Verba volant, scripta manent

domingo, 10 de mayo de 2020

Tragedia en la Selva Negra

Schauinsland

A mediados de abril de 1936, aprovechando las vacaciones de Pascua, un grupo de 27 escolares de la Strand School, una grammar school del sur de Londres, viajaron a Alemania para pasarse diez días haciendo senderismo por la Selva Negra. Algo habitual en los colegios británicos más exclusivos; los jóvenes conocían otros países, aprendían a depender de si mismos, se fomentaba el compañerismo y se les inculcaba un muy británico aprecio por el deporte y el ejercicio físico. Al frente de aquel grupo iba un profesor de 27 años llamado Kenneth Keast.

El sábado día 17 de abril, a eso de las nueve de la mañana, el grupo partió de su albergue en Friburgo para la primera etapa de su recorrido: un trayecto de 15 millas (unos 25 kilómetros) hasta el pueblo de Todtnauberg, atravesando el Schauinsland, que con 1284 m. de altitud es uno de los montes más altos de la Selva Negra. Caía una ligera nevada, pero eso no parecía molestar a los jóvenes, a pesar de que iban vestidos con ropas aparentemente poco adecuadas para aquel clima, con pantalones cortos, impermeables ligeros y calzado liviano, hasta el punto de que pronto empezaron a tirarse bolas de nieve unos a otros, hasta que el profesor Keast tuvo que poner orden.

Antes de su partida varias personas habían avisado a Keast de las complicaciones del recorrido, que incluso sin nieve era considerado dificultoso por los habitantes locales. El día anterior la oficina de turismo le había advertido de la inminente llegada de la tormenta, pero Keast simplemente respondió que "Los ingleses estamos acostumbrados a los cambios repentinos en el tiempo". Pero, conforme pasaba el tiempo y la nieve seguía cayendo sin descanso, empezó a hacerse patente que el recorrido estaba empezando a ser difícil para algunos de los chicos. Tras varias horas de camino Keast tuvo que admitir que se habían extraviado y se detuvo en una posada a pedir indicaciones. La dueña, sorprendida al verlos aparecer, les advirtió que pronto la nieve cubriría caminos e indicadores, pero el profesor le quitó importancia diciendo que "ya los limpiarían".

Un poco más adelante se encontraron con dos leñadores que regresaban a sus casas porque el mal tiempo les impedía seguir trabajando, y que les aconsejaron desviarse de su ruta y tomar un sendero hacia el lado izquierdo del valle en el que se encontraban. A eso de las tres y cuarto de la tarde se cruzaron con Otto Steiert, el cartero local, que trató de disuadir a Keast de seguir adelante. Incluso se ofreció a acompañarlos de vuelta a Friburgo, o a guiarlos hasta un albergue de mineros donde habrían conseguido comida y refugio, pero Keast declinó sus ofrecimientos.

Kenneth Keast (con gorra)
El profesor seguía confiado en cumplir con el recorrido, pero el avance cada vez más complicado del grupo le hizo detenerse y preguntar a los chicos uno por uno como se encontraban. Varios se quejaron del frío y el cansancio, pero Keast consideró que llegados a ese punto sería más peligroso regresar que continuar avanzando, y decidió seguir adelante, confiando en llegar pronto a la localidad de Hofsgrund. Keast se equivocaba: en el mapa que le había facilitado el School Travel Service, organizador del viaje, se mostraban las distancias pero no la orografía del terreno. En efecto, Hofsgrund no estaba lejos, pero la ruta que estaban siguiendo les llevaba a través del Kappler Wand, la cresta más escarpada del Schauinsland, con 600 metros de altura y unos desniveles de hasta el 70%.

El primer escolar en desmayarse fue Jack Alexander Eaton, de 14 años, y campeón escolar de boxeo. Pese a los intentos por reanimarlo, tuvo que continuar ayudado por sus compañeros. La situación se volvió peor si cabe cuando la expedición abandonó la relativa protección del risco y quedó completamente expuesta al fuerte viento de la tormenta. Desconocedores del terreno, pasaron sin saberlo a menos de una milla de un refugio existente en la cumbre, pero siguieron avanzando en dirección opuesta. En este momento, Eaton y otros dos escolares tenían que ser llevados a cuestas por sus compañeros, y otros tres chicos estaban en serias dificultades.

