Verba volant, scripta manent

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Fotografías históricas (XV)


Un avión británico trata de desviar de su rumbo una bomba volante V-1 alemana.



En 1952, tras asistir a una entrega de premios vestida con un llamativo y escotado vestido de terciopelo rojo, Marilyn Monroe vio como una columnista de una revista femenina la tildaba de "vulgar" y "barata", sugiriendo que habría estado mejor vestida con un saco de patatas. La productora Twentieth Century Fox quiso aprovechar la repercusión del artículo y organizó una sesión de fotos para demostrar que Marilyn podía estar espectacular vistiendo incluso un saco de patatas.



En noviembre de 1942, un mercante británico fue torpedeado y hundido por un submarino alemán en aguas del Atlántico sur. El único superviviente de la tripulación fue un marinero chino llamado Poon Lim, que estuvo a la deriva en una balsa durante 133 días antes de ser rescatado cerca de la costa de Brasil, ya en abril de 1943.



La última división soviética en Afganistán abandona el país (1989).



Una violenta erupción volcánica da lugar al nacimiento de la isla de Surtsey, en el archipìélago islandés de Vestmannaeyjar (14 de noviembre de 1963).



Ed White, el primer astronauta norteamericano en llevar a cabo un paseo espacial (3 de junio de 1965).



Fotografía aérea de la ciudad de Edinburgo (c. 1920)



Prisioneros de guerra soviéticos festejan la liberación del campo de prisioneros de Eiselheide por las tropas del 9º Ejército de los EEUU (9 de abril de 1945).



El reverendo Carter, tras convertirse en el primer negro en registrarse como votante en todo el siglo XX en la parroquia de West Feliciana (Louisiana), a pesar de que dos tercios de sus habitantes eran negros, espera en su porche la llegada de miembros del Ku Klux Klan, que le han amenazado por ello (1963).



Eureka (Colorado), c. 1900



Derby (Irlanda del Norte), 30 de enero de 1972. Tropas británicas del 1º Batallón de Paracaidistas observan el discurrir de una manifestación pacífica de civiles católicos, contra la que dispararían momentos después, matando a 14 de ellos, en lo que sería conocido como el Domingo Sangriento.



Un ingenioso anuncio de Coca-Cola, conseguido esparciendo comida para las palomas en la veneciana Plaza de San Marcos (1960).



La catedral de Colonia, en pie en medio de la destrucción causada por los bombardeos aliados, pese a haber sufrido el impacto directo de catorce bombas (1944).



David Bowie a los 16 años, cuando todavía se hacía llamar David Jones y tocaba el saxofón en su primera banda, The Kon-rads (1963).



Dos soldados ayudan a un hombre brutalmente agredido durante los disturbios raciales de Detroit (21 de junio de 1943).



El primer cargamento de plátanos importados en Noruega (1905).



Salvador Dalí besa la mano de la actriz Raquel Welch tras pintar un retrato abstracto de ella (1965).



Animales utilizados como parte de la terapia médica para niños (1956).

lunes, 4 de noviembre de 2019

El código navajo



Cuando en diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos se vio arrastrado a la Segunda Guerra Mundial, su Alto Mando se dio cuenta de que, en determinados aspectos, su ejército se encontraba muy atrasado en comparación a los de otras potencias. Una de las áreas en las que esta desigualdad era más evidente era el cifrado de sus comunicaciones. El encargado del cifrado y descodificación de información era el Signal Intelligence Service (SIS), un departamento menor de la NSA fundado en 1930, y que, en aquel momento, contaba con un presupuesto irrisorio y solo cuatro empleados, tres matemáticos sin experiencia en criptología bajo el mando de William Friedman, genetista de formación y criptólogo autodidacta. Incluso la máquina encriptadora que utilizaban, la Herbern Rotor Machine, era un aparato obsoleto y con sensibles defectos, muy por debajo de otras como la Enigma alemana, la TypeX británica o la Purple japonesa. Y aunque el gobierno norteamericano se puso manos a la obra para subsanar estas deficiencias (al final de la guerra, el SIS contaba con más de 10000 empleados, buena parte de ellos mujeres expertas en criptología y matemáticas) en los primeros momentos de la guerra en el Pacífico esta desventaja se hizo notar: los japoneses disponían de un excelente equipo de operadores de radio bilingües, muchos de ellos educados en EEUU, que interceptaba y descifraba las comunicaciones del ejército norteamericano sin demasiada dificultad, llegando incluso a copiar sus códigos y enviar comunicaciones falsas a sus tropas.

Hebern Rotor Machine
Precisamente, a principios de 1942 Philip Johnston, un ingeniero civil residente en Los Ángeles, leyó un artículo en el periódico en el que se hablaba de la carencia de un código para las comunicaciones militares. Johnston, nacido en Topeka (Kansas) en 1892 y veterano de la Primera Guerra Mundial, era hijo de un misionero protestante que en 1896 había fundado una misión 12 millas al norte de Leupp (Arizona), en plena reserva de la tribu de los navajo. Había pasado la mayor parte de su infancia viviendo en esa reserva, y había aprendido a hablar con fluidez el idioma de la tribu. Leyendo aquel artículo, a Johnston se le ocurrió pensar que, además de él y un puñado más de personas, nadie fuera de la reserva sería capaz de entender el idioma navajo, y muy probablemente nadie fuera de EEUU sabría hablarlo. Por eso, pensó que el navajo podía muy bien ser la clave para el código que tanto buscaba el ejército. No era la primera persona a la que se le ocurría algo parecido: ya durante la Primera Guerra Mundial las Fuerzas Expedicionarias Norteamericanas desplegadas en Europa habían empleado a nativos americanos (fundamentalmente, choctaws originarios de Oklahoma y enrolados en los Regimientos 141, 142 y 143 de Infantería, aunque también algunos comanches) como operadores de comunicaciones, para evitar que los alemanes interceptaran sus mensajes. La idea tuvo un éxito total: los confusos alemanes jamás pudieron descifrar aquellos mensajes, y ni siquiera estaban seguros de que aquel galimatías fuera un idioma de verdad (llegaron a pensar que los americanos habían fabricado una máquina para hablar debajo del agua).

