Verba volant, scripta manent
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domingo, 22 de junio de 2025

Juan Valiente



Había nacido a principios del siglo XVI (probablemente en torno a 1505) en África Occidental, en lo que hoy es Senegal. Pertenecía a la etnia wolof, y se llamaba Sangor, aunque sería protagonista de una de las páginas más curiosas de la conquista española de América bajo otro nombre: Juan Valiente.

Tenía algo más de veinte años cuando corrió el mismo infortunio que miles de africanos a lo largo de varios siglos: tomado prisionero por una tribu rival, fue vendido a unos tratantes de esclavos portugueses que lo llevaron primero al archipiélago de Cabo Verde y luego al otro lado del océano, a la ciudad mexicana de Veracruz, donde fue vendido. Su comprador fue Alonso Valiente, un conquistador natural de la localidad extremeña de Medina de las Torres, primo y secretario de Hernán Cortés. Alonso lo llamó Juan y le otorgó su apellido, llevándoselo consigo como criado y escudero, primero a Ciudad de México y luego a Puebla, ciudad que el propio Alonso había ayudado a fundar y de la que sería alcalde. 

Durante cuatro o cinco años Juan sirve a su amo con diligencia y lealtad, pero nunca se conformará con su situación. Sin resignarse a pasar el resto de su vida como un esclavo, en 1533 llega a un acuerdo con Alonso Valiente para comprar su libertad. Con el permiso de su amo, Juan se alistará en alguna de las expediciones que se dirigen a Sudamérica, donde la conquista no había terminado y había posibilidades para que un hombre con coraje, decisión y algo de fortuna se hiciera rico. Pasados cuatro años, Juan pagaría a Alonso por su libertad con el dinero que obtuviera. En caso de no poder hacerlo, tendría que regresar y volver a ser su sirviente.

Juan Valiente viaja a Guatemala, donde en 1533 se une a la expedición de Pedro de Alvarado, quien ha obtenido del rey Carlos I el permiso para aventurarse al sur de los territorios que hasta entonces controlaba España en Sudamérica, bajo la gobernación de Francisco Pizarro, y que se extienden hasta la ciudad de Cuzco. La expedición de Alvarado, formada por unos 4000 hombres, de las cuales la mitad eran guerreros tlaxcaltecas, desembarca en bahía de Caráquez (Ecuador) en febrero de 1534; pero, tras varios meses vagando por la selva ecuatoriana y habiendo perdido numerosos hombres a causa de las enfermedades y el clima, Alvarado decide regresar a Guatemala en agosto tras pactar con Diego de Almagro y Gonzalo Pizarro, quienes también reclamaban derechos sobre los territorios al sur de Cuzco, a los que les cede a cambio de una indemnización sus barcos, caballos y los hombres que quisieran quedarse; entre ellos, Juan Valiente.

Tráfico de esclavos africanos

En julio de 1535 Almagro parte de Cuzco al frente de 500 soldados, un centenar de negros (tanto esclavos como hombres libres), entre ellos Juan, y varios miles de indios como porteadores, rumbo a Chile, donde esperaban encontrar grandes riquezas. La expedición resultó un rotundo fracaso; tras perder miles de hombres por las enfermedades, el frío y los encuentros con indios hostiles, Almagro y los suyos regresan a Cuzco en febrero de 1537 sin haber encontrado las riquezas que buscaban.

Mejor le va a Juan Valiente en su siguiente aventura. En enero de 1540 Pedro de Valdivia, maestro de campo de Francisco Pizarro, encabeza una nueva expedición a Chile, a pesar de los malos resultados de la expedición de Almagro, a la que de nuevo se une Juan. Valdivia, nombrado Gobernador y Capitán General en junio de 1541, no solo logra asentar el dominio español sobre aquellos territorios, sino que encuentra un importante yacimiento de oro en el estero Marga Marga. En esa misma expedición, en la que se funda la ciudad de Santiago de Chile, el buen hacer de Juan Valiente hace que Valdivia le recompense con una encomienda en las orillas del rio Mapocho, a la vez que lo asigna como parte de la guarnición que se encarga de custodiar los lavaderos del Marga Marga, donde trabajan un millar de indios. Sin embargo, en agosto de 1541 los indios de la zona se rebelan contra los españoles, masacrando a casi toda la guarnición y destruyendo los lavaderos y un pequeño astillero que Valdivia había ordenado construir cerca de ellos. De toda la guarnición solo dos hombres logran escapar: Juan Valiente y Gonzalo de los Ríos.

En 1542 llega a Chile un nieto de Alonso Valiente, con el encargo de su abuelo de averiguar el paradero de Juan y reclamarle el pago del dinero acordado, o de no tenerlo, de llevarlo de vuelta a México. No se sabe exactamente como discurrió el encuentro pero, dado que el joven regresó a México sin dinero y sin Juan, todo hace pensar que acordaron una prórroga del acuerdo.

Pedro Gutiérrez de Valdivia (1497-1553)

Juan Valiente sigue destacando a las órdenes de Valdivia. En 1546, tras su brillante actuación en la victoria de Quilacura contra los mapuches, Valdivia le nombra capitán, a pesar de que técnicamente sigue sin ser un hombre libre. Poco después se casa con una mujer llamada Juana de Valdivia, una antigua esclava propiedad de Pedro de Valdivia, a la cual este concede la libertad para que pueda casarse con Juan. Del matrimonio nacerían dos hijos. En 1550 Juan Valiente recibió como premio a sus servicios una encomienda llamada Toquihua, situada entre los ríos Maule y Ñuble.

Gracias a esta generosa concesión Juan ya está en disposición de cumplir su acuerdo con Alonso Valiente y pagarle la suma acordada por su liberación. Juan envía el dinero a Alonso a través de un oficial real como intermediario; pero el mensajero resulta no ser digno de confianza, y se da a la fuga con el dinero.

En 1554 Alonso Valiente, sin noticias de Juan y creyendo seguramente que su esclavo trataba de eludir su acuerdo, envía a un representante a Chile con órdenes de apresarlo e incautar sus bienes; pero el emisario solo puede confirmar su muerte: Juan, valeroso y leal hasta el final, había caído solo unos meses antes en la tristemente célebre batalla de Tucapel, en la que Pedro de Valdivia y sus hombres habían sido masacrados por un ejército mapuche abrumadoramente superior en numero.

A pesar de que Juan Valiente nunca dejó de ser un esclavo, su hijo mayor logró heredar su encomienda y mantener su propiedad a pesar de que trataron de arrebatársela en más de una ocasión. En Chile llevan su nombre sendas calles en la comuna de Vitacura (Santiago de Chile) y la ciudad de San Pedro de la Paz.


domingo, 2 de marzo de 2025

El Gran Farini

William Leonard Hunt, "El Gran Farini" (1838-1929)

Nació en Lockport (Nueva York) el 10 de junio de 1838 como William Leonard Hunt, aunque se haría famoso con un nombre muy diferente. Dentro de su familia, severa y trabajadora, que se mudó en 1843 a la villa canadiense de Hope Township, William siempre fue un verso suelto. Travieso y aventurero, los continuos castigos que le imponían sus padres no conseguían corregir su comportamiento. Es más, como él mismo confesaría más tarde, incluso sentía cierto placer al desobedecerlos. Una de sus travesuras habituales consistía en echarse a nadar en ríos y lagos, algo que su madre le tenía terminantemente prohibido. Dicen que su madre le cosía muy apretados los puños y los cuellos de sus camisas, para que no pudiera quitárselos, pero él se ponía a nadar vestido o bien los descosía y luego le pedía a alguna de sus amigas que volviera a coserlos.

La primera vez que asistió a un espectáculo circense William quedó fascinado. Su temperamento rebelde e inquieto se sintió inmediatamente atraído por aquel mundo exótico y desconocido. No tardó en empezar a ensayar por su cuenta algunos números, descubriendo que su fuerza y su agilidad le otorgaban una facilidad innata para las actividades físicas; unas cualidades que él se encargó de reforzar con un riguroso entrenamiento. Empezó a celebrar pequeñas actuaciones ante los chicos de su comarca, a cambio de unos centavos. Su padre al enterarse se enfureció; propinó a William una tremenda azotaina acusándole de haber avergonzado a su familia. Trataron de enderezarlo consiguiéndole un empleo como aprendiz de un médico, pero William nunca abandonó su idea de dedicarse al circo y siguió entrenándose a escondidas.

