Verba volant, scripta manent
Mostrando entradas con la etiqueta Crimen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crimen. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de junio de 2025

El caso de los hermanos Stratton

Alfred Edward Stratton (1882-1905) y Albert Ernest Stratton (1884-1905)

La mañana del lunes 27 de marzo de 1905 un joven de 16 años llamado William Jones llegó a su lugar de trabajo, una tienda llamada Chapman's Oil and Colour Shop, en el número 34 de la calle Deptford High, en el distrito londinense de Lewisham. Para su sorpresa, pese a ser ya las ocho y media de la mañana, la tienda permanecía cerrada, algo muy inusual, ya que su propietario, Thomas Farrow, de 71 años, que vivía con su esposa Ann, de 65, en el apartamento que había sobre la tienda, nunca abría su negocio a una hora tan tardía. William llamó repetidas veces, pero nadie le respondió, así que se asomó a una de las ventanas. Y lo que vio le alarmó: la habitación desordenada y varias sillas tiradas en el suelo.

El joven Jones corrió a buscar ayuda y encontró a Louis Kidman, otro empleado que se dirigía a su trabajo. Entre los dos consiguieron forzar la puerta de la tienda y encontraron el cuerpo del señor Farrow en un charco de sangre, con señales de haber recibido una brutal paliza. Su esposa Ann estaba todavía en su cama, inconsciente y también brutalmente apaleada. De inmediato se avisó a la policía y a un médico y la señora Farrow fue llevada a un hospital.

Un primer examen del escenario determinó el robo como causa más probable del crimen. Como Jones contó a los agentes, el señor Farrow tenía por costumbre llevar cada lunes al banco la recaudación de la semana anterior (que se calculó en unas trece libras de la época) y una caja de caudales vacía se encontró tirada en el suelo. Dado que la puerta no había sido forzada y que los Farrow iban vestidos con sus ropas de dormir, se supuso que los autores habían conseguido que el señor Farrow les abriera la puerta con algún engaño, tras lo cual lo habían golpeado brutalmente y subido al dormitorio, donde atacaron a su esposa y se hicieron con el dinero. Las manchas de sangre sugerían que el señor Farrow había recuperado la consciencia y había tratado de impedir su fuga, siendo entonces golpeado de nuevo hasta la muerte. Una palangana llena de agua sanguinolenta indicaba que los asesinos se habían lavado las manos antes de huir. El hallazgo de dos máscaras abandonadas, fabricadas con sendas medias, apuntaba a que habían sido dos los asaltantes.

Ante la gravedad del caso se hicieron cargo de la investigación el inspector jefe Frederick Fox y Melville Macnaghten, jefe del Departamento de Investigación Criminal y Comisionado Asistente de la policía de Londres, y conocido por su intervención un par de décadas antes en la investigación de los crímenes de Jack el Destripador. Fue precisamente Macnaghten quien, revisando el escenario del crimen, se fijó en que en de la caja de caudales vacía había una mancha grasienta que resultó ser una huella dactilar. Con sumo cuidado, envolvió la caja en su propio pañuelo y la llevó a la Oficina de Huellas Dactilares de Scotland Yard.

Charles Stockley Collins

En aquellos días el uso de huellas dactilares era todavía una técnica reciente y que generaba dudas a muchos. La propia Oficina había sido fundada hacía menos de cuatro años (precisamente Macnaghten había sido uno de sus más entusiastas apoyos) y, aunque había logrado algunos éxitos, como la condena por robo de Harry Jackson (la primera condena en el Reino Unido conseguida con las huellas dactilares como evidencia) y la identificación de varios fugitivos que se ocultaban bajo identidades falsas, nunca había tomado parte en un caso de asesinato. Por aquel entonces estaba dirigida por el inspector Charles Stockley Collins, considerado el mayor experto en huellas dactilares del país, quien examinó en persona la huella del caso Farrow. Collins concluyó que se trataba de la huella de un pulgar, probablemente de la mano derecha, y tras estudiarla descartó que perteneciera a los Farrow o al sargento Harry Atkinson (que había admitido haber tocado la caja con las manos desnudas durante la investigación). Tampoco coincidía con ninguna de las entre 80 y 90000 huellas dactilares que la Oficina tenía ya en sus archivos, así que iban a necesitar un sospechoso para compararlas. Esperaban que la señora Farrow pudiera darles algún indicio sobre los culpables, pero lamentablemente falleció en el hospital el 31 de marzo, sin haber recuperado la consciencia.

La policía interrogó a numerosos testigos; Deptford High era una calle muy transitada, incluso a hora muy temprana. Varias personas afirmaron haber visto a dos hombres salir de la tienda sobre las siete y media de la mañana; uno iba vestido con un traje marrón oscuro y una gorra, el otro con un traje azul marino y un bombín. Dos de los testigos habían reconocido a uno de aquellos hombres como Alfred Stratton, un viejo conocido de las autoridades policiales. Aunque nunca había sido arrestado, Stratton era un personaje habitual del submundo criminal de Londres. También tenía un hermano, Albert, de similares antecedentes y cuya descripción coincidía con la del otro sujeto. La novia de Alfred, Annie Cromarty, fue interrogada, y admitió que Alfred se había ausentado aquella madrugada y que al regresar se deshizo de la ropa que llevaba puesta; llevaba, además, una importante cantidad de dinero cuyo origen no quiso confesar a Annie. La policía, gracias a las indicaciones de Annie, encontraría más tarde la cantidad de cuatro libras, enterradas junto a una fuente cerca de su casa.

Con estos indicios se extendió una orden de arresto para los dos hermanos, que fueron detenidos el 2 de abril. Se les tomaron las huellas dactilares y Collins, tras examinarlas, concluyó que la huella de la caja de caudales coincidía exactamente con la huella del pulgar derecho de Alfred Stratton. Los dos hermanos fueron acusados oficialmente de asesinato y su juicio comenzó el 5 de mayo en el tribunal del Old Bailey.

Sir Melville Leslie Macnaghten (1853-1921)

El juicio iba a suponer un punto de inflexión para el uso de las huellas dactilares como prueba en casos criminales. Macnaghten, Collins y el fiscal Robert Muir sabían que siendo la huella de Alfred Stratton la principal prueba de cargo contra los hermanos, todo el caso iba a depender de si el jurado la aceptaba como una evidencia fiable o no. Por eso Muir quiso plantear un caso sólido alrededor de la huella. Llamó al estrado a numerosos testigos que habían visto a los dos hermanos en la zona aquella madrugada; dos de ellos, un boxeador llamado Henry Littlefield y una joven local llamada Ellen Stanton, identificaron a Alfred Stratton fuera de toda duda. El patólogo que había examinado los cadáveres de los Farrow testificó que las heridas de ambos eran compatibles con las que habrían causado varias herramientas que la policía había incautado a los Stratton. Annie Cromarty repitió su testimonio, añadiendo que Alfred le había pedido unos días antes del crimen un par de sus medias, y que le había dicho que, en caso de que alguien le preguntase, dijera que la noche del crimen la había pasado con ella. Por su parte Kate Wade, la novia de Albert, reconoció que este no había estado con ella la noche del crimen, algo poco habitual.

La defensa había previsto esta estrategia, y tenía preparada una explicación alternativa, que el propio Alfred Stratton explicó desde el estrado. Según él, la madrugada del día 27 su hermano Albert había acudido a su casa a pedirle dinero para alojarse en una pensión. Alfred había ido a ver si tenía, pero cuando regresó Albert ya se había ido. Alfred fue en su busca y lo encontró a cierta distancia, en Regent Street, diciéndole que no tenía dinero pero podía quedarse en su casa; había sido entonces cuando los testigos los habían visto juntos, no en Deptford High, como habían dicho. Ambos habían regresado a casa de Alfred, donde habían permanecido hasta las nueve de la mañana. Además, afirmó que el dinero que había escondido junto a la fuente lo había ganado en un combate de boxeo varias semanas antes del crimen. Para contrarrestar esta versión, el fiscal Muir llamó a declarar a William Gittings, un empleado de la cárcel en la que los Stratton habían estado recluidos en espera de su juicio. Según Gittings, Albert Stratton le había dicho en una conversación que creía que a su hermano iban a ahorcarlo y que a él le caerían diez años de cárcel. "Él me ha metido en esto", había dicho a Gittings, declaración que Muir interpretó como una confesión.

Y llegó el momento fundamental del juicio: el momento en el que fiscalía y defensa debían de tratar de convencer al jurado de la fiabilidad o no de la identificación mediante las huellas dactilares. La fiscalía llamó a Collins a declarar. Collins hizo un pormenorizado relato de como era el proceso de toma y comparación de huellas dactilares; mostró al jurado la caja de caudales, les mostró como la huella coincidía exactamente con la de Alfred Stratton, y con ninguna otra de las miles que Scotland Yard tenía en sus archivos, y respondió con claridad y seguridad a todas las preguntas que le hicieron. A continuación, la defensa llamó a declarar al doctor John Garson. Garson era un eminente doctor y antropólogo, que había sido incluso profesor del propio Collins; estaba claro que la estrategia de la defensa era desacreditar a Collins oponiéndole a otro experto de mayor prestigio. Como era de esperar, Garson trató de negar la validez de las conclusiones de Collins, mostrándose más que escéptico acerca del valor de la huella como prueba de cargo. 

