Verba volant, scripta manent

domingo, 31 de mayo de 2026

El tesoro de Eberswalde

Réplica del Tesoro de Eberswalde

Corría el 16 de mayo del año 1913 y en los terrenos de la fábrica de latón Hirsch Kupfer- und Messingwerke AG, en el distrito de Finow, perteneciente a la municipalidad alemana de Eberswalde (Brandemburgo), varios obreros excavaban los cimientos de lo que iba a ser un complejo de viviendas para los trabajadores de la fábrica y sus familias. Pero cuando ya habían alcanzado un metro de profundidad uno de los obreros dio con algo inesperado. Su pala golpeó una vasija de cerámica con tapa y de forma globular, que al romperse dejó ver en su interior varios objetos dorados. 

El capataz de la obra informó inmediatamente a la dirección de la empresa. El presidente, Aron Hirsch, informó a Carl Schuchhardt, arqueólogo y director del Departamento de Prehistoria del Museo de Prehistoria e Historia Temprana de Berlín, quien examinó el tesoro y lo dató en torno a los siglos X y XI a. C., durante el periodo conocido como Edad del Bronce Tardía. Estaba compuesto por ocho cuencos de oro, profusamente decorados, en cuyo interior había otros 73 objetos de oro, que incluían anillos, brazaletes, broches y espirales de oro para decorar los brazos. Todo ello estaba adornado con el llamado estilo Villena, en referencia al tesoro de Villena, hallado en dicha localidad en 1963. También había un pequeño lingote de oro, un crisol metálico y dos piezas más pequeñas, que aparentemente se habían empleado en la confección del resto de piezas. El peso total de los objetos de oro era de 2'59 kilogramos, y es el mayor conjunto de objetos de oro prehistóricos hallado en Alemania, y uno de los más importantes de la Edad de Bronce en Europa Central. Schuchhardt valoró el tesoro en unos 20000 marcos de la época.

La factoría metalúrgica de la Hirsch Kupfer- und Messingwerke AG, en cuyos terrenos se encontró el tesoro

Aron Hirsch recompensó generosamente a los hombres que habían hallado el tesoro para asegurarse su propiedad, y el 23 de mayo el propio Hirsch, acompañado de Schuchhardt, presentaba el tesoro al mismísimo káiser Guillermo II, con la intención de regalárselo. El káiser se mostró muy complacido y decretó que el tesoro fuera expuesto públicamente. El tesoro se exhibiría durante el mes de julio en el Palacio de Berlín y luego pasó a formar parte de los fondos del Museo Etnológico de Berlín, donde pasaría a ser exhibido de forma permanente a partir de 1922.

Durante décadas se consideró que el tesoro de Eberswalde era una especie de depósito de mercancías pertenecientes a un comerciante. Ahora se cree que más bien el tesoro tenía una función ceremonial y se usaban en rituales religiosos.

Durante la Segunda Guerra Mundial los objetos del tesoro estuvieron escondidos primero en la cámara del Banco Estatal de Prusia y luego en un búnker en el zoológico de Berlín. Cuando la ciudad cayó en manos del Ejército Rojo, el director del Museo, Wilhelm Unverzagt, se vio obligado a entregar los objetos del tesoro de Eberswalde a los soviéticos, junto a otro célebre tesoro, el de Príamo. Después de eso, las autoridades soviéticas negaron durante décadas conocer el paradero de ambos tesoros, alegando que probablemente habían sido destruidos o robados. No fue hasta la década de 1990 cuando el entonces presidente de Rusia Boris Yeltsin admitió que el tesoro de Príamo estaba en su posesión. A partir de ahí, las autoridades rusas dejaron de negar conocer el paradero del tesoro de Eberswalde, aunque sin querer dar más datos sobre su localización.

En el año 2004 un reportero de la revista Der Spiegel, tras una exhaustiva investigación, aseguró que el tesoro se encontraba en un almacén secreto del Museo Pushkin de Moscú. Las autoridades alemanas han reclamado la devolución de ambos tesoros en numerosas ocasiones, pero los rusos, citando una ley de 2005, consideran dichas piezas como una compensación por los daños de la Segunda Guerra Mundial. La insistencia alemana ha estado a punto de causar un incidente diplomático con el gobierno ruso en más de una ocasión. En 2013 el tesoro de Eberswalde se exhibía en público por primera vez en más de setenta años, como parte de una exposición sobre la Edad de Bronce celebrada en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.

