Verba volant, scripta manent

miércoles, 16 de diciembre de 2015

La Adoración del Cordero Místico




El retablo de La Adoración del Cordero Místico, también conocido como Políptico de Gante o Altar de Gante, es uno de los ejemplos más importantes de la pintura medieval. Su tema principal es la redención del ser humano a través del nacimiento y el sacrificio de Cristo. Esta magna obra de arte, avanzada para su tiempo y cargada de simbolismos, es para muchos precursora en muchos aspectos del arte del Renacimiento. Pero dejando a un lado su importancia artística, su peripecia a lo largo de los siglos también guarda un enorme interés, ya que en los casi 600 años de su existencia las distintas partes que la componen han sido separadas, robadas, vendidas, falsificadas, perdidas, reunidas de nuevo, incautadas como botín de guerra...
La historia del retablo comienza en la primera mitad del siglo XV en la ciudad belga de Gante, próspera y rica gracias al comercio de la lana. Joos Vijdt, un acaudalado comerciante que también era funcionario del tribunal de la ciudad, y su esposa, Lysbette Borluut, ambos ancianos y muy devotos, sufragaron la creación del retablo con el objeto de donarlo a la Iglesia de San Juan de Gante, la actual Catedral de Sint-Baafs o San Bavón, donde aún hoy permanece. El encargado de pintarlo fue el pintor flamenco Hubert Van Eyck, de gran prestigio en su época. Sin embargo, Hubert falleció en 1426 sin poder acabar la obra, que sería terminada por su hermano menor Jan en 1432, según reza en una pequeña inscripción oculta hallada en el retablo en 1823. No hay datos fehacientes que indiquen qué parte del retablo pintó cada uno; pero tradicionalmente se han atribuido a Hubert las tablas inferiores, pintadas en un estilo más primitivo, y a Jan las superiores, siguiendo el diseño de su hermano pero con su propio estilo pictórico.


El retablo, pintado sobre madera de roble, mide cuando está abierto 3'40 x 4'40 m. y pesa unas dos toneladas. Originariamente constaba de 24 planchas de distintos tamaños: doce paneles principales, que son los que hoy se conservan, y una predela o marco en su parte inferior formada por doce paneles de pequeño tamaño, de los que hace siglos se desconoce el paradero. En el centro de la fila superior figuran tres paneles formando una Deesis, una representación típica del arte bizantino, que presenta a Cristo entronizado en el centro, con la Virgen María a su derecha y San Juan bautista a su izquierda. A ambos lados de las tres figuras principales hay sendos paneles con ángeles cantores (a la izquierda) y ángeles músicos (a la derecha), representados con gran lujo de detalles tanto en sus instrumentos como en sus ropajes. En los extremos de la parte superior del retablo hay sendos paneles representando a Adán (izquierda) y Eva (derecha), desnudos y pintados con gran realismo.


En la parte inferior del retablo hay un panel central de gran tamaño representando la adoración del Cordero Místico, con la figura del Cordero en el centro y un gran número de figuras (que representan a los católicos, judíos, paganos, mártires...) pintadas con gran lujo de detalles. Este panel central está flanqueado por cuatro paneles menores, dos a cada lado, que representan, de izquierda a derecha, los Jueces Justos, los Caballeros de Cristo, los Ermitaños y los Peregrinos.


