Verba volant, scripta manent

jueves, 22 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Cruzado, de Paul Verhoeven


Después de trabajar juntos en Desafío total (1990), el director holandés Paul Verhoeven y el actor de origen austríaco Arnold Schwarzenegger habían quedado muy satisfechos y planeaban volver a colaborar. Durante el rodaje, hablando de posibles proyectos, Schwarzenegger le habló a Verhoeven de un guión que había leído ambientado en las Cruzadas, y le dijo que le interesaba rodar algo de ese estilo. A Verhoeven le pareció una buena idea y se puso en contacto con el guionista Walon Green, autor entre otros del guión del legendario western Grupo salvaje, para que lo escribiera.
La película que Verhoeven y Green prepararon distaba mucho de las habituales aventuras medievales que solían rodarse hasta entonces. Iba a ser un filme realista, controvertido y sobre todo terriblemente violento, sin ahorrarse nada a la hora de retratar las brutales batallas de la época: sangre, mutilaciones, etc. Su punto de vista sobre los ejércitos cristianos tampoco era amable ni complaciente; de hecho, era más que crítico, denunciando su crueldad y su sed de sangre y de oro, el oportunismo del clero, los prejuicios contra musulmanes y judíos... Retrataba un brutal choque de civilizaciones, con los cristianos como agresores. En palabras del co-guionista Gary Goldman "Era una declaración en contra de la guerra, en la que se decía básicamente que los cristianos no pintaban nada allí". Un "realismo sucio medieval" al que Verhoeven no era ajeno; en 1985 había dirigido Los señores del acero, donde ya desmontaba numerosos tópicos habituales en el cine de temática medieval.
Schwarzenegger interpretaría al protagonista, Hagen, un ladronzuelo al que condenan a muerte tras robar a un corrupto sacerdote, pero que logra evitar la horca fingiendo un milagro, aprovechando la confusión creada por la aparición del papa Urbano II, que busca voluntarios para su Cruzada que ha de reconquistar Tierra Santa de manos de los sarracenos. Los hombres del papa, que ven el potencial del pícaro Hagen para atraer a otros, lo alistan en sus filas. Pero al llegar a Oriente Medio, Hagen es traicionado y vendido como esclavo a los árabes, que lo llevan a Jerusalén. Allí Hagen descubre que los musulmanes no son los salvajes que los sacerdotes cristianos predican, sino que son gente civilizada y relativamente amable, e incluso se enamora de una princesa sarracena. Pero ante la llegada de las tropas cristianas, la confrontación es inevitable. A Schwarzenegger lo iban a acompañar en el reparto, entre otros, Gary Sinise, Robert Duvall, Jennifer Connelly e incluso Charlton Heston (en el papel de Urbano II).
Un filme así iba a requerir un presupuesto muy elevado; en torno a 100 millones de dólares de la época. No obstante, tanto Verhoeven (Robocop, Instinto básico) como Schwarzenegger (Conan, Terminator 1 y 2) tenían una posición muy buena ante la industria por sus anteriores éxitos de taquilla. La productora Carolco se mostró dispuesta a financiar el rodaje, que comenzaría en el verano de 1994.
¿Qué frustró el proyecto? Sus elevados costes... y un brutal ataque de honestidad que sufrió Verhoeven. En una de las últimas reuniones entre Verhoeven, Schwarzenegger y los ejecutivos de Carolco, éstos se mostraron dubitativos con el presupuesto y pidieron garantías de que el coste de la película no se dispararía por encima de esos 100 millones. En ese momento, Verhoeven, bastante nervioso, se dejó llevar y, ante el asombro de todos los presentes, les dijo a gritos que no podía dar garantías de nada, que las garantías no existían y que si alguien les garantizaba algo, estaba mintiendo. El propio Schwarzenegger diría años más tarde en una entrevista que "se puede ser un poco más selectivo acerca de cuándo ser honesto y cuándo simplemente seguir adelante con el proyecto". Después de aquello, la productora decidió rechazar el proyecto y apostar por el otro filme de gran presupuesto que tenían en preparación. Irónicamente, este otro filme (la aventura de piratas La isla de las cabezas cortadas) fue un espectacular fracaso de taquilla que abocó a Carolco a la bancarrota.
En la actualidad, los derechos del guión pertenecen aún a Arnold Schwarzenegger. A lo largo de los años ha habido rumores de que el actor seguía interesado en rodarlo, aunque a estas alturas ya habría que descartarlo a él como protagonista.

martes, 20 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Ronnie Rocket, de David Lynch



