Verba volant, scripta manent

viernes, 17 de julio de 2015

Robin Friday, el mejor futbolista que nunca viste (I)

Robin Friday (1952-1990)

En la historia del fútbol ha habido jugadores de los que se ha podido decir con toda justicia que ellos mismos han sido sus peores enemigos. Jugadores con un potencial inmenso que malbarataron su talento por culpa de su propia personalidad. Algunos, como el Trinche Carlovich, a causa de su apatía. Y otros, como Robin Friday, devorados por sus propios demonios internos.
Robin Friday no es demasiado conocido fuera de Gran Bretaña. Incluso entre los grandes aficionados no hay muchos que sepan de él. No obstante, los aficionados británicos todavía hablan de él con admiración y muchos lo recuerdan como la gran promesa frustrada del fútbol inglés.


Robin Friday vino al mundo el 27 de julio de 1952, en el barrio londinense de Acton, un barrio obrero y humilde, de esos que marcan a los que crecen en él. Uno de esos barrios a los que, si no vives allí, no vas si no es estrictamente necesario. Sus padres, Alf y Sheila, eran un joven matrimonio de apenas veinte años, que vivían con estrecheces; cuando Robin y su hermano gemelo Tony nacieron, aún vivían con la familia de Sheila, y no se mudaron a su propia casa hasta que los pequeños tuvieron dos años.
Robin y su hermano Tony, como buenos gemelos, estaban profundamente unidos, y sus personalidades se complementaban. Tony era el hermano extrovertido, aplicado, que sacaba buenas notas, mientras que Robin era más tímido y con mayor tendencia a distraerse. Y aunque no se le daba bien estudiar, Robin tenía otros talentos. Era un excelente dibujante. Y, además, era un deportista superdotado. Era bueno jugando al cricket, era bueno boxeando. Pero, sobre todo, era un futbolista excepcional. La afición le venía de familia: su abuelo materno, Frederick Riding, había sido futbolista profesional antes de la Segunda Guerra Mundial, y su padre Alf era un gran hincha, que llevó a sus hijos a su primer partido cuando apenas tenían dos años y les llevaba a menudo a jugar al parque. Destacaba en cualquier posición en la que jugase. Su hermano Tony decía que habría sido un excelente portero: era rápido, ágil, con grandes reflejos y valiente. Pero a Robin le divertía más jugar de delantero y marcar goles. Su talento despertó pronto el interés de varios equipos, y Robin tuvo breves pasos por las categorías inferiores de Crystal Palace, Queens Park Rangers y Chelsea, donde demostró su talento pero también su indisciplina y su excesivo individualismo; no estaba hecho para la rigidez y las normas de un gran equipo. Con catorce años, Robin y su hermano se unieron al Acton British Legion Reserves, un club no federado en el que llegaron a jugar varios partidos con su padre. Tony jugaba de centrocampista mientras que Robin lo hacía en punta.


Con quince años, Robin dejó el colegio y se puso a trabajar. No le interesaban los estudios, sino las fiestas y la música, y prefirió empezar a ganar algo de dinero para sus vicios; por aquel entonces ya era un bebedor habitual y comenzaba a coquetear con drogas como el speed. Fue aprendiz de escayolista, repartidor de una tienda de comestibles y limpiaventanas. Y como solía estar siempre corto de dinero, comenzó a cometer pequeños robos. A los 16 años lo arrestaron por primera vez por robo pero lo dejaron en libertad por no tener antecedentes y alegar que padecía asma. Tres meses después, volvieron a cazarlo y esta vez no hubo excusa posible; condenado a 14 meses de reclusión, ingresó en el reformatorio de Borstal para cumplir la sentencia.
En Borstal no había demasiadas cosas que le interesasen, así que se centró en el fútbol. Se puso en forma, se aplicó en los entrenamientos y pronto se hizo indiscutible en el equipo del centro, destacando sobremanera en los partidos entre equipos de prisiones. Era tan bueno que con sólo 16 años lo eligieron como uno de los mejores jugadores del sistema penitenciario británico, lo que le valió algunos privilegios, como el poder salir varios días por semana del reformatorio para entrenarse con el equipo juvenil del Reading, con los que incluso llegó a jugar varios partidos de la South East Counties League, una liga de equipos juveniles de clubes del sur de Inglaterra.
Cuando por fin salió en libertad, Robin tenía ofertas de varios equipos, pero las rechazó todas. Al poco tiempo, conoció a una chica llamada Maxine Doughan, a la que dejó embarazada y con la que se fue a vivir poco después. Una relación que le traería no pocos problemas; porque Maxine era negra, y en un barrio como Acton, las parejas interraciales no estaban bien vistas. Su familia se opuso rotundamente a la relación, mucha gente le dio la espalda e incluso un grupo de hombres del barrio le dio una paliza en un pub; pero Robin, acostumbrado a hacer las cosas a su manera, no se dejó doblegar y acabó casándose con Maxine (su padre no quiso asistir a la ceremonia). Ambos tenían 17 años y poco después nacería su hija Nicola (que hoy en día es una reputada abogada), aunque el matrimonio no duró mucho; Robin no estaba dispuesto a dejar su estilo de vida de borracheras, drogas, fiestas y mujeres, y él y Maxine acabarían por separarse, aunque el divorcio no se formalizó hasta varios años después.

