Verba volant, scripta manent

sábado, 29 de noviembre de 2014

La batalla de Little Big Horn

"Call of the Bugle" (James Kenneth Ralston)

Durante el siglo XIX, la continua expansión territorial hacia el oeste de los Estados Unidos acabó por arrinconar a los nativos americanos, que vieron cómo las tierras en las que habían vivido desde hacía siglos iban siendo ocupadas por los blancos, siendo obligados a renunciar a su estilo de vida y quedando recluidos en las reservas, a menudo territorios áridos y estériles que nadie más quería. Pero los indios no aceptaban esta situación y se defendieron, generando una serie de conflictos que se denominan, de manera genérica, las Guerras Indias.
En 1868 se firmó en Fort Laramie (Wyoming) el llamado Tratado de Fort Laramie o Tratado Sioux de 1868, que ponía final a uno de aquellos episodios bélicos, la llamada Guerra de Nube Roja (así llamada por el jefe sioux que la desencadenó). En él, el gobierno garantizaba a las tribus sublevadas (lakota y arapahoe) la posesión de las Black Hills (considerado por los indios un lugar sagrado) y la cuenca del río Powder (que había sido el desencadenante original del conflicto), así como el derecho a cazar en territorios de Dakota, Montana y Wyoming. Un tratado cuya vigencia no iba a durar mucho.
Poco después de la firma del tratado, se corrió el rumor de que se había hallado oro en las Black Hills, rumor que se confirmaría en 1874. El anuncio despertó la codicia de centenares de buscadores de oro que se dirigieron a territorio indio sin hacer caso del tratado. Los indios respondieron atacando a los intrusos y el gobierno les ordenó cesar los ataques y reunirse ante las Agencias de Asuntos Indígenas, a lo que los indios se negaron esgrimiendo el tratado de 1868. El gobierno entonces ordenó al ejército someterlos por la fuerza y los indios respondieron declarándoles la guerra.
En mayo de 1876, el teniente general Sheridan envió un ejército a la zona bajo el mando del general George Crook para someter a los levantiscos y obligar a volver a la reserva a los que habían huido de ella. El ejército, compuesto de unos 3000 hombres, estaba dividido en tres columnas. De la tercera columna, que partió del Fuerte Lincoln en Dakota mandada por el general Terry, formaba parte el regimiento del 7º de Caballería, a las órdenes del teniente coronel George Armstrong Custer.

George Armstrong Custer (1839-1876)
Pocos personajes habrá en la historia norteamericana que despierten tanta controversia como Custer. Nacido en una familia humilde, fue un estudiante mediocre (fue el último de su promoción en la academia militar de West Point) pero ascendió rápidamente gracias a su participación en la Guerra de Secesión. Heroico para unos, temerario y sanguinario para otros, acabó el conflicto como general de brigada, pero fue un ascenso temporal; tras la guerra, recuperó su rango oficial de capitán. Tenía gran ascendiente sobre sus tropas, aunque sus críticos le achacaban buscar sólo su propia gloria. Intrépido, valeroso, a veces algo indisciplinado (fue sometido a consejo de guerra y expulsado del ejército durante un año por abandonar su puesto para ir a ver a su esposa) y bastante excéntrico (era muy maniático con lo referente a su aspecto y lucía un llamativo atuendo, que él mismo había diseñado, con botas altas, chaqueta con flecos y bordados y pañuelo rojo al cuello), no fue sin embargo el asesino despiadado de indios que algunos le achacaron ser. Más de una vez levantó su voz criticando la reclusión de las tribus en las reservas, protestó por el nulo interés del ejército en impedir la entrada de aventureros en territorio nativo e incluso se dice que se casó con una joven india llamada Mo-nah-se-tah (a pesar de que ya estaba casado con Elizabeth Clift Bacon), con la que incluso habría tenido un hijo.










