su aspecto físico ahuyentaba a los posibles clientes. Como apenas conseguía dinero, al volver a casa solía ser maltratado, física y verbalmente, por sus padres y hermanastros, lo que le llevó a escaparse en varias ocasiones, aunque siempre volvía porque su padre salía a buscarlo y le prometía tratarlo mejor; algo que jamás cumplió.

Finalmente, cuando contaba quince años, tras sufrir una nueva paliza a manos de su padre, Joseph se escapó de casa. Tras vivir en la calle algunos días, fue acogido por su tío Charles Merrick, dueño de una modesta barbería, que desaprobaba profundamente el trato que su hermano había dado a su sobrino (las relaciones entre ambos se enfriaron notablemente desde aquel momento). Según reconocería más tarde Joseph, su tío Charles y su esposa fueron los únicos miembros de su familia, además de su madre, que lo trataron con cariño y respeto. Vivió con ellos dos años, tratando de ganarse la vida como vendedor, hasta que en 1879 perdió su licencia, a causa de una queja de los demás vendedores ambulantes de la ciudad, que opinaban que daba "mala imagen" al gremio. Sin trabajo, y estando su tía embarazada, Joseph consideró que era una carga demasiado pesada para sus tíos, y deseando dejar de serlo, pese a la oposición de su tío, ingresó en una workhouse.

Las workhouses eran instituciones públicas en las que los vagabundos y otras personas incapaces de mantenerse eran alojadas y alimentadas a cambio de su trabajo. Sin embargo, las condiciones allí eran tan duras, que pasadas doce semanas se marchó voluntariamente para tratar de encontrar empleo. Pero tras dos días de búsqueda infructuosa, se dio cuenta de que nadie lo contrataría con su aspecto, así que tuvo que regresar a la workhouse, donde permanecería cuatro años. Durante ese tiempo, le operaron para extirparle una protuberancia carnosa en forma de trompa que tenía sobre el labio superior, y que le dificultaba poder hablar y comer.

En 1884, Merrick decidió que la única vía para poder dejar la workhouse era exhibirse en los espectáculos de curiosidades, aunque a él no le gustaba demasiado la idea. Escribió a un promotor de Leicester llamado Sam Torr ofreciendo sus servicios. Torr aceptó la propuesta y comenzó a exhibir a Merrick como "El Hombre Elefante, Mitad Hombre Mitad Elefante" en Leicester, Nottingham y alrededores, antes de llevarlo a Londres para la temporada de invierno. En Londres Merrick pasó a depender de Tom Norman, un promotor especializado en espectáculos de fenómenos y curiosidades, y aunque en un principio Norman temió que el aspecto de Merrick fuera demasiado espeluznante para tener éxito, comenzó a exhibirlo en una trastienda en Whitechapel Road.

Pese a que la exhibición de Merrick pudiera considerarse algo denigrante, él no guardaba malos recuerdos de esa época. Se ganaba la vida (el espectáculo era razonablemente exitoso, y también la venta de un panfleto titulado La autobiografía de Joseph Carey Merrick, que contaba su vida a grandes rasgos), incluso pudo ahorrar algo de dinero, pudo viajar por Inglaterra (aunque para evitar alborotos, salía poco, y cuando lo hacía iba disfrazado con una máscara y una amplia capa que ocultaba su figura) e incluso hizo amistad con otros "fenómenos" como él, gente acostumbrada a vivir al margen de la sociedad a los que no importaba especialmente el aspecto de Joseph.

Sir Frederick Treves (1853-1923)
Fue durante su estancia en Londres cuando por primera vez tuvo contacto con el doctor Frederick Treves. Treves era un eminente cirujano, experto en anatomía, y autor de la primera apendicectomía de la historia de la medicina. Además era un estudioso de todo lo relativo a las deformidades corporales, y por aquel entonces ejercía su profesión en el London Hospital, situado a escasa distancia del local donde Merrick era exhibido. Treves supo de él a través de un colega y acudió de inmediato a ver a Merrick, quedando hondamente impresionado. Sus hábiles ojos de cirujano descubrieron de inmediato la cicatriz de la operación que había sufrido en el rostro, y deseoso de examinar más de cerca a Merrick, entregó una tarjeta suya a Norman para que fuera a su hospital, donde lo llevarían a su presencia sin hacer preguntas.