La caja de caudales de Thomas Farrow, con la huella dactilar de Alfred Stratton 

Sin embargo, la fiscalía también había preparado su contraataque. A preguntas del fiscal, Garson tuvo que admitir que no era un experto en huellas dactilares; al contrario, siempre se había mostrado contrario a su uso. Había declarado en su contra en el Comité Belper, celebrado en diciembre de 1900, y que había recomendado que a partir de entonces los registros criminales del Reino Unido incluyesen las huellas dactilares, y era un encendido defensor de la antropometría (la medición de las partes y proporciones del cuerpo humano) como sistema de identificación. Como golpe de gracia, Muir mostró al tribunal dos cartas escritas por Garson en similares términos, una enviada a la fiscalía y otra a la defensa, ofreciéndose a declarar en el juicio a favor de cualquiera de las dos partes que le pagara más. Cuando Muir le preguntó cómo justificaba haber escrito tales cartas, Garson se limitó a decir que él era "un testigo independiente", pero su credibilidad había quedado en entredicho y el propio juez Channell, que presidía el tribunal, llegó a comentar que aquellas dos cartas convertían a Garson en un testigo "absolutamente indigno de confianza".

Ambas partes terminaron el juicio con sus alegatos, pero la decisión del jurado estaba más que cantada. Tras menos de dos horas de deliberación declararon a los hermanos Stratton culpables de asesinato, y el 6 de mayo ambos fueron condenados a la pena capital, sentencia que se cumplió por ahorcamiento a las nueve de la mañana del 23 de ese mismo mes en la prisión londinense de Wandsworth.

El caso de los hermanos Stratton (también conocido como el caso de los crímenes Farrow, el caso de los crímenes de Deptford o el caso de los asesinos enmascarados) figura de manera destacada en la historia de la Criminología moderna. Fue el primer caso de asesinato en el Reino Unido que terminó en una condena gracias a las huellas dactilares. El caso sentó un precedente, demostrando la validez de aquella técnica que hasta entonces había estado en entredicho, y que se acabaría convirtiendo en una herramienta básica de la ciencia forense y de la investigación criminal.

domingo, 18 de mayo de 2025

Baldomera Larra, la inventora de la estafa piramidal

Baldomera Larra Wetoret (1833-1915)

Baldomera Larra Wetoret vino al mundo en Madrid en 1833, siendo la menor de los tres hijos nacidos del infortunado matrimonio entre el escritor y periodista Mariano José de Larra y la joven Josefa Wetoret Velasco. Baldomera nació varios meses después de la separación de sus padres, y tenía cuatro años cuando su padre se suicidó de un disparo a causa de un desengaño amoroso. De los tres hijos, el mayor, Luis Mario, fue un célebre dramaturgo y libretista de zarzuelas, autor de los libretos de algunas de las obras más conocidas del género, como El barberillo de Lavapiés. La mediana, Adela, apodada La dama de las patillas por su extravagante peinado, se casó con un político de buena familia al que destinaron a La Habana, aunque ella prefirió quedarse en Madrid, y alcanzó notoriedad al convertirse en amante del rey Amadeo I de Saboya (1871-1873). En cuanto a Baldomera, se casó con un reconocido médico llamado Carlos de Montemayor, que acabaría siendo médico de la Casa Real de Amadeo I.

Pero cuando en 1873 Amadeo, harto de los españoles, abdica, el doctor Montemayor, quizá temiendo alguna represalia política por su vinculación con el Saboya, decide buscar nuevos horizontes y se marcha a América, dejando en precaria situación económica a su esposa y a sus cinco hijos. Baldomera se las ve y se las desea para sacar adelante a su familia, llegando en ocasiones a tener que recurrir a prestamistas. Es en esta época cuando empieza a conocer los manejos de aquel turbio mundo de la usura y la especulación. Y probablemente cuando empieza a pensar en sacar provecho de ellos.

Según cuentan, Baldomera comenzó su "negocio" pidiéndole prestada una onza de oro a una vecina, asegurándole que en un mes le devolvería el doble. Y tal como había prometido, lo cumplió. Luego, repitió el mismo proceso con otra vecina. Y luego otra. Muy pronto se corrió la voz de la rentabilidad de las "inversiones" de Baldomera y de la puntualidad de sus pagos. Ante la cada vez mayor afluencia de personas deseosas de participar, Baldomera funda su llamada Caja de Imposiciones, con sede en un local de la Calle de la Greda. Con la promesa de elevados intereses, de hasta el 30% mensual, cientos de personas de todas las clases sociales acuden a invertir su dinero, formándose grandes colas ante su oficina. El negocio va tan bien que Baldomera tiene que trasladar su sede a un local más amplio y céntrico, primero en la Plaza de la Cebada y luego en la de la Paja. Su fama cruza fronteras; periódicos franceses y belgas hablan de ella, y desde fuera de España llegan más inversores dispuestos a entregarle su dinero.

Por supuesto, su negocio acaba despertando el recelo y las dudas de personas que no entienden la naturaleza de las actividades de Baldomera. Esta, al ser cuestionada sobre su negocio, prefiere responder con evasivas. "Mi negocio es tan sencillo como el huevo de Colón" es una de sus respuestas favoritas. Otras veces alude de pasada a unas supuestas minas en América; lo cual muchos encuentran razonable, sabiendo que era allí a donde se había marchado su marido. Y cuando le preguntan por las garantías en caso de quiebra, simplemente dice "¿Garantía? Una solo: tirarse del viaducto", haciendo referencia al viaducto de Segovia, en la calle Bailén, uno de los lugares favoritos de los suicidas.

En realidad, como se sabría más tarde, no había ningún negocio detrás. Baldomera había creado lo que con el tiempo acabaría por llamarse estafa piramidal, también conocido en ocasiones como esquema Ponzi (en referencia a Carlo Ponzi, un estafador italoamericano que llevó a cabo una estafa similar en 1919). Tal estafa consiste en que el responsable capta dinero de inversores crédulos, generalmente prometiéndoles enormes intereses. Y en un primer momento, esos intereses se pagan puntualmente; pero en realidad, el negocio es un montaje, y los intereses se pagan con el dinero aportado por los nuevos inversores. La estafa se mantiene hasta que lega un punto en el que los intereses a pagar son tan elevados que superan el importe de los nuevos ingresos; en ese momento, todo el tinglado se viene abajo, y es generalmente entonces cuando el estafador se da a la fuga (o lo intenta) con el dinero que todavía le queda. La de Baldomera Larra fue la primera estafa de este tipo de la que hay noticia.

Y esto es también lo que le pasó a Baldomera y su Caja de Imposiciones. Aunque en apariencia todo iba viento en popa: la Caja contaba ya con cinco empleados (un secretario, tres escribientes y un recadero) y Baldomera vivía acomodadamente con su familia en un lujoso piso de la Calle del Sordo. Pero las sospechas en torno a sus actividades no dejan de crecer. La prensa cuestiona cada vez con mayor intensidad su negocio y los rumores que ponen en duda su solvencia se multiplican. Baldomera lo rechaza todo, calificándolo de difamaciones y envidias; pero sabe que no aguantará mucho tiempo.

Una noche de diciembre de 1876 Baldomera acude al Teatro de la Zarzuela, como acostumbraba a hacer. Vestida de punta en blanco, reparte saludos y sonrisas a los presentes, aparentando la más absoluta normalidad. Pero en el intermedio de la obra, Baldomera abandona el teatro discretamente y se sube a un carruaje que la espera y que la llevará fuera de España. Deja atrás un elevado número de afectados, que el escritor Juan Eduardo Zúñiga cifra en no menos de 5000, con una cantidad total de dinero estafado de en torno a unos 22 millones de reales, el equivalente al presupuesto de un ministerio. Muchos de los afectados, confiados en sus palabras, le han entregado todos sus ahorros, y algunos incluso han llegado al extremo de vender sus propiedades para poder invertir también ese dinero.

Cuando se hace pública su fuga, decenas de afectados se reúnen ante su oficina, intentando entrar a la fuerza en ella y obligando a que actúen las fuerzas del orden. El registro de la Caja y de la casa de Baldomera apenas da fruto: solo unos miles de reales y ningún libro de contabilidad o registro. Los empleados de la Caja son arrestados e interrogados; pero todos niegan saber nada de los manejos de su jefa, ni de su intención de huir. Mientras, Baldomera, que se ha llevado consigo una cantidad indeterminada de dinero (se habla de varios millones de reales) se instala tranquilamente en Suiza, donde vive con todas las comodidades.

Pero pasado algún tiempo la fugitiva comete un error. Convencida de que toda la situación se ha calmado ya, y de que nadie se acuerda de ella, decide instalarse en Francia, en la localidad de Auteuil, cerca de París, bajo el alias de "Madame Varela". Las autoridades francesas no tardan en descubrirla; según algunas versiones es su propia hermana, Adela, la que la denuncia. Baldomera es arrestada y extraditada a España, donde ingresa de inmediato en la cárcel acusada de estafa y alzamiento de bienes.

Como era de esperar, su juicio despierta un enorme interés. De los miles de afectados, solo 55 se presentan como parte afectada en la causa. Baldomera se muestra desafiante y resuelta, defendiendo la legalidad de su negocio y echando la culpa de su fracaso a los rumores malintencionados difundidos por la prensa. Su abogado intenta que se anule todo el proceso; según él, al ser Baldomera una mujer casada, necesitaba el permiso de su marido, por lo que todas las operaciones que había firmado eran nulas de derecho. Sin embargo, el tribunal no queda convencido y el 26 de mayo de 1879 dicta sentencia, declarando a Baldomera culpable y condenándola a seis años y un día de cárcel y a devolver los créditos, mientras que sus colaboradores son absueltos. Solo cumpliría una parte de la condena; un indulto del gobierno, impulsado por una multitudinaria campaña de recogida de firmas, le permitiría recuperar la libertad en 1881.

