Verba volant, scripta manent

martes, 19 de abril de 2016

El misterio del faro de Eilean Mòr

El faro de Eilean Mòr, en la actualidad

Las islas Flannan, también llamadas Seven Hunters, son un conjunto de siete pequeñas islas rocosas que forman parte de las Hébridas Exteriores, en la costa occidental escocesa, a unos 30 kilómetros al oeste de la isla de Lewis. Las islas han estado deshabitadas prácticamente toda su historia; los nativos de las Hébridas siempre han tenido muchas supersticiones con respecto a ellas y, aunque algunos ocasionalmente llevaban a sus ovejas a pastar a las Flannan, se decía que traía mala suerte pasar la noche allí. La mayor de esas islas es Eilean Mòr (en gaélico, Isla Grande), de apenas 17 hectáreas y media de extensión. Precisamente, en Eilean Mòr se encuentran los dos únicos vestigios de presencia humana del pequeño archipiélago: las ruinas de una antigua capilla dedicada a San Flannan y el faro.


El faro de las islas Flannan se construyó a finales del siglo XIX para guiar a los barcos que se dirigían hacia el cabo Wrath y el estrecho de Pentland Firth. Su construcción comenzó en 1895 y fue larga y laboriosa, dado lo escarpado de la isla, costando alrededor de 7000 £; además del faro y la casa de los fareros, hubo que construir un embarcadero, escaleras y hasta una pequeña vía férrea para subir hasta el faro los barriles del queroseno que alimentaba la lámpara, gracias a la tracción de un pequeño motor de vapor. La lámpara emitía una luz de casi 140000 candelas de intensidad, visible hasta a 24 millas náuticas. El faro comenzaría a funcionar el 7 de diciembre de 1899.
Del funcionamiento y mantenimiento del faro se encargaba un equipo de cuatro hombres que iban rotando, de modo que siempre había tres en la isla y un cuarto en tierra. A finales de 1900 se hallaban en la isla James Ducat, un veterano con más de 21 años de experiencia, como farero principal; Thomas Marshall como primer ayudante; y Donald McArthur como segundo ayudante. McArthur era un sustituto que ocupaba la plaza de otro trabajador, William Ross, de baja por enfermedad. En tierra se encontraba el cuarto miembro del equipo, Joseph Moore.

De izquierda a derecha, Donald McArthur, Thomas Marshall, James Ducat y Robert Muirhead
El trabajo de farero en Eilean Mòr no era sencillo. Mientras permanecían en la isla, los miembros del equipo estaban prácticamente incomunicados. Su único contacto con el mundo exterior era el barco que aprovisionaba a la isla y un tosco sistema de señales con banderas de colores que, en los días despejados, eran visibles desde las Hébridas. Para no depender de los víveres que les llevaran desde tierra, criaban su propias ovejas y gallinas, cultivaban un huerto y pescaban. De hecho, Ducat había querido renunciar al puesto, alegando que el lugar no era bueno para sus nervios y no le gustaba pasar tanto tiempo lejos de su familia (esposa y cuatro hijos). Robert Muirhead, superintendente de la Northern Lighthouse Board, la sociedad pública encargada de gestionar los faros de Escocia y la isla de Man, le convenció para que continuara mientras no le encontraban un sustituto.
La primera señal de que algo no iba bien tuvo lugar el 15 de diciembre de 1900, unos días después del primer aniversario de la entrada en funcionamiento del faro. El capitán Holman, del vapor Archtor que viajaba de Philadelphia a Leith, se sorprendió al ver que el faro de las Flannan estaba apagado pese a que ya era de noche. Por ello envió un mensaje a su naviera, la Cosmopolitan Line Steamers, para que advirtiesen a la Northern Lighthouse Board, aunque dicho aviso no llegó a producirse. Otro barco que navegaba en las inmediaciones, el Fairwind, también notó la ausencia de luz en el faro.
La llegada del Hesperus, el barco que levaba a las Flannan el relevo y las provisiones para el faro, estaba prevista para el día 20 de diciembre; no obstante, las malas condiciones meteorológicas retrasaron su llegada hasta el 26. Al capitán del Hesperus, Jim Harvie, le extrañó ver que la bandera de bienvenida no había sido izada y nadie acudía a recibirlos, cuando normalmente los fareros acudían a recibir el barco, descargar las provisiones y charlar con los marineros para ponerse al día de lo ocurrido últimamente. Hizo sonar el silbato del barco y lanzó una bengala, pero no hubo respuesta alguna desde la isla. Por eso, pidió a Joseph Moore, que iba a relevar a uno de los fareros, que desembarcase y buscase a sus compañeros.