Hoy en día, sendas reproducciones del tesoro de Eberswalde se exhiben tanto en el Neues Museum de Berlín como en el Museo de Eberswalde.


domingo, 24 de mayo de 2026

El tesoro de Lava

El Golfo de Lava

La historia del tesoro de Lava comienza en torno a 1956. En ese año se vendió en una casa de subastas francesa una insólita colección de 41 monedas romanas de oro, áureos y medallones, datadas en un periodo muy concreto de la segunda mitad del siglo III, cubriendo los reinados de los emperadores Galieno, Claudio II el Gótico, Quintilo y Aureliano. Eran unas monedas tan poco comunes que incluso Jean Lafaurie, director de estudios numismáticos romanos de la École Pratique des Hautes Etudes y más tarde presidente de la Sociedad Francesa de Numismática, publicó en 1958 un artículo académico sobre ellas.

Durante las siguientes décadas, más monedas de similares características fueron apareciendo en los mercados numismáticos. Todas de oro, todas de la misma época, y todas con un origen poco claro. Sin embargo, las autoridades francesas no se dieron por enteradas hasta que en 1986 la policía incautó un lote de esas monedas que tres buceadores corsos que se dedicaban a la pesca de erizos de mar, los hermanos Felix y Ange Biancamaria y su amigo Marc Cotoni, trataban de vender en el mercado negro. Fue entonces cuando los detenidos admitieron que habían hallado aquellas monedas en el Golfo de Lava, en la costa occidental de la isla de Córcega. Durante muchos años se habían estado sacando objetos de la zona que, dado que la ley francesa establece que todos los hallazgos arqueológicos subacuáticos son propiedad del estado, se habían mantenido en secreto y habían acabado vendidos de manera ilegal.

Según se sabría más tarde, los hallazgos en la zona se venían produciendo al menos desde la década de 1950, aunque una investigación de Jean Lafaurie sugería que los primeros descubrimientos se podían haber producido ya en el siglo XIX por parte de pescadores de coral. Los objetos del que sería conocido como Tesoro de Lava se encontraban dispersos por una amplia zona, a unas profundidades de entre 20 centímetros y seis metros, e incluían no solo monedas, sino también objetos como anillos y otras joyas, e incluso una estatua de oro representando a un niño alado que sostenía una ostra, y que supuestamente habría sido fundida para vender el oro del que estaba hecha. Algunos objetos se encontraban adheridos a las rocas de la costa; otros, enterrados bajo la arena o bajo rocas que fueron levantadas usando equipos hidráulicos.

Medallón o "múltiple sólido" de Claudio II el Gótico (268 d. C.)

Resulta difícil calcular la cantidad de monedas y otros objetos extraídos sin permiso de la zona, pero se calcula que al menos 1400 monedas y otros muchos objetos, valorados en decenas de millones de euros (algunas de las monedas más raras, como un medallón de Galieno del que solo se conocen tres ejemplares, pueden alcanzar valores de hasta 250000 euros), fueron rescatados y vendidos a espaldas de las autoridades francesas. Según los hermanos Biancamaria, las monedas habían sido vendidas a coleccionistas de toda Europa y Norteamérica, mientras que los objetos de oro y las monedas rotas, que no interesaban a los coleccionistas, fueron fundidas por el valor de su oro.

Las monedas del tesoro presentan un rango de acuñación muy estrecho, que va desde las Decenales (la conmemoración de los diez años de reinado) de Galieno en el 262 d. C. hasta el 272 d. C. ya durante el reinado de Aureliano. Este corto espacio de tiempo hace que los arqueólogos sospechen que las monedas fueron embarcadas poco después de su acuñación. La hipótesis principal es que el tesoro pertenecía a un alto dignatario romano que viajaba en una galera, quizá huyendo de una revuelta, y que el barco se incendió y hundió cuando viajaba frente a la costa corsa. No se han hallado restos de la embarcación, por lo que se cree que pudieron ser sepultados por un deslizamiento de rocas o desperdigados por la actividad de las corrientes.

