Verba volant, scripta manent

martes, 25 de noviembre de 2014

Principio y fin de la Primeira República Portuguesa


El final del siglo XIX y el principio del XX son tiempos de gran inestabilidad política y social en Portugal. La crisis económica, la gran influencia de la iglesia católica, la subordinación de la política portuguesa a los intereses de sus aliados británicos y la alternancia en el poder de los partidos Progressista y Regenerador (de la misma manera que en España pasaba con conservadores y liberales) provocaban un profundo descontento entre el pueblo portugués. El prestigio de la monarquía se va desgastando día tras día y sus súbditos la consideran cada vez más una institución anacrónica y anquilosada, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, mientras sus miembros despilfarran el dinero con su fastuoso estilo de vida.
Toda esta inquietud, atizada por los activos grupos antimonárquicos, estalla el 1 de febrero de 1908, cuando el rey Carlos I y su hijo y heredero, el príncipe Luis Felipe, son asesinados a tiros por un comando carbonario en la lisboeta Praça do Comercio. El hijo menor del rey, el infante Manuel, que ha resultado herido, sube al trono como Manuel II.

El regicidio de Carlos I y el príncipe Luis Felipe
Pero la situación está lejos de mejorar. Manuel, que tiene sólo 18 años, es un joven inexperto y dubitativo, que jamás ha tenido responsabilidades políticas y ha estado enfrascado desde muy joven en sus estudios de literatura. Pese a que es de lejos el miembro de la familia real que mejor imagen tiene entre el pueblo y que toma decisiones necesarias, como forzar la dimisión del autoritario e impopular primer ministro, João Franco, y convocar elecciones, el curso de los acontecimientos hacía tiempo que había pasado el punto de no retorno. En dos años se suceden hasta siete gobiernos, salpicados por huelgas y protestas, hasta que finalmente el 3 de octubre de 1910 se produce un levantamiento republicano en Lisboa. Un levantamiento modesto, de unas pocas unidades del ejército y la armada, pero que finalmente triunfa gracias a los escasos defensores que encuentra la monarquía. Manuel II, refugiado en Mafra, marcha al exilio con el resto de su familia, primero a Gibraltar y luego a Londres, donde sería recibido por su pariente Jorge V, y donde pasaría el resto de su vida, hasta su temprana muerte en 1932, dedicado a sus estudios (publicó una guía, unánimemente elogiada, sobre la literatura medieval portuguesa). El 5 de octubre de 1910 se proclama oficialmente la República de Portugal.
El gobierno provisional de la República, presidido por Teófilo Braga, empieza a tomar medidas modernizadoras intentando sacar al país del atolladero en el que se encuentra. Muchas de ellas están encaminadas a reducir la influencia de la iglesia católica, que se resiste con uñas y dientes a aceptar la separación de iglesia y estado. También se instaura el matrimonio civil y el divorcio, se reconoce la igualdad de derechos matrimoniales de hombres y mujeres, se declara la libertad de prensa y el derecho a la huelga, se eliminan los títulos nobiliarios y se concede mayor autonomía a las colonias. Además, se toman algunas medidas "cosméticas" de esas que tanto gustan a los regímenes de nuevo cuño: nueva bandera, nuevo himno nacional, nueva moneda...
A pesar de todo, la inestabilidad persiste, llevada si cabe a un nuevo nivel. A las disensiones entre monárquicos y republicanos se suman las diferencias entre los distintos grupos que conforman el movimiento republicano (republicanos, conservadores, masones, carbonarios, socialistas...). El gobierno provisional presenta su dimisión el 3 de septiembre de 1911, tras la celebración de elecciones el 28 de mayo y la aprobación de la Constitución de 1911. A partir de ahí, hay un carrusel de cambios de gobierno, marcados por las convulsiones sociales, las protestas y también, demasiado a menudo, los crímenes, levantamientos y actos violentos de carácter político. Las transiciones fueron a veces pacíficas y otras violentas, como en el caso del comandante Sidónio Pais, que llega al poder tras una sublevación militar en diciembre de 1917 (aunque luego su mandato sería refrendado en las urnas). Hombre severo y tajante, suspendió algunos de los artículos de la Constitución y gobernó con tal autoritarismo que se ganó el apodo de Presidente-Rey. Para hacerse una idea de los vaivenes de la República, basta con repasar los números de sus gobiernos: en los 16 años que estuvo vigente, hubo siete parlamentos, ocho presidentes, 39 gobiernos y 40 primeros ministros (con mandatos que van de uno, dos o cinco días, hasta los casi dos años que estuvo António Maria da Silva entre 1922 y 1923).
Nos situamos ahora en el año 1926. El presidente de la república es Bernardino Machado y el primer ministro (de nuevo) António da Silva. La agitación alcanza límites insospechados. En abril de 1925 se ha producido un levantamiento nacionalista (claramente inspirado por el dirigido en España por Primo de Rivera) que es sofocado, pero no ha hecho sino incendiar más todavía (si eso era posible) la situación. Las intrigas se suceden y los enemigos de la República aumentan y se asocian: conservadores, monárquicos, movimientos católicos, militares desafectos... Muchos de ellos suspiran por un "gobierno fuerte" e incluso flirtean con el fascismo. Incluso muchos republicanos fervientes admiten el fracaso de la República, ineficaz e inestable, y anhelan un gobierno firme que restaure la calma en Portugal; de nuevo se observa el ejemplo español, donde Primo de Rivera parece haber dado mayor estabilidad al país.