Su primera oportunidad llegó el 1 de octubre de 1859, durante la Feria Agrícola del Condado de Durham, deleitando a los espectadores con varios actos de equilibrismo, entre ellos cruzar el río Ganaraska caminando por un cable tendido entre ambas orillas. Lo hizo utilizando el apodo de Signor Farini, que eligió porque sonaba exótico y porque los italianos tenían fama de ser los mejores artistas circenses. En realidad, había tomado el nombre de Luigi Carlo Farini, un médico y político italiano que fue médico personal de Jerónimo Bonaparte (hermano menor de Napoleón), gobernador de la región de la Emilia y más tarde primer ministro del reino de Italia. Una semana más tarde dio una nueva exhibición, esta vez de fuerza, ante la sede del ayuntamiento local, de nuevo con gran éxito. 

Ante el éxito de su debut, William, ya conocido como Farini, comenzó a dar exhibiciones de fuerza y equilibrismo en diversas localidades del estado de Ontario. También demostró un agudo ingenio para crear nuevos y espectaculares números, o para inventar aparatos nuevos para sus funciones. Su creciente popularidad le llevó a ser contratado por Dan Rice, empresario y artista de circo, propietario del Dan Rice's Floating Circus y considerado uno de los padres del moderno espectáculo circense. Con su circo actuó a lo largo del río Mississippi durante varios meses, antes de regresar a Ontario a principios de 1860.

El Gran Farini cruza las cataratas del Niágara llevando a la espalda una primitiva lavadora (1860)
 
En agosto de ese año Farini acude a las célebres cataratas del Niágara, donde hacía poco que el legendario funambulista francés Charles Blondin se había convertido en el primer hombre en cruzarlas de un extremo a otro (355 metros de distancia) a través de un cable situado a 50 metros de altura. Farini no quiso ser menos, y entre él y Blondin surgió una cordial rivalidad para ver quién hacía el número más espectacular. Si Blondin cruzaba con los ojos vendados, Farini lo hacía con un hombre subido a la espalda. Si Blondin se detenía a mitad de camino para cocinar y comerse una tortilla subido al cable, Farini daba volteretas o se colgaba del cable sostenido con los pies. 

En el invierno de 1860 Farini dio una gira por Estados Unidos y regresó al Niágara al año siguiente. Sin embargo el estallido de la Guerra de Secesión en EEUU había reducido considerablemente el número de espectadores, así que aprovechó para regresar a Ontario y contraer matrimonio con Mary Osbourne, una amiga de su infancia. Poco después se alista en el ejército de la Unión, en el cuerpo de ingenieros, aunque más tarde afirmaría haber sido espía a las órdenes del general McClellan, segundo al mando del ejército del Norte. Su labor allí se resume en el diseño de un puente de cuerdas que se tendía en pocos minutos y de unos zapatos flotantes que según él permitían a un hombre caminar por el agua, que Farini afirmaba había mostrado al mismo presidente Lincoln. Dejó el ejército poco después; no esta clara la razón, pero pudo ser por la destitución de McClellan tras su pobre actuación en la batalla de Antietam.

El 6 de diciembre de 1862 Farini sufre una terrible tragedia personal. Actuando en La Habana, mientras cruza sobre una plaza de toros subido a un cable con su esposa Mary a sus espaldas, ella suelta uno de sus brazos para saludar al público. Este movimiento desequilibra a Farini y hace caer a Mary desde una altura de 18 metros, pese a los intentos de su marido por agarrarla. Mary resulta herida de gravedad y fallece unos días más tarde. Farini se embarcaría luego en una larga gira por Sudamérica antes de regresar a EEUU en 1864. En agosto de ese año trata de cruzar las cataratas de American Falls con zancos; uno de los zancos se enganchó y tuvo que ser rescatado. Lo intentó de nuevo en las cataratas de Chaudière, esta vez con éxito.

El Gran Farini entre Lulú (izquierda) y una artista no identificada (Londres, 1875)

En 1866 parte en una nueva gira, esta vez a Europa, acompañado de un niño de diez años llamado Sam Wasgate, al que había adoptado y que se convertiría en su compañero de espectáculo en el trapecio bajo el nombre de "Farini e hijo, los Farini Voladores". En 1867 Sam es sustituido por una acróbata femenina llamada Lulú... que no es otra que el propio Sam, con el pelo largo, maquillaje y ropa de mujer. "Lulú Farini" se haría muy popular, incluso después de que en 1876, a raiz de un pequeño accidente mientras actuaba en Dublín, se revelase su verdadera identidad, y aunque después de eso volvería a lucir aspecto masculino, conservaría el nombre de Lulú y acabaría casándose con una de las hijas de Farini.

En 1869 Farini decide retirarse de las actuaciones; los años de intensa actividad física comienzan a pasarle factura y no quiere esperar a sufrir un accidente grave. Pero no abandona el mundo del circo, convirtiéndose en entrenador de acróbatas y diseñador de nuevos números. Se le considera inventor del famoso número del hombre-bala, en el que una persona es lanzada desde un cañón (mediante un muelle o un dispositivo de aire comprimido) hacia una red estratégicamente dispuesta, que se usa por primera vez en 1877.

El Gran Farini y su hija adoptiva Krao Farini (1876?-1926)

En 1871 se casa con una mujer inglesa llamada Alice Carpenter, con la que tiene dos hijos y de la que se divorciaría en 1880. En marzo de 1881 regresa a Estados Unidos con planes para fundar un gran circo en asociación con el empresario circense William Cameron Coup, aunque el proyecto no llega a consumarse. En 1882 se dedica a preparar varios espectáculos para el Real Acuario de Londres, y ese mismo año adopta a una niña laosiana llamada Krao, afectada de hipertricosis (un síndrome que provoca que quienes lo padecen tengan todo el cuerpo cubierto de vello). Al parecer Krao había sido encontrada por el explorador noruego Carl Bock durante una expedición al sudeste asiático financiada por Farini. Diversas historias circulan sobre el origen de Krao: que si era miembro de una tribu de hombres-mono, que si había sido un regalo a Bock del rey de Birmania, que si Bock y Farini la habían capturado en la selva de Laos... De nada hay pruebas concluyentes. Lo cierto es que a partir de octubre de 1882 Krao comienza a ser exhibida, primero en Londres y luego en el resto de Europa, siendo presentada como un "eslabón perdido" y una prueba de la teoría de la evolución de Darwin. En 1884 viajaron a EEUU, donde siguió siendo exhibida durante años. En 1899 Krao hizo una gira por Inglaterra y posteriormente regresó a EEUU, donde formó parte del circo de los Ringling Brothers. Krao Farini vivió los últimos años de su vida en Nueva York, llevando una vida discreta en Brooklyn, y murió a causa de la gripe en abril de 1926, dejando dispuesto que su cuerpo fuera incinerado para evitar que fuera exhibido como una curiosidad tras su muerte.

"Caza de jirafas en el Kalahari", una de las numerosas fotografías que Lulú Farini tomó durante su expedición a través del Kalahari (1885)

En 1885 Farini, buscando nuevas aventuras, viaja a África con la intención de cruzar a pie el desierto del Kalahari, de casi un millón de kilómetros cuadrados de superficie. Le acompaña Lulú, quien se encarga de llevar un registro minucioso de la expedición, incluyendo mapas y fotografías. Fue un viaje arduo, de más de mil kilómetros, durante el cual Farini se perdió durante dos días en el desierto y estuvo a punto de morir. Pero al final lo consiguieron; se les considera los primeros hombres blancos en cruzar el Kalahari. A su vuelta trajeron pieles de animales salvajes y cuernos de rinoceronte, muestras botánicas y abundante información antropológica de sus contactos con la etnia joisán, a la que pertenecen las tribus de los bosquimanos y hotentotes. 