Tras debutar como director de largometrajes con la surrealista e inclasificable Eraserhead (1977), el extravagante David Lynch buscaba un segundo proyecto para continuar su carrera. Algo complicado, ya que Eraserhead, pese a haber tenido cierto éxito en los circuitos underground, no parecía una carta de presentación muy adecuada para alguien que quisiese invertir dinero en un filme. Al menos, para alguien que esperara recuperar su inversión.
Fue en esa época cuando el productor Stuart Cornfeld, colaborador del cómico Mel Brooks, se puso en contacto con Lynch. Cornfeld había visto Eraserhead y había quedado fascinado; por eso, se ofreció para ayudarle a conseguir poner en marcha su siguiente película. Lynch tenía un guión en el que llevaba varios años trabajando de manera intermitente: una peculiar película de ciencia-ficción inspirada en el cine fantástico de la década de los 50, titulada Ronnie Rocket.
Aunque hay varias versiones del guión, la más aceptada es la que cuenta la historia de un peculiar detective que intenta entrar en una "segunda dimensión" gracias a su habilidad para mantenerse de pie sobre una sola pierna. Su búsqueda se ve entorpecida por un paisaje lleno de extrañas habitaciones y un amenazante tren, así como por la presencia de los "Hombres Donut", que utilizan la electricidad como un arma. Paralelamente, se cuenta una segunda historia: la de Ronald d'Arte, un enano adolescente que tras un contratiempo quirúrgico se ve obligado a conectarse a una fuente de electricidad cada cierto tiempo, lo que le da el poder de controlar la energía, ya sea para hacer música (con el nombre artístico de Ronnie Rocket) o para provocar una gran destrucción.
Hasta el propio Lynch se dio cuenta de que difícilmente encontraría inversores dispuestos a financiar un guión tan estrambótico. Por eso, decidió dejarlo de lado y le pidió a Cornfeld que le buscara un guión ya escrito que pudiera rodar. Cornfeld encontró cuatro guiones que creyó que podían adaptarse al estilo de Lynch; pero a este le bastó con leer el título del primero, El hombre elefante. Con solo ver ese título, decidió que era la historia que iba a filmar. Y no le fue mal: la película fue un éxito rotundo de crítica y público, con ocho nominaciones a los Oscar (aunque no ganó ninguno).
Sin embargo, Lynch nunca renunció a rodar Ronnie Rocket. Durante las siguientes décadas siguió trabajando en el guión entre un rodaje y el siguiente, puliéndolo, reescribiendo algunas escenas, sin dejar de buscar financiación. En los años ochenta estuvo cerca de llevarla a cabo, pero dos de las productoras que se mostraron interesadas en rodarla, la Zoetrope y la De Laurentiis Entertainment Group, fueron a la bancarrota antes de llegar a ningún acuerdo.
Durante un tiempo, Lynch no pudo trabajar en el proyecto porque los derechos del guión habían quedado en manos del productor Dino de Laurentiis. Pero una vez los hubo recuperado, sigue sin perder la esperanza de verlo en el cine. Cuando le preguntan por el proyecto suele responder que está "hibernado", paralizado pero no muerto, y que de cuando en cuando le echa un vistazo porque "le gusta el mundo que creó en él". Aunque en una entrevista en 2013 se lamentaba de la alteración de los paisajes industriales en los que había pensado rodarlo y expresaba dudas acerca de si alguna vez el guión llegaría a estar listo para ser llevado a la pantalla.

domingo, 18 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: El idiota, de Andrei Tarkovski




El soviético Andréi Tarkovski fue un director atípico en muchos sentidos. Llegó al cine con un sólido bagaje cultural (su padre era un reconocido poeta, y Andréi pintaba, tocaba varios instrumentos y hablaba varios idiomas) y habiendo trabajado anteriormente como geólogo. Muy pronto demostró ser un autor dotado de un estilo personalísimo, que con su primer largometraje, La infancia de Iván, ganó el león de Oro en el Festival de Venecia en 1962. Sin embargo, este éxito, que lo convirtió en un autor admirado en Europa, le granjeó la desconfianza de las autoridades soviéticas, tan proclives a desconfiar de todo aquel que sobresaliera. Y más cuando Tarkovski se empeñó en mantener su independencia creativa, sin hacer caso de las directrices de las autoridades, que por ley tenían que dar su aprobación a todos los guiones que se rodasen en el país. Sus siguientes películas tuvieron numerosas trabas; su segundo filme, Andréi Rubliov, rodado en 1966, no pudo estrenarse hasta 1971. Sus siguientes filmes se rodaron con numerosas limitaciones, económicas y creativas, por parte de unas autoridades atentas a todo lo que pudiera ser interpretado como un signo de disidencia o crítica al sistema. Su cuarta película, El espejo (1975), estuvo a punto de llevarlo a la cárcel. Pero, sobre todo, los numerosos escollos que tuvo que sortear le impidieron realizar su proyecto más largamente soñado: una adaptación al cine del clásico de Fiódor Dostoyevski, El idiota.
El idiota, publicada en 1869, narra la historia del príncipe Lev Nikoláievich Myshkin, un príncipe ruso de salud delicada, que ha vivido la mayor parte de su vida en Suiza, y que viaja a San Petersburgo a conocer a su familia. Myshkin, un hombre ingenuo y bondadoso, a menudo incapaz de reconocer la maldad y la corrupción que lo rodea, se ve envuelto en un triángulo amoroso con Nastasia, una dama hermosa y elegante, amante de un hombre adinerado, y su prima lejana Aglaya, altiva y contradictoria. Tarkovski admiraba esta novela y soñó durante años plasmarla en imágenes. Le encantaba Hakuchi, la versión que en 1951 había rodado el cineasta japonés Akira Kurosawa, pero quería hacer una versión cercana a la original, y rodada en Rusia. La primera vez que lo intentó le dijeron que era demasiado joven e inexperto, que dejara pasar algún tiempo antes de encarar un proyecto tan ambicioso.


Volvió a intentarlo en los años 70, pero de nuevo se encontró un sinfín de dificultades y negativas. Aunque Tarkovski nunca fue un disidente, ni cuestionó abiertamente al régimen comunista, era un creador independiente, que se negaba a claudicar a la hora de rodar sus películas para acomodarlas a lo que los mandamases esperaban. Hacía el cine que quería hacer, no el que le sugerían hacer. Y eso lo convertía en alguien sospechoso. Durante más de una década, el director trató por todos los medios de poner en marcha el rodaje sin conseguirlo. No obstante, la novela de Dostoyevski tuvo una gran influencia sobre él, y muchos ven rasgos similares a los de Myshkin en los protagonistas de películas suyas como Andréi Rubliov o Stalker.
En 1983, Tarkovski se encontraba en Italia rodando una de sus últimas películas, Nostalgia. Por una carta de un funcionario soviético al director del Centro Experimental de Cine de Roma, se sabe que Tarkovksi había firmado un contrato con la productora soviética Mosfilm para escribir un guión basado en El idiota, pero ese acuerdo nunca se llegó a hacer realidad. En 1984, harto de la censura y las trabas a sus proyectos, el director anunció que no iba a regresar a la URSS y se instaló junto a su segunda esposa, Larisa, en Suecia. Allí rodaría su último filme, Sacrificio, antes de su temprana muerte en 1986, con solo 54 años, a causa de un cáncer de pulmón.