La revelación de la existencia del tesoro puso a las autoridades francesas sobre la pista de sus saqueadores. En noviembre de 1986 la aduana incautó otro lote de monedas del tesoro que iban a ser subastadas en Mónaco. En 1994, tras ocho años de investigación y más de 500 personas interrogadas, los Biancamaria y Cotoni fueron condenados a dieciocho meses de cárcel por tráfico de antigüedades. También fueron condenados dos numismáticos que habían actuado como cómplices. En 2010 Felix Biancamaria fue detenido de nuevo en el aeropuerto Charles de Gaulle cuando regresaba de Bélgica. En su equipaje se halló un excepcional plato de oro, de casi un kilo de peso, perteneciente al tesoro y que supuestamente había tratado de vender en Bruselas. El plato de oro está valorado en cerca de dos millones de euros, y cuando fue hallado tenía incrustada una medalla del emperador Galieno que fue retirada por un orfebre para ser vendida por separado, y cuyo paradero se desconoce. Biancamaria fue condenado a un año de cárcel por receptación de bienes robados, y uno de sus cómplices a ocho meses de prisión.


El 10 de marzo de 2017 la policía francesa detuvo a cuatro pequeños delincuentes corsos, Pierre-François Sabiani, Simon Giuntini, Olivier Birgi y Marie-Emmanuelle Rossi, por comercio ilegal de objetos históricos y tráfico de armas. Giuntini y Sabiani fueron arrestados cuando estaban a punto de embarcar en el puerto de Bastia, para dirigirse a Milan y de ahí a Hong Kong. En su equipaje se encontraron ocultas 16 monedas romanas de oro procedentes del tesoro, supuestamente destinadas a ser vendidas a coleccionistas asiáticos. Los arrestados habían planeado usar los beneficios para comprar armas que luego revenderían a miembros del crimen organizado. Otra moneda del tesoro, un áureo del emperador Quintilo, fue devuelta a los franceses por las autoridades noruegas en septiembre de 2025, tras ser incautada por haber sido introducida de manera ilegal en el país.

En la actualidad, el tesoro de Lava se encuentra disperso por multitud de museos y colecciones particulares de todo el mundo. Las circunstancias de su hallazgo han levantado sospechas sobre las monedas de oro romanas del periodo entre el 260 y el 275 d. C. De hecho, se cree que todos o casi todos los medallones de Galieno y los múltiplos de Claudio II y Aureliano que se conocen proceden de este tesoro. El gobierno francés apenas ha conseguido recuperar 80 monedas, que se conservan repartidas entre la Bibliothèque National de Paris y el Museo Arqueológico de Córcega en Sàrtene. Teóricamente, el gobierno francés tiene derecho a reclamar la devolución de las piezas del tesoro, por considerarlas objetos robados de un yacimiento arqueológico; sin embargo, la dificultad de probar el origen de piezas vendidas en transacciones fuera de los cauces legales hace que este derecho sea en buena parte hipotético.

martes, 19 de mayo de 2026

El tesoro de Tréveris

El tesoro romano de Tréveris

En el año 1993 las autoridades de la ciudad alemana de Tréveris (Trier) decidieron la construcción de un nuevo hospital en la calle Feldstrasse, cerca del puente romano. Dada la abundancia de restos arqueológicos romanos en el subsuelo de la ciudad (fundada en el año 16 a. C. como Augusta Treverorum) y que el proyecto incluía una excavación profunda para la construcción de un aparcamiento subterráneo, un grupo de arqueólogos del museo local revisaba los escombros en busca de los posibles hallazgos. Allí se descubrieron los restos del muro de una ínsula (un bloque de viviendas de varios pisos) romana.

El 9 de septiembre, mientras los trabajadores hacían su pausa para almorzar, un grupo de curiosos encontró varias monedas de oro en uno de los montones de tierra que una excavadora acababa de retirar. Parte de los escombros retirados eran enviados al hotel Kockelsberg, a unos cinco kilómetros de distancia, para ser usados como material de relleno para la construcción de otro aparcamiento. Así que, cuando uno de los camiones de la obra trasladó esa misma tarde parte de la tierra excavada, varios de los que habían hallado monedas lo siguieron. Cuando se empezó a esparcir el rumor de la existencia de un tesoro, no solo ellos, sino también los camioneros, transeúntes e incluso huéspedes del hotel se pusieron a buscar entre los escombros. Como resultado, esa tarde se hallaron otras 400 monedas de oro, además de lo que parecía ser la mitad superior de un caldero de bronce con tapa.

