Verba volant, scripta manent

sábado, 19 de agosto de 2017

El Club White's

La sede actual del White's Club en St. James's Street

En un país como el Reino Unido, donde los clubes de caballeros son una antigua y sólida tradición, el Club White's es el mas antiguo de todos y, para muchos, el mas exclusivo. Fundado en 1693 por un inmigrante italiano llamado Francesco Bianco con el nombre de Mrs. White's Chocolate House, era en su origen una chocolatería en la que que además se vendían entradas para el King's Theatre y el Teatro Real de Drury Lane. Muy pronto evolucionó para transformarse en un elegante club donde se daba cita buena parte de la élite social y económica de Londres, y también en una notoria casa de juego donde se apostaban grandes cantidades de dinero, hasta el punto de que a aquellos que lo frecuentaban se les conocía como "los jugadores del White's" y el escritor Jonathan Swift llegó a decir que el club había sido "la ruina de la mitad de la nobleza inglesa".

Sito originariamente en el 4 de Chesterfield Street, en el barrio de Mayfair, en 1778 se trasladó al 37-38 de St. James's Street, en el barrio de St. James. A finales del siglo XVIII se convirtió en la sede extraoficial del partido Tory (conservador), mientras sus rivales del partido Whig (liberal) se asentaban en el Brook's, otro club de caballeros en la misma calle. En sus elegantes salones abundaban los llamados "macaroni", jóvenes de clase alta que habían vuelto del Grand Tour (el viaje educativo por la Europa continental) imitando las costumbres italianas, para los que la exclusividad del White's resultaba tentadora.

En el siglo XVIII se añadió a la fachada del club un balcón cubierto frente al cual había una mesa conocida como "el trono", en la cual sólo eran admitidos los miembros más relevantes e influyentes. Fue en dicha mesa donde Lord William Arden, barón de Alvanley, hizo una célebre apuesta con un amigo suyo, jugándose 3000 libras por cuál de dos gotas de lluvia alcanzaría antes el borde inferior de uno de los paneles de cristal del balcón. Una apuesta que no era en modo alguno insólita dentro del club, cuyos disolutos miembros no sólo apostaban en partidas de cartas o juegos de azar, sino también sobre sucesos o temas políticos como la Revolución Francesa o las Guerras Napoleónicas.

Aparte de los salones y las salas de juego, el Club proporciona a sus miembros el servicio de un restaurante especializado en gastronomía británica. A lo largo de la historia, han sido miembros del White's algunos de los más eminentes miembros de la alta sociedad británica, como Arthur Wellesley, duque de Wellington; el célebre dandi Beau Brummell; lord Claud Hamilton, ayudante personal de la reina Victoria; Walter Rothschild, barón de Rothschild; el conocido fascista sir Oswald Mosley; el escritor Evelyn Waugh; el actor David Niven; el héroe de la RAF Jack Riddle; el príncipe Rupert Loewenstein, banquero y asesor económico de los Rolling Stones; o el magnate hongkonés de los medios de comunicación Run Run Shaw, además de incontables nobles e incluso miembros de la casa real británica.

En la actualidad son miembros del White's Club el príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra (que celebró en el club su despedida de soltero); su hijo, el príncipe Guillermo; los empresarios Rupert Soames y Jay Hambro; el escritor Tom Stacey; el periodista Geordie Greig; el banquero sir John Keswick; o el diplomático norteamericano Edward Streator, además de un buen ramillete de aristócratas como el duque de Beaufort, el conde de Bessborough, el marqués de Salisbury, el conde de Woolton o el vizconde de Mountgarret.

El White's Club es uno de los pocos clubes británicos que siguen aplicando la norma de no permitir la entrada de mujeres en sus estancias. Una política que ha provocado la salida de alguno de sus miembros, como el ex-primer ministro británico David Cameron, que renunció a su pertenencia al club en 2008 por este motivo (pese a que su padre, Ian Cameron, había sido en tiempos presidente del club). Aunque esta estricta norma también tiene sus excepciones, como las dos veces que la reina Isabel II visitó el club (en 1991 y 2016).

martes, 15 de agosto de 2017

El robo del Gibson

El violín Gibson

Es algo habitual que los instrumentos musicales famosos, en especial los de grandes luthieres como los Stradivarius o los Guarnerius, tengan un nombre propio, que generalmente heredan de alguno de sus propietarios. Es el caso del Gibson, un violín construido por Antonio Stradivari en su taller de Cremona en 1713, que recibió ese nombre por haber sido propiedad de un violinista y profesor de la Royal Academy británica llamado George Alfred Gibson, muerto en 1924.

Bronislaw Huberman (1882-1947)
El Gibson cambió de manos a principios del siglo XX, cuando su propietario se lo vendió a Bronislaw Huberman, un célebre violinista polaco (de hecho, en ocasiones al Gibson se lo llama también el Gibson-Huberman). Estando en posesión de Huberman, el violín fue robado en dos ocasiones. La primera, en 1919, cuando fue robado de la habitación de Huberman en un hotel de Viena, se resolvió pronto, cuando la policía austriaca logró recuperar el instrumento pasados sólo tres días. Sin embargo, la segunda vez que fue robado no tuvo un desenlace tan rápido.

La noche del 28 de febrero de 1936 Huberman se hallaba en Nueva York para dar un concierto en el célebre Carnegie Hall. Generalmente empleaba el Gibson en sus actuaciones, pero en esa ocasión prefirió tocar con otro valioso violín que había adquirido hacía poco, un Guarnerius de 1731, dejando el Gibson en su camerino. Mientras todavía estaba sobre el escenario, su secretaria se dio cuenta de que el Gibson había desaparecido. A pesar de la intensa búsqueda por parte de la policía no se halló indicio alguno ni del instrumento ni de los ladrones, y finalmente la aseguradora de Huberman, Lloyd's, pagó al músico los 30000 $ de la época en los que estaba valorado el violín. Y durante medio siglo, el destino del Gibson permaneció desconocido.


En julio de 1985, un antiguo violinista llamado Julian Altman, que cumplía una pena de un año de cárcel en la prisión del condado de Litchfield (Connecticut) por haber abusado sexualmente de una de sus nietas, fue diagnosticado de un cáncer de estómago en fase terminal. Trasladado al hospital de Torrington, en su lecho de muerte, quiso hacerle una confesión a la que era su última esposa, Marcelle Hall. Sin querer entrar en detalles, le contó que tenía algo importante que decirle acerca de su violín, el mismo violín que lo había acompañado durante décadas. Altman había sido en tiempos un prometedor violinista que había llegado a tocar en la National Symphony Orchestra de Washington, y había llegado a actuar en fiestas y celebraciones ante destacados políticos e incluso presidentes, aunque luego había acabado tocando en restaurantes y nightclubs. Siempre llevando consigo el mismo violín.

