Verba volant, scripta manent

sábado, 7 de febrero de 2015

La Segunda Guerra Mundial en suelo español: la Operación Postmaster



Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial la actitud de las autoridades españolas fue variando según el desarrollo del conflicto, aunque mantuvo sus simpatías hacia los países del Eje. Si en el comienzo de la guerra su postura oficial era de neutralidad, no tardó mucho en declararse "no beligerante" (sin participar directamente en el conflicto, pero mostrando cierta afinidad por uno de los bandos) para luego volver a ser estrictamente neutral una vez el curso de los combates empezó a torcerse para las fuerzas del Eje y, hacia el final de la guerra, tuvo gestos de aproximación hacia los aliados (que le sirvieron de poco, pues la exclusión de España de las instituciones internacionales se mantendría durante años después de 1945). Incluso, en abril de 1945, el gobierno franquista rompió relaciones diplomáticas con Japón (y estuvo a punto de declararle la guerra) a raiz de la masacre de Manila (febrero del 45), en la que las tropas niponas asesinaron a decenas de miles de civiles, entre ellos varios cientos de españoles y numerosos filipinos con doble nacionalidad. Pero aunque no intervino directamente en los combates, España también jugó su papel: numerosos espías de ambos bandos pululaban por su territorio, prisioneros de guerra aliados huidos de los campos alemanes lograban ponerse a salvo cruzando a suelo español, hubo combatientes españoles en ambos bandos, mantuvo un importante intercambio comercial con las naciones en guerra, especialmente con el Eje (incluidas materias primas estratégicas, como el wolframio que la industria armamentística alemana requería en grandes cantidades), y no pocos combates entre barcos, aviones y submarinos de ambos bandos se libraron frente a sus costas, especialmente las atlánticas. Incluso fue escenario de alguna que otra operación de espionaje de gran importancia, como la célebre Operación Mincemeat. Pero solamente en una ocasión las acciones de guerra cruzaron la frontera para desarrollarse en territorio español. Una acción menor, de escasa relevancia, y cuyos protagonistas prefirieron mantener en el olvido durante décadas: la Operación Postmaster.
La isla de Fernando Poo, actualmente llamada Bioko, fue ocupada por los portugueses a finales del siglo XV, y se mantuvo bajo su dominio hasta que, merced a los tratados de San Ildefonso (1777) y del Pardo (1778), su soberanía, junto a la de las islas de Annobón y Corisco y de una franja de terreno en tierra firme conocida como Río Muni, pasó a manos de los españoles a cambio de la ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento. En 1885, Río Muni se convirtió en protectorado, en 1900 pasó a ser colonia, y en 1926 las islas y el territorio continental se unificaron en una única colonia llamada Guinea Española, con capital en Santa Isabel (la actual Malabo), la mayor población de Fernando Poo y el principal puerto de la colonia.
Precisamente en el puerto de Santa Isabel se habían refugiado en 1940 tres buques del Eje, aprovechando su condición de territorio neutral. Se trataba del Duchessa d'Aosta, un vapor mixto de pasajeros y carga de la naviera italiana Lloyd-Triestino, de 7872 TRB; y dos pequeños buques auxiliares alemanes, el remolcador Likomba (199 TRB) y la gabarra Bibundi (100 TRB). En 1941, los británicos recibieron informes de que submarinos alemanes estaban utilizando estuarios de las colonias francesas africanas controladas por el gobierno títere de Vichy para reabastecerse de combustible. Para investigar la veracidad de tales datos, el Almirantazgo británico envió a la zona al Small Scale Raiding Force (SSRF), acompañado de agentes del Special Operations Executive (SOE), la organización encargada de llevar a cabo misiones de espionaje, reconocimiento y sabotaje.

El Duchessa d'Aosta
El SSRF era uno de los varios comandos de operaciones especiales que el ejército británico puso en funcionamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Era una unidad relativamente pequeña, formada por apenas 55 soldados, bajo las órdenes del comandante Gustavus Henry "Gus" March-Phillips. Sus componentes de desplazaron a Sierra Leona a principios de agosto del 41, parte en un transporte convencional de tropas y parte a bordo de un yate llamado Maid Honor. Tras reunirse en Freetown, los agentes del SOE se dedicaron a recabar información sobre la presencia de buques del Eje en la región, mientras el SSRF exploraba sin llamar la atención las costas cercanas en busca de indicios de puntos de reabastecimiento de submarinos. Tras varios meses de trabajo, ni unos ni otros habían descubierto indicio alguno de los supuestos repostajes de submarinos alemanes, pero el SOE había descubierto la presencia de los tres buques en Santa Isabel.
Saltaba a la vista que aquellos buques no suponían una amenaza desde el punto de vista militar, pero si un incordio para las actividades británicas en la zona. El SOE sospechaba que podían ser utilizados eventualmente para suministrar combustible y víveres en alta mar a los U-boot alemanes. Asimismo, mantenían contacto por radio con las autoridades de sus países de origen, con lo que cabía la posibilidad de que informaran sobre los movimientos de barcos británicos en el golfo de Guinea o de la partida y llegada de convoyes a sus colonias. Además, el capitán del Duchessa d'Aosta sólo había declarado a las autoridades portuarias una parte de su carga (lana, cueros, productos para el curtido de pieles, copra y lingotes de cobre) por lo que los agentes británicos sospecharon que podía transportar armas y municiones. A raiz de ello, el SOE envió al Almirantazgo una propuesta para una incursión en el puerto (pese a tratarse de un país neutral) para capturar el Likomba e inutilizar el Duchessa d'Aosta. El alto mando británico autorizó la operación en noviembre de ese año.