Esa misma noche un arqueólogo aficionado llamado Erich Eixner, que había oído acerca del hallazgo se coló en la obra con un detector de metales y se puso a explorar. Allí, entre la tierra removida, halló un acúmulo en el que había nada menos que 1389 áureos, amalgamados en un bloque formado por arcilla y restos metálicos. Y más tarde, registrando una bodega de la ínsula, halló la mitad inferior del caldero de bronce que se había encontrado previamente, con otras 561 monedas en su interior, y que aparentemente era el recipiente donde había estado guardado el tesoro en un principio, antes de ser partido en dos por la excavadora. 

Los restos del caldero de bronce en el que estaba guardado el tesoro

A la mañana siguiente, día 10, Eixner y otras 18 personas entregaban un total de 2518 monedas de oro al Rheinisches Landesmuseum (el Museo Regional Renano de Tréveris), aunque se supone que no todos los que hallaron monedas las entregaron y el tesoro original podía constar de entre 2650 y 2700 monedas. Todas las monedas eran áureos de oro, con un peso total de 18 kilos y medio. El 99% por ciento de ellos habían sido acuñados entre el 63 y el 168 d. C. (suponen prácticamente el 10% de todos los áureos conocidos de ese periodo), y la mayoría habían sido acuñadas en Roma (solo un 4% procedía de una ceca en Lyon). Presentan una gran pureza en su composición (en torno al 99%), y hay 80 tipos diferentes, que representan a un total de 29 emperadores y altas personalidades romanas, con especial presencia de las monedas con la efigie de Nerón (866 monedas) y Vespasiano (819). 

Mucho se ha especulado con el origen del tesoro. Aunque no se descarta que se tratase de propiedad privada, se tiende a creer que el tesoro tenía una procedencia pública, administrativa o militar, y que era una especie de "depósito" para hacer pagos o cobros en efectivo. Esta idea viene respaldada por el tipo de almacenamiento de las monedas: dentro de un caldero de bronce, en el interior de al menos dos grandes bolsas de cuero (cuyos restos se encontraron en el lugar del hallazgo) y empaquetadas en rollos. También hay quien dice que podía tratarse de parte del tesoro del templo del dios Esculapio, que estaba cerca del lugar del hallazgo.

Augusta Treverorum (reconstrucción en el  Rheinisches Landesmuseum)

¿Como pudo quedar abandonado semejante tesoro? Su valor, unos 265000 sestercios, era una gran suma para la época; el sueldo anual de un funcionario de muy alto rango como el procurador de las provincias de la Galia Bélgica, Germania Superior y Germania Inferior (que residía en la ciudad) rondaba los 200000 sestercios. La mayoría de las monedas eran anteriores al año 168 (se cree que por esa época se comenzó a acumular el tesoro), pero hay seis acuñadas entre el 193 y el 196. Más o menos por esa época estalló en el Imperio una guerra civil entre el emperador Septimio Severo y el aspirante al trono Clodio Albino. Las tropas de Albino sitiaron Tréveris en el 196, pero no llegaron a conquistarla. Se especula con que el responsable del tesoro lo ocultó para protegerlo de un posible saqueo y murió antes de poder volver a por él; o bien, que se trataba de un partidario de Albino que más tarde huyó o fue encarcelado, con lo que no pudo recuperarlo.

La madrugada del 8 de octubre de 2019 varias personas desconocidas irrumpieron en el Museo y trataron de romper el cristal blindado de la vitrina donde se exhibía el tesoro, sin conseguirlo. Huyeron antes de la llegada de la policía, pero el ADN permitió identificar a uno de ellos, que fue extraditado a Alemania desde los Países Bajos en 2020 y condenado a tres años de prisión por robo en grado de tentativa.  

domingo, 10 de mayo de 2026

El último viaje del Bom Jesus

Excavación del pecio del Bom Jesus


La ciudad namibia de Oranjemund es una población singular. Situada en pleno desierto, al norte del río Orange, en la frontera entre Namibia y Sudáfrica, sus en torno a 8000 habitantes son casi exclusivamente trabajadores de la industria del diamante y sus familias. La ciudad se fundó en la década de 1930, tras el hallazgo de yacimientos diamantíferos en las cercanías del Orange, y hasta 2017 estuvo administrada por la Namdeb, una sociedad participada conjuntamente por el gobierno namibio y la gran dominadora del mercado mundial de diamantes, la compañía sudafricana De Beers, que se encarga de la explotación de numerosos yacimientos diamantíferos de Namibia. Durante ese tiempo, el acceso a Oranjemund estuvo fuertemente restringido, resultando casi imposible para cualquiera que no estuviera relacionado con la actividad minera.