Por lo general, el retablo permanecía cerrado y sólo era abierto en fechas señaladas. Su cara externa también está pintada. En ella se hallan, en la parte superior, los profetas Zacarías y Miqueas, la sibila Eritrea y la sibila de Cumas (todos ellos, según la tradición, habían profetizado el nacimiento de Cristo). En los paneles centrales está representada la Anunciación a la Virgen. Y en los paneles inferiores están representados Vidjt y su esposa, uno a cada lado, y entre ellos sendas estatuas de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.
De los 12 pequeños paneles situados en la parte inferior del retablo no hay datos que indiquen qué pasó con ellos, sólo que desaparecen a mediados del siglo XVI. Si que se conoce que en 1566 el retablo fue desmontado (¿quizá entonces se perdieron los paneles menores?) para esconderlo y ponerlo a salvo de las revueltas calvinistas, que por toda Europa se dedicaban a quemar efigies de santos y obras de arte sacro. Y de hecho, las vidrieras de la iglesia y varias de las obras de arte que contenía acabaron destruidas a manos de los protestantes. En 1577, los calvinistas tomaron Gante y establecieron un gobierno autónomo. En esa época, el retablo estuvo a punto de ser enviado a Inglaterra como regalo para la reina Isabel I por su ayuda a los flamencos en su rebelión contra el dominio español; la toma de la ciudad en 1584 por los tercios de don Alejandro Farnesio frustró el plan. También por esas fechas el rey español Felipe II, admirado por la belleza del retablo, había mandado hacer una copia, obra del pintor flamenco Michel Coxcie. Esa copia estuvo más de dos siglos en el Palacio Real de Madrid hasta que a principios del XIX las tropas francesas la robaron y posteriormente fue vendida por un comerciante belga que la hizo pasar por la original. Hoy en día, las partes de esta copia se hallan dispersas por museos y colecciones particulares de toda Europa.

El panel central de la copia de Coxcie, que hoy en día se halla en el Museo Bode de Berlin
En 1640 se produce un incendio en la catedral que, afortunadamente, no afecta al retablo. En 1781 el alcalde de Gante ordena que los paneles laterales que representan a Adán y Eva sean retirados y guardados en un almacén para contentar al emperador alemán José II, que los juzgaba indecentes y pornográficos. Fueron sustituidos por unas copias en las que ambos personajes iban pudorosamente cubiertos con pieles.
Cuando en 1794 los franceses ocupan Bélgica, las tropas republicanas se apropian de los cuatro paneles centrales del retablo, que son enviados al Louvre, donde permanecen hasta 1815. Ese año, tras la restauración de la monarquía, el nuevo rey Luis XVIII los devuelve a Gante, en agradecimiento a la ciudad por haberlo acogido en su huida tras la Revolución francesa. Pero el retablo no dura mucho reunido. En 1816, aprovechando que el obispo se halla de viaje, el vicario de la catedral, un francés llamado Le Surre, vende por su cuenta los paneles laterales a un conocido traficante de arte llamado Nieuwenhuys. Éste, que también se ha hecho con la copia del retablo pintada por Coxcie y robada por los franceses en España, vende ambas como si fueran originales. Los paneles auténticos van a parar a manos de un coleccionista inglés que a su vez los revende en 1821 al rey de Prusia, Federico Guillermo III. Los paneles acabarían en la Gemäldegalerie de Berlín.
En 1822 la catedral sufre un nuevo incendio. Es durante la limpieza del retablo de los efectos del humo cuando se halla en la parte exterior del Políptico la inscripción que atribuye su autoría a los hermanos Van Eyck. En 1861, a instancias del gobierno belga, los paneles laterales originales de Adán y Eva son vendidos a un museo de Bruselas.
En 1905, los paneles laterales son trasladados al Káiser Friedrich Museum de Berlín junto al resto de la colección real prusiana. Allí son serrados longitudinalmente para poder exhibir a la vez el anverso y el reverso.
Al estallar en 1914 la Primera Guerra Mundial, a instancias de las autoridades políticas y eclesiásticas, el retablo es desmontado y trasladado, oculto en un carromato, a una casa cercana a la catedral, para esconderlo de las tropas alemanas. Volvería a su lugar en San Bavón apenas nueve días después del armisticio.
El artículo 247 del Tratado de Versalles (1919) señalaba específicamente que Alemania debía devolver a Bélgica dos obras artísticas de importancia capital: los seis paneles de la Adoración y el tríptico de La última cena de Dierick Bouts. Aprovechando la oportunidad, el ayuntamiento de Gante también recupera los originales de Adán y Eva. En 1923, por primera vez en más de un siglo, el retablo al completo vuelve a estar reunido en Gante, lo que es motivo de celebración para la ciudad.