Cuando Marcelle regresó a su casa, cogió el ajado estuche del violín, al que ella nunca había prestado demasiado interés, y rebuscó en su interior. Allí encontró varios antiguos recortes de prensa en los que se hablaba del robo del Stradivarius en 1936. Cuando volvió al hospital a visitar a su marido, éste le confirmó que se trataba del mismo violín robado y que él se lo había comprado por 100 $ a un amigo suyo, que habría sido el autor del robo. Días mas tarde, Altman le confesaría que había sido él el autor material del robo, incitado por su absorbente madre, empeñada en conseguir que su hijo triunfara como músico. Altman se había hecho amigo de los porteros del Carnegie Hall, a los que a menudo sustituía para que pudieran salir a fumar. En una de estas ocasiones, habiéndose quedado solo, corrió hasta el camerino de Huberman, se apropió del violín y lo escondió bajo su abrigo.

Finalmente, Julian Altman falleció el 12 de agosto de 1985, a los 69 años. Su esposa conservó el violín durante casi dos años, haciéndolo examinar por expertos que le confirmaron que se trataba de un Stradivarius auténtico. En 1987, habiendo muerto Huberman en 1947, se puso en contacto con Lloyd's para devolverlo. La aseguradora envió a su propio experto, el cual confirmó fuera de toda duda que se trataba del Gibson. Dado que Lloyd's ya le había pagado su valor a su anterior propietario tras el robo, fue a ella a la que correspondió la propiedad del instrumento. Marcelle Hall recibió una recompensa de 263000 dólares, aunque se vio obligada luego a compartirla con su hijastra Sherry Altman Schoenwetter, la única hija de Altman, que reclamó en los juzgados su parte del premio.

Joshua Bell con el Gibson
La aseguradora Lloyd's sometió el violín a una profunda restauración que duró más de nueve meses en la célebre casa de venta y reparación de violines J & A Beare de Londres. En el verano de 1987 lo cedió a una exposición celebrada en Cremona con motivo del 250 aniversario de la muerte de Antonio Stradivari, y en febrero de 1988 lo subastó. Lo compró el violinista británico Norbert Brainin, miembro del célebre Amadeus Quartet, quien pagó por él 1'2 millones de dólares. Brainin lo conservó hasta que a principios del siglo XXI decidió venderlo. Cuando el célebre violinista norteamericano Joshua Bell, que había tocado el Gibson en alguna ocasión, supo que Brainin iba a venderlo a un industrial alemán coleccionista de instrumentos, se apresuró a reunir los cuatro millones de dólares que Brainin pedía por él, para lo cual tuvo que vender el Stradivarius que ya poseía, el Tom Taylor. Finalmente, en octubre de 2001 logró comprarlo y todavía lo conserva.

sábado, 12 de agosto de 2017

Cuarenta años prófugo

Georg Gärtner (1939)

En septiembre de 1985 se publicaba en EEUU un libro titulado Hitler's Last Soldier in America (El último soldado de Hitler en América). Como autores figuraban el historiador Arnold Krammer, reconocido experto en el tema de los campos de prisioneros en territorio estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y Dennis F. Whiles, un sexagenario residente en Colorado. Lo sorprendente era el contenido del libro: se trataba de una autobiografía de Whiles en la que confesaba que su verdadero nombre era Georg Gärtner y era un antiguo soldado del ejército alemán que se había fugado de un campo de prisioneros en 1945 y llevaba desde entonces viviendo en EEUU bajo un nombre falso.

Georg Gärtner había nacido el 18 de diciembre de 1920 en la ciudad de Schweidnitz, en la Baja Silesia. Según él mismo contaría, nunca fue un nazi convencido, pero se alistó en el ejército alemán, más por afán de aventuras que por otra cosa. Fue destinado al Afrika Korps sirviendo a las órdenes del mariscal Rommel hasta que, tras la capitulación del ejército alemán en Túnez en mayo de 1943, cayó prisionero de los aliados, al igual que otros 130000 soldados alemanes, que acabarían recluidos en campos de prisioneros en Estados Unidos y Canadá.

Gärtner permaneció en custodia hasta el final de la guerra. Cuando el Tercer Reich se rindió, el gobierno norteamericano empezó a repatriar a los prisioneros de guerra a sus lugares de origen. Sin embargo, eso era algo que no le apetecía demasiado a Gärtner. Su ciudad natal, al igual que toda la región, estaba ocupada por las tropas soviéticas (al final, Schweidnitz y casi toda la Baja Silesia acabarían pasando a formar parte de Polonia; hoy en día la ciudad se llama Świdnica) y a él no le apetecía quedar bajo la autoridad de los comunistas. Así que aprovechó su traslado al aeródromo de Deming (Nuevo México), donde había un campo provisional de internamiento dependiente de la base texana de Fort Bliss, para escaparse, la noche del 21 de septiembre de 1945.


De inmediato, el ejército norteamericano inició una gran operación de búsqueda y captura, mientras el FBI colocaba a Gärtner en su lista de los mas buscados. No era el único; tras el final de la guerra y la repatriación de los prisioneros, había todavía 12 prisioneros de guerra huidos y en paradero desconocido en territorio norteamericano. Sin embargo, uno a uno fueron descubiertos, y al llegar a la década de 1960, sólo Georg Gärtner permanecía fugado. En 1963 el ejército decidió cesar su búsqueda y el FBI, aunque lo mantuvo en su lista de fugitivos, tampoco vio prioritaria su detención y no volvió a investigar su paradero.

¿Qué había sido del fugitivo? Gärtner aprovechó que hablaba un inglés fluido (mientras estuvo prisionero había realizado labores como traductor) para pasar desapercibido en la sociedad norteamericana. Adoptó el nombre de Dennis F. Whiles y desempeñó trabajos de baja cualificación (lavaplatos, peón agrícola) mientras se familiarizaba con las costumbres y el modo de vida americanos. Para evitar llamar la atención, cambiaba a menudo de trabajo y residencia. Y así, mientras las autoridades buscaban a Georg Gärtner, Dennis Whiles se convertía en un ciudadano corriente y libre de sospecha, que tenía incluso su número de la Seguridad Social. Poco a poco fue consiguiendo trabajos mejores; fue instructor de esquí y profesor de tenis, contratista, pintor y vendedor, y en 1964 se casó con Jean, una mujer divorciada y con dos hijos, a la ocultó su verdadera identidad.

