Verba volant, scripta manent

jueves, 29 de mayo de 2014

Franz von Werra, el rey de las fugas

Franz Xaver Baron von Werra (1914-1941)
Franz von Werra nació en Leuk, en el cantón suizo de Valais, el 13 de julio de 1914. Su padre, el barón Leo von Werra, se arruinó completamente poco después y por ello sus dos hijos menores, Franz y Emma-Charlotte, fueron adoptados en 1915 por Carl y Louise von Haber, un matrimonio de aristócratas alemanes amigos de la familia, que no tenían hijos propios. Cuando sus padres adoptivos se separaron, en 1932, Franz huyó de su casa y trató de llegar a EEUU como polizón en el carguero Niederwald, aunque fue descubierto en el puerto de Hamburgo.
Cuando cumplió los 18 años, Franz supo su verdadero origen y decidió adoptar su apellido natal. Abandonó los estudios, se dedicó a diversos trabajos y en 1933 se afilió a la Sturmabteilung o SA, una organización paramilitar asociada al Partido Nazi y conocidos vulgarmente como "camisas pardas". En 1936, se alistó en la Luftwaffe, alcanzando el rango de teniente en 1938.
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y habiendo tenido una breve participación en la campaña polaca formando parte de la Jagdgeschwader 1, fue asignado al Grupo II de la JG 3, con la que combatió en la invasión de Francia, logrando sus primeras cuatro victorias: dos Breguet 690 y un Potez 630 franceses y un Hawker Hurricane británico. Estos éxitos le valieron recibir la Cruz de Hierro de Segunda Clase y, más adelante, la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. También llamó la atención de la prensa alemana por su carácter: extrovertido, simpático, seductor, amigo de la vida social, excéntrico (hasta el punto de tener como mascota a un cachorro de león llamado Simba), inquieto, atrevido, era sin duda todo un personaje.
Franz von Werra y Simba

Tras la rendición de Francia, los alemanes pusieron sus ojos en Gran Bretaña y comenzaron a realizar ataques aéreos sobre su territorio. Durante los enfrentamientos de lo que se llamó la Batalla de Inglaterra, von Werra aumentó su número de triunfos: derribó un Spitfire y tres Hurricanes, además de otros cinco aviones destruídos en tierra, que elevaron su tanteo personal a 13. Sin embargo, su buena suerte se truncó el 5 de septiembre de 1940, cuando su Messerschmitt Bf 109 E-4 resultó alcanzado por la artillería antiaérea y se estrelló en un campo cerca de Winchet Hill (al sur de Londres), y fue capturado.
El Me Bf 109 E-4 de von Werra, tras ser abatido

Fue recluido inicialmente en Maidstone, en un barracón del cuartel del Regimiento Real de Infantería de West Kent, donde tuvo lugar su primer intento de fuga: mientras cavaba una zanja, intentó dejar sin sentido al soldado que lo vigilaba, pero éste logró reducirlo. Posteriormente, lo llevaron a Trent Park, una mansión del norte de Londres que era usada como lugar de interrogatorio para los prisioneros capturados, donde lo interrogaron durante dos semanas. Después de eso, lo trasladaron a un centro temporal de reclusión en Londres y más tarde a Grizedale Hall, una lujosa casa de campo cerca de la frontera escocesa transformada en campo de prisioneros con el nombre de Campo Nº1, de donde no tardaría en escaparse: el 7 de octubre, aprovechando uno de los habituales paseos que los presos daban por los alrededores de la mansión, von Werra saltó un muro, se escondió hasta que presos y guardianes se perdieron de vista y desapareció en los campos circundantes.
Grizedale Hall