Philip Johnston (1892-1978)
De este modo, en febrero de ese año Johnston se presentó en Camp Elliot, cerca de San Diego, para entrevistarse con el teniente coronel James E. Jones, oficial de comunicaciones del cuerpo de Marines, y exponerle su idea. Sin embargo, Jones no mostró demasiado entusiasmo ante la idea. Creía que los códigos basados en lenguajes nativos eran demasiado vulnerables porque carecían de palabras para términos militares específicos, como armas o vehículos. Pero Johnston tenía bien desarrollada su idea. Explicó a Jones como el navajo era un idioma que no se parecía a ningún otro, de gramática compleja y sin registros escritos, que jamás había sido estudiado en profundidad ni se enseñaba en ninguna institución, y que solo unas pocas personas que no fueran de origen navajo (30 o 40) eran capaces de comprender, probablemente nadie fuera de EEUU. En cuanto a los términos ausentes en el idioma navajo, Johnston proponía sustituirlos por una o varias palabras ya existentes. De este modo, por ejemplo, "acorazado" pasaba a ser "lotso" (ballena), "bombardero" se diría "yeisho" (abejorro) y "artillería" se traducía como "be-al-doh-tso-lani" (muchas armas grandes).

Para probar la eficacia de su idea, Jhonston accedió a someterla a una prueba. Basándose en un diccionario elaborado por él, se escribió un mensaje de 20 palabras para ser descifrado. Una máquina codificadora tardó casi media hora; Johnston lo hizo en apenas 20 segundos. Impresionado, Jones le pidió una nueva demostración. Dos semanas después, de nuevo en Camp Elliot, cuatro navajos contratados por Johnston, que trabajaban en los astilleros del puerto de Los Ángeles, divididos en dos parejas, fueron capaces de codificar, enviar y descifrar un mensaje en apenas dos minutos y medio, mientras un equipo de marines especialistas en comunicaciones tardó varias horas. A la demostración asistió también el general de los Marines Clayton B. Vogel, el cual, impresionado, envió de inmediato sendas cartas al presidente Roosevelt y al comandante del cuerpo de Marines, el teniente general Thomas Holcomb, pidiendo el alistamiento de 200 indios navajos para ser entrenados como oficiales de comunicaciones y enviados al Pacífico lo antes posible. No obstante Holcomb, que no tenía demasiada fe en la idea, le autorizó únicamente a reclutar a una treintena, a modo de prueba.

Y así, en el mes de abril de 1942, varios reclutadores del ejército se presentaron en las reservas de los navajo buscando voluntarios para alistarse, aunque sin revelarles la verdadera naturaleza de su misión, diciendo solamente que servirían como "especialistas" en el frente. El 4 de mayo, 29 voluntarios se subían a un autobús en Fort Defiance (Arizona). Los más jóvenes tenían unos 15 años; el mayor, 36. Ni unos ni otro habrían podido alistarse, por estar fuera del rango de edad establecido, pero como la mayoría de los navajos carecían de partida de nacimiento y el ejército tenía prisa por comenzar su entrenamiento, todos fueron aceptados. Fueron primero llevados a Camp Elliot, donde se sometieron  al entrenamiento estándar de siete semanas que pasaban todos los reclutas del cuerpo de Marines, y luego fueron trasladados a Camp Pendleton, también cerca de San Diego, donde comenzó su entrenamiento como codificadores. A este primer grupo se unieron otros tres soldados navajos que ya se habían alistado previamente en los Marines.


La idea original de Johnston era que el navajo podía ser empleado de manera directa, sin necesidad de códigos. No obstante, el ejército prefirió, por precaución, desarrollar un código de comunicaciones por si eventualmente los japoneses lograban identificar el idioma como navajo. Cuando los japoneses supieron de qué idioma se trataba, lograron encontrar a alguien que lo hablaba: el sargento Joe Kieyoomia, un soldado navajo del 200º Regimiento de Infantería, capturado durante la invasión de Filipinas. Pero Kieyoomia, pese a ser torturado, no les pudo ayudar a descifrarlo: para él, como para cualquier hablante de navajo que desconociera el código, los mensajes de las tropas norteamericanas no eran más que un sinsentido de frases a medias, palabras inconexas y expresiones absurdas.

El código inicial constaba de 211 palabras, traducción de los términos más habituales en las conversaciones militares. Más tarde, por consejo de uno de los criptógrafos de Camp Elliot, el código se aumentó, creándose dos listas de palabras: una, el llamado Código Tipo I, constaba de 63 palabras para designar las 26 letras del alfabeto (cada letra tenía varias palabras para designarla, para evitar que los japoneses lo descifraran si había demasiadas repeticiones), que servía para deletrear nombres y lugares concretos; y el llamado Código Tipo II, 411 palabras cada una de las cuales hacía referencia a un término en concreto. Este "diccionario" se acabó de perfeccionar con la ayuda de aquellos primeros 29 reclutas navajos, y por motivos de seguridad nunca fue llevado al frente; los reclutas tuvieron que aprendérselo de memoria.

