Verba volant, scripta manent

sábado, 21 de marzo de 2015

Carol II, el rey crápula

Carol II de Rumanía (1893-1953)

Carol de Hohenzollern-Sigmaringen, que pasaría a la historia como Carol II de Rumanía, nació en la ciudad de Sinaia el 3 de octubre de 1893. Por aquel entonces reinaba en Rumanía su tío abuelo Carol I, el primer rey de Rumanía de la dinastía Hohenzollern-Sigmaringen. Y una carambola dinástica convertiría al pequeño Carol en el futuro ocupante del trono rumano. Como Carol I no tenía hijos, su hermano mayor, Leopold (el famoso Ole-Ole Si Me Eligen que había sido candidato al trono español), era el heredero oficial. Pero en 1880 Leopoldo renunció a sus derechos dinásticos en favor de su primogénito, Wilhelm. Éste renunció a su vez a sus derechos en 1888, en favor de su hermano Ferdinand, padre de Carol. Y así, cuando Carol I murió en 1914, Ferdinand subió al trono como Ferdinand I y Carol pasó a ser el príncipe heredero.
El pequeño Carol creció mimado y sobreprotegido por su madre, María de Edimburgo (nieta de la reina Victoria y del zar Alejandro II de Rusia). Y se convirtió en un joven caprichoso y consentido, habituado a hacer su voluntad; un poco como lo era nuestro Alfonso XIII, contemporáneo suyo. Eran bien conocidas su despreocupación, su carácter terco y su desaforado apetito sexual. Se convirtió en una fuente de continuos problemas para su familia por sus continuas aventuras amorosas y desmanes varios.
Durante la Primera Guerra Mundial Carol se trasladó con el resto de la familia real a Iași, tras la caida de Bucarest en manos de las tropas alemanas y austrohúngaras. Allí, el príncipe conoció a Ioana María Valentina Lambrino, apodada Zizi, una joven hija de un mayor del ejército rumano con la que se fugó abandonando su puesto en el ejército (una falta que le habría costado a cualquier otro acabar frente a un pelotón de fusilamiento) y con la que contrajo matrimonio en la ciudad rusa de Odessa, el 31 de agosto de 1918, sin permiso de su familia ni del gobierno rumano. A instancias de su familia, un tribunal del condado de Ilfov declaró nulo el matrimonio en marzo de 1919, pero Carol siguió conviviendo con Zizi, que en agosto de 1920 dio a luz al hijo de la pareja, Mircea Grigore Carol Lambrino. Furioso, el rey Ferdinand I confinó a su hijo en la ciudad de Bistriţa y envió a Zizi y al pequeño Mircea al exilio en París.

Elena de Grecia (1896-1982)
Después de estos sucesos, su familia envió a Carol a un viaje alrededor del mundo para que se olvidase de Zizi y, a su vuelta, se prometió con la princesa Elena de Grecia, hija del rey Constantino I (y tía carnal, por lo tanto, de la reina Sofía de España). Un matrimonio arreglado entre sus familias para estrechar lazos, algo habitual en las casas reales. Se casaron en la Catedral Metropolitana de Atenas el 10 de marzo de 1921. Apenas dos semanas antes se habían casado en Bucarest el príncipe Jorge (futuro Jorge II de Grecia), hermano de Elena, con Isabel, hermana menor de Carol.
Aunque el matrimonio estuvo bien avenido en un principio (el 10 de octubre de 1921 venía al mundo el hijo de la pareja, Mihai) no tardaron en aparecer las diferencias entre ambos. Sus personalidades eran diametralmente opuestas: por un lado, Carol, vividor y hombre de mundo; por otro, Elena, culta, instruida y discreta. El príncipe no tardó en volver a su vida de amoríos y aventuras y, en 1923, conocería a la mujer que había de marcar profundamente su vida: Magda Lupescu.