Merrick acudió al hospital en varias ocasiones, venciendo su natural timidez, y Treves lo examinó a conciencia, tomando medidas de sus miembros e inspeccionando las numerosas tumoraciones que presentaba por todo su cuerpo. Durante ese tiempo Merrick, tímido y un tanto cohibido por el lugar donde se encontraba, apenas dijo nada, y Treves creyó erróneamente que tenía un cierto retraso mental. Merrick fue fotografiado e incluso presentado en un encuentro de la Sociedad Patológica de Londres, y eventualmente dejó de acudir a sus encuentros con Treves, ya que, según dijo a Norman, se sentía "como un animal en un mercado de ganado". Antes de separarse, Treves le dio su tarjeta de visita, por si más adelante lo necesitaba.

El Hombre Elefante continuó con su exhibición hasta la primavera de 1885, en la que la policía londinense la clausuró. Los espectáculos como el de Merrick ya no eran apreciados como antes, cada vez más gente se mostraba opuesta a ellos, y además los espectadores que esperaban su turno para verlo provocaban molestias a los transeúntes. Merrick pasó entonces a formar parte de la feria ambulante de Sam Roper, que sin embargo empezó a tener los mismos problemas. Ante el descenso del interés del público y la cada vez mayor presión de las autoridades, Roper traspasó el contrato de Merrick a un promotor de origen italiano apellidado Ferrari, quien pretendía exhibirlo por Europa. Merrick y Ferrari partieron hacia el continente en junio de 1886.

Pero en la Europa continental se encontraron con los mismos problemas. El espectáculo de Merrick, considerado de muy mal gusto, apenas atrajo espectadores, y jueces y policías vigilaban las actuaciones de Joseph, que a menudo eran cerradas al poco de comenzar. Finalmente, ante el nulo beneficio que obtenía, Ferrari se dio a la fuga, y no solo no pagó a Merrick lo que le había prometido, sino que además huyó llevándose los escasos ahorros (unas 50 libras) de éste, que Joseph, confiado, le había entregado para que se las guardase, como había hecho anteriormente con sus jefes británicos.

Abandonado en un país extraño, sin conocer el idioma, sin recursos y sin nadie a quien recurrir, Merrick se las arregló para vender algunos de sus objetos personales y reunir dinero suficiente para pagarse un billete en ferry de vuelta a Gran Bretaña. En Ostende no encontró a nadie que lo admitiera, así que tuvo que viajar a Amberes, donde un capitán aceptó llevarle, a condición de que viajara escondido en la cubierta y sin relacionarse con el resto del pasaje (el viaje se hizo de noche, con unas temperaturas bajísimas, lo que hizo que Merrick contrajera una bronquitis). Desembarcó en el puerto de Harwich y de allí tomó un tren a Londres, llegando a la estación de Liverpool Street el 24 de junio de 1886.

Sin dinero y sin nadie a quien acudir, Merrick pensó que su única opción era regresar a Leicester y entrar de nuevo en la workhouse, una opción que detestaba pero a la que no veía alternativa. Sin embargo, en la estación su aspecto llamaba mucho la atención y no tardó en formarse a su alrededor un círculo de curiosos a su alrededor. Merrick, tímido por naturaleza, se vio incapaz de alejarse de toda esa atención hasta que un policía acudió en su ayuda, dispersó a los mirones y lo condujo a una sala de espera. Merrick, todavía alterado y con dificultades para hacerse entender, recordó que todavía llevaba encima la tarjeta del doctor Treves, y se la entregó al policía, quien dio aviso al médico. Treves supo de inmediato de quién se trataba y acudió a la estación, se hizo cargo de Merrick y lo ingresó en el London Hospital, alojándolo en una de sus habitaciones.