A su regreso en Londres Farini presentó un exhaustivo informe de su expedición ante la Royal Geographical Society, afirmando entre otras cosas haber hallado las ruinas de una misteriosa ciudad enterradas en la arena del desierto, de las que había visto los restos de lo que él creía era un gran templo y varios monumentales bloques de piedra. La Ciudad Perdida del Kalahari se convirtió en una leyenda y muchos trataron, sin éxito, de encontrar dichos restos, a pie o en avión, pero nadie halló ni el más mínimo rastro. En 1964 un geólogo llamado A. J. Clement propuso la teoría de que en realidad las supuestas ruinas no eran más que un afloramiento de dolerita, una roca ígnea de gran dureza que tiende a fracturarse en bloques rectos que en ocasiones pueden parecer construcciones artificiales.

En 1886 Farini publicó un libro sobre su aventura: Through the Kalahari Desert: A Narrative of a Journey With Gun, Camera, and Note-Book to Lake N'gami and Back (A través del desierto del Kalahari: una narración de un viaje con pistola, cámara y libreta al Lago N'gami y de vuelta). Ese mismo año se casaba por tercera vez, con una pianista alemana llamada Anna Müller, hija de un primo del compositor Richard Wagner. Siguió trabajando como promotor de espectáculos como el primer salto en paracaídas desde un globo aerostático (efectuado por el norteamericano Thomas Scott Baldwin en 1887). En 1890 se retiró y se instaló con su esposa en el distrito londinense de Forest Hill, donde se dedicó a cultivar flores y a inventar. En 1899 se mudó con su familia a Toronto, enfocándose en las artes plásticas (pintura y escultura). En 1909 volvió a trasladarse, esta vez a Alemania, donde ejerció como traductor y escribió una monumental historia de la Primera Guerra Mundial en treinta volúmenes, escrita desde el punto de vista de los alemanes. En 1920 regresó a América y, tras vivir en varios lugares del estado de Nueva York y de Ontario, acabó regresando a Hope Township (ahora parte de la municipalidad de Port Hope) donde pasó sus últimos años, hasta su muerte por gripe en enero de 1929, con 90 años cumplidos y dejando atrás una vida errante y aventurera.

Tras su muerte, su legado (libros, documentos, fotografías, inventos) pasó a ser propiedad de los Archivos de Ontario.

domingo, 26 de enero de 2025

Curiosidades (con fotografías)


A diferencia de lo que mucha gente cree, y de lo que aparece en numerosas películas protagonizadas por Spiderman, la célebre frase "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad" nunca fue pronunciada por el tío Ben. En la primera aparición del personaje en comic, la frase la dice el narrador de la historia, casi al final del capítulo. Es un ejemplo claro del llamado "efecto Mandela" (un recuerdo falso compartido por un elevado número de personas). La frase original ha sido atribuida a numerosas personas, desde el escritor francés Voltaire a Winston Churchill, pasando por el primer ministro británico William Lamb, lord Melbourne, los presidentes de los EEUU Theodore Roosevelt y Franklin D. Roosevelt, el sacerdote John Cumming, el gobernador de Hong Kong Hercules G. R. Robinson o el arqueólogo Henry W. Haynes. La primera vez que la frase aparece como tal es en 1793, en un decreto de la Convención Nacional Francesa, y según algunos estaría inspirada en un versículo del Evangelio según San Lucas que dice "A quien mucho se le ha dado, mucho le será exigido".

Achim Leistner es un óptico germano-australiano retirado dotado de un excepcional sentido del tacto. Como parte del llamado Proyecto Avogadro, que busca redefinir el concepto de "kilogramo", a Leistner se le pidió que fabricara una esfera de silicio lo más esférica posible, lo que hizo utilizando no solo la tecnología más moderna, sino también su inigualable tacto, que le permite sentir irregularidades mínimas en la superficie de la esfera. Como resultado, la esfera fabricada por Leistner es considerada el objeto más perfectamente esférico jamás fabricado por el ser humano. Es tan perfecta, que si la esfera tuviera el tamaño de la Tierra, su mayor irregularidad se elevaría tan solo 2'4 metros sobre el nivel del mar.


En 2009, poco antes de la celebración del día nacional de Bélgica (21 de julio) la reina viuda Fabiola recibió dos cartas anónimas de alguien que amenazaba con atentar contra ella con una ballesta "como Guillermo Tell". Aunque se barajó la posibilidad de que por seguridad Fabiola no participara en las celebraciones públicas, al final si lo hizo, y para sorpresa de todos cuando llegó a su asiento sacó una manzana de su bolso y dijo en voz alta: "¿Donde estás, Guillermo Tell?".


Kalel Langford era un adolescente de 14 años que en marzo de 2017 estaba con su familia visitando el Parque Estatal Crater de Diamantes en Murfreesboro (Arkansas), un parque famoso porque los visitantes pueden quedarse con los diamantes que encuentren, cuando halló cerca de un riachuelo una piedra brillante y de color marrón oscuro. Cuando Kalel y su padre la llevaron al Diamond Discovery Center resultó ser un diamante de 7'44 quilates, uno de los mayores hallados en el parque, con un valor cercano al millón de dólares.


La montañera norteamericana Hulda Crooks (1896-1997) tiene el record de ser la mujer de más edad en alcanzar la cima del monte Withney (4421 m.) y del monte Fuji (3776 m.), los montes más altos de los EEUU continentales (excluyendo Alaska y Hawai) y Japón, respectivamente, ambos conseguidos a los 91 años.


El llamado "Monumento de Respeto al Soldado" es un conjunto escultórico instalado en 1997 por el escultor turco Tankut Öktem (1941-2007) en la península de Gallipolli, cuyo objetivo es honrar la memoria de los soldados turcos caídos durante la campaña de Gallipolli (1915-1916), en la Primera Guerra Mundial. La escultura se inspira en la historia real de un soldado turco que, tras enarbolar una bandera blanca, llevó a un oficial australiano herido de vuelta a sus líneas y regresó a las trincheras otomanas antes de que se reanudaran los combates.



En 2006 un pescador filipino de la isla de Palawan encontró en el interior de una almeja gigante la mayor perla conocida de la historia. La llamada Perla de Puerto Princesa mide 70 x 30 centímetros y pesa 34 kilos, cinco veces el peso de la mayor perla conocida hasta entonces. El pescador, desconocedor de su valor, la guardó durante diez años debajo de su cama como amuleto de buena suerte, y en 2016 la donó a la Oficina de Turismo de la ciudad de Puerto Princesa, en cuya sede se guarda. Algunos expertos han calculado que su valor puede rondar los 100 millones de dólares.


La ciudad norteamericana de Cincinnati tiene un sistema de metro que nunca llegó a entrar en funcionamiento y lleva casi un siglo abandonado. Se empezó a construir a principios de la década de 1920, aprovechando el cauce de un antiguo canal seco, pero las obras se paralizaron debido al aumento de los costes primero y más tarde por la crisis de 1929. Las obras se detuvieron en 1928 y nunca se reanudaron. Se llegaron a construir más de tres kilómetros de túneles y siete estaciones, cuatro bajo tierra (que aún se conservan) y tres en la superficie, que se demolieron en los años 60 por la construcción de la Interestatal I-75.


Uta de Ballenstedt (1000-1046) fue una noble sajona del siglo XI, hija del conde Adalberto de Ballenstedt y esposa de Ecardo II, margrave de Lusacia y Meissen, que en su época tuvo fama de ser una de las mujeres más bellas de Europa. Una estatua que la representa, esculpida en el siglo XIII, se encuentra en la catedral alemana de San Pedro y San Pablo de Naumburgo. La estatua recibe el nombre de Uta de Naumburgo, y según cuentan inspiró a Wald Disney el aspecto de la madrastra de la película Blancanieves y los siete enanitos.


Los Jingkieng Jri (literalmente, "puentes de raíces vivas") son puentes construidos enlazando y dirigiendo el crecimiento de las raíces aéreas de determinados árboles como el árbol del caucho gomero (Ficus elastica). Son típicos de las regiones tropicales del nordeste de la India y cada uno puede tardar hasta treinta años en estar terminado.