viernes, 16 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Batman: año uno, de Darren Aronofsky


Terminaba la década de los 90 del siglo XX y la saga Batman que había iniciado Tim Burton en 1989 languidecía después de que Joel Schumacher hubiera tomado el relevo como director. El rotundo fracaso de Batman y Robin (1997) convenció a la Warner Bros. de que hacía falta un profundo cambio, una renovación de temática y estilo que insuflase nuevos bríos a la franquicia. El elegido para dirigir esta nueva etapa en las aventuras del héroe de Gotham fue Darren Aronofsky, contratado a mediados del año 2000.
Aronofsky era por entonces un treintañero que había sorprendido con su primera película, Pi (1998), y que con su siguiente filme, Requiem por un sueño (2000) había confirmado ser un autor con un estilo propio, original y diferente. El nuevo Batman suponía para él la oportunidad de disponer por primera vez de un presupuesto elevado para plasmar su peculiar estilo cinematográfico.
La intención de Aronofsky era basar su película en una de las más celebradas miniseries dentro de la serie Batman, Batman: año uno, publicada en 1987 y escrita por el gran Frank Miller, el mismo guionista de 300 y Sin City. Aronofsky y Miller ya habían colaborado con anterioridad; ambos habían trabajado en el guión para la adaptación de otra de las obras de Miller, Ronin, que nunca llegó a rodarse. No le fue difícil convencer al escritor para que se uniera al proyecto y colaborara con él en la redacción del guión de la película.
A la hora de escribir ese guión, Aronofsky tenía muy claro que iba a ser una historia radicalmente diferente a todo lo que se había hecho sobre el héroe. Una versión realista y violenta del justiciero, muy influida por el cine de los años 70: en sus propias palabras "Mi intención era algo como El justiciero de la ciudad o The French Connection conocen a Batman. El comisario Gordon era como Serpico (papel interpretado por Al Pacino en 1973) y Batman era una especie de Travis Bickle (el desquiciado protagonista de Taxi Driver)". Cuando el guión estuvo listo, muchos se sorprendieron. No sólo el argumento se apartaba notablemente de Batman: año uno, sino que incluso se desviaba de la historiografía clásica del personaje. Así, en su versión, Bruce Wayne, tras el asesinato de sus padres, queda abandonado en las calles de Gotham, viviendo como un indigente, hasta que es rescatado y acogido por Big Al, el dueño de un taller mecánico, donde el joven Bruce se cría. Tras años siendo testigo de las andanzas de lo peor de la sociedad (ladrones, traficantes, prostitutas, policías corruptos), el deseo de venganza que ha ido creciendo en su interior le lleva a convertirse en un justiciero enmascarado, aliándose con el detective Gordon, deseoso de limpiar de corrupción al cuerpo de Policía. Todo ello con un tono de elevada violencia, cruda y nada estilizada.


Los mandamases de la Warner Bros quedaron un poco descolocados con este guión. Ellos querían algo diferente, pero no tan diferente. Además, la elevada carga de violencia hacía inevitable que el filme tuviera una restricción por edades para los espectadores, lo que se traduciría en una menor recaudación. En junio de 2002, el estudio decidió abandonar el proyecto y optar por el director británico Christopher Nolan, que finalmente lograría un gran éxito con la trilogía formada por Batman begins, The Dark Knight y The Dark Knight rises. La trilogía de Nolan, aunque no se basa en el cómic de Miller, si tiene muchos puntos en común con Batman: año uno, y de hecho el protagonista de la trilogía, Christian Bale, fue el mismo que Aronofsky había elegido para su proyecto.
Finalmente, Batman: año uno se convertiría en un filme de animación estrenado en 2011.

miércoles, 14 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: la alianza Alain Resnais & Stan Lee


