Verba volant, scripta manent

viernes, 15 de febrero de 2013

La heroica carga del Regimiento del Rey





Hoy en día se considera la carga del Regimiento de Línea del Rey la carga de caballería más brillante de la historia militar española. Tuvo lugar durante la batalla de Talavera, que enfrentó a las tropas inglesas y españolas, bajo el mando de los generales Wellesley (futuro duque de Wellington) y Cuesta, contra las francesas del mariscal Victor, el general Sebastiani y el rey José I, el 28 de julio de 1809.
El Regimiento del Rey se formó en 1661 en Milán, fruto de la unión de varias compañías de caballería no adscritas, aunque posteriormente cambió su nombre por el de Regimiento de Línea del Rey. A lo largo de su historia, participó en diversos conflictos en Francia, Italia o el Norte de África, así como en la guerra de Sucesión española y las guerras de coalición contra Francia tras la ejecución de Luís XVI.
A raiz de la alianza entre Napoleón y Manuel Godoy, primer ministro del rey Carlos IV, España ofreció al francés la llamada División del Norte: 14000 hombres, de diversos regimientos, para apoyar a Francia en sus numerosos conflictos armados con casi toda Europa. Y el Regimiento del Rey formaba parte de la División que, bajo el mando del Marqués de La Romana, fué destinada en 1807 a Dinamarca (país aliado de Napoleón), con el doble fin de proteger el país y preparar la invasión de Suecia. Allí les sorprendió el levantamiento de mayo de 1808 acantonados en Aarhus. Pese a que a partir de ese momento aquellas tropas pasaron a ser vigiladas de cerca por los franceses, el 9 de agosto dos tercios de la División logran evadirse de sus puestos en una brillante y arriesgada acción (con la ayuda de barcos ingleses), incluídos cinco escuadrones del Regimiento del rey (unos 650 soldados y 38 oficiales, aunque sin sus monturas).
Ya de vuelta en la Península, el regimiento se incorpora a las fuerzas que combaten a los ejércitos napoleónicos. Participa en encuentros menores con los franceses en Trujillo, Miajadas y Aljucén, y en la desafortunada batalla de Medellín (28 de marzo de 1809).
Tras la rotunda victoria de Medellín, el mariscal Victor se acantonó con su ejército en Mérida y sus proximidades, esperando la ocasión de acudir en ayuda del general Soult, que combatía en Portugal, en lugar de avanzar sobre Andalucía. Sin embargo, Soult había sido vencido por las tropas británicas de Wellesley, quien a continuación penetró en territorio español a petición de la Junta de Defensa, estableciendo su campamento en Plasencia (8 de julio). Por el bando español, el general Cuesta (derrotado en Medellín) había recompuesto su ejército y se había instalado en el municipio cacereño de Casas del Miravete. Ambos generales se entrevistaron para trazar un plan de acción conjunto y aunque diferían en cuanto al plan de batalla, llegaron a un acuerdo para avanzar contra los franceses. Estos, por su parte, se habían movido hasta las proximidades de Talavera, habiendo recibido refuerzos: tropas enviadas desde Madrid bajo el mando del mismísimo José Bonaparte y el IV ejército a las órdenes del general Sebastiani, hasta entonces establecido en Daimiel. En total, unos 47000 soldados, frente a 35000 españoles y 20000 ingleses. Aunque  los franceses esperaban la llegada de Soult con más tropas, su impaciencia pudo más y comenzaron las escaramuzas. Tras un primer encuentro, en el que Cuesta obligó a Victor a retirarse, los españoles persiguieron a los franceses; pero, al encontrarse de frente en Torrijos con las tropas de José Bonaparte, se vieron obligados a retroceder, apoyados por la 3º División inglesa al mando del general Mackenzie, que perdió a 400 hombres cubriendo la retirada española. El 27 de julio, las tropas hispanobritánicas se apostaban entre el Tajo y el Cerro de Medellín: los españoles a la derecha en tres filas, los ingleses en el centro y el flanco izquierdo. Ese mismo día, al anochecer, la división Ruffin ataca el Cerro, siendo rechazados por los británicos. Un ataque combinado de la caballería de Latour-Maubourg y la división de infantería alemana de Leval provoca el caos en las filas españolas, pero es finalmente rechazada con la ayuda de la artillería, el fuego de otras unidades y la acción del Regimiento de Caballería de Alburquerque. Irritado, Cuesta hace fusilar a 50 soldados de los cuerpos que han huído del combate, como escarmiento.