En 1948 el Departamento de Caza y Pesca de Idaho reubicó a 76 castores desde la zona noroeste del estado, donde había un exceso de población, a la cuenca Chamberlain, en el centro, donde décadas de caza por sus pieles habían dejado un número escaso de ejemplares, por el curioso método de lanzarlos en paracaídas desde un avión. Se eligió este método debido a lo trabajoso que resultaba llevarlos por tierra, donde tenían que ser llevados a lomos de mulas o caballos durante buena parte del trayecto. El programa fue un éxito y no se informó de que ninguno de los castores resultara herido.


La llamada Flauta de Divje Babe fue encontrada en 1995 en la cueva del mismo nombre, en el noroeste de Eslovenia. Está hecha del fémur de un oso de las cavernas y se le atribuyen unos 43000 años de antigüedad, lo que la convertiría en el instrumento musical más antiguo que se conoce.

domingo, 21 de mayo de 2023

La desaparición de Andrew McAuley

Andrew McAuley (1968-2007)


Nacido el 7 de agosto de 1968 en la ciudad de Goulburn, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur, a Andrew McAuley le atrajo la aventura desde muy joven. Se decantó primero por el alpinismo; ascendió a las principales cumbres de Australia y Nueva Zelanda, y otras en grandes formaciones montañosas como el Himalaya o los Andes. Siempre que podía, huía de las vías más habituales, eligiendo las rutas menos transitadas o incluso buscando otras nuevas.

A finales de los años noventa McAuley encontró una nueva pasión en su búsqueda de aventura: las travesías de larga distancia en kayak, y se entregó a ella con el mismo empeño que antes había empleado en la escalada. En 2003 llevó a cabo la primera travesía sin paradas a través del estrecho de Bass, cuyos 350 kilómetros de ancho separan Australia de la isla de Tasmania. En 2004 cruzó los alrededor de 600 kilómetros del golfo de Carpentaria, en el norte de Australia, y en 2006 lideró una expedición al Territorio Antártico Australiano que recorrió más de 800 kilómetros a través del Círculo Polar Antártico. Estas hazañas le valieron ser nombrado Aventurero del Año en 2005 por la Sociedad Geográfica Australiana.

Y en diciembre de 2006, McAuley se enfrentó al que era su proyecto más ambicioso y arriesgado: atravesar el mar de Tasmania, desde la isla australiana hasta Nueva Zelanda, en una travesía de más de 1600 kilómetros, a través de unas aguas heladas con durísimas condiciones de viento y oleaje; una travesía en solitario que le iba a llevar aproximadamente un mes. Una aventura extremadamente arriesgada, que solo había sido intentada en dos ocasiones, ambas sin éxito; una de ellas, por parte del legendario navegante neozelandés Paul Caffyn. Por aquel entonces McAuley, de 38 años, trabajaba como consultor informático en Sydney, tenía una esposa, Vicki, y un hijo de tres años, Finlay. Muchos lo acusaron de egoista y temerario por embarcarse en aquel temerario proyecto teniendo una familia; el trató de explicarlo en una entrevista en la cadena de radio ABC: "Supongo que realmente me atrae un viaje como este; es un verdadero desafío personal. Existe una gran satisfacción en intentar una aventura difícil e improbable".

El kayak de McAuley (Australian National Maritime Museum)

El kayak con el que McAuley iba a intentar su hazaña era un kayak de fibra de la marca Mirage, con algunas modificaciones para hacerlo más resistente a las condiciones extremas de la travesía. Medía unos seis metros y medio de eslora y sesenta centímetros de manga, y su principal modificación era una capota de fibra de vidrio, pintada de un vivo color amarillo, a la que McAuley llamaba "Casper" y que cerraba el habitáculo del kayak impidiendo que entrara el agua. Cuando McAuley quería dormir, largaba un ancla flotante y cerraba la capota, respirando a través de un ventilador que impedía la entrada de agua. Asimismo, en caso de verse sorprendido por una tormenta, podía cerrarla y esperar dentro del kayak a que amainara. El principal problema era que, si el kayak volcaba cuando no estaba colocada, se llenaba de agua e impedía el llamado "giro esquimal" con el que el kayakista vuelve a enderezar el kayak usando su cuerpo y su pala; en caso de vuelco, McAuley tenía que salir del kayak y empujarlo para enderezarlo.

McAuley, además de los víveres para el viaje, llevaba a bordo una vela, un estabilizador hinchable, una pala de repuesto, una desaladora, una bomba de achique manual, una baliza de emergencia EPIRB, una radio baliza y un GPS. Estos materiales iban repartidos entre el habitáculo y dos pequeños pañoles en ambos extremos del kayak. Desde tierra, un equipo de apoyo dirigido por un veterano marinero llamado Jonathan Borgais le informaba a diario de las previsiones meteorológicas. El primer intento tuvo que ser abortado apenas un día después de su partida, por problemas con el aislamiento del kayak. La segunda intentona comenzó el 11 de enero de 2007; navegando siempre por debajo del paralelo 40, mantuvo un ritmo constante con un tiempo razonablemente bueno, hasta que el 27 de enero, habiendo recorrido dos tercios de su viaje, fue sorprendido por una terrible tormenta, con vientos de cuarenta nudos y olas de más de diez metros. Encerrado en el kayak, sacudido por la tormenta, resistió como pudo, llegando a estar desaparecido por varias horas, pero logró sobrevivir y continuar su viaje, habiendo perdido la radio baliza y el teléfono satélite de repuesto, y con algunos daños en Casper.

El 8 de febrero, cuando apenas le quedaban 120 kilómetros para llegar a su destino, envió un mensaje a su esposa, que le esperaba con su hijo en Nueva Zelanda, diciendo "Os veo el domingo a las nueve de la mañana". La previsión meteorológica era buena y no se esperaban complicaciones. Varios amigos de McAuley, entre ellos Paul Caffyn, esperaban también su llegada e incluso habían planeado salir a su encuentro cuando se acercara a la costa. Pero no iba a poder ser. El viernes 9, a las siete de la tarde, la Guardia Costera de Nueva Zelanda recibió un confuso mensaje de alguien que se identificaba como Kayak1. La familia y amigos de McAuley no creyeron que se tratase de una llamada de emergencia, e incluso sospecharon que fuese una falsa alarma. Los guardacostas hicieron una breve búsqueda, sin resultado.

La última imagen de McAuley, conservada en la tarjeta de memoria de su cámara

A la mañana siguiente, la limpieza y análisis del mensaje reveló palabras inquietantes como "ayuda" y "hundiendo". El mensaje decía "¿Me recibís? Soy Kayak1 ¿Me recibís? Estoy en una situación de emergencia. Mi kayak... a unos 30 kilómetros de Milford Sound (un fiordo en la costa neozelandesa). Necesito un rescate... Necesito un rescate... Mi kayak se está hundiendo... He caído al mar y me estoy hundiendo". De inmediato, se lanzó una operación de búsqueda cubriendo más de 25000 kilómetros cuadrados de océano. El sábado por la tarde era encontrado el kayak de McAuley, volcado a unos 54 kilómetros de Milford Sound. Estaba prácticamente intacto; solo faltaba la capota... pero no había rastro de McAuley. La búsqueda, sin éxito, se prolongó hasta el lunes. El cuerpo del aventurero australiano jamás apareció. 

Solo se puede hacer conjeturas sobre lo que le sucedió a McAuley, pero la idea más aceptada es que el kayak volcó, seguramente golpeado por una ola, y McAuley fue incapaz de volver a enderezarlo. El peso de la capota y del agua de la desaladora, unidos al agotamiento del navegante tras un mes de viaje, seguramente le hicieron imposible darle la vuelta. Aparentemente, McAuley sacó la radio vhf y el traje seco (un traje aislante para evitar la hipotermia) del interior de la bodega, y en algún momento se separó del kayak. Hay quien dice que probablemente trató de llegar a nado a la costa, que debía ser visible desde el lugar en el que había volcado. No se sabe por qué no encendió la baliza de emergencia (que se encontró, apagada, en el interior del kayak, junto a su teléfono satélite), por qué no se ató al kayak o por qué no envió un mayday con su mensaje, que hubiera dejado claro que estaba en apuros; quizá fue un error, quizá el agotamiento no le dejaba pensar con claridad.