A primera vista parece una combinación más que improbable. El director francés Alain Resnais, una de las máximas figuras de la Nouvelle Vague, el gran movimiento renovador del cine francés de mediados del siglo XX, autor de clásicos como Hiroshima mon amour o El año pasado en Marienbad; y el guionista de cómics Stan Lee, creador de Spiderman, Hulk, los X-Men, los Cuatro Fantásticos o Iron Man, entre otros. Y sin embargo, ambos colaboraron para tratar de levantar proyectos comunes (que no llegaron a fructificar) y forjaron una amistad de más de cuatro décadas.
Lo cierto es que Resnais, además de ser uno de los más aclamados directores del cine francés, era un apasionado de la ciencia-ficción, género con el que ya había coqueteado en alguno de sus filmes como Je t'aime, je t'aime (1968). Además, también era un gran aficionado a los cómics; dijo que había aprendido inglés leyendo los cómics de la Marvel y en su día trató de adaptar al cine (sin conseguirlo) el álbum de Tintín La Isla Negra y el cómic ambientado en el Salvaje Oeste Red Ryder. Incluso, a finales de la década de los 60, le habían ofrecido dirigir una adaptación de las aventuras de Spiderman, aunque declinó el ofrecimiento.
En 1971, Resnais y Lee se conocieron por casualidad en Nueva York. Ambos simpatizaron de inmediato, y tras expresarse su mutua admiración por sus respectivas obras, muy pronto surgió la idea de colaborar en un proyecto común. La idea les entusiasmó; Resnais seguía queriendo dirigir ciencia-ficción, y Lee, por su parte, estaba un poco cansado de los cómics y le apetecía mucho escribir algo diferente. Acabaron por acordar que no serían uno, sino dos, los filmes en los que trabajarían conjuntamente; uno con un estilo más cercano al de Resnais, y el otro más próximo a Lee.
El primero de los dos proyectos se iba a llamar The Inmates (Los prisioneros), e iba a ser un filme de ciencia-ficción con una importante carga filosófica y ambientado en el barrio neoyorquino del Bronx. En palabras del propio Lee "Tiene que ver con la especie humana, por qué estamos en la Tierra, y cuál es nuestra relación con el resto del Universo". No obstante, el proyecto no llegó mucho más allá. Resnais quería que Lee escribiera el guión, con su propio estilo, mientras que Lee no estaba seguro de poder hacerlo y era partidario de contratar a otro guionista que trabajara siguiendo sus directrices. Al final el guión no llegó a completarse, aunque años más tarde Lee no descartaba retomar el proyecto, completar el guión y tratar de convertirlo en una película.
El segundo proyecto común consistía en una película titulada The monster maker (El creador de monstruos), que contaría la historia de un director de películas de terror de bajo presupuesto empeñado en rodar un filme "serio" sobre la contaminación; un personaje con numerosos paralelismos con el propio Stan Lee. En esta ocasión, ambos consiguieron terminar un guión, que vendieron a una productora por 25000 $. Pero tampoco se llegó a filmar. Los productores querían introducir numerosos cambios en el guión. Lee se mostraba dispuesto a hacer modificaciones, pero Resnais se mostró inflexible y no quiso permitir ninguna variación. Finalmente, el proyecto quedó olvidado; tiempo después Lee afirmaría sobre él que "requeriría tantos cambios que sencillamente no tengo tiempo para hacerlo. Quizá algún día cuando me retire, lo que probablemente no pasará nunca".
A pesar del fracaso de su colaboración, Resnais y Lee siguieron manteniendo una estrecha amistad hasta la muerte del francés en 2014. Aún en 1980 Lee trató de convencer a Resnais de dirigir una nueva película sobre Spiderman, aprovechando el tirón del éxito de Superman, estrenada con gran éxito en 1978, pero de nuevo el director francés rechazó la oferta.

lunes, 12 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Meridiano de sangre, de Ridley Scott


En 1985 el escritor norteamericano Cormac McCarthy publicó su quinta novela, Meridiano de sangre, la que para muchos es su obra maestra y uno de los mejores libros de la segunda mitad del siglo XX. La novela es un anti-western brutal, violento y sangriento, que cuenta la historia de un joven fugitivo que tras mucho vagabundear acaba formando parte de la Compañía Glanton, un grupo de pistoleros y asesinos entre los que destaca la figura del llamado Juez Holden, un siniestro personaje, albino y de elevada estatura, capaz de cometer las mayores atrocidades y cuya figura va adquiriendo un cariz casi sobrenatural. La Compañía Glanton es contratada por un gobernador mexicano para que acabe con las bandas de apaches que pululan por la región, pagándoles por cada cabellera apache que entreguen; sin embargo, llega un momento en el que, para aumentar sus ganancias, los pistoleros comienzan a asesinar indios pacíficos e incluso ciudadanos mexicanos para poder entregar sus cabelleras como si fueran de apaches.
Prácticamente desde su publicación se comenzó a hablar de adaptarla a la gran pantalla. Y de los varios directores que se han interesado en el proyecto, fue Ridley Scott el que más porfió por hacer real la adaptación. Pero Scott, como otros directores, se encontró con las reticencias de la industria cinematográfica, que llegó a calificar de "imposible de filmar" la obra de McCarthy, por su salvajismo sin concesiones, por la violencia que impregna el relato de principio a fin. Más cuanto el propio Scott no estaba dispuesto a suavizar la historia y quería plasmarla lo más fielmente posible, en una película que, en sus propias palabras, habría sido "sangrienta, implacable e irremediablemente sombría". La película habría estado más próxima al cine de terror que al western clásico, y las productoras no estaban dispuestas a invertir un gran presupuesto en un filme de ese estilo.
Finalmente Scott desistió de sus intenciones. Más tarde si que adaptaría al cine otra de las obras de McCarthy, El consejero (2013), ambientada en el violento mundo de los cárteles de la droga, que tuvo una fría acogida tanto de crítica como de público. Otros directores tomaron el relevo de Scott para tratar de rodar Meridiano de sangre, pero igualmente sin éxito: Todd Fields (In the bedroom), el actor y director Tommy Lee Jones (amigo personal de McCarthy), el inclasificable Terrence Malick (El árbol de la vida), y, más recientemente, el actor y director James Franco, quien en 2012 ya había llevado al cine otra de las obras del escritor, Hijo de Dios.
A diferencia de otras novelas de McCarthy como Todos los caballos bellos o No es país para viejos, que si consiguieron, con distinta fortuna, llegar a la gran pantalla, Meridiano de sangre sigue cargando con el estigma de "infilmable". El propio Ridley Scott, preguntado no hace mucho sobre el tema, acabó por admitir que "Creo que es realmente difícil, y quizá es algo que debiera seguir siendo sólo una novela".

sábado, 10 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Superman Lives, de Tim Burton


