Verba volant, scripta manent

domingo, 3 de diciembre de 2017

La desaparición de Everett Ruess

Everett Ruess (1914-1934?)

Nacido en Oakland (California) el 28 de marzo de 1914, Everett Ruess mostró un precoz interés por el arte. Desde muy pequeño comenzó a tallar madera, modelar arcilla y a dibujar. También comenzó a escribir; escribía ensayos y poesías, y a los 12 años comenzó a redactar un diario literario con el que continuaría toda su vida y en el que plasmaba sus ideas, trabajos y, más tarde, sus viajes.

Everett era hijo de Christopher Ruess, un ministro de la Iglesia Unitaria cuya labor hizo que la familia (él, su esposa Stella, y sus hijos Waldo y Everett) se mudara varias veces, recorriendo buena parte del país. Durante esas mudanzas, Everett nunca dejó de escribir, llegando a ganar algún premio literario con sus poesías. Y conforme crecía, empezó a sentir un deseo cada vez mayor de abandonar la civilización y adentrarse en regiones salvajes y deshabitadas, perdiéndose en la calma de la naturaleza para dejar atrás el barullo de las ciudades. Las amplias regiones desérticas y rocosas del suroeste de los Estados Unidos ejercían una especial fascinación sobre él. Y así, en el verano de 1930, contando solo 16 años, emprendió el primero de sus viajes.

Durante los siguientes cuatro años, Everett Ruess realizó varios viajes, en burro o a caballo, a través de los estados de Utah, Nuevo México, Arizona y Colorado, cruzando desiertos y montañas. Recorrió Sierra Nevada y la Meseta de Colorado, exploró los Parques Naturales de Sequoia y Yosemite, y visitó la cuenca del río Colorado y sus afluentes. Durante esos viajes trabajó en distintos oficios para mantenerse; fue peón y cowboy, montó caballos salvajes, marcó terneros, y también recurrió a vender sus dibujos. En su diario fue recogiendo sus experiencias y sensaciones a lo largo de sus viajes, en los que también se despertó en él un gran interés hacia las tribus de nativos americanos que habitaban aquellas regiones, llegando a aprender el idioma navajo y a participar en ceremonias religiosas de los indios Hopi.


En 1934, antes del que sería su último viaje, Ruess había estado trabajando con arqueólogos de la Universidad de California en un yacimiento navajo cercano a la localidad de Kayenta (Arizona). Luego, volvió a internarse en territorio salvaje, cruzando en esta ocasión el desierto de Utah acompañado únicamente por un par de asnos. Tras varios meses vagabundeando por el desierto, el 20 de noviembre de 1934 Ruess llegó a Escalante, un enclave fundado décadas atrás por colonos mormones, y que en aquel entonces era un villorrio desolado y empobrecido por años de malas cosechas y por el crack de 1929. Ruess aprovechó para enviar algunas cartas a sus familiares. En la misiva que envió a su hermano Waldo decía: "En cuanto a cuando volveré a la civilización, no será pronto... Prefiero la silla de montar al tranvía y el cielo salpicado de estrellas al tejado, el sendero oscuro y difícil que conduce a lo desconocido a cualquier carretera asfaltada, la profunda paz de la espesura al descontento creado en las ciudades".

Al día siguiente, 21 de noviembre, Ruess se cruzó a cierta distancia del pueblo con un par de pastores de ovejas. Fueron los últimos que lo vieron con vida. Después de eso, nada se volvió a saber de él. Cuando se alertó de su desaparición (porque las cartas que le enviaba su familia regresaron sin ser recogidas) y comenzó su búsqueda, lo único que se halló fue a sus burros en un tosco corral construido en el Davis Gulch, un cañón del río Escalante (afluente del Colorado), donde se creyó que había acampado. Nada más. Ni el menor indicio de qué le había sucedido. Hubo distintas teorías para explicar su desaparición: que se había despeñado por un precipicio, que se había ahogado en una riada, o incluso que, llevado por su rechazo a la civilización, había renunciado completamente a regresar a ella y vivía oculto entre los indios. Pero ninguna de ellas tenía pruebas que la sustentaran.