Precisamente en las cercanías de Oranjemund se encontraba el 1 de abril de 2008 Kaapanda Shadika, un empleado de De Beers, excavando con un bulldozer en busca de nuevos yacimientos, cuando su sondeo sacó a la luz algo inesperado: una gran cantidad de lingotes de cobre, colmillos de elefante, y lo que parecían ser los restos de un barco antiguo. Shadika avisó inmediatamente a Dieter Noli, un arqueólogo contratado por la De Beers, el cual, tras concluir que se trataba de un navío muy antiguo, solicitó la ayuda de Bruce Werz, un especialista en arqueología marina del Instituto Sudafricano de Arqueología Marina. 

Oranjemund

Los restos del barco estaban divididos en tres partes y cubiertos de una gruesa capa de concreción que se había depositado sobre ellos mientras estaban sumergidos. Se cree que el barco navegaba frente a la costa cuando una tempestad lo arrojó contra las rocas, abriendo el casco y desperdigando su contenido, que fue en buena parte encontrado entre los fragmentos del barco. El barco habría permanecido bajo el agua durante mucho tiempo, dando lugar a que se formara la capa de concreción que, si bien dificultaba el rescate del contenido del pecio, lo había protegido del paso del tiempo. Y más tarde, el retroceso de la línea de costa había hecho que el pecio acabara en pleno desierto namibio. Los trabajos de excavación sacaron a la luz miles de objetos: armas, cañones,utensilios de cocina, instrumentos de navegación. Y también la carga del buque: más de 1800 lingotes de cobre, hasta un peso total de unas 16 toneladas; un centenar de colmillos de elefante; y dos mil monedas de oro y plata, fundamentalmente españolas, aunque también bastantes portuguesas, y otras de más exóticos orígenes como Hungría, Venecia, Marruecos o la isla griega de Rodas. No se encontraron restos humanos, aparte de varios pequeños fragmentos de hueso, lo que parece indicar que la mayor parte de la tripulación se perdió en el mar. La fecha de acuñación de las monedas permitió fechar el hundimiento del barco en torno a la década de 1530.

Una de las monedas del tesoro del Bom Jesus

La abundancia de monedas españolas (fundamentalmente excelentes y doblas de oro acuñadas durante el reinado de los Reyes Católicos) hizo pensar en un primer momento que podía tratarse de un barco español. Sin embargo, el lugar del hundimiento, inusual para un barco español, y la presencia de algunos cruzados portugueses muy poco comunes entre las monedas halladas llevaron a sospechar que mas bien se trataba de un mercante portugués camino de Extremo Oriente, hipótesis luego confirmada por la intervención de arqueólogos portugueses en la excavación. El examen de la carga confirmó las sospechas. Los lingotes de cobre llevaban la marca del comerciante y banquero alemán Anton Fugger (1493-1560), una de las mayores fortunas de Europa de su época y socio comercial de numerosos comerciantes portugueses (el análisis químico del cobre confirmó que procedía de las minas que la compañía Fugger explotaba en los Montes Metálicos eslovacos). El análisis genético de los colmillos confirmó que procedían de manadas de elefantes de África Occidental, coincidentes con la situación de los puestos comerciales portugueses en África en la época, donde importantes cantidades de marfil eran embarcados cada año rumbo a Cabo Verde y São Tomé, desde donde viajaban a Lisboa y de allí eran a menudo reenviados hacia Asia.

Se había completado una imagen general bastante precisa del buque y su itinerario: se trataba de un mercante portugués que se dirigía a Asia (China, India o Japón, probablemente) doblando el Cabo de Buena Esperanza (la ruta habitual de los barcos portugueses) donde esperaba intercambiar su carga por exóticas y valiosas mercancías de Oriente (fundamentalmente, especias y sedas) para traer de vuelta a Europa. Quedaba, pues, la tarea de poner nombre al pecio; algo bastante complejo debido a la falta de documentación de la época. Mientras por ejemplo España posee el monumental Archivo de Indias de Sevilla, que alberga millones de documentos relativos al comercio de España con sus territorios de ultramar durante siglos, Portugal conserva muy poca documentación de su comercio previo al siglo XVIII debido a que la mayor parte de los archivos resultaron destruidos en 1755 durante el terremoto que asoló Lisboa en aquel año.

