Verba volant, scripta manent
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domingo, 22 de diciembre de 2024

 La masacre del Boyd

La quema del Boyd (Walter Wright, 1908)

Construido en el año 1783 en los astilleros Hill de Limehouse (Londres), el Boyd era un bergantín de algo más de 33 metros de eslora y unas 400 toneladas de arqueo. Tuvo una vida un tanto agitada: destinado primero al comercio con las islas del Caribe, fue contratado en 1795 por la Compañía Británica de las Indias Orientales para un viaje a Calcuta. Sin embargo, a su regreso en 1797 fue capturado por los franceses y navegó bajo pabellón galo hasta que en 1803, al abrigo de la paz temporal sellada por el Tratado de Amiens, su propietario lo recompró y la dedicó de nuevo a comerciar con el Caribe. En 1804 volvió a ser capturado por un navío francés pero poco después la fragata HMS Galatea lo rescató y lo escoltó hasta la isla de Antigua.

Siguió comerciando con las colonias caribeñas hasta que en 1809 realizó su primer viaje con un tipo de carga totalmente diferente: el 10 de marzo partía del puerto irlandés de Cork bajo el mando del capitán John Thompson, llevando a bordo 139 presidiarios (de los cuales cinco murieron durante la travesía) con destino a la bahía de Sidney, donde debían cumplir sus penas, y a donde llegaron el 14 de agosto. Lejos estaban de imaginar que ese iba a ser su último viaje y que su trágico final haría famoso el nombre del Boyd.

Una vez entregado su "cargamento" el Boyd partió en octubre de la bahía de Sydney Cove de vuelta a Gran Bretaña. En este viaje iba a transportar una carga mucho menos comprometida: debían hacer escala en Whangaroa, en la costa de la Isla Norte de Nueva Zelanda, para cargar troncos de kauri (género Agathis, un género de árboles coníferas originario de Australasia y el Sudeste asiático cuyos troncos, rectos y anchos, y su madera, dura y resistente, los hacía muy apreciados para fabricar mástiles y vergas). Además, llevaban a bordo un grupo de pasajeros, en su mayor parte antiguos convictos que regresaban a sus hogares en Gran Bretaña tras cumplir sus penas. Entre los pasajeros iba un joven maorí llamado Te Ara, al que todos llamaban George, que tras más de un año embarcado como marinero en diversos buques ingleses (incluyendo una expedición para cazar focas en la Antártida) regresaba a su hogar en la bahía de Whangaroa. Te Ara había acordado con el capitán Thompson que se pagaría su pasaje trabajando, e iba a tener un papel capital en los sucesos que habrían de sucederle al barco y a sus ocupantes.

Sobre lo sucedido durante el viaje hay dos versiones. Según una, Te Ara se puso enfermo y no pudo o no quiso cumplir con las tareas que le asignaba Thompson. Según otra, el cocinero del buque había tirado accidentalmente al mar varias cucharillas mientras arrojaba los desperdicios por la borda, y para evitar ser castigado acusó al maorí de haberlas robado. Sea como fuere, el capitán decidió que Te Ara merecía un castigo, e hizo que le azotaran con el látigo de nueve colas y le privó de comida durante varios días.

Te Ara y Te Puhi (Samuel Seigh, 1823)

Era un castigo corriente a bordo de un barco para faltas menores. Pero Te Ara no era un maorí corriente. Era hijo de Te Puhi (o hermano, según otras fuentes), uno de los jefes de los maoríes de Whangaroa. Y para los maoríes, los jefes y sus familias eran intocables. Aquel correctivo, habitual para los británicos, suponía para Te Ara un ultraje inimaginable para él y para su familia, que exigía una contundente venganza. Pero, prudentemente, no dejó traslucir sus verdaderos sentimientos. Cuando el Boyd llegó a Whangaroa a principios de diciembre de 1809 a Te Ara le faltó tiempo para ir a ver a Te Puhi, contarle lo que había pasado y mostrarle las marcas aún frescas de los latigazos. Como era de esperar, Te Puhi se indignó con lo sucedido, igual que el resto de sus súbditos. Para Te Puhi no se trataba solo de un grave insulto a él y a su familia, sino que suponía una deshonra, una pérdida de su prestigio o "maná" que cuestionaba su autoridad frente a los suyos. Y para recuperarse de ese deshonor, se requería una vendetta, una represalia sangrienta y contundente. Así que Te Puhi llamó a su tribu al "utu" (venganza), pero advirtiéndoles que actuaran con normalidad para no poner sobre aviso a los británicos.

Durante tres días, los maoríes se mostraron afables y serviciales con los tripulantes del Boyd, quienes, lejos de sospechar nada, se dedicaban a comerciar y a hacer acopio de víveres para el inminente viaje de regreso a Europa. Al tercer día, Te Puhi en persona se ofreció a acompañar a Thompson al estuario del cercano río Kaeo, donde según él abundaban los kauri. El capitán aceptó el ofrecimiento y se llevó con él a su primer oficial y a otros tres marineros, sin imaginar que se encaminaban a una trampa. Porque apenas hubieron quedado fuera de la vista del Boyd, los maoríes los atacaron de improviso, matándolos a todos. Y a continuación, según sus costumbres rituales, llevaron los cuerpos a su aldea para devorarlos.

Esa noche un grupo de guerreros maoríes, vestidos con las ropas de los muertos, se acercó en una canoa al Boyd, fingiendo ser Thompson y sus acompañantes, que regresaban de su expedición, sin despertar sospechas entre los marineros que estaban de guardia. Rápidamente acabaron con ellos e hicieron señas a otras dos canoas llenas de guerreros, que abordaron el barco. Lo que vino a continuación fue una espantosa matanza. Los maoríes recorrieron el barco matando a todos los que se encontraban a su paso. Los pasajeros fueron llevados a cubierta y allí asesinados y descuartizados. Solo se salvaron cinco tripulantes, que en medio del caos consiguieron subirse al trinquete y esconderse en los aparejos; un grumete llamado Tom Davis o Davison, al que los atacantes encontraron escondido en la bodega, pero al que no mataron porque durante el viaje se había hecho amigo de Te Ara e incluso le había dado de comer a escondidas; y tres pasajeros, la señora Ann Morley y su bebé de pocos meses, y una niña de dos años llamada Elisabeth "Betsy" Broughton (cuya madre había sido una de las víctimas), a la que un jefe maorí tomó personalmente bajo su protección para que no sufriera daños.

Te Pahi

A la mañana siguiente apareció en la bahía una gran canoa. A bordo iba Te Pahi, el jefe maorí de la bahía de las Islas, a unos 60 kilómetros al suroeste de Whangaroa, que acudía a comerciar. Te Pahi era un buen amigo de los ingleses, a los que había tratado cordialmente e incluso había permitido que enviaran misioneros a sus dominios. Por eso, cuando vio a los supervivientes del Boyd pidiendo ayuda, acudió en su rescate pensando en ponerlos a salvo. Sin embargo, los maoríes de Whangaroa, al ver lo que intentaba, salieron en su persecución con varias canoas, profiriendo terribles amenazas si no se los entregaba. Te Pahi se asustó y desembarcó a los cinco marineros en la playa, donde no tardaron en ser cazados y asesinados uno a uno. Solo le perdonaron la vida al segundo oficial, con la condición de que les enseñara a fabricar anzuelos; pero como no quedaron satisfechos con sus habilidades, también él acabó muerto y devorado como sus compañeros. En total murieron a manos de los maoríes entre 67 y 70 personas.

Después de la matanza, los maoríes remolcaron el Boyd hacia su aldea hasta que encalló en unas marismas cerca de la isla de Motu Wai, donde empezaron a desvalijarlo: ropas, víveres, herramientas... En la bodega encontraron un cargamento de mosquetes y pólvora, y uno de los guerreros, un jefe llamado Pepio o Piopio, trató de cargar y disparar uno de ellos, como le había visto hacer a los británicos. La chispa del mosquete prendió la pólvora que los maoríes habían derramado mientras registraban el barco, haciéndola estallar. La explosión mató a diez maoríes, incluido Piopio, y desató un pavoroso incendio que, alimentado por varios barriles de aceite de ballena que llevaba en la bodega, no tardó en consumir la mayor parte del barco, quedando apenas el casco. A partir de entonces los maoríes consideraron los restos del Boyd como tapu (sagrado o prohibido).

Tres semanas después de la masacre aparecía en Whangaroa otro buque inglés, un mercante llamado City of Edinburgh (un antiguo buque español capturado por los ingleses), con Samuel Pattison como capitán y Alexander Berry (médico, comerciante y explorador de origen escocés), co-propiertario del barco, como sobrecargo. Estaban cargando kauri en la bahía de las Islas cuando supieron de la masacre a través de Te Pahi, y se apresuraron a dirigirse a Whangaroa con la esperanza de poder rescatar a los prisioneros. Lo primero que vieron al llegar a la bahía fue el casco quemado del Boyd y los huesos de sus infortunados tripulantes, apilados en varios montones a lo largo de la costa y con evidentes signos de canibalismo.

