Verba volant, scripta manent

domingo, 24 de septiembre de 2017

William James Sidis

William James Sidis (1898-1944)

Cuando se habla de niños superdotados (ahora también llamados "con altas capacidades") y de la manera más adecuada en la que deben ser educados, uno de los nombres que a menudo surge es el del norteamericano William Sidis, un genio precoz y deslumbrante que sin embargo se vio lastrado en su vida cotidiana por su peculiar personalidad y temperamento.

William James Sidis nació en Nueva York el 1 de abril de 1898. Sus padres eran un matrimonio de inmigrantes judíos de origen ucraniano excepcionalmente dotados en el plano intelectual. Su padre, Boris Sidis, doctorado en Medicina y Filosofía, fue un pionero de la psiquiatría, especializándose en psicopatología, sobre la que escribió numerosos libros y artículos. Su madre, Sarah Mandelbaum Sidis, fue una de las primeras mujeres en tener licencia para ejercer la medicina en Norteamérica. William recibió ese nombre en honor a su padrino, William James, psicólogo y filósofo, y amigo íntimo de su padre.


El nacimiento de William permitió a sus padres poner en práctica sus peculiares (y bastante excéntricas para la época) teorías sobre la educación infantil. Convencidos de que la innata curiosidad infantil necesitaba de constantes estímulos para alcanzar todo su potencial, el matrimonio Sidis se dedicó a educar al pequeño William desde sus primeros meses de vida. Y los resultados fueron asombrosos. William era capaz de pronunciar algunas palabras a los seis meses, a los ocho identificaba algunas letras y comía solo, al año de vida empezaba a escribir, y con dieciocho meses ya era capaz de leer el New York Times.

Sus avances eran espectaculares. Entre los cuatro y los ocho años escribió cuatro libros (dos sobre astronomía y dos de anatomía). A los seis años empezó la educación primaria, pero le bastaron seis meses para avanzar hasta la secundaria. A los ocho años dominaba ocho idiomas, aparte de su inglés natal (latín, griego, alemán, francés, ruso, hebreo, turco y armenio) e incluso inventó uno propio, basado en el latín y el griego, al que llamó vendergood. Sus logros acabaron por trascender el círculo de la familia y los amigos de los Sidis, y acabaron llegando a la prensa, que fijó su mirada en el pequeño genio.

Con nueve años solicitó su ingreso en la prestigiosa Universidad de Harvard. Los exámenes de acceso no fueron un problema para él, pero su solicitud fue finalmente rechazada por considerárselo "emocionalmente inmaduro" para el mundo universitario. Williams pasó entonces algún tiempo en el Tufts College, una universidad privada cerca de Boston, estudiando matemáticas e idiomas por su cuenta, hasta que en 1909, cuando contaba 11 años, fue por fin aceptado en Harvard, convirtiéndose en el alumno más joven en ingresar en la institución. Su primera conferencia pública, en enero de 1910, trataba sobre cuerpos de cuatro dimensiones en la geometría euclidiana, y causó sensación, hasta el punto de que un profesor profetizó que Sidis se convertiría en el matemático más brillante del siglo XX. En 1914, con 16 años, se graduaba summa cum laude en Medicina y obteniendo también un grado en Humanidades. Sin embargo, sus logros académicos no iban parejos a su crecimiento personal. Introvertido, callado, poco comunicativo, le incomodaba la atención que despertaba en los demás y el interés de la prensa. Nunca tuvo pareja, ni mostró interés en tener una vida familiar. Poco después de graduarse, anunció a varios periodistas que lo entrevistaban su intención de llevar lo que consideraba "la vida perfecta", que para él suponía vivir prácticamente aislado del resto del mundo. hay quien especula con que Sidis padecería algún tipo de trastorno del espectro autista, quizá síndrome de Asperger, que causa a quien lo padece dificultades en las interacciones sociales y en la comunicación.

Tras un enfrentamiento con algunos estudiantes de Harvard, que llegaron a amenazarlo, sus padres le consiguieron en 1916 un puesto en la Universidad Rice de Houston como profesor adjunto de matemáticas, dando clases de geometría y trigonometría. Solo estuvo allí un año, antes de dejar el puesto debido a sus diferencias con el departamento de matemáticas y al trato recibido por parte de sus alumnos, todos ellos mayores que él. Regresó a la costa este y abandonó su proyecto de licenciarse en matemáticas, ingresando en la facultad de derecho, pero lo dejó en su último año, en 1919.

