Verba volant, scripta manent

viernes, 10 de junio de 2016

La nueva vida de Arthur


Corría el mes de noviembre de 2014 y en la selva amazónica de Ecuador se disputaba el Adventure Racing World Championship, una prueba anual de resistencia por equipos cuyos participantes deben de enfrentarse a diversas pruebas de marcha, escalada, orientación, bicicleta de montaña o piragüismo, a lo largo de un recorrido de cientos de kilómetros. Uno de los equipos participantes de aquel año era el sueco Team Peak Performance, liderado por Mikael Lindnord.


Durante una pausa que el equipo hizo en su recorrido para comer, un perro callejero se les acercó. Un perro flaco, sucio, famélico, que inspiró la compasión de Lindnord, quien compartió con él sus albóndigas, sin imaginar que aquella sencilla ofrenda iba a ser para el perro como la señal de un contrato de fidelidad eterna.. Desde aquel instante, aquel chucho callejero no se apartó ni un momento del grupo, siguiéndolos por caminos infames, pantanos y colinas. Los miembros del equipo creyeron que antes o después se cansaría de seguirlos; pero el perro, tozudo y determinado, continuaba a su lado.



Llegó un punto en el que el grupo debía continuar su recorrido por agua, a bordo de kayaks. Creyeron que por fin el perro se daría por vencido... pero nada más partir, el animal saltó al agua y los siguió a nado hasta que Lindnord, resignado, lo subió a su kayak. Tras seis días de dura competición, el equipo cruzaba la línea de meta acompañado por su inseparable socio canino.


Terminada la prueba, Lindnord decidió que no podía abandonar a su suerte al perro (al que había llamado Arthur, inspirándose en la leyenda del rey Arturo) y decidió adoptarlo y llevárselo con él de vuelta a Suecia. Lo primero fue llevar a Arthur a un veterinario ecuatoriano, donde lo atendieron de sus muchos problemas. Arthur tenía numerosas heridas, algunas infectadas, y estaba lleno de pulgas y otros parásitos. Hubo que coserle esas heridas y administrarle antibióticos. Para costear sus gastos médicos y el traslado, el equipo lanzó una campaña de crowdfunding a través de Twitter que reunió el dinero en muy poco tiempo.


Mientras Arthur se recuperaba, Lindnord batallaba con la burocracia ecuatoriana hasta conseguir el permiso para llevarse al perro. Finalmente, Arthur viajó a Suecia en el mismo avión que llevaba al resto del equipo y allí, tras cuatro meses de cuarentena y una pequeña operación dental, se fue a vivir con Lindnord y su familia, a la ciudad de Örnsköldsvik.


Hoy, Arthur es un perro feliz y alegre que se ha adaptado perfectamente a su nueva vida. Le encanta la nieve, jugar con su nueva familia, y sobre todo, correr. Suele acompañar a su amo en sus entrenamientos e incluso ha participado con él en algunas competiciones.


Después de que el caso se hiciera célebre, varios ciudadanos ecuatorianos han reclamado ser el legítimo propietario del perro. No obstante, todas las reclamaciones se retiraron después de que numerosas personas solicitaran a las autoridades ecuatorianas que se localizara al antiguo dueño de Arthur para acusarlo de maltrato animal.


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