Lingotes de cobre hallados en el pecio

Finalmente, tras revisar numerosas fuentes y crónicas de la época, apareció el candidato más probable: de los 21 barcos portugueses perdidos entre 1525 y 1600 rumbo a las Indias, solo uno desapareció cerca de lo que hoy es Namibia. Se trataba del Bom Jesus, una nau o carraca que partió de Lisboa el viernes 7 de marzo de 1533, capitaneado por Dom Francisco de Noronha y con unos 300 tripulantes a bordo, y del que no volvió a saberse nada hasta que casi cinco siglos después sus restos emergieron del desierto de Namibia. Las carracas eran los mayores buques europeos de su época, construidos para el traslado de grandes cargas durante travesías largas, y usados habitualmente por portugueses, venecianos y genoveses.

El Bom Jesus es considerado el pecio más antiguo y valioso jamás encontrado en las costas atlánticas del África subsahariana. En la actualidad el pecio y su contenido permanecen en Oranjemund. Aunque teóricamente Portugal podía haber reclamado su propiedad por tratarse de un mercante que navegaba bajo los auspicios del rey portugués Juan III el Piadoso, las buenas relaciones con el gobierno namibio hicieron que los portugueses renunciaran a sus derechos sobre el hallazgo. Desde hace tiempo se habla de construir un museo in situ, con la colaboración y asesoramiento de instituciones portuguesas, para exhibir el Bom Jesus y su carga.

domingo, 3 de mayo de 2026

La desaparición de Ray Gricar

Ray Gricar y el coche que conducía cuando desapareció

A eso de las once y media de la mañana del 15 de abril de 2005 Ray Gricar, fiscal de distrito del condado de Centre (Pennsylvania), telefoneó a su novia Patty Fornicola, con la que convivía desde el 2002. Gricar regresaba de una visita al juzgado de Centre y en aquel momento circulaba por la autopista 192, y llamaba para avisarla de que no llegaría a su casa en Bellefonte a tiempo para alimentar y pasear al perro. Gricar nunca llegó a su casa; esa noche, al ver que no llegaba y no respondía al teléfono, Fornicola denunció su desaparición a la policía.

El coche de Gricar, un Mini Cooper rojo, apareció al día siguiente en el aparcamiento de una tienda de antigüedades en Lewisburg, a unos 50 kilómetros de donde estaba cuando llamó a su novia. No había señales de lucha, ni nada que hiciera sospechar juego sucio. El coche estaba cerrado con llave, y en su interior estaba el teléfono de Gricar, pero no su ordenador portátil, sus llaves, sus gafas de sol ni su cartera. La policía registró la zona, y dieron una extensa batida por las orillas del cercano río Susquehanna, sin éxito. 

Ray Gricar había nacido en Cleveland (Ohio) en 1945. Había ejercido la abogacía y había sido fiscal en el condado de Cuyahoga antes de trasladarse a Pennsylvania a principios de los 80. En 1980 obtuvo un puesto como ayudante del fiscal de distrito de Centre, y cuando este decidió no presentarse a la reelección en 1985 (el cargo de fiscal de distrito es electivo en los Estados Unidos) Gricar se presentó como candidato y fue elegido. Sería reelegido en 1989, 1993, 1997 y 2001, pero en el momento de su desaparición ya había anunciado que no se iba a presentar a las elecciones de 2005 y planeaba retirarse a finales de año.

La policía y el FBI llevaron a cabo una intensa investigación durante semanas. Se revisaron con atención las cuentas bancarias de Gricar, los movimientos de sus tarjetas de crédito y las llamadas de su teléfono, sin encontrar nada sospechoso, ni tampoco ningún movimiento posterior a su desaparición. El 30 de julio unos pescadores encontraban el portátil de Gricar bajo un puente del Susquehanna, pero se descubrió que le faltaba el disco duro. El área donde se halló el ordenador fue revisada concienzudamente por buceadores durante varios días, sin encontrar nada más. Sin embargo, dos meses después un paseante encontró un disco duro en la orilla del río, a apenas 100 metros de donde había aparecido el portátil; se supone que era el del ordenador de Gricar, pero estaba tan dañado que ni el FBI, ni el Servicio Secreto, ni una empresa de recuperación de datos contratada por las autoridades pudieron obtener información alguna sobre él.

