Verba volant, scripta manent

miércoles, 17 de mayo de 2017

Christopher Knight, el ermitaño de North Pond


El 4 de abril de 2013 el sargento de los guardabosques de Maine Terry Hughes arrestó a un extraño personaje al que había sorprendido intentando robar en las instalaciones, por aquel entonces desocupadas, del Pine Tree Camp, un campamento de verano para personas con discapacidad. El ladrón, un hombre barbudo y desaliñado, aunque en un principio se mostró reacio a hablar, acabó confesando su extraordinaria historia: se llamaba Christopher Knight y llevaba 27 años viviendo en absoluta soledad en el interior de los bosques de Maine.
Christopher Martin Knight, nacido en Massachussets en 1965, se había criado en una familia poco convencional, modesta pero no pobre, con cuatro hermanos mayores y una hermana menor. Los seis hermanos eran todos muy inteligentes, y los Knight daban mucha importancia a la educación de sus hijos: leían con ellos, aprendían cosas nuevas, incluso construyeron un invernadero para poder cultivar sus propios alimentos. Por otro lado, era una familia poco dada a las relaciones sociales, muy encerrada en si misma; otra familia que había sido vecina suya durante catorce años recordaba haber hablado sólo en unas pocas ocasiones con la señora Knight. Tampoco entre ellos eran muy dados a los sentimentalismos ni a las expresiones de cariño entre ellos; el propio Christopher describía el carácter de su familia como "estoico". Lo cierto es que un buen día de 1986 Christopher, que por entonces tenía 20 años, se marchó de casa sin decirle nada a nadie, condujo su coche hasta los bosques del norte del estado de Maine y se internó, sin llevar consigo casi ningún objeto, en el bosque para pasar casi tres décadas sin contacto con otras personas.
Knight era un ermitaño atípico. Vivía en un tosco refugio que había construido en una zona apartada pero no aislada (había numerosas cabañas en las proximidades) y para sobrevivir no cazaba, ni cultivaba su comida: durante el tiempo que estuvo en su voluntario aislamiento se mantuvo robando comida, ropas y suministros en cabañas de cazadores, campamentos y residencias de fin de semana cercanos a su escondite. También robaba libros, hasta acumular cientos de ellos en su refugio, con los que entretenía sus horas de soledad. Se estima que durante los años que se mantuvo oculto cometió alrededor de un millar de robos, a un ritmo aproximado de uno cada semana. Como en invierno en aquella región las temperaturas pueden llegar a descender hasta los -25º, se sospecha que Knight se refugiaba durante los días de peor clima en las cabañas y casas que allanaba.
Los habitantes y las autoridades de la región pronto notaron el incremento en el número de robos. Pero pocos podían sospechar la verdadera naturaleza del autor de tales delitos. De hecho, en la zona comenzó a circular la historia del llamado "ermitaño de North Pond" como supuesto autor de los robos, pero mucha gente creía que se trataba de una leyenda urbana sin base real.
Uno de los aspectos curiosos del caso es que su familia jamás denunció su desaparición. Dada la peculiar idiosincrasia familiar, simplemente creyeron que se había ido a buscar fortuna a Nueva York o a alguna otra ciudad. Y dado que aparentemente se había ido de manera voluntaria, y aunque la falta de noticias les preocupaba, prefirieron respetar su decisión. En todos estos años, Christopher sólo habló con una persona: en algún momento de mediados de la década de los 90 (Knight fue incapaz de decir la fecha exacta) intercambió un "Hola" con un senderista con el que se cruzó en un camino poco transitado.
Knight nunca ha sido demasiado claro a hablar de qué le movió a decantarse por auqel extraño estilo de vida. A diferencia de otros ermitaños no escribió un manifiesto, ni parecía tener una motivación demasiado evidente, ni tampoco buscó relevancia pública una vez su caso fue conocido.
Tras ser sometido a juicio, Knight fue condenado el 28 de octubre de 2013 a siete meses de prisión (los cuales ya había cumplido casi por completo) y una multa de 1500 $. Incluso el fiscal que lo acusó estuvo de acuerdo que una pena más larga habría sido un castigo demasiado cruel apra alguien que había pasado más de la mitad de su vida en completa libertad. Además, le fue impuesta la asistencia obligatoria a un programa para personas con problemas mentales y tres años de libertad condicional. Tras salir de la cárcel, Knight empezó a trabajar con uno de sus hermanos y sigue entrevistándose periódicamente con la juez que lo condenó para certificar que no ha vuelto a delinquir (algo que la propia juez considera poco probable).


Durante su encierro, Knight se entrevistó en varias ocasiones con un reportero llamado Michael Finkel, el cual publicó un relato de su historia en la revista GQ en agosto de 2014. En marzo de 2017 Finkel publicó la historia de Knight en forma de libro con el título The Stranger in the Woods: The Extraordinary Story of the Last True Hermit.

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