Verba volant, scripta manent

lunes, 13 de octubre de 2014

La Batalla por el Castillo de Itter

Castillo de Itter

El Castillo de Itter (en alemán, Schloss Itter) es un pequeño castillo situado en una elevación cercana al pueblo de Itter, en el valle austríaco de Brixental. La actual edificación data de finales del siglo XIX, y se levantó sobre los restos de un castillo del siglo XVI que a su vez se construyó sobre las ruinas de otro castillo más antiguo, anterior al siglo XIII, destruido en las revueltas campesinas de 1524-25. Aunque el castillo en si no tuvo demasiada relevancia a lo largo de su historia, si fue el escenario de uno de los combates más singulares de la Segunda Guerra Mundial: la Batalla por el Castillo de Itter.
Poco después del Anschluss, la anexión forzosa de Austria por Alemania, el gobierno nazi alquiló el castillo a su entonces propietario, el político y escritor austríaco Franz Grüner. En 1943, ya con la guerra muy avanzada, el castillo fue expropiado por orden directa de Heinrich Himmler y reformado para convertirlo en una prisión especial, administrativamente dependiente del campo de concentración de Dachau. La nueva prisión pasó a albergar a un grupo de prisioneros selectos, la mayoría franceses, de especial interés para el Reich. Entre ellos estaban Édouard Daladier, antiguo primer ministro francés; Marie-Agnès Cailliau, hermana mayor del general De Gaulle, y su marido el ingeniero belga Alfred Cailliau; Jean Borotra, político y antigua estrella del tenis; o el antiguo comandante en jefe del ejército galo, Maxime Weygand. Además, también había un pequeño grupo de prisioneros procedentes de Dachau, en su mayor parte oriundos de Europa del Este, encargados del mantenimiento y las labores cotidianas del castillo. De la custodia del castillo y sus ocupantes se encargaba un pelotón de las SS-Totenkopfverbände (unidades especiales de las SS encargadas de la vigilancia y administración de los campos de prisioneros).

Emblema de las unidades SS-Totenkopfverbände
A finales de abril de 1945, ante la inminente llegada de las tropas norteamericanas, el último comandante de Dachau, Eduard Weiter, abandonó su puesto y buscó refugio en Itter, donde moriría el 2 de mayo (dependiendo de las fuentes, se suicidó o fue asesinado por un compañero de las SS por su cobardía). El día 4 el oficial al mando del Castillo de Itter, Sebastian Wimmer, se dio a la fuga, y poco después lo hizo el resto de los guardianes de las SS, permitiendo que los prisioneros se hicieran con el control de la prisión. Dos días antes uno de los prisioneros, un partisano yugoslavo llamado Zvonimir Čučković, había logrado escapar para buscar ayuda, hasta encontrarse cerca de Innsbruck con la 103ª División de Infantería del ejército norteamericano, a los que pidió ayuda para rescatar a los prisioneros de Itter. Pero no eran los únicos que se estaban moviendo para ir en ayuda de los cautivos; un pequeño grupo de soldados del ejército alemán, al mando del mayor austríaco Josef Gangl, había planeado tomar el control del castillo y liberar a los prisioneros allí retenidos, aunque finalmente decidieron entregarse a las tropas aliadas.
Josef Gangl era un reconocido antinazi que en su día se había opuesto rotundamente al Anschluss, y aún mantenía contacto con la resistencia austríaca. Tras saber que los norteamericanos iban a enviar un grupo de hombres a Itter, se ofreció para acompañarlos. El grupo finalmente estaba compuesto por catorce soldados norteamericanos, diez alemanes, dos tanques Sherman, un camión y un automóvil Volkswagen Kübelwagen, aunque por el camino dejaron uno de los Sherman custodiando un puente. El oficial al mando era el teniente John C. "Jack" Lee jr., que se había ofrecido voluntario.

De izquierda a derecha, los tenientes John Powell, Harry Basse y Jack Lee, del 23º Batallón de Tanques, que formaba parte de la 12ª División Acorazada del ejército norteamericano

Pero la expedición de rescate iba a ser más complicada de lo que pensaban. A seis kilómetros del castillo se encontraron con un pequeño grupo de SS que intentaba poner una barricada en la carretera. Aún no lo sabían, pero un pequeño contingente de las Waffen-SS, perteneciente a la 17ª División de SS-Panzergrenadier "Götz von Berlichingen" se dirigía al castillo con la intención de retomar el control del lugar y ejecutar a los prisioneros. Tras poner en fuga a los SS, el convoy llegó a la prisión, donde los prisioneros se mostraron un tanto decepcionados por el pequeño número de sus rescatadores. Sin embargo, Lee, desconfiando de la presencia de enemigos, decidió atrincherarse en el castillo y colocar a sus hombres en posiciones defensivas, con el Sherman (apodado Besotten Jenny) cubriendo la entrada principal. Poco después, se les unía un oficial de las SS llamado Kurt-Siegfried Schrader, que se encontraba en Itter convaleciente de sus heridas recibidas en combate y que se puso a las órdenes de Lee. Además, Gangl pudo ponerse en contacto telefónico con Alois Mayr, el líder local de la resistencia austríaca, quien le envió como refuerzos a dos soldados alemanes y un miembro de la resistencia llamado Hans Waltl.



Tanque M4 Sherman
La madrugada del día 5 comenzó el asalto por parte de las SS. El combate se prolongó durante más de seis horas. Pese a que Lee había ordenado a los prisioneros que se pusieran a cubierto, éstos prefirieron tomar parte en la defensa del castillo, incluso acompañados por algunas de sus esposas. El Sherman fue destruido por el fuego de los atacantes y Gangl murió alcanzado por un francotirador. Finalmente, una columna del 142º Regimiento de Infantería acudió en ayuda de los sitiados y puso en fuga a los atacantes. Los prisioneros fueron evacuados a Innsbruck y serían trasladados de vuelta a Francia el día 9 de mayo.
La llamada Batalla por el Castillo de Itter fue el único episodio de la Segunda Guerra Mundial en el que tropas estadounidenses y alemanas lucharon juntas. El teniente Lee recibió la Cruz de Servicios Distinguidos por su brillante actuación y Gangl fue nombrado postumamente Héroe Nacional austríaco y se puso su nombre a una calle en Wörgl, a menos de seis kilómetros de Itter. Tras la guerra, el castillo pasó a manos de una compañía hotelera suiza y funcionó durante algún tiempo como hotel. Actualmente está declarado monumento nacional y está en manos privadas.

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