Verba volant, scripta manent

jueves, 12 de noviembre de 2020

Masacre en el Neolítico

El yacimiento de  Koszyce


En el año 2011 un grupo de arqueólogos polacos descubrió en una cueva al sur de la localidad de Koszyce un enterramiento neolítico, con una antigüedad estimada de unos 5000 años. En el yacimiento se hallaron los restos de 15 individuos, casi todos mujeres, adolescentes y niños. Todos habían muerto a la vez, y de la misma manera: habían recibido una serie de violentos golpes en el cráneo. No obstante, habían sido enterrados con cuidado y respeto, e incluso habían enterrado con ellos diversos objetos a modo de ofrenda para su viaje al más allá.

El hallazgo dio lugar a numerosas especulaciones sobre su significado. Se propuso que pudieran ser muertes producidas durante algún tipo de ceremonia religiosa, o incluso de un ritual relacionado con el canibalismo. Dado el buen estado de conservación de los restos, se decidió tomar muestras de ADN y enviarlas a la Universidad de Copenhague para ser examinadas por el equipo del doctor Hannes Schroeder, experto en arqueogenética, para tratar de obtener nuevos datos. Los resultados del estudio se publicaron en 2019 en un artículo en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y revelaban nuevos detalles sobre lo sucedido.

Los análisis de ADN mostraban que 14 de las 15 víctimas allí enterradas estaban emparentadas. Se trataba, pues, de un grupo familiar. La ausencia de heridas defensivas indica que no hubo lucha; probablemente fueron capturados por sorpresa y luego ejecutados. El ADN también aclaró los parentescos entre ellos; y eso permitió a los investigadores darse cuenta de un detalle: la posición de los cuerpos en la tumba no era casual. Los individuos más próximamente emparentados estaban colocados juntos. Las madres estaban junto a sus hijos, los hermanos estaban juntos. La mujer de mayor edad yacía junto a sus hijos de 5 y 15 años; otra mujer de unos 30 años estaba junto a su hija adolescente y su hijo de unos 5 años. Cuatro niños, medio hermanos (hijos del mismo padre pero de dos madres distintas, emparentadas entre si) también habían sido colocados juntos. La única mujer que no estaba emparentada con el resto estaba enterrada junto a un varón adulto joven, que se supone era su pareja. Los que habían enterrado a aquella familia los conocían bien.


Representación artística del enterramiento y esquema de las relaciones de parentesco entre los muertos


Los investigadores también señalaron la ausencia en la tumba de los hombres adultos del clan. Entre los allí enterrados solo había dos hombres adultos, y solo uno de ellos era padre de alguna de las demás víctimas. Por contra, cuatro de las cinco mujeres adultas enterradas allí eran madres de otras víctimas. Sin descartar del todo otras hipótesis, estos hallazgos llevaron a los investigadores a proponer un escenario nuevo: el clan había sido atacado por sorpresa en un momento en el que la mayoría de los hombres estaban ausentes, quizá en una partida de caza. Cuando regresaron a su campamento, hallaron los cadáveres de sus familias y habían sido ellos los que los enterraron con cuidado.

Un aspecto interesante del hallazgo era la presencia de aquella mujer ajena al grupo entre los miembros de la familia. Unido a que no se detectaron problemas de consanguinidad entre las víctimas, hace pensar que el grupo seguía una organización patriarcal y que los "intercambios de esposas" con otros clanes era algo relativamente común que prevenía el riesgo de una excesiva endogamia.

La identidad y los motivos de los atacantes sigue siendo un misterio, y probablemente nunca se sepa con seguridad. No obstante, se sabe que las víctimas pertenecían a la llamada "cultura de las ánforas globulares", que floreció entre el tercer y el cuarto milenio antes de Cristo entre las cuencas de los ríos Elba y Vístula. Cuando tuvo lugar la matanza, otra cultura vecina, la "cultura de la cerámica cordada", se encontraba en plena expansión, por lo que algunos sugieren que fue ese el desencadenante y que la familia de la cueva de Koszyce fue víctima de un ataque planificado por parte de un grupo rival que quería librarse de sus competidores.

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