El ordenador portátil de Ray Gricar, rescatado del río Susquehanna 

El 25 de julio de 2011 el juzgado del condado de Centre lo declaró "presumiblemente muerto" a petición de su hija, Laura. Curiosamente, al día siguiente la policía de Utah arrestaba a un hombre que guardaba un gran parecido físico con Gricar y que no portaba ninguna documentación; sin embargo, tras comparar sus huellas dactilares se determinó no era él. Veinte años después de su desaparición, las autoridades siguen sin tener indicios claros de lo que le pasó. No ha habido movimientos ni en sus cuentas bancarias, ni en sus tarjetas de crédito, ni en su correo electrónico.

Desde un primer momento los investigadores manejaron tres hipótesis para explicar su desaparición. La primera, que se tratara de un suicidio. El hermano mayor de Ray Gricar, Roy, se había suicidado en 1996, y la policía no pudo menos que notar el parecido de la desaparición de Ray con las circunstancias del suicidio de su hermano: Roy había aparcado su coche en un lugar público, cerca de un puente sobre un rio, desde el cual se había tirado. Sin embargo su familia siempre ha rechazado esa posibilidad: Ray nunca había mostrado síntomas de depresión o de pensamientos suicidas, y todos afirman que estaba ilusionado y haciendo planes con vistas a su próximo retiro.

Frente a esta tienda de Lewisburg fue encontrado el coche de Ray Gricar

La segunda posibilidad era que Gricar hubiera preparado su desaparición para iniciar una nueva vida bajo otro nombre. Años atrás también había desaparecido durante varios días, según él porque había ido a ver un partido de béisbol. Algunos de sus compañeros de trabajo recordaron que había mostrado mucho interés en el caso de un jefe de policía de Cleveland que había desaparecido para empezar una nueva vida. Al revisar su ordenador la policía descubrió que alguien había hecho búsquedas tales como "Como dañar un disco duro", "Como freir un disco duro" o "Daños por agua en un ordenador personal". Además, tras su desaparición las autoridades recibieron numerosas denuncias de gente que decía haberlo visto; la más notable, la de un barman y un policía fuera de servicio que afirmaban haberlo visto en un bar de la localidad de Wilkes-Barre, viendo un partido de béisbol. Algunos creyeron que podía haber huido a Europa; Gricar, hijo de inmigrantes eslovenos, hablaba esloveno y ruso y tenía parientes en Eslovenia, así que por si acaso se contactó con la Interpol para que lo investigara.

La tercera posibilidad es que se tratara de un homicidio. Un detalle del caso que nunca se llegó a esclarecer es que cuando el coche de Gricar fue hallado, había ceniza en el cenicero y olor a tabaco en su interior; era bien sabido que Gricar odiaba el tabaco y no permitía que nadie fumara cerca de él, lo que hacía pensar que alguien más había estado en ese coche aquel día. Gricar no había llevado grandes casos criminales durante su carrera como fiscal de distrito, pero aún así se examinaron sus casos pasados para ver si alguien podía tenerle tanto rencor como para intentar algo contra él. Un par de años antes había procesado a una banda de traficantes de heroína, pero la policía no halló conexiones con su desaparición. Y en 1998 había rechazado presentar cargos contra Jerry Sandusky, un conocido entrenador de fútbol de la universidad de Pennsylvania State, al que varios jóvenes habían acusado de abuso sexual; Gricar consideró que no había pruebas suficientes. Sandusky sería finalmente procesado y condenado en 2012 por múltiples cargos de abuso sexual a menores. Pero tampoco se hallaron conexiones entre este caso y la desaparición de Gricar. Las sospechas de la policía se extendieron incluso a su familia; su novia Patty y su hijastra fueron sometidas a la prueba del polígrafo, que ambas pasaron.

Veinte años después, el misterio continúa. El caso sigue oficialmente abierto y la policía de Penssylvania sigue recibiendo de cuando en cuando llamadas de personas que creen tener información sobre el caso. Todas las denuncias se investigan, pero ninguna ha dado fruto hasta el momento.