En cuanto se descubrió su fuga se dio la alarma y se empezaron a registrar los alrededores, sin éxito. La noche del día 10, dos voluntarios de la Home Guard lo descubrieron resguardándose de la lluvia en una cabaña de pastores, pero von Werra logró huir amparándose en la oscuridad. Finalmente, el día 12 fue visto saltando un muro y, tras una batida por la zona, von Werra fue capturado mientras trataba de ocultarse sumergiéndose casi por completo en un agujero lleno de barro.
La fuga le valió un castigo de 21 días en confinamiento en solitario y un nuevo traslado, esta vez al Campo Nº13, en Swanwick (Derbyshire), prácticamente en el centro de la isla. Pero el inquieto von Werra no estaba dispuesto a resignarse a su cautiverio; al poco de llegar, se asoció con otros cinco compañeros presos para preparar un nuevo plan de fuga mediante un túnel, una asociación que ellos llamaron humorísticamente Swanwick Tiefbau A. G. (Excavaciones Swanwick S.A.). El túnel, de unos 15 metros y que partía de uno de los barracones, les llevó un mes de duro trabajo, pero finalmente, la noche del 20 de diciembre, aprovechando un corte de la electricidad a causa de una alerta antiaérea, cinco presos (el sexto decidió finalmente no fugarse) salieron por el túnel y se perdieron en la oscuridad. Sus compañeros de escapada habían planeado dirigirse a un puerto y embarcar de polizones en algún buque, o bien dirigirse a Liverpool, donde tenían familiares y amigos. Pero no von Werra. El había pensado en algo mucho más osado y audaz. Durante su cautiverio había conservado su traje de vuelo; se lo puso y se dirigió andando tranquilamente a la estación de tren más cercana, donde se identificó como el capitán van Lott, piloto holandés de la RAF, que había sido derribado en un combate aéreo y deseaba volver cuanto antes con su unidad, por lo que necesitaba que alguien lo llevase a la base aérea más cercana. Su historia era creíble (en la RAF había por aquel entonces numerosos pilotos extranjeros, franceses, holandeses, polacos, checos...) y tan notables eran su sangre fría y su capacidad fabuladora, que logró que alguien llamase a la base de Hucknall, cerca de Nottingham, desde donde le enviaron un coche a recogerlo. Su aplomo fue tal que incluso logró convencer a una patrulla de policía que buscaba a los fugados y lo interrogó en la estación.
El túnel excavado en Swanwick por von Werra y sus compañeros fue redescubierto en 2011, en un estado de conservación bastante bueno
Una vez en Hucknall, von Werra se presentó ante el oficial de guardia y le repitió su historia: era el capitán van Lott, destinado en la base de Dyce (cerca de Aberdeen), había sido derribado y necesitaba volver a su unidad lo antes posible. El oficial, sin acabar de confiar totalmente en su historia, le contestó que tenía que verificar su identidad. Von Werra, con absoluta calma, estuvo de acuerdo y dejó su oficina con la excusa de ir al baño. Sin embargo, se dirigió directamente al hangar más cercano, donde un mecánico estaba poniendo a punto un Hurricane. Haciendo gala una vez más de su desparpajo, le dijo que era un piloto holandés recién destinado a la base, pero que nunca había volado en un Hurricane y el oficial al mando le había dado permiso para hacer un vuelo de prueba y familiarizarse con los mandos. Pese a las reticencias del mecánico, von Werra logró subirse a la cabina y prepararse para despegar. Estaba estudiando los controles cuando apareció de pronto el oficial de guardia, quien a punta de pistola le ordenó bajar de allí: como era de esperar, nadie en Dyce le conocía y acababan de informarlo de la fuga ocurrida en Swanwick, a donde von Werra fue conducido de vuelta fuertemente vigilado (sus compañeros de fuga también habían sido capturados), siendo castigado con 14 días de aislamiento.
En enero del 41, von Werra y varios de sus compañeros de reclusión salieron de Swanwick rumbo a un nuevo campo de prisioneros, esta vez algo más lejos: en la costa del lago Superior, en Canadá. El 10 de enero embarcaban en Greenock (Escocia), en el SS Duchess of York, un trasatlántico reconvertido en transporte de tropas, que se dirigía al puerto de Halifax llevando a 1250 prisioneros alemanes y un millar de reclutas de la RAF que iban a recibir su entrenamiento. Durante el viaje, von Werra solía pasar horas metido en una bañera de agua helada, para acostumbrarse al frío por si tenía la ocasión de saltar al agua al llegar a puerto.
Llegaron a Halifax el 21 de enero y de inmediato los subieron a un tren, bajo una estricta vigilancia. Von Werra vio otra oportunidad al saber que su ruta discurría no muy lejos de la frontera con los EEUU, por aquel entonces neutrales. Con ayuda de sus compañeros, logró forzar una de las ventanillas y, mientras los demás distraían a los guardias, saltó del tren en las cercanías de la localidad de Smith's Falls. Otros siete presos se fugaron de la misma manera a lo largo de aquel viaje, pero no tardaron en ser capturados.
Tras recorrer a pie los cincuenta kilómetros que lo separaban de la frontera, von Werra llegó el día 24 a Johnston, a orillas del río San Lorenzo (frontera natural entre Canadá y EEUU). Allí robó una barca y cruzó el gélido río hasta la otra orilla, donde estaba la ciudad de Ogdensburg (Nueva York). Tras asegurarse de que estaba en territorio estadounidense, se entregó a las autoridades.
El piloto alemán fue acusado de entrar ilegalmente en EEUU y encarcelado en Ogdensburg. Además, los canadienses reclamaron de inmediato su extradición (no sólo por ser un preso fugado, también por haber robado la barca). Existía un riesgo claro de que fuera entregado a los canadienses, ya que no hacía mucho que un prisionero alemán había sido devuelto por las autoridades de Minnesota tras haberse fugado de un campo canadiense. Por aquel entonces, von Werra ya había atraído la atención de la prensa estadounidense,que publicó la historia de sus fugas (aunque un tanto"adornada"). Poco después, el embajador alemán pagaba una fianza de 15000 dólares y se lo llevaba a Nueva York en libertad condicional.
Von Werra durante su estancia en Nueva York