Una vez libre, con su reputación arruinada y rechazada por su propia familia, Baldomera decide que lo más sensato es cambiar de aires y pone rumbo a América. Sobre su destino circulan distintas versiones; unos dicen que marchó a La Habana y allí se reunió con su marido. Otros, que se instaló en Buenos Aires. En todo caso, fue en tierras americanas donde murió, en torno a 1915.


domingo, 20 de abril de 2025

Fotografías históricas (XXII)

 

El torero y escritor Ignacio Sánchez Mejías, famoso por su amistad con los miembros de la Generación del 27, vela el cadáver de su cuñado y amigo íntimo José Gómez Ortega, Joselito, que acaba de morir corneado por un toro llamado Bailador. Talavera de la Reina, 16 de mayo de 1920.


Edward "Ned" Maddrell (1877-1974) es considerado el último hablante nativo del idioma gaélico manés (el idioma céltico propio de la isla de Man). Aunque tras su muerte el manés se consideró extinto, en las últimas décadas tanto las autoridades como los propios habitantes de la isla se han esforzado en recuperarlo.


"Las hadas de Cottingley". Entre 1917 y 1921 dos jóvenes primas llamadas Elsie Wright (nacida en 1901) y Frances Griffith (1907) tomaron varias fotografías en la localidad inglesa de Cottingley (West Yorkshire), donde residían, en las que aparecían acompañadas de hadas, similares a las de los cuentos infantiles. La publicación de las fotografías alcanzó una gran repercusión y mucha gente (entre ellos el célebre escritor sir Arthur Conan Doyle) las dio por verdaderas. No fue hasta 1981 en que las dos primas, ya ancianas, reconocieron haber falsificado las fotografías, usando recortes de papel prendidos con alfileres.


650 veteranos de la Primera Guerra Mundial rinden homenaje a los caballos muertos durante el conflicto (Camp Cody, Nuevo México, 1919).


El punto azul pálido. El 14 de febrero de 1990 la sonda Voyager 1 tomó la foto más lejana jamás tomada del planeta Tierra. En aquel momento se encontraba a más de seis mil millones de kilómetros de distancia, y la Tierra aparece como un diminuto punto azul en mitad de la inmensidad del espacio.



La llamada tormenta de polvo del Domingo Negro fue una de las peores tormentas de polvo de la historia de los EEUU. Tuvo lugar el 14 de abril de 1935, afectando a los estados de Oklahoma y Texas y se estima que desplazó del orden de 300000 toneladas de tierra y polvo, causando un número indeterminado de muertos, y provocando el inicio del éxodo de miles de habitantes de las zonas afectadas hacia California en los meses siguientes.


El bibliotecario y arqueólogo Manuel Esteve Guerrero (1905-1976), director de la Biblioteca Municipal de Jerez, posa con un casco corintio de bronce (siglo VI a. C.) hallado a orillas del río Guadalete (1938).


A finales de 1899 y principios de 1900, para luchar contra un brote de peste bubónica, las autoridades de Honolulu decidieron quemar los edificios del barrio de Chinatown donde se hubieran producido casos. Uno de estos incendios, sucedido el 20 de enero de 1900, quedó fuera de control y se extendió a los edificios cercanos, permaneciendo activo durante diecisiete días y arrasando la mayor parte del barrio. Centenares de personas (fundamentalmente inmigrantes chinos y japoneses y nativos hawaianos) perdieron sus hogares y fueron realojados a la fuerza en campos de retención para prevenir nuevos brotes.



Hombre con una punt gun o escopeta de barca (c. 1900). Las punt gun son escopetas de gran tamaño que tradicionalmente se utilizaban para cazar aves acuáticas, pudiendo abatir hasta cincuenta ejemplares con un solo disparo. Aunque en EEUU su posesión y uso todavía es legal en algunos estados, las leyes federales prohíben su uso para cazar aves acuáticas migratorias.



La legendaria tiradora Annie Oakley (1860-1926) dispara por encima de su hombro utilizando un espejo (c. 1890).


El 12 de octubre de 1960 un estudiante de 17 años llamado Otoya Yamaguchi, de ideología ultranacionalista, apuñaló con una wakishazi o espada corta tradicional al político Inejirō Asanuma, líder del Partido Socialista de Japón, durante un debate electoral. Asanuma murió poco después a causa de la hemorragia, y Yamaguchi se ahorcó en su celda tres semanas después.


Richard "Dick" Bong (1920-1945) fue un condecorado piloto norteamericano que acreditó 40 aviones japoneses derribados en el frente del Pacífico, el mayor número de derribos conseguidos por un piloto estadounidense en la Segunda Guerra Mundial. Murió el 6 de agosto de 1945, el mismo día en el que se arrojaba la bomba atómica sobre Hiroshima, al estrellarse en Burbank (California) mientras probaba un caza a reacción P-80 Shooting Star.


lunes, 6 de enero de 2025

El robo de los 300 millones de yenes


La mañana del 10 de diciembre de 1968 cuatro empleados de la sucursal del banco Nihon Shintaku Ginko en Kokubunji (una de las ciudades del área metropolitana de Tokio Occidental) circulaban a bordo de un Nissan Cedric negro propiedad del banco. En el maletero transportaban tres cajas de aluminio que contenían un total de 294,307,500 yenes (unos 815,000 dólares de la época, en torno a 7-8 millones de dólares en la actualidad) con destino a la factoría que la multinacional Toshiba tenía en la ciudad de Fuchū (también en Tokio Occidental), donde iban a servir para pagar a sus trabajadores la paga extra de fin de año. Por aquel entonces no era raro que los bancos japoneses hicieran entrega de grandes cantidades en efectivo en coches corrientes, sin seguridad adicional.

Nissan Cedric

A eso de las 9:20 de la mañana, cuando apenas les faltaban unos cientos de metros para llegar a su destino y pasaban por una calle lindante con la prisión de Fuchū (la más grande de Japón) un joven en motocicleta vestido con el uniforme de la policía motorizada les hizo parar. Según les contó, esa misma mañana una bomba había estallado en la casa del director de su sucursal, y los autores habían anunciado que otro artefacto explosivo había sido colocado en el mismo coche en el que viajaban. Los cuatro empleados no pusieron en duda su versión porque cuatro días antes, el día 6, en su sucursal habían recibido una carta en la que se exigían tres millones de yenes, que debían ser entregados al día siguiente a las cinco de la tarde por una empleada femenina del banco en un lugar determinado, y amenazaban con colocar una bomba en casa del director si no se cumplían sus demandas. La policía organizó una operación de vigilancia con más de 50 agentes en el lugar y hora señalados, pero el criminal nunca se presentó.

Así que los cuatro empleados del banco salieron del coche mientras el supuesto agente se metía bajo el vehículo para investigar. Al momento, salió gritando que iba a explotar, mientras súbitamente empezaban a salir llamas y humo de la parte inferior del coche. Mientras los empleados corrían a ponerse a salvo, el agente se subió al coche y arrancó, alejándose. En un primer momento creyeron que el agente, de manera heroica y a riesgo de su vida, trataba de alejar el coche lo más posible para que estallara en un lugar aislado. Pero no tardaron en darse cuenta de un par de detalles "sospechosos": en el lugar en el que habían parado el coche había una bengala que se estaba consumiendo, y que era obviamente la fuente de las llamas y el humo que habían visto. Y la motocicleta del agente, que había dejado atrás, no era una motocicleta oficial de la policía, sino una motocicleta corriente pintada de blanco para que lo pareciera. Y se dieron cuenta de que habían sido víctimas de un espectacular robo muy bien planeado.

Imagen del sospechoso distribuida por la policía japonesa

Menos de 20 minutos después del robo la Policía Metropolitana de Tokyo lanzó una operación de búsqueda a gran escala en la que participaron 10000 agentes. No tardaron en encontrar el Cedric, abandonado y vacío, a apenas kilómetro y medio del lugar del robo. Algunos testigos habían visto al falso policía, todavía de uniforme, mover las cajas con el dinero a un Toyota Corolla azul (que luego se supo había sido robado con antelación, igual que la motocicleta), pero la búsqueda de este coche fue infructuosa. El Corolla no sería encontrado hasta cuatro meses después, en el aparcamiento de un complejo de apartamentos y cubierto con una lona. En el asiento trasero estaban todavía las cajas del dinero, vacías.

También se encontraría otro coche que había sido robado, un Corolla verde, abandonado en un descampado cercano a la escuela secundaria Myojo, en Fuchū. Algunos vecinos contaron haber visto aquel día por la mañana una motocicleta, tapada con una lona, en aquel mismo lugar. Los agentes concluyeron que el ladrón había seguido al coche con el dinero en el Corolla verde, y tras confirmar su ruta lo había abandonado y cambiado por la moto con la que interceptó al Cedric.

La policía japonesa lanzó una masiva operación para localizar al ladrón y su botín. Más de 170000 agentes participaron en un momento u otro en las pesquisas. Se repartieron más de 780000 ejemplares de un fotomontaje con un retrato robot del supuesto ladrón. La lista de sospechosos alcanzó los 110000 nombres y se revisaron, a mano y una a una, seis millones de huellas dactilares de los archivos policiales para compararlas con las del ladrón. Lamentablemente, nadie había tenido la precaución de anotar los números de serie de los billetes robados, solo los de 2000 billetes de 500 yenes, apenas un millón de yenes de todo lo robado, que nunca se encontraron. No se puede decir que no tuvieran pistas: se recogieron más de 120 evidencias, incluyendo huellas dactilares, los vehículos robados, la bengala, un gorro de caza y las cartas de amenaza enviadas al banco (incluyendo la saliva de los sellos, que reveló que el autor tenía sangre del grupo B). La comparación de muestras caligráficas permitió saber que el mismo que había escrito las cartas había sido también el responsable de una serie de cartas de extorsión enviadas en los meses de junio-julio del mismo año a una cooperativa agrícola llamada Tama Agricultural Co-Op, donde se la amenazaba con provocar incendios y colocar bombas.

