Verba volant, scripta manent

domingo, 26 de abril de 2026

El incidente de las nueces

Nueces de Macadamia

El vuelo 086 de Korean Air tenía su salida prevista a las 00:50 horas del viernes 5 de diciembre de 2014 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York con destino al Aeropuerto Internacional de Incheon, en Corea del Sur. A bordo iban 250 pasajeros y 23 tripulantes.

Entre los pasajeros de primera clase estaba Heather Cho (occidentalización de su nombre coreano, Cho Hyun-ah), vicepresidenta de la aerolínea, hija de Cho Yang-Ho, presidente de la compañía y del Grupo Hanjin (el conglomerado de empresas del que Korean Air era solo una de sus muchas ramas), y nieta de Cho Choong-hoon, fundador del grupo. Heather tenía fama de ser una persona difícil de tratar: arrogante, caprichosa y temperamental, no soportaba que le llevaran la contraria y exigía que sus órdenes se cumplieran al pie de la letra. Y en aquel vuelo iba a verse uno de sus estallidos de furia, desencadenado por un motivo aparentemente tan nimio como un paquete de nueces.

Cho Hyun-ah, Heather Cho (n. 1974)

A Heather, como al resto de pasajeros de primera clase, se le entregó justo antes de despegar una bolsita de nueces de Macadamia, como gesto de cortesía. Heather Cho llamó inmediatamente a Kim Do-hee, la azafata que se las había entregado, para saber por qué se las habían dado en su bolsa de plástico y no en un plato. La azafata le explicó que esas eran las normas de la empresa: por seguridad y comodidad los frutos secos se servían en sus envases. Pero Heather exigía que se las sirvieran en un plato, y no aceptó las explicaciones de la azafata. Cada vez más irritada, comenzó a recriminar a Kim y exigió la presencia del supervisor de la tripulación, Park Chang-jin. Park trató de hacerle ver que Kim había seguido las normas de la compañía; pero lejos de aplacar a Heather Cho, ésta se enfureció todavía más y comenzó a reprender a voces a ambos empleados, llegando a golpear a Park en varias ocasiones en los nudillos con una tablet, y obligando a los dos a pedirle perdón de rodillas. Todo ello, ante la estupefacta mirada del resto de pasajeros de primera clase.

Finalmente, Heather anunció a Park que estaba despedido y debía abandonar inmediatamente el avión. Como este ya estaba en la pista, esperando la autorización para despegar, Heather ordenó al piloto regresar a la puerta de embarque para que Park pudiera salir del avión. Todo ello causó un retraso de unos treinta minutos en el horario previsto. Una de las pasajeras, disgustada con el trato recibido por Kim y Park, presentó una queja a la compañía; como respuesta, la compañía le envió por correo un calendario y una maqueta de un avión de la aerolínea, a modo de disculpa.

En un primer momento, Park aceptó su despido y acordó con los ejecutivos de la compañía mantener en secreto todo el incidente. Pero ocurrió algo que le hizo cambiar de idea: le llegó el rumor de que Heather Cho había dicho que los había sorprendido, a él y a la azafata, manteniendo relaciones sexuales en el avión. Indignado, Park decidió entonces presentar una queja oficial ante el Ministerio de Transportes surcoreano. Como era de esperar, Korean Air negó en un principio cualquier irregularidad y excusó a Heather Cho diciendo que entraba dentro de sus responsabilidades como vicepresidenta comprobar la calidad del servicio y la seguridad del avión. Park también relató más tarde haber recibido más de una docena de llamadas presionándole para retirar su queja y declarar a las autoridades que no había sido despedido, sino que había renunciado voluntariamente. Finalmente, el ministro de transporte Suh Seoung-hwan decidió que una comisión de la Junta de Investigación de Accidentes de Tren y Aviación investigase el caso. Pero Park no se fiaba; conocía la influencia de Korean Air en las altas esferas del ministerio, hasta el punto de que dos de los miembros de la comisión investigadora eran ex-empleados de la aerolínea. Así que, temiendo que trataran ocultar el caso, decidió acudir a la prensa. Y el escándalo estalló en toda su intensidad.

Lo cierto es que el incidente tocaba de lleno un tema polémico y de candente actualidad para la sociedad surcoreana: los abusos y malos comportamientos cometidos por los miembros de los chaebol, los conglomerados de empresas controlados por una única familia tan típicos de Corea del Sur. Especialmente, por parte de sus generaciones más jóvenes, no los fundadores, sino sus herederos, criados con todo tipo de privilegios, y que ya habían protagonizado otros sucesos parecidos abusando de su poder y su dinero. La indignación se desató de inmediato entre los coreanos y Korean Air y el Grupo Hanjin recibieron una oleada de críticas. La primera reacción de la compañía fue negar cualquier tipo de comportamiento incorrecto, y la propia Heather Cho declaró públicamente que no había hecho nada de lo que la acusaban, ante el escepticismo general. Sin embargo, varios testigos ajenos a las dos partes, incluido un pasajero de primera clase, confirmaron las acusaciones contra ella.

