Verba volant, scripta manent

domingo, 6 de julio de 2014

El hundimiento de la Flota de Azogues

Navío de dos puentes (siglo XVIII)

El 13 de julio de 1724 partía del puerto de Cádiz rumbo a Veracruz la Flota de Azogues. La componían el navío de dos puentes Nuestra Señora de Guadalupe y San Antonio (construido en Campeche, México, en 1702), mandado por el capitán Gabriel de Mendinueta, como nave capitana, y el navío Tolosa (comprado cinco años atrás, bajo el nombre de San José, a don Diego de Murga, marqués de Montesacro), capitaneado por Sebastián de Villaseñor, como nave almiranta. A bordo de la capitana iba además el comandante de la flota, el general Baltasar de Guevara. Ambos buques llevaban unas 600 personas a bordo cada uno, sumando marinos y pasajeros, y carga variada (incluidas herramientas, clavos y herrajes para la construcción de un galeón en La Habana), pero el verdadero motivo del viaje iba en los pañoles del fondo de sus bodegas: cuatro mil quintales (unas 400 toneladas) de mercurio, destinado a las minas de oro de México.
El mercurio, procedente de las minas de Almadén en Ciudad Real, las más grandes y antiguas del mundo, era vital para la extracción del precioso metal, mediante el proceso de la amalgama: el mineral extraído de la mina, triturado y lavado, se mezclaba en grandes recipientes cerámicos con mercurio y sal. Tras reposar varios días, para que el mercurio absorbiese todas las partículas de oro, la amalgama se calentaba para separar el oro y el mercurio (que podía ser reutilizado). Y como en América no se había encontrado ningún yacimiento, las minas americanas dependían exclusivamente del mercurio enviado desde España.
El mercurio iba envasado en pequeños barriles de madera, colocados de tres en tres en cajas rectangulares de un quintal y medio de peso. De este modo, no sólo se evitaban los peligrosos desplazamientos masivos de la carga provocados por el oleaje, sino que también se hacía más fácil su carga y descarga y su transporte por tierra.
Tras hacer escala en Tenerife, la Flota llegó el 13 de agosto a Puerto Rico, donde se detuvieron a hacer aguada y reparar el mastelero del Tolosa. El día 23 zarparon rumbo a La Habana, pero el día 24 una violenta tempestad sorprendió a las naves al norte de la isla de La Española. Buscando refugio, las naves intentaron refugiarse en la bahía de Samaná (hoy en día en territorio de la República Dominicana) pero, con noche cerrada, el Nuestra Señora embarrancó en un arrecife pasado el cabo San Rafael. El Tolosa, en medio de fortísimos vientos, correría igual suerte al amanecer.
El desalojo del Nuestra Señora fue largo y complicado. Los marineros lograron construir una balsa con las maderas del navío, con la que tardaron tres días en evacuar hasta la orilla a la mayor parte del pasaje, unas 500 personas. Alrededor de 80 murieron, la mayor parte ahogadas al tratar de llegar nadando a la costa. Peor suerte corrieron los náufragos del Tolosa: treinta o cuarenta personas lograron alcanzar la orilla ayudados por tablas y maderas, y siete más permanecieron 32 días en la cofa del barco hasta que fueron rescatados. El resto del pasaje, incluido el capitán Villaseñor, murió ahogado. Baltasar de Guevara murió durante la evacuación, pero el capitán Mendinueta logró salvarse.


Sin embargo, no era ese el fin de sus padecimientos. El paraje al que habían ido a parar era un lugar agreste y sin víveres, rodeado de un espeso bosque. De aquel grupo que no llegaba a los 600 hombres, la mitad prefirió aventurarse siguiendo la costa en busca de algún pueblo o asentamiento. Los restantes permanecieron en el lugar del naufragio, alimentándose de lo que pudieron recuperar del pecio. Un pequeño grupo fabricó un bote con el que se dirigió hacia el norte, tratando de llegar a algún asentamiento francés (el tercio oriental de la isla era posesión francesa desde 1697). Pero como no regresaban y apenas quedaban provisiones, el 13 de septiembre el resto de los náufragos abandonaron la playa siguiendo la ruta marcada por el primer grupo, llevando en la balsa a los enfermos y los heridos. Tras varios días de camino, se toparon con unos pescadores de Higuey, la única población cercana, que les ayudaron. Finalmente, salvo una decena que murieron por enfermedad durante el camino, aquellos quinientos y pico náufragos llegaron sanos y salvos a Santo Domingo.
El naufragio de estas dos naves provocó una aguda crisis económica en España: la escasez de mercurio que causó hizo descender notablemente la producción de oro y, por consiguiente, la cantidad de moneda acuñada.
Los restos del Nuestra Señora de Guadalupe fueron descubiertos cerca de Punta Mangle por pescadores de la localidad de Miches en 1974, a no mucha profundidad, en excelentes condiciones de conservación y con el hierro y el mercurio todavía en sus bodegas. La Marina de Guerra dominicana se hizo cargo del yacimiento para evitar saqueos y extrajo algunos elementos, como los cañones (el Nuestra Señora llevaba 66 cañones de bronce y el Tolosa, 56) y las anclas. La Comisión de Rescate Arqueológico Marino concedió más tarde un permiso de extracción a una compañía norteamericana, que rescató más de 50000 piezas de todo tipo (herramientas, armas, monedas, vasos, platos...), la mayoría de las cuales permanecen en museos dominicanos. En 1992, en colaboración con arqueólogos e investigadores españoles, se llevó a cabo el llamado "Proyecto Galeones de Azogue", gracias al cual los restos fueron cartografiados, fotografiados y estudiados minuciosamente, permitiendo hacer un modelo en tres dimensiones del Nuestra Señora. Además, se recopiló toda la información disponible en los archivos españoles sobre el buque: el derrotero, la lista de pasajeros, el registro de la carga, los autos judiciales sobre su naufragio, los contratos de construcción del buque, los registros de aprovisionamiento...

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