La primera promoción de codificadores navajos salida de Camp Pendleton
Una vez terminada su instrucción, 29 de aquellos primeros voluntarios fueron enviados al Pacífico, mientras que los otros tres permanecían en EEUU para reclutar nuevos voluntarios navajos y colaborar en su entrenamiento. El primer grupo de navajos llegó a Guadalcanal el 18 de septiembre de 1942, y el resto, el 4 de enero de 1943, y fueron repartidos entre distintas unidades de la 1ª y la 2ª Divisiones de Marines. Mientras, en EEUU, Johnston, que por su condición de civil no había podido tomar parte en el desarrollo del código, solicitó su readmisión en el ejército, con el rango de sargento, para participar en el programa como instructor.

Inicialmente, los operadores navajos no fueron demasiado bien recibidos por sus nuevos superiores, quienes eran bastante escépticos acerca de la utilidad del nuevo código. No obstante, no tardaron en darse cuenta de la eficacia de los nuevos reclutas, hasta el punto de que el general Alexander Vandegrift, comandante de la 1ª División de Marines, envió una carta al comandante de los Marines solicitando otros 83 operadores navajos de la siguiente promoción para disponer de ellos en su división. La siguiente promoción de codificadores navajos, graduada en agosto de 1943, constaba de 190 hombres (en total, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial 421 operadores navajos se graduaron en Camp Pendleton). Participaron en todas las grandes operaciones del Pacífico (Guadalcanal, Tarawa, Iwo Jima, Peleliu), y recibieron grandes elogios; el mayor Howard Connor, que los tuvo a sus órdenes en Iwo Jima (donde murieron dos navajos), llegó a decir que "si no fuera por los navajos, los Marines nunca habrían tomado Iwo Jima".

bandera de la nación navajo
Algunos de los comandantes bajo cuyas órdenes sirvieron los navajos les asignaron a cada uno de ellos un guardaespaldas para su protección. Se decía que sus órdenes eran impedir bajo cualquier circunstancia que el operador cayera en manos de los japoneses y que estos pudieran hacerse con el valioso código, llegando a su eliminación si era necesario, aunque en realidad, en la mayoría de los casos se trataba de una precaución para evitar incidentes por fuego amigo: por sus rasgos faciales, en ocasiones los navajos eran confundidos con japoneses por sus compañeros.

Los operadores navajos no fueron los únicos nativos americanos a los que el ejército norteamericano utilizó como operadores de radio durante la Segunda Guerra Mundial. Veintisiete indios meskwaki tuvieron esa misma función durante la campaña del Norte de África, y catorce comanches de la 4ª División de Infantería actuaron como operadores de radio durante el desembarco de Normandía y en posteriores acciones en suelo europeo.

Chester Nez (1921-2014)
Una vez terminada la guerra, el programa de los operadores navajos quedó clausurado. La mayoría de los operadores navajos se licenciaron y regresaron a sus hogares, aunque algunos prefirieron seguir en el ejército y participaron en las guerras de Corea y Vietnam (el último de ellos se licenció en 1972). No recibieron ningún tipo de reconocimiento oficial y su participación en la guerra cayó en el olvido durante años. Su labor empezó a conocerse a partir de 1968, cuando el gobierno norteamericano desclasificó la información relativa al programa, que hasta entonces había sido considerada secreta. En 1982 el presidente Ronald Reagan reconoció públicamente su labor y decretó el 14 de agosto como "Día de los Codificadores Navajos". En el año 2000 el presidente Clinton concedió la Medalla de Oro del Congreso a los primeros 29 voluntarios del programa, mientras que al año siguiente el presidente Bush condecoraba personalmente a los cuatro supervivientes (el último de ellos, Chester Nez, moriría en 2014). En la actualidad sobreviven cinco de los operadores navajos que tomaron parte en la guerra.

El presidente George W. Bush condecora a los codificadores navajos supervivientes (26 de julio de 2001)

domingo, 13 de octubre de 2019

Saber esto puede salvarte la vida

- Si vomitas y el vómito tiene el aspecto de posos de café, ve urgentemente a un hospital. Esos "posos" son en realidad sangre parcialmente digerida e indican que tienes una hemorragia interna y la sangre está llegando a tu estómago.

- Si estás teniendo un ataque al corazón y te dan una aspirina, no te la tragues. Mastícala primero y luego trágatela. De este modo el ácido acetilsalicílico llegará antes al torrente sanguíneo.

- Si estás en la playa y el océano retrocede de manera súbita, aléjate inmediatamente de la costa y busca terreno elevado. Es una señal de que se avecina un tsunami.

- El Rohipnol, la llamada "droga de las violaciones", tiene un sabor levemente amargo, mientras que el GHB es salado.

- Si has estado a punto de ahogarte, hasta el punto de vomitar agua o perder el conocimiento, ve de inmediato a un hospital aunque te sientas bien. Tus pulmones podrían estar llenándose de líquido aunque tu no te des cuenta, y podrías morir ahogado unas horas más tarde.

- Si estás en un lugar elevado y de repente oyes sonidos como de crujidos y notas que hay mucha electricidad estática en el ambiente (por ejemplo, tu cabello se eriza) sal de ahí inmediatamente, la caída de un rayo es inminente.

- Si buceas con escafandra y te entran ganas de vomitar, es preferible vomitar dentro del regulador que intentar quitártelo. El regulador puede procesar el vómito de la misma manera que procesa el aire expirado; si te lo quitas, corres el riesgo de tragar agua y ahogarte.

- Si te ves atrapado sobre una capa de hielo delgado, lo que debes hacer es echarte al suelo boca abajo y reptar lentamente volviendo por el mismo camino por el que llegaste, hasta alcanzar terreno sólido.