Berry se dispuso a negociar por los prisioneros de la manera que se hacían las negociaciones por aquel entonces: capturó a dos jefes maoríes que habían participado en el ataque y ofreció a Te Puhi intercambiarlos por los europeos cautivos, lo que fue aceptado. Una vez tuvo bajo su custodia a los prisioneros, Berry exigió que le entregaran también la documentación del Boyd, amenazando con llevarse a los jefes a Europa para ser juzgados. Cuando también esto fue aceptado, Berry puso en libertad a los jefes con la condición de que, como castigo, fueran despojados de su rango, aunque nunca esperó que los maoríes cumplieran con ello. Como explicaría más tarde en una carta a Lachlan Macquarie, gobernador de Nueva Gales del Sur, había renunciado a medidas más severas (como ejecutar a ambos jefes en represalia, como algunos le reclamaron más tarde) para no prolongar el enfrentamiento y evitar así que más europeos pudieran, en un futuro, ser víctimas de la ira de los maoríes.

Retrato de Elizabeth Broughton (Richard Read,1814)

El City of Edinburgh partió de Whangaroa llevando a los supervivientes, la documentación del Boyd, y también los huesos de sus tripulantes, para darles un entierro digno en el mar. Su plan original era regresar a Gran Bretaña bordeando el Cabo de Hornos, pero una serie de tormentas dañaron el buque y lo obligaron a dirigirse al puerto de Lima para reparar los daños sufridos. En Lima murió la señora Morley, quien nunca llegó a recuperarse por completo del shock provocado por los horrores de los que había sido testigo. Su hijo y la pequeña Betsy Broughton quedaron al cuidado de una familia española durante casi un año; a finales de 1811 Berry se los llevó a Rio de Janeiro, donde en marzo de 1812 los embarcó en un ballenero llamado Atalanta, que los llevó de regreso a Australia para reunirse con sus familias. Betsy se casaría más tarde con Charles Throsby, sobrino del célebre explorador del mismo nombre, con el que tuvo diecisiete hijos, y murió en Moss Vale (Nueva Gales del Sur) en 1891. En cuanto al grumete Davis, regresó a Inglaterra a bordo del mercante Archduke Charles y se hizo marinero. Moriría joven, en 1822, al ahogarse mientras exploraba la desembocadura del río Shoalhaven a las órdenes de Berry.

 Meses después de la masacre, las tripulaciones de seis balleneros británicos, el Atalanta (el mismo que un par de años más tarde habría de llevar a Betsy Broughton y al pequeño Morley de vuelta a Australia), el Inspector, el New Zealander, el Perserverance, el Speke y el Spring Grove, decidieron tomarse la justicia por su mano y lanzar un ataque contra los maoríes en venganza. Lamentablemente, se confundieron y en lugar de atacar Whangaroa atacaron la ensenada de Rangihoua, en la que se encontraba la aldea del jefe Te Pahi, al que creyeron responsable. Los balleneros provocaron una terrible matanza en la que perdieron la vida entre 50 y 60 maoríes y un marinero, y el propio Te Pahi resultó herido. Te Pahi, culpando a Te Puhi y a sus acciones de la tragedia sucedida en su aldea, lanzó un ataque contra él, un ataque que fracasó y en el que el propio Te Pahi perdió la vida. La enemistad entre ambas tribus se prolongaría durante años hasta que un misionero llamado Samuel Mardsen logró que hicieran las paces.

La masacre de los tripulantes del Boyd alcanzó gran resonancia en el Reino Unido, y según fuentes contemporáneas, redujo casi a cero el número de barcos británicos que se aventuró por aquellas costas en los siguientes tres años. También hizo cambiar de planes a un grupo de misioneros que tenían previsto desplazarse a aquellas tierras mas o menos por la misma época. 

La medalla de Te Pahi

Como curiosidad, la medalla que los ingleses habían otorgado a Te Pahi fue robada durante el saqueo de su aldea por parte de los balleneros ingleses. Tras dos siglos desaparecida, reapareció por sorpresa en 2014 en una casa de subastas de Sydney. Fue comprada a medias por el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa de Wellington y el Museo Memorial de Guerra Tāmaki Paenga Hira de Auckland.

lunes, 17 de junio de 2024

El homenaje a los músicos del Titanic



Tras el hundimiento del Titanic la madrugada del 15 de abril de 1912 y la llegada a Nueva York de los supervivientes a bordo del Carpathia, comenzaron de inmediato a circular relatos sobre los últimos momentos del transatlántico. Muchos de esos relatos hablaban de comportamientos heroicos o de personas que se enfrentaban a la muerte con calma y dignidad. Personas como el millonario norteamericano Benjamin Guggenheim, quien tras asegurarse de que su amante, Mme. Aubart, y la criada de esta se subían a uno de los botes salvavidas, estuvo ayudando a otras mujeres y niños a subirse a los botes, y luego se vistió de etiqueta y se negó a subir a un bote diciendo que "Ninguna mujer se quedará a bordo de este barco porque Ben Guggenheim fuera un cobarde" y que "Nos hemos vestido con nuestras mejores galas y estamos preparados para hundirnos como caballeros" (su cuerpo nunca fue recuperado). O como la orquesta del Titanic.

La orquesta del Titanic estaba formada por ocho músicos: los violinistas Wallace Hartley (que también ejercía como director), Jock Hume, Georges Krins y John Clarke; los violoncelistas Percy Taylor, John Wesley Woodward y Roger Bricoux; y el pianista Theodore Brailey. No eran empleados de la White Star Lane, propietaria del barco, sino que trabajaban para la C.W. & F.N. Black de Liverpool, que surtía de músicos a los navíos de varias navieras. Generalmente, tocaban divididos en dos grupos: un quinteto que actuaba en la sobremesa, a la hora del té y en ceremonias religiosas, y un trío que actuaba en el restaurante a la carta y en el café parisien. Según contaban los supervivientes, los miembros de la banda habían seguido tocando mientras el barco se hundía y la gente trataba de ponerse a salvo, sin dejar de hacerlo haste el mismo momento del hundimiento. Ninguno de ellos sobrevivió, y solo se recuperaron los cuerpos de Hartley, Hume y Clarke.

Casi desde el momento del hundimiento se empezó a hablar de organizar un concierto de homenaje, que sirviera tanto para reconocer el valeroso comportamiento de la banda como para recaudar fondos para sus familias. The Orchestral Association, un sindicato dedicado a defender los derechos de los músicos británicos, asumió la responsabilidad de la organización del concierto, que se hizo con gran rapidez; todo el mundo se mostraba dispuesto a ayudar para una causa tan noble. La fecha del concierto quedó pronto establecida el 24 de mayo de 1912, poco más de un mes más tarde del hundimiento, haciéndolo coincidir con la festividad del Día del Imperio, para asegurarse de que todo el que quisiera pudiera asistir. El lugar escogido, la célebre sala de conciertos londinense del Royal Albert Hall.

Para el concierto se congregó la que fue anunciada como "la mayor orquesta profesional jamás reunida". Nada menos que 473 músicos, procedentes de siete de las orquestas más reputadas de Londres, The Philharmonic Orchestra, The Queen's Hall Orchestra, The London Symphony Orchestra, The New Symphony Orchestra, The Beecham Symphony Orchestra, The Royal Opera Orchestra y The London Opera House Orchestra, además de algunos músicos de The Orchestral Association y la famosa contralto australiana Ada Crossley como solista. Especialmente emotiva fue la presencia de miembros de la London Symphony Orchestra, cuyos componentes se habían salvado por poco de la catástrofe: contratados para una gira de tres semanas por Estados Unidos y Canada, tenían billetes reservados en el Titanic pero un cambio de fechas de última hora les hizo tener que partir una semana antes, a bordo de otro trasatlántico, el SS Baltic.

El concierto comenzó a las tres de la tarde. La sala estaba a rebosar, con sus más de 5200 asientos ocupados por gente de toda condición, que habían pagado desde un chelín por las entradas más económicas hasta tres guineas por un asiento en los palcos más exclusivos. Además, los organizadores decidieron dejar las puertas de la sala abiertas, para que los transeúntes pudieran disfrutar también de la música. 

A lo largo de la actuación siete directores diferentes se fueron turnando para dirigir la orquesta. La mayoría eran los titulares de las orquestas que aportaban músicos al concierto, como sir Edward Elgar (London Symphony Orchestra) o sir Henry J. Wood (Queen's Hall Orchestra). también contaron con un invitado de excepción, el holandés Willem Mengelberg, uno de los directores de orquesta más prestigiosos de Europa, que fue director de la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam durante cincuenta años.

