Verba volant, scripta manent

domingo, 4 de septiembre de 2016

La incursión de Jameson


Los primeros colonos europeos en instalarse en Ciudad del Cabo fueron holandeses llegados en torno a la mitad del siglo XVII. Durante siglo y medio, la colonia permaneció bajo el control de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, hasta que en 1806, aprovechando el caos que había en Europa a causa de las guerras napoleónicas, los británicos la ocuparon militarmente. El Tratado de París (1814) oficializó el pase de Ciudad del Cabo a manos británicas.
Los colonos de origen holandés, llamados bóers o afrikaners, no vieron con buenos ojos la llegada de los británicos, por la afluencia de centenares de nuevos colonos británicos y por la aplicación de las leyes británicas. La gota que colmó el vaso fue la abolición de la esclavitud en 1834, que llevó a la ruina a muchos bóers. Éstos respondieron con lo que se llamó el Groot Trek (Gran Viaje): entre 1835 y 1845, en torno a 12000 colonos, en su mayoría pastores y agricultores de la región más oriental del Cabo, partieron buscando nuevas tierras más allá de la frontera de la colonia, dirigiéndose fundamentalmente al norte y al este. Estos aventureros (a los que se conocía como Voortrekkers, pioneros) acabaron fundando tres nuevas colonias: Natal (anexionado por los británicos en 1843), el Estado Libre de Orange (fundado en 1854) y la República de Sudáfrica o Transvaal, establecida como tal en 1857.


Las cuatro regiones, pese a las discrepancias políticas, tenían fuertes vínculos económicos entre ellas. El interés de los británicos aumentó repentinamente cuando en 1869 se descubrieron grandes yacimientos de diamantes en el Estado de Orange. Los británicos hicieron una primera tentativa de anexión en 1877 (que desembocó en la Primera Guerra Bóer y que termino con el Transvaal independiente pero "tutelado" por los británicos).
En 1886 se descubrieron nuevas riquezas en Transvaal: un gran yacimiento de oro en las cercanías de lo que hoy es Johannesburgo que atrajo a la colonia una gran afluencia de colonos de origen europeo, fundamentalmente británicos. A estos recién llegados los bóers los llamaron Uitlanders (forasteros), y su afluencia fue tan grande, que en 1895 ya duplicaban el número de bóers (unos 60000 uitlanders frente a 30000 bóers). Para evitar perder el control del Transvaal a manos de los recién llegados, el gobierno bóer promulgó una serie de restrictivas leyes tales como exigir a los recién llegados ciertos años de residencia para tener derecho a votar, e imponiendo grandes impuestos a la industria minera. Estas medidas provocaron el descontento entre los uitlanders.
Los roces entre Transvaal y la Colonia del Cabo fueron a mayores poco después, a consecuencia de la llamada "crisis de los vados". El gobierno bóer impuso elevadas tasas a los productos británicos que circulaban por su parte del ferrocarril que unía Ciudad del Cabo y Johannesburgo. Para no pagar esos impuestos, los comerciantes británicos empezaron a enviar sus mercancías en caravanas a través de los vados del río Vaal, a lo que respondió el presidente de Transvaal, Paul Kruger, ordenando bloquear los vados.

Sir Cecil John Rhodes (1853-1902)
El entonces primer ministro de la Colonia del Cabo, Cecil Rhodes, con importantes intereses comerciales en los yacimientos auríferos, decidió aprovechar toda esta tensión acumulada para conseguir la anexión del Transvaal. Su plan era incitar a los uitlanders a sublevarse; entonces, una fuerza británica previamente apostada en las proximidades de la frontera entraría en el país con el fin de "restaurar la paz y el orden", estableciendo un régimen de protectorado que culminaría en la incorporación de Transvaal al Imperio Británico.
Dicha fuerza militar se concentró en Pitsani, cerca de la frontera, bajo las órdenes de Leander Starr Jameson, administrador del protectorado británico de Matabeleland, y estaba formada por unos 600 hombres, de los que 400 eran miembros de la Policía Montada de Matabeleland y el resto, voluntarios. Iban armados con rifles, ametralladoras Maxim y artillería ligera.