- Si te pierdes en un bosque, la mejor opción es quedarte donde estás. De ese modo evitarás aumentar el área de búsqueda por parte del equipo de rescate.

- Es preferible dormir con la puerta de tu habitación cerrada. En caso de incendio, si la puerta está cerrada puede proteger el interior del cuarto del efecto de las llamas.

- Nunca, bajo ninguna circunstancia, debes mezclar lejía y amoniaco. La combinación de ambos productos de limpieza genera cloramina, un gas altamente tóxico.

- Si el avión en el que viajas se estrella en el agua, no hinches tu chaleco salvavidas hasta después de salir del avión. Si lo hinchas antes, corres el peligro de quedar atrapado dentro del fuselaje, porque el agua que entre en el avión tenderá a empujarte contra el techo.

- Si tu automóvil derrapa, gira el volante en la misma dirección del derrape y no pises el freno.

- Si quedas atrapado en arenas movedizas, échate boca abajo. De este modo, tu peso quedará repartido en una mayor superficie y evitará que te hundas.

- Si te encuentras con un oso en el bosque, no intentes asustarlo, ni te hagas el muerto (los osos son carroñeros), ni intentes huir de él corriendo (son más rápidos que una persona). Si avanza hacia ti, retrocede lentamente. Si te persigue, muévete con rapidez alrededor de un objeto, como un árbol o un coche. Los osos no son buenos con esa clase de maniobras; tarde o temprano, se aburrirá y se marchará.

- Un olor similar al del pescado o la orina en tu casa, sin explicación aparente, puede deberse a un cortocircuito. Como medida de precaución es recomendable cortar la electricidad hasta estar seguro de su origen.

- Una de las maneras de saber si estás sufriendo un golpe de calor es comer algo dulce. Si el sabor te parece desagradable, es un golpe de calor.

- La regla del 3 describe la capacidad de supervivencia de una persona media en condiciones extremas: 3 minutos sin respirar, 3 horas a temperatura extrema, 3 días sin agua, 3 semanas sin comida.

- Por mucha sed que tengas, nunca jamás comas nieve, porque podrías sufrir hipotermia. Lo adecuado es encender un fuego para fundirla primero.

- Si has tenido un accidente de tráfico y necesitas romper una ventanilla para poder salir, lo mejor es golpearla con un objeto duro en los bordes (no en el centro). Habitualmente se recomienda desmontar uno de los reposacabezas de los asientos y golpearla con él.

- Los sistemas de olas cuadrangulares son hermosos, pero peligrosos; indican la presencia de fuertes corrientes.

miércoles, 9 de octubre de 2019

La entrepierna de Victor Noir

Yvan Salmon, "Victor Noir" (1848-1870)

Nacido en Attigny (en el norteño departamento de Vosgos) el 27 de julio de 1848, hijo de un zapatero judío convertido al catolicismo, Yvan Salmon sintió desde muy joven la vocación del periodismo. Por eso, apenas alcanzada la mayoría de edad, dejó su hogar y viajó a París, donde adoptó el pseudónimo de Victor Noir, tomando el apellido de soltera de su madre.

Por aquellos tiempos la política francesa se convulsionaba por los enfrentamientos entre los partidarios de la restauración de la República y los seguidores del emperador Napoleón III, a la sazón en el poder. Noir no tenía dudas acerca de sus inclinaciones políticas, y desde el principio se vinculó a cabeceras de marcado sesgo republicano. Y por eso, a finales de 1869, había entrado a formar parte de la plantilla del semanario La Marseillaise, propiedad de Henri Rochefort, un destacado político y periodista republicano, pese a su origen aristocrático (era marqués de Rochefort-Luçay) y editado por Paschal Grousset.

Pierre-Napoleón Bonaparte (1815-1881)
Los enfrentamientos que se vivían en la capital tenían su reflejo en las provincias. Así, en diciembre de 1869 se desató una acalorada disputa entre dos periódicos de la isla de Córcega (tierra natal del clan Bonaparte): por un lado el radical La Revanche, inspirado por la línea editorial de Grousset, y por otro el oficialista L'Avenir de la Corse, editado por un agente del Ministerio del Interior apellidado Della Rocca. La Revanche había publicado varios artículos atacando con furia a la familia Bonaparte, y L'Avenir había respondido publicando el 30 de diciembre una carta del príncipe Pierre Bonaparte (hijo de Luciano Bonaparte, sobrino por tanto de Napoleón I y primo del emperador) donde calificaba a la plantilla de La Revanche de cobardes y traidores. Cuando el contenido de esta carta se conoció en París, Grousset se lo tomó como algo personal y exigió una satisfacción a Pierre Bonaparte, el cual respondió con otra carta fechada el 9 de enero y dirigida no a Grousset, sino a Rochefort, defendiendo el honor de su familia y retando a Rochefort a resolver sus diferencias de otra manera: "Por eso os pregunto si vuestro tintero está asegurado por vuestro pecho... Yo vivo, no en un palacio, sino en el 59 de la rue Auteuil. Os prometo que si os presentáis vos mismo, no os dirán que me he ido".