Una de las anécdotas de su etapa como fugitivo fue su participación en el rescate del City of San Francisco, un tren de la Chicago and North Western Railway que quedó atrapado en enero de 1952 en Sierra Nevada a causa de un temporal de nieve. Los pasajeros del tren tuvieron que ser rescatados por un numeroso equipo de voluntarios que con quitanieves y tractores construyeron un camino a través de la nieve para poder evacuarlos. La revista Life publicó un amplio reportaje sobre el recate, en el que incluso aparecía Gärtner en una de las fotografías. Y así, mientras las autoridades seguían buscándolo, el prisionero huido aparecía en una de las revistas de mayor difusión del mundo, sin que nadie lo reconociera.


Sin embargo, con el paso de los años, su esposa Jean comenzó a sospechar. Sus habituales cambios de trabajo y domicilio, y el hecho de que rechazara algunos empleos bien pagados pero que requerían facilitar documentos personales o una comprobación de sus antecedentes la convencieron de que su marido ocultaba algo. En 1982 se cansó; y amenazó a Dennis con abandonarlo si no le contaba la verdad. Entonces él le reveló su verdadera identidad y, juntos, decidieron que ya era hora de que saldase viejas cuentas y se entregase a las autoridades. La cuestión era cómo hacerlo.

En julio de 1979 el profesor Krammer había publicado Nazi Prisoners of War in America (Prisioneros de guerra nazis en América), un documentado y exhaustivo estudio sobre los 511 campos de prisioneros que habían existido durante la Segunda Guerra Mundial en suelo norteamericano y el cerca de medio millón de prisioneros de guerra que habían pasado por ellos. En el libro se mencionaba explícitamente el caso de Gärtner, y éste pensó que Krammer podía ayudarle. En noviembre de 1983 Gärtner llamó a Krammer, que por aquel entonces era profesor en la Universidad A & M de Texas, y tras una larga conversación acabó confesándole su verdadera identidad.

Krammer lo convenció para que contara su historia en un libro. Una vez la obra estuvo publicada, Gärtner se entregó a las autoridades de forma oficial en San Pedro (California), convertido en el último prisionero de guerra alemán en Norteamérica. Le sorprendió saber que su caso llevaba décadas dormido sin que nadie se hubiese preocupado por él.

Dennis Whiles (2009)
Una vez hubo revelado su verdadera identidad, su caso se encontró en una especie de limbo legal. Muchos expertos en derecho opinaban que no podía ser acusado por fugarse, ya que podía considerarse legítimo que hubiera rechazado su repatriación a una región bajo el control soviético. Incluso se podía poner en duda su condición de prisionero de guerra, toda vez que ésta había terminado antes de su huida. Tampoco podía ser considerado un inmigrante ilegal, ya que no había entrado en el país por propia voluntad, sino obligado por las autoridades. Además, llevaba 40 años residiendo en EEUU y estaba casado con una norteamericana, así que cumplía de sobra con los requisitos para nacionalizarse. Y dado que no había cometido otros delitos durante el tiempo en que estuvo huido, no se presentaron otros cargos contra él. Finalmente, el FBI renunció a acusarle de nada y lo retiró de su lista de delincuentes buscados; el servicio de Inmigración tampoco mostró interés en deportarle. Gärtner quedó en libertad y fue invitado a solicitar la nacionalidad norteamericana, algo que conseguiría en 1989, aunque prefirió seguir siendo Dennis F. Whiles en lugar de recuperar su nombre real.

Tras solucionar sus problemas con las autoridades. Dennis Whiles vivió una vida tranquila y discreta. Incluso viajó a Alemania tras la caída del muro de Berlín, buscando a su familia. Sus últimos años los pasó en Boulder (Colorado), donde falleció en 2013 a los 92 años de edad.

miércoles, 9 de agosto de 2017

El misterio del Carroll A. Deering

El Carroll A. Deering

Botado en la ciudad de Bath (Maine) en 1919 para la naviera G. G. Deering Company, la goleta Carroll A. Deering (recibió ese nombre por el hijo de su propietario) era un barco elegante y moderno. Construido con madera de roble, fresno y caoba, y dotado de electricidad, calefacción a vapor y agua corriente, el buque medía 77 metros de eslora, 13 de manga y tenía cinco mástiles y tres cubiertas. Para tratarse de un mercante, era un buque cómodo, casi lujoso, pero no fue eso lo que lo hizo célebre, sino las misteriosas circunstancias que rodearon su último viaje.

El 22 de agosto de 1920 el Carroll A. Deering partió del puerto de Newport News (Virginia) rumbo a Rio de Janeiro, con un cargamento de carbón. Al mando iba el experto capitán William H. Merritt, con su hijo Sewall como primer oficial, y una tripulación de diez marineros de origen escandinavo, mayoritariamente daneses. Pero unos días más tarde el capitán Merritt cayó enfermo y tuvo que desembarcar, junto a su hijo, en el puerto de Lewes (Delaware). La naviera tuvo que buscar urgentemente un sustituto, y poco después Willis B. Wormell, un veterano marino de 66 años y que llevaba algún tiempo retirado, aceptó hacerse cargo del barco, junto a Charles B. McLellan, que fue contratado como primer oficial. El mercante reanudaría su viaje el 8 de septiembre.

La botadura del Carroll A. Deering (4 de abril de 1919)

La primera parte del viaje transcurrió sin incidentes. El Carroll A. Deering llegó a Rio sin novedad y alijó su carga de carbón. Mientras se llevaban a cabo las labores de descarga, el capitán Wormell dio permiso a sus hombres. Durante esos días Wormell se encontró con un viejo conocido suyo, el capitán Goodwin, también al mando de un mercante, al que confesó el desdén que sentía por su tripulación, en la que no tenía confianza alguna, con la única excepción del maquinista, Herbert Bates. El Carroll A. Deering partiría de regreso el 22 de diciembre de 1920.

