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| John Raymond Rice (1914-1950) |
El sargento de primera clase John Raymond Rice murió heroicamente el 6 de septiembre de 1950 cerca de un pueblo de Corea del Sur llamado Tabu-dong, en un violento enfrentamiento entre tropas de Corea del Norte y de las Naciones Unidas, en lo que sería conocido como la Batalla de Tabu-dong. Rice era un veterano que durante la Segunda Guerra Mundial había servido en los Marines (había recibido la Estrella de Bronce por su actuación durante la campaña de Nueva Guinea) y cuando murió encabezaba un pelotón de la Compañía A de su regimiento, el 8º de Caballería.
Rice había nacido en 1916 en la pequeña localidad de Winnebago (Nebraska), en el seno de la tribu Ho-Chunk (también llamados Hoocąk o Winnebago), una tribu emparentada con los sioux cuyo territorio tradicional se extendía por los estados de Wisconsin, Minnesota, Iowa e Illinois. En la actualidad sus miembros se dividen en dos tribus reconocidas oficialmente por el gobierno norteamericano: la Nación Ho-Chunk de Wisconsin y la Tribu Winnebago de Nebraska.
Por aquello de las contingencias de la guerra, el cuerpo del sargento Rice no pudo ser repatriado hasta casi un año después de su muerte, llegando a Winnebago en agosto de 1951. Su esposa Evelyn (que era blanca) decidió enterrar a su marido en la cercana ciudad de Sioux City (Iowa), a unos 35 kilómetros de Winnebago, y para ello adquirió una parcela en el cementerio Memorial Park. No tuvo ningún problema; es más, la directiva del cementerio se mostró honrada de acoger a un veterano de guerra en su camposanto. A su llegada a Sioux City, el cuerpo del sargento Rice recibió una ceremonia de luto ritual de los Ho-Chunk, llevada a cabo por el también veterano de guerra Sam Tebo, que permaneció al lado del cadáver sin dormir durante cuatro días y cuatro noches.
La ceremonia funeraria, con todas las formalidades de un entierro militar, incluidas las salvas de honor, se celebró el 28 de agosto de 1951. Pero una vez terminada, y antes de procederse al entierro en si, la gerencia del cementerio pidió hablar un momento con la viuda. Uno de sus empleados se había dado cuenta de la presencia de numerosos nativos americanos entre los asistentes al funeral, y tras algunas preguntas se había enterado de que el propio Rice era nativo americano. E, increíblemente, Evelyn y la familia Rice fueron informados de que el entierro no podía producirse y debían llevarse el cadáver del sargento de allí, ya que el cementerio tenía una política de "solo blancos" y la inhumación de una persona de otra raza podía resultar "incómoda" para las familias de los allí enterrados. Incrédulos e indignados, a la familia Rice no le quedó otra opción que llevarse el cuerpo de John de vuelta a Winnebago.
Lo ocurrido aquel día no tardó en saltar a los medios de comunicación. Primero a los locales, y luego a los nacionales, ocupando titulares y provocando una oleada de sorpresa e indignación. Incluso en un país como los Estados Unidos, donde la segregación racial era la norma en muchos de sus estados, y donde a menudo las minorías eran tratadas como ciudadanos de segunda clase, que un veterano del ejército (más aún, un veterano condecorado y caído en combate) y su familia hubieran recibido semejante trato, resultaba escandaloso. El antropólogo Oliver LaFarge, presidente de la Asociación de Asuntos Nativo-Americanos, declaró: "Esto es horrible. La manifestación de una actitud tan inhumana y anti-americana es una deshonra para nuestro país". Y el mismo presidente Harry Truman, al enterarse de lo sucedido durante una rueda de prensa, criticó muy duramente tanto a la directiva del cementerio como a las autoridades de Sioux City, y encargó a su ayudante militar, el general Harry Vaughan, que se pusiera en contacto con la familia de Rice y les ofreciera enterrar al sargento en el Cementerio Nacional de Arlington.
Ante la avalancha de críticas que estaban recibiendo (no solo externas; la prensa local y la mayoría de la población de Sioux City condenaban también lo sucedido, y el mismo Ayuntamiento aprobó una resolución lamentando el incidente), los directivos del cementerio trataron de justificarse con un comunicado en el que decían que "los cementerios privados siempre han tenido el derecho de ser gestionados por un grupo concreto como los judíos, católicos, luterannos, negros, chinos, etc. no a causa de ningún prejuicio contra cualquier raza, sino porque la gente, como los animales, prefiere estar con los de su misma clase". Y alegaban que tenían la obligación legal de impedir el entierro de Rice bajo el riesgo de ser denunciados por quebrantamiento de contrato por los demás propietarios de tumbas en el cementerio. Estas declaraciones no contribuyeron a mejorar su imagen; si cabe, aumentaron las críticas contra ellos.
Varias localidades cercanas se pusieron en contacto con Evelyn Rice ofreciéndole un lugar en sus cementerios para enterrar a su marido. Sin embargo, ella rechazó todas las ofertas para enterrarlo allí, y aceptó el ofrecimiento del presidente Truman. Finalmente, el sargento Rice fue enterrado con todos los honores en el Cementerio Nacional de Arlington, entre las tumbas de los generales John J. Pershing (1860-1948) y Walton H. Walker (1889-1950), el 5 de septiembre de 1951, casi un año después de su muerte. Su esposa Evelyn le sobrevivió más de medio siglo; murió el 26 de enero de 2005 y fue enterrada al lado de su marido.
La señora Rice denunció al Memorial Park alegando que la discriminación racial en el cementerio atentaba contra la Decimocuarta Enmienda de la Constitución estadounidense, que establece que los estados proporcionen a todas las personas la misma protección ante la ley independientemente de su condición. El Tribunal Supremo de Iowa desestimó su demanda alegando que un cementerio privado tenía derecho a establecer restricciones raciales. La señora Rice no se conformó y apeló ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que en dos sentencias (noviembre de 1954 y mayo de 1955) desestimó su caso y confirmó la decisión del Tribunal Supremo de Iowa. Aunque para entonces el parlamento de Iowa ya había aprobado una ley que prohibía este tipo de discriminación en los cementerios.