            
António Óscar de Fragoso Carmona (1869-1951)


Manuel de Oliveira Gomes da Costa (1863-1929)
A finales de mayo de 1926, un grupo de destacados dirigentes conservadores. civiles y militares, se reúne en Braga, tradicional feudo derechista y monárquico, con la excusa de la asistencia a un congreso mariano. Se ultiman los preparativos y se elige como cabecilla de la sublevación al general Manuel Gomes da Costa, aunque son otros los que de verdad mueven los hilos de la asonada; principalmente, destaca la figura del general Óscar de Fragoso Carmona, antiguo ministro de Guerra. Con la adhesión de las tropas de Braga y el norte del país prácticamente asegurada, esperan extenderse a continuación al resto del país. Lo cierto es que todo iba a ir mejor incluso de lo que habían planeado.
La mañana del 28 de mayo de 1926 se hace oficial el levantamiento de Braga. En pocas horas, las guarniciones de Oporto (un feudo tradicionalmente republicano), Coímbra y Évora se les han unido. En Lisboa, el almirante José Mendes Cabeçadas, republicano desencantado, forma una Junta de Salvación Pública y exige la dimisión del gobierno. Dimisión que se produce al día siguiente, cuando la guarnición lisboeta y la policía de la capital se unen al golpe. El día 30 también dimite el presidente Machado. Si la llegada de la República se había visto facilitada por la inacción de los monárquicos, ahora son los republicanos los que renuncian a prolongar la agonía de un gobierno al que todos ven como un fracaso. Ningún partido está dispuesto a defender la República, ni siquiera los socialistas y los comunistas. Todos parecen dispuestos a aceptar un gobierno militar si con ello se logra estabilidad. Varios de los más destacados líderes republicanos marchan al exilio. No hay apenas lucha. Por fin Portugal tiene la paz por la que suspiraba. Una paz sombría, fruto más del agotamiento que de la ilusión, una paz impuesta, una paz autoritaria y vigilante, pero paz al fin y al cabo.

 
José Mendes Cabeçadas Júnior (1883-1965)
Mendes Cabeçadas es nombrado presidente y primer ministro. Sus primeras medidas son disolver el parlamento, prohibir los partidos políticos y censurar la prensa. Pero su gobierno es fugaz; los demás conspiradores no confían en él por su pasado republicano y por su carácter, que juzgan demasiado débil. Un nuevo levantamiento (un golpe de estado dentro de un golpe de estado) el 17 de junio desaloja a Mendes del poder (se convertiría, hasta el final de sus días, en un notorio detractor del régimen militar), siendo sustituido por el general Gomes da Costa... quien igualmente será un gobernante visto y no visto: el 9 de julio, como si de una matrioska rusa se tratase, se produce una nueva asonada dentro del nuevo régimen que depone a Gomes da Costa y coloca como cabeza visible del nuevo gobierno a Carmona, el cual envía a Costa al destierro en las Azores (eso si, tras nombrarlo mariscal; una pequeña compensación para el ego de Gomes da Costa). Carmona asumiría el cargo de presidente del Gobierno, que no dejaría hasta su muerte, en 1951. Los militares portugueses, poco dados a los eufemismos, denominarían a su nuevo régimen Ditadura Militar, primero, y Ditadura Nacional, a partir de 1928.

António de Oliveira Salazar (1889-1970)
En el primer gobierno de Carmona fue nombrado Ministro de Finanzas António de Oliveira Salazar, catedrático de Economía en la Universidad de Coímbra. Salazar consiguió poner orden en las caóticas finanzas del estado, corrigiendo el desequilibrio económico, lo que le valió ganar un enorme prestigio e influencia, que le sirvieron para auparse al cargo de primer ministro en 1932. Desde esa posición promulgaría en 1933 una nueva Constitución, de talante autoritario y que concentraba buena parte del poder gubernamental en la figura del primer ministro, en detrimento del presidente. Terminaba así, después de siete años, la Ditadura, y empezaba su andadura el Estado Novo, que, regido por la mano de hierro de Oliveira Salazar y su sucesor, Marcelo Caetano, perviviría hasta que en abril de 1974 la Revolución de los Claveles acabó con él, dando paso a la Terceira República.

2 comentarios:

  1. Fueron aquellas primeras décadas del siglo XX de continua inestabilidad y con regímenes de factura fascista en un caso o comunista en otros, en toda Europa. Sólo hacía falta inestabilidad y caos económico para que estas tendencias se hicieran fuertes cuando los demócratas eran incapaces de gobernar los paises. Luego el devenir sería distinto en cada país, como bien sabemos.
    Saludos

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    1. Crisis económica, inestabilidad política, populismos, crecimiento de grupos radicales... Cómo cambian los tiempos, ¿verdad?. Saludos

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