Verba volant, scripta manent

sábado, 16 de enero de 2016

El misterio del Montrove


El 19 de julio de 1984, el buque Montrove abandonaba el puerto de La Luz, en Las Palmas de Gran Canaria rumbo al banco de pesca canario-sahariano. El Montrove, propiedad del armador gallego Luis Paz Casal, era un pesquero congelador de 33'13 metros de eslora y 243 TRB, construido en acero y botado en 1964. A sus 16 tripulantes (14 españoles, en su mayor parte gallegos, y 2 marroquíes) les esperaba una marea de 60 días ininterrumpidos pescando cefalópodos en el banco, por lo que el buque iba cargado de combustible y con víveres y pertrechos suficientes para aguantar sin problemas esos dos meses en alta mar.
Al poco de salir de la bocana del puerto, el Montrove fue avistado por otro buque congelador gallego, el Borneira. Poco después, un pesquero, el Mar Rojo, lo divisaba al sur de la península de Gando, dejándolo atrás por la aleta de babor. Fue el último contacto visual confirmado que se tuvo con el barco.
Durante las semanas siguientes, el buque no se puso en contacto por radio, pero nadie pareció darle importancia. El 10 de agosto el pesquero Islamar III, con base en Isla Cristina (Huelva) se hundía en las mismas aguas en las que se suponía estaba el Montrove, provocando la muerte de 26 de sus 28 tripulantes. Los familiares de los marineros del barco gallego, inquietos, trataron de ponerse en contacto con el congelador, pero les fue imposible. No obstante, tanto el armador como el consignatario del barco quitaron importancia al asunto, ya que el patrón del Montrove, Manuel Cruz, tenía por costumbre pasar largos periodos sin comunicarse a no ser que fuera absolutamente necesario. No obstante, el día 13 el Porlamar, otro pesquero que faenaba en el banco canario-sahariano, para el cual el Montrove llevaba una pieza de repuesto que necesitaba, dio la alarma al no haber tenido noticia alguna y ser incapaces de ponerse en contacto con ellos.


Tras darse el aviso las fuerzas de rescate españolas empezaron a registrar el banco, a la vez que se comunicaba la desaparición a los demás pesqueros de la zona, por si alguno de ellos sabía algo del Montrove, sin resultados. Sólo otro pesquero, el Noeche, creyó haber visto al Montrove en torno al 20 de agosto más al sur, ya en aguas de Mauritania, pero no se pudo confirmar que realmente fuera el barco desaparecido. La búsqueda duró semanas, implicando a docenas de buques y aviones de rescate, sin éxito. No se halló ni el más mínimo rastro del Montrove. Ni cuerpos, ni restos a la deriva, ni siquiera manchas de combustible. El pesquero parecía haberse volatilizado.
Lo primero que se pensó es que se había hundido por un golpe de mar. Pero la idea se descartó; el servicio meteorológico confirmó que durante aquellas semanas no había habido tormentas y el clima había sido calmado y apacible. Además, el Montrove llevaba una radiobaliza de emergencia que nunca llegó a activarse. Se barajó la posibilidad de que hubiera sido apresado y retenido por las autoridades de algún país costero, pero todos negaron saber nada del paradero del barco. Acto seguido, se especuló con una acción del entonces muy activo Frente Polisario, que ya había atacado y secuestrado varios pesqueros en la zona, pero esta hipótesis también acabó por ser descartada, igual que la de que hubiera sido asaltado por piratas. Otra idea que se propuso fue la de que el barco había sido abordado y hundido por alguno de los grandes mercantes que navegan por esa zona hacia o desde Europa, que luego habría seguido su camino para no tener que asumir la responsabilidad del accidente. Pero de nuevo, esta teoría chocaba con la absoluta falta de restos que, necesariamente, deberían haber quedado tras un suceso de este tipo. Años más tarde, en el Mar del Norte, un pesquero francés fue hundido por un submarino británico que accidentalmente se enganchó en sus aparejos, arrastrándolo bajo la superficie, y se dijo que algo así también podía haberle pasado el Montrove. Pero tampoco había prueba alguna.
Hubo a quién le pareció sospechosa la actitud del armador, que no dio la alarma pese al tiempo que llevaba sin saber del barco y se apresuró a reclamar al seguro el importe del barco apenas cinco meses después de la desaparición, cuando aún seguían las investigaciones y el barco no había sido declarado oficialmente perdido. Las sospechas aumentaron cuando se supo que su hijo, Luis Paz Fernández, que tenía previsto embarcar en el Montrove como segundo patrón, decidió no hacerlo sólo unas horas antes de la partida por "problemas personales".
La falta de cualquier indicio llevó a las autoridades españolas a sopesar la posibilidad de que el barco hubiese sido desviado voluntariamente de su rumbo por la tripulación para tomar parte en algún tipo de actividad ilegal. Agentes del CESID (el servicio secreto español) fueron enviados a varios países de la costa africana en busca de indicios del paradero del barco y su tripulación, e incluso se llegaron a hacer discretas averiguaciones sobre los tripulantes y sus familias, la mayoría originarios del pueblo pontevedrés de Bueu, donde tenía su base el Montrove, sin obtener resultados.
A todo esto, el caso se había ido rodeando de un aura de sensacionalismo y amarillismo periodístico bastante desagradable. Numerosas teorías sin pies ni cabeza aparecían en los medios. Un programa de radio afirmó sin prueba alguna que el barco había participado en una operación de contrabando de armas en la costa argelina. Las familias de los desaparecidos reclamaban que continuase la búsqueda, ya que habían recurrido a adivinos que les habían dicho que sus parientes estaban con vida "en una isla grande, con muchos negros". Fue también célebre, tras meses de búsqueda, la pregunta de un alto cargo de la Administración central a los familiares, sobre si el Montrove era "de hierro o de madera". Pero todos los esfuerzos fueron infructuosos. El barco se dio finalmente por desaparecido y el informe oficial asumió el abordaje como causa más probable del hundimiento. El suceso acabó por caer en el olvido. Hoy, treinta y un años después, sigue sin saberse qué fue del Montrove y de su tripulación.

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