Ya en enero de 1921, el buque se detuvo en la isla de Barbados para abastecerse de víveres. Durante su estadía, el primer oficial McLellan se emborrachó en compañía del capitán Hugh Norton, del mercante Snow, a quien se quejó de la escasa competencia de Wormell, que apenas se ocupaba de sus labores, y de que, debido a los problemas de visión del capitán, casi toda la labor de navegación corría a cargo del propio McLellan. Poco después, el capitán Norton, su primer oficial y otro capitán le oyeron proferir amenazas contra Wormell, lo que hizo que McLellan fuera arrestado. Pero el 9 de enero el capitán Wornell acudió a la cárcel local para liberarlo, afirmando haberlo perdonado. Poco después el Deering zarpaba rumbo al canal de Hampton Roads.

La siguiente vez que el barco fue visto fue el 28 de enero, al pasar frente al faro del cabo Lookout, en Carolina del Norte. El farero, apellidado Jacobson, contó que un marinero delgado, pelirrojo y de fuerte acento extranjero le había dicho que el Deering había perdido las anclas en una tormenta frente al cabo Fear y que informase de ello a la armadora; pero la radio del faro estaba averiada y no pudo hacerlo. Jacobson trató luego de enviar el mensaje por medio de un barco a vapor que pasó un poco más tarde, pero éste no hizo caso de sus señales. Más tarde, Jacobson recordaría que en ningún momento vio al capitán Wornell ni al primer oficial, y que le llamó la atención la presencia de varios marineros aparentemente desocupados en la cubierta principal, algo que no se solía permitir en los buques mercantes.

El Carroll A. Deering fotografiado desde el cabo Lookout (28 de enero de 1921)
El día 31 de enero el Deering fue avistado encallado en los bancos de arena de Diamond Shoals, frente a la costa del cabo Hatteras, un lugar conocido por ser escenario de frecuentes naufragios. Algunos barcos de rescate trataron de llegar hasta él, pero el mal tiempo lo impidió. No fue hasta el 4 de febrero que se pudo acceder al barco, encontrándolo completamente desierto. No había rastro alguno de sus tripulantes. Faltaban el diario de a bordo y los instrumentos de navegación, los dos botes salvavidas y las pertenencias de la tripulación. En la cocina había alimentos preparados para una comida y café sobre la estufa. Algo que llamó la atención de los que examinaron el barco fue que la ruta que había seguido había sido marcada en un mapa con anotaciones de puño y letra del capitán Wornell, pero a partir del 23 de enero otra persona se había encargado de registrar el rumbo del buque. Los Guardacostas trataron de rescatar el navío pero, ante la imposibilidad de conseguirlo y temiendo que supusiera una amenaza para el tráfico marítimo en la zona, el Carroll A. Deering fue dinamitado el 4 de marzo. Algunos de sus restos fueron arrastrados por la corriente hasta la cercana isla de Ocracoke.

El gobierno norteamericano lanzó una extensa investigación sobre el encallamiento y la misteriosa desaparición de los hombres del Deering, además de las de otros nueve barcos que habían desaparecido en la misma zona en un corto espacio de tiempo; entre ellos, el carguero SS Hewitt, que transportaba un cargamento de azufre y que desapareció sin dejar rastro con sus 42 tripulantes solo seis días antes del hallazgo del Deering, cuando navegaba por la misma zona y siguiendo un rumbo similar. La investigación estuvo supervisada por el Secretario de Comercio (y futuro presidente de los EEUU) Herbert Hoover, y dirigida por su ayudante Lawrence Ritchey, e implicó a cinco Departamentos del gobierno norteamericano (Comercio, Tesoro, Justicia, Marina y Estado), además de a las autoridades de Carolina del Norte y a varias agencias de seguridad como el FBI.


La primera teoría apuntaba a causas meteorológicas; se sabía que los barcos desaparecidos habían navegado cerca de zonas azotadas por huracanes. Sin embargo, al examinar con atención sus rutas, se concluyó que tanto el Deering como el Hewitt habían pasado las zonas más peligrosas y navegaban por aguas relativamente tranquilas, lejos de las tormentas. Entonces surgió con fuerza la idea de un motín. Las discrepancias entre Wornell y su tripulación, puestas de manifiesto por el arresto de McLellan en Barbados, y la declaración del farero Jacobson, parecían dar visos de realidad a la teoría. De hecho, muchos marinos de la zona del cabo Hatteras creían firmemente que los hombres del Deering habían hecho desaparecer al capitán y luego habían encallado voluntariamente el barco antes de huir en los botes llevándose todos los objetos de valor del barco. Pero no había pruebas sólidas, sólo indicios.

Otra de las teorías que se barajaron fue la de la piratería. Hubo quien atribuyó las misteriosas desapariciones a la acción de un grupo de piratas que se dedicaba a asaltar buques mercantes frente a las costas norteamericanas, una teoría que tenía defensores dentro de la marina norteamericana. En abril de 1921 se halló en Buxton Beach (Carolina del Norte) un mensaje dentro de una botella supuestamente escrito por Bates, el maquinista del Deering, en el que decía que el barco había sido capturado por piratas y pedía auxilio. Más tarde se sabría que el mensaje era falso. Nunca se halló ninguna prueba que respaldara esta teoría, ni se capturó a ningún sospechoso. También se especuló con una conspiración comunista. En una redada contra un grupúsculo comunista de Nueva York llamado Partido Unido de los Trabajadores Rusos se habían hallado pasquines animando a sus miembros a secuestrar barcos norteamericanos para trasladarlos a la URSS; pero tampoco se pudo probar que pasara de ser un mero proyecto y que alguna vez se llevara a la realidad.

Charles B. MacLellan
No faltó quien, en plena época de la Ley Seca, especulara con que el barco había sido capturado por contrabandistas de alcohol para transportar licor ilegal desde el Caribe hasta territorio norteamericano. Sin embargo, el Deering era un barco poco propicio para tal cometido: demasiado lento, demasiado llamativo, demasiado fácil de identificar. No faltó quien vinculó el caso del Deering (y las otras desapariciones) al supuesto misterio del Triángulo de las Bermudas, obviando el hecho de que las desapariciones se produjeron cientos de millas al norte de dicha zona. Curiosamente, nadie pareció considerar la hipótesis aparentemente más sencilla: que el Deering había encallado accidentalmente y que la tripulación, incapaz de liberarlo, había abandonado el barco en los botes, para luego morir en el mar al ser incapaces de alcanzar tierra firme (las costas del cabo Hatteras son demasiado escarpadas para permitir el desembarco de un bote).