Y cuando empezaban a perder la esperanza de salvarse, el viento llevó hasta ellos el sonido de campanas. Eran las campanas de la iglesia de Hofsgrund anunciando las siete de la tarde. Keast decidió entonces enviar a dos de los alumnos mayores, que aún tenían fuerzas, en busca de ayuda, mientras él trataba de ayudar a aquellos que no tenían fuerza para seguir. A ambos jóvenes les llevó una hora llegar hasta las primeras casas del pueblo.

Jack Alexander Eaton (1921-1936)
Hofsgrund era el típico pueblecito de la Selva Negra: 300 habitantes, una iglesia, una posada y un puñado de granjas más o menos dispersas. Eugen Schweizer era uno de sus habitantes. Había pasado la mayor parte del día en casa, a causa del mal tiempo, y estaba preparándose para salir al encuentro del repartidor que le llevaba la entrega semanal de pan. De repente llamaron frenéticamente a su puerta, y al abrir se encontró a dos jóvenes nerviosos y exhaustos que en un alemán de circunstancias le dijeron "Zwei Mann, krank am Berg" ("Dos hombres enfermos en la montaña"). Al comprender lo que ocurría, Schweizer corrió a la posada, donde había varios hombres bebiendo y jugando a las cartas, a pedir ayuda.

Rápidamente se formó una partida de rescate. Los hombres del pueblo cogieron ropa de abrigo y esquíes y se dirigieron a la montaña. El grupo de escolares se había desperdigado, lo que dificultó las tareas de rescate. Varios de los jóvenes que se habían desmayado yacían casi completamente cubiertos por la nieve. Otros trataban aún de ayudar a sus compañeros y varios más intentaban bajar de la montaña por su cuenta. Los rescatadores habían planeado usar sus esquíes como camillas para bajar hasta el pueblo a aquellos que no pudieran moverse, pero como la nieve era demasiado blanda y espesa, improvisaron con ellos trineos para arrastrarlos. Hermann Lorenz, el tendero, cargó a uno de los chicos hasta su casa, mientras que un granjero llamado Reinhold Gutmann hizo lo propio con otro, llevándolo hasta una granja cercana. Schweizer y otros miembros de la partida hallaron a Keast, junto a dos chicos inconscientes, y él les dijo cuantos eran en total. Las tareas de rescate se prolongaron hasta las once de la noche, y no cesaron hasta que todos los jóvenes hubieron sido hallados. Un aldeano llamado Hubert Wissler estuvo recorriendo la montaña completamente solo durante 45 minutos hasta que halló a tres chicos a punto de morir de frío.

Hofsgrund
Los jóvenes fueron rápidamente atendidos en Hofsgrund. Se les quitó la ropa mojada, se les dio comida y café caliente y se les masajeó con fuerza para reactivar la circulación, antes de envolverlos en mantas y acercarlos a chimeneas y cocinas para que entraran en calor. Pero, pese a los cuidados de los aldeanos y el esfuerzo de un médico que casualmente estaba allí de vacaciones y fue llamado de inmediato para atenderlos, la ayuda había llegado demasiado tarde para algunos de ellos. Eaton (14), Stanley Lyons (14), Peter Ellercamp (13) y Francis Bourdillon (12) habían muerto por hipotermia y agotamiento, y no pudieron ser reanimados. Arthur Roberts y Roy Witham estaban muy graves y fueron llevados al día siguiente al Hospital Universitario de Friburgo, donde Witham moriría poco después sin recuperar la consciencia. Los supervivientes fueron llevados al día siguiente a una villa cercana desde donde fueron evacuados a Friburgo en coche. La mayoría seguía en estado de shock y hasta dos días después no supieron que cinco de sus compañeros habían muerto y un sexto estaba en el hospital.