El programa contemplaba dos partes, separadas por un intervalo de descanso. En la primera mitad se interpretaron obras de Chopin (la Marcha Fúnebre de su Sonata para piano nº2), Mendelssohn (el aria Descansa en el Señor de su oratorio Elías) o Tchaikovsky (el tercer movimiento de su Sinfonía nº6, la Patética). La segunda se dedicó casi exclusivamente a Wagner (la Cabalgata de las Walkirias, el preludio de Lohengrin o la obertura de Tannhauser). La actuación se cerró con la interpretación de un himno religioso llamado Near, my God, to thee (Cerca de ti, señor) del que se decía que había sido la última pieza que había interpretado la orquesta antes de que el Titanic se hundiera, aunque hay serias dudas de que así fuera. Fue un momento tremendamente emotivo, en el que la mayoría del público acabó entonando el himno y muchos rompieron a llorar con la emoción.

Todos los beneficios del concierto fueron entregados a las familias de los ocho músicos del Titanic.

domingo, 31 de marzo de 2024

La mala suerte del Willie Dee

El USS William D. Porter (DD-579)


De la misma manera que hay personas a las que parece perseguir la mala suerte, hay barcos que parecen tocados con la varita del infortunio. Y en un mundo con tantas supersticiones como el de la navegación, una vez que un barco es señalado como "gafe" le resulta casi imposible librarse de ese sambenito. Aunque algunos, como el Willie Dee, se ganaron a pulso esa fama.

El USS William D. Porter, llamado así en homenaje el comodoro William David Porter (1808-1864), era un destructor de la clase Fletcher, uno de los barcos más modernos de la Armada estadounidense, botado el 27 de septiembre de 1942 en Orange (Texas) y entregado a la Armada el 6 de julio de 1943. Tras las correspondientes pruebas de navegación y diversas mejoras, que le llevaron a pasar por Galveston, Guantánamo, las Bermudas y Charleston, llegó al puerto de Norfolk (Virginia) a finales de septiembre de ese año, donde por varias semanas realizó prácticas de combate con otros buques de la flota del Atlántico, esperando a recibir su primera misión.

Esta no llegaría hasta el 12 de noviembre, cuando se le ordenó dirigirse a la bahía de Chesapeake y aguardar instrucciones. Al zarpar de Norfolk el Willie Dee, como era conocido entre los marineros, tuvo su primer incidente: su ancla se enganchó en la cubierta de otro destructor amarrado a su lado, arrancándole varios metros de barandilla e incluso un bote salvavidas. Al llegar a Chesapeake se encontró con el acorazado Iowa, que le informó de que su misión era sumarse a su escolta, para dotarlo de protección antisubmarina, en su travesía a través del Atlántico hasta el puerto argelino de Mers-el-Kebir; una escolta de la que formaban parte otros dos destructores y dos portaaviones ligeros.

La misión del Iowa se mantuvo en el mas estricto secreto y la tripulación del Willie Dee no supo de ella hasta después de su partida. No era para menos; a bordo del Iowa viajaba nada menos que el presidente de los EEUU Franklin D. Roosevelt, que se dirigía a tomar parte en las conferencias de El Cairo (junto al británico Winston Churchill y el chino Chiang Kai-Shek) y de Teherán (de nuevo con Churchill y con el soviético Iosif Stalin). Junto a Roosevelt viajaban entre otras personalidades el secretario de Estado Cordell Hull, el comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas "Hap" Arnold, el jefe del Estado Mayor almirante William D. Leahy o el comandante en jefe de la Armada norteamericana y Jefe de Operaciones Navales almirante Ernest King. 

Almirante Ernest Joseph King (1878-1956)

Al poco de partir, una tremenda explosión sobresaltó al convoy. El Iowa y sus escoltas, creyendo estar siendo atacados por submarinos alemanes, iniciaron acciones evasivas... hasta que el capitán del William D. Porter, el capitán de corbeta Wilfred A. Walter, comunicó que se había tratado de un desafortunado accidente: una de sus cargas de profundidad, mal asegurada, se había desprendido y había caído al agua; y como además no tenía puesto el seguro, como era preceptivo, había detonado a la profundidad prevista.

La mala racha del Willie Dee se prolongó poco después cuando el barco recibió el impacto de una enorme ola que, aparte de causar diversos daños en la cubierta, lanzó por la borda a uno de sus marineros, que no pudo ser rescatado. Por si fuera poco, el impacto había dañado una de las calderas del barco, que empezó a perder velocidad, obligándolo a salir de la formación y a que el resto del convoy ralentizara su marcha mientras reparaban la avería para no dejarlo atrás. El almirante King, furioso con todas estas incidencias, llamó a bordo del Iowa al capitán Walter para darle una severa reprimenda por el comportamiento de su nave y su tripulación, algo que obviamente no sentó nada bien a Walter.

El 14 de noviembre, habiendo dejado atrás las Bermudas y ya en mar abierto, el capitán del Iowa John McCrea decidió entretener al presidente y a su séquito con una demostración de las defensas antiaéreas del acorazado. Para ello, hizo lanzar una serie de globos meteorológicos para que sirvieran de blanco y ordenó abrir fuego contra ellos. El capitán del William D. Porter, que seguía al Iowa a cierta distancia, vio como varios de los globos que no habían sido derribados se dirigían hacia su posición llevados por el viento, y vio en ello una oportunidad para restablecer en parte el crédito que su barco y su tripulación habían perdido, ordenando a sus hombres dispararles, a la vez que ordenaba un simulacro de lanzamiento de torpedos.

Para un simulacro de lanzamiento de torpedos se seguían todos los pasos necesarios para un lanzamiento común, desde fijar un blanco a accionar el disparador, con una única diferencia: antes del simulacro se retiraban los detonadores de las cargas que expulsaban al torpedo del tubo, de modo que aunque se disparasen los torpedos permanecían en sus tubos. En el Willie Dee esta labor estaba a cargo de dos marineros llamados Lawton Dawson y Tony Fazio. Tras derribar los globos se dio paso al lanzamiento simulado de los torpedos, fijando como blanco el Iowa, perfectamente visible a apenas tres kilómetros más adelante. Con los dos primeros tubos lanzatorpedos todo fue como estaba previsto. Pero cuando le llegó el turno al tercer tubo, la aterrada tripulación del William D. Porter pudo escuchar el inconfundible chapoteo de un torpedo saliendo al mar. El Willie Dee acababa de lanzar un torpedo, armado y listo, directamente hacia el Iowa.

Franklin Delano Roosevelt (1882-1945)

A bordo del destructor se desató el caos. Los tripulantes iban de un lado para otro gritando y tratando de encontrar una manera de advertir al Iowa. Dado que se había ordenado un silencio total de radio, para no atraer la atención de submarinos alemanes, el capitán Walter ordenó avisar al acorazado a través del telégrafo de señales. Pero el inexperto marinero que transmitió el aviso se equivocó no una, sino dos veces: la primera advirtió al Iowa de que había un torpedo alejándose de él, no acercándose; y la segunda, tratando de decirle que cambiaran a marcha atrás a toda, les dijo que era el William D. Porter el que estaba cambiando a atrás a toda. Al final el capitán Walter se vio obligado a romper el silencio de radio y advertir de la presencia del torpedo. Justo en ese momento el Iowa vio acercarse el torpedo y viró bruscamente a estribor, tan bruscamente que el presidente Roosevelt, que aún estaba en la cubierta, estuvo a punto de caer por la borda con su silla de ruedas.

Al final, gracias a la maniobra del Iowa, el torpedo erró el blanco y acabó estallando al chocar con la estela del acorazado. De inmediato toda la artillería del Iowa apuntó al Willie Dee mientras exigían una explicación del ataque. El capitán Walter solo pudo admitir que, en efecto, habían sido ellos y que todo había sido un desafortunado accidente. Pero el almirante King, si antes estaba disgustado con el destructor y su tripulación, ahora estaba furioso. No solo habían puesto en riesgo la vida del presidente y la práctica totalidad de la plana mayor de las Fuerzas Armadas, sino que habían dejado en ridículo a la Armada. El almirante ordenó que el William D. Porter abandonara de inmediato el convoy y regresara a las Bermudas, donde quedaría inmovilizado hasta nuevo aviso, y toda su tripulación pasaría a estar bajo arresto, un hecho insólito en la historia de la Armada estadounidense.

La tripulación fue sometida a un consejo de guerra, donde se concluyó que el incidente se había producido porque el detonador de la carga del torpedo no había sido retirado como debiera, haciendo constar la inexperiencia de la mayoría de la tripulación. El marinero Dawson, de 22 años, admitió haberse olvidado de retirar el detonador y de haberse deshecho luego del detonador usado, para intentar borrar la evidencia de su error, por lo que fue condenado a 14 años de prisión, aunque poco después el presidente Roosevelt le concedió un perdón completo y ordenó que ningún otro castigo se le impusiera, ni a él ni a ningún otro miembro de la tripulación del Willie Dee, por lo que había sido un accidente del que nadie había salido perjudicado.