El ataque se reanuda al amanecer del 28. Los franceses vuelven a lanzar a la Ruffin contra el Cerro, pero los británicos han reforzado sus posiciones y los franceses se retiran tras perder a 1500 hombres en el ataque. José Bonaparte, su jefe de Estado Mayor, el general Jourdan, Victor y Sebastiani debaten si retirarse o continuar el enfrentamiento. Tras saber que Soult tardaría aún al menos una semana en llegar y que tropas españolas se aproximan, deciden continuar el combate.
Al mediodía los franceses vuelven a la carga. Primero, con artillería, y más tarde, con un ataque de la infantería a lo largo de toda la línea de batalla. En el ala izquierda del ataque francés la división Leval ataca a las fuerzas hispanobritánicas apostadas en el Pajar de Vergara. La división Leval formaba parte del IV ejército francés y estaba formada por tropas alemanas y holandesas: los regimientos alemanes de Frankfurt, Hesse-Darmstadt, el 4º de Baden y los holandeses del 2º de Nassau. Su avance resultó extrañamente desordenado y poco efectivo, y finalmente los defensores lograron rechazar su ataque merced al fuego graneado de fusilería y artillería. El general británico Campbell, envalentonado, envió a sus soldados en su persecución; pero los alemanes, vueltos a sus posiciones iniciales, lograron frenar el ataque inglés, poniéndolos en un serio aprieto. Ante las dificultades de los ingleses, el general Eguía ordena una carga de caballería sobre los franceses para aliviar su situación; carga que lleva a cabo el Regimiento del Rey.
La carga del regimiento fué asombrosa y brillante. Cayendo de improviso sobre la división Leval, sin que nadie pueda detenerlos, arrasando a los soldados enemigos y haciéndoles huir. De los 4267 soldados de la Leval, 1007 quedaron sobre el campo de batalla. El Regimiento del Rey perdió 74 soldados y 6 oficiales; su propio coronel, José María de Lastres, resultó herido durante la carga. Se capturaron diez cañones franceses y numerosas banderas.
La batalla terminó poco después. Tras un durísimo combate en el centro de las posiciones hispanobritánicas (sostenido principalmente por el 45º Regimiento de Infantería británico, bajo el mando del coronel Guard), al caer la tarde los atacantes se vieron obligados a replegarse. Al día siguiente, las tropas hispanobritánicas descubrieron asombradas que los franceses se habían retirado. Aunque Victor era partidario de continuar el combate, Jourdan y Bonaparte temían que la llegada de tropas enemigas (el ejército de la Mancha, bajo las órdenes del general Venegas; y la Legión Lusitana, soldados portugueses bajo el mando del general inglés Wilson) les cortara la retirada y llevara incluso a perder Toledo (lo que dejaría a los aliados el camino libre hacia Madrid). Así que, mientras Victor se retiraba a cierta distancia (ocuparía de nuevo Talavera unos días más tarde), José Bonaparte y Jourdan volvían a Madrid y Sebastiani aseguraba Toledo. A su vez, Wellesley quiso enfrentarse a Soult; pero, tras saber que éste contaba con 30000 hombres y no con 15000, como creía, desistió de presentar batalla y retrocedió hacia la frontera atravesando Extremadura, mientras los españoles cubrían su retirada (finalmente se enfrentarían al ejército de Soult el 8 de agosto en la batalla de Puente del Arzobispo). Las bajas de la batalla de Talavera quedaron bastante equilibradas: 7400 franceses, 5000 británicos y unos 1200 españoles.Aunque no había sido un éxito rotundo, Wellesley recibió el título de  Vizconde Wellington de Talavera.

                             Disposición de tropas durante la batalla de Talavera

No hay comentarios:

Publicar un comentario