Increíble, pero cierto. Hubo un momento y un lugar en los que alguien pensó que rodar una película de Superman, dirigida por Tim Burton (Eduardo Manostijeras), escrita por Kevin Smith (Clerks) y protagonizada por Nicolas Cage (La búsqueda) era una buena idea. Y no sólo eso, también que valía la pena gastar esfuerzo y dinero para llevarla a los cines.
A principios de la década de los 90, el éxito de Batman y de su secuela, Batman vuelve, había vuelto a poner de moda las películas de superhéroes. Además, la excelente acogida de la saga de cómics Muerte y regreso de Superman había reavivado el interés por el emblemático personaje, algo decaído en los años previos. La Warner Bros y el productor Jon Peters (productor, entre otras de las dos entregas de Batman y de Gorilas en la niebla) decidieron que era un buen momento para rodar una nueva película protagonizada por el Hombre de Acero.
Peters contaba con un guión escrito por Jonathan Lemkin titulado provisionalmente Superman Reborn y basado principalmente en la historia de la Muerte de Superman, pero a Peters no acababa de convencerlo, así que contrató a principios de 1996 a Kevin Smith, reconocido aficionado a los cómics, para reescribirlo. Smith, admirador del personaje, quiso crear un guión que fuera un homenaje sincero de un fan hacia el héroe, pero tuvo que lidiar con las injerencias de Peters, que le obligó a introducir cambios importantes en el guión: un Superman que no volase, una escena en la que Superman peleaba contra una araña gigante, o un personaje secundario que sería un "perro espacial" (!), entre otros, lo que desvirtuó bastante la idea original de Smith. El guión así remodelado recibió el nombre de Superman Lives, y la fecha prevista para su estreno era el verano de 1998, coincidiendo con el 60 aniversario de la primera aparición del superhéroe en las páginas de la revista Action Comics. El reparto inicialmente pensado incluía a Ben Affleck como Superman, Linda Fiorentino como Lois Lane y Jack Nicholson como Lex Luthor.


El primer director con el que se contactó para dirigirlo fue el mexicano Robert Rodríguez (Abierto hasta el amanecer). Cuando este rechazó la oferta, Smith sugirió a Tim Burton, en buena medida por su buen trabajo en Batman. Es difícil imaginar el motivo que llevó a Burton a aceptar un proyecto tan alejado de su estilo; quizá el relativo fracaso de su anterior película, Mars Attacks!, le llevó a buscar un filme que, al menos en apariencia, tenía el éxito casi asegurado. Poco después, Nicolas Cage, otro fanático de los cómics (posee una de las mayores colecciones del mundo) se unía entusiasmado al proyecto como protagonista, convencido de darle un nuevo significado al personaje. A su vez, seguían apareciendo posibles nombres para acompañarlo en el reparto: Kevin Spacey, Christopher Walken, Gary Oldman, Michael Keaton, Jim Carrey, Sandra Bullock, Julianne Moore...
Burton nunca acabó de sentirse cómodo dentro del proyecto. Al poco de comenzar la pre-producción, en el verano de 1997, contrató al guionista Wesley Strick (El cabo del miedo) para que reescribiera el guión, algo que no sentó nada bien a Smith. El nuevo guión, sin embargo, era demasiado violento y confuso, aparte de que encarecería notablemente el presupuesto del filme. Por lo que, una vez mas, se recurrió a otro guionista, Dan Gilroy, que hizo una nueva versión, más sencilla (y barata de rodar). Pero los problemas, desacuerdos y los consiguientes atrasos se fueron acumulando. Incluso el nuevo traje de Superman diseñado para el filme, que se apartaba bastante de la estética de los cómics, parecía no convencer a nadie. Finalmente, en abril de 1998 Burton se rindió y abandonó el proyecto para irse a filmar Sleepy Hollow. Más tarde diría "Básicamente, malgasté un año. Un año es mucho tiempo para estar trabajando con alguien con quien de verdad no quieres trabajar".
La búsqueda de un nuevo director fue infructuosa. Michael Bay (Transformers), Martin Campbell (Goldeneye), Shekar Kapur (Elizabeth), Brett Ratner (Hora punta), Simon West (Lara Croft: Tomb Raider), Stephen Norrington (Blade) y Oliver Stone (JFK) declinaron uno tras otro hacerse cargo de un proyecto que parecía gafado. En junio de 1999 llegó un nuevo guionista, William Wisher Jr. (Terminator 2) para llevar a cabo la enésima modificación del guión. A mediados de 2000 Nicolas Cage, harto de esperar, abandonó definitivamente la película. Aún habría tiempo para una nueva revisión de la historia (a cargo del guionista Paul Attanasio) antes de que la Warner Bros, tras casi cinco años de trabajo y más de 30 millones de dólares gastados, decidiera dar carpetazo al filme, convirtiéndolo así en uno de los más rotundos fracasos de la historia del cine de superhéroes. El propio Cage diría años después: "En cierto modo creo que todos hemos salido ganando con el hecho de que esa película no exista".


En 2015 se estrenó The Death of "Superman Lives": What Happened?, un documental que indaga sobre la historia del frustrado filme, incluyendo entrevistas con los principales implicados en el proyecto, así como material procedente de la pre-producción, diseños y pruebas de cámara.

jueves, 8 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: El corazón de las tinieblas, de Orson Welles