Elena "Magda" Lupescu (1895-1977)
Elena Lupescu, conocida con el apodo de Magda, había nacido en Iași en 1895, hija de Nicolae y Elizei Lupescu, un matrimonio de origen judío pero convertidos al cristianismo. Su padre, judío austríaco cuyo nombre original era Nahum Grünberg (se cambió de nombre al convertirse al cristianismo ortodoxo) era farmacéutico y comerciante; y su madre, Elizei, se apellidaba Falk antes de hacerse católica. Elena y su hermano Constantin fueron educados como católicos y recibieron una esmerada educación; Magda estudió en la Diaconosele, uno de los internados femeninos más prestigiosos del país. En 1919 se casó con Ion Tâmpeanu, un capitán del ejército rumano al que fue infiel en repetidas ocasiones. Todavía estaba casada con él cuando, en 1923, conoció al príncipe durante una carrera automovilística, aunque en la práctica su matrimonio hacía tiempo que había terminado.
Magda Lupescu era atractiva, pelirroja, de ojos verdes, curvilínea, sensual, provocativa, descarada. En muchos aspectos era lo opuesto a la discreta y recatada Elena de Grecia; quizá fue eso lo que atrajo a Carol. La atracción fue mutua; pero la pareja no consolidaría su relación hasta 1925, cuando Magda ya había logrado el divorcio. El idilio fue tan intenso que Carol acabó por abandonar el palacio de Cotroceni, donde se había instalado con su esposa tras la boda, para irse a vivir con su amante. Un nuevo escándalo y un quebradero más de cabeza para la familia real.
En un primer momento, del affaire entre el príncipe y la Lupescu estaban enterados la familia real, su entorno y la alta sociedad rumana, mientras que la prensa local tenía estrictamente prohibido hablar del tema. Pero Carol, acostumbrado a hacer su voluntad sin preocuparse de nada más, no era lo que se dice alguien demasiado discreto. En noviembre de 1925 fallecía la reina Alejandra, viuda de Eduardo VII de Inglaterra y madre del entonces rey británico, Jorge V. Carol asistió a sus honras fúnebres representando a la casa real rumana y, antes de regresar a Rumanía, pasó unos días en Milan en compañía de Magda Lupescu, sin esconderse lo más mínimo, lo que fue ampliamente reflejado en la prensa italiana. El escándalo era ya imparable; el rey Ferdinand estaba furioso y exigió a Carol terminar la relación. Carol, sin embargo, harto de tener que dar explicaciones, prefirió renunciar a sus derechos dinásticos y a su pertenencia a la familia real (renuncia que fue aceptada por el Parlamento el 4 de enero de 1926), pasando el pequeño Mihai a ser el heredero. Acto seguido, Carol cambió su nombre por el de Carol Caramain y se marchó al exilio con Magda, viviendo a caballo entre París y Londres. No se divorciaría de Elena hasta 1928. En julio de 1927 falleció Ferdinand I y su nieto subió al trono como Mihai I, aunque dada su corta edad se estableció una regencia de la que formaban parte su tío, el príncipe Nicolae; Miron Cristea, patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía; y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Gheorghe Buzdugan.