Al día siguiente todos los periódicos británicos llevaban en portada la "Tragedia de la Selva Negra". Durante días toda la prensa trató minuciosamente todos los detalles del caso, la "Lucha de los jóvenes contra la tormenta", el "milagro de las campanas" o el valor de los "rescatadores sobre esquíes". Mientras, el gobierno nazi vio en la tragedia una excelente oportunidad de mejorar sus tensas relaciones con el gobierno británico, que habían ido empeorando desde la llegada de Hitler al poder. Maestros de la propaganda al fin y al cabo, las autoridades nazis lanzaron una gran campaña donde se dio un gran protagonismo a las Juventudes Hitlerianas, pese a que dicha organización no tenía ninguna relación con la expedición británica, ni había participado en su rescate. No obstante, apelando a la "hermandad entre la juventud británica y la alemana" las Juventudes Hitlerianas tomaron la responsabilidad de atender a los supervivientes en tanto no se organizaba su repatriación. Asimismo, los ataúdes con los cuerpos de los fallecidos fueron instalados en una capilla ardiente en un cementerio local, flanqueados por esvásticas y banderas británicas, donde siempre había varios miembros de las Juventudes locales haciendo guardia. Miles de habitantes de Friburgo pasaron a presentar sus respetos a las víctimas, y el líder local de las JH pronunció un discurso en el que abogaba por "el deseo de entendimiento y paz entre los alemanes y sus camaradas ingleses". La prensa oficialista también publicó numerosos artículos elogiando a las Juventudes por su "colaboración" en el rescate (ignorando injustamente a los verdaderos héroes, los habitantes de Hofsgrund) e incluso las autoridades locales de Friburgo (en parte, por su miedo a que la tragedia perjudicara al turismo, pues la Selva negra era un destino muy habitual para los turistas británicos, en especial para los viajes escolares) se alinearon con la campaña de propaganda oficial, a pesar de que pocos de ellos eran auténticos nazis.


Los supervivientes y los cuerpos de sus compañeros fallecidos fueron finalmente embarcados en dos trenes de la compañía estatal de ferrocarriles alemana (que no quiso aceptar pago alguno por el transporte) el día 20, festividad en Alemania por coincidir con el cumpleaños de Adolf Hitler. Una comitiva de cientos de miembros de las Juventudes Hitlerianas y su equivalente femenino, la Liga de Muchachas Alemanas, acompañó a los jóvenes británicos hasta la estación, donde les esperaba una delegación de las autoridades locales. Un grupo de 20 miembros de las Juventudes los acompañó durante su viaje de 330 millas hasta la frontera belga, y miles de civiles se apostaron a lo largo de la vía para presentar sus respetos. Varios de los padres de los escolares británicos escribirían más tarde cartas a Hitler para agradecerle el trato dado a sus hijos.

Los supervivientes llegaron a la londinense Estación Victoria el 21 de abril a las cuatro y veinte de la tarde, y fueron recibidos por una impresionante multitud. Los cuerpos de sus compañeros, en ataúdes hechos de madera de la Selva Negra ("De los mismos bosques en los que perecieron", diría de manera un tanto melodramática un reportero), llegaron al día siguiente a la Estación de Liverpool Street en un vagón especia, a las ocho y veintiuno de la mañana, recibidos igualmente por una multitud. Decenas de ofrendas florales, algunas enviadas por el propio Adolf Hitler, les aguardaban en la plataforma de la estación. El profesor Keast permaneció varios días más en Alemania, y regresó de manera anónima, dirigiéndose a Bournemouth para evitar a la prensa. Los jóvenes muertos serían enterrados en los días siguientes en distintos cementerios de Londres, y a todas las ceremonias llegaron ofrendas florales de parte de Adolf Hitler y las Juventudes Hitlerianas.

Engländerdenkmal
El profesor Keast fue interrogado durante la investigación de la tragedia, y declaró que la tormenta había sido "catastrófica e impredecible", pero no mencionó las repetidas advertencias que había recibido de los habitantes locales y había ignorado. Pese a los indicios de negligencia por parte de Keast, y a las dudas sobre su actuación expresadas por el fiscal de Friburgo y Robert Smallbones, cónsul británico en Frankfurt (quien señalaba en una carta que envió al Ministerio de Asuntos Exteriores que la tragedia podía haberse evitado y criticaba la manera en la que los chicos iban vestidos), ni alemanes ni británicos estaban por la labor de abrir un proceso que pudiera dañar las relaciones diplomáticas entre ambos, e igualmente la Strand School y el ayuntamiento londinense (que llegó a alabar el valor de Keast durante su investigación) apoyaron al profesor. Y el caso se cerró sin que se señalara a nadie como culpable.