Courtesy of Fiona Banner and Tea Creative

A finales de los años 30, Orson Welles era un joven prodigio veinteañero que había triunfado en el teatro y en la radio. En el teatro había dirigido una memorable adaptación del Julio César de Shakespeare, trasladando la acción a su época y empleándola como una contundente crítica contra el fascismo y el nazismo. Y en la radio había dirigido la dramatización de varias obras clásicas de la literatura para la cadena CBS, entre ellas La guerra de los mundos, de H. G. Wells, con tal realismo que durante su emisión miles de personas creyeron que de verdad se estaba produciendo una invasión alienígena. Fue precisamente a causa de su popularidad que la RKO Pictures se fijó en él y, pese a que no tenía ningún tipo de experiencia en el cine, le ofreció en 1939 dirigir una película.
Welles aceptó la oferta, y decidió que su primera incursión cinematográfica sería una adaptación de la novela El corazón de las tinieblas, que ya había adaptado anteriormente para uno de sus programas en la CBS. La novela, obra del escritor británico de origen polaco Joseph Conrad, se publicó en 1899 y cuenta la historia de Marlow, un marino británico que, contratado por una empresa exportadora de marfil, viaja hasta un puesto comercial avanzado de dicha empresa, situado en una recóndita región de la selva africana y dirigido por un hombre llamado Kurtz. Al llegar, Marlow encuentra a un Kurtz enfermo y delirante, que parece haber abandonado los convencionalismos sociales occidentales y haberse contagiado del primitivismo de los nativos, que lo adoran como a un dios.
Quizá por esa misma falta de experiencia de Welles en el cine, su primer proyecto estaba lleno de ideas novedosas y poco convencionales. El propio Welles, junto a su colaborador habitual John Houseman, escribió un guión de 174 páginas sobre la novela de Conrad, un guión que incluía una nada disimulada crítica al nazismo, y también al modo despiadado de actuar de determinadas empresas. También la manera de rodarlo iba a ser innovadora. Welles pretendía filmar la película desde el punto de vista de la mirada de Marlow, cuyo rostro los espectadores no verían más que fugazmente reflejado en cristales o en el agua. Asimismo, el montaje tampoco era el habitual, ya que tenía pensado estructurar la película en 165 planos largos, enlazados uno tras otro. Otra de sus peculiares ideas era que el mismo actor interpretase tanto a Marlow como a Kurtz, simbolizando de este modo la creciente identificación entre ambos, hasta el punto de que sus identidades prácticamente se fusionasen, dándole a la historia un tono esquizofrénico y opresivo que era lo que el director buscaba.


Habría sido, sin duda, una película revolucionaria y adelantada a su tiempo. Pero el presidente de la RKO, George Schaefer, la rechazó. Era demasiado, en muchos aspectos. Demasiado compleja, demasiado original, demasiado "política", demasiado costosa (se habría necesitado gastar cientos de miles de dólares sólo para construir los decorados). Demasiado arriesgada. Schaefer, escéptico con las posibilidades de éxito del filme, echó abajo el proyecto. La productora pidió entonces un proyecto alternativo. Welles, que no era muy dado a regodearse en el fracaso, les presentó de inmediato un "plan B", un filme de modesto presupuesto sobre un magnate de la prensa, que se titularía Ciudadano Kane, y que hoy es considerada una de las mejores películas de la historia.
El 31 de marzo de 2012 la BBC Radio emitió un programa especial en el que por primera vez se dramatizaba el guión original de Welles, con las voces de James McAvoy y Jonathan Slinger en los papeles principales.

martes, 6 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: Dune, de Alejandro Jodorowsky


Habría sido algo impresionante, sin duda. La adaptación al cine de una de las obras cumbre de la ciencia-ficción, la novela Dune, escrita por Frank Herbert, que intentó llevar a cabo el polifacético artista franco-chileno Alejandro Jodorowsky (escritor, cineasta, guionista de cómics, tarotista) habría supuesto una revolución para el cine en general y el fantástico en particular. Una película que, según dijo alguien, pretendía conseguir que "el público sobrio se sintiera como si hubiera tomado LSD". No obstante, la propia desmesura del proyecto acabó por frustrarlo.
Dune narra el enfrentamiento, en un futuro lejano, entre dos familias nobles, la Casa Atreides y la Casa Harkonnen, por hacerse con el control del planeta Arrakis, única fuente en el universo de la llamada "especia", una sustancia que da al que la consume poderes de clarividencia y resulta esencial para los viajes espaciales. El primero que había intentado llevar la obra de Herbert al cine había sido el productor norteamericano Arthur P. Jacobs (el mismo de El planeta de los simios y Sueños de un seductor), pero su muerte en 1973 impidió que el proyecto cristalizara. Dos años después, Jodorowsky, que ya había dirigido tres películas (Fando y Lis, El topo y La montaña sagrada) anunció que se había hecho con los derechos de la obra y pensaba llevarla al cine con un generoso presupuesto, aportado por una productora francesa.


De inmediato, Jodorowsky empezó a reclutar colaboradores para su película. O, como él los llamaba, "guerreros espirituales", que creyeran en el proyecto con la misma pasión y entrega con los que él creía. Entre los que se unieron a su equipo estaba el legendario dibujante francés Jean Giraud "Moebius", como director artístico; los artistas Chris Foss y H. R. Giger (en su primer trabajo en el mundo del cine) para crear a los distintos personajes; y el director y guionista Dan O'Bannon, como responsable de los efectos especiales.
La ambición de Jodorowsky se extendió a otros aspectos del filme. Quiso que la banda sonora estuviera a cargo de la legendaria banda Pink Floyd (y de la francesa Magma). En cuanto al reparto, planeaba contar con Salvador Dalí (al que le prometió cien mil dólares por cada minuto de metraje en el que apareciera) en el papel de Emperador Galáctico, además de Orson Welles, David Carradine, Geraldine Chaplin, Alain Delon y Mick Jagger, entre otros. Jodorowsky y Moebius trabajaron codo con codo para realizar un impresionante storyboard de más de 3000 dibujos, detallando cada escena, cada plano, cada personaje. El propio Jodorowsky llegó a decir que había dibujado la película entera.