Viñeta satírica sobre la vida amorosa del "rey playboy", como algunos apodaban a Carol II
Pero el haber renunciado a sus derechos no quería decir que hubiera abandonado sus ambiciones de reinar. No era un gran gobernante, pero si un buen político, hábil a la hora de buscar aliados y cerrar pactos. La inestable situación de la política rumana, marcada por el enfrentamiento entre los dos grandes partidos, el Nacional Liberal (PNL) y el Nacional Campesino (PNT), le permitía albergar esperanzas. En 1928, tras un largo gobierno liberal, el PNT ganó las elecciones con una abrumadora mayoría, pero pronto empezó a perder apoyos, por su incapacidad para llevar a cabo reformas muy demandadas por el pueblo rumano y por el hundimiento de la economía como resultado del crack de 1929. Aprovechando esta coyuntura, Carol II volvió por sorpresa a Rumanía en junio de 1930, pese a que el parlamento le había prohibido volver a pisar suelo rumano. Gran parte del pueblo rumano lo recibió con alborozo, pues creían que podía ser el monarca que necesitaba el país para tranquilizar la política nacional y recuperar la economía. El tiempo acabaría por desmentirlo.
En un primer momento, el gobernante PNT aceptó la vuelta de Carol, quien tras retractarse de su renuncia al trono (que fue luego declarada nula por el Parlamento), desposeyó a su hijo de la corona, y subió al trono como Carol II. Poco después, Magda Lupescu, que hasta entonces había permanecido en París, se instalaba con él en palacio, como una suerte de reina sin corona.
La década que permaneció Carol II en el trono no mejoró en absoluto la situación del país. El nuevo rey se dedicó a minar la autoridad de los dos partidos principales y a rodearse de un corrillo de personajes (políticos, industriales, terratenientes, etc.) absolutamente leales a él. Su principal preocupación fue asumir cada vez más poderes, mientras surgían partidos fascistas (como la Guardia de Hierro) y la corrupción campaba a sus anchas. La situación se deterioró hasta tal punto que, en febrero de 1938, Carol II abolió la constitución y la sustituyó por otra que prohibía los partidos políticos y le otorgaba al rey casi todo el poder, dando lugar a una dictadura que perduró hasta septiembre de 1940. Pero, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la presión de los países del Eje (Hungría y Bulgaria llegaron a anexionarse por la fuerza parte del territorio rumano) y las manifestaciones su contra, hicieron que Carol II abdicara en su hijo Miahi el 6 de septiembre de 1940 y traspasara sus poderes a un nuevo gobierno presidido por el general filogermano Ion Antonescu, marchando acto seguido al exilio junto a Magda. Un exilio dorado: no sólo había amasado con sus corruptelas una fortuna de unos 50 millones de dólares de la época (puesta a buen recaudo en bancos suizos; Vita sequitur aequalis, que diría Iulius Ecclesiae), sino que se fue del país llevando consigo nueve vagones de tren cargados de oro del tesoro nacional y numerosas obras de arte de incalculable valor.

Magda Lupescu y Carol II, durante su exilio
Carol y Magda viajaron a España, luego a Portugal y se establecieron finalmente en México DF. Desde allí, durante el transcurso de la guerra, Carol se ofreció a norteamericanos y británicos para formar un gobierno rumano en el exilio, pero ni unos ni otros se fiaban del personaje. A continuación, hizo la misma propuesta a Josef Stalin, quien tampoco lo tuvo en cuenta.
En 1944 la pareja se trasladó a Rio de Janeiro, donde, el 3 de junio de 1947, tras más de 20 años de relación, se casaron en una modesta ceremonia celebrada en la habitación del hotel donde se alojaban. A partir de entonces, Magda Lupescu pasó a ser llamada SAR la princesa Elena de Rumanía. Poco después, debido a la delicada salud de la princesa, ambos se instalaron en la ciudad portuguesa de Estoril, donde coincidieron con otros miembros de casas reales en el exilio, como Don Juan de Borbón, Humberto II de Italia o los aspirantes a los tronos de Hungría o Bulgaria. Y fue en Estoril donde sorprendió la muerte a Carol, el 4 de abril de 1953. Su esposa le sobrevivió 24 años; falleció el 29 de junio de 1977 y fue enterrada junto a él en el Monasterio de São Vicente de Fora, en Lisboa. Le dio tiempo a dilapidar la mayor parte de la herencia de Carol en compañía de varios amantes.
Tras la muerte de Carol II, su hijo Mircea reclamó ante las autoridades portuguesas ser reconocido como hijo legítimo del rey (aunque el rey había admitido públicamente su paternidad e incluso la Casa de Hohenzollern le reconoció como príncipe). Una sentencia de un tribunal portugués de abril de 1955 le reconoció como hijo de Carol II y le otorgaba el derecho a utilizar el nombre de Carol de Hohenzollern. Sentencias similares fueron emitidas por tribunales franceses (marzo del 57) y rumanos (octubre de 1995), reconociéndole el derecho a recibir parte de la herencia paterna. Ambas sentencias fueron recurridas, sin éxito, por su hermanastro Mihai.
En 2003 el gobierno rumano repatrió los cuerpos de Carol II y de su esposa para enterrarlos en el Monasterio de Curtea de Argeș, donde tradicionalmente era enterrada la realeza rumana; aunque Carol fue enterrado en la Capilla Real, Magda, al no ser de ascendencia real, lo fue en el cementerio del monasterio.

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