No tardaron en dar con un primer sospechoso, al que la policía identificó únicamente como "S". S era un joven de 19 años, miembro de un grupo de pequeños delincuentes que se hacían llamar "Grupo Tachikawa". Vivía cerca de donde se había cometido el robo, tenía antecedentes por robos parecidos y además su padre era un policía motorizado, con lo que le eran familiares los uniformes y vehículos del cuerpo. En el momento del robo estaba siendo buscado tras escaparse de un correccional para menores y la policía sospechaba que había regresado a casa de sus padres. El día 15 dos inspectores acudieron a su casa preguntando por él, pero su madre les dijo que no estaba allí. Esa misma noche, S murió tras ingerir cianuro de potasio, en lo que se atribuyó a un suicidio. Algunos consideraron su suicidio como una confesión de culpabilidad, pero ni se le encontró el dinero, ni su caligrafía ni su grupo sanguíneo coincidían con los de las cartas, y en el momento en el que se enviaron las cartas a la cooperativa agrícola todavía estaba detenido, así que la policía lo consideró oficialmente no responsable.

El 12 de diciembre de 1969, un año después del robo, el periódico Mainichi Shimbun (uno de los más leídos de Japón) acusó del robo a un hombre de 26 años, antiguo taxista, basándose únicamente en su parecido físico con el retrato robot repartido por la policía. Este hombre, identificado como "F", sería poco después arrestado por otro delito no relacionado, y durante su detención la policía trató de que confesara el robo de los 300 millones de yenes, pero él se declaró inocente. Finalmente, se demostró que tenía una coartada infalible: en el momento del robo estaba asistiendo a una entrevista de trabajo. También que no tenía nada que ver con el segundo delito y que su arresto había sido un montaje para tratar de hacerlo confesar, lo que provocó una queja formal de la Asociación Nacional de Abogados y que el oficial que dio la orden de su arresto, Mistuo Muto, fuera acusado de abuso de poder y severamente amonestado. Sin embargo, para F el daño estaba hecho: públicamente humillado y deshonrado, perdió su empleo y lidió durante años con la depresión hasta que se suicidó en 2008. No fue la única víctima colateral del caso: dos agentes de policía se suicidaron durante la investigación debido al estrés provocado por el intenso trabajo y las exigencias de sus superiores. La validez del retrato robot fue cuestionada por varios de los testigos del caso, lo que al final hizo que en 1974 la policía dejara de utilizarlo.

El 15 de noviembre de 1975 la policía arrestó, por una acusación no relacionada con el caso, a un joven de 25 años, antiguo miembro del Grupo Tachikawa. Al investigarlo se descubrió que había sido amigo de S y que poco después del robo había gastado una importante cantidad de dinero: abrió una cafetería y se compró un apartamento, una casa de vacaciones en Hawai y varios automóviles de gama alta. Pero aunque no supo explicar el origen de todo ese dinero, la policía no pudo probar su relación con el caso y acabó por ponerlo en libertad.

El hallazgo del Toyota Corolla

Apenas un mes después de este arresto, en diciembre de 1975, la policía anunció que, habiendo transcurrido siete años, la responsabilidad penal del delito quedaba prescrita. No así la civil, que no se extinguiría hasta 1988. En total, se calcula que la enorme pero infructuosa operación costó alrededor de novecientos millones de yenes, el triple de lo robado. Los resultados finales fueron bastante escasos; la investigación fue incapaz de aclarar puntos claves del robo, como por ejemplo si el ladrón había actuado solo o tenía cómplices, o si la carta del día 6 había sido un auténtico intento de extorsión o una hábil maniobra para que los empleados del banco se creyeran la historia del falso policía. De hecho, ni siquiera había consenso acerca de si el robo había sido un golpe maestro, minuciosamente planeado y ejecutado (por su rapidez, limpieza y falta de víctimas), o por el contrario había sido una chapuza (por la gran cantidad de testigos y pruebas que había dejado) y su autor había tenido una suerte inaudita.

De la larguísima lista de sospechosos, muchos seguían considerando a S el más probable, aunque entre los más destacados figuraban también varios miembros del Grupo Tachikawa, tres hermanos dueños de una empresa de instalaciones eléctricas en la ciudad de Hino o un empleado de una inmobiliaria local.

En 1988, al prescribir totalmente toda la responsabilidad por el robo, muchos esperaban que el autor o autores se dieran a conocer, al no afrontar ya ningún tipo de repercusiones legales. Pero quedaron defraudados, porque nadie se atribuyó jamás ser el culpable.

En 2018 un nuevo y curioso suceso contribuyó a renovar el interés por el caso. Shōsetsuka ni Narō ("Vamos a ser novelistas") es una web japonesa donde aspirantes a escritores pueden publicar de manera gratuita sus obras para ser leídas, también gratis, por el público. Un buen número de novelas de este sitio han sido más tarde compradas y publicadas por editoriales, e incluso hay una editorial llamada Monster Bunko que publica exclusivamente novelas aparecidas en esta web. De aquí han salido series que han conseguido grandes ventas, e incluso han sido adaptadas a otros formatos como el manga, el anime o la acción real, como Log Horizon, Arifureta, Overlord o Quiero comerme tu páncreas.

El lugar del robo, en la actualidad

A principios de 2018 un usuario anónimo de la página, identificado con el apodo "Shiroda" publicó un relato titulado "Yo soy el autor del Incidente de los 300 millones de yenes". En la obra, que se publicó por entregas a lo largo de mes y medio, Shiroda contaba cómo había planeado el golpe con S, el primer sospechoso, del que era amigo. Por aquel entonces tanto S como Shiroda estaban enamorados de la misma mujer, Kyoko. Cuando Kyoko eligió a Shiroda, ambos habían decidido dar el golpe juntos y S había renunciado a participar. Y ahora, solo después de que Kyoko hubiera muerto, Shiroda se había decidido a contar su historia.

El relato de Shiroda era tan minucioso y encajaba perfectamente con los detalles conocidos del caso que hubo quien pensó que, efectivamente, podía tratarse del verdadero autor. Pero los expertos que revisaron la publicación lo descartaron, porque Shiroda no proporcionaba ninguna información sobre el robo que no fuera ya conocida por la policía. Se trataba de un relato entretenido y muy bien documentado, pero en modo alguno una confesión.

A día de hoy, el llamado Robo o Incidente de los 300 Millones de Yenes sigue siendo el mayor robo de dinero en efectivo de la historia de Japón.

miércoles, 1 de enero de 2025

Pequeñas historias (XL)

El célebre programa de televisión Mythbusters (Cazadores de mitos) tenía previsto dedicar un episodio a revelar los numerosos fallos de seguridad que afectan a la mayor parte de las tarjetas de crédito. El programa nunca llegó a realizarse, ya que varias de las principales compañías de tarjetas de crédito amenazaron al canal en el que se emitía el programa, el Discovery Channel, con llevarlo a los tribunales.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El 15 de enero de 1977 unos senderistas encontraron en una cueva en el Pinnacle (un promontorio muy frecuentado por excursionistas, cercano a la localidad de Albany, Pennsylvania) el cuerpo congelado de un hombre. La autopsia reveló que había muerto por una sobredosis, pero el cuerpo no pudo ser identificado porque carecía de todo documento. Se le tomaron las huellas y radiografías dentales, pero no sirvieron para identificarlo, así que se le enterró en una tumba sin nombre. En 2019 fue exhumado para obtener una muestra de ADN y poder compararlo con dos casos sospechosos, uno en Illinois y otro en Florida, a través de NamUs, una base de datos de ámbito nacional sobre personas desaparecidas, pero resultó ser una pista falsa. En agosto de 2024 un agente de la Policía Estatal de Pennsylvania llamado Ian Keck encontró por casualidad la cartulina con las huellas tomadas al cadáver, y decidió enviarlas a NamUs. Tras casi cincuenta años sin identificar, NamUs tardó menos de una hora en ponerle nombre: el llamado "hombre de Pinnacle" se llamaba Paul Nicholas Grubb, de Fort Washington (Penssylvania) y tenía 27 años en el momento de su desaparición. Una vez identificado, su familia pudo reclamar sus restos para enterrarlos en el panteón familiar.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Según contaba la tradición romana, en el lugar en el que Rómulo y Remo levantaron lo que con el tiempo se convertiría en Roma existía ya una población llamada Palanteo (nombre del que derivaría el de Palatino, una de las siete colinas de Roma), una colonia griega fundada por Evandro, rey mítico de la región griega de Arcadia, décadas antes de la Guerra de Troya. Historiadores como Dionisio de Halicarnaso, Tito Livio o Estrabón la mencionan en sus obras, e incluso atribuyen a la herencia griega algunas costumbres romanas, como la celebración de las Fiestas Lupercales. No obstante, en ninguna de las innumerables prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en el subsuelo de Roma se han encontrado indicios de la existencia de tal ciudad.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Jean-Gaspard Deburau (1796-1846) fue un célebre mimo francés de origen checo que se hizo muy popular en la primera mitad del siglo XIX interpretando el papel de Pierrot. Un día de 1836, mientras paseaba por París junto a su esposa, un adolescente lo reconoció y comenzó a dirigirse a él como si fuera el personaje y no el actor, burlándose de él e insultándolo. Deburau lo ignoró al principio, pero cuando el joven insultó a su esposa, dejándose llevar por la ira, lo golpeó en la cabeza con su bastón. El joven murió al día siguiente a causa de sus heridas, y Deburau, acusado de asesinato, sería luego absuelto, aunque sentiría un profundo remordimiento por lo sucedido durante el resto de su vida.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El doctor Paul Shuen fue durante décadas uno de los especialistas en Ginecología y Obstetricia más prestigiosos de la ciudad canadiense de Toronto. Sin embargo, en 2017 se descubrió que Shuen había estado induciendo el parto a algunas de sus pacientes administrándoles medicación sin su consentimiento. ¿El motivo? El servicio de salud pública de la provincia de Ontario paga a los médicos por cada parto que atienden, y paga más si el parto se produce durante el fin de semana. Los registros mostraban que un porcentaje sospechosamente alto de los partos atendidos por Shuen (un 46%) se producían en fin de semana. Como consecuencia, el Colegio de Médicos y Cirujanos de Ontario retiró a Shuen la licencia para ejercer la medicina y le impuso una severa multa.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El alférez Kazuo Sakamaki fue el primer prisionero de guerra capturado por los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Sakamaki tripulaba uno de los submarinos enanos Kō-hyōteki que tomaron parte en el ataque a Pearl Harbor. Cuando su submarino se hundió tras golpear un arrecife, Sakamaki logró llegar a nado a la orilla, donde fue capturado. Permanecería prisionero hasta que fue devuelto a Japón en 1946.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El escritor Robert Heinlein sacó el título y la idea para una de sus obras más conocidas, Puerta al verano (The door into summer), de una anécdota casera. Vivía en Colorado con su esposa Virginia cuando, el día después de una gran nevada, su gato quiso salir afuera. Heinlein le abrió la puerta, pero el gato siguió maullando, sin decidirse a salir, pese a que Heinlein le abrió también las otras puertas de la casa. Al final su esposa, riendo, le dijo "Está buscando una puerta al verano". En ese momento, el escritor tuvo  la inspiración, se puso manos a la obra y en solo 13 días había terminado la novela.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El 20 de junio de 1941 un equipo de investigadores soviéticos, liderados por el arqueólogo Mikhail Gerasimov, abrió el sarcófago del legendario caudillo mongol Tamerlán (1336-1405), cuyo mausoleo, el Gur-e Amir, se encuentra en Samarcanda (en la actual Uzbekistán), para estudiar su cadáver.  Supuestamente, en su sarcófago se encontraron dos inscripciones como aviso para posibles ladrones de tumbas, una en el exterior que decía "Cuando me levante de entre los muertos, el mundo temblará", y otra en el interior que decía "Quien abra mi tumba liberará a un invasor más terrible que yo". Solo dos días más tarde, el 22 de junio, tres millones de soldados alemanes invadían la Unión Soviética en lo que se llamaría Operación Barbarroja. Los estudios de los restos se prolongaron hasta 1943; el 1 de febrero de ese año, el cadáver de Tamerlán era sepultado de nuevo en su tumba, siguiendo el rito islámico. Al día siguiente, el VI Ejército alemán, bajo las órdenes del mariscal Von Paulus, se rendía a los soviéticos en las ruinas de Stalingrado.