El esqueleto del Hombre Elefante
Con Merrick bajo sus cuidados Treves pudo examinarlo de manera más cuidadosa. Descubrió que en los dos años que habían pasado desde su anterior encuentro la salud de Merrick se había deteriorado. La cojera que sufría (fruto de los daños en una cadera causados por una caída cuando era niño) se había agravado, su estado general era peor y además Treves sospechaba que sufría algún tipo de enfermedad cardíaca. Treves, además, descubrió con sorpresa que Merrick no era retrasado, como había pensado, sino que al contrario, era un hombre inteligente y educado, amable y bondadoso, un hombre que a pesar de todo lo que había sufrido a lo largo de su vida no albergaba ira ni resentimiento. Entre ambos acabó por surgir una buena amistad. Pero quedaba pendiente el asunto del alojamiento de Merrick. El London Hospital no trataba casos crónicos como el suyo, y aunque el director del hospital, Francis Carr Gromm, había apoyado a Treves en su decisión de acoger a Merrick, éste no podía quedarse de manera indefinida sin costear sus cuidados. Ningún otro asilo u hospital quiso hacerse cargo de él, y Merrick llegó a sugerir que lo enviaran a un asilo para ciegos o a un faro.

Finalmente, a Gromm se le ocurrió enviar una carta a The Times contando el caso de Merrick y solicitando donaciones para poder seguir ocupándose de él. La respuesta a la carta, publicada en 4 de diciembre de 1886, fue entusiasta, y el hospital recibió un gran número de donaciones que permitirían a Merrick seguir residiendo el resto de su vida allí. Se acondicionó para él un pequeño alojamiento de dos habitaciones en el sótano, donde era visitado con frecuencia por Treves, con el que mantenía largas charlas. Entretenía su tiempo construyendo maquetas de cartón, fabricando cestos (tenía una gran habilidad para ello, aun cuando solo podía utilizar una mano), leyendo (era un lector compulsivo, especialmente de novelas románticas, su género favorito) y escribiendo (su mano izquierda estaba libre de tumores, lo que le permitía escribir y tener cierta autonomía). Mantenía correspondencia con varias personas, entre ellas la célebre actriz Madge Kendall, a la que nunca llegó a conocer en persona, pero que tras saber de su caso se había mostrado muy activa organizando recogidas de donaciones para él. Merrick solía terminar sus misivas con un poema, adaptación de otro titulado "Falsa Grandeza" del sacerdote de la iglesia congregacional Isaac Watts, que decía así:

Es cierto que mi forma es muy extraña
Pero culparme a mi es culpar a Dios
Si pudiera crearme de nuevo a mi mismo
No fallaría en complacerte

Si pudiera alcanzar de polo a polo
O abarcar el océano con mi mano
Sería medido por mi alma
La mente es la medida del hombre

También se hizo frecuente que Merrick recibiera visitas, mayormente de personas de la alta sociedad que se interesaban por su caso, y que generalmente quedaban gratamente impresionadas por su cortesía y amabilidad. Una de las visitas que recibió fue la de Alejandra de Dinamarca, princesa de Gales, quien pidió verle durante una visita al hospital y que dejó a Merrick hondamente impresionado.

Joseph Merrick pasó sus últimos cuatro años de vida en aquel hospital. Pasaba la mayor parte del tiempo en sus habitaciones, aunque por la noche le gustaba salir a un pequeño patio adyacente. De vez en cuando tenía la ocasión de salir. Una vez Kendall y Treves arreglaron que pudiera asistir a una representación teatral navideña, oculto en un palco privado, que le encantó hasta el punto de que se pasó semanas hablando de ella. En varias ocasiones pudo pasar algún tiempo en el campo, merced a la generosidad de la baronesa Knightley, en cuya casa de campo se alojó.

Pero la salud de Merrick siguió deteriorándose. Sus tumores seguían creciendo y él se mostraba cada vez más agotado. Pasaba la mayor parte del tiempo descansando, y cada vez requería de mayores cuidados, hasta que la mañana del 11 de abril de 1890 fue hallado muerto en su cama. Tenía 27 años y la causa de su muerte se determinó como asfixia o bien desnucamiento, debido al enorme peso de su cabeza. Hacía muchos años que Merrick no podía dormir acostado, por el riesgo de que sus deformidades oprimieran su tráquea y le asfixiaran; tenía que hacerlo sentado, y en una determinada postura. Se consideró que, o bien se había quedado dormido estando acostado, o bien que el peso de su cabeza había hecho que se inclinara repentinamente y se habría desnucado.