                                    La enseña estándar de los regimientos de caballería de finales 
                      del siglo XIX (izquierda) y la personal de Custer (derecha)

El 7º de Caballería partió en busca de partidas de indios renegados. Lo formaban 566 soldados y 31 oficiales, además de un grupo de exploradores indios y varios civiles. Custer tenía prisa por entrar en combate y había decidido viajar lo más ligero posible; por eso, había decidido no esperar por el resto de la columna de Terry (en torno a 700 hombres), ni aceptar los refuerzos que el general le ofrecía, ni cargar con las pesadas ametralladoras Gatling, que a la postre podrían haber resultado vitales para el regimiento. El 25 de junio, sus exploradores le informaron de la presencia de un gran campamento indio en las proximidades del río Little Big Horn. A pesar de que los indios hablaban de miles de hombres, Custer no les creyó; los informes de los agentes indios hablaban de unos 800 a 1000 indios escapados de la reserva, de los cuales apenas un tercio serían guerreros. No sabía que varios miles de indios más habían dejado inadvertidamente la reserva para unirse a una gran coalición forjada por dos de los grandes jefes indios de todos los tiempos: el lakota Tatanka Iyotanka (Toro Sentado) y el sioux oglala Tasunka Witko (Caballo Loco).

Tatanka Iyotanka (1831-1890)
Tasunka Witko (1840-1877)





















Ante las amenazas del gobierno norteamericano, algunos jefes indios como Nube Roja o Cola Manchada habían decidido acceder a las peticiones de los blancos y recluirse en las reservas, pero Toro Sentado había decidido defender sus derechos, y convocó una gran alianza de tribus, de los lakota sioux (oglala, sans arc, brule, hunkpapa), los dakota sioux, los cheyennes del norte y los arapahoes. Toro Sentado era el líder espiritual de la confederación, mientras que Caballo Loco, cuyo valor y su habilidad eran conocidos, era el líder militar.
Aquella gran coalición era la que había encontrado Custer en su camino. En aquel momento, había en el campamento ocho o nueve mil personas, de las que al menos tres mil eran guerreros. Pero Custer no sólo subestimó su número; también su capacidad. Creía que los indios no se arriesgarían a un combate abierto y huirían después de su acometida, como habían hecho en otras ocasiones. Sin embargo, lo que no sabía es que una semana antes un grupo de aquellos indios había derrotado a las tropas de Crook en Rosebud Creek, obligándolas a retirarse. Los indios no sólo eran más numerosos, estaban decididos a defender sus tierras y además tenían muy alta la moral.
Custer decidió atacar dividiendo a sus hombres en tres grupos. Uno, bajo el mando del mayor Marcus Reno, con 142 soldados, rodearía el campamento indio y atacaría desde el sur. El segundo, con 208 hombres bajo el mando del propio Custer, atacaría desde el norte, para atrapar a los indios entre dos fuegos. El tercero, de algo más de un centenar de hombres, guiado por el capitán Frederick Benteen, iría hacia el suroeste para cortarle la retirada a los indios que tratasen de huir en esa dirección. El capitán Thomas McDougall quedaba en retaguardia con medio centenar de jinetes, y la Compañía B (84 soldados) guardando los pertrechos a las órdenes del teniente Edward Mathey.
Como estaba previsto, Reno lanzó el primer ataque sobre las tres de la tarde. Sin embargo, al darse cuenta de la verdadera magnitud del campamento, se detuvo antes de llegar, hizo desmontar a sus hombres y formar una línea de fuego; una estrategia equivocada, ya que pronto la caballería india cayó sobre ellos obligándolos a huir con elevadas pérdidas. Custer atacó entonces desde el norte, pero sus tropas fueron rechazadas cuando trataban de vadear el río y el propio Custer resultó herido. Al parecer, al verse sin su líder sus soldados se desorganizaron y emprendieron una retirada apresurada hacia el norte, perseguidos por cientos de indios.
Los restos del grupo de Reno se reunieron con Benteen. Mientras discutían qué hacer, les llegó un mensajero con una nota urgente de Custer que pedía refuerzos. No obstante, Benteen decidió retroceder, reunir sus tropas y los supervivientes de las de Reno con las de McDougall y Mathey y formar un perímetro defensivo. Una decisión que más tarde llevaría a algunos a acusarle de haber desobedecido las órdenes de Custer y haberle abandonado a su suerte.
Durante algún tiempo, los soldados continuaron escuchando disparos al norte. A eso de las cinco de la tarde, la compañía D, al mando del capitán Thomas Weir avanzó tratando de averiguar dónde estaba Custer. A cierta distancia, pudo ver a los indios rematando a los heridos y registrando los cadáveres, tras lo cual volvió con el resto de la tropa. Los supervivientes del regimiento permanecieron allí, resistiendo algunos ataques aislados de los indios, hasta que el día 27 llegó la columna del general Terry. Para aquel entonces, los indios ya habían levantado el campamento y se habían dispersado.