Obviamente, el coste de la producción se disparó. Tras varios años de trabajo y pre-producción, Jodorowsky se había gastado dos millones de dólares de un presupuesto de casi diez, antes de que se rodara un sólo fotograma. Los productores se asustaron al ver el ritmo de gasto del director, y al descubrir que el guión que manejaba ("grueso como una guía de teléfonos", llegó a decir el propio Herbert tras visitar a Jodorowsky) implicaba un filme de unas catorce horas de duración. Temerosos de un batacazo comercial, decidieron asumir las pérdidas y retirar la financiación de la película. Jodorowsky buscó nuevos apoyos económicos, mientras seguía trabajando por su cuenta, pero finalmente se vio obligado a darse por vencido y a abandonar el proyecto.
Los derechos que tenía Jodorowsky sobre la obra caducaron en 1982, lo que aprovechó el productor italiano Dino de Laurentiis para hacerse con ellos y producir una versión de Dune dirigida por el inclasificable David Lynch que, esta si, se estrenó en 1984. Un filme irregular, con algunos momentos estimables, pero que no tuvo un buen recibimiento de público ni de crítica, y que disgustó a los seguidores de la saga de Herbert por los numerosos cambios argumentales que contenía.
A pesar de que la película de Jodorowsky nunca se llegó a rodar, si que dejó un importante legado cinematográfico. Muchos de los que trabajaron con él aplicarían a otros filmes las ideas que habían desarrollado para Dune. El caso más claro, el de Alien, donde volvieron a reunirse Moebius, O'Bannon, Giger y Foss. Y no sólo allí; algunos de los diseños recogidos en el storyboard de Jodorowsky y Moebius influirían en películas como Star Wars, Tron, El quinto elemento o Matrix. Y también hay que decir que la saga de El Incal, una de las obras cumbre de la historia del cómic, con guión de Jodorowsky y dibujos de Moebius, tiene su origen precisamente en el trabajo conjunto de ambos para esta película.


En 2013 se estrenó un aplaudido documental titulado Jodorowsky's Dune, en el que el director Frank Pavich recupera la memoria de aquel curioso proyecto, con entrevistas a la mayoría de los participantes que todavía seguían con vida.

domingo, 4 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: The Tourist


La historia del guión de The Tourist es una de esas curiosas anécdotas que se esconden debajo del glamour y las brillantes luces de Hollywood. Un guión extraño y fascinante, que ha recibido muchos elogios, pero que lleva más de tres décadas dando tumbos de un lado para otro sin que nadie se haya atrevido a llevarlo a la gran pantalla.
La historia de esta película frustrada comienza a principios de la década de los 80. En aquella época se vivía un auge del cine de ciencia-ficción, gracias a los éxitos de Star Wars, Star Trek o Alien. Pero había personas que creían que podía hacerse otro tipo de ciencia-ficción. Una ciencia-ficción "adulta", que fuese más allá de las simples historias de aventuras espaciales y luchas entre buenos y malos, con tramas complejas y reflexivas. Como, por ejemplo, el clásico Blade Runner, que Ridley Scott dirigió en 1982.
Una de las personas que se sintió atraídas por este concepto de la ciencia-ficción "seria" fue la escritora y guionista Clair Noto. Como ella misma diría años más tarde, "quería crear una película de ciencia-ficción para adultos. Quería combinar lo que yo creía que era una historia dramática con los efectos de la ciencia-ficción, especialmente en términos de sexo, romance y amor. Quería retratar la agonía y el éxtasis sexual de una manera nunca antes vista". Y de esa idea surgió el guión de The Tourist, fuertemente influido por el existencialismo y el cine europeo, especialmente la Nouvelle Vague francesa y los directores italianos Michelangelo Antonioni y Federico Fellini.


La protagonista de The Tourist es Grace Ripley, una atractiva y exitosa ejecutiva de una importante firma neoyorquina. Pero Grace esconde un secreto; en realidad, ella es una extraterrestre que ha adoptado una forma humana para pasar desapercibida en la Tierra. No es la única; muchos otros alienígenas de diversos orígenes se encuentran al igual que ella atrapados en nuestro planeta. Unos llegaron aquí por accidente, otros exiliados, o como castigo por algún delito. Algunos, como Grace, han adoptado forma humana y otros permanecen ocultos con su forma original. Pero la gran mayoría se sienten atrapados en un planeta que les parece desagradable y primitivo, del que no tienen oportunidad de huir, lo que les lleva a menudo a caer en el desánimo y el nihilismo. Grace busca a alguien, un alienígena como ella que se hace llamar John Taiga, del que se rumorea que está construyendo una nave espacial para escapar de este planeta. Durante su búsqueda, Grace descubre la existencia de un extraño escondite, camuflado bajo la tapadera de una clínica, conocido como El Corredor. En este extraño lugar, una mezcla de club social y prisión, numerosos alienígenas que han perdido toda esperanza se encierran para esperar su final, bien manteniendo relaciones sexuales para aliviar el vacío que sienten, bien vegetando a la espera de su muerte. La película en si era una fábula sombría sobre moralidad, sexo, corrupción, xenofobia y desesperación.


Por aquel entonces Noto trabajaba para la productora Universal. Su guión no fue bien recibido. La ejecutiva al cargo del proyecto, Renee Missell, y el director previsto, el británico Brian Gibson, nunca llegaron a estar satisfechos con el resultado. Buscaban una película convencional, de éxito rápido, no un opresivo relato cargado de sexualidad y dobles lecturas. Pidieron a Noto que hiciera cambios profundos, pero ella se negó. Actuando a sus espaldas, Missell y Gibson contrataron a varios guionistas (entre ellos Dan O'Bannon, el guionista de Alien) para que lo reescribieran pero sólo consiguieron volver el guión más confuso e incomprensible. Pese a la indudable calidad de la obra, muy elogiada por la mayoría de los que habían tenido ocasión de leerlo, Missell y Gibson acabaron dejándolo por imposible, centrándose en otros proyectos. Entre los que habían tenido acceso al guión estaba el legendario diseñador H. R. Giger, creador del monstruo de la película Alien, el cual quedó fascinado por la historia y llegó a realizar varios diseños para los alienígenas que aparecían en ella.
Después de esto, Noto recuperó la versión original de su escrito y trató de buscar otra productora que se interesara en él. Zoetrope, la productora de Francis Ford Coppola, estuvo muy cerca de llevarlo a la pantalla, dirigido por Frank Roddam (Quadrophenia) pero unos problemas burocráticos retrasaron las negociaciones y al final el fracaso económico del musical Corazonada llevó a Coppola a la bancarrota, frustrando el acuerdo. Posteriormente, la Universal recuperó los derechos sobre el guión y apartó de manera definitiva a Noto del proyecto.
Desde entonces, el guión de The Tourist permanece en una especie de limbo. Distintas productoras, como la Warner Brothers, la Paramount o Joel Silver (La jungla de cristal) se han interesado por él, pero sin concretarse nada: demasiado complejo, demasiado arriesgado. Ello no ha impedido que algunas de sus ideas hayan sido "tomadas prestadas" por otros filmes. El caso más claro, Men in Black, que aprovecha la premisa central de The Tourist (alienígenas con aspecto humano viviendo entre nosotros) eliminando las partes escabrosas y dándole a la historia un carácter de comedia.