Paschal Grousset decidió que sería él quien aceptase aquel desafío. Y, al día siguiente, envió a Noir y a otro amigo suyo, Ulric de Fonvielle, editor jefe del periódico La Ligne Directe de Dieppe, como sus padrinos, para fijar las condiciones del duelo con el príncipe. A diferencia de lo que era común, Noir y Fonvielle, en lugar de tratar los detalles del enfrentamiento con los padrinos de la otra parte, se dirigieron directamente a casa del Bonaparte con una carta de Grousset. Sin embargo, Pierre Bonaparte, altivo, se negó a aceptar el reto, afirmando que no tenía inconveniente en batirse con el aristócrata Rochefort, pero no con sus sirvientes ("ses manœuvres"). Esta respuesta desdeñosa enfureció a Noir, quien replicó al príncipe. La discusión terminó bruscamente cuando Pierre Bonaparte sacó un revolver y disparó contra Noir, quien cayó muerto al suelo. Tenía 21 años.


Ante el tribuna, Pierre Bonaparte afirmó que Noir le había golpeado y él le había disparado en defensa propia. En cambio, Fonvielle declaró justo lo contrario: según él, había sido el príncipe el que había abofeteado a Noir antes de dispararle. El tribunal prefirió creer la versión de Bonaparte, y lo consideró un caso de defensa propia (el fiscal de aquel caso, Théodore Grandperret, era un notorio bonapartista). Fonvielle, furioso por la decisión, se encaró con Pierre Bonaparte tras el juicio llamándolo asesino y cobarde, lo que le costó pasar diez días en prisión acusado de desacato.

El entierro de Victor Noir, celebrado el 12 de enero, se convirtió en una muestra de dolor e indignación popular. Una comitiva de más de 100000 personas (entre ellas muchos destacados líderes republicanos), liderada por el activista Auguste Blanqui, acompañó los restos de Noir hasta el cementerio de Neuilly. La asistencia al funeral fue para muchos republicanos un deber cívico; de hecho, años más tarde, el líder republicano Sadi Carnot (presidente de la Tercera República entre 1887 y 1894) señalaba a menudo la asistencia al funeral como un mérito a la hora de dar su visto bueno a los candidatos electorales ("Il a été au convoi de Victor Noir", "Él estaba en el cortejo de Victor Noir").


La derrota francesa en la guerra franco-prusiana (1870-71) provocó la caída del régimen imperial y el exilio de Napoleón III a Inglaterra. Llegó así la proclamación de la Tercera República Francesa y, unos años más tarde, las autoridades decidieron llevar a cabo un merecido homenaje al que era considerado como uno de sus mártires. En 1889 los restos de Victor Noir fueron trasladados del cementerio de Neuilly al de Père-Lachaise, y sepultados allí bajo una estatua de bronce, obra del escultor Jules Dalou, que representa al propio Noir muerto en posición yacente, con su sombrero caído a su lado. Es precisamente esta estatua y el rito que ha inspirado la que ha dado popularidad a la figura de Victor Noir mucho después de su muerte.


Una de las peculiaridades de la estatua de Dalou es su abultada entrepierna. Sea un detalle premeditado o accidental, lo cierto es que la voluminosa prominencia de la estatua hizo que desde mediados del siglo pasado algunas visitantes del cementerio frotasen dicha parte de su anatomía, con la intención de atraer suerte en el terreno amatorio. Aquella costumbre evolucionó con los años dando lugar a un elaborado ritual, consistente en que la mujer que busque la fortuna otorgada por la estatua debe colocar una flor en el sombrero de Noir, besar sus labios y frotar su entrepierna. De esta manera logrará, dependiendo de la versión del mito, aumentar su fertilidad, conseguir una vida sexual plena, o incluso encontrar marido en menos de un año. Una de las consecuencias más visibles de esta costumbre es que las partes de la estatua implicadas en el ritual presentan un acusado desgaste.


En el año 2004 se levantó una valla alrededor de la estatua para impedir que la gente siguiera tocando la estatua, pero fue retirada al poco debida a unas supuestas quejas masivas de la "población femenina de Paris", lideradas en realidad por una popular presentadora de la televisión francesa.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Curiosidades (con fotografías)


La llamada "Bridge House" ("La Casa del Puente") de Ambleside (Inglaterra) fue construida en el siglo XVII sobre un puente por una familia apellidada Braithwaite para, al parecer, evitar así tener que pagar impuestos a la municipalidad.


El "Bialbero di Casorzo", cerca de Casorzo (Piamonte), es un cerezo que crece sobre una morera.


A finales de la década de 1990, la ciudad australiana de Brisbane sufrió una gran inundación. Varios tiburones lamia (Carcharhinus leucas) fueron a parar a un lago del Club de Golf Carbrook, donde aún hoy en día permanecen.


Durante las Olimpiadas de 1928 celebradas en Amsterdam, el remero australiano Bobby Pearce se detuvo durante una de las pruebas clasificatorias para la modalidad de remo individual, celebradas en el canal de Sloten, para dejar pasar a una familia de patos que cruzaba en ese momento el canal. A pesar del tiempo que perdió con ese gesto, Pearce acabó ganando la medalla de oro.


La primera webcam de la historia fue creada en 1991 por dos investigadores del Laboratorio de Informática de la Universidad de Cambridge, y su función era vigilar la cafetera de la sala de descanso, para evitar perder el tiempo yendo a por café cuando estaba vacía.


Las placas de matrícula de la región canadiense de los Territorios del Noroeste (y del territorio de Nunavut hasta 2012) tienen forma de oso.


La ruta aérea comercial más corta del mundo comunica las islas de Westray y Papa Westray, en el archipiélago de las Orcadas (Escocia), con un recorrido de apenas 2'8 kilómetros.


El SS Ayrfield, un buque abandonado desde los años 70 en la bahía de Homebush Bay (Sydney, Australia), que con el paso del tiempo se ha convertido en un bosque flotante.