"La Última Cena", tríptico de Dierick Bouts (1464-1467)
Y en 1934 se produce uno de los más sonados casos de robos de obras de arte de la historia. La noche del 11 de abril alguien se cuela en la catedral, desmonta el panel que representa a los Jueces Justos y se lo lleva, dejando una extraña nota que reza "Tomado por Alemania en virtud del Tratado de Versalles". Veinte días después, el obispo recibe una carta en la que se pide un rescate de un millón de francos belgas. Da así comienzo a un caso auténticamente de novela negra. Hasta 13 cartas envía el presunto ladrón al obispo, que responde a través de los anuncios por palabras de un periódico local. Hay toda una serie de investigaciones infructuosas, pistas falsas, rumores de trabas a la investigación desde las altas esferas... Durante la negociación, el ladrón devuelve la parte posterior del panel (que, recordemos, había sido serrado en Alemania) que representa a San Juan Bautista. Hasta que el 25 de noviembre, un agente de bolsa jubilado sufre un ataque al corazón y, en su lecho de muerte, confiesa a su abogado que sólo él sabe dónde está el panel desaparecido, oculto en un lugar "de donde ni siquiera yo puedo retirarlo sin llamar la atención". En su escritorio hallan una copia de las llaves de la catedral y copias de las cartas enviadas al obispo, pero ninguna pista del paradero del panel, que jamás sería encontrado. Posteriormente, el abogado también muere en extrañas circunstancias, añadiendo aún más misterio al caso.
Se dice que Adolf Hitler sentía un gran interés por esta obra e incluso que, llevado por su obsesión por todo lo esotérico, creía que entre el simbolismo de la pintura había oculto un código o alguna pista que indicaba el paradero del Santo Grial. Por eso, tras la ocupación de Bélgica en mayo de 1940 por los nazis, no resultó raro que no tardase mucho en aparecer por Gante un tal Heinrich Köhn, un funcionario de alto rango del Departamento de Protección del Arte, dependiente directamente de Joseph Goebbels, con la excusa de colaborar en  la investigación del robo del panel de los Juesces Justos, pero con la verdadera intención de apropiarse del retablo y enviarlo a Alemania. Pero llega tarde; las autoridades de la ciudad han logrado sacar la obra escondida y enviarla a Francia. Eso no detiene la búsqueda de los alemanes, quienes finalmente la encuentran en 1942 en el castillo de Pau. De ahí viaja a Alemania y su pista se pierde durante tres años.
El retablo vuelve a aparecer en mayo de 1945, en las célebres minas de sal austriacas de Altaussee, junto a varios miles de obras de arte saqueadas por los nazis por toda Europa. Es un cuerpo especial de los ejércitos aliados dedicado a rescatar y poner a salvo el arte expoliado por los nazis, los célebres Monument's Men, los que lo encuentran y lo salvan de ser destruido por las tropas alemanas en retirada.

Daniel J. Kern y Karl Sieber, miembros de los Monument's Men contemplan el retablo en las minas de Altaussee
El retablo volvió a Gante ese mismo año de 1945. Aunque tuvo que pasar por un aterrizaje forzoso en Bruselas por problemas mecánicos del avión que lo transportaba. Fue de nuevo colocado en la catedral de San Bavón y el panel robado la década anterior fue sustituido por una copia obra del pintor Jef Van der Veken, conservador del Museo Real de Bellas Artes de Bruselas, que tomó como modelo la copia de Coxcie.
A día de hoy, la Adoración del Cordero Místico sigue en su habitual emplazamiento en la catedral, aunque desde 2012 está siendo sometida a una profunda limpieza y restauración que se prevé no concluirá hasta 2017.

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