Su esposa Vicki escribiría más tarde un libro, Solo, sobre la figura de Andrew y su última aventura. En noviembre de 2008 se estrenó Solo: Lost at sea, un documental sobre el último viaje de McAuley, dirigido por David Michod y Jennifer Peedom, que incluía imágenes de su travesía tomadas por el propio McAuley y procedentes de las grabaciones recuperadas a bordo del kayak. El kayak de McAuley, restaurado, se exhibe en el Australian National Maritime Museum.

domingo, 14 de mayo de 2023

Tragedia en el K2

K2

Con sus 8611 metros sobre el nivel del mar el K2 es la segunda montaña más alta del mundo, solo por detrás del Everest. Descrita por primera vez en 1856 por el militar y topógrafo británico Thomas Montgomerie, fue este quien la denominó K2 por considerarla erróneamente la segunda montaña más alta de la cordillera del Karakórum (llamó K1 a la que hoy se conoce como Masherbrum). El K2 estaba en un área tan remota que ni siquiera los habitantes locales le habían dado un nombre; por eso, aunque a lo largo de los años ha sido nombrado monte Godwin-Austen, Dapsang, Lamba Pahar, Chogori o Qogir (su nombre oficial para las autoridades chinas), la mayoría se siguen refiriendo a ella como K2.

El K2 es para muchos la montaña más peligrosa del mundo. El montañero norteamericano George Irving Bell llegó a decir de ella que "Es una montaña salvaje que intenta matarte". A su forma piramidal, con paredes abruptas y sin secciones planas como las del Everest, se une un tiempo inclemente durante buena parte del año, con terribles tormentas que se desatan en ocasiones de manera sorpresiva y temperaturas extremas. Además, durante bastante tiempo se dijo que la montaña tenía una maldición hacia las mujeres escaladoras: las seis primeras mujeres que alcanzaron su cumbre murieron en el descenso o escalando otras montañas poco después, y otras muchas perecieron en el intento. Su cumbre fue coronada por primera vez en 1954 por los italianos Lino Lacedelli y Achille Compagnoni; desde entonces y hasta 2021, menos de 400 personas habían alcanzado su cumbre y cerca de un centenar habían muerto en el intento, a causa de la congelación, la fatiga, las avalanchas, las tormentas o los edemas pulmonares. Recientemente, cambios en la política de concesión de visados y la llegada de sherpas nepalíes a la zona para implantar un modelo de escalada similar al del Everest han hecho que el número de ascensos se haya multiplicado, llegando a producirse en un solo día, el 22 de julio de 2022, hasta 145 llegadas a la cumbre.

Alison Jane Hargreaves (1962-1995)

A mediados de agosto de 1995 Alison Hargreaves llegaba al campo 4, el último antes de la cumbre, situado a unos 7600 metros de altitud. Hargreaves era una escaladora que empezaba a ser conocida en los círculos del montañismo; en 1993 había sido la primera alpinista en subir a las seis grandes caras norte de los Alpes en una misma temporada, y ahora estaba embarcada en un nuevo desafío: ascender a las tres montañas más altas del mundo (el Everest, el K2 y el Kangchenjunga) sin asistencia. El 15 de mayo había alcanzado la cima del Everest sin oxígeno ni ayuda de los sherpas y ahora pretendía hacer lo mismo en el K2. Iba acompañando a los miembros de una expedición norteamericana a la que se había unido poco antes. En el campo 4 coincidió con otras dos expediciones: una canadiense-neozelandesa y otra española, organizada por los clubes Peña Guara de Huesca y Montañeros de Aragón de Zaragoza, formada por Javier Escartín, Lorenzo Ortiz, Javier Olivar, Lorenzo Ortas, José Garcés, Manuel Avellanas y Manuel Ansón. Todos coincidían en intentar el acceso a la cumbre por la llamada ruta del Espolón de los Abruzzos, la más habitual y menos complicada de las varias que existen para coronar el K2.

De izquierda a derecha, Manuel Ansón, Manuel Avellanas, Javier Escartín, Lorenzo Ortiz, Lorenzo Ortas, José Garcés y Javier Olivar

El 13 de agosto las condiciones parecían ser las idóneas para un intento de alcanzar la cumbre. El tiempo era bueno y llevaba así durante cuatro días seguidos. Todos estaban al tanto de la peligrosidad de la montaña (solo un mes antes otro escalador español, el catalán Jordi Anglès Soler, había muerto en el intento) pero parecía el momento ideal para el asalto final a la montaña. Seis escaladores salieron muy temprano rumbo a la cumbre: Hargreaves, el estadounidense Rob Slater, los neozelandeses Bruce Grant y Peter Hillary (hijo del legendario sir Edmund Hillary, el primer hombre en alcanzar la cima del Everest) y los canadienses Jeff Lakes y Kim Logan. Los españoles Javier Escartín, Lorenzo Ortiz, Javier Olivar y José Garcés habían salido algo más temprano; se encontrarían con ellos en un estrechamiento de la ruta conocido como "Cuello de botella". Sin embargo, cuando aún estaban lejos de la cumbre, Hillary decidió dar la vuelta. Pese a que el tiempo había permanecido estable durante días, había visto indicios de que podría cambiar pronto. Su instinto le decía que era mejor desistir del intento, y prefirió regresar. Logan regresó con él; los demás, sin embargo, continuaron con el ascenso. Poco después se cruzaban con Garcés que, con problemas en los pies, regresaba al Campo 4

A las 6:45 PM Hargreaves y Olivar anunciaban por radio a Ortas, que se había quedado en el Campo 4, que habían alcanzado la cumbre. Los demás irían llegando después, salvo Lakes, que se había visto obligado a dar la vuelta por el agotamiento. Según le contaron a Ortas, el tiempo era espléndido. Menos de una hora después, estallaba una brutal tormenta en la montaña, con temperaturas extremas y vientos de hasta 160 km/h, que sorprendió a los montañeros en pleno descenso, sin posibilidad de encontrar refugio. Desde el campo base, algunos testigos con prismáticos afirmaron haber visto a los escaladores luchando por descender antes de desaparecer tragados por la ventisca. Hargreaves, Slater, Grant, Escartín, Ortiz y Olivar; ninguno de los seis volvió a ser visto. Lakes llegó a duras penas al Campo Base, donde pese a ser atendido moriría horas más tarde de hipotermia y agotamiento. Ortas y Garcés, los únicos que quedaban en el Campo 4, resistieron la tormenta a duras penas, después de que el viento hubiera destrozado sus tiendas.

A la mañana siguiente Ortas y Garcés, con un inicio de congelación en manos y pies, comenzaron un penoso descenso hasta el Campo 3. Durante su descenso, a unos 7400 metros de altitud, encontraron varios objetos: una bota de escalada, un anorak y un arnés, ambos manchados de sangre, reconociendo todo ello como parte del equipo de Alison Hargreaves. A unos cientos de metros Ortas, que se había desviado de la ruta para investigar, divisó un cuerpo (que identificó, por el color de su ropa, como el de la escaladora británica) y señales de que al menos otros dos cuerpos más se habían deslizado montaña abajo; su opinión era que el terrible viento de la tormenta los había hecho salir despedidos mientras descendían. Pero, debido a su complicada situación, decidió seguir descendiendo y tratar de volver más tarde para recuperar el cadáver de Hargreaves y cualquier otro que pudiera haber. Sin embargo, en el Campo 3 apenas había suministros y tuvieron que continuar hasta el Campo 2, a donde llegaron sobre las diez de la noche. Al día siguiente siguieron descendiendo hasta el Campo Base, donde se reunieron con Ansón y Avellanas y recibieron asistencia médica; serían evacuados en helicóptero el día 19, sufriendo pequeñas amputaciones en manos y pies.

Ninguno de los cuerpos de los seis fallecidos en lo que se llamó "El desastre del K2" fueron jamás recuperados. Alison Hargreaves tenía dos hijos: Thomas y Katherine Ballard. Thomas llegaría con el tiempo a ser un respetado escalador. En febrero de 2019, cuando contaba con solo 30 años, desapareció durante una expedición al Nanga Parbat. Su cuerpo y el de su compañero de escalada Daniele Nardi fueron encontrados dos semanas después.

domingo, 13 de febrero de 2022

Fannie Quigley

Fannie Quigley (1870-1944)

El descubrimiento de oro en la región canadiense del Yukon a finales del siglo XIX provocó la llegada de miles de personas en busca de fortuna. Desde todos los rincones de Norteamérica e incluso del extranjero llegaban aventureros que habían dejado atrás sus hogares e incluso sus familias y sus empleos, persiguiendo el sueño de hacerse ricos rápidamente; un sueño que solo unos pocos alcanzarían. Algunos acabaron convertidos en personajes célebres o casi legendarios; y entre los personajes más reconocibles que se podían encontrar en aquellos campamentos mineros había una mujer: Fannie Quigley.