Poco después de abandonar la escuela de leyes Sidis fue arrestado durante una manifestación socialista con motivo del primero de mayo en la que se sucedieron incidentes violentos. Ante el juez, Sidis se declaró ateo, socialista y objetor de conciencia durante la Primera Guerra Mundial, además de creer en un sistema libertario basado en los derechos individuales. El juez lo condenó a 18 meses de prisión según la Ley de Sedición de 1918, pero gracias a la intermediación de su padre se libró de ir a la cárcel, aunque estuvo un año ingresado en una casa de reposo en New Hampshire (donde sus padres trataron de "enderezarlo", llegando a amenazarlo con ingresarlo en un manicomio) y luego en California, donde estuvo otro año.

Cuando regresó a Nueva Inglaterra en 1921, Sidis estaba harto de todo, de sus padres, de la prensa, de la atención que generaba y de las expectativas creadas sobre su futuro. Se apartó de su familia y comenzó a desempeñar trabajos sencillos, como oficinista u operario, muy por debajo de su cualificación. Pasó a llevar una vida anónima y discreta, lejos de la atención que despertaba en otra época. Una vida tranquila como había deseado. Siguió estudiando aquellos temas que le interesaban, unas veces de manera autodidacta y otras en la universidad; a su muerte había completado siete carreras y había empezado varias más, que luego abandonó porque se aburría, y hablaba cerca de 40 lenguas. También escribió varios libros, algunos con seudónimo y otros bajo su nombre real, sobre los más diversos temas, desde astronomía (predijo la existencia de regiones en el universo donde la segunda ley de la termodinámica actúa en forma inversa a como nosotros la entendemos) hasta historia (tenía una serie de teorías propias y un tanto excéntricas sobre el origen de la población americana). También publicó un libro titulado Notes on the Collection of Streetcar Transfers, dedicado a una de sus obsesiones, el coleccionismo de todo lo relacionado con los tranvías (un libro que fue definido como "el libro más aburrido de la historia").

William Sidis, en su madurez
De cuando en cuando, algún periodista se acordaba de William y trataba de hablar con él, pero Sidis se mostraba siempre esquivo y rechazaba conceder entrevistas. En 1937, el New Yorker publicó un artículo titulado "April Fool", burlándose de él y dando muchos detalles sobre su vida en aquel momento. Sidis lo consideró injurioso y difamatorio, además de una invasión de su privacidad, lo que lo llevó a denunciar a la revista. Aunque una primera sentencia daba la razón al medio, argumentando que Sidis era una personalidad pública y sus circunstancias vitales eran de interés general, siguió apelando (había terminado la carrera de derecho y llevó el caso en persona) hasta que en 1944 finalmente un tribunal le dio la razón, aunque a costa de años de esfuerzo y sinsabores.

No llegó a disfrutar mucho tiempo de su victoria. Meses después, su casera lo encontró inconsciente en el modesto apartamento que ocupaba en Boston. Había sufrido un derrame cerebral (la misma causa de la muerte de su padre en 1923) y, pese a que fue llevado a un hospital, nunca recuperó la consciencia y murió el 27 de julio de 1944, a los 46 años.

La figura de Sidis sigue siendo cuestionada. Muchos dudan de algunos de sus logros y consideran que su inteligencia fue exagerada y sobredimensionada por su familia y por la prensa, que llegaron a decir que había sido la persona más inteligente de la historia. Su hermana afirmó tras su muerte que un test de inteligencia al que había sido sometido había dado un IQ superior a cualquier otro conocido, pero no hay pruebas de ello. Todavía se discute si su brillante talento se debía a los peculiares modos educativos de sus padres o a un talento innato, y si sus dificultades en la vida adulta se debieron a su falta de interacciones sociales durante su infancia, centrada en el estudio. Hay quien opina que, con una infancia más normal y convencional, quizá William habría llevado una vida más convencional y habría sabido aprovechar mejor su inmenso talento.

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