Tras utilizar todo su arsenal legal para evitar que von Werra fuera devuelto a Canadá los funcionarios alemanes supieron que su extradición era inminente. Así que cambiaron su estrategia y prepararon su fuga. Pese a estar bajo vigilancia del FBI von Werra logró darles esquinazo y tomó un tren hacia la frontera mexicana, que cruzaría disfrazado de campesino. La embajada alemana en México le proporcionó un pasaporte falso, gracias al cual volvería sin problemas a Alemania siguiendo la ruta Rio de Janeiro-Barcelona-Roma-Berlín, a donde llegaría finalmente el 18 de abril.
A su vuelta a Alemania fue recibido como un héroe por un país que ya conocía sus hazañas gracias a la prensa. Adolf Hitler en persona le otorgó la Cruz de Hierro y Herman Göring lo ascendió a capitán. Además, proporcionó a los servicios de inteligencia alemanes valiosa información sobre los métodos de interrogatorio y los campos de prisioneros británicos.
En junio del 41, volvió al servicio activo, como comandante del Grupo I de la JG53, destinada en el frente ruso. Allí logró elevar su número de enemigos abatidos de 13 a 21, hasta que en agosto la JG53 fue trasladada de vuelta a Alemania para ser equipada con los nuevos Messerschmitt Bf109 F-4, y fue destinada al aeródromo de Katwijk (Holanda). Von Werra aprovechó este retorno a Alemania para casarse, el 22 de agosto, con su novia, Elfi Traut.

El 25 de octubre de 1941, Franz von Werra despegó de Katwijk para un vuelo rutinario de reconocimiento. El motor de su avión sufrió un fallo mecánico y el aparato se estrelló en el mar al norte de la ciudad de Vlissingen. Ni el aeroplano ni el cuerpo de von Werra se recuperaron nunca.
Messerschmitt Bf 109 F-4

Von Werra tuvo tiempo de relatar sus aventuras en un libro, titulado Meine Flucht aus England (Mi huida de Inglaterra), que nunca llegó a ser publicado porque fue censurado por el régimen nazi (dijeron que era demasiado pro-británico). En 1957, su historia fue llevada al cine en una película británica titulada The One That Got Away, dirigida por Roy Ward Baker y protagonizada por Hardy Krüger (un actor alemán que había pertenecido a las Juventudes Hitlerianas).

4 comentarios:

  1. Ya conocía la historia de Von Werra, pero aún así el articulo me parece magníficamente redactado, y muy bien ilustrado.

    No deja de ser irónico que los nazis censurasen el relato de Werra por pro-británico, esto si que lo desconocía.

    Saludos.

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    1. Más que "pro británico" el libro era "no anti británico". Von Werra era un soldado noble y caballeroso y reconocía el valor de los británicos y el excelente trato que dispensaban a sus prisioneros, algo que a los jerarcas nazis no les gustaba, empeñados en desprestigiar al enemigo. Además, von Werra había visitado algún campo de prisioneros alemán y visto que sus condiciones eran peores que las de los británicos, llegando a decir que prefería ser prisionero alemán en Inglaterra que inglés en Alemania.
      Gracias por los elogios, Rodericus. Saludos.

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  2. Ilustrativo y desapasionado el articulo, mis elogios al autor, esa es precisamente la actitud del historiador.

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