A Moore no le dio buena espina lo que vio al desembarcar. En el muelle había algunos desperfectos, producidos seguramente por los temporales de las semanas anteriores: cajas rotas, un salvavidas arrancado de su soporte, varios raíles de metal doblados... Lo extraño es que nadie parecía haber hecho nada para reparar esos daños. Tampoco estaban en el embarcadero las cajas vacías para llenar con las provisiones que traía el Hesperus. Inquieto y agobiado por un mal presagio, Moore subió por las escaleras hacia el faro. La puerta del muro exterior del complejo estaba cerrada, igual que la de la casa de los guardas. En el interior, todo parecía estar en orden, pero no había rastro alguno de Ducat, Marshall y McArthur.
Moore volvió al Hesperus a informar a Harvie. Éste envió de nuevo a Moore con cuatro de sus tripulantes para hacer una búsqueda más exhaustiva. En este nuevo examen pudieron apreciar algunos detalles. Las camas de los tres hombres estaban deshechas. El fuego parecía haber ardido hasta apagarse por falta de combustible. El reloj estaba parado porque nadie le había dado cuerda en días. La lámpara del faro estaba en perfecto estado y tenía combustible. El único asomo de desorden era una silla caída en una de las habitaciones. En la casa se encontró el traje impermeable y las botas de agua de McArthur, pero no los de Ducat y Marshall. La última anotación del diario del faro era de la mañana del día 15, por lo tanto, lo que quiera que hubiese pasado, ocurrió ese día, en la franja de tiempo entre esa anotación y el momento en el que el Archtor pasó frente al faro y lo vio apagado. Los hombres del Hesperus registrarían luego de manera concienzuda la isla, sin encontrar ningún indicio de los tres hombres.
Harvie decidió volver al puerto de Breasclete, en la isla de Lewis, a dar la alarma, mientras Moore se quedaba en la isla para hacer funcionar el faro, junto a tres marineros que se ofrecieron voluntarios para ayudarle. El capitán envió un telegrama a William Murdoch, secretario de la NLB, diciendo que "Ha ocurrido un horrible accidente en las Flannans. Los tres guardianes, Ducat, Marshall y el ocasional [McArthur] han desaparecido de la isla. A nuestra llegada esta tarde no hemos visto ningún signo de vida".


El 29 de diciembre Robert Muirhead desembarcó en Eilean Mòr para llevar a cabo personalmente la investigación. Había contratado a los tres desaparecidos, los conocía bien y quería llegar al fondo del asunto. Pero no pudo descubrir nada más de lo que Moore ya había descrito. Nada, salvo unas extrañas anotaciones en el diario del faro. El día 12 de diciembre Thomas Marshall había anotado que sufrían vientos "como no había visto en veinte años", que Ducat estaba "muy tranquilo" y que McArthur había estado llorando. Un poco extraño que un veterano lobo de mar como él se asustase tanto de una tormenta hasta el punto de llorar. El día 13 Marshall anotó que la tormenta continuaba y los tres hombres "habían estado rezando". ¿Cómo tres fareros expertos, en un sólido faro cincuenta metros por encima del nivel del mar, se habían asustado tanto por una tormenta hasta el punto de ponerse a rezar?.
Finalmente, Muirhead concluyó en su informe que lo más probable es que los tres fareros hubieran sido arrastrados por una gran ola mientras estaban en el exterior, quizá tratando de rescatar algún objeto arrastrado por el temporal. Una hipótesis que no convenció a muchos, empezando por Moore, quien no creía que tres fareros veteranos como ellos hubieran sido sorprendidos de esa manera. El propio diario del faro, además, señalaba que el día 15 había pasado lo peor de la tormenta; la última anotación decía, literalmente "La tormenta ha terminado, el mar está en calma. Dios está sobre todas las cosas". Las normas de la compañía establecían que jamás se debía dejar el faro sin vigilancia. ¿Y por qué McArthur había salido al exterior sin su ropa de aguas?
Se sugirió después que Ducat y Marshall habían salido a comprobar los daños causados por el temporal, dejando a McArthur en el faro. Éste habría visto desde su posición la llegada de varias olas de gran tamaño y corrió a avisar a sus compañeros, pero no pudo llegar a tiempo y las olas los engulleron a los tres. Pero de nuevo surgen las incógnitas. ¿Cómo dos hombres con la experiencia de Ducat y Marshall se aventurarían de esa manera en medio de un temporal?¿Si McArthur corrió a avisarlos y no tuvo tiempo ni de ponerse el traje de aguas, por qué se paró a cerrar las puertas que Moore halló cerradas?¿Y qué había sido de los cadáveres?¿Por qué no habían llegado a tierra ni habían sido avistados por ninguno de los numerosos barcos que navegaban por la zona? Asimismo, se sugirió que uno de los fareros podría haber caído accidentalmente al agua y los otros dos cayeron también al tratar de rescatarlo.
El misterio en torno a lo ocurrido hizo que surgieran otras teorías. Se dijo que uno de los tres hombres había matado a los otros dos y arrojado sus cuerpos al mar, antes de arrojarse él mismo. Cierto es que el largo aislamiento podía ser molesto y provocar tensiones e incluso discusiones. Pero ninguno de los tres hombres era especialmente violento, ni se sabía de discusiones previas que pudieran haber dado lugar a alguna enemistad. Además no se hallaron indicios de lucha ni en el faro ni en la casa. Quizá la teoría más pintoresca fuese la de los supersticiosos habitantes de las Hébridas, que, recordando la mala fama de las islas, creían que los tres habían sido víctimas de la maldición, ya fuera a manos de los espíritus de las islas o de alguna criatura de la mitología escocesa, como el kelpie, una serpiente marina o un pájaro gigante.


Tras finalizar la investigación, el faro continuó su normal funcionamiento. Se contrató a un nuevo equipo y se continuó con el sistema de turnos como hasta entonces. En los siguientes setenta años, ningún suceso fuera de lo común vino a perturbar a los residentes de la isla. En 1971 el faro fue automatizado, haciendo innecesaria la presencia de personal permanente en la instalación, que ahora sólo recibe a gente cuando son necesarias reparaciones, revisiones o mantenimiento.

2 comentarios:

  1. He leído esta inquietante y enigmática historia casi con la emoción de una novela de misterio.
    Un saludo.

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    1. Un faro aislado en el medio del océano, tres personas que se desvaneces sin dejar rastro... casi como una novela de terror victoriana.
      Saludos.

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