Pero hubo un hombre que se negó a aceptar que las cosas terminaran así. Jack Eaton era un hombre de origen humilde que a base de mucho esfuerzo había prosperado y llegado a ser propietario de una empresa de construcción. Era también el padre de Jack Alexander Eaton, una de las víctimas mortales, y decía de su hijo que era "todo lo que él habría deseado ser". Nada más saber del triste destino de su hijo viajó a Friburgo y recorrió, acompañado de un abogado y un intérprete, la ruta que habían seguido los desafortunados jóvenes. Interrogó a los rescatadores y a los testigos, reconstruyó su viaje, supo de las advertencias que Keast había ignorado, incluso encontró el mapa que había utilizado. Su investigación dio lugar a un informe de diez páginas titulado "La Tragedia de la Selva Negra: La Verdad", en el que escribió: "Estoy determinado a luchar hasta el final en nombre de mi amado hijo, que lo era todo para mí, y por los otros pequeños héroes que deberían haber estado con nosotros hoy y muchos años a partir de ahora". En ese informe, que Eaton envió a los padres de los otros chicos, a periódicos, políticos, y en general a todos los que tuvieran interés en el caso, concluía que Keast ignoró deliberadamente las advertencias sobre la peligrosidad de la ruta debido al notorio desagrado que sentía por los alemanes, que no estaba capacitado para haber dirigido el viaje, y que de no haber sido por la providencial intervención de las campanas de Hofsgrund, probablemente todos los miembros de la comitiva habrían muerto.

Pero, pese a sus esfuerzos, nunca consiguió llevar a juicio a Keast, tal y como habría querido. Dispuesto a no dejar que se olvidara lo sucedido, Eaton siguió durante años reclamando justicia. Se presentaba delante de la escuela y de la casa de Keast acusándolo públicamente de la muerte de su hijo, llegó a instalar una placa en la fachada de su empresa que decía "Acuso a Keast de la muerte de mi hijo". Pese a las amenazas de Keast de emprender acciones legales contra él por difamación y amenazas, nunca abandonó su intención de que el profesor respondiera por sus actos. Se mudó a una nueva casa (dijo que la antigua le traía demasiados recuerdos dolorosos) y convirtió su nuevo hogar en un santuario lleno de fotografías y objetos de su hijo. Ni siquiera el nacimiento de una nueva hija, a la que llamó Jacqueline, atemperó su empeño, convertido ya en una obsesión. Finalmente, su salud mental se vio comprometida y acabó sus días en un sanatorio psiquiátrico. En cuanto a Keast, se sabe por cartas suyas que se conservan que el acoso de Eaton lo perturbaba profundamente, y que las autoridades escolares y de la Strand School, que públicamente lo habían defendido sin reservas, de puertas para adentro se mostraban bastante más críticas con sus actos. Unos meses más tarde de la tragedia, se le prohibió liderar un viaje de esquí a Austria programado desde antes del viaje a Alemania, lo cual lo disgustó profundamente. En 1939 abandonó Londres y la Strand School y se marchó a la Bedales School, en Hampshire, y posteriormente la Frensham High School, en Surrey. Ninguna de ellas guarda registro alguno de su tiempo como profesor más allá de su nombre y el tiempo de servicio. Falleció en 1971.


Dos años después de la tragedia, las autoridades alemanas construyeron un memorial en recuerdo de los jóvenes, a unos 800 metros por encima de Hofsgrund. El monumento, diseñado por el profesor de arte y arquitecto Hermann Alker, consta de dos piedras verticales con los nombres de las víctimas inscritos, con una piedra horizontal sobre ellas que llevaba un águila, una esvástica y una inscripción que rezaba "La juventud de Adolf Hitler honra la memoria de estos camaradas deportistas británicos con este memorial" (todo esto sería borrado posteriormente). Recibió el nombre de Engländerdenkmal ("Monumento a los ingleses"), y aunque estaba previsto que se hiciera una ceremonia oficial de inauguración con la presencia de miembros de la familia real británica y representantes de los gobiernos de ambos países, tal ceremonia nunca llegó a producirse por el aumento de la tensión entre ambos países que acabaría desembocando en la Segunda Guerra Mundial. Cerca de este monumento, Jack Eaton hizo colocar su propio memorial para su hijo, una sencilla cruz de granito colocada en el punto exacto donde Jack, Ellercamp y Lyons habían muerto. Quiso también que figurara la frase "Su profesor les falló en el momento decisivo", pero las autoridades alemanas no lo permitieron. Un tercer monumento, erigido por los padres de los demás jóvenes, fue instalado en la entrada de la iglesia del pueblo, y es el único en el que se agradece expresamente a los habitantes de Hofsgrund su actuación aquel día.

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