domingo, 6 de octubre de 2024

Pequeñas historias (XXXIX)

En diciembre de 2006, un instructor de paracaidismo neozelandés llamado Michael Holmes saltó desde un avión a 15000 pies de altitud (más de 4500 metros) en lo que era un salto de rutina. Sin embargo, tanto el paracaídas principal de Holmes como el de reserva fallaron y el paracaidista se precipitó al suelo en caída libre. Milagrosamente, un arbusto de zarzamora amortiguó su caída y Holmes sobrevivió con heridas menores. Todo el descenso fue grabado por la cámara que Homes llevaba en su casco (la grabación está en YouTube).

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El astrónomo danés Tycho Brahe (1546-1601) fue también un entusiasta alquimista que disponía de un laboratorio en el sótano de su casa, llamada Uraniborg, en la isla de Ven. Como muchos otros alquimistas, Brahe guardaba un gran secretismo con sus experimentos, y no dejó ninguna descripción escrita de estos o de sus resultados. Uraniborg fue demolida poco después de la muerte de Brahe, pero una prospección arqueológica llevada a cabo entre 1988 y 1990 sacó a la luz varios fragmentos de vidrio y cerámica, que se creen que pertenecen a recipientes del laboratorio. Recientemente estos fragmentos han sido sometidos a un análisis químico para ver qué elementos usaba Brahe en sus investigaciones, y se encontraron en ellos restos de níquel, cobre, zinc, estaño, antimonio, oro, mercurio y plomo (todos ellos habituales en los laboratorios alquímicos), y, sorprendentemente, también tungsteno, un elemento que oficialmente no fue identificado hasta 1781, y aislado en 1783. Los investigadores barajan dos opciones: que el tungsteno fuera producido accidentalmente, como subproducto de alguno de sus experimentos, o bien que Brahe lo aislara voluntariamente (en su época se sabía que en algunas minas de estaño de Sajonia el mineral contenía una impureza, a la que llamaban wolfram, que dificultaba su fundición) pero lo guardara en secreto.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El actor norteamericano John Cazale (1935-1978) posee un record difícil de igualar. Siendo un actor eminentemente teatral, apenas trabajó en el cine. Antes de su temprana muerte solo rodó cinco películas entre 1972 y 1978 (tres de ellas a las órdenes de Francis Ford Coppola), pero las cinco fueron nominadas al Oscar a la Mejor Película y seleccionadas por la Biblioteca del Congreso para su preservación por ser "cultural, histórica o estéticamente significativas". Esas películas son El padrino (1972), La conversación (1974), El padrino II (1974), Tarde de perros (1975) y El cazador (1978).

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Isidor "Izzy" Einstein (1880-1938) fue un agente federal que se distinguió durante la época de la Ley Seca (1920-1933) a la hora de perseguir el contrabando de alcohol y cerrar bares ilegales. Einstein solía presumir de que era capaz de encontrar alcohol ilegal en una ciudad en menos de treinta minutos. En Chicago le llevó 21 minutos, en Atlanta 17, en Pittsburgh solo 11. Pero el récord lo estableció en Nueva Orleáns: 35 segundos. Nada más salir de la estación de tren se subió a un taxi, le preguntó al taxista donde podía conseguir un trago, y el taxista le pasó una botella.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

En la primera edición de la Copa América, celebrada en Argentina en 1916, el seleccionador chileno Carlos Fanta y el jugador brasileño Sidney Pullen también actuaron como árbitros, dirigiendo entre los dos cuatro de los seis partidos disputados.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando Sally Ride se convirtió en la primera mujer norteamericana en viajar al espacio (en la misión STS-7, en junio de 1983) los ingenieros de la NASA, demostrando su profundo conocimiento de las mujeres, le preguntaron si cien tampones era una cantidad adecuada para incluir en los suministros de la misión (para un vuelo de menos de una semana). Además, dando por supuesto que las mujeres astronautas querrían llevar maquillaje durante sus misiones, diseñaron un kit de maquillaje para utilizar en el espacio.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Louis Braille, el inventor del lenguaje braille para personas ciegas, se basó en un sistema de lectoescritura táctil inventado por el militar francés Charles Barbier de la Serre, cuyo objetivo era poder transmitir mensajes de noche a puestos avanzados sin que sus receptores tuvieran que encender una luz, revelando su posición, para leerlos.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

En 1826 un ciudadano llamado William Morgan, residente en la ciudad de Batavia (Nueva York) anunció públicamente que iba a publicar un libro revelando los secretos de la masonería (de la cual él afirmaba haber sido miembro destacado) y de sus ceremonias de iniciación. Tras este anuncio, Morgan fue arrestado acusado del impago de un préstamo y del robo de una camisa; después de que su editor pagara su deuda y fuera puesto en libertad, volvió a ser arrestado, esta vez por una deuda en una taberna. Cuando fue liberado de nuevo, desapareció sin dejar rastro y nunca se volvió a saber de él, por lo que todo el mundo asumió que había sido asesinado por los masones para callarlo. Su caso despertó un fuerte sentimiento antimasónico (los masones habían ido ganando influencia dentro de la política estadounidense) e incluso el nacimiento de un Partido Antimasónico, de breve existencia.

lunes, 23 de septiembre de 2024

La bomba del Hotel Harvey's

La explosión de la bomba del Harvey’s Wagon Wheel Casino

Estamos en la madrugada del martes 26 de agosto de 1980. A eso de las cinco y media, Bob Vinson, supervisor del turno de noche en el hotel y casino Harvey's, en Stateline (Nevada), en la costa sur del Lago Tahoe, se da cuenta de que se ha quedado sin tabaco, así que decide acercarse a la tienda de regalos del hotel a comprar una cajetilla. Mientras camina hacia la planta baja desde su oficina en la segunda planta del hotel descubre con sorpresa que la puerta de la sala que alberga la centralita telefónica interna del establecimiento está abierta. Hace apenas una hora ha pasado por allí y está seguro de que la puerta estaba cerrada y de que no había nadie más en aquella parte del hotel. Así que se asoma a la habitación para comprobar que todo esté en orden. Y ve algo que no debería estar allí.

En una esquina del cuarto Vinson ve una gran caja de metal, con aspecto de ser muy pesada. La caja descansa sobre varias ruedas metálicas y piezas de contrachapado, y no muestra aberturas, ni cables, ni botones. Encima de ella hay otra caja metálica, más pequeña, con veintiocho interruptores, todos cuidadosamente numerados y etiquetados. Todos, excepto el número 23, en posición de apagado. Además, al lado de la caja, tirado en la alfombra, hay un grueso sobre donde se lee "Para la dirección del Harvey's". Todo aquello le da muy mala espina a Vinson, así que decide avisar al jefe de seguridad, Simon Caban.