La gorra con capucha que Merrick utilizaba
Tras su muerte, su amigo el doctor Treves preparó y montó su esqueleto, que todavía se conserva en la colección de patología del hospital. También conservó muestras de tejidos del cuerpo, que podrían haber ayudado a identificar su enfermedad, pero lamentablemente resultaron destruidos durante un  bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. El esqueleto no se expone al público, pero en el museo del hospital todavía se conservan algunos objetos suyos: cartas, objetos personales, maquetas de cartón hechas por él e incluso la gorra con la que se cubría para ocultar su aspecto.  En 1923 Treves publicó un libro de memorias, El Hombre Elefante y otros recuerdos, hablando de Merrick y de su relación con él, aunque contenía algunas inexactitudes con respecto a su vida.

domingo, 18 de marzo de 2018

La captura del Mephisto

El Mephisto, poco después de su captura por las tropas australianas

Los primeros tanques británicos hicieron su aparición en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial en septiembre de 1916. Los alemanes, que a diferencia de británicos y franceses no tenían proyecto alguno para la construcción de vehículos de ese tipo, no tardaron en ordenar el desarrollo de un blindado de características similares. El proyecto, tras pasar por varios departamentos, acabó en manos de un comité del Allgemeines Kriegsdepartement, 7 Abteilung (Verkehrswesen) (Departamento General de Guerra, 7ª División, Transporte), el cual encomendó el diseño a Joseph Vollmer, ingeniero, capitán en la reserva y uno de los diseñadores de automóviles más prestigiosos de Alemania.

El resultado de trabajo de Vollmer y su equipo fue el Sturmpanzerwagen A7V. Este tanque de casi siete metros y medio de largo, más de tres de altura y treinta toneladas de peso, montaba dos motores Daimler de 4 cilindros, de 200 CV cada uno, en un chasis universal que también sirvió para construir el Überlandwagen, un vehículo de transporte todoterreno del que se fabricarían 56 unidades. Su tracción estaba basada en la de los tractores norteamericanos Holt, algunos de los cuales eran empleados por el ejército austríaco para mover sus piezas de artillería más pesadas. El A7V iba armado con un cañón de 57 mm (curiosamente, la mayoría de los cañones montados por estos tanques eran británicos, capturados por los alemanes en Bélgica o Rusia) y seis ametralladoras de 7.92 mm. Su blindaje frontal tenía 30 mm de ancho y el de los laterales, 20.

Überlandwagen
Del A7V se llegaron a fabricar una veintena de unidades, los únicos tanques alemanes que llegaron a participar en la Primera Guerra Mundial (solo para hacer una comparación, los franceses construyeron más de 3600 solo del modelo Renault FT y los británicos, 2500 de los modelos Mark I al V). Dos unidades específicas, las Unidades de Tanques de Asalto 1 y 2, cada una con cinco oficiales y 109 suboficiales y soldados, fueron creadas para acogerlos. Cada tanque tenía un nombre propio (Siegfried, Herkules, Lotti...) e iba decorado en sus paredes exteriores. La mayoría lucía la cruz patada, emblema del imperio alemán, y una calavera con unos huesos cruzados, aunque las tripulaciones de cada uno solían añadir símbolos y dibujos por su cuenta. La tripulación estándar de los A7V, más numerosa que la de sus equivalentes británicos, estaba compuesta de 18 personas: el comandante (generalmente, un teniente), el conductor, dos mecánicos (uno de ellos encargado de las comunicaciones) y catorce soldados para manejar el cañón y las ametralladoras (siete artilleros y siete cargadores).