Gustavus Henry "Gus" March-Phillips (1908-1942)
Pero la misión encontró pronto obstáculos. Tanto el GOC (General Office Commanding) del África Occidental Británica (la máxima autoridad militar de la región), el general sir George Giffard, como las autoridades locales, se opusieron a la misión, por tratarse de un acto de piratería y una flagrante violación de la neutralidad española. De igual manera reaccionaron el Foreign Office y la embajada británica en Madrid, preocupadas por la reacción del gobierno español. No fue hasta enero del 42 en que el Foreign Office dio su brazo a torcer y dio su aprobación a la misión, insistiendo en que a pesar de que la autoría británica iba a ser imposible de ocultar, al menos no dejasen pruebas tangibles. También se cambió el objetivo final de la incursión: en lugar de sabotear los buques, se proponían hacerse con ellos y llevárselos a Nigeria. A la incursión se la denominó oficialmente Operación Postmaster.
Para preparar su acción, los británicos contaban con la inestimable ayuda de un agente del SOE, Richard Lippett, que se encontraba en Santa Isabel bajo la tapadera de ser un empleado de la naviera de Liverpool John Holt & Co. Esta posición no sólo le permitió reunir abundante información sobre la ciudad y el puerto, la guarnición de la isla, las defensas, los barcos y sus tripulaciones, sino que además consiguió que la noche del asalto buena parte de los oficiales de los tres barcos se encontrasen invitados a una fiesta que él había organizado, con lo que los efectivos a bordo eran mínimos.


El plan de los británicos era rápido, directo y preciso. Los comandos entrarían en el puerto aprovechando la oscuridad a bordo de embarcaciones de poco calado, tomarían el control de los buques reduciendo a los tripulantes que encontrasen y, en completo silencio, levarían anclas y saldrían del puerto. 15 minutos era el tiempo previsto que duraría todo. No esperaban tener demasiados problemas; la mayor parte de la guarnición estaba acantonada en la otra punta de la isla y las defensas del puerto eran obsoletas (algunos de los cañones tenían ya un siglo de antigüedad).
El comando partió de Lagos el 11 de enero de 1942, por la mañana. Lo formaban un total de 32 hombres: 11 del SSRF, cuatro del SOE y 17 voluntarios locales. Iban a bordo de dos remolcadores, el Vulcan y el Nuneaton, cedidos por las autoridades nigerianas. March-Phillips y su segundo, el capitán Geoffrey Appleyard, iban a bordo del Vulcan, mientras que el capitán Graham Hayes mandaba el Nuneaton. El asalto definitivo tuvo lugar a las 23:15 de la noche del 14 de enero. Las condiciones eran las idóneas: noche sin luna, oscuridad total (el alumbrado de la ciudad, debido a la escasez de combustible, se apagaba a las once), sin otros barcos en el puerto (el cañonero Dato, encargado de la defensa de la isla, y el vapor Gomera estaban anclados en la parte continental de la colonia) más que un viejo barco maderero y varias barcas de pequeño tamaño. Mientras el Vulcan se dirigía al Duchessa, los hombres de Hayes, a bordo de canoas, asaltaban los dos pequeños buques alemanes. Los británicos no estuvieron todo lo ágiles que habían previsto; tardaron más de media hora en controlar los tres buques, y tuvieron que volar con explosivos la cadena del ancla del Duchessa, al verse incapaces de levarla. Las explosiones alertaron a los habitantes de Santa Isabel; pero cuando se dio la alarma y se encendió el alumbrado público, los tres barcos habían abandonado ya el puerto, rumbo a aguas internacionales, donde les esperaba la corbeta HMS Violet, que los escoltaría hasta Lagos. Los británicos no perdieron ningún hombre e hicieron 29 prisioneros.

El Duchessa d'Aosta en el puerto de Santa Isabel
Al hacerse de día el gobernador de la colonia ordenó que un avión De Havilland Dragon Rapide propiedad de la compañía Iberia fuese armado con una ametralladora pesada y bombas de mano y saliese a recorrer las costas cercanas en busca de los tres buques. No encontró nada, pese a que la Nuneaton, con el motor averiado, permaneció dos días inmovilizada a apenas unas millas de la isla, hasta que pudo ser remolcada.