El 10 de enero de 1992 el buque Ever Laurel perdió varios contenedores en el Pacífico Norte a causa de una tormenta. En los contenedores había miles de juguetes infantiles, principalmente patos de goma. En los años siguientes, estos patos fueron apareciendo en lugares tan distantes como Alaska, Australia, Indonesia, Sudamérica, Groenlandia e incluso las Islas Británicas, y el estudio de sus desplazamientos ha proporcionado a los oceanógrafos una valiosísima información sobre las corrientes marítimas.


Hanako, una carpa koi hembra, nació en 1751 y, tras pertenecer a sucesivas generaciones de la familia Koshihara, falleció en 1977 cuando contaba 226 años de edad.


Un hombre de Michigan llamado Steve Flaig, que había sido dado en adopción al poco de nacer, se pasó cuatro años buscando a su madre biológica. Cuando la encontró, descubrió que trabajaba en la misma tienda que él.


Una de las victorias más insólitas de la historia de los Juegos Olímpicos tuvo lugar en las Olimpiadas de Invierno de Salt Lake City en 2002. El patinador australiano Steven Bradbury logró el oro en la prueba de los 1000 metros. En las eliminatorias de cuartos de final, Bradbury se clasificó porque uno de los corredores que había quedado por delante de él fue descalificado por una maniobra antirreglamentaria. En las semifinales, Bradbury iba el último, pero logró clasificarse para la final porque todos los patinadores que iban por delante de él se cayeron. Y en la final, increíblemente, volvió a suceder lo mismo: iba el último y los demás corredores se cayeron en la última curva, permitiéndole llegar el primero.

lunes, 23 de septiembre de 2019

El milagro de Empel

"La batalla de Empel" (Augusto Ferrer-Dalmau)

Corría el año de 1585 y la rebelión de las Diecisiete Provincias de los Países Bajos contra su soberano, el rey español Felipe II, duraba ya casi veinte años. Tras la captura el 15 de agosto de la ciudad de Amberes, largo tiempo sitiada, el Capitán General del Ejército de Flandes, don Alejandro Farnesio, decide enviar ayuda a las islas de Gelanda y Holanda, de población mayoritariamente católica y leal a la corona española, que llevaban tiempo pidiendo ayuda frente a los rebeldes, mayoritariamente protestantes. Farnesio envió en su auxilio a un ejército al mando del conde Carlos de Mansfeld, reforzado por el llamado Tercio Viejo de Zamora o Tercio de Bobadilla (así llamado por estar bajo el mando del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla).

Las tropas españolas llegaron a orillas del rio Mosa, donde Mansfeld ordenó al Tercio ocupar la isla de Bommel, en la confluencia del Mosa y el Waal, mientras él se acantonaba con sus hombres en Harpen, a unos 25 kilómetros de allí. Bobadilla y los suyos (unos 5000 hombres) ocuparon Bommel el 2 de diciembre de 1585. Se suponía que en la isla habría víveres suficientes para los españoles, pero sus habitantes la habían abandonado tiempo atrás, llevándose todo el alimento y el ganado, dejando a los soldados con problemas para abastecerse.

Bommel no era una posición estratégica, pero los holandeses no querían dejar escapar la ocasión de conseguir lo que ellos creían una victoria sencilla frente a un ejército español. Así, organizaron a toda prisa una flota bajo el mando del almirante Felipe de Hohenlohe-Neuenstein que bloqueó la isla. El comandante holandés, deseoso de evitar un derramamiento de sangre innecesario, propuso a los españoles una rendición honorable, pero estos respondieron "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos". Felipe, disgustado con la respuesta, recurrió a una táctica ya usada en otras ocasiones por los holandeses: hizo abrir los diques del Mosa, provocando la subida del nivel del agua. Muy pronto, la mayor parte de la isla estaba cubierta por las aguas, excepto un pequeño monte o elevación llamado Empel, donde los españoles se atrincheraron.

Francisco Arias de Bobadilla, conde de Puñonrostro (1541-1610)
Tras varios días atrapados, la situación de los soldados del Tercio era desesperada. Sin víveres ni ropa de abrigo, sin posibilidad de huida, Mansfeld había fracasado también a la hora de prestarles ayuda. El 7 de diciembre uno de aquellos soldados, cavando una trinchera, tropezó con un objeto de madera enterrado, que resultó ser una imagen de la Inmaculada Concepción, pintada al estilo flamenco. Bobadilla, enterado del hallazgo, quiso aprovecharlo para elevar la decaída moral de la tropa, la colocó sobre un altar improvisado e hizo a sus soldados rezar una Salve en su honor. Acto seguido, reunido con sus oficiales, decidió un último ataque a la desesperada contra la flota holandesa: quemar sus banderas, inutilizar su artillería y tratar de asaltar los barcos enemigos a bordo de pequeñas barcas. Un plan prácticamente suicida, pero la única alternativa posible a una lenta muerte por hambre y frío. El comandante holandés volvió a proponerles la rendición, que fue de nuevo rechazada.

Esa noche del 7 al 8 de diciembre se desató sobre el Mosa un inusual viento helado del nordeste. La temperatura descendió tan bruscamente que la superficie del río se heló, alcanzando el hielo en algunos puntos hasta un metro de espesor. Bobadilla, al verlo, de inmediato ordenó a sus soldados marchar sobre el hielo para atacar a los barcos holandeses. Y ahora imaginaos a aquellos hombres, hambrientos, sucios, ateridos de frío, pero convencidos de tener el favor divino de su lado, y sobre todo cabreados, tan cabreados como solo un español puede estarlo, y deseosos de desquitarse de todas las penurias sufridas con el primer holandés que se pusiera a su alcance, cargando sobre el hielo como espectros contra sus sorprendidos enemigos. La resistencia que intentaron oponer los holandeses fue inútil. Muy pronto, varios de los barcos de la flota estaban en llamas, mientras el almirante Hohenlohe trataba de guiar a los demás barcos hacia aguas libres, lo que aprovechó Bobadilla para bombardearlos con toda la artillería que les quedaba. Finalmente, los holandeses se vieron obligados a huir dejando atrás la mayoría de la flota, que acabó siendo pasto de las llamas, mientras que los españoles apenas tuvieron bajas. El propio almirante llegó a decir que "Tal parece que Dios es español al obrar tan gran milagro".