La investigación oficial se cerró a finales de 1922, sin llegar a ninguna conclusión definitiva, aunque apuntando al motín o a la piratería como causas más probables. Jamás volvió a saberse nada de los hombres del Carroll A. Deering, ni de los otros barcos desaparecidos.

domingo, 6 de agosto de 2017

El satélite que volvió a la vida después de medio siglo

El satélite LES-1


En febrero de 2013, un radioastrónomo aficionado británico llamado Phil Williams captó una extraña señal de radio procedente del espacio desde su casa cerca de Bude (Cornualles). La señal, emitida en una frecuencia de 237 megahercios, se repetía con una periodicidad de cuatro segundos, y evidentemente tenía su origen en algún objeto artificial en órbita. A Williams le picó la curiosidad y quiso saber qué aparato generaba esa extraña señal; y, tras una concienzuda búsqueda a través de Internet, llegó a una sorprendente conclusión: la señal sólo podía provenir del LES-1, un satélite norteamericano que llevaba abandonado casi medio siglo.

Los satélites LES (siglas de Lincoln Experimental Satellite) fueron una serie de nueve satélites diseñados y construidos entre 1965 y 1976 por el Laboratorio Lincoln del MIT (un centro de investigación del Departamento de Defensa de EEUU) y financiados por las Fuerzas Aéreas norteamericanas. Su misión era probar nuevos dispositivos y tecnologías de comunicación, para valorar su utilidad práctica. El LES-1, al igual que el LES-2, iba provisto de un transpondedor de banda X y un sistema de ocho antenas orientadas electrónicamente. Además, llevaban dispositivos para realizar pruebas de detección y de control de altitud.

El LES-1 fue lanzado desde la base de Cabo Cañaveral el 11 de febrero de 1965. Sin embargo, algo salió mal. Una de las fases de su cohete falló y el satélite nunca alcanzó su órbita prevista, quedando atrapado en una órbita circular a unos 2800 kilómetros de la Tierra. Aún así, desde tierra fueron capaces de captar sus transmisiones hasta que estas cesaron repentinamente en 1967, se cree que por un fallo en el cableado de los circuitos. Desde ese momento el satélite se dio por perdido y durante las siguientes décadas pasó a ser uno de los numerosos objetos inservibles que forman parte de la llamada "basura espacial". Al menos, hasta que para sorpresa de todos empezó a transmitir de nuevo.

Las causas de la súbita resurrección del LES-1 siguen siendo un misterio. En 2016 se confirmó de manera oficial que la señal tenía su origen en el satélite, pero los expertos siguen intrigados sin saber muy bien a qué es debida, ya que las baterías del satélite debieron agotarse y quedar inservibles hace mucho tiempo. La hipótesis mas aceptada es que se produjo algún tipo de avería o malfunción que permitió que la energía captada por los primitivos paneles solares del satélite llegara directamente al transmisor, lo que también explicaría la periodicidad de la señal: el satélite está girando sobre si mismo, de modo que sólo transmite cuando los paneles están orientados directamente hacia la luz solar y deja de hacerlo cuando la interposición del propio cuerpo del satélite provoca que los paneles quedan a oscuras.


La señal del LES-1, captada por un radioaficinonado brasileño

A día de hoy, el LES-1 sigue vagando por el espacio. No está prevista su reentrada en la atmósfera en un corto plazo, ni representa una amenaza para satélites operativos mayor que otros muchos pedazos de chatarra abandonados en órbita. Pero como el propio Williams ha señalado, no deja de tener mérito que el vetusto aparato, construido con una tecnología muy anterior a la aparición de los circuitos integrados y los microprocesadores, siga funcionando después de medio siglo abandonado en un ambiente tan hostil como el espacio.

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Sabías que...

-... el 12 de febrero de 1884, el día en el que fallecieron su esposa Alice y su madre Mittie, el que sería años más tarde presidente de los EEUU Teddy Roosevelt sólo escribió una frase en su diario: La luz se ha ido de mi vida?

-... la agencia italiana de noticias Ansa dio la exclusiva mundial de la renuncia del papa Benedicto XVI porque el anuncio se hizo en latín, y la delegada de la agencia en el Vaticano, Giovanna Chirri, era la única periodista presente que entendía dicha lengua?

-... debido a la política liberalizadora conocida como glásnost impulsada por Mijaíl Gorbachov, en el año 1988 se suspendieron en la URSS los exámenes de historia en las escuelas, para dar tiempo a cambiar en los libros de texto la versión oficial (e inexacta) de numerosos sucesos?

-... los reyes británicos tienen el derecho de retirar a alguien el título de caballero, si es condenado por un crimen o demuestra ser indigno de tal distinción? Cinco personas han visto revocada su condición de "sir" en el último siglo; el más reciente de ellos, en 1991, fue Jack Lyons, un financiero que participó en una trama criminal para alterar el valor en bolsa de las acciones de la cervecera Guinness.

-... el deportista más rico de todos los tiempos fue el auriga hispanorromano Cayo Apuleyo Diocles (104-146 d. C.)? A lo largo de su carrera participó en 4257 carreras, de las que ganó 1462, embolsándose la increíble cantidad de casi 36 millones de sestercios, que en la actualidad equivaldrían a unos 15000 millones de dólares.

-... el primer uniforme de trabajo registrado en la Oficina de Patentes de EEUU fue el famoso disfraz de las Conejitas de Playboy?

-... Bruce Willis fue la séptima opción para interpretar al protagonista de La jungla de cristal? Antes de que el papel le fuera ofrecido lo habían rechazado Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Burt Reynolds, Richard Gere, Harrison Ford y Mel Gibson.

-... el caza biplaza ruso Sukhoi Su-34 dispone de un pequeño retrete, una zona para cocinar e incluso un espacio para que uno de los dos ocupantes pueda dormir?

-... el 28 de septiembre de 2006 el ayuntamiento de Reykjavik y los municipios colindantes acordaron apagar todas las luces del área metropolitana de la ciudad durante media hora, mientras un célebre astrónomo hablaba de estrellas y constelaciones en un programa de la radio pública?

-... era tal el virtuosismo como violinista de Niccolo Paganini (1782-1840) que se vio obligado a publicar su correspondencia con su madre para probar que tenía padres humanos y no era hijo del diablo, como se rumoreaba?

