Verba volant, scripta manent

miércoles, 20 de julio de 2016

La masacre de Ballymurphy

Las víctimas de la Masacre de Ballymurphy

A mediados de 1971, ante el agravamiento de los disturbios entre católicos y protestantes que se extendían por toda Irlanda del Norte, el gobierno norirlandés propuso a las autoridades británicas una operación a gran escala contra el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y sus simpatizantes. La masiva redada, conocida como Operación Demetrius, tuvo lugar durante los días 9 y 10 de agosto de 1971 y se saldó con 342 arrestados, en su práctica totalidad católicos y nacionalistas (aunque solo unos pocos tenían auténtica vinculación con el IRA). Los actos de violencia desatados a raíz de la operación se saldaron con 24 muertos (veinte civiles, dos miembros del IRA y dos soldados británicos), decenas de heridos y casi 7000 personas desplazadas de sus hogares, muchos de ellos en campamentos montados por el ejército de la República de Irlanda al otro lado de la frontera. De entre los sucesos violentos que la Operación Demetrius desató por todo el Ulster, los más recordados de aquellos días fueron los de la llamada Masacre de Ballymurphy, en la que 11 civiles católicos murieron abatidos por los soldados británicos entre los días 9 y 11 de agosto.


La mañana del día 9, soldados británicos entraban en distintas localidades de Irlanda del Norte; entre ellas, Ballymurphy, un pequeño barrio católico del oeste de Belfast. No se trataba de soldados cualquiera; eran miembros del 1º Batallón del Regimiento de Paracaidistas, los tristemente célebres "Paras", quienes pronto se convertirían en la unidad militar británica más odiada del Ulster, y que unos meses después protagonizarían otra trágica jornada, la del llamado Domingo Sangriento. En Ballymurphy, 18 vecinos sospechosos fueron arrestados en sus casas y llevados hasta un edificio público, convertido en base provisional de los soldados, donde según contarían más tarde fueron golpeados antes de ser trasladados.
La acción de los militares provocó enfado y preocupación entre los vecinos. Las tiendas cerraron y algunos optaron por abandonar el barrio, mientras otros levantaban barricadas y fabricaban armas improvisadas y cócteles molotov, y otro grupo se manifestaba frente al edificio donde estaban los militares. Algunos jóvenes del barrio se enfrentaban en las calles con jóvenes protestantes del cercano barrio de Springmartin, lo que hizo que los habitantes católicos cercanos a ese barrio empezaran a abandonar sus casas. A la vez, un grupo de soldados que había tomado posiciones en un edificio en construcción en Springmartin comenzó a disparar contra las casas de los católicos, poco antes del anochecer. Más tarde afirmarían haber respondido a disparos desde el lado católico, algo que nunca se pudo probar. Igualmente dispararon contra un grupo de civiles que trataba de alejarse del lugar cruzando un descampado, obligándolos a buscar refugio e hiriendo en la espalda a un hombre llamado Robert Clarke.
Fue en ese momento cuando un sacerdote católico llamado Hugh Mullan, de 38 años, que vivía cerca de allí y había telefoneado al ejército británico para advertirles de que sus soldados estaban disparando contra civiles desarmados, acudió en ayuda de Clarke, agitando un pañuelo blanco para hacer ver que iba desarmado. Sin embargo, mientras Mullan estaba tumbado al lado de Clarke para darle la extremaunción (aunque finalmente se salvaría) fue alcanzado por dos disparos, muriendo poco después. Un joven de 19 años llamado Francis Quinn, que también intentaba ayudar a Clarke, fue alcanzado por un disparo en la cabeza. Ellos fueron las dos primeras víctimas de la Masacre.
Poco después de las muertes de Mullan y Quinn, los soldados abrían fuego para dispersar a las personas que seguían protestando contra los militares frente a su base. Joan Connolly, de 44 años y madre de ocho hijos, y Noel Phillips, de 20, morían en el acto. Un soldado afirmó que Connolly llevaba una pistola, pero ni tenía restos de pólvora en las manos ni en el lugar se encontró arma alguna. Cinco hombres más eran heridos y a continuación arrestados e introducidos en el edificio, donde según su testimonio fueron golpeados por los soldados. Uno de ellos, Daniel Teggart, moría poco después. Su cadáver tenía catorce impactos de bala, la mayoría en la espalda, y los testigos afirmaron que había sido tiroteado mientras yacía herido en el suelo. Otro de los heridos, Joseph Murphy, de 41 años, moriría en el hospital, pero antes tuvo tiempo de decir que estando prisionero los soldados lo habían golpeado brutalmente y disparado de nuevo. Su cuerpo fue exhumado en octubre de 2015 y en la nueva autopsia se halló un segundo impacto de bala.
El día siguiente, día 10, Ballymurphy amaneció casi como un pueblo fantasma, con barricadas en las calles y poca gente aventurándose a salir. A eso de las cuatro y media de la tarde, un soldado que conducía una pala mecánica para eliminar algunas de esas barricadas disparó y mató a Edward Doherty, de 28 años y padre de cuatro hijos. El soldado (que no pertenecía a los Paras) alegó más tarde que iba armado con una ametralladora y le había disparado. Los testigos, sin embargo, aseguran que Doherty fue tiroteado por la espalda mientras trataba de huir y que el soldado disparó indiscriminadamente contra la gente.
A la mañana siguiente, un grupo de soldados del 1º Batallón que entraban en el barrio desde el oeste abrió fuego contra John Laverty (20) y Joseph Corr (43 y padre de siete hijos). El soldado al mando del pelotón afirmó que ambos hombres habían disparado contra su grupo. No obstante, ninguno de los soldados resultó herido ni se encontraron armas en el lugar. Laverty, con dos disparos por la espalda, murió en el acto, y Corr, con múltiples heridas, fallecería el día 27 de agosto. Esa misma mañana, un carpintero de 49 años llamado John McKerr, que se encontraba trabajando en la iglesia del Corpus Christi, no lejos de donde había sido abatido Edward Doherty, recibía dos disparos por los que moriría el 20 de agosto. Los testigos afirmaron que habían visto soldados disparando cerca de allí, pero la policía no llegó a interrogar a ningún militar acerca del caso. El informe policial sobre su muerte constaba exactamente de 58 palabras. La víctima número 11, Paddy McCarthy (44), fallecía de un ataque al corazón después de que, según su familia, un grupo de soldados con los que había discutido hubieran simulado su ejecución.