Cuando Caban, un curtido ex-militar que había sido artillero en un helicóptero de combate durante la guerra de Vietnam, llega a la habitación, Vinson no está solo; varios conserjes y guardias de seguridad se han acercado a curiosear. Vinson también ha llamado al sheriff del condado de Douglas y a los bomberos. Curiosamente, no es la extraña caja metálica lo que alarma a Caban, sino el sobre en el suelo junto a ella; recientemente ha asistido a un curso sobre cartas bomba, y piensa que puede tratarse de uno de estos artefactos, así que ordena a todo el mundo salir de la habitación. Más tarde, con la ayuda de un agente del sheriff, decide echar un vistazo al sobre en cuestión. Tras comprobar que no se trata de una bomba trampa (mediante el expeditivo método de golpearlo en repetidas ocasiones con el palo de una escoba) ambos abren el sobre. En su interior hay una carta de tres páginas mecanografiadas. Caban y el agente cogen una página cada uno y comienzan a leerlas. A Caban le cuesta porque no tiene sus gafas, y se apoya en la caja metálica. En ese momento el agente levanta la vista y, señalando hacia la caja, le dice a Caban: "Eso es una bomba".

De inmediato se da la alarma. El hotel, lleno hasta los topes con más de 600 huéspedes debido a la cercanía de la festividad del Labour Day, es evacuado a toda prisa; también, por lo que pudiera pasar, se vacían las cajas, que contienen varios millones de dólares, para llevar el dinero a un lugar seguro. Agentes del Sheriff, bomberos y, finalmente, el FBI, se presentan en el hotel, acordonando la zona y evacuando también los edificios cercanos. Al frente del dispositivo está el agente especial del FBI Bill Jonkey, mientras que de las tareas de desactivación se encarga Danny Danihel, el capitán del escuadrón de desactivación de explosivos del cuerpo de bomberos del condado de Douglas. Danihel, antiguo especialista en explosivos del ejército, ha sido reclamado cuando se disponía a irse de acampada a las montañas con su familia durante tres días. Ambos estudian con cuidado la carta del responsable de la bomba.

La primera hoja de la carta que acompañaba la bomba

Dicha carta comienza de manera ominosa: "SEVERA ADVERTENCIA A LA DIRECCIÓN Y AL DEPARTAMENTO DE DESACTIVACIÓN DE EXPLOSIVOS. No muevan o sacudan esta bomba, porque el mecanismo que controla los detonadores los hará estallar con un movimiento de menos de 0'01 en la escala Richter". Quien hubiera construido la bomba les advertía que contenía mil libras (unos 450 kilos) de dinamita, una cantidad suficiente como para destruir el hotel e incluso causar graves daños en otro hotel y casino, el Harrah's, situado al otro lado de la calle, y aconsejaba evacuar a todas las personas en un radio de al menos quinientos metros. Además hacía hincapié en que bajo ningún concepto deberían intentar desactivar la bomba. Con algo de vanidad por su parte, les avisaba de que había previsto todas las estrategias posibles para desactivarla y había tomado medidas para evitarlas. Si intentaban moverla, explotaría. Si intentaban llenarla con agua o con gas, explotaría. Si intentaban abrirla, explotaría. Incluso los tornillos de la caja estaban conectados a un detonador que haría explotar la bomba si intentaban sacarlos. Una vez activada, nadie, ni siquiera él mismo, podía desactivarla. Pero si cumplían sus exigencias les facilitaría una combinación de interruptores que les permitiría mover la bomba y trasladarla a un lugar apartado donde detonarla sin peligro. Y sus exigencias eran que se le pagasen tres millones de dólares, en billetes usados de cien, sin marcar y sin ningún tipo de tratamiento químico, que debían serle entregados en unas condiciones muy concretas. Si no le pagaban, o notaba algo sospechoso durante la entrega, cesarían los contactos y dejaría que la bomba estallase (según él, tenía tres temporizadores diferentes). Y daba un plazo de 24 horas para hacer el pago.

Jonkey tiene dudas. No sabe hasta que punto fiarse de la carta, si de verdad aquello es una complejísima bomba como afirma el desconocido criminal, o se trata de un montaje. Los artificieros detectan sonidos dentro de la caja; definitivamente, hay algo activo en su interior. Pero Danihel duda que la caja pueda contener tanta dinamita como dice la carta. Sin embargo, pasadas unas horas llegan las primeras imágenes obtenidas con rayos X del interior del artefacto, que confirman algunos de los detalles técnicos descritos por el bombardero. Hay cables conectados a los 28 interruptores, y también a los tornillos. Incluso se distinguen otros dispositivos que el fabricante de la bomba no ha mencionado, como lo que parece ser un circuito colapsante, y detonadores de presión bajo la tapa de la caja. Además, sea lo que sea que hay en el fondo de la caja, hay tanta cantidad que llena prácticamente todo el espacio disponible, y es tan denso que los rayos X no pueden penetrarlo. Se estudia minuciosamente la caja, se toman muestras de la pintura y las paredes, se buscan huellas dactilares e incluso se usa un detector Geiger para descartar que contenga material radiactivo. Aunque quedan algunas dudas, Jonkey y Danihel coinciden en que difícilmente alguien construiría un dispositivo tan complejo para luego no llenarlo de explosivos. Es muy probable que se hallen en presencia de la bomba improvisada más sofisticada y potente de la historia criminal de los Estados Unidos.

El tiempo apremia y el FBI debe decidir qué estrategia debe seguir. Después de que el dueño del hotel, Harvey Gross, se niegue en redondo a pagar el rescate, Jonkey decide que seguirán las instrucciones como si fueran a pagar, aunque en realidad el plan es tender una trampa al criminal cuando acuda a recoger el dinero. Pero mientras tanto los artificieros seguirán tratando de desactivar la bomba. Aunque consigan la combinación de interruptores, no podrán estar seguros de que es la correcta, o de si la bomba tiene algún defecto que la hará explotar igualmente. No piensan arriesgar las vidas de las personas necesarias para moverla, así que la bomba tendrá que ser anulada en el lugar en el que está.

El Fire Marshall de Nevada Tom Huddleston examina la bomba del hotel Harvey's

Siguiendo las instrucciones de la carta, esa noche el agente especial Joe Cook aterriza en un helicóptero en el aeropuerto del Lago Tahoe y llena el depósito de combustible. Con él viaja, escondido en la cabina, un tirador del FBI dispuesto para actuar si así fuera necesario. Lleva los supuestos tres millones de dólares con él; en realidad, son fajos de papeles en blanco donde solo el primero y el último son auténticos billetes. Tal y como le han indicado, aterriza cerca del edificio principal, encarado hacia el este. Según ha escrito el fabricante de la bomba, a las 00:10 exactamente recibirá nuevas instrucciones, bien a través de un taxista ajeno a la trama, contratado por ellos, o bien por una llamada al cercano teléfono público. A las 00:10 exactamente suena el teléfono; Cook descuelga y su interlocutor solo le dice que las instrucciones están en un sobre delante de él, antes de colgar. En el sobre, una nota que ordena a Cook iluminar con una linterna la cabina del helicóptero, para asegurarse de que no hay nadie más, y luego emprender el vuelo hacia el oeste, siguiendo el trazado de la autopista 50, hasta ver a su derecha una luz estroboscópica parpadeante. En ese momento, debe aterrizar en el lugar marcado por la luz, entregar el dinero y marcharse. Cook así lo hace; ilumina la cabina, tratando de no delatar la presencia del otro agente, y luego vuela en la dirección acordada. Mientras, varios vehículos de incógnito del FBI recorren la autopista examinando a los coches que circulan por ella, mientras un avión de la agencia sigue el trayecto del helicóptero desde las alturas. Sin embargo, la famosa señal no aparece. Cook vuela durante horas por la zona sin resultado, hasta que ya, casi sin combustible, tiene que regresar al aeropuerto, esperando recibir una nueva llamada que nunca se produciría. No se sabe si el criminal se asustó al descubrir el dispositivo del FBI o simplemente se equivocó con las instrucciones, pero la entrega no tuvo éxito y no se produjeron nuevos intentos de comunicación.

Ante el fracaso de la entrega, en la mañana del miércoles 27, a eso de las 9;30, tiene lugar una cumbre de urgencia en el Hotel Sahara, entre las autoridades y los distintos expertos que han estado colaborando en el caso. Es necesario decidirse por un plan de acción para tratar de desactivar de una vez por todas la bomba. Hay diversas sugerencias, desde congelar el artefacto con nitrógeno líquido, cubrirlo con hormigón o incluso sacarlo del hotel con una grúa para llevarlo a un campo de golf cercano. Finalmente, Leonard Wolfson, experto en explosivos que trabaja como asesor de la Marina, sugiere utilizar una carga hueca lineal para separar la caja de los interruptores de la carga principal. Esta técnica utiliza una pequeña carga de explosivo plástico dentro de una carcasa metálica que dirige la fuerza de la explosión en una única dirección, capaz de cortar con limpieza casi cualquier material. De este modo, Wolfson piensa que separando la caja superior la bomba podría quedar "decapitada" y que el corte sería lo suficientemente rápido como para impedir que los impulsos eléctricos de la batería lleguen a los detonadores. Es una opción arriesgada, pero es la mejor que tienen.

La réplica de la bomba que construyó el FBI

A las 15:10 Danihel coloca la carga, apoyándola en una pila de guías telefónicas y una mesa, inserta el detonador y comprueba que las conexiones sean correctas y todo esté en orden. Las manos le tiemblan; lleva 30 horas seguidas despierto, estudiando aquel artefacto y preparándose para ese momento. Conecta los cables al detonador y vuelve a revisar todo una vez más. Luego abandona la habitación y sale a la calle. Los agentes del sheriff han dado un aviso de 15 minutos, asegurándose de que todo el mundo se mantiene a una distancia prudencial. Danihel espera a que le confirmen que todo está dispuesto, y cuando la confirmación llega, se dispone a detonar la carga conectando los cables del detonador a una batería de coche. Son las 15:46 y Danihel da el aviso definitivo por radio: "Fuego en el agujero", y conecta los cables. Y el hotel Harvey's saltó por los aires.