viernes, 2 de junio de 2017

Películas que nunca se rodaron: el Napoleón de Stanley Kubrick


La idea de rodar un filme biográfico sobre Napoleón Bonaparte supuso para Stanley Kubrick, más que un proyecto, una auténtica obsesión. Su fascinación por el personaje llegó a límites casi de compulsión, acumulando febrilmente datos sobre su vida para componer un guión lo más exacto posible. Decía que Napoleón había sido "el hombre más interesante en los 200000 años o así que hemos estado sobre la Tierra" y que era "uno de esos raros hombres que cambian el curso de la historia y moldean el destino de su propia época y de las generaciones venideras".
Kubrick comenzó a redactar el guión a principios de la década de los 60, tras el éxito logrado con Espartaco. Para ello, paralelamente a otros proyectos cinematográficos que estaba preparando, se dedicó a acumular toda la información posible que pudo encontrar sobre Napoleón y su época. Mantuvo contacto fluido con numerosos historiadores y expertos en historia napoleónica, como el profesor de Oxford Felix Markham. Fue reuniendo libros y documentos, fotografías, fichas escritas a mano... Al final, su colección, además de cientos de libros, incluía 15000 fotografías de posibles localizaciones y 17000 diapositivas de objetos y lugares vinculados de una u otra manera a Napoleón, en lo que fue descrito como "uno de los archivos históricos más colosales sobre Bonaparte". El perfeccionismo y la obsesión de Kubrick con con los más mínimos detalles llegaron hasta el punto de que en cierta ocasión llamó a un historiador para tratar de averiguar qué había comido Napoleón en un determinado día antes de una batalla. También procuró ver todos los filmes que ya se habían rodado sobre el emperador francés, que por aquel entonces se contaban por docenas, aunque ninguno de ellos le gustaba demasiado.
La recopilación de información no sólo la llevó a cabo en persona. Varios ayudantes suyos recorrieron Europa de una punta a otra, visitando los lugares donde Napoleón había estado o que habían tenido importancia a lo largo de su vida, tomando fotografías e incluso recogiendo muestras de tierra; Kubrick quería estar seguro de que al reproducir sucesos históricos lo hiciera con el máximo rigor posible.
En cierta ocasión Kubrick definió la vida de Napoleón como "un poema épico de acción", y esa era al parecer la intención de la película que planeaba. La proyectó como un filme colosal, de más de tres horas de duración, que no sólo estaría centrado en el apogeo y declive de Napoleón, también en sus inicios en el ejército y en su rápido ascenso al poder. En ella se alternarían escenas de batallas épicas (planeaba escenas con 40000 soldados de infantería y 10000 jinetes, e incluso llegó a hablar con el ejército rumano para que se los proporcionara) con otras más intimistas y reflexivas, tratando de hacer un retrato psicológico lo más ajustado posible. Para el papel principal barajó en un primer momento al actor británico David Hemmings (Blow Up, Camelot) y más tarde a Jack Nicholson. Y para el papel del gran amor del emperador, Josefina ("una de las grandes pasiones obsesivas de todos los tiempos") quiso a Audrey Hepburn. Además, pretendía tener en papeles secundarios a actores de la talla de Laurence Olivier, Peter O'Toole o Alec Guinness. Obviamente, se trataba de una película de gran presupuesto; más de cinco millones de dólares, una cantidad desorbitada para la época.


Fue después del éxito de 2001: una odisea del espacio (1968) cuando Kubrick se sintió lo suficientemente seguro como para presentar el proyecto a las productoras. Tenía la mayor parte del trabajo hecho, había elegido la mayoría de las localizaciones, tenía bastante avanzado el plan de rodaje y la estructura de cada escena, y había terminado el guión, tras numerosos retoques. Sin embargo, pese al entusiasmo del director, que decía convencido que iba a ser la mejor película jamás rodada, las productoras (primero la Metro Goldwyn Mayer y luego la United Artists) no llegaron a verlo como un proyecto viable. Las grandes películas históricas ya no atraían al público como antes, y era poco probable que con ese presupuesto el filme llegara a ser rentable. El golpe de gracia vino de la mano de Waterloo, otro filme sobre Napoleón estrenado en 1970, dirigido por el soviético Sergey Bondarchuk (que ya había dirigido una monumental versión de la novela Guerra y Paz de Tolstoi que duraba más de siete horas) y protagonizada por Rod Steiger. Waterloo, pese a recibir buenas críticas, fue un fracaso rotundo en taquilla, y enterró para siempre las posibilidades de que el guión de Kubrick llegara a rodarse.
A pesar de que sabía que nunca podría verlo en el cine, Kubrick conservó toda su vida la información recopilada sobre Napoleón. Parte de ella pudo emplearla en el rodaje de Barry Lyndon (1975), película ambientada unos años antes de la llegada al poder de Napoleón.
El guión de Kubrick para esta película sería publicado años más tarde. En mayo de 2016 se anunció que la cadena HBO había alcanzado un acuerdo con los herederos de Kubrick para llevar el guión original a la televisión, en formato miniserie, dirigido por Cary Fukunaga (True Detective) y producido por Steven Spielberg (quien ya había rodado otro de los proyectos inacabados de Kubrick, Inteligencia Artificial).