La investigación sobre los incidentes fue extraordinariamente superficial y poco minuciosa. Sólo la policía militar obtuvo permiso para interrogar a los soldados involucrados, que se reafirmaron en su versión de que habían disparado en respuesta a ataques armados y que los muertos eran pistoleros del IRA o civiles que se habían visto atrapados en el fuego cruzado. La investigación se archivó dando por buena esta versión, a pesar de que no se hallaron armas en posesión de los muertos, ni cerca de ellos. El IRA afirmaría más tarde que ninguno de sus miembros abrió fuego contra los soldados en Ballymurphy durante aquellos días.
A diferencia de lo que ocurriría cinco meses después en Derry con el Domingo Sangriento, los sucesos de Ballymurphy apenas tuvieron repercusión fuera del Reino Unido. En Ballymurphy no había periodistas, ni cámaras de televisión que mostrasen al mundo la muerte de civiles desarmados. Sin embargo, los familiares de los fallecidos no olvidaron lo ocurrido y siguieron batallando durante años pidiendo que se hiciera justicia. En febrero de este año, el Lord Chief Justice de Irlanda del Norte, Declan Morgan, recomendó que se abrieran nuevas investigaciones sobre 56 casos de supuestos abusos cometidos por las fuerzas británicas durante el conflicto norirlandés, entre ellos los sucesos de Ballymurphy. No obstante, la negativa del gobierno autónomo de Irlanda del Norte a conceder fondos ha impedido hasta el momento que dichas investigaciones se lleven a cabo.

Familiares de víctimas de la Masacre de Ballymurphy protestan durante una visita del príncipe Carlos de Inglaterra a Belfast

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