Tras todo el alboroto el William D. Porter fue destinado a las Aleutianas, en el Pacífico Norte, el destino menos apetecible posible para un barco de la Armada. Para entonces, el destructor se había convertido en el hazmerreír de la Armada, y él y su tripulación eran objeto de numerosas burlas. Era habitual que fuera recibido en los puertos en los que paraba con gritos de "¡No disparéis, somos republicanos!" o "¡No disparéis, nosotros votamos por Willkie!" (refiriéndose a Wendell Willkie, el candidato republicano que había perdido las elecciones de 1940 frente al demócrata Roosevelt). Permaneció en las Aleutianas hasta finales de 1944, mayormente con misiones de poca relevancia como patrullar las numerosas islas del archipiélago o actuar como escolta de convoyes. Aún así, su estadía no estuvo libre de incidentes: el más notorio, una noche que un marinero regresó de un permiso totalmente borracho y se le ocurrió disparar uno de los cañones de 127 milímetros del barco, cuyo proyectil acabó en el jardín de la casa del comandante de la base mientras este celebraba una fiesta a la que asistían numerosos oficiales y sus esposas, sin que nadie resultara perjudicado, salvo el ya deteriorado prestigio del barco.

A finales de 1944 el William D. Porter, bajo el mando del capitán Charles M. Keyes, que había relevado en mayo al capitán Walter (quien acabaría siendo contraalmirante años más tarde) fue destinado a las Filipinas, donde permaneció hasta finales de marzo, cuando se le encomendó participar en la conquista de la isla de Okinawa. Intervino primero en la toma del archipiélago de las Kerama y luego en Okinawa, proporcionando cobertura de artillería a las tropas de desembarco y como escolta de los buques de mayor tamaño, a los que proporcionaba protección antiaérea y antisubmarina. En todas estas acciones el barco se desempeñó con eficacia y hasta brillantez; la mayor experiencia de sus hombres y la rígida disciplina de Keyes habían dado sus frutos. Pero aún así, el Willie Dee seguía siendo objeto de burlas y arrastrando la fama de ser un buque con mala estrella. Se llegó a decir que durante los combates había derribado accidentalmente a tres aviones americanos y dañado a otro destructor, el USS Luce; pero no hay registros de ello y muy probablemente se trate de rumores sin fundamento, azuzados por la mala reputación del barco.

Tras los primeros días de la batalla de Okinawa, al William D. Porter se le encomendó una nueva y peligrosa misión: formar con otros barcos un cordón defensivo alrededor de la isla para proteger al resto de la flota de los continuos ataques aéreos de aviones japoneses procedentes de las islas de Kyushu y Taiwán, muchos de ellos kamikazes. Los kamikazes eran el último y desesperado intento de los nipones de entorpecer el avance de los barcos americanos hacia Japón: pilotos suicidas, mayormente jóvenes (universitarios o incluso adolescentes), sin apenas experiencia como pilotos (a aquellas alturas de la guerra a Japón apenas le quedaban pilotos veteranos, y los pocos que había no podían "desperdiciarse" en aquellas misiones), a los mandos de aviones obsoletos o destartalados cargados de explosivos, con el objetivo de estrellarse contra los barcos norteamericanos y hundirlos o al menos averiarlos de gravedad.

El 10 de junio de 1945 el William D. Porter detectó una formación de aviones japoneses que se dirigían a Okinawa y que resultaron ser kamikazes. Uno de ellos, un bombardero en picado Aichi D3A Val (un modelo anticuado que había sido sustituido casi por completo por un nuevo modelo, el Yokosuka D4Y Suisei) se separó de la formación y se dirigió directamente hacia los barcos norteamericanos. En un primer momento pareció querer atacar a un buque cercano al Porter, pero en el último momento viró y se dirigió directamente al destructor. Las defensas antiaéreas actuaron de inmediato, alcanzando al avión, que cayó al agua a apenas diez metros del barco. Pero el grito de alegría de la tripulación del Willie Dee se cortó de golpe. El Val había caído al agua en diagonal, y de alguna manera logró avanzar lo suficiente bajo el agua hasta llegar justo bajo la quilla del destructor, donde explotó. La brutal explosión desfondó el casco del barco y lo sacó parcialmente del agua, provocando numerosas vías de agua, pérdida de potencia y varios incendios a bordo. Durante tres horas la tripulación luchó por mantenerlo a flote, pero visto que era una batalla perdida, el capitán Keyes ordenó la evacuación de la nave, menos de un cuarto de hora antes de que se hundiera por completo.

El USS William D. Porter, dañado y fuertemente escorado tras el ataque, intenta mantenerse a flote con la ayuda de dos buques auxiliares de desembarco, el LCS(L)(3)-86 y el LCS(L)(3)-122

Curiosamente, no sufrió bajas en el ataque y toda la tripulación del Willie Dee pudo ser puesta a salvo antes del hundimiento. De hecho, a lo largo de su servicio y a pesar de los numerosos incidentes en los que se vio envuelto, el William D. Porter solo perdió a un tripulante: aquel marinero que había sido arrastrado por una ola en su primera misión mientras escoltaba al Iowa.

domingo, 17 de marzo de 2024

Stede Bonnet, el pirata caballero

Stede Bonnet (1688-1718)

No se puede decir que Stede Bonnet fuera un pirata corriente. La mayoría de los que se dedicaban a tal ocupación solían ser personas de origen humilde que buscaban una manera de hacerse ricos. Por eso resultaba extraño encontrar piratas como Bonnet, que ya eran ricos de antemano y aún así se habían embarcado para dedicarse al saqueo y al pillaje.

Stede Bonnet había nacido en Bridgetown, la capital de la colonia británica de la isla caribeña de Barbados, en 1688. Su padre Edward era un acomodado terrateniente dueño de una plantación de 160 hectáreas al sur de la ciudad, que Stede heredaría al quedar huérfano en 1694. Tuvo seguramente una educación esmerada (las crónicas hablan de sus exquisitos modales y su afición por la lectura) y durante la mayor parte de su vida se comportó de la manera que cabría esperar de un joven y acomodado propietario en las colonias británicas. Se puso al frente de sus posesiones cuando tuvo edad para ello, y en 1709 se casó con Mary Allamby, con la que tendría cuatro hijos, Allamby (muerto en torno a 1715), Edward, Stede Jr. y Mary. Incluso tuvo una activa participación como miembro de la milicia de Barbados, en la que alcanzaría el rango de mayor. Hasta que de improviso, en el verano de 1717, decidió hacerse pirata.

Cuentan que fue su mala relación con su esposa lo que le llevó a tomar tal decisión. Las discusiones con Mary eran continuas y había llegado a aborrecer la vida de casado. Así que hizo construir en un astillero local un cúter, un barco de vela de un solo mástil, de apenas veinte metros de eslora y sesenta toneladas de arqueo, al que llamó Revenge, y que armó con diez cañones (la mayoría de los piratas conseguían sus barcos robándolos, muy pocos podían darse el lujo de comprarlos como Bonnet). A continuación reclutó una tripulación de setenta hombres y se hizo a la mar, dejando atrás familia, amigos y posesiones, rumbo a las costas de Virginia, donde la abundante actividad comercial y las pocas defensas facilitaban la actuación de los piratas.

Resulta algo desconcertante que Bonnet hubiera elegido precisamente la piratería, ya que, que se sepa, no tenía experiencia alguna como marino. Probablemente se dejó llevar por el afán de aventuras y las historias que circulaban por todo el Caribe acerca de piratas famosos y fabulosos botines. Precisamente por esta falta de aptitudes marineras tuvo que delegar buena parte de sus deberes como capitán en su primer oficial y su contramaestre, lo cual provocó que su tripulación no le tuviera demasiada estima. Bonnet trató de ganarse su lealtad tomando medidas tales como pagarles un sueldo fijo (lo habitual entre los piratas era que cobraran solo cuando había un botín que repartir) pero aún así sus hombres nunca acabaron de confiar totalmente en él.

El Revenge se dirigió primero a las cercanías de la bahía de Chesapeake, donde capturó y saqueó cuatro barcos y quemó el buque de Barbados Turbet, para evitar que sus tripulantes avisaran de sus acciones en su isla de origen. Luego se dirigió hacia el norte, a las proximidades de Nueva York, donde saqueó otros dos barcos y liberó a sus prisioneros en Gardiners Island. Hay que decir que, aunque algunas crónicas lo tacharon de cruel y sanguinario, y le acusaron de hacer "caminar por la plancha" a sus cautivos, lo cierto es que Bonnet siempre trató a sus prisioneros con cortesía y amabilidad, hasta el punto de que por su benevolencia y sus refinados modales empezaría a ser conocido como "el pirata caballero".