Nacida con el nombre de Frances Sedlacek en Wahoo (Nevada) en 1870, en el seno de una familia de humildes granjeros originarios de la región checa de Bohemia, huérfana de madre desde los seis años, la granja de su familia tuvo que soportar sequías, tormentas, plagas de langostas y crisis económicas, unas desventuras que contribuyeron a forjar el carácter de la joven Fannie. Con 16 años se marchó de casa y comenzó a viajar hacia el Oeste siguiendo el avance de la vía férrea de la Union Pacific, empleándose como cocinera en los campamentos de trabajadores del ferrocarril. 

Cuando estalló la fiebre del oro Fannie acudió como tantos otros y se instaló en Dawson City, el epicentro del que partían las oleadas de buscadores de oro que se desperdigaban luego por las orillas del río Klondike y sus afluentes. Y allí Fannie vio su oportunidad cuando escuchó lo difícil que era encontrar una comida decente en la ciudad y que muchos de los buscadores, llevados por la prisa para empezar cuanto antes sus sondeos, habían partido con pocos suministros. Muy pronto Fannie comenzó a recorrer los campamentos mineros llevando un trineo cargado con una tienda, una cocina portátil y provisiones, para preparar y vender a los hambrientos mineros sus platos. Muy pronto la figura de "Fannie la caminante", como la llamaban por las largas distancias que recorría con su cocina a cuestas, se hizo popular entre los mineros de la región. Y aunque su principal ocupación era la cocina, tampoco desechaba la posibilidad de encontrar oro: en 1900 está registrada su primera reclamación de una concesión minera, cerca de la localidad de Clear Creek.

Fannie Quigley (c. 1940)

En octubre de 1900 Fannie se casa en Dawson con Angus McKenzie. Será un matrimonio corto y turbulento. Ambos regentarín una posada cerca del pueblo de Gold Bottom. Las peleas y discusiones entre ambos eran frecuentes, debido en buena parte al abundante consumo de alcohol por parte de los dos. Finalmente, en enero de 1903 Fannie deja a Angus y el Klondike, y viaja 800 millas al norte hacia Alaska, donde se habían producido nuevos hallazgos. Curiosamente, no se ha encontrado registro alguno de su divorcio, lo que hace suponer a algunos que su separación de Angus fue más un asunto de facto que oficial. En Alaska reside sucesivamente en Rampard, Tanana y Chena, antes de trasladarse en agosto de 1906 a la zona de Kantishna, donde un grupo de mineros encabezados por Joe Quigley acababa de encontrar recientemente nuevos y ricos yacimientos de oro y plata.

En Kantishna Fannie sigue con sus negocios, preparando comidas para los mineros y a la vez explotando ella misma varias concesiones: hasta 26 registró a su nombre entre 1907 y 1919. Las condiciones en Kantishna eran más complicadas que en Dawson; no había carreteras y los víveres tenían que ser transportados en trineos durante muchas millas de territorio agreste. Por eso Fannie se vio obligada a depender de si misma para abastecerse. Empezó a cultivar cereales y verduras  en los terrenos alrededor de su cabaña (también recogía frutas y verduras silvestres) y a cazar para disponer de carne. Nunca había cazado antes de llegar a Kantishna y apenas sabía disparar, pero acabó convertida en una consumada cazadora. Para obtener carne cazaba caribúes, alces, muflones e incluso osos (eran famosos sus pasteles de hojaldre, en cuya masa usaba grasa de oso), que despiezaba en el mismo lugar para luego cargar la carne hasta su cabaña, recorriendo a veces varias millas a través de las montañas; y también atrapaba zorros, lobos y linces para obtener pieles. Utilizaba algunos túneles abandonados de prospecciones cercanas para conservar en ellos las provisiones, y también para elaborar cerveza.

Fannie no tardó en convertirse en un personaje casi legendario en toda la región. Con una fortísima personalidad y una presencia imponente, pese a su escaso metro y medio de altura, vestida casi siempre con ropas de hombre, terriblemente malhablada, cazadora casi infalible y fabulosa bebedora, todos en los campamentos mineros estaban familiarizados con su figura y sus hazañas. Tan notoria era su fama, que después de que en 1921 toda la región circundante al monte McKinley (hoy monte Denali) fuera declarada Parque Nacional, a los jóvenes rangers destinados a vigilar el parque les decían simplemente que, en caso de que tuvieran alguna duda acerca de la región o de como sobrevivir en su nuevo destino, le pidieran consejo a Fannie. Además, dado que su cabaña estaba estratégicamente situada en la ruta que seguían las expediciones hacia el monte McKinley, fueron huéspedes suyos personajes conocidos, como el escritor Jack London, el montañero y cartógrafo Bradford Washburn o la expedición liderada por Hudson Stuck que por primera vez coronó el monte en 1913.

De derecha a izquierda, Fannie Quigley, Joe Quigley, Ruth Carson y Joe Dalton (c. 1919)

En 1918 Fannie y Joe Quigley se casaron, tras más de una década conviviendo. Ambos llegaron a ser una pareja próspera; a la vez que Fannie seguía cocinando para los mineros, ambos eran titulares de un buen número de concesiones, algunas explotadas por ellos mismos y otras alquiladas a otros mineros. Durante la epidemia de gripe española, Fannie, naturalista y con conocimientos de enfermería, trabajó en el hospital de la localidad de Nenana. En 1924 Fannie abandonó Kantishna por primera y última vez para visitar a su familia, a la que no veía desde hacía casi treinta años.

En 1930 Joe Quigley sufrió un grave accidente mientras trabajaba en una de sus minas, que le obligó a pasar una larga temporada convaleciente en un hospital de Fairbanks. Allí Joe se enamoró de una de sus cuidadoras, una enfermera bastante más joven que él. Su divorcio de Fannie se formalizaría en 1937; liquidaron sus sociedades conjuntas y cedieron sus concesiones mineras a la empresa Red Top Mining Company, a cambio de una cantidad anual que se repartieron equitativamente. Joe y su nueva esposa abandonaron Kantishnaa para instalarse en Seattle, buscando una vida más cómoda, pero Fannie se quedó; amaba la montaña y se sentía feliz en ella.

La cabaña de Fannie Quigley, en la actualidad

Por aquel entonces ya se había construido una carretera a través del Parque, con lo que a la cabaña de Fannie, que en un tiempo era accesible solo a pie o con trineos de perros, llegaban habitualmente visitantes y curiosos deseosos de conocer a la mítica pionera. Y allí siguió viviendo Fannie, sin abandonar su querida montaña más que para alguna visita ocasional a Fairbanks, hasta su muerte, acontecida el 25 de agosto de 1944, cuando contaba 73 años, mientras dormía. El Fairbanks Daily News-Miner tituló su obituario: "Una de las pioneras más pintorescas de Alaska ha llegado al final de su camino". Su cabaña aún se conserva en el Parque Nacional Denali.

domingo, 6 de febrero de 2022

Carlos Cuarteroni, la inspiración española de Sandokán



Carlos Domingo Antonio Genaro Cuarteroni Fernández nace en Cádiz el 19 de septiembre de 1816, hijo del italiano Giovanni Cuarteroni, dueño de una tienda que aprovisionaba a los buques que partían rumbo a América o a Filipinas, y de Ramona Fernández, natural de Sanlúcar de Barrameda. Era una familia de profundas creencias religiosas; de los nueve hijos del matrimonio (de los que Carlos era el cuarto) dos se hicieron sacerdotes y un tercero, misionero seglar.