Sir Leander Starr Jameson (1853-1917)
Sin embargo, la esperada sublevación no acababa de producirse, debido a las disensiones dentro de los uitlanders. Tras varias semanas de espera, Jameson acabó por perder la paciencia y decidió actuar por su cuenta. El 29 de diciembre de 1895 envió un telegrama a Rhodes advirtiéndole de sus intenciones ("A menos que se me indique lo contrario, partiremos mañana por la tarde"), y poco después envió un segundo telegrama ("Partimos esta noche hacia Transvaal"). Un problema de las líneas impidió que Rhodes recibiera ambos telegramas hasta la mañana siguiente, cuando los hombres de Jameson ya habían cortado la línea telegráfica y no había manera de detenerlos.
La precipitación de Jameson puso en un aprieto a las autoridades británicas, quienes, temerosas de las implicaciones si se descubría que había altas personalidades implicadas en la conspiración, pidieron a los uitlanders británicos que no facilitaran apoyo alguno a Jameson. Este, a su vez, contaba con tener a su favor el factor sorpresa, pero sus hombres habían fallado al cortar la línea telegráfica que comunicaba con la capital, Pretoria, que supo casi de inmediato de su incursión.
Los hombres de Jameson tuvieron su primer enfrentamiento el día 1, al toparse con un puesto avanzado del ejército bóer. Poco después, en el pueblo de Krugersdorp, los británicos veían detenido su avance por la presencia de un pequeño contingente de soldados bóers que habían cortado la carretera hacia Johannesburgo y preparado posiciones defensivas. Tras varias horas de combate, en las que pese a su superioridad numérica los británicos fueron incapaces de romper las defensas enemigas, perdiendo varios hombres y un gran número de caballos, Jameson decidió retirarse y dirigirse al sudeste, tratando de flanquear a los bóers. Su movimiento sólo les sirvió para encontrarse con una nutrida columna bóer, armada con artillería, que los esperaba algo más lejos, en Doornkop. Tras un intercambio de disparos en el que murieron una treintena de británicos, Jameson comprendió que su situación era insostenible y se rindió al comandante bóer, Piet Cronjé. Los británicos fueron tomados como prisioneros y encarcelados en Pretoria.


El gobierno de Transvaal devolvería más tarde a los prisioneros, para ser juzgados por los británicos. Jameson y los otros cabecillas fueron juzgados en Londres; Jameson fue condenado a 15 meses de cárcel, que cumplió en la prisión de Halloway. No obstante, la opinión pública británica se mostró a favor de Jameson, especialmente tras saberse que el káiser alemán Guillermo II había enviado un telegrama al presidente Kruger felicitándolo por su éxito y calificando a los hombres de Jameson como "bandas armadas de invasores y perturbadores de la paz". Además, el gobierno de la Colonia del Cabo indemnizó a Transvaal con casi un millón de libras como compensación. A su vez, el gobierno bóer encarceló a varios de los líderes uitlanders, como el coronel Frank Rhodes (hermano de Cecil), a los que condenó a muerte por traición (la condena sería luego conmutada por la de 15 años de prisión). En cuanto a Cecil Rhodes, se vio obligado a dimitir como consecuencia de su implicación en la conspiración.

Stephanus Johannes Paulus "Paul" Kruger (1825-1904)
Más graves fueron los efectos de la invasión en Matabeleland. Aprovechando que la mayor parte de las tropas británicas habían abandonado el protectorado, las tribus de los matabele y los shona se rebelaron, asesinando a centenares de colonos británicos en la llamada Segunda Guerra Matabele, que no fue completamente sofocada hasta octubre de 1897.
Sólo tres años después estallaría la Segunda Guerra Bóer (1899-1902) que culminaría con la derrota de los bóers y la definitiva anexión de Transvaal y Orange al Imperio Británico. Jameson sería nombrado primer ministro de la Colonia del Cabo en 1904, y sería uno de los principales impulsores de la Unión Sudafricana, la fusión de las cuatro colonias (El Cabo, Natal, Orange y Transvaal) bajo un único gobierno (luego se les añadiría el África del Sudoeste Alemana tras la Primera Guerra Mundial). Jameson moriría en Londres en 1917, convertido en un héroe nacional (hasta Rudyard Kipling le dedicaría su célebre poema If); su cuerpo fue trasladado a África y enterrado en Gwanda (actual Zimbabwe) al lado del de Cecil Rhodes.

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