Ante la escasez de presas, Bonnet regresó a la costa de Carolina, donde capturó un mercante de Boston y una balandra de Barbados, a la que desmanteló para reparar la Revenge y obtener madera y repuestos. En septiembre, dueño ya de un considerable botín, Bonnet decidió dirigirse al puerto de Nassau, en las Bahamas, un punto de encuentro habitual de numerosos piratas, tanto que era conocido como "la República Pirata". Pero en su camino tuvo la mala suerte de cruzarse con un navío de guerra español, con el que se enzarzó en combate, con un elevado coste; a pesar de que al final consiguió huir y llegar a Nassau, el Revenge quedó seriamente averiado, perdió a la mitad de su tripulación y el propio Bonnet fue herido de gravedad.

Edward Teach (o Thatch), "Barbanegra" (c. 1680-1718)

En Nassau, mientras reparaba su barco y reclutaba nuevos tripulantes, Bonnet conoció a dos piratas que acababan de regresar tras una muy lucrativa campaña por las costas de Norteamérica, el capitán Benjamin Hornigold y su socio Edward Teach, el célebre "Barbanegra", que habían decidido separar sus caminos. Como Bonnet aún no estaba lo suficientemente recuperado como para ponerse al mando del Revenge, ofreció a Barbanegra ser su capitán, quedándose él a bordo como invitado. Una vez reparado, el Revenge se dirigió a la bahía de Delaware, en cuyas proximidades capturó y saqueó once barcos. El capitán Codd, al mando de uno de ellos, describiría más tarde la curiosa escena de como Bonnet, en pleno abordaje, se paseaba por la cubierta de su barco vestido únicamente con su ropa de dormir, sin que nadie le prestara demasiada atención. En noviembre Barbanegra y Bonnet decidieron regresar al Caribe. El 17 de noviembre capturaron, a cien millas de la isla de Martinica, una bricbarca francesa de 200 toneladas llamada La Concorde, dedicada al tráfico de esclavos, de la que Barbanegra se apropió renombrándola Queen Anne's Revenge, La venganza de la reina Ana, que con el tiempo se convertiría en uno de los barcos piratas más famosos de la historia. Un mes más tarde, con Bonnet ya recuperado de sus heridas, ambos piratas decidían separarse y continuar pirateando cada uno por su cuenta.

En marzo de 1718 el Revenge encontró a un mercante de 400 toneladas, el Protestant Caesar, que procedía de Honduras, pero fue incapaz de capturarlo. La tripulación pirata, frustrada por la pérdida de un botín tan suculento, culpó a la escasa habilidad de Bonnet, así que, cuando poco después volvieron a encontrarse con Barbanegra en las islas Turneffe, le pidieron que volviera a mandarlos. No era un hecho insólito en los anales de la piratería; a diferencia de lo que pasaba en los buques mercantes o de guerra, las tripulaciones piratas podían destituir a un capitán y elegir a otro si lo consideraban más capaz. Barbanegra aceptó la oferta, puso a uno de sus oficiales, apellidado Richards, al frente del Revenge, y acogió a Bonnet como "invitado" en su barco. A Bonnet esta traición de su antiguo socio no le sentó nada bien, y llegó a compartir con algunos de sus hombres que todavía le eran leales su intención de dejar la piratería y marcharse al exilio en España o Portugal. Richards capturó más tarde una balandra jamaicana, la Adventure, cuyo capitán David Herriot se unió a los piratas.

La bandera pirata enarbolada por Stede Bonnett, con la calavera y los huesos habituales, acompañados de un puñal y un corazón, aunque según algunas fuentes podría haber sido roja y no negra

Con cuatro barcos a sus órdenes, Barbanegra llevó a cabo una de sus acciones más audaces, bloqueando el puerto de Charles Town (Carolina del Sur) y reclamando un rescate. Una vez lo hubo cobrado, la flota se dirigió a la isla de Topsail, donde Barbanegra planeaba descansar y reparar sus buques; pero el Queen Anne's Revenge encalló y Barbanegra se vio obligado a abandonarlo. Dejando sus barcos allí fondeados, Barbanegra y Bonnet se dirigieron a la ciudad de Bath, capital de Carolina del Norte, donde el gobernador Charles Eden (socio en secreto de Barbanegra) les concedió un indulto en nombre del rey Jorge I a cambio de que renunciaran a la piratería y aceptaran una patente de corso para atacar los intereses españoles en América. Bonnet tenía pensado instalarse en la isla danesa de Saint Thomas, en las islas Vírgenes, pero Barbanegra tenía otros planes: abandonó discretamente Bath y regresó a Topsail. Cuando Bonnet a su vez regresó, se encontró con la desagradable sorpresa de que Barbanegra había huido en uno de los barcos, llevándose con él el botín y abandonando a parte de su tripulación, tras haber saqueado la Revenge y robado casi todos sus víveres y municiones.

Bonnet volvió a ponerse al frente de su navío y acogió a los hombres que Barbanegra había dejado atrás. Tras hacerse con algunos suministros salió en persecución de su ex-socio, pero fue incapaz de dar con él, así que decidió volver a dedicarse a la piratería para reponer sus mermadas reservas. Pero como no quería perder el indulto que había recibido, lo hizo con un disfraz: renombró a la Revenge como Royal James y se hizo llamar a si mismo "capitán Thomas". Y empezó de nuevo a saquear buques en las costas de las Carolinas. En las siguientes semanas, asaltó once buques, a dos de los cuales, dos balandras llamadas Fortune y Francis, los obligó a acompañarle como parte de su flota.

En agosto de 1718 Bonnet ancló el Royal James en el estuario del río Cape Fear. Su intención era permanecer allí un par de meses, hasta que hubiera pasado la temporada de huracanes en el Caribe, descansando y carenando el barco, labor que llevaron a cabo sus prisioneros. No obstante, la noticia de que un barco pirata estaba fondeado en el estuario no tardó en llegar a los oídos del gobernador de Carolina del Sur, Robert Johnson, el cual encomendó al teniente William Rhett que se pusiera al frente de una expedición formada por dos barcos, el Henry y la Sea Nymph, y más de 130 hombres, para capturar a los piratas. Rhett y sus barcos llegaron al estuario el 26 de septiembre de 1718. En un principio, Bonnet creyó que se trataba de mercantes y envió a tres canoas para abordarlos, pero tuvieron que dar la vuelta cuando descubrieron que eran barcos de guerra fuertemente armados.

Bonnet estaba en clara inferioridad. Tenía un solo barco y apenas 45 hombres, varios de los cuales eran tripulantes de los barcos que había asaltado, enrolados a la fuerza y con pocas ganas de combatir. Aún así, envió un mensaje a Rhett amenazando con quemar todos los barcos del puerto de Charles Town si no le dejaban irse, pero Rhett se negó. Al amanecer del día 27 se inició el combate, que más tarde sería conocido como la batalla del río Cape Fear. El enfrentamiento se prolongó durante horas y en su transcurso los tres barcos implicados acabaron encallados en las aguas poco profundas del estuario. Finalmente, la subida de la marea liberó a los buques de Rhett, que exigieron la rendición del Royal James. Bonnet se negó en un principio, amenazando con quemar su barco antes que rendirse, pero su tripulación no estaba dispuesta a llegar a tales extremos y al final los piratas se rindieron incondicionalmente. Rhett regresó a Charles Town el 3 de octubre, llevando consigo el Royal James y a los piratas supervivientes como prisioneros.

Bonnet, junto a su contramaestre Ignatius Pell y a David Herriot, al que había nombrado piloto, fueron encerrados aparte del resto de su tripulación. El día 24 de octubre, Bonnet y Herriot huyeron de su prisión con la ayuda de un comerciante local, pero fueron descubiertos días mas tarde; Bonnet fue vuelto a capturar y Herriot murió de un disparo. El 5 de noviembre se juzgó a la tripulación de Bonnet; veintinueve de ellos fueron condenados a muerte y ahorcados. En ese juicio, Pell aceptó testificar contra sus compañeros, a cambio de ser puesto en libertad (más tarde volvería a dedicarse a la piratería; en 1724 se le atribuye el mando de un navío pirata en las costas norteamericanas). El juicio de Bonnet se celebró el 10 de noviembre, en medio de una gran expectación y numerosas muestras de apoyo de los habitantes de Charles Town, que por algún motivo mostraban una sorprendente simpatía por el pirata y pedían una condena leve para él. Sin embargo, el juez Nicholas Trott fue implacable y lo condenó también a muerte. Bonnet alegó que no tenía apenas autoridad sobre su tripulación, y que estos actuaban por su cuenta, algo ratificado por la declaración de Pell, pero no sirvió de nada. 

Bonnet rogó entonces clemencia al gobernador Johnson, se ofreció incluso a trabajar a sus órdenes, sin éxito. A pesar de las manifestaciones de los habitantes de Charles Town, especialmente de las mujeres, a las que Bonnet parecía haber caído en gracia por sus elegantes modales, y que llevaron a Johnson a aplazar su ejecución hasta en siete ocasiones, finalmente Stede Bonnet fue ahorcado el 10 de diciembre en un paraje llamado White Point. Para entonces Barbanegra también había muerto, caído en combate en la bahía de Ocracroke el 22 de noviembre, y su cabeza había acabado colgada del bauprés de uno de los buques que lo habían derrotado.