Habiendo nacido a un paso del puerto de Cádiz, relacionándose con el ambiente marinero por el negocio familiar, y escuchando historias de barcos, marineros y viajes, no es de extrañar que Carlos sintiera desde muy pequeño la llamada del océano. Teniendo vetada la carrera naval militar, por ser hijo de un comerciante, ingresa muy joven en una academia privada para ser piloto de buques mercantes. Allí, viendo su enorme talento, sus profesores les recomendaron a sus padres que lo embarcaran lo antes posible. Y así, en 1829, con apenas 13 años, Carlos embarca como ayudante del piloto del mercante Indiana, que parte de Cádiz rumbo a Manila, un viaje largo y peligroso.

Regresa a Cádiz dos años más tarde para obtener el grado de tercer piloto. Cuatro años más tarde, con 19 años y de vuelta en Manila, obtiene el título de segundo piloto y recibe el mando de un bergantín, con el que realizaría varios viajes entre Filipinas, Hong Kong, Singapur y Cantón. Mandaría luego la fragata Buen Suceso durante otros dos años, hasta que en 1841 obtiene el título de capitán de la Marina Sutil en Filipinas, para pasar luego a comandar otra fragata, la Bella Vascongada. Era por entonces, pese a su juventud, uno de los capitanes más valorados de Filipinas: excelente navegante, brillante cartógrafo, hablaba con fluidez inglés, francés, malayo, tagalo y bisayo, y numerosos dialectos locales del sudeste asiático.

Y entonces, en 1842, toma una decisión cuando menos sorprendente. Renuncia a su mando, abandona la marina mercante y compra en Manila una goleta a la que llamará Mártires de Tonkín y con la que, tras enrolar a una tripulación de 27 marineros filipinos, se dedica a la búsqueda de perlas y tortugas carey en el Mar de China. Una ocupación peligrosa, pero muy lucrativa. Varias de esas conchas de tortuga las envía como regalo a sus parientes de Cádiz, cuyos descendientes aún las conservan.

Pero no son solo perlas y tortugas lo que le interesa. Cuarteroni aprovecha sus viajes para buscar el Christian, un mercante inglés que había desaparecido en ruta de Macao a Bombay llevando en sus bodegas una inmensa cantidad de monedas de plata, fruto del comercio de opio en China. Y contra todo pronóstico, lo consigue tras catorce meses de búsqueda, encontrándolo hundido en un arrecife cercano a la isla malaya de Labuán, en las coordenadas 118º 55" 03 de longitud y 8º 51" 13 de latitud. Tras recuperar el tesoro, lo deposita no en Manila, como cabría esperar (¿por estar demasiado familiarizado con el carácter de los funcionarios locales, quizá?), sino en Hong Kong, despertando las suspicacias y el resquemor de las autoridades españolas, que tiempo después lo acusarían de corsario y saqueador. Algo que desmiente el hecho de que Cuarteroni devuelve el tesoro (exceptuando, claro, la parte que le corresponde a él por el rescate, que repartirá luego con su tripulación) a sus legítimos propietarios, los cuales quedan tan encantados que llegan a invitar a Cuarteroni a viajar a Londres para poder agradecerle en persona su honestidad.

Carlos Cuarteroni tiene solo 26 años y ya es poseedor de una respetable fortuna. Puede hacer lo que desee, y lo que hace en los siguientes años es dedicarse a viajar en su goleta explorando las islas de Extremo Oriente, especialmente Borneo y los archipiélagos cercanos. Cartografía las costas por las que pasa, corrigiendo los errores de los mapas ya existentes (sus mapas son tan precisos que las autoridades españolas y filipinas le piden copias de ellos, aunque él se niega), describe minuciosamente las islas por las que pasa, sus habitantes, sus costumbres... Se hace amigo del inglés sir James Brooke, el llamado rajá blanco de Sarawak, al que el sultán de Brunei ha otorgado el gobierno de dicha región. En torno a 1846 empieza a rescatar a cautivos cristianos, capturados y esclavizados por los piratas musulmanes de Malasia. Para ello recorre las principales rutas del tráfico de esclavos, visita algunos de los puertos más peligrosos del mundo y negocia directamente con los jefes piratas. Logra liberar, pagando los rescates de su propio bolsillo, a cientos de esclavos, mayoritariamente filipinos, a los que luego envía de regreso a sus hogares. Cuarteroni nunca había simpatizado con la esclavitud; pero tras ver las condiciones en las que viven los hombres, mujeres y niños a los que rescata, se convierte en un abolicionista militante, y luchará durante el resto de su vida contra una institución tan abyecta.

En 1847 Cuarteroni adquiere una goleta inglesa, la Lynx, que había sido usada para el tráfico de opio en China, y que se ve obligado a quemar con toda su carga dos años después, tras ser acusado por las autoridades españolas de Luzón de pirata y contrabandista. Ese mismo año de 1849 Carlos Cuarteroni viaja a Roma donde, tras entrevistarse con el papa Pío IX, se ordena sacerdote y toma el hábito de la Orden de los Trinitarios, dedicada a redimir a los cautivos y a socorrer a los oprimidos, y regresa a Asia. Desde entonces todo su esfuerzo y su fortuna se dedicarán a seguir combatiendo la esclavitud, a rescatar cautivos (independientemente de su origen y religión) y a extender el catolicismo por las islas de Extremo Oriente.

En 1855 envía al Vaticano su Spiegazione e traduzione dei XIV Quadri relativi alle isole di Salibaboo, Talaor, Sanguey, Nanuse, Mindanao, Celebes, Bornéo, Bahalatolis, Tambisan, Sulu, Toolyan e Labuan, un extenso y prolijo relato sobre las cualidades de dichas islas, en buena parte desconocidas en Occidente, y de sus habitantes. En 1857 Pío IX lo nombra prefecto apostólico de Borneo y Labuán, un cargo creado ex profeso para él. Su fama se acrecienta, su nombre es conocido en todos los mares de Extremo Oriente. Para unos es un loco, para otros un enviado de Dios, para casi todos es una leyenda. En Borneo funda varias misiones católicas, en terrenos cedidos por su amigo Brooke y por el sultán de Brunei.

Sigue luchando incansablemente contra el tráfico de esclavos e intenta que el gobierno español se involucre, para defender a sus súbditos filipinos. En 1858 presenta al gobernador de Filipinas, Fernando Norzagaray y Escudero, una propuesta de tratado a firmar entre el sultán de Brunei y la reina Isabel II para colaborar en la protección y rescate de los filipinos capturados por los piratas, pero su propuesta es ignorada. Igualmente caen en saco roto sus peticiones para frenar el radicalismo de algunos sultanes y jefes militares musulmanes. Al verse ignorado por los sucesivos gobernadores de Filipinas (Norzagaray, Rafael Echagüe, José de la Gándara, Carlos María de la Torre) Cuarteroni eleva sus peticiones directamente al gobierno español y a la Casa Real, pero lo único que obtiene es una pequeña asignación concedida por el rey Amadeo I.

En torno a 1880, enfermo, cansado y arruinado, Carlos Cuarteroni decide regresar a Europa. Visita Roma, donde se entrevista con el papa León XIII, y el 9 de marzo de 1880 pone el pie por primera vez en más de cuatro décadas en su Cádiz natal, donde fallecerá tan solo tres días más tarde, el 12 de marzo. Sus restos están enterrados en la cripta de la Catedral de Cádiz. El original de su Spiegazione y muchas de las cartas que dirigió al Vaticano se conservan hoy en día en el Museo Misionero de Propaganda Fide, en Roma, dedicado a la historia de las evangelizaciones.

Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari (1862-1911)

En 1883, solo tres años después de su muerte, el escritor italiano Emilio Salgari publica por entregas la novela El tigre de Malasia, que más tarde se publicaría como libro con el título Los tigres de Mompracem. En él aparece por primera vez el más popular de los personajes creados por Salgari: el pirata Sandokán, antiguo rey de Borneo enfrentado a los británicos, que le han arrebatado el trono y asesinado a su familia. Y todo apunta a que fue la figura de Carlos Cuarteroni la principal inspiración del escritor a la hora de crear a Sandokán. Es muy posible que Salgari, que nunca salió de Europa pero se documentaba extensamente para sus obras, hubiese tenido acceso a los escritos y las cartas de Cuarteroni y hallado en ellos las líneas principales para imaginar las aventuras de su personaje, incluyendo sucesos, lugares e incluso personas reales (como Brooke, al que convierte en el archienemigo de Sandokán). 