-... la sangre del cangrejo herradura (Limulus polyphemus), que tiene numerosas aplicaciones en la industria farmacéutica, llega a costar 15000 $ el litro?

-... la tasa de criminalidad en Chicago es tan elevada que la marina norteamericana envía allí a sus médicos y enfermeras para que se familiaricen en la atención de heridas de bala?

lunes, 31 de julio de 2017

El robo del Casino Stardust

Una de las escasas imágenes que hay de Bill Brennan


A diferencia de lo visto en algunas películas, robar en un casino de Las Vegas no es una tarea en absoluto sencilla. Los propietarios de los casinos invierten enormes sumas en seguridad y disponen de la tecnología más avanzada para evitar sustracciones. Y cuando alguna de estas tiene éxito, no suele ser gracias a complicadas y rebuscadas estratagemas, sino más bien son las tramas más sencillas las que tienen más posibilidades de lograr su objetivo. Es el caso de Bill Brennan, quien, sin necesidad de armas ni de recurrir a la violencia, sin complicadas tramas ni alta tecnología, llevó a cabo un espectacular robo en el casino Stardust de Las Vegas... simplemente, salió con su botín tranquilamente por la puerta.

Cuando se describe a Bill Brennan, la palabra que más se repite es "corriente". Un hombre corriente, gris, sin ningún rasgo demasiado remarcable. Altura media, peso medio, pelo castaño oscuro. Un hombre solitario, sin amigos íntimos ni relaciones conocidas, cuya única afición parecía ser cuidar de su gato. Era natural de Pennsylvania, pero llevaba algún tiempo residiendo en Nevada y en 1988 había entrado a trabajar en el célebre Hotel y Casino Stardust como cajero en una oficina de apuestas deportivas. Como trabajador, era esforzado y diligente, aunque después de cuatro años empezaba a mostrarse un poco menos entusiasta. De hecho, había solicitado ser ascendido al puesto de supervisor, pero el gerente había rechazado su petición por considerar que no estaba todavía preparado para esa clase de responsabilidad. Hay quien dice que fue el disgusto por este rechazo lo que lo empujó a cometer uno de los robos más sensacionales de la historia de Las Vegas.

La mañana del 22 de septiembre de 1992 Bill Brennan terminó su turno de trabajo y se fue a su casa, un sencillo apartamento alquilado en el que vivía con la única compañía de su gato, como hacía habitualmente. Pero esta vez era diferente. Llevaba consigo una bolsa en la que, como se sabría luego, había más de medio millón de dólares en dinero en efectivo y fichas de juego que había robado del casino. Con el tiempo que llevaba trabajando allí, conocía perfectamente las medidas de seguridad del establecimiento, y se las arregló para eludir las cámaras de seguridad y a los vigilantes. De hecho, cuando se descubrió el robo y la policía abrió su investigación, les llevó varias horas identificar a Brennan como el posible autor del robo. Pero cuando los agentes llegaron a su casa, la encontraron vacía. Bill y su gato se habían esfumado.

El Hotel y Casino Stardust fue uno de los casinos más famosos de Las Vegas hasta su demolición en 2007
Desde entonces, la pista de Brennan se pierde completamente. Pasados más de veinte años no se ha hallado indicio alguno de qué camino tomó el fugitivo, que a día de hoy sigue estando en la lista de los más buscados del FBI. Algunos de sus compañeros recordarían más tarde haberlo visto leyendo un libro acerca de cómo cambiar de identidad, algo a lo que no dieron demasiada importancia en su momento. La hipótesis más extendida es que Brennan logró hacerse con una identidad nueva y se marchó, quizá al extranjero, a Canadá o a México, donde comenzó una nueva vida con el botín de su robo.

Se sospechó también que Brennan no había actuado solo y que tenía un cómplice. Empleados del Stardust sospechaban de un apostador habitual con el que Brennan había hecho buenas migas y que curiosamente dejó de aparecer por el casino unas semanas después del robo. Numerosos rumores surgieron diciendo que quizás Bill Brennan había sido asesinado por este supuesto socio para arrebatarle su parte del botín. También se apuntó a que estaba relacionado de alguna manera con la mafia, y hubo incluso quien, como su antiguo jefe Richard Saber, dijo que Brennan no llegó a irse de Las Vegas; simplemente, cambió su apariencia, adoptó una nueva identidad y consiguió trabajo en alguno de los muchos casinos de la ciudad. Algo ciertamente poco probable, ya que los casinos suelen investigar a fondo a todos los empleados que contratan. Unas medidas que, en buena parte, se tomaron a raíz del robo del Stardust.

Han pasado ya 25 años de aquel robo, y nada se sabe del audaz individuo que lo llevó a cabo. Sus motivaciones, su destino actual, los medios que empleó para evadir la persecución, permanecen todavía ocultos y rodeados de misterio.

viernes, 28 de julio de 2017

El Mercedes-Renntransporter



Corría el año 1954 y la escudería Mercedes-Benz hacía su debut en la Fórmula Uno con los legendarios W196, las míticas "Flechas de Plata", con las que el gran Juan Manuel Fangio sería campeón en 1954 y 55. Por aquel entonces, los mecánicos de la escudería no tenían las facilidades que tienen hoy en día los de la Fórmula Uno actual. Si durante los entrenamientos previos a alguna de las carreras el automóvil sufría alguna avería o contratiempo serio, no tenían los medios para repararlo in situ, sino que debía ser enviado a la fábrica central de la marca en la ciudad alemana de Stuttgart, donde era reparado y luego tenía que ser llevado de vuelta al circuito donde se celebraba la prueba; lo que casi siempre suponía no disputarla por la imposibilidad de regresar a tiempo con el vehículo arreglado.

Mercedes W196
Por este motivo, la Mercedes decidió crear un transporte de vehículos lo suficientemente rápido para llevar un bólido averiado desde cualquier circuito europeo hasta Stuttgart y devolverlo al circuito a tiempo para tomar parte en la carrera. Los ingenieros de la marca se pusieron manos a la obra y de esta manera nació el sorprendente Mercedes-Renntransporter. Este singular vehículo se fabricó de manera artesanal utilizando piezas de otros modelos de la marca. Así, el chasis era el de un Mercedes 300 Sedán, reforzado y alargado; la cabina era la de un Mercedes 180 familiar; y el motor y la característica parrilla delantera procedían nada menos que del mítico Mercedes 300 SL "Alas de gaviota", uno de los deportivos más potentes de Mercedes. La única pieza diseñada y construida ex-profeso para este modelo era la peculiar luna trasera curvada, que tenía esa forma para dejar sitio para los automóviles que transportaba. El Renntransporter tenía 6'5 metros de largo, 2 de ancho y sólo 1'75 de altura (para dotarlo de mayor estabilidad); pesaba apenas 2100 kilos y su poderoso motor de seis cilindros en línea con inyección directa desarrollaba una potencia de 192 CV que le permitía alcanzar hasta 170 km/h, cuando la mayoría de los demás transportes no llegaban a los 100 km/h. Su depósito de combustible con 150 litros de capacidad le garantizaba una autonomía de unos 500 kilómetros.


