Verba volant, scripta manent

viernes, 14 de noviembre de 2014

El moa



Las dos especies de los llamados moas gigantes ostentan el récord de ser las aves de mayor tamaño que hayan existido sobre la faz de la tierra. Estos asombrosos animales superaban los tres metros y medio de altura y los 250 kilogramos de peso. No fueron las más pesadas, eso si; tal honor les cupo a las aves elefante (familia Aepyornithidae) de Madagascar, que llegaban a alcanzar la media tonelada, aunque "sólo" medían tres metros de altura. Fueron el fruto de millones de años de evolución... que se fueron al traste cuando en su camino se cruzó ese insaciable depredador llamado hombre.
La familia Dinornithidae estaba compuesta por seis géneros (Megalapteryx, Anomalopteryx, Euryapteryx, Emeus, Pachyornis y Dinornis), de los que se conocen un total de once especies, todas ellas endémicas de Nueva Zelanda y, lamentablemente, extintas ya. Algunas eran del tamaño de gallinas y otras superaban el metro y medio de altura. pero entre todas destacaba el género Dinornis, cuyas dos especies eran llamadas con toda propiedad moas gigantes. Cada una de estas dos especies se encontraba exclusivamente en una de las islas principales del archipiélago de Nueva Zelanda: la Dinornis novaezealandiae o moa gigante de la isla Norte y la Dinornis robustus o moa gigante de la isla Sur. El moa de la isla Norte era algo menor que el de la isla Sur, ya que alcanzaba alrededor de los tres metros de altura, frente a los más de 3'5 que alcanzaba su pariente sureño. Por lo demás, sus características eran muy parecidas; se trataba de aves que habitaban en zonas de bosque o matorral, vegetarianas (se alimentaban de frutas y semillas, principalmente) y que presentaban un notable dimorfismo sexual: las hembras eran bastante mayores que los machos, hasta el punto de que se creyó que eran especies diferentes hasta hace relativamente poco tiempo, cuando se pudieron hacer estudios genéticos de los restos que se conservan.

Tamaño comparado de un ser humano con respecto a 1) Dinornis novaezealandiae 2) Emeus crassus [moa oriental] 3) Anomalopteryx didiformis [moa de los arbustos] 4) Dinornis robustus
Los moas descendían de aves voladoras de tamaño medio o pequeño que llegaron a Nueva Zelanda y se adaptaron a la vida terrestre, perdiendo completamente tanto las alas (algo insólito, ya que incluso aves no voladoras como los avestruces o los emús conservan alas vestigiales) como la quilla (esa prolongación ósea del esternón que sirve de anclaje a los músculos del vuelo). Además, como les pasa a otras especies en situación de aislamiento, sufrieron el llamado gigantismo insular, un proceso de adaptación que les llevó a aumentar de tamaño de manera espectacular hasta alcanzar las enormes proporciones que las caracterizaban. En las islas, además, no había mamíferos, ni otros predadores que pusieran en peligro sus puestas, con lo que construían sus nidos sin apenas protección entre la maleza que habitaban. Sus principales depredadores eran las grandes aves rapaces, entre ellas el águila de Haast (Harpagornis moorei), la mayor ave rapaz de que se tiene noticia, que llegaba a superar los tres metros de envergadura.

Águila de Haast
Esta perfecta adaptación al medio, que les había permitido mantener una población estable durante miles de años, se vino abajo cuando a partir del siglo XIII empezaron a llegar los primeros colonizadores polinesios a las islas. Estos pronto empezaron a cazar a los moas como alimento y a comerse sus enormes huevos. Desgraciadamente, como muchas otras especies de gran tamaño, su tasa reproductiva era muy baja; ponían pocos huevos a lo largo de su vida y alcanzaban su madurez sexual a una edad avanzada, en torno a los diez años. La caza intensiva y la destrucción de sus hábitats naturales para aprovecharlos como tierra de cultivo redujeron sus poblaciones hasta provocar su extinción en torno al año 1400. Privada de sus principales presas, el águila de Haast desapareció mas o menos por la misma época. No obstante, se especula con que pudieron quedar poblaciones aisladas que sobrevivieron durante varios siglos más. El excelente estado de conservación de algunos restos encontrados y los testimonios de algunos de los marineros de la tripulación del capitán inglés James Cook (que exploró Australia, Nueva Zelanda y las islas del Pacífico Sur en varios viajes en la segunda mitad del siglo XVIII), que mencionan el avistamiento de aves de gran tamaño que muy bien pudieron ser moas, parecen respaldar dicha hipótesis. El mismo destino corrieron las aves elefante: la caza intensiva y la deforestación de sus hábitats provocaron su extinción en torno al siglo XVIII.

Ave elefante (Aepyornis maximus)
Hoy en día, los parientes vivos más cercanos de los moas son los tinamúes (familia Tinamidae) que viven en América, si bien se trata de aves corredoras de pequeño tamaño.

Tinamú cejudo (Crypturellus transfasciatus)

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