Las condiciones que las tripulaciones alemanas debían soportar, al igual que las británicas, distaban mucho de ser fáciles. El funcionamiento de los motores y el uso de las armas podía elevar la temperatura interna por encima de los 50º. El comandante y el conductor se sentaban en la cúpula, justo encima del motor, por lo que para protegerse del calor necesitaban llevar trajes aislantes impregnados de asbesto. Los gases de la combustión y el humo de la pólvora volvían casi irrespirable el aire del interior del tanque, hasta el punto de que no era raro que tripulaciones enteras se desmayaran por el calor y la falta de oxígeno.

Los A7V tuvieron su bautismo de fuego el 21 de marzo de 1918, en un combate contra tropas británicas al norte del Canal de Saint-Quentin. Uno de los tanques que tomó parte en aquella acción fue el número 506, que había recibido el nombre de Mephisto y cuya tripulación había pintado en uno de sus costados un demonio burlón que llevaba bajo el brazo un tanque británico. Sin embargo, la guerra terminaría pronto para el Mephisto. Su siguiente intervención fue durante la Segunda Batalla de Villers-Bretonneux (24-25 de abril de 1918). Ese enfrentamiento, donde tuvo lugar el que se considera el primer combate entre tanques de la historia, comenzó con una ofensiva alemana sobre la localidad de Villers-Bretonneux, en el Somme, cerca de Amiens, seguida de un contraataque llevado a cabo por unidades británicas y australianas que consiguió rechazar a los alemanes y retomar el pueblo. Durante los combates, el Mephisto cayó accidentalmente en el cráter de un impacto de artillería, y ante la imposibilidad de sacarlo de allí, su tripulación se vio obligada a retirarse, dejando al blindado abandonado en tierra de nadie.

Miembros del 26º Batallón en Bélgica (1 de enero de 1919). El mayor Robertson es el sexto por la izquierda en la primera fila.
El Mephisto quedó así inmovilizado durante varios meses hasta que hizo su aparición el mayor James Alexander Robertson, comandante del 26º Batallón de la 7ª Brigada del ejército australiano, una unidad formada mayoritariamente por soldados originarios del estado de Queensland. Robertson trazó un plan para rescatar el tanque alemán y llevarlo tras las líneas aliadas. No había ninguna razón, estratégica ni de otro tipo, para dicha acción; el tanque no suponía ninguna amenaza. Se trató, mas bien, de una especie de "desafío deportivo", un reto a los alemanes y una demostración de valor. Y así, el 22 de julio de 1918, trece hombres del 26º (el sargento F. R. Hanson y los soldados J. Battley, G. Bradley, T. Clark, H. J. Dray, E. J. Frost, A. W. Heit, J. J. Kennedy, T. M. Kingston, R. J. Lewis, A. G. Masters, W. Sam, y G. H. White), apoyados por dos blindados británicos, lograban sacar al Mephisto de su atolladero y llevarlo a territorio aliado, pese a los disparos de las ametralladoras alemanas y a un ataque con gas mostaza.

Tras su captura, el tanque fue llevado al campo de entrenamiento que el 5º Regimiento británico de Tanques tenía en Vaux-en-Amiénois, y posteriormente a Poulainville, donde permaneció hasta octubre de 1918. Durante ese tiempo, numerosos soldados aliados llenaron al Mephisto de todo tipo de inscripciones, nombres, frases y dibujos, entre ellos una especie de "contrapartida" al dibujo original del demonio que lucía: un león coronado británico, con su garra derecha sobre un tanque A7V alemán.


El Mephisto sería luego llevado a Merlimont, y más tarde embarcado en Dunkerque rumbo a Londres. Allí se decidió que fuera llevado a Australia como botín de guerra; el 2 de abril de 1919 fue embarcado en el puerto de Tilbury a bordo del mercante neozelandés SS Armagh, que llegó el 6 de junio a Brisbane. El 22 de agosto dos apisonadoras pertenecientes al Ayuntamiento de Brisbane arrastraron al tanque a su definitiva localización, el Museo de Queensland (les llevó 11 horas recorrer apenas 3 kilómetros).