El cuerpo de Bonnet, junto a los del resto de su tripulación, fue enterrado en un pantano, en una tumba sin nombre. Tenía apenas treinta años al morir y su carrera como pirata no había durado ni siquiera año y medio, pero le había bastado para alcanzar la fama como uno de los piratas más singulares que jamás hayan navegado por los siete mares.

domingo, 21 de enero de 2024

Pequeñas historias (XXXV)

El piloto mexicano de Fórmula 1 y NASCAR Pedro Rodríguez de la Vega viajaba siempre con una bandera mexicana y una grabación de su himno nacional, después de que tras ganar el Gran Premio de Sudáfrica de 1967 los organizadores, al no disponer de una copia del himno, acompañaran su subida al podio con La Raspa.

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La última viuda de un veterano de la Guerra de Secesión norteamericana (1861-65), Helen Viola Jackson, murió en el año 2020. En 1936 Helen, de 17 años, se había casado con el veterano James Bolin, de 93. En aquellos años era corriente que veteranos de edad avanzada se casaran con mujeres jóvenes para que ellas pudieran seguir cobrando su pensión después de que ellos hubieran muerto.

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Cuenta el historiador griego Herodoto (484-425 a. C.) en las páginas que dedica al pueblo escita que algunos guerreros de estas tribus euroasiáticas tenían una bárbara costumbre: arrancar la piel de sus enemigos muertos para forrar con ella los carcajes en los que llevaban sus flechas. Durante mucho tiempo se dudó de la veracidad de esta afirmación, dado que no existían otras fuentes que la confirmaran. Hasta que recientemente un equipo de arqueólogos analizó 45 muestras de cuero halladas en diferentes enterramientos escitas, usando espectrometría de masas para identificar proteínas específicas y averiguar la especie a la que pertenecían. La mayoría resultó ser de animales domésticos: cabras, ovejas, caballos y bóvidos. También había algunas de animales salvajes como zorros y ardillas. Y, sorprendentemente, dos de las muestras, ambas procedentes de sendos carcajes, resultaron ser de piel humana, dando así la razón a Herodoto.

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El Jenny era una goleta británica que partió en 1822 de la isla de Wight rumbo a Sudamérica. Tras hacer escala en varios puertos, el último de los cuales fue el del Callao (Perú), la goleta desapareció sin dejar rastro a principios de 1823. En septiembre de 1840 el ballenero Hope la encontró atrapada en una barrera de hielo en el Paso de Drake, con toda su tripulación congelada a bordo. La última entrada en el diario del capitán decía así: "4 de mayo de 1823. 71 días sin comida. Soy el único que sigue con vida". Algunos historiadores ponen en duda la veracidad de este suceso.

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El 20 de enero de 1953, al terminar su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, Harry Truman tomó el tren como un ciudadano más, camino de su casa de Independence (Missouri), charlando amigablemente con el resto de pasajeros. Había rechazado cualquier tipo de escolta por parte del servicio secreto y su única fuente de ingresos era su pensión del ejército.

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El 29 de agosto de 2007 seis misiles de crucero AGM-129, cada uno de ellos cargado con una cabeza nuclear W80-1, fueron cargados por error en un bombardero B-52H en la base aérea de Minot (Dakota del Norte) y transportados hasta la base de Barksdale (Louisiana). Durante 36 horas, nadie se dio cuenta del error ni se echaron en falta las cabezas nucleares, que permanecieron montadas en el avión sin vigilancia especial ni cumplir las precauciones obligatorias en el transporte y manipulación de armas nucleares. El incidente fue calificado como Bent Spear (un incidente de menor importancia que involucra material nuclear), un nivel más bajo que el mucho más serio Broken Arrow.

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El compositor y pianista polaco André Tchaikowsky (1935-1982) donó su calavera a la Royal Shakespeare Company para que fuera usada como parte del atrezzo de la compañía; más específicamente, para que se usara como la calavera del bufón Yorick en representaciones de Hamlet. Su deseo se cumplió finalmente en 2008, en una representación protagonizada por David Tennant.

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En el año 2008 un ejecutivo moscovita llamado Dmitry Agarkov recibió por correo una oferta de una tarjeta de crédito con un 12'9% de interés por parte de un banco ruso. Sin embargo, al leer con atención el contrato, descubrió que en realidad ese interés era un gancho publicitario y los intereses reales podían alcanzar el 43%. Enfadado con esa y otras prácticas poco éticas por parte de los bancos, decidió tomarse la justicia por su mano. Escaneó el contrato y lo modificó con un procesador de texto, añadiendo una serie de cláusulas muy favorables para él, que incluían un 0% de interés, crédito ilimitado, cero comisiones y una importante indemnización si el banco no cumplía las condiciones o trataba de romper el contrato; lo firmó y lo envió de vuelta al banco, quien, sin darse cuenta de los cambios de Agarkov, lo firmó también y le devolvió una copia. Dos años después el banco reclamó judicialmente a Agarkov las comisiones y tasas pendientes; el juez concluyó que el contrato era válido y lo eximió de pagar. A continuación, Agarkov demandó al banco por incumplimiento de contrato. La denuncia no llegó a los tribunales, ya que el banco prefirió negociar un acuerdo extrajudicial.


domingo, 26 de noviembre de 2023

Porphyrios, la ballena asesina

Cachalote

Cuenta el historiador bizantino del siglo VI Procopio de Cesarea en sus obras sobre el reinado del emperador Justiniano I (527-565), Historia de las guerras e Historia secreta, que durante un largo periodo de tiempo, que se extendió por más de cincuenta años, el tráfico marítimo en las aguas que rodean la ciudad de Constantinopla se vio gravemente perturbado por la presencia de una agresiva ballena llamada Porphyrios (también llamada, dependiendo de la fuente, Porphyrius, Porphyrion, Porphyry o Porphyrio), que atacó y hundió numerosos barcos en aguas del estrecho del Bósforo y el mar Negro.

No se sabe apenas nada de Porphyrios. Por aquel entonces se desconocía casi todo de las ballenas, y el único dato que Procopio nos da es su tamaño: 45 pies (13'7 metros) de largo y 15 (4'6 metros) de ancho. No es posible, por tanto, saber la especie o el sexo de la ballena. Hay dos principales hipótesis: por su tamaño, su longevidad y su conducta, muchos están convencidos de que se trataba de un cachalote (Physeter macrocephalus), aunque esta especie muy rara vez se ha visto en aquellas aguas. Otros proponen que se trataba de una orca (Orcinus orca) inusualmente grande (en general no suelen superar los ocho metros de largo), ya que las orcas si se ven con regularidad en el mar Negro.

Tampoco se sabe el origen de su nombre. Unos creen que es una referencia a Porphyrius Calliopas, un auriga de origen africano extremadamente popular en la Constantinopla de principios del siglo VI; y otros que hace referencia al gigante mitológico Porfirión, que llegó a enfrentarse a los mismísimos dioses. La hipótesis más repetida en fechas recientes es que se trataba de una referencia al color púrpura ("porphyra" significa "púrpura" en griego), bien aludiendo al púrpura imperial, color propio de los emperadores (sería algo así como una muestra de respeto y admiración, reconociendo a Porphyrios como "emperador" de las ballenas), o bien directamente al color de la piel del animal (tanto el gris oscuro de los cachalotes como el negro de las orcas pueden ser confundidos con un tono púrpura oscuro estando en el agua).

Orca

Porphyrios atacaba todo tipo de barcos sin hacer distinciones. Barcos pesqueros, mercantes, incluso navíos militares, ninguno estaba a salvo de su ira. Muchos acababan hundidos y sus tripulaciones, ahogadas. Otros sufrían graves daños y tenían que poner rumbo a puerto de inmediato. Los marineros bizantinos sentían un terror casi supersticioso hacia el animal; solo la mención de su nombre provocaba el pánico entre ellos. Muchos barcos preferían dar largos rodeos para no cruzar las aguas que frecuentaba. La economía bizantina acabó por resentirse de sus ataques; el comercio se vio perjudicado, al igual que la actividad pesquera y el transporte marítimo. Incluso perturbó la política exterior de Bizancio, ya que muchos soldados temían embarcarse, y preferían otros medios de transporte a la hora de desplegarse más allá de las fronteras del imperio. La situación llegó a un punto tal que el propio emperador Justiniano declaró de vital importancia acabar con la ballena para devolver la tranquilidad a la navegación marítima en torno a la ciudad; pero, dado que Bizancio carecía de tradición ballenera, nadie supo proponerle una manera viable de conseguirlo.