No se conoce retrato alguno de Cuarteroni, y solo detalles aislados de su aspecto físico (se dice que era alto, de porte distinguido, cabello ondulado y mirada profunda y penetrante), características similares a como Salgari describe a Sandokán, lo que no hace sino reforzar la idea que que fue el aventurero español, cuyas hazañas han sido injustamente ignoradas durante mucho tiempo, la principal fuente en la que se basó el escritor para dar vida al célebre pirata.

domingo, 14 de noviembre de 2021

El milagro de Juliane Koepcke

Juliane Koepcke

En el año 1950 una joven de 26 años llamada Maria von Mikulicz-Radecki, que el año anterior había conseguido un doctorado con honores en zoología por la Universidad de Kiel, abandonó su Alemania natal para viajar a Perú y encontrarse allí con su prometido Hans-Wilhelm Koepcke, también zoólogo, que trabajaba en el Museo de Historia Natural de Lima. Hans la había animado a ir a aquel "maravilloso país" ensalzando su riqueza natural y asegurándole de que allí podría utilizar todos sus conocimientos científicos.

Al igual que le había sucedido a Hans, Maria se enamoró del Perú. Allí se casaría con Hans y allí nació su única hija, Juliane, en 1954. Se especializó en ornitología (Perú es el segundo país en número de especies de aves del mundo), trabajó junto a Hans en el Museo durante algún tiempo, y luego fundó una estación de investigación en la selva amazónica a la que llamó "Panguana". Ambos publicarían numerosos trabajos juntos. y mientras Hans se convirtió un experto en la fauna de Sudamérica, Maria llegaría a ser una referencia internacional sobre la avifauna de la región Neotropical. A lo largo de sus años en Perú, Maria recolectó más de 1500 especímenes e identificó varias especies nuevas como el pijuí de Ancash (Synallaxis zimmeri), el cotinga cariblanco (Zaratornis stresemanni) o el canastero de los cactos (Pseudasthenes cactorum).

La familia Koepcke: Maria, Juliane y Hans

El día 24 de diciembre de 1971, Maria y Juliane, que entonces tenía 17 años, embarcaron en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima a bordo del vuelo 508 de la LANSA (Líneas Aéreas Nacionales S. A.), un vuelo local que iba de Lima a Iquitos haciendo escala en la ciudad de Pucallpa. Precisamente Pucallpa era el destino de ambas mujeres; sus compromisos laborales habían llevado a Hans hasta allí y tenían previsto pasar juntos las Navidades. En un principio habían previsto partir unos días antes, pero Juliane había insistido en quedarse para poder asistir a la ceremonia de graduación de su instituto. Entre pasajeros y tripulantes iban en el vuelo un total de 92 personas y, como curiosidad, el director de cine alemán Werner Herzog, que se encontraba en el país rodando la película Aguirre, la cólera de Dios, había reservado un pasaje pero perdió el vuelo.

La primera parte del vuelo, que partió poco antes del mediodía, transcurrió sin incidentes. No obstante, unos 40 minutos después del despegue, cuando el avión, un Lockheed L-188 Electra, había sobrepasado ya la ciudad de Oyón y se encontraba sobre la selva amazónica, empezaron las complicaciones. Una tormenta imprevista, con lluvia y vientos fuertes, comenzó a sacudir la aeronave. Mientras el piloto descendía desde los 6000 a los 4000 metros de altitud tratando de encontrar mejores condiciones, las azafatas pidieron a los pasajeros que se abrocharan los cinturones. Juliane se apresuró a hacerlo, sin saber que ese gesto probablemente le salvaría la vida.

Restos del LANSA 508

Según el relato de Juliane, a eso de las 12:36 un rayo alcanzó uno de los motores del avión, que se incendió y explotó casi de inmediato. El avión comenzó entonces a caer en picado mientras su fuselaje se hacía pedazos. Juliane y su asiento salieron despedidos al exterior y se precipitaron en caída libre desde unos 2000 metros de altitud hacia lo que parecía una muerte segura.

Juliane se despertó unas horas más tarde. Estaba en el suelo, en plena selva, amarrada todavía a su asiento. Las copas de los árboles y la tupida vegetación bajo ellas habían amortiguado su caída y el asiento la había protegido de males mayores. Milagrosamente, solo tenía una clavícula rota, una herida en el hombro, un ojo morado y un corte en su brazo. 

A su alrededor la joven pudo contemplar un dantesco espectáculo: los restos del avión y de sus ocupantes, desperdigados por una amplia zona de la selva. Durante dos días, Juliane buscó ayuda por los alrededores, pero solo encontró restos del avión. Buscó a su madre pero fue incapaz de encontrarla. Entonces decidió ir en busca de ayuda. Por suerte para ella, conocía algo la selva, había acompañado a  sus padres durante sus investigaciones y le habían enseñado como orientarse y sobrevivir. Encontró un arroyo cercano y lo siguió hasta que desembocó en un río, siguiendo luego su curso río abajo con la esperanza de encontrar a alguien.

Durante diez días Juliane caminó río abajo, sin apenas comida (afortunadamente el agua del río era potable), esquivando a los cocodrilos y otros depredadores, viéndose obligada a nadar para cruzar algunas zonas profundas, soportando el calor, la humedad y los mosquitos, y con una severa infestación de larvas de mosca en la herida de su hombro. Finalmente, logró llegar hasta una cabaña junto a la que había una canoa a motor. La cabaña pertenecía a unos leñadores que en aquel momento estaban ausentes; Juliane decidió no llevarse la canoa y esperar a que regresaran. Descansó en la cabaña y se trató la herida rociándola con gasolina para librarse de los gusanos.

Los leñadores regresaron a la mañana siguiente. De inmediato la llevaron a una aldea cercana, donde le dieron de comer y le hicieron las curas más urgentes antes de llevarla en canoa hasta la localidad de Tournavista, en un viaje que duró diez horas. De Tournavista la evacuaron en una avioneta hasta Pucallpa, donde fue ingresada en un hospital en el que se reencontraría con su padre, quien ya la daba por muerta como a su madre.

Una vez se hubo recuperado, Juliane guió a los equipos de búsqueda hasta los restos del avión para recuperar los cuerpos de los pasajeros. La parte delantera del avión se encontró prácticamente intacta y se averiguó que otros trece pasajeros habían sobrevivido al accidente, entre ellos el piloto y Maria Koepcke, pero debido a sus heridas y a la falta de ayuda ninguno de ellos seguía con vida cuando se encontró el avión.

Juliane Diller (2019)

Hans Koepcke envió a Juliane a Alemania con su familia poco después, para que pudiera recuperarse. Él mismo regresó a Alemania en 1974, para enseñar Zoología en la Universidad de Hamburgo. Juliane permaneció algún tiempo en Alemania, terminando sus estudios. Siguiendo la tradición familiar, estudió biología en la Universidad de Kiel y en 1980 regresó a Perú para investigar a la fauna de mamíferos locales, especializándose en murciélagos. En 1987 presentó su tesis doctoral sobre los murciélagos de la selva peruana y en 1989 se casó con Erich Diller, un entomólogo de origen alemán como ella. En el año 2000, tras la muerte de su padre, se hizo cargo de la dirección de Panguana. Años más tarde regresaría a Alemania con su familia, y en la actualidad trabaja como bibliotecaria en la Colección Zoológica del Estado de Baviera en Münich, aunque sigue viajando regularmente a Perú.

En 2011 Juliane publicó su autobiografía: Als ich vom Himmel fiel (Cuando caí del cielo). En 2019 el gobierno peruano le concedió la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos, así como una Cátedra Honoraria en la Universidad de Lima por su labor. En 2021 el gobierno alemán le otorgó la Cruz Federal al Mérito.

La historia de Juliane ha sido llevada al cine en un par de ocasiones. La primera, en 1974, en una película italoamericana titulada Miracles Still Hapens, que la propia Juliane definió como "muy cursi" y "demasiado alejada de la realidad". En el año 2000 Werner Herzog dirigió Julianes Sturz in den Dschungel, un documental con la participación de la propia Juliane Koepcke, visitando los escenarios de los sucesos originales.