Muy pronto el llamado Der Blaues Wunder (El Milagro Azul) se hizo popular en el mundo de las carreras de coches. Además de su innegable utilidad práctica, el diseño original y vanguardista del camión lo convirtió en un reclamo publicitario de primer orden, casi tanto como los W196, reforzando la imagen de Mercedes como una marca innovadora y moderna. Sin embargo, la vida del Milagro Azul fue relativamente corta. El 11 de junio de 1955, durante la disputa de las 24 Horas de Le Mans, el Mercedes 300 SL pilotado por el francés Pierre Levegh se estrelló contra una de las gradas a más de 200 km/h, muriendo el propio Levegh y 82 espectadores. A raíz de la tragedia, Mercedes-Benz decidió retirarse de las competiciones automovilísticas (no regresaría a ellas hasta 1989), con lo que el Renntransporter se quedó sin cometido. Durante algún tiempo siguió siendo empleado como reclamo publicitario (llegó a ser exhibido en EEUU) hasta que en 1957 regresó a la fábrica de Stuttgart, donde quedó olvidado en un garaje durante años. En 1967 un directivo llamado Rudolf Uhlenhaut ordenó que fuera desguazado, perdiéndose así un vehículo singular y excepcional.


En 1993 la compañía decidió enmendar aquel error histórico y construyó una réplica exacta (a base de fotografías, ya que los planos originales también se habían perdido). En la actualidad, esta réplica se exhibe en el Mercedes Museum de Stuttgart con un Mercedes 300 SL sobre él, como en sus tiempos de gloria. Existe además otra réplica de este camión, propiedad del presentador norteamericano Jay Leno, un reconocido coleccionista de coches clásicos.

martes, 25 de julio de 2017

Las aventuras de Moondyne Joe

Joseph Bolitho Johns, "Moondyne Joe" (c. 1826-1900)

Uno de los personajes más curiosos del folklore popular australiano nació con el nombre de Joseph Bolitho Johns en una fecha desconocida (se cree que en torno a 1826) y en un lugar indeterminado de la región inglesa de Cornualles. Tercero de los seis hijos de un humilde herrero que murió cuando Joseph era muy joven, él y sus hermanos trabajaron desde muy niños en las minas de cobre córnicas hasta que, en torno a 1848, Joseph emigró a Gales, donde al parecer encontró trabajo en alguna de las numerosas fundiciones de la ciudad de Clydach.

El 15 de noviembre de 1848, a eso de las 2:30 de la mañana, cerca del pueblo de Chepstow, un sargento de policía que hacía su ronda se tropezó con Johns y un amigo suyo llamado William Cross. Sospechando por habérselos encontrado a una hora tan avanzada, y no contento con las explicaciones que ambos le habían dado, los condujo a un puesto de policía cercano, donde al registrarlos les hallaron "tres hogazas de pan (una parcialmente comida), dos trozos de bacon, una paletilla de cordero, varios quesos y un pedazo de sebo". Alimentos que, según se comprobó más tarde, habían sido robados esa misma noche de la casa de un vecino de la zona llamado Richard Price. Johns y Cross fueron acusados de robo y allanamiento y condenados a diez años de prisión en marzo de 1849. Johns se pasó los siguientes cuatro años yendo de una penitenciaría a otra: Millbank, Pentonville, Dartmoor, Woolwich, hasta que en febrero de 1853 partió a bordo del buque prisión Pyrenees junto a casi trescientos reclusos más con destino a la colonia penal de Australia. Por su parte Cross ya había sido enviado a Tasmania el año anterior.

Johns desembarcó en el puerto de Fremantle el 30 de abril de 1853. Nada más llegar le fue concedida la libertad bajo palabra, y en marzo de 1855 obtuvo un perdón condicional. Una vez libre, se instaló en el valle del río Avon, en los montes Darling, una zona agreste y apartada a la que los aborígenes australianos llamaban Moondyne. Allí se ganaba la vida como podía, como peón y también capturando caballos y ganado que se habían escapado de las granjas para luego devolverlos a sus dueños a cambio de una recompensa. Fue precisamente por culpa de un caballo que volvió a tener problemas con la justicia: en agosto de 1861 fue arrestado, acusado de cuatrero por haber capturado un caballo sin marcar y haberle puesto su marca. Fue encerrado en el calabozo del pueblo de Toodyay, pero esa misma noche se fugó de su celda, llevándose el caballo y además, la silla de montar y las bridas del magistrado local. Capturado al día siguiente, no obstante durante su fuga había matado al caballo y cortado su marca de la piel del animal, así que, en ausencia de pruebas, eludió la pena de hasta diez años de cárcel que podía haberle supuesto el cargo de robo del caballo, pero fue condenado a tres años por haberse escapado de la cárcel.

La Cueva Moondyne
Su buen comportamiento durante su pena le valió salir en libertad con unos meses de anticipación, en febrero de 1864, tras lo cual trabajó primero como carbonero y luego como peón en una granja en Kelmscott. Y en enero de 1865 tuvo lugar el suceso que marcaría profundamente el resto de su vida. En esa fecha un buey llamado "Bright" apareció muerto, y Johns fue acusado de ser el responsable. Arrestado el 29 de marzo, pese a sus reiteradas protestas fue condenado el 5 de julio a diez años de prisión por "matar a un buey con intenciones criminales".  Durante el resto de su vida, Johns nunca dejaría de proclamar su absoluta inocencia de aquella acusación y la injusticia de la que había sido víctima.