Decid que me morí de hambre; que estaba perdido y cansado;
Que fui quemado y cegado por el sol del desierto;
Con los pies doloridos, sediento, enfermo con enfermedades extrañas;
Solitario, mojado y frío ... ¡pero que seguí mi sueño!
"Canción de la espesura" (Everett Ruess)

Everett Ruess no era una persona demasiado célebre en el momento de su desaparición. No había llegado a publicar nada mientras estaba con vida. En 1940 una pequeña editorial californiana publicó On Desert Trails, una selección de sus ensayos, diarios, cartas y poemas, ilustrada con dibujos y grabados del propio Ruess. Otra recopilación similar fue editada en 1983 con el título de Everett Ruess: Vagabond for beauty. Su figura fue revisitada y alcanzó nuevas cotas de popularidad cuando en 1996 se publicó Into the Wild, el libro que el periodista Jon Krakauer publicó sobre Christopher McCandless, en el que se le mencionaba como una de las "almas gemelas" de McCandless.

Y en 2009, un carpintero de origen navajo llamado Denny Bellson se puso en contacto con el FBI con una curiosa historia sobre su abuelo, un indio navajo llamado Aneth Nez, que le había contado su hermana mayor no hacía mucho. Según le había confesado el anciano a su nieta años atrás, en un momento no determinado de la década de 1930, cuando apenas tenía 20 años, había sido testigo de cómo tres indios de la tribu ute habían asesinado a un joven blanco para robarle sus pertenencias y los dos burros que llevaba. Aneth, temeroso de los ute, no había intervenido ni había denunciado el caso a las autoridades, y se había limitado a enterrar el cuerpo del joven cerca de donde había sido asesinado, una región del Comb Ridge (una formación rocosa que recorre el sureste de utah y el noroeste de Arizona) distante unas 60 millas del Davis Gulch. Bellson, fascinado por la historia, había acudido al lugar donde su abuelo decía haber enterrado al joven, y había hallado una tumba con restos humanos. Una búsqueda por internet sobre desaparecidos en la zona en la década de 1930 le había llevado a descubrir a Everett Ruess, y Bellson tenía la corazonada de que se trataba de él.


Bellson se puso en contacto también con David Roberts, un montañero y escritor que había escrito sobre Ruess en el National Geographic. Roberts se implicó desde el primer momento en la investigación, apoyando la hipótesis de Bellson. La principal discrepancia era que Aneth Nez había dicho que los ute se habían llevado los animales del joven, mientras que supuestamente los burros de Ruess habían sido hallados en Davis Gulch. Pero Roberts creía que era posible que los animales encontrados no fuesen los de Everett Ruess, lo cual explicaría por qué nunca se habían hallado indicios suyos en el cañón; porque en realidad Ruess nunca había estado acampado allí. Los primeros exámenes forenses parecieron confirmar que se trataba de Ruess; un primer análisis de ADN, comparando el de los restos con el de Waldo Ruess, fallecido el año anterior, pareció confirmarlo. Pero cuando los sobrinos de Everett Ruess ya habían reclamado los restos, un nuevo análisis de ADN, llevado a cabo en el Instituto Patológico del ejército norteamericano, descartó por completo que se tratase de él (el positivo en la primera comparación se atribuyó a un error de software en el laboratorio). La conclusión final es que lo más probable era que el desconocido de la tumba fuese un joven nativo americano.

El misterio sobre el verdadero destino de Everett Ruess continua hoy en día. Roberts (que publicó en 2011 un libro sobre la búsqueda del joven artista titulado Finding Everett Ruess) sigue defendiendo la veracidad de la historia de Aneth Nez. Según él, el anciano navajo no ganaba nada inventándose esa historia. La teoría de Roberts es que Bellson había, simplemente, hallado una tumba equivocada; y que el cuerpo de Everett Ruess sigue enterrado en algún paraje del Comb Ridge, esperando a ser descubierto y poder así cerrar el caso de su misteriosa desaparición.

2 comentarios:

  1. Alguien admirable. Naturalista, escritor y dibujante.

    Su espíritu seguirá recorriendo desiertos de leyenda.

    Un abrazo.

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    1. Un personaje fascinante, uno de esos "outsiders" que se salen del camino trillado para seguir el suyo propio.

      Un abrazo, Rodericus.

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