Quizá resulte exagerado decir que el Harvey's "saltó por los aires". Pero la enorme explosión abrió un boquete en su fachada que iba desde el sótano hasta el quinto piso, destrozando numerosas habitaciones y provocando daños por valor de 18 millones de dólares de la época. También resultó dañado el Harrah's, que vio como la mayoría de sus ventanas saltaban en pedazos. El misterioso criminal no mentía cuando había dicho que había preparado la bomba contra cualquier intento de desactivación. La caja con los interruptores tenía una pequeña carga de dinamita escondida que ninguno de los que habían examinado la bomba había descubierto. La carga hueca había hecho explotar esa carga oculta, que a su vez había hecho explotar la bomba principal. Aunque la zona no afectada del hotel se reabriría pasados solo unos días, la zona dañada no volvería a entrar en funcionamiento hasta mayo del año siguiente.

De inmediato se procedió a abrir una investigación para dar con la identidad del autor. Resultó ser algo más complicado de lo que imaginaban. Los restos de la bomba no aportaron apenas información; eran materiales corrientes, que se podían encontrar en cualquier ferretería. Tampoco había ninguna firma específica (la mayoría de los fabricantes de bombas tiene una "firma", que puede ser usar un componente poco común, una manera específica de conectar las distintas partes o incluso algún tipo de inscripción), ni el diseño de la bomba se parecía a nada que hubiera en los archivos del FBI. Pese a su escepticismo inicial, los expertos federales comenzaban a pensar que de verdad era posible que una de las bombas más complejas a la que se habían enfrentado jamás fuera obra de un primerizo sin experiencia. Tampoco la dinamita les dio pistas; era parte de un cargamento robado de una obra en construcción en Fresno (California) meses antes, y no había sospechosos.

También se reexaminó un extraño incidente sucedido unos meses antes. En junio de ese año alguien había volado con dinamita el Dry Creek Bridge, un puente de madera que cruzaba un arroyo al norte de las ciudades de Fresno y Clovis. En un primer momento se creyó que se trataba de un acto de vandalismo, pero tras lo sucedido en el Harvey's se consideró que probablemente se trataba de una prueba preliminar en la que el bombardero había hecho explotar una versión no perfeccionada de su artefacto.

Lo único que pudieron averiguar en la investigación era que el día 26, sobre las cinco de la mañana, un par de hombres vestidos con monos de trabajo habían descargado un bulto aparentemente muy pesado de una furgoneta blanca a la entrada del hotel; un bulto que iba cubierto con una lona con las siglas de la compañía informática IBM. Todos habían supuesto que se trataba de la entrega de algún nuevo equipamiento para el hotel, y nadie había prestado demasiada atención.

Ante la falta de pistas, el FBI ofreció una recompensa de 200000 dólares, que luego elevó a medio millón, a cualquiera que facilitara información que llevara a la detención del responsable, lo que a la postre fue esencial para la resolución del caso. Meses más tarde, cuando la investigación languidecía sin pruebas, un hombre llamó al FBI afirmando conocer la identidad del fabricante de la bomba. Cuando se entrevistó con varios agentes en un hotel, les reveló que la chica con la que estaba saliendo había sido hasta hacía poco novia de un tal John Birges Jr, el cual le había confesado antes de su ruptura que la bomba del Harvey's había sido construida por su padre, John Birges Sr, un respetado empresario de la ciudad de Clovis (California). Cuando el FBI consultó sus archivos, descubrió que Birges ya figuraba en ellos como una "persona de interés" en el caso: había sido investigado porque era propietario de una furgoneta blanca cuya descripción encajaba con la usada para llevar la bomba, y que había sido vista aquella noche en la zona del Lago Tahoe, aunque no habían hallado más pruebas en su contra. Pero ahora que contaban con una acusación directa los federales se decidieron a investigar más a fondo a Birges.

John Birges era un inmigrante de origen húngaro (su nombre real era János Birgés y se lo había cambiado al adquirir la nacionalidad estadounidense) que durante la Segunda Guerra Mundial había sido piloto en el ejército húngaro, con el cual había luchado al lado de las fuerzas del Eje. Capturado por los soviéticos tras el final de la guerra, había pasado ocho años en un campo de prisioneros antes de ser liberado, y en 1957 había emigrado a EEUU, instalándose en Clovis y fundando un exitoso negocio de jardinería y paisajismo. A pesar del éxito de su negocio, Birges siempre andaba escaso de dinero debido a su compulsiva afición al juego, que le había acarreado tener numerosas deudas... incluida una importante en el Harvey's, donde afirmaba haber perdido más de 750000 dólares a lo largo de los años. Pero dos cosas llamaron especialmente la atención del FBI: Birges tenía estudios de ingeniería, y debido a su trabajo de paisajismo estaba acostumbrado a manejar explosivos.

Durante la espera antes del intento de desactivación de la bomba, algunos espectadores lucían camisetas con la leyenda "I got bombed at Harvey's"

Solo unos días más tarde, los agentes del FBI arrestaban a Birges, a sus dos hijos, James y John Jr, a su novia Ella Joan Williams, y a dos de sus empleados, Terry Lee Hall y el suegro de éste, Willis Brown. Los dos hijos de Birges, que conocían los planes de su padre pero no habían participado directamente en ellos, accedieron de inmediato a testificar contra los demás acusados a cambio de una sentencia leve, que les permitía eludir la cárcel y quedar en libertad condicional. Hall y Brown, quienes admitieron haber sido los hombres que llevaron la bomba al Harvey's, fueron condenados a siete años de cárcel por conspiración y transporte ilegal de explosivos. Williams, quien solo admitió haber mecanografiado la famosa carta pero desconocer las intenciones de Birges, fue condenada a siete años por conspiración e intento de extorsión, aunque su juicio fue anulado tras una apelación. En su segundo juicio, celebrado ya en 1985, se declaró culpable de complicidad en el intento de extorsión a cambio de quedar en libertad condicional.

En cuanto a Birges, quien en el momento de su arresto estaba fabricando una nueva bomba con la que pensaba repetir su plan, bien de nuevo contra el Harvey's o bien contra un banco de San Francisco, fue declarado culpable de ocho de los nueve cargos que se le imputaron, y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Falleció en el Centro Correccional del Sur de Nevada en 1996, a los 74 años, a causa de un cáncer hepático, tras pasar sus últimos 16 años entre rejas.

La bomba del hotel Harvey's sigue siendo una leyenda para los miembros del FBI. Una réplica del artefacto, construida para el juicio de Birges, se siguió utilizando al menos hasta 2009 para entrenar a nuevos reclutas para el laboratorio del FBI en Quantico (Virginia), y hoy ocupa un lugar de privilegio en la colección de explosivos del laboratorio. Thomas Mohnal, un agente especial del FBI experto en explosivos diría de ella que, a pesar de los avances tecnológicos, tanto por parte de los constructores de bombas como por parte de los encargados de desactivarlas, aún hoy en día sería difícil construir una bomba más difícil de vencer que la del Harvey's, y posiblemente no se pudiera hacer con ella mucho más de lo que se hizo en 1980.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Leopold y Loeb: planeando el crimen perfecto

Nathan Leopold (1904-1971) y Richard Loeb (1905-1936)

La comisión del crimen perfecto es un tema habitual del género negro. Innumerables novelas y películas se han hecho inspiradas en esta idea. Pero ha habido casos en el que algunos han llegado más allá y han pretendido llevar a la práctica su propia idea de crimen perfecto.

Nathan Freudenthal Leopold Jr. nació en Chicago el 19 de noviembre de 1904, en el seno de una acaudalada familia de inmigrantes judíos de origen alemán. Desde muy niño demostró una prodigiosa inteligencia, pronunciando sus primeras palabras con apenas cuatro meses y con un coeficiente de inteligencia que se calculó de 210. Durante su etapa escolar estudió quince idiomas, de los cuales llegó a hablar cinco con fluidez, y con 19 años ya había obtenido una diplomatura menor en la Universidad de Chicago (había comenzado sus estudios en la Universidad de Michigan, pero pronto regresó a su ciudad natal) y planeaba matricularse en la prestigiosa Escuela de Derecho de Harvard, una vez hubiera regresado de un viaje por Europa que había planeado con su familia. Había conseguido además cierto prestigio en el campo de la ornitología, especialmente en lo referente al comportamiento de la reinita de Kirtland (Setophaga kirtlandii).

Richard Albert Loeb era cerca de un año más joven; había nacido, también en Chicago, el 11 de junio de 1905, hijo de un rico abogado que había sido vicepresidente de la cadena de tiendas Sears. Al igual que Leopold, tenía una inteligencia excepcional; con 17 años se había convertido en el graduado más joven de la historia de la Universidad de Michigan, y luego se había matriculado en la Universidad de Chicago para asistir a algunas clases de historia, una de sus pasiones. Sin embargo, sus profesores no tenían una imagen muy favorable de él, describiéndole como "vago, desmotivado y obsesionado con el crimen" ya que pasaba buena parte de su tiempo libre leyendo novelas policíacas.

Ambos pertenecían al mismo círculo social, y vivían en el mismo barrio de Chicago, Kenwood, una exclusiva comunidad en la zona sur de la ciudad. Se conocían desde niños, pero nunca habían sido especialmente amigos, hasta que años más tarde coincidieron como parte del mismo grupo de amigos en la Universidad de Chicago.  Fue entonces cuando descubrieron sus muchos intereses comunes y se convirtieron en amigos íntimos; una amistad que más tarde daría lugar a una relación homosexual (aunque Leopold, a diferencia de Loeb, nunca admitió tener esa clase de inclinaciones, y solía salir con mujeres de manera habitual). La intimidad entre ambos no tardó en despertar rumores sobre su relación, así que para acallarlos fingieron distanciarse y dejaron de aparecer en público tan a menudo, aunque en privado seguían viéndose con frecuencia.