En esta ocasión no estaba dispuesto a ser el preso modélico y ejemplar que había sido en sus otros encarcelamientos. Esta vez era diferente; esta vez había sido condenado de manera arbitraria e injusta, e iba a hacer todo lo posible por escapar de la reclusión. Su primera fuga tuvo lugar en noviembre, cuando en compañía de otro preso se fugó cuando formaban parte de una cuadrilla de trabajo. Estuvieron huidos durante un mes, sobreviviendo a base de pequeños hurtos, hasta que fueron capturados por una partida de policías. Como castigo, Moondyne Joe, como ya había empezado a ser conocido, fue condenado a llevar grilletes durante un año.

En abril de 1866, Moondyne Joe envió una petición oficial al Chief Justice (el magistrado de más rango del Tribunal Supremo de Australia Occidental), sir Archibald Burt, para que su caso fuera revisado. Sir Archibald redujo su pena en cuatro años; pero esto no bastó al prisionero: en julio, fue condenado a otros seis meses con grilletes por intentar serrar la cerradura de su celda. En agosto, sin embargo, logró escapar junto a otros tres presos tras serrar sus grilletes. Durante algún tiempo sobrevivieron en los bosques que rodeaban la ciudad de Perth, cometiendo pequeños robos, hasta que uno de ellos fue capturado de nuevo. Dándose cuenta de que no podrían eludir a la policía mucho más tiempo, Moondyne Joe convenció a los otros dos para huir de la colonia de Australia Occidental hacia la de Australia del Sur, para lo cual debían cruzar cientos de kilómetros de terreno baldío y árido. Para afrontar el viaje, los fugitivos entraron a robar en una tienda de Toodyay, propiedad de un tal James Everett, un antiguo presidiario que había llegado a Australia en el mismo barco que Joe y con el que al parecer tenía viejas rencillas. De allí se llevaron ropa, armas y alimentos, en tal cantidad que Everett se vio obligado a cerrar su establecimiento. Finalmente, los tres serían capturados el 29 de septiembre de 1866 en un humedal llamado Boodalin Soak, cerca de donde hoy está el pueblo de Westonia, tras haber recorrido más de 300 kilómetros desde Perth.

En la prisión de Fremantle, hoy convertida en atracción turística, se exhibe esta reproducción de la celda a prueba de fugas construida para albergar a Moondyne Joe
Como castigo por su fuga y por los robos, a Moondyne Joe se le añadieron otros cinco años de trabajos forzados a su pena. Trasladado a la prisión de Fremantle, con una bien ganada fama de especialista en fugas, permaneció varios días en el patio de la cárcel encadenado a los barrotes de una ventana mientras se construía una "celda a prueba de fugas" especialmente para él. Con paredes de piedra revestidas de tablas de eucalipto, casi hermética, Moondyne Joe estuvo durante meses encerrado en ella, alimentado con pan y agua y saliendo sólo una o dos horas diarias a hacer ejercicio. Cuando su salud comenzó a resentirse, el alcaide permitió que trabajara picando piedra al aire libre, como los demás presos; pero, como no querían arriesgarse a sacarlo de la prisión, lo que hicieron fue traerle piedras para que las picara en el patio de la cárcel, vigilado por los guardias. El gobernador de Australia Occidental, John Hampton, antiguo supervisor de prisiones, se mostró tan satisfecho con las medidas tomadas que llegó a decirle a Moondyne Joe que "Si consigues escapar otra vez, te indultaré".

Pero habían cometido un error. Las rocas que Joe desmenuzaba con su esfuerzo diario no eran retiradas con frecuencia, con lo que se acumulaban formando una pila que ocultaba parcialmente al preso de la vista de sus guardianes. Cuando se dio cuenta de ello, Joe comenzó a golpear de cuando en cuando con su martillo el muro de la prisión, buscando debilitarlo. Y de este modo, la tarde del 7 de marzo de 1867 Moondyne Joe volvió a fugarse a través de un agujero que había abierto en el muro. Esta vez estuvo huido durante casi dos años, evitando cometer robos para no dar indicios de su paradero a las autoridades, las cuales, además, tenían que lidiar con una epidemia de intentos de fuga, en buena parte debidos a presos inspirados por las historias de las fugas de Joe.

El 25 de febrero de 1869 Moondyne Joe entró a robar en la Bodega Houghton, una de las más antiguas de Australia. Desafortunadamente para él, un hombre se había ahogado en un río cercano y un grupo de policías había estado ayudando a recuperar su cuerpo. El dueño de la bodega los invitó luego a beber algo en su casa. Joe creyó que había sido descubierto, trató de huir y fue capturado. Le cayeron cuatro años más de prisión por el robo y otro por la fuga. Aún intentaría fugarse en otra ocasión, en febrero de 1871, intentando fabricar una copia de la llave de su celda en la carpintería de la cárcel. En abril de 1871 el supervisor de prisiones Henry Wakeford oyó del propio Moondyne Joe la promesa que le había hecho el gobernador Hampton. El superintendente Henry Lefroy confirmó la veracidad de la promesa, Wakeford informó al entonces gobernador, sir Frederick Weld, y éste estuvo de acuerdo en conceder el perdón a Joe, que fue puesto en libertad en mayo de 1871, tras casi diez años de encarcelamiento con breves periodos de libertad.

Sus restantes años de vida los pasó Moondyne Joe de forma relativamente tranquila, con algún que otro pequeño tropiezo con la ley pero sin volver a entrar en prisión. Fue carpintero, buscador de oro y explorador (descubrió, en 1881, la Cueva Moondyne, a ocho kilómetros al norte de la ciudad de Augusta). El 16 de enero de 1879 se casó en Fremantle con una joven viuda llamada Louisa Hearn (Joe ya pasaba de los cincuenta años, mientras que su esposa contaba 26).


El 26 de enero de 1900 las autoridades encontraron a Joe, ya un anciano de más de 70 años, vagando confuso por las calles de South Perth, aquejado de algún tipo de demencia senil. Por orden de un tribunal fue llevado a la clínica para inválidos Mount Eliza para ser atendido. Irónicamente, aquella clínica había sido tiempo atrás un centro de detención para presos y Joe se había escapado de allí en la década de 1860. Moondyne Joe se escapó tres veces de la clínica, seguramente a causa de su estado mental, antes de ser condenado a un mes de prisión por huir de la custodia legal, pero parece que no llegó a ser encarcelado y en su lugar fue trasladado al Asilo para Lunáticos de Fremantle, donde moriría el 13 de agosto de 1900. Fue enterrado en una tumba para indigentes del cementerio de Fremantle. En la actualidad, en su lápida hay grabados unos grilletes rotos y la palabra galesa "Rhyddid", que significa "libertad".