Al día siguiente, los españoles completaban su trabajo tomando varias pequeñas fortificaciones construidas por los holandeses en la orilla del Mosa, sin apenas resistencia, ya que la mayor parte de los defensores huyó al verlos aproximarse. Los agotados soldados españoles fueron acogidos por la ciudad de Bolduque, donde fueron curados y alimentados, aunque muchos murieron de enfermedad y otros perdieron miembros por las congelaciones. Después de lo que de en adelante sería conocido como "el milagro de Empel" la Inmaculada Concepción fue proclamada partona de los tercios, y en 1892 la reina María Cristina de Habsburgo la proclamó patrona de la infantería española.

martes, 10 de septiembre de 2019

El hundimiento del Valbanera

El Valbanera

Esta noche del 9 al 10 de septiembre de 2019, se cumplen cien años de la que está considerada la mayor tragedia de la marina civil española: el hundimiento en las costas de Florida del vapor Valbanera, con casi 500 personas a bordo.

Construido en los astilleros Charles Connell & Co. Ltd. de Glasgow en 1906 y entregado en noviembre de ese año a la naviera gaditana Pinillos, Izquierdo y Compañía, el Valbanera recibió ese nombre en honor a la Virgen de la Valvanera, patrona de La Rioja, aunque en algún momento alguien cometió un error ortográfico cambiando una v por una b. El Valbanera tenía 121'9 metros de eslora, 14'6 de manga y 6'5 de calado, y poseía dos motores Dunsmuir & Jackson de propulsión alternativa de triple expansión, de 444 caballos y que le permitían alcanzar una velocidad de 12 nudos.


El Valbanera era un buque mixto de carga y pasajeros destinado principalmente al transporte de emigrantes. Así, de las cuatro clases con las que contaba (Primera, Segunda, Tercera y Emigrante) era la última y más económica la que constituía la mayor parte de los 1200 pasajeros que podía transportar. Los precios del pasaje iban de las 1250 pesetas que pagaban los pasajeros de Primera a las 75 que costaban los billetes más económicos, cuyos poseedores no viajaban en camarotes, sino en literas en los entrepuentes de las bodegas. El buque fue asignado a la ruta que conectaba los puertos mediterráneos y canarios con EEUU y el Caribe, aunque durante la Primera Guerra Mundial estuvo adscrito a la ruta de América Central y ocasionalmente también visitó puertos de Brasil y Argentina.

El Valbanera fue protagonista de una gran polémica solo unos meses antes de su hundimiento. En julio de 1919, el buque partió de La Habana con más de 1600 pasajeros, en su mayor parte emigrantes que regresaban a sus lugares de origen, una cantidad que excedía notablemente la capacidad del barco. Cientos de pasajeros se vieron obligados a viajar hacinados en cubierta, soportando adversas condiciones metereológicas. Muchos de ellos enfermaron de gripe (la epidemia de gripe española se encontraba en su apogeo en todo el mundo) e incluso una treintena de ellos fallecieron, siendo sus cuerpos sepultados en el mar. A su llegada a Las Palmas, el 16 de julio, se desató una oleada de indignación popular, y la prensa local pidió insistentemente el procesamiento del capitán y el médico del barco, así como sanciones a la compañía. El capitán fue destituido de su puesto (según algunas fuentes, como chivo expiatorio, y según otras, porque iba a denunciar a la naviera) y sustituido por el capitán Ramón Martín Cordero, un joven pero experto capitán de 34 años con experiencia al mando de otros buques de la naviera Pinillos como el Conde Wilfredo o el Balmes.

El capitán Ramón Martín Cordero (1885-1919) 

El 10 de agosto de 1919 el Valbanera partía del puerto de Barcelona para el que habría de ser su último viaje, sin embarcar pasajeros pero si carga, varias balas de tejidos. El 13 zarpó de Málaga habiendo embarcado 34 pasajeros y varias partidas de vinos, aceitunas y frutos secos. Al día siguiente embarcó a otras 521 personas en el puerto de Cádiz, para a continuación poner rumbo a las Canarias. Otros 259 pasajeros embarcaron en Las Palmas el 17 de agosto, 212 en Tenerife el 18 y 106 más el 21 en La Palma. Cuando partió de las islas rumbo a San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, La Habana, Nueva Orleans y Galveston, iban a bordo 1142 pasajeros y 88 tripulantes. Al salir del puerto de La Palma, se dijo que había perdido el ancla de estribor, lo que muchos marineros consideraban un mal augurio.

Tras una travesía sin incidentes (aunque algunos pasajeros hablaron luego de que el Valbanera presentaba cierta escora a estribor durante todo el viaje) y hacer escala en San Juan de Puerto Rico, el buque llegó a Santiago de Cuba el 5 de septiembre. Allí se produjo uno de los sucesos extraños de aquel viaje; pese a que la mayoría de los pasajeros tenían billete hasta La Habana, 842 decidieron desembarcar en Santiago. Se han propuesto varias teorías: que muchos de ellos habían sabido que sus lugares de destino estaban más cerca de Santiago que de La Habana, que el billete para La Habana era más barato y por eso muchos lo compraron pese a tener como destino Santiago, o sencillamente porque no tenían confianza en el barco y preferían desembarcar lo antes posible. El Valbanera partió de Santiago rumbo a La Habana el 7 de septiembre, con 488 personas a bordo, mientras en el Golfo se gestaba un violento huracán que tenía su origen en las Antillas Menores.