Por aquella época Leopold estaba vivamente interesado en la obra del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Especialmente, le fascinaba el concepto de Übermensch o "superhombre", una persona que ha trascendido el estado espiritual y moral del resto de la humanidad, y que por lo tanto, no está sujeto a las mismas leyes y valores que los demás, sino que él mismo genera su propio sistema de valores. Leopold acabó por creer que él mismo era uno de aquellos elegidos, y no le fue difícil convencer a Loeb de que él también lo era. Convencidos de que estaban por encima de las leyes que regían los destinos de los hombres ordinarios, se mostraron dispuestos a demostrarlo cometiendo pequeños delitos como robos o vandalismo. Envalentonados al ver que no eran descubiertos, pasaron a delitos más graves como el incendio provocado. Sin embargo, el escaso interés que despertaban aquellos incidentes les molestaba; que nadie reconociera las brillantes mentes que se encontraban detrás de ellos les parecía decepcionante. Así que decidieron romper el último tabú: cometer el más terrible de todos los crímenes, arrebatarle la vida a alguien, y salir impunes. Llevar a cabo el crimen perfecto sería la prueba definitiva de su superioridad.

Ambos pasaron meses planeando el crimen hasta el más mínimo detalle, decidiendo qué víctima elegir, qué arma utilizar, cómo deshacerse del cadáver. Y llegó el momento de poner su plan en práctica. El 21 de mayo de 1924, viajando en un coche que Leopold había alquilado con un nombre falso, ambos se cruzaron con Bobby Franks, que regresaba a su casa desde el instituto. Franks, de 14 años, era hijo de un rico fabricante de relojes llamado Jacob Franks. Ambos lo conocían; de hecho, los Franks vivían en la misma calle que los Loeb y el pequeño Bobby había estado varias veces en su casa jugando al tenis. En ese momento decidieron que él sería su víctima; y Loeb, que iba sentado en el asiento trasero, le invitó a subir ofreciéndole llevarlo a su casa. Bobby al principio lo rechazó, dado que su casa estaba ya cerca, pero Loeb insistió, para que pudieran charlar sobre una raqueta de tenis. Y Bobby, que no tenía motivo para desconfiar de ellos, se subió.

Robert "Bobby" Franks (1909-1924)

Instantes después de reemprender la marcha, Loeb atacó a Bobby golpeándolo varias veces en la cabeza con un cincel; luego arrastró su cuerpo hasta la parte trasera del automóvil, donde lo remató asfixiándolo. Tal y como habían planeado, condujeron hasta las orillas del lago Wolf, cerca de Hammond, a 40 kilómetros al sur de Chicago, y allí desnudaron el cadáver y lo desfiguraron con ácido, para luego esconderlo en un tubo de drenaje. Tras regresar a Chicago, donde ya se había dado la alarma por la desaparición de Bobby, Leopold llamó a la familia Franks anunciando que Bobby había sido secuestrado, y que recibirían instrucciones más adelante. El plan de ambos era fingir que se había tratado de un secuestro al azar, de modo que nadie pudiera sospechar de ellos. A continuación redactaron una nota de rescate con una máquina de escribir que habían robado en una residencia de estudiantes y la enviaron, tras lo cual se deshicieron de las ropas de Bobby y de las suyas propias, limpiaron lo mejor que pudieron el coche alquilado y, haciendo gala de su sangre fría, pasaron el resto de la noche jugando a las cartas.

Sin embargo, su elaborado plan se vino abajo cuando al día siguiente un trabajador encontró el cadáver de Bobby, que no tardó en ser identificado. Al enterarse, Leopold y Loeb destruyeron la máquina de escribir que habían utilizado y quemaron una manta con la que habían trasladado el cadáver, y trataron de seguir con sus vidas normales. 

La policía registró concienzudamente la zona donde había sido encontrado el cadáver y encontró un par de gafas de un modelo muy poco corriente. Como pudo averiguar la policía, solo se habían vendido tres gafas como aquellas en toda la ciudad... y una de ellas a Leopold. Este fue interrogado, pero alegó que probablemente las gafas se le habían caído del bolsillo unos días antes, mientras estaba en la zona observando pájaros. Esta excusa no convenció a la policía, que citó de nuevo a Leopold y a Loeb para una declaración formal el día 29 de mayo. Ambos afirmaron que la noche del crimen habían estado con dos mujeres cuyos apellidos desconocían, a las que habían recogido en Chicago con el coche de Leopold. Su coartada se vino abajo cuando el chofer de la familia reveló que el coche que ambos decían haber utilizado estaba averiado y que había pasado toda la tarde de aquel día reparándolo, algo que pudo corroborar su esposa.

Sorprendidos en una flagrante mentira, la seguridad de ambos se esfumó de inmediato y no tardaron en confesar. Eso si, ambos afirmaron haber sido el conductor y culparon al otro de ser el autor material del crimen; aunque casi todos los indicios apuntan a Loeb como el autor. Ambos adujeron como motivo del crimen sus delirios sobre el "superhombre" y la emoción de la búsqueda del crimen perfecto. Leopold llegó a calificar su crimen como "un ejercicio de inteligencia, un experimento". La policía hizo públicas sus confesiones el día 31, y días más tarde, recuperaría los restos de la máquina de escribir del fondo de un estanque en el Parque Jackson.


Como era de esperar, las circunstancias del caso, como la brutalidad del crimen, la posición social de los implicados o lo aparentemente absurdo del móvil hizo que la prensa le dedicara gran atención, llegando a calificarlo como "el crimen del siglo". Las familias de los dos jóvenes contrataron para defenderlos a Clarence Darrow, uno de los abogados más célebres del país y conocido opositor a la pena de muerte. Aunque todo el mundo esperaba que la defensa alegara locura como eximente, Darrow estaba seguro de que en un juicio con jurado un caso tan mediático acabaría invariablemente en una condena a muerte, así que decidió que Leopold y Loeb se declararan culpables, con el objetivo de convencer al juez que dictase la sentencia de ser clemente y optar por una condena a cadena perpetua.

La audiencia (que no juicio), presidida por el juez John R. Caverly, duró 32 días. La acusación presentó abundante documentación y más de un centenar de testigos detallando minuciosamente el crimen. La defensa presentó a numerosos expertos en psiquiatría señalando las numerosas "anomalías" de ambos acusados como atenuantes. Finalmente, en el alegato final de Darrow, que duró ocho horas y que él mismo afirmaba que había sido "el mejor de su carrera", Darrow señalaba a la pena de muerte como un castigo brutal, injusto e inhumano, que arrebataba a los condenados hasta la más mínima posibilidad de redimirse. Al final, tal y como Darrow esperaba, en la sentencia hecha pública el 10 de septiembre el juez acabó condenando a los dos a cadena perpetua por asesinato, más una pena adicional de 99 años por el secuestro.


Ambos fueron trasladados a la prisión de Joliet (Illinois). Leopold fue trasladado en 1925 a la prisión de Stateville, a donde llegaría también Loeb cinco años más tarde, en 1930. En Stateville ambos fueron presos modelo y se dedicaron a dar clases a otros presos. El 28 de enero de 1936 Loeb fue atacado en las duchas con una navaja de afeitar por otro preso llamado James Day y murió poco después en la enfermería. Day alegó que Loeb había tratado de asaltarlo sexualmente y un jurado aceptó esa versión y lo declaró no culpable en un juicio celebrado en junio. Sin embargo, Day no presentaba heridas y Loeb mostraba más de cincuenta cortes, algunos propinados desde atrás, lo que sugería que había sido atacado por la espalda. Se dijo que Day lo había estado extorsionando y que Loeb ya no tenía dinero para pagarle (en un principio las familias de ambos les enviaban importantes sumas de dinero, pero luego la dirección de la cárcel les puso un límite de cinco dólares a la semana). La muerte de Loeb sumió a Leopold en una severa depresión.

Después de eso, Leopold siguió siendo un preso ejemplar. Trabajaba en la biblioteca y en el hospital de la cárcel como voluntario, daba clases a los demás presos, incluso se ofreció voluntario para un experimento sobre la malaria. A principios de la década de 1950 un antiguo compañero de universidad llamado Meyer Levin le pidió ayuda para escribir una novela sobre el caso. Leopold lo rechazó, y le ofreció colaborar con él en sus memorias, que estaba escribiendo. Levin escribió de todos modos su novela, titulada Compulsión y publicada en 1956. A Leopold le resultó tan desagradable la versión que daba que trató de llevar a Levin a los tribunales, y también a los responsables de su versión cinematográfica, estrenada en 1959, pero en ambos casos los tribunales fallaron en su contra.

Finalmente, Leopold fue puesto en libertad condicional el 13 de marzo de 1958, tras casi 34 años en prisión. Poco después publicaba su autobiografía, Life and 99 Years, que se mantuvo 14 semanas en la lista de los más vendidos, aunque fue acusado de ignorar su pasado porque el libro comenzaba en el momento en el que entraba en prisión. Deseando empezar una nueva vida, Leopold se mudó a Puerto Rico, donde desempeño diversos trabajos como técnico de laboratorio, investigador médico, profesor en la Universidad de Puerto Rico o agente inmobiliario. También hizo estudios exhaustivos sobre los pájaros de la isla, publicando en 1963 Checklist of Birds of Puerto Rico and the Virgin Islands. También planeó escribir un segundo tomo de memorias, relatando su vida desde su salida de prisión, aunque no llegó a terminarlo. En 1961 se casó con una viuda y murió en 1971, a los 66 años, de un ataque al corazón.

El crimen de Leopold y Loeb ha servido de inspiración a numerosas novelas, obras de teatro y películas. Acaso la más famosa sea La soga (1948), dirigida por Alfred Hitchcock.