Pero las aguas estaban lejos de calmarse. La investigación periodística sacó a la luz que no era la primera vez que Heather Cho se veía envuelta en un caso así. Ya en 2013 había agredido físicamente a otra azafata por haberle servido unos ramen noodles que no estaban a su gusto. En aquel caso la compañía había conseguido mantener el incidente en secreto. Ante la imparable lluvia de críticas, el 10 de diciembre se anunciaba que Heather Cho renunciaba a sus cargos en la compañía, aunque en realidad solo renunció al puesto de vicepresidenta, y conservó su asiento en la junta directiva de la aerolínea y sus cargos directivos en otras compañías del grupo. Su padre, el presidente Cho, dio una rueda de prensa en la que pidió perdón por el incidente y censuró el comportamiento "imprudente" de su hija. Aún así, Heather tuvo que declarar ante la comisión de investigación el día 12, donde se disculpó públicamente y anunció su intención de disculparse en persona ante Park y Kim. Días más tarde, de hecho, acudió a sus domicilios, pero, casualidad o no, ninguno de ellos se encontraba en casa en ese momento.

Finalmente, la comisión multó a Korean Air con unos dos millones de dólares, reconociendo la culpabilidad de Heather Cho y dejando la puerta abierta a que el caso pasara a manos de la justicia ordinaria. El 30 de diciembre la fiscalía presentaba cargos contra Heather Cho, el más grave de los cuales era haber provocado un cambio no autorizado en una ruta aérea, violando el artículo 42 de la Ley coreana de Seguridad Aérea, por haber hecho regresar al avión a la puerta de embarque, un delito que podía ser castigado con hasta diez años de prisión (aunque los abogados de la familia Cho alegaron que al no haber despegado todavía el avión no podía aplicarse dicho artículo).

Heather Cho, en el momento de su arresto

El juicio comenzó el 19 de enero en el Juzgado del Distrito Oeste de Seúl, con Heather declarándose inocente de todos los cargos. Durante el proceso quedaron en evidencia los intentos de Korean Air para obstruir y entorpecer la investigación del caso. Un directivo de la compañía había ordenado a sus empleados destruir los informes del incidente. Ambas víctimas habían recibido presiones por parte de directivos de la aerolínea para que se retractaran de sus acusaciones, y cuando las amenazas no fucionaron recurrieron al soborno (la azafata Kim afirmó haber recibido una oferta para trabajar como profesora en una universidad afiliada al Grupo Hanjin si mentía en el juicio). Asimismo la aerolínea se había negado a proporcionale al Ministerio de Transportes una lista de los pasajeros de aquel vuelo, y se encontraron indicios de que se habían espiado las conversaciones de los empleados de la compañía en la red de mensajería instantánea KakaoTalk. 

Finalmente, el 12 de febrero se dictó sentencia. Heather Cho fue condenada a un año de prisión por el delito de obstrucción a la seguridad aérea (por el cambio de ruta del vuelo), cumpliendo cinco meses de cárcel antes de que una apelación redujera su condena a diez meses exentos de cumplimiento y fuera puesta en libertad. A un ejecutivo de la aerolínea apellidado Yeo se lo condenó a ocho meses de cárcel por haber ordenado destruir un informe interno sobre el incidente, mientras que un funcionario del Ministerio de Transporte apellidado Kim fue condenado a seis meses de cárcel por haber facilitado información confidencial sobre el caso a miembros de la compañía.

En marzo de 2015 Kim Do-hee y park Chang-jin presentaron sendas denuncias civiles en un juzgado de Nueva York contra Heather Cho y Korean Air, buscando una compensación económica por los insultos y agresiones. Ambas demandas fueron desestimadas por falta de jurisdicción, ya todos los implicados tenían su residencia en Corea del Sur. Posteriormente un tribunal surcoreano les concedió una indemnización de 30 millones de wons (unos 27000 dólares) por los ataques de Cho y otros 20 millones (18000 $) por las presiones para que retiraran la denuncia. Ambos fueron posteriormente reincorporados a sus respectivos puestos por parte de la aerolínea, como parte de su disculpa. Park desempeñaría más tarde diversos cargos sindicales antes de dejar la compañía para dedicarse a la política. En 2020 fue elegido miembro de la Asamblea Nacional de Corea representando al Partido de la Justicia, aunque más tarde renunciaría al cargo y dejaría el partido para unirse al Partido Demócrata de Corea. En la actualidad, tras dejar la política activa, trabaja para la Korea Airports Corporation, una empresa pública que gestiona varios de los principales aeropuertos del país.

El llamado incidente de las nueces supuso una llamada de atención a muchas familias privilegiadas sobre los comportamientos de sus miembros. Para Korean Air supuso un gran desprestigio (la compañía vio como caía el precio de sus acciones y llegó a perder más del 6% de sus viajeros a raiz del escándalo) y contribuyó a popularizar el término gapjil, que hace referencia al comportamiento arrogante y abusivo de una persona hacia aquellos sobre los que tiene poder.

Años más tarde la familia Cho se volvería a ver envuelta en un caso parecido. En 2018 la hermana menor de Heather, Emily Cho, que dirigía el departamento de marketing y publicidad de Korean Air, se vio obligada a dimitir de sus cargos después de que en una reunión de negocios arrojara un vaso de agua a la cara de un ejecutivo de una empresa de publicidad.

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