¿Sabía el capitán Cordero que se avecinaba un temporal de esa magnitud?. No se sabe con certeza. Unos dicen que no (en aquellos tiempos, los sistemas de predicción meteorológica eran bastante limitados) y otros que si lo sabía, pero confiaba en llegar a La Habana antes de que la tempestad los alcanzara. Sin embargo, el 9 de septiembre el huracán golpeaba la costa cubana con toda su intensidad. Esa noche los vigías del Castillo del Morro, a la entrada del puerto de La Habana, vieron las luces de un barco que mediante el alfabeto morse solicitaba la asistencia del práctico, unas luces que también fueron vistas desde la cubierta del Montevideo, otro buque anclado en el puerto. Los vigías del Morro respondieron advirtiendo al barco (que se supone era el Valbanera) que el puerto estaba cerrado y las condiciones no permitían la salida del práctico, a lo que el barco respondió diciendo que se dirigiría a alta mar para capear allí el temporal. Y es lo último que se supo de él.

Aquel huracán, el único de aquel año, se conoce como "el huracán de los Cayos de Florida de 1919". Tras pasar por las costas de las Bahamas y Cuba, tocó tierra el día 10 en Florida, aunque sus efectos alcanzaron también a Louisiana y Texas. Cerca de 800 personas murieron, y aún hoy en día sigue siendo el noveno huracán con más víctimas de los sufridos por los EEUU.


Una vez pasado el temporal, y ante la falta de noticias del Valbanera, las autoridades iniciaron una gran operación de búsqueda, movilizando a varios buques de la Armada cubana y contando con la ayuda de los efectivos de la base naval norteamericana de Cayo Hueso. No fue hasta el día 19 en el que el buque caza-submarinos USS C203 de la marina norteamericana observó algo extraño sobresaliendo de las aguas en las cercanías de un banco de coral llamado Half Moon Shoal, a 45 millas al oeste de Cayo Hueso. Al acercarse para investigar, descubrieron que era el Valbanera, que se había hundido en un bajo arenoso, volcado sobre su costado de estribor, en una zona en la que apenas había 12 metros de profundidad, por lo que el mástil de proa y los pescantes de babor sobresalían de la superficie del agua. Debió de haberse hundido con gran rapidez, ya que los botes salvavidas permanecían en sus lugares sin que aparentemente nadie hubiera intentado botarlos. Por su orientación, se supone que trataba de regresar hacia las costas de Cuba cuando había encallado en el bajo arenoso, seguramente porque no lo vio debido al estado del mar, y el embate de las olas había acabado por sumergirlo. No hubo ninguna transmisión pidiendo ayuda, por lo que se cree que la tempestad había arrancado la antena del telégrafo. No hubo supervivientes ni se pudo rescatar ningún cadáver.

Al saberse del hundimiento del buque, los pasajeros que habían desembarcado en Santiago se apresuraron a escribir a sus familias para hacerles saber que estaban bien. No obstante, la incomprensible decisión de las autoridades cubanas de no hacer pública la lista de pasajeros desembarcados hizo que muchas familias vivieran en la incertidumbre durante meses sin saber si sus parientes se habían salvado o no. La naviera Pinillos trató de encontrar alguna empresa de salvamento que pudiera reflotar el vapor, o al menos rescatar los cadáveres que pudiera haber en su interior, sin éxito. Desde entonces, el pecio del Valbanera permanece en el mismo lugar. En abril de 1924 una tempestad destruyó los restos emergidos del buque. Algunos de los restos del barco fueron rescatados a lo largo de las décadas. Así, en 1942 la marina norteamericana rescató algunas de las planchas del costado de babor para emplearlas en el blindaje de sus navíos. En 1963 un chatarrero local logró recuperar la hélice de babor. De la misma manera, el experto en naufragios Fernando José García Echegoyen ha dirigido entre 1992 y 1996 tres expediciones para filmar los restos del Valbanera y rescatar algunos objetos del pecio.


El hundimiento del Valbanera, unido al del Príncipe de Asturias tres años antes en las costas brasileñas (al que el Valbanera arrebató el dudoso honor de ser la peor tragedia de la historia de la marina civil española) supuso también en la práctica el final de la naviera Pinillos. Solo dos años después, en 1921, la compañía pasó a estar controlada por la Compañía Transoceánica de Barcelona. En 1923 Miguel Martínez de Pinillos, nieto del fundador, crearía una nueva naviera, a la que llamó Líneas Pinillos, pero que ya no se dedicaría a las rutas transatlánticas, sino que se centraría en conectar la Península Ibérica y las islas Canarias.

El pecio del Valbanera es bien conocido por los pescadores de la zona de los Cayos, que lo llaman "The Ghostship of the Quicksands" ("El barco fantasma de las arenas movedizas") o, de manera mucho menos afortunada, "The Wreck of the Whores", "El pecio de las putas", en referencia a una leyenda que dice que al Valbanera no se le permitió entrar en el puerto de La Habana por llevar a bordo a un grupo de prostitutas destinadas a los burdeles de la capital cubana. Ernest Hemmingway, que solía pescar en las proximidades del pecio, escribió un relato corto titulado "After the Storm" ("Después de la tormenta"), publicado en 1933 e inspirado en el naufragio del Valbanera.