Friday, con su esposa Maxine y su hija Nicola
A principios de 1971, un viejo amigo suyo que jugaba en el Walthamstow Avenue, un club amateur que jugaba en la Isthmian League (una liga regional que equivalía a la séptima división del fútbol inglés) lo convenció para fichar a cambio de 10 libras semanales. Además, la mayor parte de los jugadores del equipo eran asfaltadores y Robin pronto empezó a trabajar con ellos. Permaneció allí unos meses, hasta que lo echaron por pelearse con varios de sus compañeros, y en diciembre de 1971 fichó por el Hayes, un equipo de Acton que jugaba en la misma categoría, cobrando 30 libras semanales. Dicen que escogió al Hayes por dos motivos: porque su estadio estaba cerca de su casa, y porque junto a la sede del club había un pub donde servían la cerveza muy barata.
En el Hayes Friday se tomó el fútbol en serio, más que nunca en su vida. Acudía a los entrenamientos, trabajaba duro, se puso en forma. Lo que no impedía que su vida privada fuese todavía caótica y problemática. Seguía bebiendo en exceso, consumiendo drogas y le gustaba mucho la fiesta. En más de una ocasión los miembros del club tuvieron que salir a buscarle porque llegaba tarde a algún partido o entrenamiento; casi siempre lo encontraban bebiendo en el pub o durmiendo la mona en el banco de algún parque. En una ocasión el Hayes salió a jugar con diez hombres; Friday no aparecía por ningún lado. Llegó al estadio con el partido ya muy avanzado, en estado de embriaguez. Iba tan borracho cuando salió al campo, que sus rivales ni se preocuparon de marcarlo adecuadamente. Craso error, porque borracho y todo, Friday se las arregló para marcar el gol que le daba la victoria al Hayes, aunque luego no recordaba haberlo hecho.
En julio de 1972, Friday tuvo un accidente laboral que pudo costarle caro. Trabajando en un tejado, se cayó del andamio y aterrizó sobre una verja metálica, ensartándose una punta en una de sus nalgas, que le atravesó el estómago y pasó a escasa distancia de un pulmón. Pero Robin no sólo fue capaz de desclavarse por sus propios medios, sino que en octubre ya estaba jugando de nuevo con el Hayes.
En diciembre de 1972, el Hayes se enfrentó en una eliminatoria de la FA Cup al Reading, mucho más poderoso deportiva y económicamente, que jugaba en la Cuarta División. Como era de esperar, el Reading eliminó al Hayes, pero el entrenador del Reading, Charlie Hurley, quedó fascinado por la manera de jugar de aquel joven y desgarbado delantero. Quiso ficharlo, aunque luego se echó atrás tras hacer algunas averiguaciones sobre su carácter y su estilo de vida; pero aún así no se olvidó de él.
Robin Friday jugó en el Hayes la segunda mitad de la temporada 71-72 y la 72-73 completa. En la temporada 1973-74 fichó por otro club modesto de Londres, el Enfield, que también jugaba en la Isthmian League (llegó a enfrentarse al Hayes y a marcarle un gol), pero en diciembre de 1973 dejó el club y volvió al Hayes, pero de manera muy breve. En enero de 1974, Charlie Hurley se decide por fin a ficharle, y firma un contrato de jugador aficionado con el Reading; se entrenará con el equipo, pero seguirá jugando con el Hayes y trabajando como asfaltador.