De Havilland DH-89 Dragon Rapide
Como era de esperar, la acción británica provocó una protesta oficial del gobierno español, que consideraba la incursión como un acto de guerra y exigía la devolución de los tres buques, con sus tripulantes y su carga. Los británicos, con su habitual flema, se limitaron a alegar que ellos habían encontrado los tres buques en aguas internacionales y los consideraban presas de guerra legítimas. A su vez, Alemania e Italia, protestaron enérgicamente ante las autoridades españolas, por no haber sabido defender los buques refugiados en uno de sus puertos. El gobierno franquista, tan dado a los gestos altisonantes, envió un buque con voluntarios (en su mayor parte, falangistas) con armas y municiones para reforzar las defensas de la colonia. Desgraciadamente, durante el viaje se desató a bordo una epidemia de fiebre amarilla (con la habitual imprevisión española, en el buque no había médicos ni personal sanitario) que acabó con la vida de buena parte de ellos. El agente del SOE Richard Lippett fue arrestado el día 17 por las autoridades españolas como sospechoso de haber participado en la trama; pero, pese a haber sido el organizador de la fiesta en la que se encontraba la oficialidad de los buques apresados, logró convencerlas de que no tenía nada que ver. Fue puesto en libertad el 27 de enero, con la prohibición de abandonar la isla; no obstante, logró eludir la vigilancia y huyó de Fernando Poo en una canoa, llegando a territorio británico el 1 de marzo.
Los tres buques capturados fueron luego empleados por las autoridades británicas. El Duchessa d'Aosta, renombrado como Empire Yukon, se dedicó al transporte de tropas y material de guerra entre Canadá y Gran Bretaña; tras la guerra, fue vendido a una naviera londinense y más tarde volvería a manos italianas, antes de ser desguazado en 1952. Por su parte el Likomba, rebautizado Malakai, fue entregado a la Elden Dempster Lines, una naviera que enlazaba puertos británicos con los del África Occidental. Terminó sus días prestando servicio en el puerto de Freetown, al igual que su compañero el Bibundi, rebautizado como Kalomo.
El éxito de la misión le valió a March-Phillips recibir la Orden del Servicio Distinguido; al capitán Hayes, la Military Cross; a Appleyard, que ya había sido galardonado con la Military Cross por una acción anterior, se le otorgó una barra o distintivo para añadirle; y los agentes del SOE Leonard Guise (autor de la propuesta original) y Richard Lippett fueron nombrados miembros de la Orden del Imperio Británico.

Orden de Servicios Distinguidos
Después de la Operación Postmaster, el SSRF llevó a cabo una serie de incursiones a pequeña escala en las costas francesas entre agosto y septiembre de 1942. Las misiones, ordenadas directamente por el almirante Mountbatten, comandante del Cuartel General de Operaciones Combinadas, tenían como objeto reunir información sobre las defensas costeras de los alemanes. Las tres primeras misiones (Operación Barricade, Operación Dryad y Operación Pound) fueron un éxito. No así la cuarta, la Operación Aquatint, llevada a cabo la noche del 12 al 13 de septiembre de 1942 en las proximidades de la localidad normanda de Sainte-Honorine-des-Pertes, en lo que posteriormente se convertiría en Omaha Beach, uno de los cinco puntos donde se produciría el desembarco de Normandía. El comando británico fue sorprendido por una patrulla alemana y entabló un duro combate, durante el cual de los once hombres que lo componían tres resultaron muertos (entre ellos, el comandante March-Phillips), cuatro fueron capturados y otros cuatro lograron huir. Entre los que lograron escapar estaba el capitán Hayes quien, sin embargo, fue capturado por las autoridades españolas tras cruzar la frontera, siendo entregado a los alemanes. Hayes estuvo preso y en aislamiento hasta el 13 de julio de 1943, en que fue fusilado.
Tras la muerte de March-Phillips, el capitán Appleyard fue ascendido a comandante y nombrado como nuevo oficial al mando del SSRF, pero por poco tiempo. A principios de 1943, el SSRF fue disuelto y sus hombres, repartidos entre distintos grupos de operaciones especiales. Appleyard se integró en el Special Air Service (SAS) y fue trasladado a Argelia, pero no sobrevivió a la guerra: volviendo de una misión, su avión desapareció sin dejar rastro, curiosamente, el mismo día en que Hayes era fusilado en la prisión francesa de Fresnes.
La Operación Postmaster permaneció en el olvido durante medio siglo; los españoles no tenían demasiado interés en recordar un hecho que resultaba humillante para su orgullo, y los ingleses tampoco querían hacer demasiado hincapié en una misión que había supuesto una flagrante violación de la legalidad internacional. No fue hasta que los documentos oficiales sobre la misión fueron desclasificados que se supo los detalles concretos de aquel suceso.

2 comentarios:

  1. No tenía ni idea de este caso. Gracias por contarlo aquí.
    Al margen de esto y, con independencia significaciones políticas, los ingleses siempre fueron maestros en eso de atacar puertos ajenos, en especial los españoles.
    Un saludo.

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    1. Oh, desde luego, desde los tiempos de Drake los británicos han mostrado su querencia por atacar puertos españoles. Y de otros países también, sin importarles que fueran neutrales. En la propia SGM hicieron algo parecido en una acción contra un mercante alemán anclado en la colonia portuguesa de Goa, en la India.
      Un saludo

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