Así, durante cinco décadas Porphyrios fue el terror de las aguas bizantinas, aunque no de manera continua; el mismo Procopio cuenta que en ocasiones la ballena desaparecía por largos periodos, que pudieran deberse a migraciones estacionales. Hay quienes sugieren, basándose en esas interrupciones de su actividad, que en realidad Porphyrios no era una, sino varias ballenas diferentes.

Tras muchos años aterrorizando a los bizantinos y muchos navíos atacados, Porphyrios encontró su final de una manera un tanto inesperada. Según Procopio, un día, mientras perseguía una manada de delfines, la ballena se acercó demasiado a tierra y acabó encallando cerca del estuario del rio Sangarios (el actual Sakarya, en la Turquía asiática). Sus intentos por liberarse solo le hundieron más en el lodo de la ribera. Cuando se corrió la voz de que Porphyrios había quedado atrapado una muchedumbre enfurecida acudió a la playa armada con hachas y cuerdas. Como los golpes de las hachas tenían poco efecto sobre la dura piel del cetáceo, lo arrastraron con cuerdas y carros tierra adentro y luego lo despedazaron. Algunos se comieron su carne en la misma playa y otros se llevaron su parte a sus casas. 

La historia de Porphyrios aparece mencionada con cierta frecuencia en la literatura posterior. El historiador Edward Gibbon la incluye en su obra clásica La historia de la decadencia y caída del Imperio Romano (1789) y el mismo Henry Melville la menciona en Moby Dick (1851). El novelista británico Robert Graves también habla de ella en su obra El conde Belisario (1938), sobre la figura del que fue el más destacado líder militar de la época de Justiniano. Graves incluso imagina en su novela un singular combate entre la ballena y las tropas de Belisario, que utilizan una catapulta embarcada en un buque de guerra. Un relato que, pese a ser una completa invención, ha sido citado en varias ocasiones por autores posteriores como un hecho verídico.

sábado, 8 de julio de 2023

Pequeñas historias (XXXIII)

Moby Dick, la inmortal novela de Herman Melville, se publicó originalmente con el título mucho más corriente de The Whale (La ballena). Después de que la primera edición tuviera unas ventas más bien escasas, sus editores sugirieron a Melville que introdujera algunos cambios; entre ellos, un nuevo título más atractivo. El escritor decidió entonces darle un nombre a la ballena protagonista, y eligió el de Moby Dick mezclando, por un lado, el de Mocha Dick, un famoso cachalote albino que durante décadas había provocado el terror entre los balleneros del Pacífico Sur; y por otro, el de su amigo Richard Tobias "Toby" Greene, antiguo compañero de tripulación a bordo del ballenero Acushnet.

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En julio de 2014, los usuarios de la página web 4chan lanzaron lo que ellos llamaron "Operación Shell Shock" para identificar a dos adolescentes que habían colgado en Internet un video en el que torturaban y mataban a una tortuga de Florida (Gopherus polyphemus), una especie protegida. Comparando las imágenes del lugar donde había sido grabado el video con imágenes de Google Street View, en cuestión de horas lograron encontrar el lugar, y a partir de ahí consiguieron identificar a las dos jóvenes, haciendo públicos sus nombres, el instituto en el que estudiaban e incluso sus números de teléfono y redes sociales. Posteriormente ambas serían acusadas de crueldad animal y de dañar una especie protegida.

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El olor de la lluvia o de tierra mojada, llamado petricor, se debe a una molécula llamada geosmina, producida por bacterias del género Streptomyces. El olfato humano es extremadamente sensible a este olor; lo percibimos a partir de concentraciones de apenas cinco partes por trillón. Como comparación, los tiburones pueden oler la sangre a partir de concentraciones de una parte por millón.

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La primera vez que se utilizó la marca "Made in [país]" fue en 1887 en el Reino Unido, como parte de una campaña que denunciaba la importación masiva de productos extranjeros (principalmente alemanes) y animaba a los ciudadanos a consumir productos británicos. La campaña tuvo el efecto contrario al deseado, ya que los consumidores comenzaron a adquirir preferentemente productos alemanes, que tenían fama de ser más baratos y duraderos.

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El 24 de diciembre de 1871, el vapor América se hundía en el Río de la Plata, a 25 millas de la costa uruguaya, a causa de un incendio, falleciendo 141 personas. Entre los supervivientes estaba el armador uruguayo de origen vasco Ramón Artagaveytia, el cual sin embargo quedó profundamente afectado por el naufragio, donde murieron dos de sus sobrinos, sufriendo pesadillas el resto de su vida. En 1912, estando en Europa, escribió a su sobrino Enrique anunciándole su regreso a América a bordo de uno de los barcos más modernos del mundo, "un barco de verdad", mostrándose especialmente complacido con el telégrafo, que les permitiría pedir ayuda en caso de apuro, algo que el América no había podido hacer. "Por fin voy a poder viajar y sobre todo dormir tranquilo", le decía. ¿El nombre de aquel barco? El Titanic.

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Tras dejar la política, el ex-presidente norteamericano John Tyler (1790-1862) fue nombrado a modo de broma por sus vecinos "Supervisor de Caminos", un cargo menor y de escasa importancia. Tyler, sin embargo, se tomó tan en serio su cometido que sus vecinos acabaron pidiéndole que lo dejara.

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Mary Whiton Calkins (1863-1930) fue una de las psicólogas más brillantes de  la historia de Estados Unidos. Estudió psicología en la universidad de Harvard como "estudiante especial" (las mujeres no eran aceptadas como estudiantes oficiales), e incluso realizó un seminario de posgrado en psicología filosófica. En 1895 defendió con brillantez su tesis doctoral ante un tribunal del que formaban parte eminentes psicólogos como Hugo Münsterberg, William James y Josiah Royce (James llegó a decir que el examen de doctorado de Calkins había sido el más brillante jamás visto en Harvard). Pero, a pesar de cumplir de sobra todos los requisitos de educación, exámenes e investigación para recibir un doctorado, Harvard rechazó su petición por ser mujer. Calkins llegó a ser considerada uno de los mejores psicólogos de EEUU y fue presidenta de la Asociación Estadounidense de Psicología y de la Asociación Filosófica Americana, pero Harvard siguió rechazando concederle el doctorado siempre que se lo solicitó, a pesar de contar con el apoyo de destacados psicólogos y profesores de otras universidades, incluso de manera póstuma. Harvard no concedería doctorados a mujeres hasta 1963.

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En 1901 se publicó en Islandia Makt Myrkranna (Los poderes de la oscuridad), que afirmaba ser la traducción al islandés de la novela Drácula de Bram Stoker. El escritor y editor Valdimar Ásmundsson figuraba como autor de la traducción. No fue hasta 2014 que un estudioso se dio cuenta de que en lugar de una traducción literal Makt Myrkranna era en realidad una versión que difería notablemente del libro de Stoker tal y como lo conocemos. Hay ciertas discrepancias pero muchos expertos consideran que Ásmundsson, en lugar de trabajar con la versión definitiva del libro, tradujo una versión inacabada, o bien se basó en un libro homónimo publicado dos años antes en Suecia, que pese a ser presentado como una traducción era en realidad una reescritura de Drácula publicada a espaldas de Stoker.

sábado, 20 de agosto de 2022

Curiosidades (con fotografías)


En 1972, durante una excavación arqueológica en el yacimiento de Teppe Hasanlu, en la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental, se encontró una tumba con dos esqueletos enterrados juntos y abrazados. Ambos murieron a la vez en torno al 800 a. C., probablemente cuando el asentamiento fue invadido, arrasado y quemado. La interpretación acerca de la relación entre los llamados "amantes de Hasanlu" ha causado cierta controversia, ya que aunque cuando se descubrieron se creyó que eran un hombre y una mujer, los análisis de ADN demostraron más tarde que ambos eran hombres.


El 27 de octubre de 1962, en plena crisis de los misiles de Cuba, barcos de guerra norteamericanos que participaban en el bloqueo a la isla atacaron con cargas de profundidad a un submarino desconocido que resultó ser el B-59, un sumergible soviético de clase Foxtrot. El capitán del submarino, Valentín Savitsky, quiso entonces lanzar sus armas atómicas contra los norteamericanos, creyendo que la guerra ya había comenzado. Para ello se necesitaba el acuerdo unánime del capitán, su primer oficial y el comisario político de a bordo. El comisario estaba de acuerdo con Savitsky, pero el primer oficial, Vasili Aleksándrovich Arjípov, se negó en redondo, evitando un ataque que muy posiblemente habría desencadenado una guerra nuclear. 


Madeleine Pelletier (1874-1939) fue la primera mujer en ejercer la psiquiatría en Francia y una destacada activista en pro de los derechos de la mujer. Falleció en 1939 en un asilo en el que había sido confinada tras ser arrestada por haberle practicado un aborto a una adolescente de 13 años que había sido violada por su hermano.