La mayor parte de los A7V que sobrevivieron a la guerra fueron desguazados en los años posteriores, lo que convirtió al Mephisto en el último superviviente de dicho modelo. Permaneció expuesto al aire libre durante años, teniendo que soportar las inclemencias del tiempo y el vandalismo de algunos visitantes (que llegaron a llevarse algunas de sus partes) hasta que finalmente fue trasladado al interior del museo.

El Mephisto en el Museo de Queensland
Tras las graves inundaciones que sufrió Brisbane en 2011, el Mephisto fue retirado de su emplazamiento para su restauración. Posteriormente, y aunque se dijo que regresaría al Museo donde había permanecido casi un siglo, fue depositado temporalmente en el Museo del Ferrocarril de Ipswich, y luego expuesto en el Centro Conmemorativo de Guerra Australiano en Canberra entre 2015 y 2017. Actualmente, vuelve a estar alojado en el Museo del Ferrocarril de Ipswich, esperando su regreso al Museo de Queensland.

El Wotan
En la actualidad, el Mephisto es el único tanque alemán de la Primera Guerra Mundial que se conserva (el cañón del A7V 504 Schnuck se exhibe en el Museo Imperial de la Guerra en Manchester). En 1988, Alemania construyó una réplica de un A7V, basándose principalmente en los planos del Mephisto. Esta réplica, llamada Wotan, se exhibe en la actualidad en el Deutsches Panzermuseum de Munster.

jueves, 8 de marzo de 2018

Fotografías históricas (XII)


Freddie Mercury en los brazos de su madre (1947).



Los legendarios forajidos Bonnie Parker y Clyde Barrow, fotografiados poco antes de morir tiroteados (Joplin, Missouri, 1934).



El soldado norteamericano John L. Drugan y "Pal", un perro del ejército que salvó a un pelotón de una emboscada localizando un nido de ametralladoras japonés oculto (Okinawa, 1945).



El impacto de un kamikaze japonés en el costado del crucero pesado británico HMS Sussex (1945).



El primer matrimonio interracial de la historia de Mississippi (3 de agosto de 1970).



Una mujer musulmana cubre con su velo la estrella amarilla de la ropa de su vecina judía para protegerla (Sarajevo, 1941).



Un escalador sorprendido por la erupción del monte St. Helens (Washington, 18 de mayo de 1980).



El 30 de mayo de 1960, durante la celebración de las 500 millas de Indianápolis, una grada provisional se vino abajo debido al exceso de peso. Dos espectadores murieron y más de 80 resultaron heridos.



El papa Pablo VI viendo el aterrizaje del Apolo XI en la Luna (20 de julio de 1969).



La destilería Guinness en Dublín (1910).



El jefe de escuadrón de la RAF James MacLachlan posa junto a su avión Hawker Hurricane. MacLachlan, apodado "Mac Un Brazo" había perdido el brazo izquierdo en un combate en febrero de 1941, pero volvió al servicio con un miembro protésico. El avión está decorado con su emblema, su brazo amputado haciendo la V de la Victoria. MacLachlan moriría en 1943, a los 24 años de edad, abatido sobre suelo francés, con 16 derribos en solitario, uno compartido y tres aviones enemigos dañados.



El Hughes H-4 Hercules, el mayor hidroavión de la historia y el avión con mayor envergadura jamás construido (97'54 metros). Sólo voló en una ocasión, una distancia de apenas 1'5 kilómetros.



Una niña irlandesa, que participa en un funeral católico, en presencia de tropas británicas (Derry, Irlanda del Norte, 1972).



Mina ilegal de oro en el Amazonas (Brasil, década de 1980).



La mano de un capitán de barco marcada con las siglas SS (slave stealer, ladrón de esclavos) por haber tratado de ayudar a escapar a esclavos fugitivos de Florida a Massachussets (1845).



La décima convención del Partido Comunista de EEUU (Chicago, mayo de 1938).



Douglas Fairbanks levanta en vilo a Charles Chaplin durante un acto en Wall Street para promocionar la compra de bonos de guerra (octubre de 1918).



El transbordador norteamericano Atlantis acoplado a la estación espacial rusa MIR (1995).