El río Little Big Horn
Por lo que se pudo reconstruir más tarde, según lo que pudieron ver los soldados y los relatos de algunos de los indios que participaron en el combate, los hombres de Custer habían retrocedido mientras los indios les daban caza hasta una colina a unos seis kilómetros al norte del campamento. En aquella posición, que más tarde se conocería como "La última defensa de Custer" o Custer Hill, los soldados de caballería habían resistido los embates de los indios, mandados por Caballo Loco (Toro Sentado no participó en el combate; se había quedado en el campamento, organizando la evacuación de las mujeres y los niños), usando los cuerpos de sus caballos como parapetos, hasta que agotaron la munición. En ese punto, habían quedado indefensos, ya que ni siquiera llevaban sus sables de caballería (que estaban todavía guardados con el resto de los pertrechos) y los indios los habían exterminado. Algunos de los cuerpos estaban a cientos de metros de la colina, lo que mostraba que el combate no se había limitado sólo a la posición de Custer.


Terry y sus hombres se encontraron un espectáculo terrible al llegar al lugar de la última lucha de Custer. Docenas de cuerpos esparcidos por doquier, despojados de sus armas y sus ropas, la mayoría mutilados y con las cabelleras arrancadas. El cadáver de Custer, sin embargo, no había sido ultrajado, dicen que como muestra de respeto. Aunque según algunas fuentes un joven guerrero le cortó la falange de un dedo y una anciana le perforó los tímpanos con un cuchillo "para que no pudiera oir nada en la otra vida". Tenía un disparo en el pecho y otro en la sien; se cree que el del pecho lo mató y el de la sien fue un tiro de gracia.
Las tropas norteamericanas sufrieron en Little Big Horn 268 muertos (242 soldados, 16 oficiales y 10 civiles y exploradores) y 52 heridos. Las cinco compañías que formaban el escuadrón de Custer (las C, E, F, I y L) fueron completamente aniquiladas. Además de Custer, también murieron allí sus hermanos menores Thomas (capitán de la Compañía C) y Boston (a cargo del ganado del regimiento), su cuñado James Calhoun (teniente de la Compañía L) y su sobrino Henry Armstrong Reed (también cuidador del ganado). El único superviviente del grupo de Custer fue un caballo, de nombre Comanche, propiedad del capitán Myles Keogh, comandante de la Compañía I. Los indios perdieron en torno a 200 guerreros.

Comanche
La Batalla de Little Big Horn fue la mayor y más dolorosa derrota de las tropas norteamericanas en las Guerras Indias. El ejército trató de echar tierra sobre el tema y olvidarlo lo antes posible. Pese a que muchos criticaron a Reno y a Benteen, tachándolos de cobardes y acusándolos de haber desobedecido las órdenes de Custer, en los juicios a los que ambos fueron sometidos no se halló motivo alguno de sanción y se procuró hacer recaer las culpas de lo sucedido sobre Custer.
La guerra duró poco tiempo. Los soldados no tardaron en derrotar a los indios y obligarlos a volver a la reserva y a firmar un nuevo tratado, en el que cedían una franja de cincuenta millas en la frontera de la reserva, que incluía las Black Hills, lo que permitió legalizar las minas y pueblos mineros que allí se habían establecido. Caballo Loco fue confinado en Fort Robertson, donde moriría asesinado por un soldado en septiembre de 1877. Toro Sentado huyó a Canadá, aunque volvería en 1881 para entregarse a las autoridades. Fue confinado en una reserva, y más tarde participó en el espectáculo del famoso Búfalo Bill. Moriría en 1890, en la reserva de Standing Rock, en una pelea con policías tribales en la que también murió su hijo, Pie de Cuervo.

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