Fred Trump, padre del ex-presidente norteamericano Donald Trump, fue arrestado el 31 de mayo de 1927 durante una manifestación del Ku Klux Klan en Queens (Nueva York).


El 5 de agosto de 1910, en medio de una espesa niebla, el vapor SS Princess May encalló en unas rocas en la costa norte de la isla Sentinel, en Alaska, de tal modo que durante la marea baja el barco quedaba completamente fuera del agua, dando lugar a una de las imágenes de naufragios más célebres de la historia. Al final el buque pudo ser rescatado tras casi un mes de trabajo, con la participación de dos potentes remolcadores, la construcción de una rampa e incluso la voladura de varias de las rocas en las que estaba apoyado.


Décadas antes de la invención de la película fotográfica sensible al color, el químico y fotógrafo ruso Sergey Prokudin-Gorsky (1863-1944) desarrolló un método mediante la aplicación de tres filtros (uno rojo, otro azul y otro verde) a imágenes en blanco y negro que le permitía obtener fotografías en color de gran calidad. Este retrato del escritor Leon Tolstoi está fechado en 1908.


                     

En 1863, el shogunato Tokugawa envió a Francia una embajada, conocida como Misión Ikeda (por estar encabezada por un magistrado llamado Nagaoki Ikeda) para tratar de revocar el estatus de puerto abierto de Yokohama, intentando devolver a Japón a su aislacionismo tradicional. Durante su viaje, la expedición pasó por China, la India y Egipto, donde algunos de sus miembros aprovecharon para fotografiarse frente a la Esfinge de Giza.


El Cristo Velado es una escultura realizada por Giuseppe Sanmartino en 1753 a partir de un único bloque de mármol. La extraordinaria perfección con la que Sanmartino esculpió todos los detalles del sudario que cubre la figura de Cristo, y el hecho de que la obra fuera un encargo de Raimondo di Sangro, príncipe de Sansevero, un conocido científico y alquimista, llevó a que durante mucho tiempo se dijera que en realidad Sanmartino sólo había esculpido la figura yacente y que esta había sido cubierta con una tela real que más tarde se habría transformado en mármol utilizando la alquimia.


El 4 de abril de 1942 el avión Polikarpov I-16 pilotado por el aviador soviético Alekséi Marésiev fue derribado sobre territorio enemigo. A pesar de tener ambas piernas gravemente heridas, Marésiev logró regresar a sus filas tras caminar durante 18 días por parajes nevados. Pero sus piernas estaban en tan mal estado que tuvieron que serle amputadas por debajo de las rodillas. Marésiev no se rindió; consiguió unas prótesis y se entrenó con gran empeño para ser capaz de desenvolverse con ellas. Apenas un año después de su derribo, Maréisev se puso a bailar delante del tribunal que debía decidir si estaba listo para volver al servicio, para probar que estaba en condiciones. Acabaría la guerra habiendo participado en 86 misiones de combate y habiendo derribado 11 aviones enemigos, entre ellos tres Fw 190 de la División Richthofen, una de las unidades de élite de la Luftwaffe.


El 15 de julio de 1908 el arqueólogo italiano Luigi Pernier halló en las ruinas del palacio minoico de Festo, en la isla de Creta, el que con el tiempo sería conocido como Disco de Festo: un disco de arcilla cocida, con ambas caras cubiertas de inscripciones, datado en el segundo milenio antes de Cristo. Las inscripciones fueron marcadas en la arcilla aún blanda con algún tipo de sello antes de cocerla, lo que lo convertiría en el documento impreso más antiguo que se conoce. Lo interesante del disco es que la escritura de las inscripciones que lo cubren es desconocida: no se corresponde con ninguno de los dos tipos de escritura minoicos conocidos, el lineal A y el lineal B, aunque algunos de sus símbolos si son similares a los de la escritura lineal. Solo se han podido traducir algunas palabras aisladas, que parecen sugerir que la inscripción del disco pueda ser una plegaria a una diosa. Varias teorías han sido propuestas para explicar el origen de las inscripciones, desde que se trata de una escritura minoica desconocida hasta ahora, a que se trata de un objeto no cretense (quizá proveniente de la civilización cicládica) o incluso que se trata de una falsificación obra del propio Pernier.


Cerca de la ciudad japonesa de Komatsu está el Hoshi Ryokan, el considerado el hotel más antiguo del mundo. Fundado por Garyo Hoshi, abrió sus puertas en el año 718 y lleva funcionando ininterrumpidamente durante 1300 años, dirigido por 46 generaciones de la familia Hoshi.


En 1835 un agricultor que cavaba en una finca cercana a la localidad inglesa de Margate fue literalmente tragado por la tierra tras hundirse el terreno bajo sus pies. Al investigar la oquedad, se descubrió una gruta cuyas paredes y techos aparecían cubiertos de mosaicos hechos únicamente con conchas marinas. La llamada Gruta de las Conchas de Margate fue abierta al público como atracción turística, con gran éxito, en 1837, y presenta un total de 190 metros cuadrados de mosaicos, compuestos de unos 4'6 millones de conchas. Aún hoy en día se desconoce cuando se creó y cuál era su propósito, con propuestas que van desde la Edad Media, hasta la época romana e incluso más antigua.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Pequeñas historias (XXVI)

En 1905 Claude Hatcher, propietario de una tienda de comestibles en Columbus (Georgia), compró una importante cantidad de jarabe de Coca-Cola al representante local de la marca. Hatcher consideró que, dada la cantidad que había comprado, merecía un descuento, pero el vendedor se negó. Hatcher, irritado, juró que no volvería a comprar jamás Coca-Cola y crearía su propio refresco. Dicho y hecho, fundó su propia empresa de bebidas, Union Bottling Works, cuya primera factoría se instaló en el sótano de su tienda, y cuyos productos, bajo la marca Royal Crown, aún se comercializan en la actualidad.

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La expedición del oceanógrafo Robert Ballard que en 1985 descubrió los restos del Titanic era en realidad una tapadera para una misión secreta encomendada por la Marina norteamericana a cambio de financiar su búsqueda: localizar dos submarinos nucleares, el USS Thresher y el USS Scorpion, desaparecidos sin dejar rastro en los años 60. Una vez Ballard hubo encontrado los restos de ambos submarinos, pudo dedicarse a buscar el Titanic y lo acabó encontrando.

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A finales de la década de los 90, durante una entrevista, la presentadora de la MTV británica Donna Air preguntó a los miembros del grupo The Corrs donde se habían conocido. Obviamente, no sabía nada sobre la banda, ya que sus cuatro miembros son hermanos.

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Un lituano llamado Evaldas Rimasauskas fue arrestado en 2019 acusado de estafar más de 120 millones de dólares a grandes empresas tecnológicas como Google y Facebook a lo largo de varios años. Su sistema era aparentemente sencillo: enviaba facturas falsificadas a los departamentos contables de las empresas, que generalmente las abonaban sin hacer demasiadas comprobaciones.

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La operación quirúrgica más larga de la historia tuvo lugar en el Singapore General Hospital en 2001. Un equipo de 20 cirujanos trabajó ininterrumpidamente durante 103 horas (más de cuatro días) para separar a dos hermanas siamesas nepalíes, Ganga y Jamuna Shrestha, unidas por el cráneo. La operación fue un éxito, y aunque Ganga murió siete años después, a causa de una meningitis, Jamuna lleva hoy en día una vida completamente normal.

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Betty Robinson ganó la medalla de oro en los 100 metros lisos y la de plata en los relevos 4x100 de las Olimpiadas de Ámsterdam (1928) cuando contaba solo 16 años. En 1931 la avioneta en la que viajaba se estrelló. Dada por muerta en un primer momento, pasó siete meses en coma y luego le costó otros dos años volver a caminar. Pero en 1936 formó parte del equipo olímpico norteamericano que participó en las Olimpiadas de Berlín y ganó la medalla de oro en los 4x100.

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Joseph Bazalgette, el ingeniero civil que diseñó el moderno sistema de alcantarillado de la ciudad de Londres en la década de 1860, dijo en cierta ocasión "Vamos a hacer esto solo una vez, y hay que tener en cuenta siempre los imprevistos", ordenando que las cañerías tuvieran el doble del diámetro que entonces se estimaba necesario. El alcantarillado que construyó aún está en uso, pero de no haber tomado esas precauciones su capacidad se habría visto desbordada desde la década de 1960.

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En 2016 el cineasta británico Charlie Lyne dirigió el film Paint Drying: diez horas y siete minutos en los que la cámara está fija sobre una pared recién pintada mientras la pintura se seca. La intención de Lyne era obligar a los miembros del Comité Británico de Calificación de Películas (BBFC) a ver las diez horas enteras para poder otorgar al filme una clasificación por edades, como protesta contra la censura y el coste de la clasificación impuesto por la BBFC (unas mil libras por película) que Lyne juzgaba excesivo y prohibitivo para los directores de películas independientes.