Verba volant, scripta manent

domingo, 19 de junio de 2016

The Poison Squad

Harvey Wiley con algunos de los miembros del Poison Squad
Aquellos doce hombres comenzaron a reunirse en octubre de 1902. Eran hombres jóvenes, inteligentes y sanos, que se reunían en unas habitaciones del sótano de un edificio del Departamento de Agricultura situado en la Independence Avenue de Washington DC, habilitadas como comedor y cocina. Allí les eran servidas unas suculentas comidas, con los mejores y más frescos ingredientes, preparadas además por un chef de reconocido prestigio. Uno de aquellos menús típicos podía consistir, por ejemplo, en pollo asado, ternera a la brasa, espárragos con mantequilla, hot rolls, pastel de frutas y café. La única peculiaridad era que algunos de aquellos platos estaban "aderezados"... con productos químicos potencialmente tóxicos y cuyo efecto sobre la salud era desconocido.

Harvey Washington Wiley (1844-1930)
Harvey Washington Wiley fue nombrado Químico Jefe del Departamento de Agricultura de EEUU en 1882. Wiley, licenciado en Medicina, Química y Humanidades, era profesor en la Universidad de Purdue, donde se había especializado en el análisis químico de los alimentos y en el estudio de los aditivos que les añadían. Y de hecho, su principal preocupación tras asumir su cargo fue la de asegurar la salubridad de la comida que consumían los norteamericanos. Por aquel entonces el uso de aditivos químicos de todo tipo (conservantes, colorantes, edulcorantes, espesantes) era ya habitual, pero apenas existía ningún tipo de legislación sobre el tema. No había pruebas de toxicidad, ni estudios sobre los efectos de dichos aditivos, ni requerimientos de etiquetado. En la práctica, el tipo y la cantidad de sustancias que eran añadidos a los alimentos dependía fundamentalmente de la voluntad del fabricante. Y los lobbys financiados por las poderosas empresas alimentarias se encargaban de echar abajo cualquier intento de crear nuevas leyes que regulasen el uso de productos químicos en la alimentación.
Finalmente, tras mucho insistir, el Congreso de los EEUU empezó a hacer caso de las peticiones de Wiley y le concedió una subvención de 5000 $ para que probara el efecto sobre la salud humana de algunos de aquellos aditivos.. Y Wiley decidió que la manera más rápida y eficaz de comprobar dichos efectos era que un grupo de voluntarios consumiesen dichos productos y ver qué consecuencias producían sobre ellos. Para ello, empezó de inmediato a buscar voluntarios entre los funcionarios del Departamento de Agricultura.
En seguida, numerosos trabajadores del Departamento se ofrecieron como voluntarios para ejercer de cobayas, a pesar de los riesgos que podía entrañar aquella misión. Wiley eligió entre ellos a una docena, todos varones (Wiley, notorio misógino, opinaba que las mujeres carecía de la "capacidad mental" de los hombres). Eran hombres jóvenes, en perfecto estado de salud, de buena reputación, sobrios y de moral intachable. No sólo no iban a recibir ningún tipo de recompensa económica por su labor, únicamente tres comidas diarias (posiblemente envenenadas, eso si), sino que además todos accedieron a firmar un documento eximiendo al gobierno norteamericano de toda responsabilidad por los daños o secuelas que pudieran sufrir, incluida su muerte. El grupo no tenía un nombre oficial; Wiley se refería al proyecto simplemente como "pruebas de higiene alimentaria". Fue George Rothwell Brown, reportero del Washington Post, el que les puso el nombre con el que pasarían a la posteridad: The Poison Squad, algo así como "El escuadrón del veneno".

El comedor del "Poison Squad"
Los componentes del grupo de pruebas seguían una rutina minuciosa. Antes de cada comida, debían pesarse, tomarse la temperatura y medir el ritmo cardíaco. Luego, consumían la comida, en la que se añadía el aditivo que estaban investigando (ellos no sabían cuál era ni en que plato se encontraba). La cantidad de aditivo se iba incrementando en cada comida, hasta que los conejillos de indias humanos empezaran a sufrir algún efecto, momento en el que suspendía el estudio y se pasaba a otro aditivo. A mayores, debían entregar muestras de cabello (cuando uno se cortó el pelo al margen del proyecto, tuvo que volver a la barbería para reclamar su pelo cortado), orina, heces y sudor, y pasar chequeos semanales.
El primer aditivo que el grupo testó fue el tetraborato de sodio o bórax, usado muy frecuentemente como conservante, especialmente en la carne. El estudio demostró que el consumo prolongado de bórax (y también de ácido bórico) provocaba dolores de cabeza y de estómago, náuseas y otras molestias. Del bórax se pasó a otros aditivos de los que Wiley sospechaba su peligrosidad, como el formaldehído (usado como conservante y que hoy se sabe que es tóxico y potencialmente cancerígeno), el sulfato de cobre (que en la actualidad se usa como pesticida y entonces se añadía a los guisantes en conserva para darles un color verde más atractivo), el ácido salicílico o el benzoato de sodio. Aquel grupo siguió con su labor hasta julio de 1903, fecha en la que tomó el relevo otro equipo. Las pruebas continuarían varios años más.
Historiadores posteriores restaron importancia a la validez de aquellas pruebas, aludiendo a que tenían más de espectáculo que de auténtica ciencia. Aún así, no cabe duda de que prestaron un valiosísimo servicio a la causa de la seguridad de los alimentos. Su labor rápidamente atrajo la atención del público y les hizo muy populares, los periódicos informaron ampliamente acerca de ellos y de este modo contribuyeron a darle publicidad a la problemática de la seguridad alimentaria, en la que tanto había porfiado Wiley. Gracias en buena parte al trabajo de éste y de sus voluntarios, el 30 de junio de 1906 era promulgada la llamada Ley de Pureza de Alimentos y Medicamentos (conocida popularmente como la Ley Wiley), la primera ley que regulaba la fabricación y comercialización de alimentos y medicinas. Esta pionera ley, aunque limitada al ámbito interestatal, contemplaba, entre otras medidas, el etiquetado obligatorio, y reconocía a la Farmacopea de EEUU y al Formulario Nacional de Medicamentos como máximas autoridades en cuanto a la comercialización de medicamentos. También definía por primera vez la adulteración y el etiquetado engañoso de productos (estableciendo penas por ello) y obligaba a los medicamentos que contenían en su composición alguno de una lista de 10 productos considerados altamente adictivos (entre ellos el alcohol, la morfina o el cannabis) a especificarlo en sus etiquetas. Otra de las medidas que tomó fue darle mayores competencias a la Oficina de Química del Departamento de Agricultura, que en 1930 pasaría a llamarse Food and Drug Administration (FDA), convirtiéndose en una agencia gubernamental independiente dedicada a salvaguardar la seguridad de alimentos, medicamentos, cosméticos, productos biológicos y material médico.
Wiley permaneció en su puesto una década más. Muy sonada fue la doble demanda que presentó contra la Coca-Cola Company: por etiquetado engañoso, ya que decía que el refresco no podía llamarse "Coca" porque no empleaba ya extracto de hoja de coca entre sus ingredientes; y por el uso de cafeína como aditivo, que Wiley consideraba ilegal. Ambas denuncias fueron desestimadas. Wiley renunció a su cargo en 1912 por discrepancias con sus superiores. Poco después sería contratado por la revista Good Housekeeping como jefe de sus laboratorios, desde donde siguió velando por la seguridad de los consumidores. Permaneció en el cargo hasta su muerte, en 1930.

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