Friday desembarca en Reading con mucho ímpetu. Demasiado, quizá. En sus primeros entrenamientos se emplea con tanta intensidad que manda a la enfermería a varios de sus compañeros. Hurley, temeroso de que lesione de gravedad a alguien, lo manda a entrenarse y a jugar con el filial. Pero el Reading está en una situación muy delicada; colista en su categoría y enlazando una pésima racha de dos victorias en catorce partidos. Friday destaca tanto en el filial que Hurley lo inscribe para jugar con el primer equipo, y la reacción es inmediata. El 6 de febrero de 1974, Robin Friday firma con el Reading el primer contrato profesional de su vida, que le permitirá dejar su trabajo para dedicarse por entero al fútbol.
Gracias a la providencial aparición de Friday, el Reading no sólo se salva del descenso, sino que termina la temporada en una más que digna sexta posición. El recién llegado se ha convertido en la estrella del equipo, con goles espectaculares y actuaciones estelares. La asistencia a los partidos aumenta considerablemente con gente deseosa de ver jugar a Friday. De nada valen las continuas faltas de sus rivales, tratando de detenerlo; Friday siempre se levanta y vuelve al partido, gracias a su fortaleza física (ni siquiera usaba espinilleras). Pero su vida privada sigue igual que siempre: sonadas borracheras, escándalos, peleas. De algunos bares es expulsado hasta en diez ocasiones. En una ocasión, en un night club llamado Churchill's, se pone a bailar completamente desnudo en mitad de la pista. Hurley trató de meterlo en cintura, pero lo único que consiguió fue la promesa de no beber durante las 48 horas previas a un partido. No sirve de mucho, ya que sustituye el alcohol por marihuana o LSD (llegó a pintar de negro las paredes de su apartamento, diciendo que "no hay nada peor que estar colocado y ver figuras extrañas en el empapelado").
Durante el verano de 1974, Friday desapareció. Literalmente. Ni siquiera su familia sabía dónde se había metido. Tras buscarlo, lo encontraron unas semanas después, en una comuna hippie de Cornualles, donde había descubierto la filosofía del "love and peace". Otro quizá habría aprovechado aquel retiro para tranquilizarse y recapacitar sobre su vida. A Friday, en cambio, le valió para engancharse a la heroína.


Se perdió buena parte de la pretemporada del curso 74-75, pero cuando se incorporó al equipo estaba en plena forma. De nuevo, fue una temporada con claros y oscuros. Alternó partidos espectaculares y otros decepcionantes, con algún que otro problema disciplinario y varias expulsiones innecesarias. Se perdió un mes de competición debido a una infección respiratoria y añadió varias anécdotas más a su peculiar curriculum, como robar varios ángeles de piedra de un cementerio o entrar en un bar con un cisne bajo el brazo. El 11 de abril de 1975, tras marcar el gol de la victoria frente al Rochdale, Friday saltó la valla y besó en la boca a un policía que había tras una de las porterías. "El policía parecía tan frío y tan serio allí de pie, que quise animarlo un poco. Pero en seguida me arrepentí, porque odio mucho a los polis". Al final, pese a que había coqueteado buena parte de la temporada con los puestos de ascenso, el Reading terminó séptimo y Friday, máximo goleador con 18 goles, fue elegido mejor jugador del equipo. Sus buenas actuaciones despertaron incluso el interés de equipos de primera división, como el Arsenal y el Sheffield United, que enviaron ojeadores a verlo jugar aunque no llegaron a hacerle una oferta.
La temporada siguiente, la 75-76, fue sin duda la mejor de la carrera de Robin Friday. Mantuvo su excelente estado de forma, su gran efectividad goleadora y, pese a algún que otro lunar (de nuevo alguna expulsión absurda, algún que otro problema con la ley por escándalo público), llevó en volandas al equipo hasta el ascenso a tercera división. Friday acabó con 21 goles y fue elegido mejor jugador del equipo y de la categoría. Para el recuerdo dejó un sensacional gol frente al Tranmere Rovers, con una chilena imparable desde fuera del área que dejó anonadados a los presentes. El árbitro, Clive Thomas, un colegiado de primera división con experiencia en competiciones internacionales, incluido un mundial de fútbol, fue después del partido a felicitar a Friday, diciéndole que nunca había visto un gol mejor que aquel. Robin le respondió con humor:"¿De verdad? Debería venir a verme jugar más a menudo, lo hago todas las semanas".
Friday aprovechó el verano de 1976 para casarse por segunda vez, tras lograr el divorcio de Maxine, con Liza Deimel, una joven universitaria de Reading. A la esperpéntica boda (a la que Friday acudió vestido con un traje de terciopelo marrón, una camisa con estampado de tigre y botas de piel de serpiente) el novio invitó a dos centenares de familiares y amigos de Acton, que se dedicaron a emborracharse, tomar drogas, pelearse entre ellos y robar los regalos de boda. Tampoco este matrimonio duró demasiado, lo suficiente para traer al mundo a la segunda hija de Friday, Arabella.
La temporada siguiente no fue tan brillante como la anterior. Los excesos de todo tipo empezaban a pasarle factura a Robin, su estado físico se había resentido y, aunque seguía dejando detalles de talento, había bajado su rendimiento. En el club sabían que sus problemas con las drogas se habían agravado, así que decidieron venderlo, pese a ser el mejor jugador del equipo y el ídolo indiscutible de los aficionados. Se habló de que se interesaban por él equipos de primera división como el Queens Park Rangers o el West Ham, pero finalmente quien lo fichó fue el Cardiff City, que entonces estaba en segunda y pagó por él 28000 libras en diciembre de 1976.

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